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domingo, 30 de agosto de 2026

Sinfonía nº 1, “clásica”, de Prokofiev: discografía comparada

ACTUALIZACIÓN 30.VIII.2026

La entrada original es del 4 de agosto de 2013. Añado siete interpretaciones y reformo el texto de alguna ya comentada que he vuelto a escuchar.

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La Sinfonía Clásica de Prokofiev no necesita presentación alguna, pero conviene recordar un dato: cuando la compuso entre 1916 y 1917, es decir, a los veintiséis años de edad, el artista tenía ya algunas obras de importancia en su catálogo, como la Suite Escita, y por las mismas fechas escribe otra obra de no menor inspiración, el Concierto para violín nº 1, del que ya presenté su correspondiente discografía comparada.

También es necesario advertir que esta Primera Sinfonía resulta particularmente difícil de interpretar. Por un lado, hay que hacerlo con toda la depuración sonora, elegancia y equilibrio que precisa el repertorio propiamente clásico al que el título y las intenciones hacen alusión. Por otro, es necesario capturar el espíritu propio de Prokofiev, esto es, su particular sentido del humor y, no menos importante, su latente lirismo melancólico. Quedarse en el simple juego estético neoclasicista resulta por ello tan equivocado como acentuar los aspectos trepidantes más de cara a la galería, que es la trampa en la que caen unos cuantos maestros en busca del aplauso fácil. Por no hablar de los muchos que frasean con rigidez, de modo cuadriculado y sin encanto ninguno. A mi entender, son muy pocos los directores que aciertan plenamente en esta obra y sacan a la luz la enorme genialidad de su inspiración. A mi entender, solo dos: Giulini y Celibidache.

Antes de pasar a la comparativa –conviene recordar que eso de puntuar del uno al diez resulta tan pueril como injusto en un terreno como el de la crítica estética, pero sirve para aclarar las ideas–, interesa puntualizar un detalle que se aprecia en numerosos registros: los ingenieros de sonido tienden a excederse con la reberberación, quizá por un equivocado deseo de "hinchar" sinfónicamente una partitura que en realidad está pensada para una orquesta de tamaño mediano.

Son sus movimientos:
  1. Allegro
  2. Larghetto
  3. Gavotta: Non troppo allegro
  4. Finale: Molto vivace




1. Koussevitzky/Sinfónica de Boston (RCA, 1947). Que la orquesta norteamericana alcanzó un gran nivel con el mítico director ruso queda fuera de toda duda: parece mentira que –en general– sea capaz de seguir sus tempi desquiciados en esta, digámoslo abiertamente, precipitada y nada elegante interpretación que resulta deleznable en los dos primeros movimientos, mecánicos, machacones y muy insensibles. Los otros dos, siempre dentro de una línea trepidante ante todo, alcanzan un más digno nivel. (4) 
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Celibidache Berlin

2. Celibidache/Filarmónica de Berlín (EMI, 1948). Resulta pasmoso que con tan solo treinta y cinco años, y al frente de la orquesta cuyo podio compartía entonces nada menos que con Furtwängler –estamos en las fechas de la gira juntos, aunque oficialmente el titular era el rumano–, Celi fuera capaz de acertar plenamente no solo en el estilo sino también en el contenido expresivo de la obra, derrochando encanto, vuelo lírico –lentísimo el Larghetto–, carácter espiritoso y un enorme sentido del humor sin caer en ninguna de las trampas interpretativas que acechan en la partitura, y todo ello además haciendo gala de una encomiable claridad. Muchos años más tarde el maestro ofrecerá una dosis aún mayor de refinamiento e imaginación, limando además algunos “excesos juveniles” evidentes en el primer movimiento, pero esta interpretación es ya formidable. Lástima que se encuentre descatalogada. (9)
 
 

3. Toscanini/Sinfónica de la NBC (audio YouTube, 1951). Este registro en vivo, colgado en la red por algún aficionado, es complementario del realizado poco antes en estudio por los mismos intérpretes. Independientemente de la mediocre calidad de la orquesta y de los evidentes desajustes, el maestro italiano dirige con insensibilidad y machaconería, aprisa y corriendo, con escasa elegancia y ninguna cantabilidad. Solo su olfato para la ironía agria y un bien trazado cuarto movimiento redimen parcialmente este cúmulo de horrores. (5)



4. Markevitch/Philharmonia (Testament, 1951-52). Interpretación muy vitalista y espiritosa, poco dada a la evocación melancólica, pero en cualquier caso sin precipitarse y desde luego muy alejada de lo pimpante o trivial. Lo más discutible es el Larghetto, incisivo y anguloso en los pizzicatti y el tratamiento de las maderas, pero no muy emotivo. Sensacional el Finale. A veces se echa de menos claridad en las maderas, quizá por la grabación, realizada originalmente por EMI. (8)

 
 

5. Fricsay/RIAS de Berlín (DG, 1954). Buen enfoque, entusiasta y con sentido del humor, sin precipitaciones y con un apreciable vuelo lírico en el segundo movimiento, para una realización un tanto tosca, sin mucha claridad y algo chapucera por parte de la orquesta. El final es un tanto bruto. Prescindible. (7)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Malko

6. Malko/Orquesta Philharmonia (EMI, 1955). Notable interpretación de trazo sólido y seguro, ajena a los devaneos sonoros, clara en los planos y muy centrada en lo expresivo, a la que le faltan compromiso e inspiración para alcanzar el equilibrio entre lirismo e ironía que la obra necesita: no se comprende que algunos críticos la hayan considerado de referencia. Muy bien la orquesta, pese a algún desajuste. Sonido estéreo espléndido para la época. (8)


Prokofiev Sinfonía Clásica Ancerl

7. Ancerl/Filarmónica Checa (Supraphon, 1956). Conviene revisar las mitificadas interpretaciones del maestro checo: aquí aborda la obra con evidente energía, sano desenfado y apropiada efervescencia pero su pulso es tan precipitado, su planificación tan pobre, su cantabilidad tan escasa y su elegancia tan inexistente que el resultado es muy mediocre. La orquesta no ayuda precisamente. La reverberación de la toma parece añadida por la muy discutible remasterización del original estereofónico. (5)



Prokofiev Sinfonía Clásica Kurtz

8. Kurtz/Philarmonia (EMI, 1957). La falta de matices por parte de la batuta es evidente, echándose de menos una buena dosis de imaginación para ofrecer la chispa, el sarcasmo y el lirismo necesarios, pero la seriedad del maestro ruso, su buena planificación, su entusiasmo y su rechazo al devaneo sonoro le hacen, junto a la excelencia de la orquesta, ganar la partida. (7)
 
 
Prokofiev Sinfonías Rozhdestvensky

9. Rozhdestvensky/Gran Orquesta Sinfónica de la RTV de la URSS (Melodiya, 1966). El primer movimiento resulta un verdadero horror, pero no porque el maestro, tantas veces admirable en este repertorio, quiera ver la obra desde el punto de vista del Prokofiev más aristado y agresivo, sino por basto, machacón y precipitado. El segundo y el tercero, algo sosos, se muestran mucho más centrados en lo expresivo y están bien dichos. El cuarto vuelve a ser una locomotora sin frenos, aunque aquí la vitalidad y el buen dominio del lenguaje que muestra Rozhdestvensky son un tanto a su favor. El sonido es deficiente: quizá pudiera mejorar con un nuevo reprocesado. (5)

 
Prokofiev Sinfonía Clásica Bernstein

10. Bernstein/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1968). Al frente de una orquesta no muy allá pero haciendo gala de su proverbial comunicatividad y entusiasmo, el maestro norteamericano ofrece una recreación que engancha desde el primer momento por extravertida, animada y espontánea, dotada además de un risueño –más que sarcástico– sentido del humor. Es problema es que pero también resulta algo tosca, poco elegante, escasamente lírica y desde luego no muy “clásica”. (8)
 

Prokofiev Sinfonía Clásica Svetlanov

11. Svetlanov/Sinfónica del Estado de la URSS (BBC Legends, 1968). Nada en especial aporta esta toma en vivo, por cierto demasiado precaria como para enjuiciar correctamente el equilibrio de planos sonoros en un primer movimiento que, por lo demás, parece muy bien llevado. El segundo, correctísimo y un tanto insulso. En el tercero sobresalen el tratamiento sarcástico de la madera y algunos rubati de interés. Desdichadamente los aciertos parciales de esta interpretación se echan a perder en el cuarto, rapidísimo e insensible. (6)
 
  

12. Abbado/Sinfónica de Londres (Decca, 1969). A sus treinta y seis años lleno de talento y demostrando unas tremendas ganas de hacer música, Abbado defrauda de manera considerable en un primer movimiento tan vitalista y entusiasta como cuadriculado y poco elegante, por no decir machacón, amén de poco interesado por desmenuzar la partitura. Mucho mejor el segundo, paladeado con adecuada cantabilidad y dicho sin prisas, y sin duda espléndido el tercero, con unas maderas filigrana pura que destilan toda la ironía que la música necesita. Al cuarto, magníficamente expuesto, le faltan vitalidad y atención a sus posibilidades expresivas, pero es de agradecer que el maestro no caiga en el atropellamiento y el efectismo de su posterior registro para DG. (7)


