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miércoles, 22 de diciembre de 2010

Clásicos del siglo XX en EMI: de una tacada

Artículo publicado en el número de diciembre de 2010 de la revista Ritmo.
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Muy alto el nivel interpretativo de esta nueva entrega de la barata serie de dobles compactos dedicados a clásicos del siglo XX, ideal para hacerse de una tacada con obras no siempre fáciles de reunir. En el doble dedicado a Gustav Holst sólo desentona -por Júpiter y Neptuno- la en cualquier caso notabilísima lectura de Los planetas a cargo de Sir Adrian Boult (1978, cuarta y última de las que grabó), muy atractiva por su tratamiento de las texturas y por su admirable toma sonora. Todo lo demás es extraordinario, sobresaliendo las lecciones de André Previn en una entusiasta, colorista y muy “cinematográfica” lectura de The perfect fool y en una recreación de Egdon Heath lenta, concentrada y de un adecuado misticismo. Muy sensual registro del grupo 2 de los Himnos del Rig Veda a cargo de Sir Charles Groves, y una delicia la Suite nº 2 para banda militar. Notabilísimo también -y muy británico- Norman del Mar en las obras que le corresponden. En todo caso quien se lleva la palma es Sir Malcolm Sargent con su St Paul’s Suite, una asombrosa demostración de que la alegría y la luminosidad no están reñidas con la densidad y la tensión sonoras, revelándonos en el tercer movimiento insólitos ribetes dramáticos.

Más interpretaciones de lujo para música menor -y yo añadiría que bastante menos poética y más primaria que la de Holst, por no decir otra cosa- las encontramos en el volumen dedicado a Aram Khachaturian. Las suites de Spartacus y Gayaneh registradas por el compositor en 1977 con la Sinfónica de Londres que aquí se presentan son preferibles a las que grabó en 1962 para Decca, y no solo porque las selecciones -muy parecidas- están mejor hechas, sino porque la batuta consigue una mayor depuración técnica, lima estridencias -le ayuda una toma sonora de mayor naturalidad- y se muestra más atenta a la sensualidad; la celebérrima Danza del sable es buen ejemplo de lo dicho. Para la suite de Masquerade se ha recurrido a un registro de 1959 hasta ahora inédito en compacto en el que el compositor Alfred Newman, no todo lo elegante y refinado que debiera, inyecta entusiasmo y pasión desbordantes. Los conciertos para piano y violín, registrados con discreto sonido monofónico bajo la irreprochable dirección de Sir Adrian Boult y el propio Khachaturian respectivamente, se encuentran defendidos por un Mindru Katz de sonido poderoso y enorme sinceridad y por un David Oistrakh -puro fuego controlado- que canta las melodías con una calidez incomparable. Cristina Ortiz firma ágiles y un punto nerviosas versiones de varias piezas para piano solo.

La música grande de verdad llega con los dos cuartetos de György Ligeti, maravillosamente bartokiano el primero, personalísimo y genial el segundo. El Cuarteto Artemis (registro de 1999 prestado por Virgin) se enfrenta a ellos con un sonido delgado -algo raquítico el primer violín- y ágil, también con un apreciable estilo, pero evidenciando desigualdades: bastante inquieta y nerviosa la interesante versión del nº 1, que aporta mucha “guasa” en la sección más irónica, y menos lograda la del nº 2, carente de la tensión sonora, la imaginación y el virtuosismo de las tres referenciales grabaciones del Arditti. Como complemento se incluye el disco de páginas a cappella grabado en 1988 por el Groupe Vocal de France bajo la dirección de Guy Reibel, versiones algo frías pero que nos permiten maravillarnos con la evolución del compositor desde unos comienzos de raíces folclóricas hasta la madurez magistral de Lux aeterna. Correctas Ramifications, y sensacionales las Seis bagatelas para quinteto de viento por Tuckwell y sus muchachos.

