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jueves, 21 de septiembre de 2023

Sinfonía nº 1 de Shostakovich: discografía comparada

Esta entrada se publicó por primera vez el 6 de enero de 2010. Ahora aparece sustancialmente remozada. Quien quiera saber algo más sobre la prodigiosa Primera Sinfonía de Shostakovich, aquí tiene un enlace que podría ser de utilidad. 

Confieso que no estoy contento de cómo ha quedado la comparativa, pero puede ser divertida. Una vez más, insistir en que no se tomen muy en serio esto de las puntuaciones del uno al diez. ¡Como si se pudiera medir realmente algo tan subjetivo como es la interpretación musical!

1. Markevitch/Orquesta de la ORTF (EMI, 1955). El joven Markevitch construye una versión rápida y electrizante. El primer movimiento resulta teatral, animado y humorístico, no especialmente corrosivo aunque tampoco nada naif, sino lleno de intención, a lo que ayuda una tímbrica muy incisiva. El segundo, lleno dinamismo, se precipita y no deja respirar a la música con el sentido atmosférico que debe. El tercero y el cuarto son muy punzantes y poseen una adecuada rebeldía. Impresionantes los timbales antes del final, de un carácter implacable lleno de amenaza. Lástima que la planificación no sea irreprochable y que existan momentos de barullo. (8)

 

2. Martinon/Sinfónica de Londres (RCA-Decca, 1957). El maestro francés, quizá por lo curvilíneo de su fraseo y su sensibilidad para el color, convence sin problemas en un primer movimiento animado, juguetón y con una dosis muy adecuada de ironía, ya que no de sarcasmo, pero se muestra más bien deslavazado en el segundo, cuyo clímax deja bastante que desear. Los otros dos los plantea con intensidad “romántica”, atención a la atmósfera y plena conciencia del subtexto dramático, pero con frecuencia se precipita y no logra dotar de continuidad al discurso. La orquesta tampoco ayuda: los metales no están en plena forma y las trompetas, concretamente, dejan mucho que desear. La toma, estereofónica, es clara y equilibrada en los planos, pero bastante áspera y carente de relieve, mostrándose lastrada por la compresión dinámica. (7)



3. Kurtz/Philharmonia (EMI, 1957). Al frente de una orquesta maravillosa y beneficiándose de una toma de sonido ya estereofónica, el maestro ruso realiza una interpretación objetiva, maravillosamente construida, directa y sin el menor devaneo, y dotada de un elevado sentido teatral. Eso sí, sin ofrecer toda la ironía que debe destilar el primer movimiento, el sentido de lo inquietante y lo misterioso del segundo, la hondura dramática del tercero ni la emotividad del cuarto. (8)



4. Stokowski/ Symphony of the Air (EMI, 1959). Ya desde un agrio y sarcástico comienzo queda claro que el mítico maestro captura a la perfección el espíritu de la obra y va a optar por una lectura poco festiva, con mucha retranca, que se beneficia de su gusto por la tímbrica descarnada, pero que también se ve lastrada por un pulso muy irregular –deplorable el arranque del Scherzo–, por una ejecución un tanto chapucera y por alguna excentricidad marca de la casa. A destacar, en cualquier caso, el carácter particularmente amargo que Stokowski destila en los dos últimos movimientos, así como su alejamiento de la retórica y el triunfalismo. En la toma sonora, estereofónica, se notan demasiado los empalmes. (7) 



5. Ormandy/Orquesta de Philadelphia (Sony, 1959). Sin ser el precisamente el colmo del riesgo y de la personalidad, sino más bien un artesano de la más absoluta honestidad, Ormandy demuestra una perfecta comprensión de la tempranísima partitura, tanto del componente gamberro y circense de su primera parte –sin llegar al extremo de sarcasmo que más adelante ofrecerá un Rozhdestvensky– como del indisimulado romanticismo de la segunda –sin alcanzar el profundo e intenso pathos de un Bernstein–. Todo ello lo pone en sonido mediante una técnica sin fisuras y una orquesta en estado de gracia. (9)



6. Markevitch/Orquesta Nacional de la ORTF (DVD EMI, 1963). Ocho años después de su registro en audio para EMI, la Radiodifusión Francesa realizó esta filmación de mediocre calidad audiovisual que no solo no mejoró el registro oficial realizado para EMI, sino que dejó más aún en evidencia las limitaciones de la orquesta. Los parámetros interpretativos son prácticamente los mismos. En cualquier caso, resulta impagable contemplar el gesto sobrio y marcial de Markevitch. (7)



7. Ancerl/Orquesta Filarmónica Checa (Supraphon, 1964). El director checo acierta con una interpretación fresca y juvenil, desprejuiciada, extrovertida y muy sincera. El primer movimiento le sale especialmente animado y bullicioso, ofreciendo una acertada tímbrica incisiva, aunque quizá sea un poco más risueño de la cuenta y por momentos roce lo pimpante. Muy animado y dinámico el segundo, si bien no rehuye lo inquietante. Abiertamente rebelde –más que nihilista– el Lento, y de gran sentido de la teatralidad pero sin asomo de retórica el final, cuya tímbrica áspera y tratamiento dramático resultan muy acertados. (9) 



8. Kondrashin/Filarmónica de Moscú (Melodiya, 1972). Evidenciando su contrastada afinidad con la música del autor, el gran director ruso ofrece en su pionera integral una interpretación tensa y corrosiva, de clímax hirientes y rebeldes, atenta tanto al sarcasmo como al dramatismo, que podría ganar aún en refinamiento y paladear mejor el –aun así, intenso– tercer movimiento. Magnífico el final, frenético y nada triunfalista. (9)



9. Rozhdestvensky/State Academy Symphony Orchestra of the URSS (Brilliant, 1976). Aunque en su integral obtendrá resultado más convincentes, por ofrecer un trazo más cuidado y una mejor planificación global, el marido de la Postnikova ofrece ya una interpretación ácida, tensa y corrosiva, que no mira al pasado romántico sino al futuro Shostakovich expresionista. El Allegretto es juguetón pero albergando mucha mala leche. El Allegro que le sigue resulta aristado, no del todo gótico. El tercer movimiento es muy negro y doliente, mientras que el cuarto sabe ser antes frenético que triunfalista. Lástima que a veces haya algo de confusión y que la grabación, más bien pobre, desequilibre los planos sonoros. (9)