13. Masur/Filarmónica de Dresde (Berlin Classics, 1969?). Un desastre el primer movimiento: precipitado, insensible, carente por completo de elegancia, y expuesto con una vulgaridad talo que las maderas ni se oyen. Sí lo hacen en un segundo que, aun lejos de destilar poesía, al menos posee un muy adecuado toque de picardía. Muy bien el tercero, y muy correctamente planteado y expuesto el último. La toma se ha conservado mejor de lo esperable. (6)



14. Martinon/Nacional de la ORTF (Vox, 1971). No está claro si el maestro falla al entender a Prokofiev como un compositor eminentemente trepidante o al interpretar el clasicismo con excesivo hincapié en lo frívolo, lo grácil y lo risueño, pero lo cierto es que esta interpretación, no muy bien tocada y un tanto confusa, esto último en buena medida debido a la reverberante acústica de la sala, resulta tan vistosa como en exceso extravertida y tópica, cuando no –terrible el primer movimiento– precipitada, insensible y machacona. (5)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Ormandy

15. Ormandy/Orquesta de Philadelphia (RCA, 1972). Una pena desperdiciar tan soberbia orquesta en una interpretación de concepto frívolo y pimpante, dicha además con demasiadas prisas, no mucho encanto y escasa atención al matiz expresivo. Solo se salva el último movimiento, muy animado y pletórico de virtuosismo. La toma sonora tampoco es muy allá. (6)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Marriner

16. Marriner/Academy of Stm Martin in The Fields (Decca, 1972?). Queda claro que Sir Neville y sus chicos interpretan el neoclasicismo de Prokofiev igual que lo hacen con el clasicismo propiamente dicho, es decir, de manera aérea, distendida y luminosa, fraseando con ligereza, agilidad e incuestionable naturalidad, aportando además esa distinción típicamente británica, pero pasando por completo de largo ante todo lo que sean claroscuros expresivos. A veces, incluso (¡qué Gavotta más rutinaria!) de los matices propiamente dichos. El resultado es una interpretación tan placentera como inofensiva. La toma de sonido, distorsionada y un tanto reverberante, no está a la altura. (7)
 
 


17. Weller/Sinfónica de Londres (Decca, 1974). No hay en esta algo primaria y un tanto deslavazada realización particular elegancia, ni encanto, ni refinamiento, ni poesía ni sentido del humor, pero al menos está realizada con ganas –muy bien el primer movimiento, algo alicaído el segundo–, es comunicativa y se escucha con placer. En la integral de Weller hay cosas bastante peores.  (7)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Ashkenazy

18. Ashkenazy/ Sinfónica de Londres (Decca, 1974). Solo un mes más tarde de su grabación con Weller, la London Symphony repite la obra para el mismo sello y en la misma sala de grabación, el desaparecido Kingsway Hall, pero los resultados tampoco son para tirar cohetes: primer movimiento precipitado y de trazo muy grueso –apenas se escuchan las maderas–, segundo más lento e igual de alicaído que antes, tercero sin apenas encanto y cuarto, menos mal, animado y trepidante sin desatender la claridad. (7)



19. Celibidache/Orquesta de la Suiza Italiana (YouTube, 1975). Impagable testimonio, en color pero con importantes limitaciones en el audio, de un Celibidache demostrando a los sesenta y tres años ser capaz de sacar petróleo de una orquesta muy medianita para bordar una recreación que mejora la antigua suya en Berlín y anuncia la por completo genial de la Filarmónica de Múnich. Curiosamente, aquella estará expuesta con mayor finura y sensualidad, pero hay algún detalle excepcional aquí que no se repetirá. Quien quiera tener clara la diferencia entre tocar e interpretar, que vea este vídeo: se puede tocar bastante mejor, pero difícilmente interpretar la partitura con más estilo, mejor mezcla de elegancia, picardía y salero o mayor número de ideas lúcidas –que no caprichos– en torno a la agógica y la dinámica al servicio de una partitura en la que se cree firmemente. (9)



20. Giulini/Sinfónica de Chicago (DG, 1976). Ante todo, y pese a que los violines en algún pasaje no suenan con el portentoso empaste en ellos habitual, es esta una interpretación tocada de maravilla por una orquesta cuyos solistas, además, son extremadamente musicales; y es una interpretación dirigida con una asombrosa claridad, realmente inigualada en toda la historia del disco, haciendo Giulini se escuchen con singular nitidez todas y cada una de las líneas instrumentales, siempre con gran atención a las voces intermedias y logrando un perfecto equilibrio polifónico. Ahora bien, lo más importante es que a todo esto se añade que el maestro italiano logra ofrecer una versión muy “clásica” (sobria, equilibrada, elegante, ajena al efectismo, sin pathos excesivo y alejada del arrebato) que saca todo lo que la partitura tiene de lirismo y de evocación, pero presentando al mismo tiempo todo el trasfondo de ironía y mala leche que alberga la partitura, siempre dentro –no podía ser de otra forma tratándose de Giulini– de un humanismo que rechaza el excesivo sarcasmo. El único reparo, muy relativo, es que el segundo movimiento, llevado con más rapidez de la esperada después de un primero en el que las cosas se toman con calma, no ofrece toda la elevación poética que conseguirá más tarde un Celibidache. La toma sonora, como todo lo que grabó DG en Chicago por aquellas fechas, es soberbia. Versión de referencia. (10) 
 


21. Kosler/Filarmónica Checa (Supraphon, 1976). Artesanía de primera la de un Zdenek Kosler que acierta en la expresión, evita toda vulgaridad y trabaja con pinceles finos alcanzando un acertado punto de equilibrio expresivo entre las diferentes facetas de la partitura. A destacar el trabajo con el entramado interno de las maderas en los movimientos extremos, realmente notables. Antes irónico que efusivo el Larghetto, correcta sin más la Gavotta. La toma de sonido es muy poquita cosa. (7)



22. Previn/Sinfónica de Londres (EMI, 1977). De las realizadas con la Sinfónica de Londres en los años setenta esta lectura, bajo la dirección de su titular, es con diferencia la mejor. Lo es por el evidente entusiasmo de Previn, su riqueza expresiva y su perfecto idioma, sino también por el acierto a la hora de equilibrar jovialidad, elegancia e ironía en su punto justo. Es eso lo que significa la objetividad que asociamos con su batuta: atender a todo lo que está ahí sin voluntad de poner unos aspectos por encima de otros ni de ofrecer una mirada personal. Ortodoxia en estado puro, para lo bueno y para lo menos bueno. Por lo demás, hay que descubrirse ante una técnica que le permite desarrollar una arquitectura de pulso perfecto: rara vez hay en él languideces o precipitaciones, y en esta obra tan peliaguda en ese sentido tampoco se da el caso. Qué decir, finalmente, de su capacidad para aclarar las texturas sin que el resultado parezca presidido por el análisis: el cuarto movimiento es una maravilla en este sentido. El viejo reprocesado de 1986 que circula por nuestros lares deja mucho que desear: bastante mejor el del SACD. Intente encontrarlo por en aguas sarracenas. (9)
 
 

23. Solti/Sinfónica de Chicago (Blu-Ray Cmajor, 1977). Posterior solo año y medio a la descomunal recreación de Giulini con la misma orquesta, resulta asombroso el modo en que la formación norteamericana es capaz de poner su enorme virtuosismo –increíbles las maderas– al servicio de una lectura no ya muy distinta sino conceptualmente opuesta, aunque no menos defendible en su planteamiento que la anterior: frente a la cantabilidad, el humanismo, la sensualidad y el humor más bien soterrado del italiano, la extroversión, la incisividad, la picardía, la inmediatez y la frescura irresistibles del maestro húngaro, quien tampoco se queda precisamente corto a la hora construir el edificio de tensiones y de clarificar texturas al tiempo que sabe ser elegante a su manera, esto es, sin abandonar la virilidad y el carácter decidido que le caracterizan. Falta, eso sí, un sabor más evidente a Prokofiev, así como una dosis mayor de creatividad y compromiso expresivo, sobre todo en los movimientos centrales. (9)

 

24. Maazel/Nacional de Francia (Sony, 1981). Interpretación vitalista y luminosa, dicha con la incisividad apropiada y con una buena dosis de sal y pimienta que resulta muy bienvenida, sobre todo en el último movimiento, pero no del todo clara ni elegante, además de escasa en sensualidad y vuelo lírico en el segundo movimiento. La orquesta evidencia algunas limitaciones. (7)



25. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1981). El maestro salzburgués cae en las dos grandes trampas que acechan a esta interpretación: tener delante a la Filarmónica de Berlín y llamarse Herbert von Karajan. La primera le lleva a recrearse en una cuerda musculosa y de superficie muy pulida para olvidarse del entramado de las maderas. La segunda, a adoptar un enfoque frívolo, hedonista, por momentos pimpante y hasta con detalles de coquetería fuera de tiesto, amén que muy ajeno al sentido del humor propio de Prokofiev. El resultado es trivial y aburrido. La toma sonora podría ser mejor. (6)
 
 

26. Abbado/Orquesta de Cámara de Europa (YouTube, 1981). Las deficiencias sonoras de este vídeo son tan graves que solo se puede recomendar a quienes estamos interesados en conocer la evolución de un Claudio Abbado que aquí a principios de los ochenta se encontraba justo en el cénit de inspiración dentro de su “primer estilo” y todavía apenas evidenciaba el gran cambio a peor. En cualquier caso, parece claro que el maestro nunca terminó de sintonizar con esta obra: la interpretación se encuentra a medio camino entre la antigua suya para Decca de 1969 y la que hará con esta misma formidable orquesta de jóvenes para DG en 1986, posiblemente sea un poco mejor que esas dos, porque se liman algunos errores de la primera y no se llega a la trivialidad de la última, pero las desigualdades están ahí. Hay nervio, incisividad y desparpajo, incluyendo –maderas de la Gavota– su punto de picardía; también precipitación y más de un exceso en los timbales. Lo dicho, solo para quienes quieran profundizar en el arte del maestro milanés. (8)

 
Prokofiev Sinfonía Clásica Solti Decca

27. Solti/Sinfónica de Chicago (Decca, 1982). Una toma sonora extraña, en absoluto a la altura de lo que hacía Decca en estas fechas, perjudica seriamente a una de las menos afortunadas interpretaciones de Solti en los albores del sonido digital. Su primer movimiento resulta precipitado, vulgar y sin gracia ninguna. Segundo tan correcto como insulso. Tercero bien llevado, sin resultar particularmente irónico. Cuarto espléndido, ágil y con desparpajo, con una orquesta y una batuta que exhiben todo su virtuosismo: demasiado tarde. Muy preferible su filmación de 1977. (7)
 
 
Prokofiev Sinfonías Jarvi

28. Neeme Jarvi/Nacional Escocesa (Chandos, 1985?). No es precisamente el estonio un director fino, cosa que aquí queda bien clara en el grosero clímax del Larghetto y en la no muy depurada disección del entramado orquestal –la reverberante toma tampoco ayuda–, pero su entusiasmo se hace evidente en esta interpretación luminosa y extrovertida, que no naif, ni pimpante ni atropellada, como le suele ocurrir a otros directores, sino con una buena dosis de sal y pimienta, es decir, de esa picardía y sentido irónico tan adecuados en esta partitura. (8) 
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Previn Los Angeles

29. Previn /Filarmónica de Los Ángeles (Philips, 1986). Lógicamente mejor grabada que su recreación con la London Symphony, esta nueva grabación de Previn vuelve a dar en la diana en lo que a transparencia e idioma se refiere, ganando quizá ahora un punto de agilidad pero pinchando en el segundo movimiento, cuya sección central resulta en exceso rápida y está tratada de modo pimpante. (8)

 
Prokofiev Sinfonía Clásica Abbado DG

30. Abbado/Orquesta de Cámara de Europa (DG, 1986). Aunque la cosa ya se venía venir en su filmación cinco años anterior con esta orquesta, aquí quedan más en evidencia esas nuevas maneras con que el milanés empieza a entender la música en general y el clasicismo en particular: una mezcla de coquetería, refinamiento mal entendido y levedad sonora que se harán presente en sus tristes años de madurez. El primer movimiento le sale mejor que en su antigia versión de Londres, ganando en elegancia y picardía al tiempo que pierde la molestia contundencia de la ocasión anterior; eso sí, sobra el efectismo de los timbalazos, más aún habida cuenta de la reverberante acústica de la Konzerthaus. El segundo está ahora dicho con prisas (3’46’’) y tiende a esas maneras aéreas y frívolas antes referidas. Muy animado y con buenos detalles, pero en exceso pimpante el tercero: de nuevo salimos perdiendo. Y muy de cara a la galería el cuarto, convertido en una vertiginosa carrera para que la orquesta haga gala de virtuosismo y entusiasmo sin detenerse a paladear la música como es debido, ni a analizarla ni a mezclar la mucha electricidad desplegada con elegancia ni cn verdadero espíritu clásico. Pura fachada de un Abbado que, decididamente, ha iniciado su declive artístico.  (7)



31. Rostropovich (Erato, 1986-87). Interesado como siempre en la vertiente más lírica y humana del compositor, Rostropovich ralentiza los tempi, sustituye la luminosidad por el pathos y pone de relieve la cantabilidad melódica de la partitura con un fraseo muy natural, amplio y elegante, que se aleja del carácter trepidante de otros directores para aportar un toque de serenidad y carácter contemplativo, un punto otoñal quizá, y un tanto melancólico en un Larghetto lentísimo y algo pesante. La Gavota está llena de encanto, y el Finale está dicho con fluidez sin precipitarse lo más mínimo. Falta, en cualquier caso, una arquitectura más aquilatada en el primer movimiento, y en general da la sensación de que se necesita un grado mayor de depuración sonora, lo que en parte puede deberse a una orquesta que no es de primera, como también a una toma de reverberación excesiva. Con todo, se escuchan algunos detalles inhabituales, como las pinceladas de la trompeta en el segundo movimiento. (8)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Orpheus

32. Orpheus Chamber Orchestra (DG, 1987). Lejos del pathos que van a exhibir un Rostropovich o un Ozawa, pero sin caer tampoco en la tentación de lo frívolo o lo pimpante, los Orpheus ofrecen una interpretación obviamente de sonoridad camerística, dicha con tempi rápidos pero sin la menor precipitación, increíblemente bien tocada y de una claridad pasmosa, que en lo expresivo resulta ágil, luminosa y radiante de entusiasmo, risueña antes que irónica –Gavotta–, poética cuando debe y siempre de un enorme encanto. Por si fuera poco, la toma sonora es fabulosa. (9)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Kitajenko Melodiya

33. Kitajenko/Filarmónico-Sinfónica de Moscú (Melodiya, 1987). Un primer movimiento precipitado, vulgar y sin el menor encanto hace presagiar lo peor. Por fortuna el Larghetto se encuentra notablemente paladeado, la Gavotta está muy bien planteada –irreprochable el tratamiento de las maderas– y el Finale se desarrolla con enorme corrección. Lo que es imperdonable es que la toma, presuntamente digital, ponga a las maderas en primer plano para relegar a la cuerda, sea en exceso reverberante y presente una molesta distorsión tímbrica. Cuesta trabajo escucharla. (6) 
 
 

34. Celibidache/Filarmónica de Múnich (Blu-ray Euroarts, febrero 1988). Sin alcanzar el grado de perfección técnica, limpieza, distinción y sentido de lo apolíneo del registro de Giulini con la Sinfónica de Chicago, Celibidache ofrece en esta filmación “de estudio”, sin público, acompañada de unos maravillosos ensayos en los que el maestro rumano despliega todo su histrionismo facial, una recreación antológica en la que, además de desmenuzar de maravilla todo el entramado orquestal y desplegar el riquísimo sentido del color que en él es habitual, se ponen de relieve como nunca los aspectos más irónicos y socarrones de la obra –portentoso el tratamiento de las maderas– ofreciendo mucha retranca, pero sin excederse en la acidez y sin merma alguna de la elegancia consustancial a la obra ni del vuelo poético que debe alcanzar –y aquí lo hace como pocas veces– el segundo movimiento. La lentitud de los tempi no debe echar atrás para nadie, porque la arquitectura está delineada sin fisuras. A destacar, por añadir algo entre tantas maravillas, los prodigiosos rubati en la Gavotta y la alucinante manera en la que esta se va acercando a la conclusión. Solo una pega: en los clímax del primer movimiento no se escucha del todo bien el entramado de las maderas. El sonido es un estéreo de buena calidad. (10)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Celibidache EMI

35. Celibidache/Filarmónica de Múnich (EMI, 26 de marzo de 1988). Repetición de la jugada, esta vez en vivo. Al ser solo audio, se pierde uno el espectáculo de ver a Celi dirigiendo. En cualquier caso, excepcional. (10)



36. Karajan/Filarmónica de Berlín (Blu-ray Sony/CMajor, Digital Concert Hall y Stage +, 1988). Justo antes de deslumbrar junto a Kissin en el Primero de Tchaikovsky, Karajan ofreció la noche de fin de año una interpretación animada y con empuje, pero no muy clara, algo espesa y amazacotada, con un segundo movimiento frívolo y pimpante. En cualquier caso, mejor que su registro de estudio. (7) 
 


