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domingo, 1 de febrero de 2026

Lahav Shani llega a lo más alto

Creo que fui uno de los primeros que en España escribió poniendo por las nubes a Lahav Shani. Ya me interesó en una primera entrada de junio de 2019, y ya en la tercera, publicada el mismo mes, llegué a decir "que podríamos encontrarnos, quizá, ante uno de los más grandes directores del siglo XXI". Han pasado seis años y medio. La interrogación la convierto en definitiva afirmación después de haber escuchado, vía streaming, el concierto ofrecido al frente de la Filarmónica de Berlín el pasado fin de semana, mientras yo estaba en Colonia. Mi padre -ochenta y ocho años recién cumplidos, por cierto- me había contado por teléfono que era una auténtica maravilla, y luego Ángel Carrascosa lo puso por las nubes en su blog. Yo no me quedo precisamente atrás en la valoración del evento.


Nunca me había gustado tantísimo esa breve maravilla que es La pregunta sin respuesta de Charles Ives, aunque solo la mitad del mérito es del joven maestro israelí: a él se debe el grado de intensidad creciente de las réplicas de las maderas, que estará en la partitura pero jamás había escuchado tan bien definido. La otra mitad corresponde a los artistas excepcionales que están detrás de esas maderas, a la trompeta y a toda la increíble cuerda berlinesa.

A tal cuerda, tal concertino principal. El japonés Daishin Kashimoto se atreve con el acongojante Concierto para violín nº 1 de Shostakovich y alcanza resultados excepcionales. Globalmente le supera el inmenso David Oistrakh, y quizá también lo haga Vengerov -ver discografía comparada-, pero tanto en lo técnico (¡qué tremenda la Cadenza del tercer movimiento!) como en la expresivo se encuentra a la misma altura que otros grandes que han abordado la página. La dirección de Shani, trazada con enorme solidez y de excepcional depuración técnica, me ha recordado a la que Barenboim le hizo al citado Vengerov en ese audio aún disponible en YouTube: tensa, antes dramática que atmosférica y de apreciable mordacidad. En perfecta sintonía el uno con el otro, Kashimoto y Shani nos entregan un primer movimiento muy notable -solo eso- y un segundo magnífico para luego pasar a una Passacaglia y un Finale de absoluta referencia. No es poco.

Nivel todavía superior en la Sinfonía nº 9 de Antonin Dvorák. Sí, han leído bien. En breve: no es la-mejor-versión-que-existe, pero sí que se ha convertido en mi favorita de cuantas he escuchado. Cuestión personal, claro: Lahan Shani hace con esta partitura lo que a mí me más me gusta, es decir, olvidarse del lirismo contemplativo, incluso de la sensualidad y de la ternura, para poner el dedo en la llaga y hurgar en ella. Interpretación altamente dramática, con frecuencia rebelde, llena de dolor y sonada con una aspereza digamos que eslava de lo más conveniente, pero no por ello descuidada -todo lo contrario- en lo que a belleza formal se refiere. De hecho, el dominio de los medios es tan absoluto que pocas interpretaciones se han escuchado tan soberbiamente planificadas con la presente.

El resultado es una especie de "Furtwängler de guerra", pero sin libertades en la agógica, con muchísimo mayor autocontrol y dosis muy superiores de refinamiento sonoro. Sí, ya sé que no se conserva ninguna grabación del mítico maestro alemán -la que hay es un fake como la copa de un pino-, pero quizá logre hacerme entender si les digo que esta recreación de Shani es algo así como una radicalización, con mayor técnica e imaginación de por medio, de las dos que nos dejó Istvan Kertész. No se parecen a las excepcionales de Celibidache en Múnich, y resulta muy distinta a la de Giulini en Chicago, otra de las más grandes. Mi favorita hasta ahora era la de Böhm con la Filarmónica de Viena. Ambas comparten la negrura del enfoque, pero la resolución de la idea es por completo dispar.

Concretar por movimientos es difícil. Decidido, directo al grano el primero, sin rastro de portamenti. Desolado, sin asomo de blandura el segundo. El tercero no necesita ser protobruckneriano como los de Kertész, pero por ahí van los tiros; el Trío es el único momento en el que Shani baja la guardia y nos deja gozar de la música, aunque no deje de aportar algún detalle inquietante.

