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martes, 29 de junio de 2021

El Haydn de Jane Glover con la OFGC: gloriosa tradición británica

Pasé el fin de semana en las Islas Afortunadas –mi tercera visita–, y tuve la oportunidad de escuchar-también por tercera vez en directo– a la Filarmónica de Gran Canaria. Programa Haydn: Sinfonías nº 6 Le Matin, nº 7 Le Midi y nº 8 Le Soir, es decir, el maravilloso tríptico con que el compositor respondía a las demandas del Príncipe de Esterházy –estaba empezando en la corte– para buscar el mayor lucimiento posible de su orquesta. Dirigía nada menos Dame Jane Glover –setenta y dos años a sus espaldas–, de la que tengo un recuerdo muy borroso de algún concierto en Sevilla allá por la primera mitad de los noventa. No sé si me gustó. Lo del pasado viernes 25 de junio en el Auditorio Alfredo Kraus sí que lo hizo. Una barbaridad.


Primero, por la calidad de la música. ¡Pensar que todavía hay melómanos a los que no les entusiasma Haydn! De acuerdo con que no en todas las parcelas de su producción brilló a igual altura, pero basta con sus sinfonías y sus cuartetos de cuerda –y muchas de sus sonatas y de sus misas– para colocarle en el podio de los más grandes. Incluso estas sinfonías relativamente tempranas –ojo, pese a la numeración, no se encuentran entre las primeras– ofrecen una inventiva y una inspiración formidables.

Segundo, por la calidad interpretativa. Y por tener la oportunidad de escuchar en directo interpretaciones así, tan radicalmente distante de lo que quien esto firma tiene hoy la oportunidad de escuchar en directo: lo que Enrico Onofri y la Barroca de Sevilla han conseguido imponer aquí en el occidente andaluz, un Haydn áspero en la sonoridad, precipitado en los tempi, espasmódico en el fraseo y plagado de extravagancias. Dame Jame y la OFGC me han permitido disfrutar en directo, benditos sean todos ellos, de esa gloriosa tradición británica hoy casi por completo perdida, la del Haydn de Sir Colin Davis, Sir Neville Marriner y Raymond Leppard, aunque antes en la línea “moderadamente renovada” de los dos últimos que en la más tradicional del primero. 

Glover optó por una plantilla de moderado tamaño, muy superior a los quince músicos que –tengo entendido– tuvo el compositor a su disposición, pero a mi entender ideal para esta música. La sonoridad fue hermosa y transparente, sin que la nutrida cuerda (10.8.5.3) relegara a los vientos mas otorgándoles su justísima relevancia; músculo lo hubo en su punto justo, el idóneo para evitar esas ingravideces que suelen devenir en fragilidad e incluso en cursilería. La articulación se situó en el punto intermedio entre la tradición centroeuropea –sin ir más lejos, la que usó Adam Fischer en los primeros años de su integral– y el movimiento “históricamente informado”: ágil y muy definida, moderando el vibrato y marcando con claridad el ritmo y alejándose de toda pesadez, pero sin necesidad de renunciar del todo al legato y sin incurrir en excesos de incisividad ni en grandes claroscuros. Los tempi fueron de una sensatez que hoy, desdichadamente, no resulta habitual: nada de languideces contemplativas ni de pérdidas de pulso, pero menos aún de frivolidades y apresuramientos que no dejan a la música respirar. El clave fue todo musicalidad y sensatez, sin exuberancias HIP pero evitando al mismo tiempo esa coquetería –para mí muy molesta, lo reconozco– del Marriner de antaño.

Dicho de otra manera, el Haydn de Dame Jane fue el colmo de la sensatez y de la moderación. Y de la sosería, pensarán algunos. Pues no, nada de eso. Entiendo que los acostumbrados al clasicismo “barrokizado” de los Onofri, Antonini y compañía echarán de menos efectos especiales y todo aquello, pero para mí las interpretaciones estuvieron llenas de vida, de entusiasmo y de comunicatividad. También de calor humano. Y de elegancia digamos que “británica”, aunque sin ese punto de flema que a veces estropeaba los minuetos de los directores arriba citados: a nuestra artista le quedaron muy frescos y dinámicos.