37. Ozawa/Filarmónica de Berlín (DG, 1989). Tal vez influido por su amigo Rostropovich, el director oriental ofrece una lectura singular y muy discutible, pero no poco fascinante, en la que sirviéndose de una orquesta grande de robusta cuerda grave, valiéndose de unos tempi francamente lentos sin que el pulso se le venga abajo y haciendo gala del desarrollado sentido del color, la enorme elegancia y esa peculiar sensualidad digamos “oriental” que caracterizan su batuta, se pone de relieve la vertiente más lírica y melancólica de esta música, como si se quisiera tender un puente hacia la última sinfonía del autor. No hay aquí, por tanto, nada de la espontaneidad, del descaro y del carácter trepidante que normalmente asociamos a esta obra, pero la lectura resulta coherente y está maravillosamente realizada: pocas veces se habrá escuchado tan bien tocada por parte de una orquesta y tan admirablemente desmenuzada por parte de un director. (9)

 
Prokofiev Sinfonía Clásica Zedda

38. Zedda/Orquesta de Cámara de Lausana (Virgin, 1989). Han adivinado: el referente de esta interpretación es Rossini. Y lo es para bien, sobre todo en un primer movimiento ágil y espiritoso en el buen sentido, chispeante pero no superficial, en el que además el maestro italiano se permite prestar atención a las líneas de la trompeta que generalmente pasan desapercibidas. La inclinación lírica también se percibe en un Larghetto cantado con delectación, aunque de pulso irregular. Muy bien salpimentada la Gavotta y algo falta de electricidad pero en absoluto precipitado (¡menos mal!) el Finale, elegante y maravillosamente desmenuzado. En conjunto, una interpretación en la línea de Giulini, sin llegar a su excelsa altura. (9)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Barshai

39. Barshai/Philharmonia (Collins-Alto, 1989). Al frente de una orquesta no en su mejor momento recogida por una toma de volumen bajísimo y un punto difusa, el mítico Barshai ofrece una recreación irreprochable en el estilo, con todo en su sitio, dicha con cierta convicción y buen gusto, pero no del todo clara, no muy bien tensada y, globalmente, un tanto sosa e inexpresiva. Prescindible. (7)
  


40. Muti/Orquesta de Philadelphia (Philips, 1990). Interpretación muy briosa e irónica que solo flaquea por el primer movimiento, basto y algo precipitado. También es verdad que el tercero podía tener más sentido del humor. Pero el Larghetto está lleno de poesía y el Finale resulta verdaderamente sensacional, en parte gracias a unas maderas deslumbrantes. En realidad, toda la orquesta está para quitarse el sombrero, independientemente de que resulte demasiado grande. (9)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Tilson Thomas

41. Tilson Thomas/ Sinfónica de Londres (Sony, 1991). Aunque se trata de una lectura más idiomática que la media, sobre todo por el tratamiento de las maderas, lo cierto es que el maestro norteamericano navega con el piloto automático puesto y apenas el buen trazo del primer movimiento y algún logrado rubato en la Gavotta logran hacernos despertar en medio de la rutina y la indiferencia expresiva que terminan imponiéndose. La toma sonora es algo turbia. (6)


 Prokofiev Sinfonía Clásica Levine

42. Levine/Sinfónica de Chicago (DG, 1992). Con una batuta tan pedestre como la de Levine se podía temer lo peor, pero lo cierto es que el mal gusto del maestro solo se evidencia en un primer movimiento sin duda vitalista y con espléndido sentido del humor, pero también precipitado, machacón y carente de toda elegancia. El resto, sorprendentemente, está dicho con excelente línea, buen gusto y un espléndido equilibrio entre frescura y control, a lo que no es ajeno el enorme virtuosismo de una Sinfónica de Chicago en el mejor momento de su trayectoria. De hecho, a la postre es una interpretación superior a la que su titular Sir Georg Solti grabó con ella en estudio para Decca diez años atrás. La toma de sonido, también de manera inesperada, es igualmente mucho más satisfactoria. (8)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Simonov

43. Simonov/Royal Philharmonic Orchestra (RPO, 1996). El maestro ruso parece querer enfrentarse con la tradición de lo trepidante y, tomándose las cosas con calma, desarrolla una interpretación equilibrada, elegante y cuidadosa, ágil más no pimpante, y desde luego antes lírica que irónica, aunque paradójicamente funciona mejor en los movimientos extremos que en los centrales, algo desvaídos. Los ingenieros de sonido hicieron un buen trabajo, aunque con el defecto tan habitual en esta obra: excederse en la reverberación. (7)
 
 
  CD-Muti-Wiener Mozart 40 Prokofiev Schubert

44. Muti/Filarmónica de Viena (VPO, 2000). Globalmente esta lectura es algo superior a la del propio Muti en Philips, pues aunque la orquesta vienesa no tiene la perfección de la de Filadelfia, e incluso muestra unos violines no siempre empastados, tiene unas dimensiones y una sonoridad mucho más adecuadas para esta obra: menos robusta y más transparente. El primer movimiento está mejor dirigido, resultando menos precipitado y conservando su mismo sentido del humor, aunque no vendría mal una mayor atención a la polifonía de las maderas. El segundo es quizá un punto menos poético. Al tercero sigue pudiéndosele sacar más partido, y el cuarto vuelve a ser admirable. (8) 
 
 
 

45. Gergiev/ Filarmónica de Viena (DVD TDK, 2000). Al poco de interpretar la partitura con Muti, la orquesta vienesa sigue mostrándose espléndida para esta partitura, pero la dirección de Gergiev, sin duda encendida y dotada de un acertado sentido del humor, resulta gruesa y vulgar en comparación con la del napolitano. Su Allegro inicial está bien, sin ser precisamente refinado; el Larghetto resulta más nervioso de la cuenta, en absoluto elegante y muy basto en el clímax; la Gavotta funciona sin problemas, con unas maderas que suenan con la incisividad y carnosidad apropiadas para el autor; en el Finale Gergiev se aprovecha del virtuosismo de los vieneses y se echa a correr sin preocuparse de matices y otras zarandajas. La toma sonora no es todo lo buena que podría haber sido, aunque al menos ofrece surround auténtico por los canales traseros. (6)



46. Gergiev/Sinfónica de Londres (Philips, 2004). De nuevo Gergiev ofrece una versión muy encendida y animada, con mucho sentido del humor y de adecuado remanso lírico en el segundo movimiento, pero también de trazo grueso y un punto vulgar. Lo peor es el último movimiento, algo atropellado. Los ingenieros de sonido tampoco estuvieron finos. (6)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Rabinovitch_Barakovsky

47. Alexandre Rabinovitch-Barakovsky/Orquesta Sinfónica de Flandes (DVD Arthaus, 2005). Como telonera de uno de esos espectáculos Argerich and Friends, en este caso en el Festival de La Roque d’Anthéron, se ofreció una Sinfonía Clásica precipitada, convulsa, descuadrada, histérica incluso, con caprichos innecesarios en la Gavotta, a cargo de un director muy del gusto de la pianista y de una orquesta normalita incapaz de seguir las velocidades impuestas por la batuta. Solo se salva el segundo movimiento. El resto, un horror. (4)

 

48. Kitajenko/Gürzenich-Orchester Köln (Capriccio, 2005-07). El maestro ruso, ya veterano, se saca la espina de su lectura para Melodiya con esta otra recreación no solo muchísimo mejor grabada –suena de escándalo–, sino también considerablemente mejor planteada. Aquí el primer movimiento, ya sin precipitaciones, esquiva toda vulgaridad y ofrece toda la elegancia, la finura bien entendida y el equilibrio clásico que demanda. El resto es francamente notable, por el buen dominio del idioma, lo acertado del planteamiento expresivo y la excelente factura con la que este se encuentra plasmado en lo sonoro, agradeciéndose especialmente la buena disección del entramado orquestal y la cantabilidad del fraseo, sobre todo en un Larghetto que se deja de trivialidades para explorar el lado más melancólico de esta música. Solo falta una vuelta de tuerca más tanto en el manejo de las tensiones como en la sal y la pimienta para alcanzar la excepcionalidad: a la postre, esta lectura resulta un punto sosa. (8)



49. Gergiev/Orquesta del Mariinsky (Stage+, 2012). Otra vez Gergiev, ahora más personal que en anteriores ocasiones, pero sin salir de la mediocridad. El primer movimiento lo plantea con agógica caprichosa, la tensión se viene abajo y adorna el asunto con gangosos portamentos. En el segundo, dirigido con corrección pese a algún detalle discutible, el problema está en una orquesta cuya cuerda deja bastante que desear. Mejor las maderas, decisivas en un tercero bien diseccionado por parte del maestro y muy certero en la expresión. El cuarto funciona de manera satisfactoria, pese a estar dicho un tanto de pasada. Magnífica la filmación, realizada nada menos que en el Conservatorio de Moscú. (6)