10. Solti/Sinfónica de Chicago (Blu-Ray Cmajor, 1977). En uno de los primeros acercamientos del maestro al universo del autor de La nariz, Solti nos ofrece una interpretación rápida, bulliciosa y chispeante, dicha con claridad y virtuosismo extremos por parte de una orquesta y una batuta de técnica insuperables, trazada con la adecuada electricidad interna y sin la menor concesión al efectismo, pero un tanto limitada en lo expresivo al no mirar más que a la etapa gamberra, extrovertida y humorística del Shostakovich juvenil –a veces parece que estamos escuchando la banda sonora de una cinta de animación– y, por ende, a desentenderse de la atmósfera inquitante y el pathos no poco romántico que subyacen en la partitura. Dicho de otra manera: espléndidos los movimientos iniciales, desaprovechados los dos últimos. La toma sonora podría haber sido mucho mejor. (7)

 

11. Haitink/Filarmónica de Londres (Decca, 1980). Siempre objetivo y un tanto distanciado, el holandés ofrece una gran versión en su conjunto, pero a la que le falta chispa y sentido del humor –carencia habitual de Haitink– en el segundo movimiento. El resto es sólido y ofrece un acertado dramatismo, manteniendo la tensión en todo momento. Excelente prestación orquestal, si bien la toma sonora no es la mejor del globalmente admirable ciclo grabado por Decca. (9)



12. Rozhdestvensky/Sinfónica del Ministerio de Cultura de la URSS (Melodiya, 1983). Resulta francamente difícil superar esta modélica lectura, sarcástica y juguetona pero también altamente dramática, trufada con algún detalle personal algo discutible pero llena de fuerza. Sería aún más disfrutable con una orquesta de primera fila y con una toma sonora a la altura de las circunstancias. Bochornoso que toda esta imprescindible integral se encuentra hoy por hoy descatalogada. (10)



13. Kurt Sanderling/Sinfónica de Berlín (Berlin Classics, 1983). El gran maestro alemán nos ofrece una visión marcadamente gótica y sombría, pero no sólo en los dos últimos movimientos, excepcionales por su dramatismo, su pathos, su sinceridad y su alejamiento de la falsa retórica, sino también en los dos primeros: la jovialidad se sustituye por el carácter ominoso, al tiempo que en el segundo movimiento –que de manera incomprensible arranca sin fuerza alguna– explora como ningún otro lo ha hecho la vertiente turbia e inquietante de su segundo tema. Ideal para quien desee bucear en los aspectos más dolientes de esta música sin hacerlo desde una óptica expresionista. (9)


 
14. Neeme Järvi/Nacional de Escocia (Chandos, 1984). No sé si será porque en la primera mitad de los ochenta el director estonio aún no había sucumbido a la grabación compulsiva de discos, pero lo cierto es que sorprende escuchar al tantas veces pedestre y rutinario Neeme Järvi una Primera de Shostakovich así, no solo bien trazada y dicha con convicción, sino además muy comprometida en un enfoque que desdeña todo lo que de festivo y juguetón pueda rastrearse en la obra para decantarse por subrayar los aspectos más incisivos, sombríos y amargos de la partitura. Sobran cierta blandenguería en el solo de violonchelo anterior a la coda y la tendencia a acumular decibelios en los clímax. Le ayuda una toma sonora que, además de poseer una admirable transparencia, posee una amplísima gama dinámica. (9) 



15. Bernstein/Sinfónica de Chicago (DG, junio 1988). En su único disco con la Sinfónica de Chicago, Lenny nos entrega una lectura sobresaliente que destaca por su enorme pathos, por su tremenda sinceridad expresiva y por su sentido del dolor y de la tragedia, ante todo en los dos últimos movimientos. Los dos primeros no resultan especialmente sarcásticos ni electrizantes, pero están ricamente matizados, desmenuzados hasta el límite y dotados de un sentido del misterio y de lo inquietante muy apropiado. Solo Celibidache será capaz de llegar aún más lejos, si bien Bernstein cuenta con la enorme ventaja de tener a su servicio una orquesta absolutamente insuperable. (10)

 


16. Bernstein/Orquesta del Festival Schleswig-Holstein (DVD Euroarts, julio 1988). Como en su lectura inmediatamente anterior para DG, los dos primeros movimientos están llenos de intención, misterio y fina ironía, si bien se puede echar de menos la electricidad de otras lecturas, así como una mayor dosis de mala leche. Los dos últimos resultan extraordinariamente conmovedores por su pathos, cantabilidad, fuerza dramática y carga expresiva, extrayendo Bernstein un lirismo de lo más acongojante. Desdichadamente las diferentes familias de la orquesta juvenil y algunos de sus solistas muestran sus relativas insuficiencias, por lo que el nivel se acaba resintiendo. En cualquier caso, los extensos y fascinantes ensayos que incluyen este DVD hacen su conocimiento indispensable. (9)



17. Ashkenazy/Royal Philharmonic (Decca, 1988). Siempre solvente pero rara vez brillante en sus aproximaciones a la obra del compositor, Ashkenazy encuentra un certero punto de equilibrio entre los componentes dramáticos y lúdicos de la pieza. Por desgracia, la versión pierde fuelle por cierta languidez en el tercer movimiento, así como por una tendencia al efectismo en el cuarto que hace que el resultado sea más espectacular que sincero. La realización es muy buena, si bien al final hay algo de barullo. (7)


18. Solti/Orquesta del Concertgebouw (Decca, 1991). Nos encontramos aquí en la antípoda de Sanderling. Hay en esta lectura mucho de sentido del humor, de fuerza, de tensión sonora y de rebeldía, triunfando Solti en un Allegretto inicial animadísimo pero nada mecánico. Lo hace también en un Allegro que sabe conciliar lo juguetón con lo tenso, y aunque su segundo tema no resulte del todo inquietante, hay que destacar como la furia con que este movimiento concluye nada tiene de lúdica. En la segunda mitad de la obra, y aunque por fortuna el maestro ha remansado un poco los excesivos tempi de su interpretación con Chicago, siguen echándose de menos poso dramático, ambigüedad, nihilismo y carácter atmosférico, careciendo el fraseo de la intención y de la concentración deseable. De este modo resulta algo superficial el tercer movimiento y solo bueno el cuarto, que finaliza, eso sí, con una enorme fuerza y sin la menor retórica. La toma sonora, realizada en vivo, se encuentra realizada a un volumen muy bajo y resulta un tanto extraña. (8)