Claro que la labor de la batuta no es nada en estas tras páginas sin una orquesta plagada de virtuosos. Dicen los especialistas, y probablemente tienen toda la razón, que aquí Haydn todavía se encuentra muy vinculado al modelo del concerto grosso, lo que significa que los primeros atriles cobran todos ellos un protagonismo decisivo, cada uno en su momento. La Filarmónica de Gran Canaria evidenció, con algún que otro desequilibrio, un nivel medio francamente alto tanto en virtuosismo como en musicalidad. Por si fuera poco, contó como concertino con una invitada de verdadero lujo: la madrileña Vera Martínez, del Cuarteto Casals. No encuentro palabras para elogiarla. Estuvo espléndida, sobre todo en ese absolutamente maravilloso adagio de Le Midi en el que su instrumento tiene que imitar todas las inflexiones de la voz humana. Por cierto, decidió vibrar bastante menos que el resto de la cuerda, optando por un uso moderado y netamente expresivo de este recurso. En un conjunto HIP no desentonaría.

En fin, enorme concierto. Estas versiones me gustaron tanto como las de Marriner, un poco más que las de la Orquesta Barroca de Friburgo –tan distintas– y bastante más que las de Adam Fischer y Trevor Pinnock, que son las que conozco.

martes, 27 de noviembre de 2018

Tocar Mozart con los pies

Hace diez años estuve por primera vez en Gran Canaria. Tuve entonces la oportunidad de escuchar a la estupenda OFGC en el Auditorio Alfredo Kraus, de lo que pude dar cuenta brevemente en este blog. El pasado viernes pude por fin pasarme nuevamente por la isla y repetir el rito de disfrutar a la Filarmónica en el soberbio edificio diseñado por Óscar Tusquets, esta vez con un programa dedicado a Haydn y a Mozart que estuvo bajo la batuta de Gérard Korsten, un señor al que solo conocía de una Elena Egipcíaca del sello Dynamic y del que, por tanto, podía esperarme cualquier cosa en un repertorio tan delicado como este.


Pues bien, lo resultados me parecieron dignos de admiración. Y por completo sobresalientes, yo diría que referenciales, en el caso de Franz Joseph Haydn: la interpretación de la Sinfonía n.º 73, “la caza”, me pareció superior a las dos que escuché previamente en disco, la muy digna de Adam Fischer y la más que notable de Neville Marriner. ¿Y cómo fue el Haydn de Korsten? Decir que, en el cinegético último movimiento –el que da título a la página– los timbales usaron baquetas duras mientras que se juntaron trompetas naturales con trompas de válvula, podría darnos una impresión inexacta. Porque este, al margen de semejantes decisiones organológicas –que encuentro acertadas, aunque habrá a quienes les parezcan incoherentes–, y también a margen de una reducción del vibrato y de una incisividad en la articulación bastante moderadas, fue un Haydn tradicional en el mejor de los sentidos. Es decir, de sonoridad densa y musculada pero en absoluto masiva, de fraseo ágil mas no aéreo (¡qué alivio!), de fraseo amplio y cantable, de expresión grave y cargada de pathos –tremenda la introducción– sin caer en lo protobeethoveniano, y lleno de encanto, de gracia, de sensualidad y de picardía sin confundir todo ello con lo trivial o lo insípido, que es lo que le pasaba en discos a los dos directores arriba citados. Korsten no quiso recrearse en delicadezas –aunque el trazo fue fino– y se decidió a impregnar la partitura, toda ella, de una gozosa rusticidad apropiadísima para el maravilloso universo de este compositor.