Gran idea la de recuperar el CD en el que James Conlon recrea interesantes páginas orquestales del cada día más revalorizado Franz Schreker manteniéndose atento a la clarificación de texturas y ajeno al peligro del decadentismo, aunque quizá sin destilar toda la sensualidad que debiera. Completando el lanzamiento se ofrecen la Sinfonía de Cámara del mismo autor en interpretación extrovertida y angulosa de un Franz Welser-Möst que debería haber paladeado la obra con mayor reposo y atención a la claridad; las Variaciones sobre una canción húsar de Franz Schmidt por Hans Bauer, quien acierta sobre todo en la mágica introducción de carácter impresionista; y los Dos estudios sobre Doktor Faust de Busoni, dirigidos con estilo más británico que germánico -con más elegancia que atmósfera- por Daniell Revenaugh. De propina, Fischer-Dieskau y Thomas Hampson poniendo todo su arte al servicio de dos hermosas páginas de Schreker.

Finalmente nos encontramos con un precioso doble dedicado a Vaughan Williams de altísimo nivel interpretativo en el que sobresale la concentrada objetividad de Bernard Haitink acompañando a unos inspiradísimos Sara Chang e Ian Bostridge en La alondra elevándose y On Wenlock Edge, respectivamente, un cálido Sir Adrian Boult defendiendo la Norfolk Rhapsody nº 1 y la Serenade to Music, un Vernon Handley que ofrece sendas lecciones de estilo en Las avispas y Flos Campi y, sobre todo, un Sir John Barbirolli conmovedor en la Fantasía sobre Greensleeves y genial en su visionaria recreación de la Fantasía Tallis, aunque quien nos termina dando la sorpresa es un juvenil y extraordinariamente cálido Anthony Rolfe Johnson en las Songs of Travel. Menos expresivo que su colega resulta Ian Partridge en el ciclo On Wenlock Edge, que se ofrece en su versión camerística original. En cualquier caso, si no tiene este repertorio en su discoteca, doble imprescindible.

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HOLST: A Somerset Rhapsody. Brook Green Suite. The Perfect Fool. The Planets. Suite nº 2 for Military Band. St. Paul’s Suite. Egdon Heat. Hymns from the Rig Veda. A Choral Fantasia.
Solistas. Orquestas. Dirs: Norman del Mar, André Previn, Eric Banks, Sir Malcolm Sargent, Sir Charles Groves, Imogen Holst.
EMI 6 27898 2
2 CDs. 143’17’’
ADD/DDD
EMI-Hispavox
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KHACHATURIAN: Spartacus (suite). Gayaneh (suite). Masquerade (suite). Concierto para piano. Concierto para violín. Cuatro piezas de “Imágenes de la infancia”.
Mindru Kazt, piano. Cristina Ortiz, piano. David Oistrakh, violín. Orquestas. Dirs: Aram Khachaturian, Sir Adrian Boult, Alfred Newman.
EMI 6 27890 2
2 CDs. 151’16’’
ADD
EMI-Hispavox
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LIGETI: Cuartetos para cuerdas nº 1 y 2. Ramificaciones. Seis bagatelas. Lux Aeterna. Tres fantasías sobre Friedrich Hölderlin. Cuatro canciones húngaras. Tres canciones folclóricas húngaras. Canciones de Matraszentimre. Dos canciones húngaras.
Cuarteto Artemis. Quinteto de vientos de Barry Tuckwell. Orquesta de Cámara de Lausana. Dir: Louis Auriacombe. Groupe Vocal de France. Dir: Guy Reibel.
EMI 6 27905 2
2 CDs. 115’04’’
ADD/DDD
EMI-Hispavox
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SCHREKER: Sinfonía de cámara. Intermezzo. Vorspiel zu einem Drama. Romantische Suite. Die Dunkelheit sinkt schwer wie Blei. Vorspielm zu einer grossen Oper. In einem Lande ein bleicher Köning. SCHMIDT. Variaciones sobre una canción hussar. BUSONI. Dos estudios sobre Doktor Faust.
Solistas. Orquestas. Dirs: Franz Welser-Möst, James Conlon, Fabio Luisi, Hans Bauer, Daniell Revenaugh.
EMI 6 27973 2
2 CDs. 148’39’’
ADD/DDD
EMI-Hispavox
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VAUGHAN WILLIAMS: Fantasia on a Theme by Thomas Tallis. Fantasia on Greensleeves. The Wasps. The lark Ascending. Flos Campi. Five variations of “Dives and Lazaru”. Norfolk Rhapsody nº 1. On Wenlock Edge. Silent Noon. Songs of Travel. Serenade to music.
Solistas. Orquestas. Dirs: Sir John Barbirolli, Vernon Handley, Bernard Haitink, Sir David Willcocks, Sir Adrian Boult.
EMI 6 27910 2
2 CDs. 155’38’’
ADD/DDD
EMI-Hispavox
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sábado, 8 de mayo de 2010

