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lunes, 4 de octubre de 2010

Mahagonny en DVD: Salzburgo y San Francisco

A la espera de que se distribuya internacionalmente -si es que lo hace- la filmación en el Metropolitan de Nueva York de 1979 con la Stratas y la Varnay (¡nada menos!) bajo la dirección de Levine que acaba de aparecer en edición limitada (enlace), sólo hay de momentos dos interpretaciones en DVD de Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny de Kurt Weill. La primera corresponde al Festival de Salzburgo de 1998. Un proyecto de Mortier, pues, como lo es el que actualmente puede verse en Madrid. La propuesta escénica era de Peter Zadek y frente a la Sinfónica de la Radio de Viena se ponía Dennis Russel Davies. Dos nombres importantes en el elenco: Catherine Malfitano y Gwyneth Jones. La filmación, impecablemente realizada por Brian Large, ofrece una espléndida calidad de imagen, pero por desgracia ninguna de sus ediciones (Arthaus en Europa, Kultur en EEUU) cuenta con subtítulos en castellano.

La segunda se ofreció en la Ópera de los Ángeles bajo la dirección de su titular James Conlon en 2007, y en ella se pretendía reunir al regista y la diva que habían triunfado por todo lo alto en una singular producción de Sweeney Todd, John Doyle y Patti Lupone, aunque quien se terminó llevando el gato al agua fue Audra McDonald en el rol de Jenny Smith. Todos cantan aquí en inglés el texto de Bretch, al contrario que en la representación salzburguesa. El DVD de Euroarts cuenta venturosamente con traducción castellana y aporta sonido DTS 5.1 auténtico (con micrófonos recogiendo el sonido ambiente), por lo que se convierte en la primera opción de compra. Aun así pienso que se deben conocer los dos, porque Malfitano y McDonald ofrecen visiones muy distintas, complementarias y fascinantes del personaje de la prostituta.

Catherine Malfitano, una señora no precisamente guapa pero de irresistible atractivo físico, es un auténtico putón verbenero: su manera de mirar o de llevarse la comida a la boca nos dejan bien claro que nos encontramos ante una zorra sin complejos. Sexo puro y duro, y de primerísima calidad además. Claro que el personaje no se queda ahí, porque la artista norteamericana, más actriz que cantante, nos va relevando sus pliegues psicológicos a medida que la acción avanza para ofrecernos al final a una Jenny muy débil y humana que llega a llorar de verdad (¡inmenso animal escénico!) en la escena de la ejecución del protagonista.



Lo de Audra McDonald en San Francisco es bien diferente. Dejando muy al descubierto -brevísimo vestuario- un cuerpo escultural, de lo más asombroso que se ha visto nunca en una soprano, y armada de unas dotes dramáticas no precisamente menores que las de su colega, pues no en vano la artista californiana es actriz profesional además de cantante, nos ofrece una Jenny que no es tanto para tirársela como para enamorarse perdidamente de ella: preciosa, bellísima y perfecta, casi angelical pese a sus formas explosivas, pero a la postre mucho más fría y carente de sentimientos. Una auténtica muñeca sin corazón, pues, en consonancia con la visión escénica de John Doyle. Vocalmente está fabulosa, mucho mejor que la Malfitano.

Algo hay que decir de las otras dos señoras en sus respectivas encarnaciones de Leocadia Begbick. La gran Gwyneth Jones no está bien de voz (su instrumento ya estaba seriamente deteriorado en los setenta), pero se mueve con mucha clase en la escena. Preferible encuentro a Patti Lupone en San Francisco, no tanto por cuestiones musicales como porque la escena aprovecha bastante mejor su inmenso talento escénico: su encarnación de la viuda es, con toda propiedad, mucho más malévola y divertida.

Ninguno de los dos tenores es para tirar cohetes. En Salzburgo el malogrado Jerry Hadley empezaba ya a evidenciar (¡qué afinación!) su declive vocal, si bien le pone mucha voluntad al asunto. En San Francisco Anthony Dean Griffey ofrece una encarnación muy sólida pero que no pasará a la historia de Jimmy. Sobre el resto no hay mucho que decir: los dos elencos resultan bastante notables, siendo de justicia destacar en Salzburgo el Pennybank de ese estupendo actor –metido ahora a director escénico- que es Dale Duesing.