 

19. Solti/Orquesta del Concertgebouw (RCO, 1991). Mientras que el disco de Decca procede de los conciertos de los días 18, 19 y 21 de septiembre, este otro corresponde solo al del 19. Edición complementaria de la anterior, pues, que suena distinta pero no mejor. (8)




20. Rostropovich/Orquesta Sinfónica Nacional de Washington (Teldec, 1993). La integral de Rostropovich, menos sarcástica pero con mayor vuelo lírico y profundidad humana, es el complemento perfecto a la de Rozhdestvensky. Esta Primera resulta admirable por su perfecto equilibrio entre los ingredientes de la partitura, siendo de un humor muy elegante –más irónico que sarcástico– el primer movimiento, animadísimo pero también inquietante el Allegro, de gran pathos –no especialmente nihilista– el tercero y adecuadamente dramático el cuarto. El final podría ser aún más tenso y rebelde. (9)



21. Barshai/Orquesta Sinfónica de la WDR de Colonia (Brilliant, 1994). En su notable y baratísima integral, el experto Rudolf Barshai mostró un irreprochable conocimiento del idioma, como también ciertas desigualdades interpretativas. Así las cosas, el primer movimiento le quedó fresco y juguetón, pero no muy matizado, dicho un tanto de pasada. Bastante soso el Allegro. Tercero y cuarto, rápidos en sus tempi, ofrecieron un muy adecuado dramatismo, aunque podían estar más paladeados. Muy notable la orquesta, y fantástica la grabación. (7)



22. Celibidache/Orquesta Filarmónica de Múnich (EMI, 1994). Plenamente inmerso en su estilo interpretativo de última época, esencial y abstracto, el maestro rumano ofreció una genial recreación en la que uno no sabe si asombrarse más por cómo está desmenuzado el tejido orquestal; por la manera de sostener el pulso a pesar de la lentitud de los tempi; por la naturalidad y flexibilidad del fraseo; por la enorme cantidad de matices expresivos que se descubren; por la riqueza de la paleta de colores desplegada; por esa ironía al mismo tiempo fina y socarrona puramente celibidachiana; por el marcadísimo sentido de lo atmosférico; o por el trágico y hondo patetismo –que no el nihilismo de un Sanderling– que se logra aquí extraer de la partitura. Lástima que la orquesta no sea de primera y que la grabación, lógicamente en vivo, no esté a la altura de la época. (10)



23. Jansons/Filarmónica de Berlín (EMI, 1994). Al frente de una orquesta maravillosa que lse rindió a él incondicionalmente, el irregular Jansons ofreció una versión rutilante y espectacular, dicha con muchas ganas, bien planificada y soberbiamente tocada, de notable sentido del humor, pero un tanto externa e insincera en los momentos más dramáticos. Como suele pasar con este algo sobrevalorado director, más ruido que nueces. (8)

 

24. Temirkanov/Filarmónica de San Petersburgo (RCA, 1996). Con la complicidad de una orquesta de espléndida cuerda y metales algo pobres, Temirkanov acierta plenamente en los dos primeros movimientos, cuyo espíritu juguetón y desenfadado, mas no inocente, captura de manera admirable. Otra cosa es que su sentido del humor sea antes irónico que sarcástico o corrosivo. La segunda mitad de la obra está francamente bien resuelta, aunque cosas más intensas y con más garra se hayan oído. La coda final resulta muy extraña y caprichosa, aunque tal vez se encuentre, sencillamente, mal tocada. Toma sonora a muy bajo volumen y en exceso difusa. (8)



25. Vladimir Jurowski/Orquesta Nacional Rusa (Pentatone, 2004). La realización es espléndida y el enfoque dramático muy certero, pero el conjunto desprende cierta sensación de distanciamiento y frialdad que no casa bien con esta música que necesita ante todo ironía y pasión. Un relativo chasco para venir de una de las más interesantes batutas del panorama actual. Fabulosa, eso sí, la toma de sonido. (7)



26. Kitajenko/Gürzenich-Orchester Köln (Capriccio, 2004). Al frente de una notable orquesta y dentro de una más que digna integral que aprovecha el formato SACD, el ya veterano maestro ofrece una lectura de muy buen pulso e irreprochable idioma, equilibrada entre lo burlón y lo dramático, a la que le falta un punto de creatividad y le sobra algo de tosquedad para ser excepcional. (8)

 


27. Masur/Filarmónica de Londres (LPO, 2004).
Sorprende gratamente encontrar al tantas veces aburrido Masur entusiasta y comprometido con la obra, al menos en una primera mitad donde hay animación, ironía –suave antes que sarcástica–, chispa y refinamiento bien entendido, como también sentido del misterio y de lo inquietante. El tercer movimiento funciona mucho menos bien, pues aquí el maestro se detiene poco en explorar atmósferas y no termina de calar en la fuerza trágica de la obra. Tampoco convence el cuarto, bien trazado pero con algunas languideces –blando el solo de violín y, algo menos, el de violonchelo– y cierta tendencia a la aparatosidad –la decisiva intervención del timbal–. Coda mucho antes efectista que sincera. La toma sonora está realizada a volumen muy alto, lo que implica una apreciable compresión de la gama dinámica. (6)


28. Rattle/Filarmónica de Berlín (EMI, 2005). Aunque el maestro británico suele mostrarse más atento al lado lúdico de las obras que dirige que al dramático, en esta página apuesta por una visión abiertamente áspera y sombría. El primer movimiento resulta así seco y dramático, parco en sentido del humor. Lo mismo el segundo, algo soso. El Lento es muy siniestro, algo mortecino por momentos, mientras que el último vuelve a ser más dramático que brillante. La orquesta es fabulosa, pero por momentos la realización resulta algo tosca en lo sonoro. (8)