No me gustó tanto su labor en los Conciertos para trompa nº 3 y nº 2 –en este orden– de Wolfgang Amadeus Mozart. Por descontado que el ya veterano maestro siguió obteniendo un formidable rendimiento de una Filarmónica de Gran Canaria que parecía sentirse muy a gusto bajo su batuta, pero tengo la impresión, después de haber escuchado a Klemperer con Civil y a Zukerman con Baummann, que esta música ofrece más posibilidades poéticas: Korsten ofreció luminosa, amable y cálida belleza, sin más. El trompa Felix Klieser le secundó a la perfección en su concepto haciendo gala de un fraseo de enorme sensualidad que sedujo más por su capacidad para el canto que para los claroscuros. En cualquier caso, derrochó musicalidad por los cuatro costados. En lo puramente técnico su labor resultó admirable: que hubiera algún desliz sin importancia se puede explicar por el frío que esa noche en Las Palmas se colaba entre los dedos de nuestros pies. Ah, ¿es que no se lo he dicho? Klieser no tiene brazos y toca con sus extremidades inferiores, literalmente. Su éxito fue abrumador y estuvo plenamente justificado. Propina de Rossini.

Para terminar, Sinfonía nº 38 de Mozart. Es decir, ni más ni menos que la Praga. Palabras mayores. Sin llegar al nivel excepcional de su Haydn, Korsten triunfó a partir de una lúcida asimilación, aun sin necesidad de imitar al maestro berlinés ni de acercarse a sus excesos, de las mejores lecciones de Harnoncourt: teatralidad y claroscuros a tope, con enorme relevancia de metales y percusión –de nuevo trompetas naturales y baquetas duras– mas guardando el adecuado equilibrio con una cuerda bien nutrida y empastada, todo ello dentro de un concepto expresivo marcadamente operístico y muy alejado de preciosismos, ligerezas y coqueterías que siguen haciendo estragos en el universo interpretativo mozartiano. Gran concierto.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Ginastera por Pedro Halffter y la OFGC

Este disco se grabó en julio de 2010 en el Auditorio Alfredo Kraus y ha sido editado por la Fundación Orquesta Filarmónica de Gran Canaria “bajo licencia exclusiva para Universal Music Spain”: en portada luce el flamante logotipo de Deutsche Grammophon. Digo lo mismo que en mi entrada anterior sobre el disco impresionista de Josep Pons y la Nacional: si se graba para el sello amarillo es por que se quiere competir en primera división, y por ende las comparaciones son inevitables. Y si se quiere hacer una crítica en condiciones hay, lógicamente, que mojarse. En este caso por partida doble, porque hay que hablar también de la música.


Alberto Ginastera (1916-1983) compuso su ballet Panambí, de argumento mitológico basado en el folclore guaraní, entre 1934 y 1936: perfectamente lógico que la obra esté llena de ecos de otras más importantes, porque estamos hablando de un compositor veinteañero. La influencia de La consagración de la primavera de la que nos habla Benjamín G. Rosado en sus notas está clara; de la “secuela” escrita por Prokofiev, la Suite escita, también hay ecos. Pero para mí también lo está en no menor medida, y de esto nada se nos dice en la carpetilla, la del mundo impresionista. Hay aquí mucho del Daphnis et Chloé de Ravel y del Pájaro de fuego del propio Stravinsky, e incluso hay un largo solo de flauta que no deja de recordar al Syrinx de Debussy. Y aún podríamos ir más lejos: aparecen unos “cantos de pájaros” que apuntan directamente al “Jardín del sueño del Amor” la Sinfonía Turangalila de Messiaen, compuesta una década más tarde que la obra del argentino. La cuestión es: ¿funciona la partitura al margen de la danza, es decir, como pieza para ser disfrutada en disco o en concierto? Para mi gusto muchísimo, y sin ser una obra reveladora se escucha con bastante placer y por momentos hasta con fascinación, entre otras cosas porque está escrita con verdadera mano maestra.