¿Y el Finale? Voy a decir lo que jamás se debe decir, porque es una tontería: me parece muy, pero que muy superior al de todas las versiones en disco o vídeo que un servidor haya escuchado, que hasta el día de hoy son cincuenta -aquí discografía comparada-. La más rabiosa, implacable y dramática. La más sincera. La que por fin hace justicia al drama que se ha venido intuyendo en los tres movimientos anteriores. Y, mucha atención, la más increíblemente bien diseccionada de todas. Nunca se había percibido con semejante transparencia el entramado orquestal. Quizá tampoco se había tocado así de bien. ¡Qué técnica la de la orquesta y de la batuta! Bueno, esto último es un decir, porque el maestro dirigió con los brazos.

Pregunta inevitable: ¿es Lahav Shani superior a Klaus Mäkelä? David Hurwitz ha llegado a compararle a este último con un muñeco Ken de la Barbie: entiendo que la intensísima campaña de promoción, que aquí en España ha estado capitaneada por el aún poderoso Antonio Moral, llega a producir rechazo, y que debe de haber mucho dinero detrás del joven maestro, pero considero que el finlandés se encuentra lleno de talento. Ahí está su referencial Pájaro de fuego con la Orquesta de París, o esa soberbia Sinfonía alpina también en la Digital Concert Hall de la Filarmónica de Berlín. Dicho esto, a Mäkelä se le han escuchado demasiadas cosas que solo están medianamente bien -la Nuevo Mundo, sin ir más lejos-, mientras que Shani parece ofrecer mayor regularidad y, sobre todo, un punto de vista interpretativo más interesante: la intensidad en la expresión por encima de cualquier otra circunstancia. El de Tel Aviv ha llegado ya a lo más alto en partituras de especial dificultad expresiva. Mäkelä, aun con técnica de batuta en absoluto inferior, aún no. Apuesto por Shani.

jueves, 6 de noviembre de 2025

Octava de Mahler por Mäkelä en Ámsterdam

Ya he podido escuchar la Octava de Mahler grabada en directo por Klaus Mäkelä al frente de la Orquesta del Concertgebouw que sale, al hilo de la gira que van a iniciar por Asia, mañana viernes 7. No voy a decir cómo lo he conseguido, pero sí quiero apuntar que Qobuz me está dando problemas serios en la conexión con el equipo de música: hay pistas que pasados unos minutos se cortan. Si la cosa sigue así, tendré que suspender mi suscripción.

Octava de Mahler, decía. Música controvertida que, lo siento mucho, a mí me parece pesada. ¿Que hay "momentos", como me dice un amigo? Desde luego, hay momentos maravillosos, pero escuchada así de un tirón me resulta un mamotreto. Nada que ver con las maravillas de Canción de la Tierra, Novena y Décima. Hace falta un director de fuste para que la cosa funcione. Mäkelä, aunque cuenta solo veintinueve años, tiene ya su experiencia: con la formación holandesa a la que ha llegado de titular ya tiene vídeos de Cuarta y Quinta, mientras que de otras sinfonías hay por ahí testimonios con orquestas diversas. No conozco ninguno de ellos, así que la valoración de este disco sirve solamente para la antedicha sinfonía.

Mi valoración de esta Octava es plenamente positiva. Cierto es que no alcanza la genialidad, la fuerza visionaria de Leonard Bernstein en sus dos registros del Festival de Salzburgo, audio y vídeo grabados en días consecutivos, pero creo que el maestro finlandés no solo controla de manera irreprochable las gigantescas fuerzas a cuyo frente se pone, sino que además acierta en la expresión. En el Veni Creator no se deja llevar por el jolgorio y deja que las melodías vuelen con verdadero aliento lírico. En la sobrecogedora introducción a la segunda parte logra destilar esa tensión expectante que la música necesita. ¿Y en el resto? Pues mezcla sensualidad y sentido espiritual añadiendo un punto de decadentismo, pero cuidándose mucho de no pasarse con el carácter pimpante de los coros de infantiles y tal. Aporta además la batuta detalles de gran clase, sobre todo a la hora de subrayar con carácter expresivo ciertas intervenciones de los primeros atriles.

El equipo de ilustres desconocidos que conforman el conjunto vocal y las diversas fuerzas corales congregadas para la ocasión funcionan francamente bien. En realidad, el único problema es el de la toma de sonido, tan problemática como en la mayoría de los registros que conozco. Quizá el Blu-ray de Chailly con la Orquesta del Festival de Lucerna sea la que logra un mejor equilibrio entre calidad interpretativa y calidad de la grabación, así que esa sería mi recomendación número uno. Las de Lenny, probablemente ustedes ya lo saben, suenan mal. En cuanto a Mäkelä, se confirma un gran talento con independencia de los relativos desequilibrios artísticos de su aún breve trayectoria discográfica y del muy, pero que muy fastidioso aparato publicitario que le rodea.