29. Wigglesworth/Filarmónica de la Radio de Holanda (BIS, 2006). De manera parecida a la de un Sanderling o un Rattle, el maestro británico pasa un tanto de largo ante los aspectos más juveniles, burlones y electrizantes de la partitura para, moderando los tempi y creando atmósferas espectrales, encontrar en esta obra tan temprana el germen del Shostakovich maduro. Ciertamente lo consigue, y además lo hace con apreciable musicalidad y trazo fino, pero el pulso no es regular, hay clímax sin garra –tercer movimiento– y, en general, se echa de menos la tensión interna que debe recorrer la obra. La toma sonora, al estar realizada a un volumen bajísimo, recoge de manera asombrosa toda la gama dinámica que proponen los pentagramas. (7)



30. Gergiev/Orquesta del Mariinski (Mariinski, 2008). Moderando su habitual tendencia a la vulgaridad y el efectismo, el director favorito de Vladimir Putin ofrece una interpretación de notable nivel técnico y buen gusto en lo expresivo, si bien dentro de un enfoque mucho antes romántico que expresionista. En este sentido, la comicidad del primer movimiento está teñida de cierta melancolía, mientras que el Allegro, no muy tenso ni aristado, quizá algo desvaído, alberga un atractivo carácter sombrío. En el tercer movimiento se alcanza un apreciable vuelo lírico, y solo hay que reprochar que por momentos lo trágico se confunda con lo sollozante. El cuarto resulta convincente, a pesar de su coda algo efectista e insincera. (7)




31. Vasily Petrenko/Royal Liverpool Philharmonia (Naxos, 2009). Aunque ha realizado algunos muy buenos acercamientos a la obra del autor, Vasily Petrenko defrauda aquí con una interpretación lenta, flácida y con tendencia a la blandura, en la que sustituye la tensión interna por un juego extremo con las dinámicas. Lo mejor es el primer movimiento, algo descafeinado pero bien bien trazado. El segundo es un disparate: las secciones lentas las hace ralentiza al límite y el resultado, lejos de ser inquietante, es amanerado. En el tercero la batuta mira a la pasacaglia de la Octava, pero en lugar de lentitud y desolación hay flacidez y un aire tristón. En el cuarto los pasajes líricos no tienen garra y los solistas ofrecen intervenciones sollozantes, optándose en la coda final por el estruendo para contrastar. (4)

 

32. Currentzis/The Mahler Chamber Orchestra (DVD y Blu-ray Euroarts, 2013). Como era de esperar, el controvertido maestro griego deja a un lado todo lo que de desenfadado y gamberro puede tener esta página para decantarse por una visión sombría, cuya primera mitad ofrece una fuerte dosis de humor negro –más siniestro que corrosivo, pero siempre tensando al máximo las cuerdas– y en la segunda decantarse por un lirismo impregnado de congoja, verdaderamente doloroso, hasta llegar a un final lleno de rabia contenida. Todo ello lo hace, además, delineando a la perfección la arquitectura de la obra y haciendo que los solistas de la orquesta –todos muy implicados en lo expresivo, pese a más de un desliz aislado y a un piano algo flojo– intervengan con el más acertado sentido teatral. La imagen es magnífica en Blu-ray, pero no tanto el sonido: la gama dinámica podría ser aún más amplia. Y se echa de menos el surround. (10)

 

33. Michael Sanderling/Filarmónica de Dresde (Sony). Como Currentzis, pero sin cargar las tintas en semejante extremo, Sanderling hijo evita ver en esta obra una gamberrada juvenil, desatiende la ironía más o menos corrosiva –la sonrisa es no aquí una burla autodefensiva, sino una siniestra mueca de dolor– y recrea la obra desde la perspectiva del Shostakovich maduro, cargando la atmósfera de malos presagios y ofreciendo, lógicamente más en los dos últimos movimientos que en los primeros, un desolador recorrido con los paisajes del alma humana, así hasta llegar a una coda tan lacerante en su congoja como implacable en su resolución. La orquesta se encuentra tratada con enorme acierto, haciendo que los metales suenen descarnados y matizando muy bien a los solistas; discreto el primer violín, por cierto, si bien los timbales son magníficos. Espléndida la toma. (9)

 

34. Paavo Järvi/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2015). Al igual que su padre, Paavo es un maestro que parece sintonizar con esta partitura bastante más que con otros repertorios. No es solo que todo esté en su sitio –eso por descontado– y que suene plenamente a Shostakovich, sino que además se ofrece fuerza, sinceridad y hasta una serie de interesantes hallazgos desde el podio. El primer movimiento, dicho con incisividad y sarcasmo necesidad de cargar las tintas, no es quizá el que está mejor dirigido de los cuatro, pero aquí los increíbles solistas de la orquesta (¡sensacional Emmanuel Pahud!) colocan en listón en lo más alto no solo en lo técnico, sino también en lo expresivo. El segundo sabe ser juguetón al mismo tiempo que ofrecer misterio –muy paladeados los interludios entre los ataques de las cuerdas– y una buena dosis de ferocidad, con detalles muy interesantes. El tercero resulta adecuadamente patético –aquí difícil alcanzar a Bernstein, claro– y el cuarto, espléndidamente delineado y con momentos muy incandescentes, concluye con la adecuada mezcla de brillantez y amargura. Lástima que en la coda el maestro se precipite un poco. La extraordinaria calidad de la orquesta, en cualquier caso, redondea una interpretación de muchísimo nivel. (9)

viernes, 8 de mayo de 2020

El ángel de fuego en Múnich: el (terrorífico) sueño de una noche del Orgullo

En julio de 2016 estuve por primera –y de momento única: dudo que vuelva– en la ciudad de Múnich. Allí escuché en un buen concierto de Valery Gergiev, un magnífico Rosenkavalier en la producción de Otto Schenk dirigido por Kirill Petrenko, un Holandés errante que me molestó profundamente y, sobre todo, una función de El ángel de fuego que permanece en mi mente como una de las más tremendas funciones de ópera de mi vida. Por varias razones no escribí nada sobre todo aquello, pero ahora he podido refrescar la experiencia de Prokofiev gracias a que la Bayerische Staatsoper está difundiendo –hasta mañana día 9 de mayo– la filmación de esta producción cuando se estrenó en 2015.