50. Litton/Filarmónica de Bergen (BIS, 2015). El ciclo de Andrew Litton tiene cosas más que notables, pero esta Sinfonía clásica, que va de menos mas más, resulta globalmente floja. El primer movimiento es pura rutina: todo suena en su sitio sin mucha preocupación por la claridad, no digamos ya de la expresión. El segundo se encuentra bien paladeado, solo eso. En el tercero hay interesantes juegos agógicos, y en el Finale la lectura despega con una irreprochable interpretación dicha muy en su punto justo. Espléndida la toma. (7)


51. Iván Fischer/Orquesta de la Konzerthaus de Berlín (Digital Concert Hall, 2016). Un placer escuchar a la antigua Sinfónica –ahora rebautizada como “de la Konzerthaus”– en la sede de la Filarmónica y apreciar con estupenda acústica la considerable calidad de todas sus secciones y el estupendo trabajo técnico que con ella venía realizando su entonces titular Iván Fischer. En cuanto al Prokofiev ofrecido en este concierto especial para refugiados, se trata de una interpretación risueña y con salero, sonada con cierta tendencia a la levedad y fraseada con mucha elasticidad, globalmente muy inspirada y no exenta de personalidad. Curvilíneo el primer movimiento, atrevido en la agógica el segundo, juguetón con los rubatos el tercero y dinámico en el mejor de los sentidos el cuarto. (8)


52. Sokhiev/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2018). Se nota que Tugan Sokhiev no solo ama esta música: la respeta. Su lectura, lejos de buscar la inmediatez o de refugiarse en recursos fáciles como la efervescencia o los excesos, apuesta por un clasicismo elegante, de apreciable vuelo melódico, no muy incisivo y un punto distanciado. Desde este planteamiento funciona muy bien el Allegro inicial, aunque es cierto que –le ocurre a demasiados directores– en los tutti no se escuchan siempre bien las maderas. Amplio y elegante un Larghetto en el que se deja a la música respirar y a la cuerda lucir belleza sin concesiones al hedonismo, si bien la poesía no acaba de brotar. Gavotta muy rubateada, no siempre con naturalidad y con esa fluidez que la partitura demanda, pero ofreciendo en contrapartida una pasmosa labor por parte de la orquesta. Y ella es la principal responsable del éxito de un Finale que Sokhiev lleva con enorme sensatez y buen gusto. Formidable la ingeniería audiovisual. (8)



53. Mallwitz/Orquesta de la Konzerthaus de Berlín (Stage+, 2023). Arrancando la titularidad de la antigua Sinfónica de Berlín, la directora alemana se decide a ofrecer una interpretación ágil, incisiva y también un tanto nerviosa. Lógico, por tanto, que lo que mejor le salga sea el Finale. En el resto, la falta de sintonía con la obra es evidente: el primer movimiento resulta parco en sentido clásico del equilibrio y de la elegancia, el segundo carece de vuelo poético y el tercero resulta en exceso saltarín. La filmación con su antecesor en el podio, por lo demás, sonaba más depurada en lo técnico: están parece poco trabajada, amén de escasita en matices. Formidable la filmación en 4K. (7)

domingo, 7 de junio de 2026

Concierto para violín nº 1 de Prokofiev: discografía comparada

ACTUALIZACIÓN, 7.VI.2025

La entrada es del 7 de mayo de 2013 y la actualizo ahora con una buena cantidad de interpretaciones adicionales, entre ellas una que me ha parecido de referencia: Kashimoto, Rattle y Filarmónica de Berlín

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Sergei Prokofiev estrenó su Primer concierto para violín en 1923, pero lo había escrito unos cuantos años antes, entre 1916 y 1917, cuando contaba veintiséis. Es contemporáneo, pues, de la Sinfonía Clásica, posterior a la Suite Escita y algo anterior a El amor de las tres naranjas y el Tercer concierto para piano, por citar las obras maestras más cercanas en el tiempo.

En la partitura, pese a su brevedad –poco más de veinte minutos– se combinan de manera portentosa todas las características expresivas de un compositor aun muy joven, pero ya plenamente maduro en personalidad: por un lado un lirismo a medio camino entre lo onírico y lo melancólico, por otro una escritura escarpada, tensa y llena de aristas que nos hablan del fuerte sentido trágico que se esconde en el fondo de su música. Todo ello galvanizado por un irónico e inconfundible sentido del humor a veces jovial, a veces cargado de un sarcasmo que se convierte –acercándose así a Shostakovich– en máscara que pretende ocultar el dolor.

Permítanme confesarles algo personal: esta una de las creaciones del autor de Pedro y el lobo favoritas para quien suscribe. El problema es que no soy capaz de contarles con palabras qué es lo mucho que me dice esta música. Me limitaré a enumerar sus movimientos:
  1. Andantino
  2. Scherzo: Vivacissimo
  3. Moderato - Andante

 

Prokofiev concierto violin 1 Szigeti Beecham

1. Szigeti. Beecham/Filarmónica de Londres (Naxos, 1935). Esta grabación es impagable, pues fue el mítico violinista húngaro quien, tras el fracaso del estreno inicial en París, consiguió que la partitura fuera aclamada en Europa y los Estados Unidos en compañía de Frizt Reiner, aunque aquí le secunda un Beecham que a ratos paladea muy bien la música –no coge carrerilla en el Scherzo–, a ratos –final del primer movimiento, clímax del tercero– desarrolla las tensiones con desinterés y vulgaridad . En cuanto al propio Szigeti, si hacemos caso omiso de algunas notorias vacilaciones y de la abundancia de portamenti tan propia de la época, realiza una aproximación eminentemente incisiva, quizá intentando acentuar los aspectos más modernos de la pieza, aunque no deja de resultar incandescente –más que propiamente “romántico”- en los pasajes más líricos. Bastante extraña, en cualquier caso, la manera de dejar a un lado el legato al arrancar el tercer movimiento. La restauración sonora realizada por Naxos es excelente. (7)


Prokofiev concierto violin 1 Oistrakh Kubelik

2. David Oistrakh. Kubelik/Sinfónica de Praga (Andante, 1947). A sus treinta y nueve años, el gran violinista ruso hace una verdadera exhibición de medios técnicos e interpreta con esa intensidad viril y sincera que le caracteriza, pero en este primer testimonio de su acercamiento a la obra –tiene cinco más– todavía no ha alcanzado el suficiente grado de profundización en la misma. En parte la responsabilidad puede caer en un Kubelik tan lírico y apolíneo como suele, pero en exceso apresurado y falto de concentración. La toma sonora es muy precaria. (7)


Prokofiev concierto violin 1 Milstein Icon

3. Milstein. Golschmann/Sinfónica de St. Louis (EMI, enero 1954). No menos extraordinario violinista que su compatriota y contemporáneo Oistrakh, Milstein representaba un violinismo distinto, menos ardiente, dramático y escarpado, más lírico y sutil, más volcado hacia lo reflexivo, lo que no le impide ofrecer en esta bellísima recreación un clímax particularmente encrespado en el tercer movimiento. El director acompaña sintonizando por completo en esta línea y ofreciendo adecuada concentración en los momentos más evocadores, pero sin especial personalidad y pasando de largo ante los numerosos claroscuros de la página. (8)
 
 
Prokofiev concierto violin 1 Oistrakh Matacic

4. David Oistrakh. Von Matacic/Sinfónica de Londres (EMI, noviembre 1954). Bien secundado por una London Symphony en plena forma pero no tanto por una toma de sonido monofónica que deja en segundo plano a la orquesta y no permite apreciar el juego de texturas, el director croata dirige con emoción y propiedad estilística aunque acertando mucho más en los dos primeros movimientos que en el tercero, más bien lineal y apresurado, lo que limita seriamente al intensísimo, viril y asombrosamente virtuosístico Oistrakh a la hora de cantar las melodías. (8)



Prokofiev concierto violin 1 Stern Mitropoulos

5. Stern. Mitropoulos/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1958). Lástima que la grabación sea monofónica, porque la interpretación de Stern, en perfecta sintonía con el director griego, es de una intensidad e incandescencia verdaderamente abrasadora, descubriéndonos, sin quedarse en modo alguno en el tópico de lo aristado, el lado más apasionado y dramático de esta música. Más adelante muchos artistas, incluido él mismo, enriquecerán este enfoque con una mayor atención a los aspectos líricos, evanescentes y ensoñados, pero esta interpretación no deja de ser admirable. (9)



6. Ricci. Ansermet/Orquesta de la Suisse Romande (Decca, 1958). El comienzo algo sollozante por parte del violín no resulta precisamente prometedor, pero poco a poco el solista se va centrando y, en compañía de una batuta solvente sin más, ofrece una muy digna recreación grabada por los ingenieros de Decca con un estéreo muy claro, aunque con distorsiones tímbricas. En cualquier caso, se pueden hacer las cosas mucho mejor en lo que a depuración sonora, variedad expresiva e imaginación se refiere. (7)