domingo, 30 de marzo de 2025

Concierto para piano nº 5 , Egipcio, de Saint-Saëns: discografía comparada

Mañana lunes comienza Javier Perianes una gira con la Orquesta Philharmonia que en la que ha decidido tocar el Concierto para piano nº 5 , Egipcio, de Camille Saint-Saëns. Buena excusa para hacer una pequeña discografía comparada. ¿Realmente es necesario poner a unos frente a otros? ¿No se puede disfrutar de cada propuesta de manera aislada? Creo que no. Al fin y al cabo, cada interpretación musical no es sino una exploración, una propuesta de visión de una realidad inaprensible que solo se materializa cada vez que se la hace sonar, pero que siempre suena distinta. Cada lectura es una aproximación necesariamente parcial cuya naturaleza solo se pone de relieve comparándola con otras aproximaciones no menos parciales. Concretando: por mucho que, en este caso concreto, la grabación de Sviatoslav Richter con Christoph Eschenbach le parezca a un servidor la más profunda y emotiva de todas, sería erróneo monumental pensar que con ella basta y sobra. Solo una aproximación plural nos puede ofrecer una visión no del todo inexacta de la realidad. De cualquier realidad, dicho sea de paso.


  1. Richter. Kondrashin/Orquesta Juvenil de Moscú (varios sellos, 1952). Increíble que el pianista que más ha acertado con esta obra sea el que un melómano cualquiera menos hubiera identificado con Saint-Saëns: Sviatoslav Richter. Ni su toque “duro” de pura escuela soviética –o rusa, o como ustedes la quieran calificar– ni su temperamento escarpado, dramático y por completo alejado de cualquier concesión a la galería son a priori adecuados para el repertorio francés. Su acierto, sin embargo, es grande, por paradójico que resulte… o quizá precisamente por eso. Porque lo que hace el ucraniano es limpiar de polvo y paja la partitura, obviar lo que tiene de decorativo y quedarse con la esencia emocional de las notas, que plasma con asombrosa limpieza digital, perfecto cálculo de las tensiones, cantabilidad plena sin que ello signifique narcisismo y mucha, muchísima pasión. Justo la que inyecta un Kondrashin que tampoco quiere saber nada del estilo, pero que llena la música de entusiasmo y no deja de atender a los pliegues del segundo movimiento, cuyo final sabe ver siniestro. Por lo demás, excelente rendimiento el que obtiene de la orquesta de jóvenes. Mucho ojo con el streaming: circulan versiones del registro que presentan grandes desigualdades técnicas entre sí. (9)



  2. Rogé. Dutoit/Royal Philharmonic (Decca, 1978). El maestro suizo nos ofrece la interpretación francesa por excelencia: delicada en el mejor de los sentidos, elegantísima, muy sensual y con un apreciable punto de ligereza tanto sonora como expresiva, lo que puede gustar más o menos pero, desde el punto de vista estilístico, resulta irreprochable. Junto a él, un joven Pascal Rogé se muestra muy sensato y sensible, alejado por completo del mero virtuosismo aunque tampoco, todo hay que decirlo, especialmente limpio en el toque ni variado en la expresión. A destacar, en cualquier caso, el sabor siniestro que los dos músicos son capaces de extraer del segundo movimiento, así como el vigor que –al contrario que en el inicial– quieren aportar al último. Espléndida la orquesta, muy bien modelada por la batuta y estupendamente grabada por los ingenieros de Decca. (8)



  3. Collard. Previn/Royal Philharmonic (EMI, 1986). De nuevo la RPO, aun mucho menos bien grabada que ocho años atrás, se muestra como un instrumento virtuosístico, dúctil y muy apropiado para esta página, aunque en esta ocasión bajo la batuta de un Previn que consigue esa dificilísima cuadratura del círculo que necesita el repertorio francés de entresiglos: con él hay delicadeza, ensoñación, melancolía y hasta cierto carácter alado cuando es necesario, pero también vigor, tensiones y sentidos de los contrastes, consiguiendo así una lectura más equilibrada, convincente y emotiva que la de Dutoit. Jean-Philippe Collard, sin ser Richter, hace gala de una agilidad formidable, gran sensibilidad para la poesía y apasionamiento bien controlado, convirtiéndose a la postre en uno de los más irreprochables intérpretes de la página. (9)