Los cantantes no repiten todos de una ocasión para la otra, pero en ambos casos se trata de una interpretación de altura. Al frente de la orquesta estuvo en ambas ocasiones Vladimir Jurowski, quien ofrece la formidable recreación propia de quien ha sabido ofrecer en discos una soberbia lectura de la Sinfonía nº 3 del mismo autor, cuya música sale directamente de esta ópera. Siendo la suya una recreación mucho antes explosiva que atmosférica –las dos vertientes son importantes–, el maestro supera con mucho a un Neeme Järvi que dirigió con gran sensibilidad pero poca garra y a un Valery Gergiev teatral a más no poder pero bastante basto. Jurowski coge lo mejor de uno y otro director para ofrecer una recreación que quizá podría ir a más (¡ojalá Muti se animase!), pero que así ya da la talla de la que es la mejor ópera de Prokofiev, y quizá una de sus obras más injustamente valoradas. ¡Si la primera grabación en ruso fue precisamente la del citado Järvi!

Evgeny Nikitin ha protaginizado esta producción tanto en su estreno como en sus diferentes reposiciones. Luce tatuajes por todo el cuerpo, aunque no se le ve la tristemente célebre cruz gamada por la que le echaron de Bayretuh. Como cantante no es precisamente fino, pero posee una voz por completo adecuada y le pone bastantes ganas al asunto. Está bien, esa es la verdad. La soprano moscovita Svetlana Sozdateleva se encargó en 2015 y 2016 del difícil papel de Renata, y lo hizo de manera formidable tanto en lo musical como en lo escénico. Los demás cantantes componen un irregular pero digno equipo, sobresaliendo la presencia de Vladimir Galouzine como Agrippa.


En cualquier caso, lo que convierte esta producción en algo muy especial es la propuesta escénica. Una propuesta de esas que yo en tantísimas ocasiones detesto: adiós a la dramaturgia original, bienvenida una completamente nueva. Lo que ocurre es que el señor Barry Kosky no solo despliega una inmensa sabiduría teatral –Warlikowski también lo suele hacer, pero con resultados muchas veces detestables–, sino que además sabe romper el texto respetando el subtexto.


La idea del regista es encerrar a una pareja en una habitación de hotel y ver cómo su relación se va degradando por culpa de las obsesiones del uno y del otro, de los celos, de las exigencias, de la presión de los valores morales y religiosos, de la imposibilidad de contener las pulsiones más básicas… Nada que no hayamos visto ya mil veces, pero también algo que no está lejos de la idea original que plasmó Prokofiev en libreto y música. Porque por mucho que cambie la acción, que lo hace, las ideas originales se encuentran ahí, y además sin que se produzcan choques graves entre lo que se ve y lo que se escucha –otra diferencia con Warlikowski–, porque Kosky se las ingenia para que las situaciones expuestas se integren con lo que plantea la partitura.


Otra cosa es que el espíritu expresionista de la música sea aquí complementado con una buena dosis de surrealismo. Efectivamente, a medida que la relación entre Rupercht y Renata se degrada, se va perdiendo el sentido de la realidad y van desfilando ante nuestros atónitos ojos un conjunto de personajes y de situaciones a cual más delirante, encajando de maravilla tanto con ese humor a medio camino entre lo sarcástico y lo grotesco propio de Prokofiev como de las fantasmagóricas turbulencias con olor a azufre que emanan de estos pentagramas.


Todo esto se encuentra materializado con formidable sentido del ritmo escénico, dirigiendo fabulosamente a los cantantes y sacando un enorme dramático a la luminotecnia. En cuanto a al punto de vista estético, vestuario y coreografías no parecen salir sino de la más aterradora pesadilla de un participante en el Orgullo Gay completamente harto de alcohol y drogas: todo se mueve al borde del ridículo (¡escalofriante la escena de Agrippa, una pasada lo de Mefistófeles!), pero a la postre el conjunto no solo funciona, sino que engancha, inquieta y fascina. También aterroriza, sobre todo en una escena de las monjas –aquí “Cristos dolientes”– que impide que veamos esta producción en esta España del siglo XXI en que la Iglesia católica afirma ser perseguida cuando en realidad conserva enorme poder e influencia. Cuando pienso lo que se montaría en Sevilla, por ejemplo… Pero bueno, para eso está la filmación, aunque también sea cierto que desde la primera fila del patio de butacas da mucho más miedo que en la pantalla del televisor.


PD. Al vídeo le quedan pocas horas en la web, pero con un programilla de pago llamado TubeDigger se puede descargar.

jueves, 15 de marzo de 2018

Prokofiev por Jurowski: el ruido y la furia

Cuando comenté las horrorosas interpretaciones recientes de las sinfonías nº 2 y nº 3 de Prokofiev a cargo de Vladimir Ashkenazy prometí presentar un disco con lecturas mucho más recomendables. Pues aquí está: lo protagoniza Vladimir Jurowski, quien ya tenía una Quinta grabada para el mismo sello e inicia ahora con este primer volumen un nuevo ciclo sinfónico del autor de Pedro y el lobo.


En el aspecto puramente artístico, el irregular maestro –no hace mucho ofrecía las que quizá sean las peores Hébridas de la historia del disco– da aquí la de cal cogiendo al toro por los cuernos. ¿Son estas dos sinfonías las más representativas del Prokofiev decibélico, opresivo y brutal? ¡Pues que se note! Así las cosas, el maestro moscovita se decanta por el ruido y la furia para subrayar la vertiente más –digámoslo así– combativa de estas páginas, trátese del “maquinismo” de la op. 40 o del expresionismo de la op. 44. Y lo hace con todas las consecuencias.

Venturosamente, Jurowski no es Gergiev. No son estas versiones rutinarias, de brocha gorda ni planteadas de cara a la galería. Poseen el idioma perfecto, se encuentran trabajadísimas y evitan toda vulgaridad a pesar de poner la maquinaria a su máxima potencia. Los colores son los adecuados, los planos se encuentran perfectamente diferenciados, los detalles están en atendidos todo momento, los clímax parecen –en general– muy bien planteados y cuando hay que frasear con lentitud y concentración, así se hace. Los resultados son más que notables.