Dennis Russel Davies ofrece una irregular labor de foso que acierta en los momentos más “canallas”, como toda la escena del sexo en el segundo acto con la banda sobre el escenario, pero se queda bastante corta en tensión y variedad expresiva: termina haciendo la música de Weill más aburrida de lo que ya es. Convence más James Conlon, que aborda la partitura desde un prisma más propiamente sinfónico y mantiene la convicción en todo momento, si bien un poco más de aroma arrabalero no le hubiera venido nada mal.

En lo que a las direcciones escénicas respecta, creo que también San Francisco sale ganando, aunque en ambos casos nos encontramos con propuestas de gran sensatez que intentan servir mucho antes a Weill y Bretch que a divismo ocurrente del regista. Tampoco hay miedo por parte de ninguno de ellos a la hora de asumir el mensaje ese contenido político del libreto que tanto parece molestar a muchos (¡como si en los Mozart/Da Ponte o en el Verdi juvenil no hubiese cargas ideológicas de profundidad en contra de las autoridades del momento!). La labor salzburguesa de Peter Zadek, apoyada por una interesante escenografía de de Richard Pediuzzi que homenajea al fascinante pintor Giorgio De Chirico, es quizá la que sigue más fielmente las ideas originales de Bretch, si bien a mi modo de ver sobran las citas literales a McDonalds o la Estatua de la Libertad. Falta en su trabajo un punto de imaginación y, sobre todo, de ironía y mala leche. Justo quizá lo que ofrece, mirando antes al terreno del musical que al de la ópera, la muy notable propuesta californiana de John Doyle.

Creo que no hay más que añadir: el DVD de Euroarts es el que hay que tener, pero el de Salzburgo no resulta desdeñable.

jueves, 19 de marzo de 2009

Dos Toscas en DVD: Sinopoli-Zeffirelli y Chailly-Lehnhoff

Como hace unos días hablé de la aparición en DVD de la Tosca “en los lugares y horas de la acción” de 1992 con Mehta, Malfitano, Domingo y Raimondi (enlace), me parece oportuno realizar una comparación entre otras dos filmaciones que he visto recientemente. Una, la del Metropolitan de Nueva York de 1985 editada por Deutsche Grammophon bajo la dirección de Sinopoli y Zeffirelli. La otra, la original producción escénica de Nikolaus Lehnhoff para la Opera de Holanda que contó en el foso nada menos que con la Orquesta del Concertgebouw y Ricardo Chailly; filmada en 1998, ha sido editada no hace mucho por el sello Decca.

Tosca_DVD_SinopoliLas dos puestas en escena me parecen magníficas. La del Met responde plenamente a los gustos del teatro neoyorkino y, obviamente, de Zefirelli: espectacularidad, naturalismo y minuciosidad a partes iguales. Claro que lo que en otras ocasiones termina lastrado los resultados artísticos aquí funciona de maravilla, en parte porque Zefirelli está más contenido que de costumbre y porque comprende plenamente los resortes de este drama, en parte porque a Tosca, página “teatral” como ella sola, le sienta bastante bien semejante desmelene.

Lo de Lehnhoff es otra cosa. Ni sensualidad italiana, ni grandiosidad barroca ni nada de nada. La acción es intemporal. La escenografía, extremadamente opresiva. Los diferentes escenarios son, en palabras del director, trampas mortales de las que no hay salida. El vestuario, bastante feo y de corte sado-maso, contribuye a acentuar la atmósfera gótica y siniestra. Scarpia es una especie de Mefistófeles y en el Te Deum, espectacular, parece que se huele el azufre. ¿Discutible? Muchísimo. Pero uno termina entrando en el juego, sobre todo porque la propuesta está plagada de detalles de extraordinaria inteligencia y la dirección de actores, no hace falta decirlo, es perfecta.Tosca_DVD_Chailly

Decepciona la dirección de Sinopoli, pues aunque el maestro veneciano despliega aquí una admirable teatralidad y hace gala de esa riquísima gama de colores a la que nos tiene acostumbrados, su habitual nervio resulta en esta ocasión excesivo y tanta crispación perjudica los resultados, especialmente durante el primer acto, llegando incluso a haber momento brutales y atropellados. La Orquesta del MET parecía estar en baja forma. Todo lo contrario que la del Concertgebouw, claro, dirigida por un Chailly seguramente no genial, pero siempre ortodoxo, brillante, emotivo y, al contrario que su colega, desplegando una gran cantabilidad; ofrece además algunos detalles creativos de gran interés.