  4. Richter. Eschenbach/Sinfónica de la Radio de Stuttgart (Hänssler, 1993). Un milagro. Cuarenta y un años después del ya comentado testimonio con Kondrashin, el pianista ucraniano deja en mantillas su propia recreación y vuela muy por encima de cualquier otro pianista –de antes y de después– con una recreación que sigue manteniendo el rigor y el carácter dramático que caracterizan su arte, pero que añade una dosis muy considerable de cantabilidad, de humanismo, de sensualidad e incluso de delicadeza bien entendida, corrigiendo frases que antaño le quedaban algo mecánica y ofreciendo aquí y allá detalles de sutilísima poesía que, alejadas por completo de la trivialidad o el mero hedonismo, nos descubren las muchas bellezas ocultas en esta partitura. Le ayudan los tempi lentos de un Eschenbach que comparte el enfoque íntimo y recogido del solista, dirige con trazo fino y apuesta por el perfume atmosférico y vagamente impresionista –con toques orientalizantes– de una obra que no en balde se escribió en 1896, pero sin que el carácter difuminado de la pincelada signifique ausencia de claridad. Todo lo contrario: la manera en que desmenuza esta música no se le ha escuchado a ningún otro director, como tampoco su efusividad en el canto melódico. A destacar el toque de amargor en la conclusión del segundo movimiento. En el tercero se pueden echar de menos la chispa y el optimismo vital de otros maestros, pero a cambio su mirada otoñal destila una ternura y emotividad insólitas. Una lástima que la toma, correspondiente a un evento que tuvo lugar el 30 de mayo de 1995 en el que también se ofreció el Concierto en fa de Gershwin (¡qué cosas!), no sea ninguna maravilla. (10)



  5. Thibaudet. Nelsons/Orquesta del Concertgebouw (YouTube, 2011). Esta filmación puede gustar mucho –a mí me entusiasmó en su momento- por la vitalidad de su concepto y la inmediatez expresiva de su realización, pero si comparamos con otros registros de pueden poner reparos. Estos no van dirigidos al por entonces aún joven Andris Nelsons, quien sin necesidad de bucear en pliegues expresivos realiza una asombrosa labor de reivindicación de la floja partitura poniendo al servicio de la misma no solo una irreprochable técnica de batuta con la que materializar sus creativas ideas, sino también una gran dosis de intensidad, fuerza y entusiasmo que se evidencia con claridad en el muy expresivo rostro del maestro, pero también en la manera de paladear con voluptuosidad las melodías y ofrecer una verdadera orgía de colores –rutilante la orquesta– sin perder de vista la elegancia y el peculiar sentido del equilibrio que este repertorio demanda. El problema está en Jean-Yves Thibaudet: su toque es de enorme limpieza, posee enorme técnica a la hora de modelar el sonido y sabe ofrecer toda esa particular delicadeza que el repertorio francés demanda al tiempo que canta algunas frases con un vuelo poético sobrecogedor, pero el nerviosismo hace en demasiadas ocasiones mella en su fraseo, echándose de menos concentración y sobrando fuegos artificiales. Tampoco termina de convencer ese carácter lúdico, algo frívolo por momentos, con el que aborda los movimientos extremos de la partitura. Para algunas sensibilidades puede resultar refrescante que su óptica prescinde de densidades para lanzarse sin rubor a lo bullicioso de esta música, pero a la postre termina resultando superficial. (8)


  6. Perianes. Tausk/Sinfónica de Galicia (YouTube, 2022). Pianista apolíneo por naturaleza y vocación, pero no por ello precisamente parco en tensión interna y sentido de los contrastes, el de Nerva hace gala de un fraseo de enorme limpieza y de un toque de asombrosa riqueza –yo diría que la mayor que se ha escuchado en esta página– para ofrecernos una recreación en la que el equilibrio y la belleza sonora se ponen por delante de otras consideraciones. Al menos lo hace así en el Allegro animato, lejos tanto de la serenidad y hondura de un Richter –inalcanzable aquí y en toda la obra– como de la efervescencia de un Thibaudet; la búsqueda de la elegancia y del sabor netamente francés, en cualquier caso, no le impiden ofrecer algunas frases de sublime poesía. Perianes parece cambiar de tercio en el Andante, arrancando con un fuego –controladísimo–, una potencia sonora y un sentido dramático considerables para luego alternar entre pasajes de increíble hermosura en los que hace gala de esa mágica sensibilidad que es marca de la casa con otros en los que los arabescos resultan particularmente encrespados. Sanguíneo a tope –es decir, ortodoxia pura y dura– el Molto allegro conclusivo, pleno de empuje sin caer en la tentación de quedarse lo lúdico– ni perder claridad expositiva, en todo momento excepcional. El holandés Otto Tausk se preocupa más de la globalidad –pulso muy bien sostenido– que del detalle, echándose de menos la claridad de líneas que, por poner un ejemplo, conseguirá Klaus Mäkelä tan solo un año después. En cualquier caso, extrae un formidable partido de la orquesta gallega, que quiere hacer sonar con músculo y no ligera: me parece un acierto. En lo expresivo se muestra muy implicado, moviéndose con convicción entre los distintos ambientes de la partitura; bellísimo su canto en el segundo movimiento, aunque para mi gusto los leves portamentos que incluye son prescindibles. (9)