7. Milstein. Giulini/Orquesta Philharmonia (EMI, 1962). El violinista de Odessa repite su hermosísima y exquisita –más no por ello parca en dramatismo– aproximación, y lo hace en perfecta sintonía con un Giulini que frasea con la cantabilidad altamente emotiva que le caracteriza y con una concentración pasmosa (¡qué final el del primer movimiento!), pero también atentísimo a clarificar texturas, a planificar tensiones y a hacer que la soberbia orquesta londinense suene con el colorido –incisivo, coloreado en las maderas– adecuado para Prokofiev. Dicho de otra manera: ofreciendo lirismo a raudales, pero sin el error de “romantizar” la página ni de limar aristas. El resultado es admirable y anuncia el sendero que el futuro seguirán, con mayor éxito aún, Mutter y Rostropovich. (9)



8. Stern. Ormandy/Orquesta de Philadelphia (CBS, 1963). Aunque solo han pasado cinco años desde su registro con Mitropoulos, Stern adopta ahora un enfoque va a ser menos incandescente, al tiempo que más atento al lirismo melancólico que también albergan los pentagramas. Aporta incluso un toque de ternura muy interesante en el primer movimiento, si bien es en el tercero en el que alcanza el mayor grado de inspiración poética. Ormandy dirige con enorme sensatez y sin tomarse las cosas con prisa, pero resulta más eficaz que otra cosa. (8)



9. Friedman. Leinsdorf/Sinfónica de Boston (RCA-Sony, 1964). El maestro vienés fue un gran intérprete de Prokofiev, pero aunque su solvencia técnica y dominio del idioma son incuestionables, no parece sintonizar mucho con el espíritu de la obra; incluso ni siquiera parece muy atento al matiz. Erick Friedman cumple con enorme corrección sin emocionar apenas. La orquesta, ideal. La toma sonora podría ser bastante mejor. (7)



10. Igor Oistrakh. Rozhdestvensky/Gran Orquesta Sinfónica de la Radio de Moscú (Melodiya-Denon). El hijo de David sigue los pasos de su padre con una lectura tan encendida como controlada que opta abiertamente por las aristas y, sin dejar de ofrecer la adecuada cantabilidad, se interesa poco por la ensoñación lírica. La batuta acompaña con propiedad estilística y buen pulso, pero sin sacar el suficiente partido poético a la obra, sobre todo en los finales de los movimientos extremos. Cuando más adelante le dirija la obra a Perlman, hará uso de unos tempi más dilatados y alcanzará un grado mayor de inspiración. (8)


Prokofiev concierto violin 1 Oistrakh Sanderling

11. David Oistrakh. Sanderling/Sinfónica de Berlín (Harmonia Mundi, 1971). Por fin Oistrakh padre cuenta con un acompañamiento lo suficientemente paladeado, el de un Sanderling que no obstante aun podría darle una vuelta tuerca más a la obra, pero por desgracia en esta ocasión es el propio violinista, algo limitado por la edad en cuanto a virtuosismo, el que no alcanza toda la altura esperable desde el punto de vista emocional. La toma sonora es buena para la época y a pesar de ser de origen radiofónico. (8)


Prokofiev concierto violin 1 Chung Previn

12. Chung. Previn/Sinfónica de Londres (Decca, 1975). André Previn grabó mucho Prokofiev en los años setenta al frente de la orquesta de la que era titular, con resultados quizá no geniales pero siempre magníficos gracias a su perfecto dominio del idioma, a la gran claridad y riqueza tímbrica de su batuta y, desde luego, a la sinceridad expresiva de sus recreaciones. Es el caso de esta op. 19 de perfecto equilibrio entre los aspectos líricos, irónicos, dramáticos y fantasmagóricos, dicha además con pulso firme –el tercer movimiento resulta quizá algo apresurado– y un admirable sentido de las texturas. No podía tener aquí mejor acompañante que Kyung-Wha Chung, a sus veintisiete años no solo un prodigio de virtuosismo, sino también una artista de enorme madurez que ofrece una enorme intensidad emocional y una impresionante variedad expresiva, desde la muy femenina delicadeza del comienzo hasta los clímax más desgarradores de los movimientos extremos, pasando por la incisividad del segundo. (9)


Prokofiev concierto violin 1 Rozhdestvensky Perlman

13. Perlman. Rozhdestvensky/Sinfónica de la BBC (EMI, 1980). Ya más maduro como director en su breve etapa londinense, el maestro ruso alcanza una perfecta sintonía con Perlman para, decantándose por las aristas, ofrecer una lectura presidida por la tensión y por el alejamiento de la efusión “romántica”. Los momentos líricos no están precisamente descuidados, pero en ellos se opta más por la evanescencia fantasmagórica –excelente el estudio de texturas– que por la nostalgia. (9)



14. Perlman. Rozhdestvensky/Sinfónica de la BBC (DVD Medici Arts, 1980). Como su versión paralela en compacto, nos encontramos ante una interpretación antes incisiva que evocadora, pero no por ello desequilibrada en lo expresivo, en la que el violín siempre afilado de Perlman sabe encauzar su intenso ardor con un portentoso control de los medios y, sobre todo en el tercer movimiento, cantar las melodías como pocos lo han hecho, mientras que la batuta domina el idioma y controla de modo admirable el arco de tensiones. La toma sonora, monofónica, es bastante inferior a la del CD. (9)


Prokofiev concierto violin 1 Stern Mehta

15. Stern. Mehta/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1982). Un comienzo vacilante y de dudosa afinación nos hace temer lo peor habida cuenta de la avanzada edad del solista, pero lo cierto es que la cosa no va a mayores y Stern vuelve a realizar una muy sincera e intensa aproximación a la partitura dentro de la misma línea lírica que ofreció junto a Ormandy dieciocho años atrás. Mehta evidencia su conocida sintonía con el autor y, quizá por buscar la mayor aproximación posible al planteamiento expresivo del solista, atiende antes a los aspectos oníricos de la obra que a los más rítmicos y extrovertidos: al segundo movimiento le podría sacar más jugo. En el tercero, por el contrario, utiliza todo su virtuosismo de batuta para ofrecer sugestivas veladuras y flexibilizar las tensiones de manera admirable, ofreciendo así el mejor respaldo al Stern, que vuelve a alcanza allí su momento de mayor inspiración. La toma sonora, espléndida. (9)


Prokofiev concierto violin 1 Mintz Abbado

16. Mintz. Abbado/Sinfónica Chicago (DG, 1983). Lectura presidida por el insuperable virtuosismo de solista, orquesta y batuta, capaces de desplegar una infinita gama de colores y matices y de trazar la arquitectura con absoluta perfección; se oyen, incluso, líneas instrumentales que generalmente pasan desapercibidas. El estilo es irreprochable y la interpretación tiene garra, aun faltando un punto adicional de calidez y emotividad, quizá porque los intérpretes, no del todo en sintonía con el contenido expresivo de la obra, prefieren apartarse del “romanticismo” para mirarla con cierto distanciamiento un tanto naif que ve hermosas evocaciones feéricas donde para otros intérpretes hay dolorosa nostalgia, y disonancias más o menos gamberras donde aflora el puro drama. (9)


Prokofiev concierto violin 1 Zimmermann Maazel

17. Zimmermann. Maazel/Filarmónica de Berlín (EMI, 1987). El maestro franco-americano ofrece, como era de esperar, una dirección muy idiomática, acertada en el fraseo, en el colorido y en la mordacidad, además de magníficamente planificada en su construcción horizontal. Todo ello, además, extrayendo un gran partido a la orquesta de la que por entonces esperaba convertirse en titular, aunque algo perjudicada por una toma sonora que no es muy allá. Notable realización, en todo caso, que no se ve acompañada por un violinista irreprochable en lo técnico y ajeno a cualquier veleidad expresiva, pero frio como un témpano. (7)



Prokofiev concierto violin 1 Sitkovetsky Davis

18. Sitkovetsky. Colin Davis/Sinfónica de Londres (Virgin, 1988). Sorprende encontrarse al maestro británico en este repertorio. Cierto es que a su batuta le falta estilo, sobre todo en el tratamiento de las maderas y en el sarcasmo propio del autor, pero a la postre su enorme musicalidad le hace sacar la obra adelante y conseguir junto al magnífico solista notabilísimos momentos líricos y un acongojante clímax en el último movimiento. (9)


Prokofiev concierto violin 1 Mutter Rostropovich

19. Mutter. Rostropovich/Sinfónica Nacional de Washington (Erato, 1988). Un tremolo en la cuerda tenso y claro; un violín cálido, humano, que canta su lamento con belleza extrema… El comienzo ya deja claro que nos vamos a encontrar ante una lectura intensa, sincera y no poco reveladora en la que los dos artistas sintonizan a la perfección en lo expresivo para poner de relieve, sin caer en la blandura, los aspectos más líricos, más humanísticos si se quiere, de una obra que tiene mucho de acongojante confesión personal. Cierto es que Rostropovich carece de la capacidad para matizar y para obtener texturas de un Abbado, quizá también de su incisividad, pero ofrece una enorme emotividad, matiza con tanta sabiduría como dominio del estilo –admirable el fagot en el arranque del Moderato– y planifica con enorme naturalidad la arquitectura hacia unos clímax mucho antes sinceros que vistosos en los que la Mutter sabe ser apasionada sin perder su apolínea elegancia. Particularmente asombrosa la doliente rebeldía que los dos artistas alcanzan en el clímax final para desembocar en una coda desgranada con particular lentitud y un regusto acertadamente amargo y desolado, mucho antes que feérico. Lástima que la toma no sea mejor. (10)



