Mi opinión sobre el recinto ha terminando siendo muy positiva: aunque
reconozco que el diseño del interior resulta un pelín pretencioso, lo cierto es
que se trata de un edificio muy bello desde el punto de vista plástico que, al
mismo tiempo, sabe ser funcional y atender tanto al acceso del público como a la
acústica. Es decir, nada que ver con el Palau de Les Arts de Calatrava,
maravilloso visualmente pero un absoluto desastre como recinto operístico y como
sala de conciertos sinfónicos.
Eso sí, por mucho que un servidor disfrutara recorriendo la Elbphilharmonie,
salí de allí decepcionado: el concierto de ese sábado 2 de noviembre me pareció,
salvo en lo que a Meyer se refiere, un monumental bodrio, tanto por el discreto
nivel de la Kammerakademie Potsdam como, sobre todo, por la incompetencia
de su director Antonello Manacorda, durante años concertino de la Mahler
Chamber Orchestra y ahora batuta de amplio currículo que graba para Sony
Classical. ¡Apañados estamos!
Venía a continuación el estupendo Concierto para clarinete nº 1 de Weber, y para abordarlo salieron trompas y trompetas naturales que, por descontado, rajaron más que las modernas. En cualquier caso, no fue la de Manacorda una interpretación especialmente historicista en lo que articulación se refiere. Fue simplemente convulsa y emborronada, extrovertida pero de cara a la galería. Exactamente se puede decir de la página que abrió la segunda parte, la Konzertstück Nr. 1 para clarinete, corno di basetto y orquesta de Mendelssohn, para la que se contó con la participación del excelente Reiner Wehle. Sinfonía escocesa para terminar: momentos más que correctos, momentos discretos y blanduras fuera de lugar se sucedieron en una versión pseudohistoricista –más bien “historicista soft”– que no llegó a enervarme, pero sí me aburrió sobremanera.
¿Y la Mayer? Pues con un tipazo y un cutis absolutamente increíbles para sus cincuenta y nueve años. La artista conserva, además, toda su agilidad digital y ese enorme control del fiato que le permite construir frases con cantabilidad extrema. Y luciendo la musicalidad, la variedad expresiva y el compromiso que siempre han caracterizada a la clarinetista, cuyo Weber espero seguir escuchando en la grabación con Herbert Blomstedt, muchísimo mejor acompañada entonces que en este concierto que mereció mucho más la pena por el continente que por el contenido.