  7. Rogé. Luisi/Sinfónica de la NHK (YouTube, 2023). Nada menos que cuarenta y cinco años después de su grabación con Dutoit, Pascal Rogé –setenta y dos tacos ya– demuestra seguir siendo un notabilísimo intérprete de la obra, con las mismas virtudes e insuficiencias que en la ocasión anterior. En este sentido, y con todo lo que ha llovido desde entonces, se pueden echar de menos agilidad, variedad en el toque, efervescencia e incluso brillantez, pero también se agradece, y muchísimo, que su fraseo sea cálido, concentrado, efusivo y por completo alejado de frivolidades y nerviosismos varios. Eso sí, el tema “del Nilo” podría estar dicho con mayor emotividad. Luisi se pone al servicio del solista ofreciendo una recreación apolínea, ligera en el mejor de los sentidos, muy bella y dotada de nobleza en el fraseo. Total, la versión opuesta a la de Thibaudet y Nelsons. Imagen problemática, toma sonora irreprochable. (8)


  8. Kantorow. Mäkelä/Orquesta de París (Medici TV, 2023). Dedos finos y larguísimos permiten al joven Alexander Kantorow –veintiseis años– ofrecer una enorme agilidad digital que, junto con una extraordinaria técnica a la hora de regular el sonido en volumen y densidad, se ponen al servicio de una interpretación muy distinta de la de Perianes y Rogé, al tiempo que cercana –sin llegar a sus extremos– a la de Thibaudet. Es decir, efervescencia, incisividad, contrastes marcados y un nervio interno que por momentos se aproxima al nerviosismo, y que en el movimiento conclusivo le hace arrancar de manera excesivamente lúdica –por no decir frívola– para luego ir escorándose a lo meramente virtuosístico. Toca de maravilla, ciertamente, y es difícil resistirse ante su brillantez y comunicatividad, pero entiendo que a esta recreación le falta madurez. Lo mismo puede decirse de Klaus Mäkelä. Algo menos joven que el solista e igualmente bien dotado en la técnica, cosa que demuestra ofreciendo una meridiana clarificación del entramado orquestal, ofrece una lectura que busca y consigue esa sonoridad francesa tan peculiar basada en la ligereza sonora y expresiva, pero a mi entender se pasa de la raya: Fabio Luisi conseguía lo mismo ofreciendo mayor concentración y un fraseo más efusivo. (8)

martes, 27 de agosto de 2024

Mäkelä se estrella contra el Réquiem de Mozart

Concierto de la Orquesta del Concertgebouw bajo la dirección de Klaus Mäkelä celebrado en Ámsterdam en noviembre de 2022. Se encuentra disponible, con excelente calidad de imagen, en Medici TV. El programa contiene dos obras particularmente excelsas: Sinfonía nº 4 de Jean Sibelius y Réquiem de Mozart, este último en la tradicional versión de Süssmayr. El maestro se desenvuelve francamente bien con la primera y se estrella contra la segunda.

La Cuarta de Sibelius se encuentra en la línea a la que tenía grabada con la Filarmónica de Oslo para Decca: ni romántica ni expresionista. La visión del joven director finlandés resulta ante todo esencial. Música pura y despojada, expuesta con extraordinaria depuración sonora y una belleza infinita. No es la opción que más me gusta, pero es una posibilidad sensata, plausible y apta para todos los públicos. Eso sí, llama la atención un Finale bastante animado en el que parece apreciarse una frescura juvenil, incluso un cierto júbilo optimista, que no parece sintonizar de manera coherente con lo propuesto en los movimientos anteriores.

Lo del Réquiem es mucho más discutible. En una orquesta cuyo Mozart ha desarrollado una importante tradición harnoncourtiana podía esperarse una interpretación “de tercera vía”. Es así solo en parte. La plantilla instrumental y coral es reducida. Los cuatro solistas vocales se sitúan delante del coro. Los tempi son rapidísimos. La articulación es ágil, pero no incisiva ni agresiva. El vibrato se encuentra muy moderado, si bien los ataques son ajenos a la praxis “históricamente informada” y el equilibrio entre cuerda y viento es el tradicional. El timbalero hace uso de baquetas dura, sin que sus intervenciones tengan especial énfasis. No se buscan grandes claroscuros ni agresividades. No, esto no es la "tercera vía" que todos tenemos en mente.