En 1985 Hildegard Behrens estaba ya fatal de voz, hasta el punto de que se hace insufrible escucharla en el primer acto; ahora bien, su electricidad, garra y apasionamiento del duelo con Scarpia son sensacionales y por ello merece la pena atender a su recreación. Catherine Malfitano tiene problemas en el grave y, obviamente, se encuentra peor de voz que en su citado registro con Domingo seis años atrás, pero ofrece una interpretación de gran intensidad ; soberbia actriz, se muestra aquí más controlada que en otras ocasiones y ofrece, en su visión temperamental y enajenada del personaje, una recreación de alto voltaje.

Domingo está arrollador, muy entregado y sincero, perfecto en el estilo, vocalmente pletórico y, como siempre, mucho más atento a la verdad dramática del personaje que al exhibicionismo canoro. Al lado de tan portentosa recreación de Cavaradossi (mucho mejor que la del 92, claro), poco tiene que hacer, en la producción holandesa, un Richard Margison de bella y adecuada voz, solvente técnica y buenos agudos, pero plano y sin morbidez en la línea de canto.


Ya muy mayor y algo primario, aunque con autoridad, el gran Cornell MacNeil en el Met. Interesa más el Scarpia de Bryn Terfel, cuya voz de primerísima calidad se encuentra, esta vez sí, lo suficientemente aprovechada por un artista que en tantas ocasiones tiende a la vulgaridad; desde luego aún podría ofrecer más matices canoros en su recreación, pero su talento escénico resulta impagable.

En Nueva York se muestran solvente el Angelotti de James Cortney, mediocre el sacristán de Italo Tajo y sobresaliente el Spoletta de Anthony Laciura. En Amsterdam destaca el magnífico Angelotti de Mario Luperi por su capacidad para matizar dramáticamente sus frases. ¿Conclusión? Si la Behrens no estuviera tan mal de voz, el DVD del Met sería imprescindible. El de la Nederlandse Opera no en en absoluto para todos los paladares, pero merece la pena para disfrutar de una recreación orquestal de primerísimo orden y para dejarse fascinan por una propuesta escénica muy diferente a lo que estamos acostumbrados.

sábado, 7 de marzo de 2009

La Tosca “in the setting and the times of”, por fin en DVD

Pues sí, ya iba siendo hora. Claro que la edición, presentada con gran lujo en una gruesa caja de cartón y ofrecida por un precio bastante razonable (me costó unos 22 euros en un “Ricordi” de Roma), parece enfocada tan solo para el mercado italiano, pues es el idioma de Dante el único que aparece en el precioso librito de cuarenta y cuatro páginas encuadernado en tapa dura que acompaña el producto.

Tosca_Mehta_DVD

Pero bueno, al menos ya tenemos en este formato la Tosca que dio tanto que hablar allá por 1992 cuando el productor Andrea Andermann se decidió a ofrecer la ópera de Puccini en directo utilizando no sólo los lugares de la acción (con la orquesta en estudio, claro), sino también rodando a las horas del día correspondiente: la monumental iglesia barroca de San Andrea della Valle al mediodía, el renacentista Palazzo Farnese a la hora de la cena y la azotea del Castel Sant’Angelo al amanecer. Giuseppe Patroni Griffi sería el director de una filmación retransmitida “live” a ciento siete países (España no se encontró entre ellos) y posteriormente editada en VHS y Laser Disc.

La idea estuvo muy bien realizada si tenemos en cuenta las dificultades logísticas que entraña el asunto: la planificación cinematográfica se había de atener a las posibilidades de encuadre que ofrecía el espacio con que contaban las cámaras, y por ello en muchos momentos lo que se ve y lo que se oye no terminan de encajar. Aun así, los resultados son dignos, a ratos de un extraordinario atractivo dada la belleza de los escenarios. Ahora bien, el montaje podía haber estado mejor resuelto, pues sin duda la filmación de los ensayos ofrecía a la hora de la edición una cierta flexibilidad que debería haberse aprovechado para algo más que para corregir alguna incidencia, como el famoso batacazo de Domingo.