Hasta ahora, que yo sepa, solo había una grabación completa de la partitura: la registrada por la directora uruguayo-israelí Giselle Ben-Dor al frente de la Sinfónica de Londres en 1997 y editada por el sello Naxos; ninguna de las dos cuenta con una toma sonora redonda, dicho sea de paso. El enfoque de las dos batutas es similar, potenciando los aspectos impresionistas por encima de los expresionistas. Ben-Dor, quien obviamente posee un instrumento preferible a la en cualquier caso espléndida Filarmónica de Gran Canaria, ofrece quizá más elegancia y aliento lírico.

Halffter se toma las cosas con bastante calma (42’53’’ frente a 39’19’’, nada menos) pero sin perder el pulso, consiguiendo una mayor sensualidad, una atmósfera más embriagadora y unas texturas más seductoras; y sobre todo, el madrileño ofrece bastante más grados de tensión sonora en los pasajes stravinskianos, donde a su colega le falta un poco de fuelle. Por eso mismo me quedo, sin menospreciar en modo alguno la lectura de Naxos, con esta que ahora nos ofrece DG. ¿Se puede hacer aún de manera diferente? Pues sí, potenciando los aspectos más modernos de la obra: escuchen la breve suite que en 1948 ofreció un tal Erich Kleiber al frente de la Orquesta de la NBC.



Del ballet Estancia solo se ofrece la suite en cuatro números que ha difundido en tiempos recientes Gustavo Dudamel por todo el mundo. Es música más claramente folclórica, más brillante y -a mi entender- un poco facilona, aunque su atractivo rítmico es enorme. En las notas de la carpetilla se nos habla de Bartók y del último Falla. A mí quien me viene a la mente -en concepto, no en idioma- es Aaron Copland, no sé si para bien o para mal; en cualquier caso Ginastera no estudió con el norteamericano hasta 1945, es decir, tres años después de la composición de la partitura, aunque sí que conocía su Billy the Kid. Pedro Halffter ofrece una interpretación fogosa, con mucho ritmo latino, bastante decibélica en el primer número -lo que en esta página no es un defecto- y también con adecuada concentración lírica en la danza del trigo.  Sobresaliente, sin duda, aunque hay competencia: la Matrícula de Honor va para el citado Dudamel y sus muchachos de la Simón Bolívar, también Deutsche Grammophon, verdaderamente arrolladores.

El compacto se cierra con la Obertura para el Fausto criollo, de 1943, sorprendente en la yuxtaposición de la teatralidad un tanto ampulosa que hace referencia directa al título de Gounod con los brillantes ritmos latinos. Retomando las comparaciones, la lectura de Halffer supera ampliamente en brillantez, tensión y fuerza expresiva a la muy correcta de Jan Wagner;  me parece también preferible a la notabilísima de Maximiano Valdés con la Simón Bolívar, sobre todo por la manera en la que -especialidad de la casa- el maestro madrileño borda la atmósfera gótica y enrarecida de la página, incluso sin miedo a que por momentos -justo después de la primera sección folclórica- aparezcan pre-ecos del Vértigo de Bernard Herrmann. Todo ello se encuentra muy bien puesto en sonidos por una batuta de técnica admirable y una orquesta entregadísima, redondeando un disco no solo muy importante en la reivindicación de la música más juvenil de Ginastera, sino también de incuestionable calidad interpretativa.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Pedro Halffter, el Sombrero falliano y algunas reflexiones adicionales

FALLA: El sombrero de tres picos. Montañesa. La vida breve: introducción y danza.
Rodríguez-Cusí. Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. Dir: Pedro Halffter.
Warner
52’29’’
DDD
Warner Music Spain
**
Falla Sombrero Pedro Halffter

Durante los últimos años le he escuchado a Pedro Halffter algunas cosas sensacionales frente a la magnífica Sinfónica de Sevilla, entre ellas El sueño de Geroncio, la Segunda de Rachmaninov o la mismísima Lulu. No fue el caso de El sombrero de tres picos: la interpretación ofrecida al aire libre el pasado 14 de septiembre resultó francamente insatisfactoria. En la grabada una semana después junto a su otra orquesta, la no menos espléndida Filarmónica de Gran Canaria, el tan talentoso como irregular director madrileño se muestra mucho más centrado: la arquitectura global se encuentra mejor planificada, el fraseo es menos brusco y no hay tantas precipitaciones. Aun así, excepción hecha de una Noche llena de poesía y de las apariciones de la estupenda Rodríguez-Cusí, se trata de una interpretación entusiasta pero de escasa inspiración y afectada por varias caídas en la blandura y efectismo. La orquesta está formidable (¡qué maderas!), pero Halffter podría haberse lucido más en otros repertorios.
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Artículo publicado en el número de julio-agosto de 2007 de la revista Ritmo.