Concretando un poco, la Segunda sinfonía ofrece un primer movimiento de una potencia “mecánica”, una visceralidad y una fuerza opresiva abrumadoras, con la misma intensidad los directores que más han abundado en este terreno –exceptuando quizá el muy corrosivo Rozhdestvensky–, pero aportando una dosis superior de claridad y detallismo. El segundo movimiento está planteado con la intención de subrayar las diferencias expresivas entre cada uno de los pasajes de este tema con variaciones, aunque aquí hay que decir que las más conseguidas son aquellas en las que se requiere una rítmica más vigorosa, un colorido más incisivo y cierta dosis de mala leche: cuando hay que desplegar lirismo onírico, texturas refinadas y sentido del misterio, Jurowski se queda un poquito corto. Por eso mismo me sigo quedando con la sensualidad, el lirismo y la extrema depuración sonora de Seiji Ozawa en su registro con la Filarmónica de Berlín, aunque también sea cierto que con el maestro oriental se echaban de menos unas gotas de sentido del humor grotesco.

La Sinfonía nº 3 me ha hecho rememorar el Ángel de fuego –ópera de la que sale toda esta música– que presencié en la Ópera de Múnich en el verano de 2016, una función que no quise comentar en el blog a pesar de haber sido una de las cosas más impactantes que he presenciado en mi vida. En el foso estaba precisamente Jurowski, ofreciendo una labor formidable que ahora repite en disco con esta lectura eminentemente oscura, diabólica y terrorífica, de sonoridades virulentas –impresionantes texturas de las maderas en el tercer movimiento–, fraseo tan anguloso como obsesivo, atmósferas alucinadas y tensiones implacables. Expresionismo puro y duro, incluyendo dentro del mismo una buena dosis de humor negro –intervenciones de la madera grave llenas de socarronería– pero sin dejar espacio para otras consideraciones. Y ese es el único reparo que pongo: en comparación con Muti –referencial su disco con Philadelphia, por no hablar de la increíble lectura que le escuché en directo con la Sinfónica de Chicago–, al ruso le falta atender a esa atmósfera embriagadora, a ratos mística, a ratos sensual cuando no abiertamente erótica, que también anida en los pentagramas. La música de Prokofiev, ni siquiera la de esta época, es únicamente una sucesión de explosiones sonoras. En cualquier caso, la experiencia es de las que atrapan desde el primer minuto para dejarte exhausto al final.

No he dicho nada sobre la orquesta: la State Academic Symphony Orchestra “Evgeny Svetlanov”. Es decir, la Orquesta Estatal de la URSS de toda la vida, ahora llevando el nombre de quien durante tantos años fuera su titular. Obviamente se trata de una muy buena formación, pero no al nivel de la London Philharmonic de la que Jurowski sigue siendo titular, ni menos aún al de las verdaderamente grandes europeas. La cuerda en más de un momento me ha parecido rígida, mientras que el metal posee esa particularísima sonoridad “soviética”, algo vacilante y poco empastada, que a mí dista de convencerme. Sea como fuere, el maestro trata a su formación rusa con enorme conocimiento de lo que se trae entre manos y diseccionando con maestría –nunca he escuchado versiones más claras que las presentes– el complicadísimo tejido contrapuntístico elaborado por el compositor en estas dos obras decididamente a reivindicar.

Justo es añadir que la toma sonora es soberbia, y si ya resulta de admirar en calidad CD –que es como yo la he escuchado a través de la plataforma Tidal–, seguramente debe de ser la releche en SACD multicanal.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Bruckner por Jurowski: va a ser que no

Esto de intercambiar grabaciones por la red viene la mar de bien a la hora de programar la agenda de conciertos. El viernes 14 de diciembre espero ver el genial Macbeth verdiano en el Teatro Real de Madrid, que a tenor de la filmación correspondiente (enlace) promete muchísimo, pese a una escena muy discutible y a un protagonista solvente sin más, por la Lady de la Urmana y la batuta de Currentzis. Para el día siguiente pensé en un principio ir a Valencia a ver La Bohème, pero el como el traslado es una complicación y no me fio ni del elenco ni de la producción escénica (ni siquiera del cada día más despistado Chailly), he decidido quedarme en Madrid y ver alguna otra cosa. La pregunta es si merece la pena pagar un dinero importante (entre 66 y 179 euros) para escuchar a la Filarmónica de Londres el sábado por la noche: ya he dicho en alguna ocasión (enlace) que Vladimir Jurowski me parece un gran director, pero no sé hasta qué punto puede sintonizar con la Primera Sinfonía de Bruckner que ocupa la segunda parte del programa. Pues bien, el grupo de correo Concertarchive me ofrece una respuesta gracias a una grabación radiofónica realizada en el Royal Festival Hall londinense el 30 de noviembre de 2011. Y va a ser que no.

Vladimir Jurowski

La verdad, hacía tiempo que no me aburría tanto escuchando una sinfonía de Bruckner. De acuerdo con que la Primera dista de ser de lo mejor del autor, pero directores como Karajan, Barenboim y Solti han sacado petróleo de la partitura. Con el ruso la cosa no funciona, y no por falta de talento, porque la lectura está planificada con mucha corrección, buen pulso, adecuado equilibrio polifónico y una loable ausencia de amaneramientos sonoros, sino por una absoluta falta de idioma bruckneriano: ni sonido denso y oscuro, ni fraseo al mismo tiempo místico y sensual, ni sentido del misterio, ni aliento humanístico ni carácter visionario en los clímax, dichos estos últimos con brillantez pero de la misma forma con que se hubiera interpretado la fanfarria de Star Wars. Además se matiza poco, muy poco, resultando el fraseo más bien lineal y rutinario. No sé como saldrán la Obertura trágica brahmsiana y el Concierto nº 17 de Mozart (con Angelich), pero así las cosas prefiero gastarme el dinero en otra cosa. Por ejemplo, en ver esa misma velada El juramento de Gaztambide en el teatro de la Zarzuela: no conozco la obra, pero en directo y con un conjunto de artistas de cierto nivel parece una buena oportunidad para acercarse a ella.

sábado, 15 de octubre de 2011

Beethoven con Jurowski e instrumentos originales

BEETHOVEN: Coriolano. Sinfonías nº 4 y 7.
Orquestra of the Age of the Enlightenment. Dir: Vladimir Jurowski.
Idéale, 3079298
DVD
89’
DDD
Ferysa
***