Tampoco se trata, en modo alguno, de una interpretación distendida, complaciente ni narcisista. ¿Entonces? Pues mucho tempo que es sencillamente fría. Como un témpano de hielo. Sí, Mäkelä sabe sacar partido del excelente Coro de Cámara de los Países Bajos y obtiene de él interesantes reguladores. Asimismo, trata con enorme limpieza a la formidable cuerda del Concertgebouw y deja que sus maderas canten las melodías sin excesivo apremio, pero la cosa no funciona. Todo transcurre de manera insulsa merced a un fraseo rígido, plano y parco en acentos, salvando no precisamente para mejorar las cosas un Kyrie tan rápido que se acerca a lo convulso y un Domine Jesu que tiende a lo frivolón.

¿Valoración global del uno al diez? Un seis para el maestro, que sube hasta un siete por el rendimiento de orquesta y coro y por un buen cuarteto moderado en vibraciones: notables Sabine Devieilhe, Sasha Cooke y, sobre todo, Julian Prégardien. Benjamin Appl se queda algo corto. 

miércoles, 14 de agosto de 2024

Ya está aquí el Shostakovich de Mäkelä

Nueva campaña de marketing para el doble CD lanzado por Decca que incluye las sinfonías Cuarta, Quinta y Sexta de Shostakovich a cargo de Klaus Mäkelä y la Filarmónica de Oslo, que ha salido hoy mismo y ya he escuchado. No se trata, evidentemente, de un intento de aportar nada especial al universo interpretativo del autor de La nariz, sino de consolidar el estrellato del joven maestro finés, al que decididamente le pueden las prisas: su talento queda fuera de toda duda, pero de ahí a la genialidad hay un buen trecho. Porque en estas tres sinfonías, como veremos, no todo es excepcional.

En el primer movimiento de la Cuarta Mäkelä ya deja clara su plena comprensión del universo shostakoviano, tanto en lo que al lenguaje sonoro se refiere como al contenido tras las notas, pero da la impresión de que no se termina de lanzar en plancha frete a una música que necesita pleno compromiso: por momentos su lectura, de irreprochable trazo y momentos muy logrados –cabalgada en mitad del movimiento, justo cuando arranca el segundo track de esta edición–, resulta algo aburrida. La excelencia sí que la alcanza en el segundo movimiento, cuya fantasmagoría –alucinante juego de las maderas en el minuto seis– se encuentra plenamente conseguida. El alto nivel prosigue en el tercero, planteado aquí no desde la rabia sino desde ese “más allá” que empezó a explorar Rostropovich en sus recreaciones; a destacar, en este sentido, el exquisito tratamiento tímbrico que resulta de dar las adecuadas indicaciones a los miembros de la orquesta, así como la lentitud de una coda que bajo la batuta de Mäkelä, antes que nihilista, suena particularmente misteriosa.

Nuestro artista se decide a ofrecer una visión “abstracta” de la Quinta. Ni “la respuesta de un artista soviético a unas críticas justas”, ni todo lo contrario. Música, solo música. Lo hace bien, pero se queda a mitad de camino. El primer movimiento se encuentra muy correctamente planteado en lo expresivo y admirablemente expuesto; la marcha central resulta amenazadora antes que grotesca, lo que quizá no sea la opción más certera. Magnífico trabajo de planificación en el Allegretto, en el que las maderas de Oslo lucen su virtuosismo y el primer violín hace gala de una atractiva mezcla entre elegancia e ironía; por descontado, lo corrosivo queda fuera de los planteamientos manejados por Mäkelä. Muy bien el Largo, solo eso: hermoso e intenso sin necesidad de romantizarlo “a la Mravinsky”, pero cosas mucho más lacerantes se han escuchado. Correctísimo el Finale, venturosamente alejado de los excesos y muy bien tensado. Y ahí queda la cosa. Esta música pide más, mucho más, para terminar de convencer.

