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lunes, 15 de junio de 2026

Dos grabaciones de Aida: Karajan 1959 y Abbado 1981

Aprendí a amar Aida de Verdi con la mítica grabación de Karajan y la Filarmónica de Viena de 1959 para Decca. De hecho, fue una de las primeras óperas que compré en compacto, aunque en mi casa desde siempre había un vinilo con una selección de este mismo registro. He querido volver a ella después de muchísimos años, esta vez en el último reprocesado, y he querido compararla con otra que tenía comprado desde hace tiempo y aún no había escuchado: Claudio Abbado con las fuerzas de la Scala de Milán para DG y un elenco all stars.

Karajan hace de sí mismo, pero de lo que era allá a finales de los cincuenta. ¿Y eso qué significa? Que además de enormes contrastes dinámicos, refinamiento extremo, sensualidad, opulencia y exhibicionismos varios, que los hay, todavía una influencia del Verdi de Toscanini que termina siendo beneficiosa: sanas asperezas en los metales -que cobran excesivo protagonismo, eso desde luego-, vigor rítmico, altísimo voltaje teatral en los clímax, carácter unitario en el discurso... He escuchado un poco de su posterior grabación con la misma orquesta y ese es el otro Karajan. El del desmelene. 

De Renata Tebaldi adoro la voz –aquí no en su mejor momento– y la línea de canto puramente italiana. Interpretar, no interpreta. Tampoco lo hace Carlo Bergonzi, que ni huele –la falta de squillo es evidente– la faceta heroica del personaje. Pero claro, es difícil imaginar un Radamés de mejor estilo verdiano, ni cantado con mayor nobleza, ni con una más conseguida mezcla entre efusividad y carácter amoroso. Me derrito con los dos, lo confieso, a pesar de sus insuficiencias. Estas últimas no las presenta Giulietta Simionato, Amneris de enorme altura vocal y expresiva que no necesita recurrir al exceso para trasmitir el desgarro de la hija del Faraón. Cornell MacNeil está estupendo como Amonasro, aun atendiendo más la faceta combativa que la paternal del personaje. Algo toscos Fernando Corena y Arnold van Mill, Rey y Ramfis respectivamente. Muy digno el Coro de la Asociación de Amigos de la Música de Viena.

Lo de Abbado desconcierta, porque aún no había iniciado su declive y ya se detectan aquí cositas raras: el ballet en la habitación de Amneris es una horterada. En opulencia sonora no le va a la zaga a Karajan, e incluso la sonoridad que obtiene de los cuerpos milaneses resulta (¡increíble!) más carnosa y sensual que la de la Filarmónica de Viena con el maestríssimo, quizá por la antedicha influencia de Toscanini en este último. En cualquier caso, Abbado sabe bien lo que es Verdi, posee una técnica descomunal y es capaz de ofrecer no solo buen teatro, sino también detalles exquisitos de la orquestación.

Al contrario que Tebaldi, Katia Ricciarelli sí interpreta, pero su retrato es el de una Aida escasamente temperamental, poco rebelde y con tendencia a lo lacrimógeno. En cuanto a la voz, posee un centro de belleza diamantina. Solo eso: el agudo es problemático, el grave inexistente. Plácido Domingo carece del legato de Bergonzi, pero le supera ampliamente porque él sí es capaz de equilibrar la faceta amorosa del personaje, que atiende de maravilla en la última escena, con la faceta militar y juvenil del mismo. 

Tremenda, tremendísima Elena Obraztsova: salvo que a uno no le guste la típica emisión eslava, difícil será que encuentre una Amneris más imponente que la de la diva soviética. Como a su personaje le corresponde la mejor y más verdiana música de esta ópera, obviamente la escena del juicio, el valor de este disco sube como la espuma. A su lado, el Rey que encarna con sabiduría Ruggero Raimondi se queda en poquita cosa. El asunto de Leo Nucci es más complicado: cortísimo en lo vocal, en esta ocasión se cree lo que hace y dota a Amonasro de sutiles acentos. No sé si me gusta, la verdad. Aunque un poquito más cavernoso de la cuenta, el enorme Nicolai Ghiaurov hace un gran Ramfis. Cameo de verdadero lujo el de Lucia Valentini Terrani como la sacerdotisa. Ah, el mensajero es el mismo en las dos grabaciones, un excelente Piero de Palma.