Beethoven Jurowski DVD

Este DVD debería ser obligatorio para todos aquellos que siguen diciendo tonterías sobre los instrumentos originales, tanto a favor como en su contra. A los primeros les demostrará que la utilización de una orquesta “antigua”, con toda su rusticidad tímbrica e implicando el uso de una articulación apropiada para los mismos, no tiene por qué suponer la renuncia a los conceptos de la tradición: aunque el ropaje sonoro sea historicista, he aquí un Beethoven-Beethoven, el de toda la vida, musculado, enérgico, sanguíneo y lleno de claroscuros, dotado de garra dramática y de rebeldía, sin necesidad de adoptar tempi atropellados, frasear “a saltitos”, transformar la agilidad en ligereza ni confundir la teatralidad con la machaconería. Nada que ver con lo que en este repertorio hacen un Hogwood, un Gardiner o un Norrington, entre otros.

A los segundos, a los “tradicionales”, les descubrirá que los “period instruments” le sientan estupendamente a este repertorio, más aún con una formación como la Orquestra of the Age of the Enlightenment (lástima del flojo fagot, que se atropella en el último movimiento de la op. 60), y que si en estas interpretaciones, filmadas en París el 4 de febrero de 2010, se evidencian limitaciones expresivas -un tanto cuadriculados Coriolano y el primer movimiento de la Séptima, soso el trío de la Cuarta, cierta frialdad generalizada- no se debe a una cuestión filológica, sino a que Vladimir Jurowski no termina de dotar a esta música de la flexibilidad, el vuelo lírico y la hondura humanística que demanda.

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Artículo publicado en el número de octubre de 2011 de la revista Ritmo. Ahora lo he ampliado ligeramente.

sábado, 5 de febrero de 2011

Más morbo: Totenfeier con cuerdas de tripa

¿Quién me iba a decir que tan solo unos días después de la pequeña discusión en este blog a raíz de la Cuarta de Mahler de Herreweghe (enlace) iba a tener la oportunidad de escuchar algo mucho más morboso aún? Nada menos que los Totenfeier del compositor austríaco -es decir, la primera redacción de lo que luego se convertiría en el primer movimiento de su Sinfonía Resurrección- interpretados por la Orquesta del Siglo de las Luces, con sus flautas de madera, cuerdas de tripa y todo eso. Obviamente esta página (finalizada 1888) es anterior a la citada Cuarta (1900), pero si en esta última obra hay un espíritu “clasicista” que parece permitir enfoques “arcaizantes”, el carácter visionario de Totenfeier no parece invitar precisamente a la utilización de instrumentos originales. Y esto es solo parte de un concierto que incluye asimismo Les Préludes de Liszt, el preludio de Parsifal y las Canciones del camarada errante (o como las quieran ustedes llamar) del propio Mahler. Dirige a la orquesta británica el titular de la London Philharmonic, Vladimir Jurowski, en un concierto celebrado en el Royal Festival Hall hace nada: viernes 21 de enero de 2011. ¿Resultados? ¡Formidables!

Centrándonos en el Totenfeier, debo decir de inmediato que hacía mucho que no escuchaba a un director de nuestros días un Mahler así: rápido, directo, rebelde, incisivo, violento, tensísimo y por completo ajeno a cualquier tipo de blandura o narcisismo sonoro. Si de un tiempo a esta parte (¿culpa quizá de Visconti?) parece haberse impuesto que los pasajes digamos “reflexivos” de la escritura mahleriana deben resultar lánguidos y decadentes, el maestro ruso rechaza de plano el ensimismamiento y el fraseo hiperrefinado de muchas batutas para concebir dichas frases como meros momentos de inquietante distensión dentro de una pieza de marcado carácter apocalíptico. El resultado me gusta muchísimo más que el de los cacareados Jonathan Nott o Paavo Järvi en sus lecturas de la Segunda aquí comentadas (enlace), como también que el de la reciente de Rattle de la que aún no he podido escribir, y me ha recordado no poco a la visión electrizante de Solti con la Sinfónica de Chicago, aunque para llegar a su altura le falta aún paladear algunos pasajes con mayor concentración. ¿Y los instrumentos "antiguos"? Pues con alguna que otra inseguridad pero muy bien, y aportando una tímbrica áspera -si saben inglés no se pierdan la entrevista que hemos incluido arriba- que hace sonar a esta música aún más visionaria. ¿Mahler con instrumentos originales? Sí, gracias, pero con un director como Jurowski al frente, y no con cursis del calibre de un Herreweghe.

En los Lieder eines fahrenden Gesellen no me ha convencido la mezzo Sarah Connolly, que tiene una voz poco atractiva y canta sin la sensualidad deseable, si bien logra poner de relieve los aspectos alucinados de la partitura. Jurowski, por su parte, acierta de nuevo a eliminar todo el azúcar y a apartarse de lo meramente contemplativo para aportar un fresco vigor juvenil y, cuando debe, incisivos tintes dramáticos. ¿Un enorme director mahleriano en ciernes? Su interpretación de Das Klagende Lied en DVD (Ideale, 2007) ya era espléndida, y la Primera Sinfonía junto a la Filarmónica de Londres del pasado diciembre (otra toma radiofónica que circula por la red) posee, dentro de ciertas irregularidades, una de las mejores lecturas del problemático último movimiento que jamás he escuchado, así que todo parece dar una respuesta afirmativa.

Digamos algo sobre el resto del programa junto a la Orchestra of the Age of Enlightenment. El preludio de Parsifal (con el final “de concierto” sacado de la conclusión de la genial obra wagneriana) recibe una sensata recreación que opta por lo dramático antes que por el misticismo o la sensualidad, pero que presenta discontinuidades en la tensión, siendo mejor la segunda mitad que la primera. De todas maneras los tintes inquietantes que ofrece hacen esta lectura algo más interesante de la que el propio Jurowski tenía en DVD, y no digamos que la aséptica de Sir Roger Norrington y sus London Classical Players registrada para EMI en 1994.