Se ha beneficiado de un excelente trasvase a DVD -a pesar del grano en los momentos más oscuros- la bellísima fotografía de Vittorio Storaro, quien se recrea en los marcos de la acción sin excederse en el preciosismo y realizado algún que otro hallazgo importante, como el travelling en contrapicado de Scarpia durante el Te Deum, aunque de nuevo aquí el montaje no termina de estar a la altura de la que es una de las más geniales y acongojantes músicas de toda la historia del género operístico.


La dirección teatral es más bien convencional, ofreciendo algunos errores de bulto (¡los soldados leyendo junto a Floria y Cavaradossi el salvoconducto!) junto a algunas aportaciones de gran interés; entre estas últimas sobresale cómo Tosca le ofrece su collar a Scarpia como pago por la vida de su amado, este último se lo vuelve a poner en el cuello (“A donna bella…”) y aprovecha el instante para acariciarla. En cualquier caso, un director más inteligente que Giuseppe Patroni hubiera sacado mayor partido a las diferentes situaciones.

Zubin Mehta, pese a la mediocridad la Orquesta Sinfónica de la RAI de Roma, ofrece una dirección brillante y teatral, de notable sentido del color y magnífico idioma, que podría ser calificada como modélica si no sobrase algún portamento y no se echase en falta un poco más de concentración y creatividad en determinados pasajes.

En cuanto a los cantantes, hay que tener muy en cuenta que debieron de pasarlo muy mal al cantar no sólo a horas intempestivas, sino además escuchando a la orquesta por altavoces y rodeados de cámaras girando continuamente en torno a ellos. No se puede valorar su labor, pues, como la realizada sobre un escenario convencional o en un estudio de grabación. Dicho esto, puntualicemos.

A Catherine Malfitano se le han de poner reparos vocales, pues aunque canta bien no podemos dejar de reconocer una voz de discreta calidad tímbrica, un grave más bien pobre y una gama de recursos no muy amplia. Ahora bien, su recreación del personaje, que debe muchísimo la genial e inigualable de María Callas, es portentosa. Es la suya una Tosca que actúa las veinticuatro horas del día, inocente y al mismo tiempo manipuladora, hecha de pasión, sexo y religiosidad a partes iguales, teatral y apasionada hasta la misma muerte… Su sobreactuación escénica, que quizá debería haber estado un poco más controlada, es consecuente con este planteamiento.

Ese genio de la ópera que es Plácido Domingo (carcajadas aquí de cierto sector de la melomanía) ha hecho Cavaradossis mejores, más cálidos y espontáneos. Y desde luego ha ofrecido de manera mucho más satisfactoria “E lucevan le stelle”, que por cierto canta aquí a las seis de la mañana. Ahora bien, su adecuación vocal, su estilo y -sobre todo- su capacidad para conjugar emoción y buen gusto le hacen ganar por completo la partida. Incluso se le perdona que sea un actor normalito, algo que una narración cinematográfica pone mucho más en relieve que una función teatral.

El que es un actor como la copa de un pino es Ruggero Raimondi, quien sencillamente se merienda aquí a sus colegas: su Scarpia terrible y lascivo es de verdadera antología en lo escénico y notabilísimo -por aquellas fechas, claro- en lo vocal, una faceta en la que, aun siendo más actor que cantante, no olvida en absoluto matizar el personaje; impresionante el “Te Deum”. Muy bueno el Angelotti de Giacomo Prestia.

Esta edición incluye un “making of” de 55 minutos rodado en 2008 que, la verdad, aun estando bien realizado se queda un tanto en la superficie, y además no ofrece testimonio de ninguno de los cantantes. Los subtítulos vienen sólo en italiano, francés e inglés, lo que hace que este DVD, que sería ideal para un primer acercamiento a Tosca, no pueda recomendarse a los melómanos de habla hispana que no conozcan de antemano la ópera. Una verdadera pena, pero menos es nada. ¿Cómo ha estado un producto tan comercial sin salir en DVD hasta ahora? La imagen es 16:9 anamórfica, y el sonido viene en 2.0, 5.1 y DTS. Edita “Rada Film” y distribuye “01 Distribution” (enlace).

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