La grabación vienesa se realizó en la Musikverein Saal bajo la producción de John Culshaw. Suena bastante bien para la época, y hay que aplaudir la buena diferenciación sonora de los espacios. La de Milán la grabó un Klaus Hiemann que no se lució particularmente, aunque hay que aplaudir una gama dinámica increíblemente amplia.

¿Recomendación? Escuchen la de Karajan y todas las partes de la Obraztsova de la de Abbado. Ahora mismo no tengo versión favorita de esta ópera: en su momento fue la de Muti, pero hace ya demasiado tiempo que no la escucho. La recuerdo como maravillosa.

domingo, 2 de noviembre de 2025

Dos vídeos del Réquiem de Verdi por Abbado: Roma y Milán

Hoy 2 de noviembre, Día de Difuntos, que querido ver dos vídeos del Réquiem de Giuseppe Verdi por Claudio Abbado, sendas retransmisiones televisivas de deficiente calidad disponibles en YouTube: uno de 1970 con la Orquesta de la RAI en la Basílica de Santa María sopra Minerva de Roma –edificio gótico junto al Panteón–, y el otro de 1981 con los conjuntos de la Scala de Milán en Budapest, este último un año posterior a su primera grabación oficial en estudio para DG. Pese a lo mal que se oyen, ambas merecen mucho la pena.

Empezamos por la interpretación romana. Aunque su madurez interpretativa vendría un poco más tarde –para inmediatamente después decaer sin remedio–, el Abbado de finales de los sesenta y principios de los setenta tuvo un atractivo muy especial por su mezcla de sinceridad, concentración e intensidad expresiva. Intensidad que no es la misma que, en este Réquiem verdiano, va desde Toscanini hacia Muti pasando por Karajan. No se basa su acercamiento en el vigor rítmico, la fiereza de los ataques, los contrastes dramáticos ni la agresividad, aunque tampoco se quede precisamente corto en voltaje dramático. La fuerza viene de otro lado, es más interna que externa, y se encuentra acompañada de una amplitud en el canto y de un interés por lo místico que en los citados maestros se encuentra ausente. Priman, en cualquier caso, la extroversión la fuerza y el conflicto en su lectura. Es verdad que hay alguna vulgaridad –Sanctus–, acentuada por las limitaciones de la orquesta romana, y que aún podrá redondear los resultados en el futuro con un concepto más equilibrado, pero esta es ya una dirección de primera.

Y de primera es también el cuarteto. Renata Scotto está aún en plena forma vocal –no lo pasa tan mal como la mayoría– y despliega toda esa conmovedora expresividad que asociamos a su arte. Marilyn Horne, como era de esperar, se encuentra comodísima en la franja grave y canta con una autoridad impresionante. Luciano Pavarotti no se implica demasiado, pero imposible resistirse ante una de las voces de tenor más maravillosas que se recuerdan ni a un canto italiano cien por cien. Nicolai Ghiaurov da una descomunal lección de canto e intensidad expresiva, cierto es que desde una óptica más operística que devota: da verdadero miedo escucharle. De la filmación televisiva, pobremente realizada, hay dos versiones en YouTube: una lleva el sonido desincronizado, la otra recorta el formato a 16:9. Escoja usted la que desee, pero no se pierda este testimonio.

Tampoco hay que perderse el de Budapest. Abbado repite su soberbia dirección del año anterior en estudio con los mismos conjuntos: llena de fuerza y garra, también con su punto siniestro cuando debe, pero al mismo tiempo muy hermosa, concentrada y espiritual. Eso sí, en vivo las fuerzas escalígeras dejan muy en evidencia sus limitaciones. El tenor Peter Kelen es muy poquita cosa: la voz a veces suena muy bella y él le pone voluntad, pero no tiene nada que hacer frente a los otros solistas. Ghiaurov está como en el citado registro para el sello amarillo, ya tocado vocalmente pero más artista que nunca. Shirley Verret pasa de la parte de mezzo –en el disco– a la de soprano, con los resultados esperables: cambios de color, agudos tirantes y relativa comodidad en la zona grave, todo ello generando una tensión que no le sienta nada mal al Libera Me, en el que la artista se atreve a saltar sin portamento al sobreagudo. Por lo demás, expresividad intensa y arte consumado.