Mäkelä triunfa por completo en el primer movimiento de la Sexta sorteando sus dos grandes problemas: mantener el pulso durante su larga duración –adopta un tempo menos lento que la media, sin perder por ello misterio ni hondura– y resultar doliente sin caer en lo quejumbroso. Su batuta planifica bien las tensiones, inyecta honda emoción y sabe equilibrar lo rebelde con lo reflexivo desde una convicción plena. El Allegro lo resuelve de manera satisfactoria, esto es, con sentido dramático y carácter implacable, marcando bien aristas sin voluntad de resultar especialmente visceral. En el Presto conclusivo tiene bien claro que la interpretación no debe resultar en absoluto risueña ni distendida, sino cargada de tensiones, pero aquí quizá se pase un poco de frenada: le falta ese punto de carácter vulgar, cabaretero y circense que con mucha mala leche Shostakovich enfrentó con todo lo anterior: para resaltar la ironía no siempre es lo más adecuado poner cara seria, sino recrearse en ella.

¿Conclusión? Magníficas Cuarta y Sexta, pero lejos de las referencias, y Quinta buena sin más. Magnífico sonido Atmos en la plataforma Amazon Music. Veintiún euros en formato físico: no se los gaste.

domingo, 7 de abril de 2024

Mäkelä hace Stravinsky en el Carnegie Hall

¡Menuda la está montando Klaus Mäkelä con su cuádruple titularidad! Oslo, París, Concertgebouw y ahora nada menos que Chicago. ¿Decisión acertada por parte de orquestas y batuta? Rotundamente no. Una cosa es dirigir varias semanas del año a distintas formaciones y otra ser su titular. El puesto de Chief Conductor exige más, muchísimo más que lo otro. En realidad, deberían nombrarle Principal director invitado: vienes, diriges uno o dos meses y te vas. Punto. Ellos sabrán.

Lo cierto es que al joven maestro finlandés no le falta talento, circunstancia que he querido confirmar viendo en Medici TV su aparición en marzo de este mismo año en el Carnegie Hall de Nueva York poniéndose al frente de la Orquesta de París. Lo hizo con al mismo programa Stravinsky de su disco dos años anterior ya comentado en este blog.

El pájaro de fuego recibe una interpretación sensacional, pero da la impresión de que no llega a la increíble altura del audio. Quizá la razón se encuentre en la toma, mucho menos buena: es posible que los ingenieros de Decca fueran en no pequeña medida responsables de la increíble calidad de aquel registro. En cualquier caso, se agradece muchísimo disfrutar con imágenes de esta recreación llena de inmediatez y sensualidad a la que, nuevamente, se le puede reprochar un final algo apresurado.

En lo que se refiere a La Consagración de la primavera, Mäkelä repite su aproximación tan fresca y comunicativa como fabulosamente planificada. Desconcierta un tanto en el arranque del fagot, pero acierta plenamente al acentuar tanto lo que esta página tiene de atmósfera como su brutalidad, sin necesidad de extremar los contrastes de manera artificiosa, para luego ofrecer una segunda parte toda ella sensacional. La orquesta parisina realiza una labor formidable, si bien hay que apuntar ciertos desajustes y algún despiste que, todo hay que decirlo, no se produce en los live de una Filarmónica de Berlín. ¿Mucho "corta y pega" en estudio, por tanto, a la hora de sacar los CD en Decca? Efectivamente. El propio artista lo confirma aquí.

viernes, 21 de abril de 2023

Más Sibelius por Mäkelä: Tercera y Cuarta

Tercera sinfonía: magnífico trazo, formidable sonoridad, belleza sonora... Pero al final a Mäkelä le pasa lo que a tantos directores, se queda en la parte más o menos distendida y pintoresca de la página y no logra extraer la poesía que albergan los pentagramas, que terminan pareciendo más superficiales de lo que en realidad son.

La Cuarta es una música muy distinta en carácter, sombría y llena de tristeza. A mí me recuerda muchísimo a mi adorado Bernard Herrmann que, claro está, es posterior en el tiempo. Mäkelä decide no hurgar en la llaga: todo está francamente bien, pero no hay ni atmósfera, ni lirismo lacerante ni desgarro emocional. Lo siento, pero no es suficiente para hacer justicia a esta obra maestra.

martes, 18 de abril de 2023

Primera de Sibelius por Mäkelä

Con bastante retraso, Decca se digna a pasar –al menos en la plataforma Tidal– a Dolby Atmos la sinfonías de Jean Sibelius por su niño mimado Klaus Mäkelä. Me decido, pues, a completar la audición de su aplaudido ciclo, empezando por la Sinfonía nº 1.