Sintonías de Rattle: Schreker sí, Bruckner no

Hace unos días comenté en este blog el espléndido disco que Pedro Halffter ha dedicado a Franz Schreker (enlace). En él se incluye la versión para orquesta sinfónica de su Kammersymphonie, en una lectura que mira más hacia el Romanticismo tardío que hacia el Expresionismo. Pues bien, traigo ahora aquí un concierto celebrado en la Philharmonie de la capital alemana el 15 de septiembre de 2008 en el que Simon Rattle dirige la partitura camerística original a un conjunto ad-hoc integrado por miembros de la Academia de la Filarmónica de Berlín. ¿Y cómo le sale? Pues maravillosamente. Su versión no es tan hermosa ni seductora como la del director madrileño, pero el británico sí sabe inyectar la dosis necesaria de incisividad tímbrica y tensión sonora a la partitura, redondeando así una lectura fresca, inmediata y muy comunicativa que atiende a todas las facetas de la obra. Los pupilos de la orquesta de la que es titular son además dignos de admiración.



En la segunda parte del programa, que ustedes pueden ver on line en la Digital Concert Hall de la que tanto se ha hablado en este blog, Sir Simon se pone al frente de los mayores, es decir, de la Filarmónica de Berlín, y lo hace para ofrecer nada menos que la Novena Sinfonía de Bruckner. Ay, Bruckner. Rattle es un admirable director para la música del siglo XX y algunas otras cosas (Haydn, por ejemplo), pero en el repertorio decimonónico suele patinar. Es el caso de esta interpretación que de escucharse en directo terminaría impresionando, pero que en el equipo de música doméstico, con un montón de grabaciones antiguas y modernas para comparar, no tiene mucho que hacer.

Por descontado que la orquesta, pese a algunas pifias puntuales, es maravillosa e ideal para este repertorio (para Bruckner, quizá la mejor de todas). La sonoridad que de ella extrae su titular es la apropiada, y solo en algunos momentos del primer movimiento se evidencia cierta tendencia a la levedad y al preciosismo sonoro. La gama dinámica está bien trabajada y no se cae en la tentación de epatar con la acumulación decibélica. El pulso se mantiene de manera adecuada y el director británico sortea el peligro, en el que han caído batutas de la talla de un Furtwaengler o un Karajan, de dejarse llevar por el arrebato espontáneo o el nerviosismo y perjudicar así la amplísima y complicada arquitectura de la obra.



Entonces, ¿cuál es el problema? Pues sencillamente, la falta de comunión espiritual de Rattle con el mundo romántico en general y bruckneriano en particular. No es cuestión de técnica, pues, sino de sintonía. Se echa de menos aquí ese fraseo humanista, efusivo y cálido que caracteriza al compositor, así como esa angustia vital, esa densidad filosófica y ese carácter visionario que se encuentran detrás de esta genial y presuntamente inconclusa (enlace) obra postrera. En esta partitura, menos que en ninguna otra, no basta con una más o menos hermosa combinación de sonidos: hay que excarbar detrás de las notas. En este sentido el final del tercer movimiento, que con Rattle resulta por completo aséptico, nos deja un mal sabor de boca, aunque no podemos regatearle un scherzo bastante logrado.