Queda Elena Obratsova: sencillamente portentosa, incomparable. Nunca en esta parte se ha escuchado una interpretación tan cómoda en lo vocal –el instrumento es una gloria por pasta, volumen y belleza–, pero lo que impresiona es la fuerza dramática que imprime a sus intervenciones: ¡menudo Liber Scriptus el de esta señora! Aunque fuera solo por ella, ese vídeo es obligatorio para los amantes del canto. 

viernes, 15 de noviembre de 2019

Sansón y Dalila por Barenboim

No, no voy a dejar que este blog muera por culpa de algunas personas que han hecho oir su VOX para acusarme de cosas absolutamente inadmisibles. Por eso mismo me decido a escribir una entrada sobre la grabación que he escuchado hoy: Sansón y Dalila de Saint-Säens en la grabación de Deutsche Grammophon que en 1978 dirigió Daniel Barenboim, quien precisamente hoy viernes 15 de noviembre cumple 77 años y en estos días se prepara para encabezar unas representaciones de este bellísimo oratorio, perdón, de esta bellísima ópera, con las huestes de su Staatsoper berlinesa. Mañana sábado, por cierto, espero escucharla en directo en el Teatro de la Maestranza.


Este registro fue el primero que conocí. Hacía muchísimos años que no lo escuchaba, y debo decir que ahora me ha causado una impresión todavía mayor que la de entonces. Ante todo por la sensacional dirección que al frente de la Orquesta de París, de la que por entonces era titular, ofrece un Barenboim interesadísimo por la parte espiritual, religiosa si se quiere, de una partitura que alcanza mucha más profundidad de la que aparenta. También es capaz el maestro de desplegar una sensualidad y un erotismo de la mayor graduación y que, aun sin esa levedad que generalmente asociamos con "lo francés", enlaza perfectamente con lo que esta música necesita. Todo ello lo consigue fraseando con enorme delectación, respirando con verdadero sentido melódico cada una de las frases y atendiendo especialmente a la creación de atmósferas. Claro que también encontramos aquí, cuando llega la parte "operística" de la partitura, al Barenboim más característico, el dramático e inflamado, aunque controlándose a sí mismo gracias a una enorme concentración interior. Tampoco falta brillantez precisamente: la Bacanal resulta arrebatadora sin dejar por ello, como en toda la obra, de trabajar a la orquesta con la máxima depuración sonora.

Plácido Domingo no es el cantante más idiomático posible para  el repertorio francés, ni en el rol de Sansón posee esos acentos lacerantes de los que hacía gala Vickers, pero es difícil resistirse ante su hermosísima voz llena de carne, ante su musicalidad extrema y ante su temperamento al mismo tiempo ardiente e introvertido. Su actuación va de menos a más: algo plano en el primer acto, notable en el segundo y portentoso en el tercero, que es en el que puede lucir más ricas inflexiones expresivas: reconozcamos (¡qué le vamos a hacer!) que su parte no es la más inspirada de la partitura.

La de Dalila sí que alcanza la excelsitud, eso por descontado. Espero que me perdonen ustedes que no me entusiasme aquí Elena Obraztsova: su voz es suntuosa y muy adecuada para las exigencias del rol (¡imprescindible no quedarse corta por abajo!), pero su emisión típicamente eslava la veo inconveniente en este papel, su dicción es ininteligible y su conexión con el personaje resulta solo parcial. La suya me parece una mujer voluptuosa pero no del todo sutil ni seductora. No la encuentro lo suficientemente erótica. Sea como fuere, hay mucho que admirar y que disfrutar en su actuación.

Algo parecido me pasa con Renato Bruson: le admiro muchísimo en otros repertorios pero aquí, aun estando muy bien hay frases sutilísimas, no me parece que nos ofrezca lo mejor de sí mismo. El Coro de la Orquesta de París me ha parecido formidable, lo mismo que la toma sonora. A la postre, un registro operístico de primera magnitud, muy especialmente por la batuta. Feliz cumpleaños a Don Daniel.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...