20. Repin. Svetlanov/Sinfónica Estatal de la Federación Rusa (Stage+, 1991). Aún no había cumplido los veinte cuando Vladimir Rempin dejó este testimonio filmado en Frankfurt. Impresiona la tensión con la que aborda una introducción bien paladeada, pero pronto se deja llevar por la emoción y se echa a correr. No falla ni una nota, el resultado es técnicamente deslumbrante, y ciertamente la fogosidad y convicción con las que toca no deja de atraparnos, pero la sensación global es de superficialidad, de quedarse en el envoltorio de la música, sobre todo en un movimiento conclusivo muy apresurado. Svetlanov intenta seguirle haciendo gala de muy bien conocimiento del estilo. Solo eso. (7)



Prokofiev concierto violin 1 Bell Dutoit

21. Bell. Dutoit/Sinfónica de Montreal (Decca, 1992). Adecuado idioma, buen pulso e irreprochable gusto son las virtudes que exhibe el director suizo frente a una página con la que, a pesar de lo dicho, no logra conectar del todo en lo expresivo; faltan garra, compromiso y calor humano. Tampoco convence el violinista norteamericano, distanciado y algo tendente a los portamenti en las secciones líricas, al tiempo que resulta descafeinado en las más extrovertidas. El resultado es una interpretación que se queda a mitad de camino. (7)



22. Zimmermann. Maazel/Filarmónica de la Scala (YouTube, 1992). Este testimonio de muy precaria calidad audiovisual interesará ante todo a los violinistas, porque tanto la cámara como la toma se centran en Frank Peter. En él podemos apreciar la firmeza asombrosa de su sonido, la seguridad absoluta de su mano izquierda y la tensión interna que imprime al fraseo. Sin embargo, y por muchos portamentos que meta a lo largo de toda la introducción, no se puede decir que emocione tanto como sus colegas, entre otras cosas porque Maazel no le deja explayarse n un tercer movimiento que dirige de manera muy apresurada. A destacar, en cualquier caso, el tremendo sarcasmo que son capaces de extraer del segundo movimiento. (7)



23. Lin. Salonen/Filarmónica de Los Ángeles (Sony, 1992). No se puede decir que a su dirección le falte tensión interna, como tampoco que sea fría, pero lo cierto es que el por entonces aún relativamente joven Salonen –treinta y cuatro años– no se muestra del todo afín a la expresión: todo está en su sitio, las complejas texturas están muy bien tratadas, pero la poesía no termina de brotar. Quizá por eso Cho-Liang Lin se quede, no es poco, en lo notabilísimo, siendo de subrayar la pasmosa naturalidad con que aborda su parte. Toca con tal capacidad técnica, con tal limpieza, con semejante lógica a la hora de planificar, con tanta ausencia de afectación, que no parece que esté abordando una página de dificultad extrema. Lo mejor es el segundo movimiento, espléndido por parte de los dos artistas. La toma resulta un poco espesa, lástima. (8)


Prokofiev concierto violin 1 Vengerov Rostropovich

24. Vengerov. Rostropovich/Sinfónica de Londres (Teldec, 1994). Al frente de una orquesta de mayor calidad que la de Washington y con una toma sonora más acorde con las circunstancias, Rostropovich repite y por momentos mejora –los tempi son algo más deliberados– su lectura anterior haciendo gala de una enorme sensibilidad lírica; se pueden preferir enfoques más incisivos y brillante, pero su comunión espiritual con la obra es máxima. Vengerov, armado de un virtuosismo extremo que seguramente nadie ha igualado en esta partitura, se encuentra en permanente estado de éxtasis en una actuación volcánica y arrolladora, aristada cuando debe pero de una cantabilidad acongojante, en la que los clímax alcanzan una poderosísima fuerza expresiva. Impresionante. (10)

 
Prokofiev concierto violin 1 Shaham Previn

25. Shaham. Previn/Sinfónica de Londres (DG, 1995). Veinte años después, Previn y la LSO vuelven juntos a la obra con un acercamiento igualmente idiomático y de irreprochable equilibrio, aunque quizá algo más distanciado en lo expresivo que entonces y, desde luego, sin la emotividad que la orquesta lució un año antes con Rostropovich. Shaham, de sonido muy hermoso, más lírico que desgarrado aunque en cualquier caso muy comprometido, destaca ante todo por la impresionante cantabilidad de su fraseo. La toma sonora es excepcional. (8)
 
 
Prokofiev concierto violin 1 Dutoit Josefowicz

26. Josefowicz. Dutoit/Sinfónica de Montreal (Decca, 1999). Solo siete años después de su registro con Joshua Bell, orquesta y director repiten su acercamiento mejorando un tanto el último movimiento, ahora más paladeado y más satisfactoriamente trazado hacia su disolución final. En cualquier caso, incuestionable ortodoxia que contrasta de manera extrema con la tremenda heterodoxia de una Josefowicz virtuosística a más no poder, en todo momento creativa, que confunde el lirismo con el amaneramiento (¡esos dichosos portamenti!) y aborda lo dramático haciendo sonar a su violín como un cuchillo recién afilado. El resultado es una interpretación que bascula entre lo insoportable y lo fascinante. Inclasificable, en suma. (7)


Prokofiev concierto violin 1 Gringolts Jarvi

27. Gringolts. Neeme Järvi/Sinfónica de Gotemburgo (DG, 2004). En esta grabación realizada durante su fugaz estrellato en el sello amarillo, el violinista de San Petersburgo mostró un virtuosismo indiscutible, pero al centrarse la batuta en los aspectos más incisivos y grotescos de la partitura, se quedaron a un lado los líricos. Así las cosas, consiguen entre ambos un magnífico segundo movimiento, mientras ofrecen un tercero que no es ni sugestivo ni emocionante. (8)

 
Prokofiev concierto violin 1 Fischer Kreizberg

28. Fischer. Kreizberg/Orquesta Nacional de Rusia (Pentatone, 2004). Lejos de ofrecer una interpretación tópicamente femenina, la violinista alemana despliega hirientes aristas a lo largo de la obra (¡tremendo el Scherzo!) sin problema alguno de virtuosismo, si bien no termina de sintonizar con la vertiente más emotiva y melancólica de la obra. La dirección de Kreizberg, antes profesional que inspirada, resulta irreprochable en el estilo pero un tanto primaria, sobre todo en un tercer movimiento en el que las texturas deberían estar mejor trabajadas. (8)
 
 
Prokofiev concierto violin 1 Chang Rattle

29. Chang. Rattle/Filarmónica de Berlín (EMI, 2005). Aunque la violinista es de Philadelphia, su ascendencia coreana nos hace pensar inmediatamente en Kyung-Wha Chung, con quien casualmente comparte no solo un virtuosismo asombroso, sino también su manera de ver la obra, esto es, potenciando los aspectos más líricos y digamos “femeninos” de la página, pero sabiendo también resultar sumamente encendida y hasta encrespada en los clímax. Rattle potencia esta misma visión –muy bien paladeados los finales de los movimientos extremos–, pero su empeño por ser personal jugando con los tempi –la solista también aprovecha para ofrecer novedades– y su escasa sintonía con la sonoridad propia del autor hacen que su dirección carezca de la suficiente unidad de trazo y resulte más virtuosística que emotiva. Venturosamente, años más tarde nos ofrecerá una dirección de referencia. (8)
 


30. Repin. Gergiev/Sinfónica de Londres (YouTube, 2007). Merece la pena detenerse a ver este testimonio por la asombrosa exhibición de un Repin que exhibe un sonido tenso y afilado, pero que no deja de ser bello, al servicio de un temperamento que vuelve a resultar de lo más incandescente. Por desgracia le acompaña un Gergiev que, aunque dirige con gran sentido del color, cae en la vulgaridad en el segundo movimiento y pasa de largo ante la vertiente lírica de la pieza. (7)
 
 
Prokofiev concierto violin 1 Frang Sondergard

31. Vilde Frang. Sondergard/Sinfónica de la Radio de Colonia (EMI, 2009). La violinista noruega parece caminar, en esta interpretación incluida en su debut discográfico, por un sendero parecido a la de su colega Julia Fischer, afilando su violín y deslumbrando con un virtuosismo de admirable agilidad, pero sin terminar de ofrecer la dosis de calidez y emotividad que también esta obra demanda. La dirección de Thomas Sondergard se muestra centrada y muy eficiente, pero no del todo atenta a la polifonía orquestal y, en conjunto, más vistosa que emocionante. (7)