Sea como fuere, aquí les ofrecemos el enlace (click) para ver el concierto, que por el Scherker merece la pena, aunque advertimos que en Bruckner la realización visual es algo chapucera.

martes, 4 de mayo de 2010

El sensual Schreker de Halffter

Ya he escrito en varias ocasiones, sobre todo en mis críticas en la hoy extinta Filomúsica, que Pedro Halffter tiende a "romantizar" (coloquen todas las comillas extra que quieran) el repertorio de las tres primeras décadas del siglo XX, limando aristas y potenciando los valores más hedonistas mediante un sonido muy redondo y empastado, un fraseo altamente mórbido, una tímbrica de extraordinaria sensualidad y unas texturas de mágicas veladuras. Que semejante opción convenza más o menos dependerá en buena medida de los gustos del oyente, pero también -y sobre todo, o al menos así debería ser- del repertorio interpretado: no es lo mismo un Zemlinsky o un Korngold que un Schoenberg o un Berg, por muchos elementos que tengan en común. Como tampoco es lo mismo el Strauss de Salomé que el de La mujer silenciosa, pongamos por caso. Con Franz Schreker (1878-1934), compositor al que el director madrileño ha dedicado un compacto registrado en 2009 frente a la Filarmónica de Gran Canaria editado por Warner Classics, las cosas funcionan bastante bien, y por momentos extraodinariamente bien.


Es el caso del "Nocturno" de Der ferne Klang, ópera irregular pero de interesantísima escritura orquestal que Halffter tuvo la iniciativa de estrenar en España en noviembre de 2006 entre la irritación de la legión conservadora del Teatro de la Maestranza (esa misma que prefiere escuchar una mediocridad como La Fille du Régiment antes que una obra maestra del calibre de Lulu). Ya en las funciones sevillanas (enlace), donde se interpretó la versión abreviada preparada por el propio compositor, se veía venir por dónde iban los tiros, pero en este disco el logro es aún mayor, pues estirando los tempi hasta el límite (los quince minutos "oficiales" se convierten en más de veinte) sin perder el pulso, la batuta ofrece una recreación memorable cuya sensualidad al mismo tiempo voluptuosa, contemplativa y agónica, muy de Sezession vienesa, nos deja con el corazón en un puño. Solo por esta interpretación ya merece la pena hacerse con este disco.

No convence tanto, siendo muy buena, la lectura de la Kammersymphonie, o mejor dicho, de la Sinfonietta resultante de la transcripción sinfónica de la referida página. Es verdad que al utilizar una orquesta grande y no de cámara las circunstancias animan a realizar una interpretación voluptuosa, cálida y sensual como la que ofrece Halffter, pero una tímbrica más incisiva y una mayor variedad expresiva hubieran puesto mejor de relieve los aspectos más modernos de la pieza. El disco se completa con la juvenil Obertura fantástica, op. 15, obra que no alberga una escritura del todo personal pero que permite rastrear las raíces de la música de Schreker. Halffter cree en ella y ofrece una recreación muy musical, comunicativa y de excelente gusto, en absoluto superficial o volcada al mero fulgor orquestal, aunque un poquito más de electricidad y de garra dramática no le hubiera venido mal.

A destacar en todo el compacto, por cierto no del todo bien grabado ni aprovechado en su duración, la labor de la Filarmónica de Gran Canaria, que no solo evidencia su virtuosismo sino también su maleabilidad, haciéndola sonar su titular con un colorido y un empaste muy centroeuropeos y, por ende, muy adecuados. ¿Enrojecerán al escuchar este disco los que no hace mucho escribían que el director madrileño carecía de técnica para dirigir una orquesta? No, no lo harán, sencillamente porque sabían que estaban mintiendo. Háganme caso y escuchen este disco: disfrutarán con una música espléndida en interpretaciones de primera línea que pueden competir sin problemas en el mercado internacional.

Más información en los blogs de Pablo J. Vayón (enlace) y Ángel Carrascosa (enlace).

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...