PS. Me consta que hay personas que piensan que soy anti-Halffter. Y tengo amigos que se burlan de mí porque me consideran “uno de sus pocos fans” (sic). La mirada de todos ellos es torticera. He repetido una y mil veces, y vuelvo a hacerlo ahora, que este señor me parece un director con enorme talento pero muy irregular, capaz de hacer cosas buenísimas y otras que lo son bastante menos. No quiero callar mi opinión sincera (otra cosa es que esta valga algo) por vergüenza ante los unos u ante los otros. Por eso mismo, al igual que en este blog le he dado un 9 a su grabación de la Sinfonía de Korngold (enlace) y la misma nota a su Segunda de Rachmaninov (enlace), obra en esta última en la que ofrece uno de los mejores Adagios de la historia del disco, recupero ahora esta antigua crítica de Ritmo y añado que a este Sombrero de tres picos le pondría un 4 en una calificación del uno al diez. Por si alguien tiene curiosidad, ahí va una lista con calificaciones para el resto de las grabaciones que tengo en mi colección.

1. Ansermet/Suisse Romande (Decca, 1961): 9
2. Frühbeck/Philharmonia (EMI, 1964): 10
3. Boulez/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1975): 9
4. Ozawa/Sinfónica de Boston (DG, 1976): 9
5. Dutoit/Sinfónica de Montreal (Decca, 1983): 8
6. Barenboim/Sinfónica de Chicago (Teldec, 1997): 8
7. Barenboim/Chicago (DVD TDK, 2000): 9
8. Valdés/OSPA (Naxos, 2002): 4

Añadamos un 9,5 para las suites nº 1 y 2 grabadas por Riccardo Muti en 1979 para EMI al frente de la fabulosa Orquesta de Philadelphia. Esta grabación y la de Frühbeck son a mi juicio las indispensables en cualquier discoteca para acercarse al genial ballet del gaditano.

martes, 4 de mayo de 2010

El sensual Schreker de Halffter

Ya he escrito en varias ocasiones, sobre todo en mis críticas en la hoy extinta Filomúsica, que Pedro Halffter tiende a "romantizar" (coloquen todas las comillas extra que quieran) el repertorio de las tres primeras décadas del siglo XX, limando aristas y potenciando los valores más hedonistas mediante un sonido muy redondo y empastado, un fraseo altamente mórbido, una tímbrica de extraordinaria sensualidad y unas texturas de mágicas veladuras. Que semejante opción convenza más o menos dependerá en buena medida de los gustos del oyente, pero también -y sobre todo, o al menos así debería ser- del repertorio interpretado: no es lo mismo un Zemlinsky o un Korngold que un Schoenberg o un Berg, por muchos elementos que tengan en común. Como tampoco es lo mismo el Strauss de Salomé que el de La mujer silenciosa, pongamos por caso. Con Franz Schreker (1878-1934), compositor al que el director madrileño ha dedicado un compacto registrado en 2009 frente a la Filarmónica de Gran Canaria editado por Warner Classics, las cosas funcionan bastante bien, y por momentos extraodinariamente bien.