32. Batiashvili. Iván Fischer/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2012). Aunque sepa resultar adecuadamente aristada en el segundo movimiento, la violinista georgiana –hermosísimo sonido, legato admirable– nos ofrece una interpretación netamente feérica, de ensoñado y bellísimo vuelo lírico, pero un tanto carente de la congoja y el desgarro interno que son motivo de la melancolía; solo en el estremecedor clímax antes de la coda Batiashvili parece alcanzar una incandescencia sincera. Iván Fischer dirige un tanto ajeno al estilo y sin preocuparse mucho de los matices, pero al menos resulta cuidadoso y sintoniza a la perfección con la propuesta lírica de la solista. (8)

 

33. Steinbacher. Vasily Petrenko/Orquesta Nacional de Rusia (Pentatone, 2012). Aunque los portamentos del arranque hagan imaginar que la violinista bávara va a ofrecer una interpretación blanda y con miras al romanticismo, lo cierto es que su aproximación, realizada haciendo gala de un sonido de primera magnitud –terso, con carne, de afinación admirable y enorme homogeneidad– y de un fraseo concentradísimo donde no hay lugar al nerviosismo ni a la precipitación, va a resultar de un lirismo tan elegante como sobrio. También distante, y por ende poco emotivo. Sí que se preocupa por los aspectos angulosos de esta música –detalles aristados en el algo excéntricos en el primer movimiento, fraseo reivindicando el staccato, frases muy afiladas en el segundo movimiento, clímax muy dolientes en el tercero–. Lo hace sin necesidad de cargar las tintas, pero lo cierto es que la calidez poética y esa peculiar nostalgia que desprende la partitura no termina de brotar. Quizá en buena medida ello se deba a la dirección de un Vasily Petrenko lento y analítico, perfecto conocedor del idioma, que planifica enorme rigor, subraya los colores con intenciones expresivas y trabaja las texturas oníricas con particular sentido de lo fantasmagórico, pero tampoco termina de sintonizar con el trasfondo de la obra. A la postre, una interpretación admirablemente tocada que pone de relieve los aspectos más sombríos de la partitura, mas sin atender a toda la variedad expresiva que ésta encierra. La toma soberbia del SACD multicanal se beneficia de la célebre acústica de la Gran Sala del Conservatorio de Moscú. (8)



34. Kashimoto. Rattle/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2013). Sir Simon firma la mejor dirección de la partitura. Opta por unos tempi tendentes a la lentitud y, mostrando una soberbia técnica a la hora de mantener el pulso, construir tensiones, equilibrar planos y planificar transiciones, nos entrega una lectura de enorme lógica en su discurso, transparente como ninguna otra, muy hermosa desde el punto de vista formal, que alcanza la fusión perfecta entre lirismo delicado, virulencia y emotividad de corte digamos que romántica. Daishin Kashimoto, “solamente” primer violín de la orquesta, arranca con una concentración, hondura e intensidad que ya quisieran la mayoría de los solistas famosos. A partir de ahí, nos deja boquiabiertos haciendo gala de un sonido pleno y de insólita firmeza, de limpieza absoluta en las diabluras que le exige Prokofiev y, sobre todo, de una enorme capacidad para emocionar. Se han escuchado recreaciones más imaginativas, pero Kashimoto no necesita ofrecer novedades: se limita a hacer increíblemente bien lo que dice la partitura para ofrecernos una incuestionabilísima referencia. (10)


35. Hahn. Pablo/Sinfónica de la RTVE (YouTube, 2013). En este su primer testimonio videográfico la formidable violinista norteamericana evidencia falta de sintonía con la obra; lo hace particularmente en un primer movimiento cuya introducción aborde de manera anodina y en el que su punto de vista resulta en exceso lírico. Su sonido hermosísimo sonido es capaz de adelgazarse de manera increíble y ofrecer interesantísimas cualidades oníricas, pero con ello no basta. Mejor un Scherzo afiladísimo y un Finale en el que el violín es verdadero viento frío en la espalda. Víctor Pablo Pérez no ayuda: su dominio del idioma de Prokofiev es incuestionable, trabaja con cuidado las texturas y en el segundo movimiento saca a relucir un elevado sentido del ritmo, pero dirige con apresuramiento y sin profundizar en las esencias expresivas de la página, que bajo su batuta suena tan vistosa como superficial. La orquesta está francamente bien. (7)



36. Batiashvili. Nézet-Séguin/Orquesta de Cámara de Europa (DG, 2015). Lo onírico, lo lírico y lo dramático, en esquizofrénica unión muy característica de Prokofiev, saben ser atendidos por la violinista georgiana en una lectura de extraordinaria belleza en la forma, fraseo tan natural como cantable y, no menos importante, considerable intensidad dramática. De esta forma, lo afilado del sonido violinístico –riquísimo en colores– y la tensión lacerante, a veces –desarrollo del primer movimiento– de una angustia y una agitación en verdad irresistibles, ponen de relieve los aspectos más combativos de la página, aunque también es verdad que echándose de menos un grado todavía superior de calidez, sensualidad y vuelo lírico. Nézet-Séguin hace gala de sentido del ritmo, transparencia, colorido tan variado como incisivo, amplia gama de acentos y una gran intensidad en la expresión, acertando al subrayar el lado más anguloso, combativo y dramático de esta música repleta de dolor, pero no tanto cuando parece negarle sus raíces románticas. Su lectura resulta, además, en exceso rápida y nerviosa en el tercer movimiento: su gran clímax (a partir de 6:05), al no encontrarse lo suficientemente preparado, no termina de descargar fuerza trágica. Eso sí, el trabajo de texturas y colores es asombroso: repárese en un segundo movimiento llevado sin prisas y sin deseo de convertirlo en una mera exhibición de virtuosismo, sino otorgándole un carácter siniestro muy necesario, o también en la fantasmagórica sección final. La toma, absolutamente soberbia en CD y en streaming de alta definición, ayuda a la claridad orquestal, escuchándose muchos detalles que generalmente pasan desapercibidos. (9)



37. Hahn. Franck/Filarmónica de la Radio de Francia (DG, 2019). Seis años transcurren desde su filmación madrileña. Quizá sea que ha madurado la página, quizá que la dirección de Mikko Franck es bastante superior a la de Víctor Páblo y le permite respirar mejor las melodías, pero lo cierto es que Hilary Hahn, de sonido hermosísimo y capaz de adelgazarse hasta el infinito, ofrece una recreación admirable dentro de una, eso sí, visión eminentemente onírica, quizá surrealista y no exenta de malos presagios, de esta página muy plural en significaciones. De la dirección, siempre sensata y cuidadosa, interesa el planteamiento agógico de un tercer movimiento al que se le saca muy buen partido. (9)

 

38. Jansen. Mäkelä/Filarmónica de Oslo (Decca, 2023). Una toma a mi entender poco conseguida me impide valorar con justicia la labor del joven maestro noruego, que parece ser en origen bastante clara y bien tensada. También más atenta a las angulosidades de la música que a lo que debe a la tradición romántica, y no del todo metida en el idioma de Prokofiev. Sí que es fácil valorar a Janine Jansen, porque los ingenieros la ponen muy en primer plano: sonido hermosísimo y virtuosismo supremo para una recreación que, en consonancia con la batuta, subraya lo que de alucinado hay en esta página –impresionante segundo movimiento– y apuesta por la vehemencia controlada, al tiempo que juega con un lirismo atractivo y aporta numerosos detalles no del todo convincentes, incluso rebuscados. En cualquier caso, mejor escucharla (¡y verla, que es un espectáculo!) con Rattle. (8)



39. Jansen. Rattle/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2025). Janine Jansen arranca a media voz y con enorme delicadeza, pero en seguida vuelve a apostar por una interpretación particularmente aristada, rabiosa por momentos, con frecuencia áspera, en la que multitud de detalles personales, unos más convincentes que otros, demuestran no solo imaginación, sino también compromiso con una partitura con la que desea hurgarnos en las entrañas. No llega a conmovernos tanto como otros colegas, pero aun así su clímax del movimiento conclusivo alcanza una tensión abrumadora. Sir Simon baja un peldaño en inspiración con respecto a su lectura doce años anterior con Kashimoto, pero en cualquier caso ofrece una recreación de enorme altura por perfección técnica y comprensión de la obra. Portentosa la trasmisión en Dolby Atmos, en la que por primera vez escucho con claridad toses en los canales traseros. ¿Están ahora grabando en auténtica pentafonía? (9)



40. Jansen. Salonen/Sinfónica de la Radio de Suecia (YouTube, 2025). Esta es la grabación más reciente a la que he tenido acceso, diciembre de 2025. Janine Jansen insiste en su visión personalísima y llena de rabia, con frecuencia excesiva. Tanto, que a los pocos minutos se le rompe una cuerda y tiene que volver a empezar. En cualquier caso, merece la pena ver el espectáculo. Aun profesional a más no poder, Salonen vuelve a quedarse un poco a medio camino. (8)

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