Les préludes, finalmente, vuelven a mostrar cómo al joven maestro ruso le interesan más los aspectos dramáticos y rocosos de la música que los líricos -falta un poco de sensualidad-, y que es capaz de ofrecer brillantez sin caer en la retórica vacua o el efectismo. Y resulta interesante la sonoridad de los instrumentos originales, aunque haya algún desbarajuste. Nada que ver, en cualquier caso, con el bodrio de Van Immerseel y sus chicos (enlace). En fin, ¿hace falta repetir una vez más que lo importante no son los instrumentos, sino el concepto que posee la batuta de la obra a interpretar y la capacidad técnica de la misma para materializarlo adecuadamente?

Se me olvidaba decir que tanto el concierto aquí comentado como el que incluye la Primera de Mahler (versión con Blumine, por cierto) se encuentran disponibles el grupo de Yahoo Concertarchive (enlace), desde donde ustedes los pueden descargar de manera gratuita y absolutamente legal, puesto que en el mismo solo se intercambian tomas radiofónicas que han estado o están a disposición de todo el mundo. No duden a la hora de suscribirse: basta con tener una cuenta de correo de Yahoo! y solicitarlo al administrador.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Jurowski-Jones: Hänsel y Gretel sin caramelo

Dicen que no terminó de entusiasmar a cierto público neoyorquino esta producción del maravilloso título de Humperdinck, que se ofreció en el Metropolitan las pasadas navidades y que hace pocos meses ha editado EMI en formato DVD. No me extraña: a determinadas sensibilidades de "nuevo rico" no les debe de haber hecho mucha gracia ver un Hänsel y Gretel sin rastro alguno de la puerilidad tópica, cursi y almibarada con que a veces se aborda. Pero a mí me ha encantado la propuesta de Richard Jones, rematadamente teatral (¡qué dirección de actores!), personal e imaginativa pero no provocadora ni disparatada, que acertadamente subraya, sin pasarse, los aspectos más sombríos y escabrosos del asunto, bien apoyada por un fantástico diseño de producción a cargo de John Macfarlane.



En sintonía con la propuesta escénica, VladimirJurowski ofrece una dirección intensa, dramática y aristada en la que apenas hay concesión a la dulzura, hasta tal punto de que, siendo muy emocionante y haciendo gala de un portentoso sentido del color, en algún pasaje se puede echar de menos una mayor delectación melódica. De todas formas, un soberbio trabajo. Fabulosa la orquesta y maravillosa la escolanía infantil.

Estupenda Christine Schäfer (menudo cambio, de la "viciosa" Lulu a la angelical Gretel), a pesar de algunas tiranteces en el agudo; y notabilísima, ya que no muy personal, la mezzo Alice Coote. Un lujazo en el rol de la madre la presencia de Rosalind Plowright, menos mediocre en lo vocal que lo esperable a su edad y artista como la copa de un pino. Sólido, más que matizado, el padre de Aland Held. Aceptable Sasha Cooke como el hombre de arena y bastante mejor la espléndida Lisette Oropesa como el hada del rocío. Claro que quien se lleva el gato al agua es Philip Langridge, un artista al que no se valora como se merece: su bruja es divertida, sí, pero en lugar de graznar, canta. Y canta de manera admirable.

La función, que corresponde al 1 de enero de 2008, está bien filmada (aun abusando de los contrapicados) y posee una soberbia toma sonora en 5.1 auténtico. Renée Fleming hace de simpática anfitriona. Los extras son escasos pero interesantes. Y el precio al que se ofrece el DVD es bastante aceptable. Se lo recomiendo plenamente al lector de estas líneas, más aún que el de Solti con la Filarmónica de Viena (Deutsche Grammophon), musicalmente excelso pero anticuado en la parte escénica (enlace).

viernes, 3 de octubre de 2008

Vladimir Jurowski, uno de los grandes


Tras asistir a La Calisto en el CovenGarden acudí al renovado Royal Festival Hall (dicen que la acústica era antes muy mala: ahora sólo puede ser calificada de excelente) para escuchar a la Filarmónica de Londres bajo la batuta de su actual titular, un director al que sabios críticos vienen considerando como uno de los más interesantes del panorama mundial. Efectivamente, Vladimir Jurowski no hizo esa noche sino confirmar un talento fuera de lo común que, por mi parte, ya había podido apreciar en algunas de sus grabaciones en CD y DVD.

Formidable interpretación la de Metamorphosen, aun desde un enfoque opuesto el que estamos acostumbrados a apreciar: no fue el suyo un Strauss melancólico, otoñal y decadente, sino un Strauss lleno de fuerza, rabia y tensión interna, en el que una arquitectura perfectamente construida culminó en unos clímax de dramatismo espeluznante, el que seguramente soportó un compositor que en 1945 veía como el universo que él había conocido terminaba de caer ante sus pies. Ni que decir tiene que la atención a la polifonía fue siempre extraordinaria por parte de la batuta.

De nuevo impresionante, aristada y visceral interpretación la de la inacabada Gesangsszene para barítono y orquesta de Hartmann sobre la Sodoma y Gomorra de Jean Giradoux, un espeluznante texto que aunque escrito en 1944 parece hacer referencia al mundo de nuestro 2008 amenazado por el SIDA, el terrorismo y la crisis económica. Portentosa la intervención de un Matthias Goerne al que nuca había escuchado tan emocionalmente implicado en obra alguna. La London Philharmonic respondió de manera admirable, y resulta evidente que ha mejorado de manera sustancial desde aquella visita a Madrid con Solti allá por 1996, en la funesta etapa en la que su titular era el mediocre Franz Welser-Möst.

La segunda parte no me entusiasmó tanto, porque para hacer una gran Segunda de Brahms a Jurowski aún le falta un tanto de aliento lírico, de ternura, de profundidad filosófica y de oscuridad tímbrica, es decir, de madurez e idioma. Aún así, fue un placer disfrutar de una interpretación tan fluida y natural, de semejante plasticidad en el tratamiento de los planos sonoros y tan arrebatada -sin llegar al descontrol- en un cuarto movimiento que muy pocas veces he podido escuchar, en disco o en vivo, tan temperamental, entusiasta, brillante y poderoso. Pocas veces... o nunca.

El concierto fue registrado para una futura edición discográfica en el sello de la propia orquesta, pero no sé cuáles serán las obras que entrarán en el compacto. Espero que lo hagan las dos primeras.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...