Es el caso del "Nocturno" de Der ferne Klang, ópera irregular pero de interesantísima escritura orquestal que Halffter tuvo la iniciativa de estrenar en España en noviembre de 2006 entre la irritación de la legión conservadora del Teatro de la Maestranza (esa misma que prefiere escuchar una mediocridad como La Fille du Régiment antes que una obra maestra del calibre de Lulu). Ya en las funciones sevillanas (enlace), donde se interpretó la versión abreviada preparada por el propio compositor, se veía venir por dónde iban los tiros, pero en este disco el logro es aún mayor, pues estirando los tempi hasta el límite (los quince minutos "oficiales" se convierten en más de veinte) sin perder el pulso, la batuta ofrece una recreación memorable cuya sensualidad al mismo tiempo voluptuosa, contemplativa y agónica, muy de Sezession vienesa, nos deja con el corazón en un puño. Solo por esta interpretación ya merece la pena hacerse con este disco.

No convence tanto, siendo muy buena, la lectura de la Kammersymphonie, o mejor dicho, de la Sinfonietta resultante de la transcripción sinfónica de la referida página. Es verdad que al utilizar una orquesta grande y no de cámara las circunstancias animan a realizar una interpretación voluptuosa, cálida y sensual como la que ofrece Halffter, pero una tímbrica más incisiva y una mayor variedad expresiva hubieran puesto mejor de relieve los aspectos más modernos de la pieza. El disco se completa con la juvenil Obertura fantástica, op. 15, obra que no alberga una escritura del todo personal pero que permite rastrear las raíces de la música de Schreker. Halffter cree en ella y ofrece una recreación muy musical, comunicativa y de excelente gusto, en absoluto superficial o volcada al mero fulgor orquestal, aunque un poquito más de electricidad y de garra dramática no le hubiera venido mal.

A destacar en todo el compacto, por cierto no del todo bien grabado ni aprovechado en su duración, la labor de la Filarmónica de Gran Canaria, que no solo evidencia su virtuosismo sino también su maleabilidad, haciéndola sonar su titular con un colorido y un empaste muy centroeuropeos y, por ende, muy adecuados. ¿Enrojecerán al escuchar este disco los que no hace mucho escribían que el director madrileño carecía de técnica para dirigir una orquesta? No, no lo harán, sencillamente porque sabían que estaban mintiendo. Háganme caso y escuchen este disco: disfrutarán con una música espléndida en interpretaciones de primera línea que pueden competir sin problemas en el mercado internacional.

Más información en los blogs de Pablo J. Vayón (enlace) y Ángel Carrascosa (enlace).

viernes, 2 de octubre de 2009

La Alpina por Pedro Halffter

El inminente estreno en Sevilla (mejor dicho: en España) de La mujer silenciosa me ha llevado a recordar lo poco que me gustó la dirección de Pedro Halffter cuando hizo Salomé en el Maestranza (enlace): de tanta obsesión por clarificar el entramado orquestal la tensión se terminó viniendo abajo. Y ello me ha animado, a su vez, a desempolvar un vídeo en formato DIVX que me bajé hace tiempo del eMule, procedente del Festival de Música de Canarias de 2006, en el que el director madrileño dirige otra de las grandes obras de Richard Strauss, la Sinfonía Alpina, a ver que tal. Me ha parecido admirable.

Lo primero que sorprende es la calidad de la orquesta: si bien es cierto que en determinados momentos se queda corta para las terribles demandas de la partitura (¿a cuántas formaciones no les pasa lo mismo?), la Filarmónica de Gran Canaria exhibe un nivel muy apreciable tanto en los tutti como en las diferentes intervenciones solistas. Pero es que además Halffter, salvando momentos puntuales como pueden ser la escena de la cascada -necesitada de un último grado de transparencia y refinamiento- o la tormenta -donde pone a los músicos en un aprieto por su excesiva demanda de decibelios-, obtiene de la formación isleña una sonoridad realmente adecuada, rica en colorido, de notable equilibrio en las diferentes familias instrumentales y de suficiente brillantez.

El director madrileño, por otro lado, consigue lo más difícil: trazar el arco de tensiones a lo largo de los cincuenta y tres minutos que le dura su interpretación sin que el pulso decaiga en ningún momento. No solo eso, sino que además sabe dotar a cada pasaje de la correspondiente sustancia expresiva. Así, las escenas de la cascada y la pradera ofrecen un adecuado descriptivismo y por fortuna no caen, como ocurre a veces -pienso ahora en la por lo demás sensacional grabación de Fabio Luisi-, en el empalago pintoresquista. A la cima se llega de manera natural, acumulando tensiones y descargándolas con la potencia y brillantez necesarias, pero sin caer en la retórica. La tormenta, poderosísima, sí que resulta un punto más efectista de la cuenta. Y lo mejor viene con el final, ofreciendo un ocaso no sólo extraordinariamente emotivo, sino también de una gran concentración y una apreciable densidad filosófica.

Conozco unas cuantas interpretaciones de la Alpina realmente magníficas: la mítica de Kempe, la escarpadísima de Maazel, la filosófica de Barenboim, la descriptiva de Sinopoli, la natural y transparente de Luisi y, por encima de todas, la portentosa de Karajan en CD (la del DVD está menos lograda), un prodigio de brillantez, colorido y comunicatividad. Esta de Halffter con la OFGC no llega a semejantes alturas, claro está, pero me parece globalmente espléndida y mantiene muy bien el tipo al lado de ellas. Así de claro.

¿Exagero? Les dejo el nombre del archivo (Strauss.Alpine.Symphony.O.F.G.C.avi) por si logran localizarlo aún en el eMule (procede de la televisión local y se ve lastrado por un solo aceptable sonido monofónico). Si no lo encuentran o no quieren invertir tanto tiempo, también disponen de un par de selecciones en Youtube (enlace 1) (enlace 2) para comprobar por ustedes mismos qué nivel son capaces de alcanzar -en riguroso directo, nada de arreglos de estudio- orquesta y director. Si Pedro Halffter, en esta ocasión al frente de la Sinfónica de Sevilla, logra llegar a semejante nivel en La mujer silenciosa, estaremos de enhorabuena.

lunes, 9 de junio de 2008

La ROSS frente a la OFGC

Me gustaba a mí picar a un amigo mío de las Islas diciéndole que la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla es mejor que la Filarmónica de Gran Canaria. Pues bueno, por fin he podido viajar y comparar. El 6 de junio escuché en el Maestranza el Concierto para violín de Beethoven y Noche Transfigurada. En el podio se hallaba el director titular de las dos formaciones, Pedro Halffter. Al día siguiente, en el Auditorio Alfredo Kraus, el Concierto nº 3 del de Bonn y, de nuevo, Verklärte Nacht, más un estreno de un joven compositor local, Ernesto Mateo. Dirigía Günther Herbig. Buenísima oportunidad para comparar.

¿Resultado? Me toca reconocer que, tratándose ambas sin duda de muy buenas agrupaciones, la orquesta insular parece mejor en este momento. La cuerda es sin duda superior, con unos violonchelos de bello sonido y unos violines apreciablemnente más empastados que los sevillanos. Las maderas son ambas equiparables, aunque me dio la impresión de que las de Canarias son más perfectas y que las de la ROSS alcanzan, quizá, un mayor grado de musicalidad. La sección de metales de la OFCG se muestra mucho más segura. Y en la percusión los niveles vuelven a alcanzar el mismo espléndido nivel. Obviamente tendría que escuchar más conciertos en directo para matizar.

Sólo un apunte sobre las interpretaciones. En Beethoven me gustó más la dirección de Halffter, que extrajo un sonido muy apropiado de la ROSS y se mostró muy musical, que la de Herbig, muy solvente pero soso y un tanto blando. Frank Peter Zimmermann fue un témpano de hielo, por muy bello que resultara su sonido, mientras que Josep Colom hizo gala de admirable musicalidad pero tuvo graves despistes en el tercer movimiento. Halffter consiguió magnificos momentos en el Schoenberg pero no logró otorgar unidad a la partitura, mientras que Herbig, algo plano, trazó más satisfactoriamente la arquitectura general y evidenció mayor concentración. Llena de referencias pero muy atractiva la obra de Ernesto Mateo.

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En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...