Comienza con alguna excentricidad, como dejando claro desde el principio lo que se va a ir revelando conforme pasan los minutos: esta es, claramente, la versión de un director joven y con ganas de comerse el mundo, vistosa y de enorme inmediatez comunicativa, al tiempo que muy personal en concepto y en detalles, apostando para ello por una visión particularmente áspera y combativa de esta partitura. Es decir, en el extremo opuesto a un Karajan, un Bernstein o un Rattle –sensacional Lenny en su registro en Viena, no así los otros dos– y moviéndose más bien en el terreno de un Barbirolli, un Ashkenazy o un Paavo Järvi. ¿El problema? Sir John lo hizo mucho mejor, mientras que el jovencísimo maestro finlandés solo alcanza inspiración verdaderamente grande en algunos pasajes del movimiento conclusivo. Por lo demás, perfecto control de la Filarmónica de Oslo y sonido Sibelius cien por cien.

jueves, 30 de marzo de 2023

Sensacional Stravinsky de Mäkelä

No he podido evitar cogerle tirria a Klaus Mäkelä: tan monumental ha sido la campaña de la prensa en torno a este señor –fácil comprar portadas cuando las revistas andan más bien secas de efectivo–, tan incuestionablemente se encuentra respaldado por alguien o algo con mucho dinero, y tan floja es la Sexta de Mahler aquí comentada, que uno no puede dejar de arquear las cejas cuando quienes no han escuchado nada o casi nada de un jovencito sin discos caen rendidos a sus pies. ¡Vaya la que montaron con su Sibelius! De ahí, a jefe nada menos que de la Concertgebouw. Saca ahora Decca un disco con La consagración de la Primavera y El pájaro de fuego, este último en la versión completa del ballet –83 minutos de disco– en el que el maestro finlandés se pone al frente de la Orquesta de París. Otra maniobra comercial, pensé. Pues sí, pero no solo eso. Sorpresa monumental: aquí está la mejor versión de The Firebird que haya escuchado en mi vida.


¿Incluido Boulez? Sí, también. Sin llegar al grado extremo de claridad y depuración sonora que el maestro francés consiguió con la Sinfónica de Chicago y la Filarmónica de Viena, se le acerca muchísimo en este sentido y añade un sentido del color más rico, mayor variedad expresiva y –sobre todo– un sentido teatral considerablemente más desarrollado. La recreación de Mäkelä sabe ser al mismo tiempo sinfonismo puro y ballet puro. Ese es el milagro: encontramos una radiografía maravillosa de la escritura orquestal, fascinante paleta tímbrica y sentido de la brillantez en su justa medida, pero también mucha, muchísima narración, todo ello expuesto con un sentido del matiz expresivo fuera de serie. Ayuda una toma de lujo que sabe situar los micrófonos cerca para que no se pierda un detalle, pero ahí hay detrás un soberbio trabajo tanto técnico como expresivo formidable que demuestra que nos encontramos ante un director de enorme potencial y, no vayamos a dejarla en segundo lugar, ante una Orquesta de París que se encuentra en el mejor momento de su historia. ¿Algún reparo? El final lo encuentro demasiado rápido: me hubiera gustado más solemne y grandioso. También es verdad que se puede echar de menos la enorme sensualidad que desplegaba Seiji Ozawa en su registro de Boston, así como la poesía infinita que Giulini obtenía en la Berceuse en sus registros de la suite habitual, pero ya les digo: de la versión de tres cuartos de hora, esta es globalmente la que más me gusta.

En cuanto a Le Sacre du Printemps, volvemos a encontrarnos ante una enorme interpretación, clarísima y con el ritmo en los huesos, dicha de un solo trazo y muy directa al grano sin dejar de explorar mil y un detalles, pero aquí sí que se echa de menos una visión más plural: un Chailly y un Rattle han demostrado que la brutalidad no tiene por qué estar exenta de atmósfera, misterio, calidez e incluso calidez tímbrica. Tampoco Mäkelä es el no va más de la electricidad y la tensión interna, pese al espléndido nivel alcanzado.

La conclusión la tengo clara: lo mejor es dar tiempo al tiempo y disfrutar de discos tan maravillosos con este sin que te estén mareando desde los medios. 

PD. Hurwitz pone a parir el disco (aquí). Cada día comprendo menos a este señor.

domingo, 28 de agosto de 2022

Musikfest Berlín 2022: Klaus Mäkelä y la Concertgebouw

Hay dos maneras de valorar la Sexta sinfonía de Gustav Mahler que le acabo de ver y escuchar a Klaus Mäkelä al frente de la Orquesta del Concertgebouw, filmación en directo con que se ha inaugurado el Musikfest de Berlín de este año. Una, desde el punto de vista de lo que es realmente el director finés: un chico de veintiséis años que rebosa talento. Otra, desde lo que nos quiere vender una intensísima campaña de promoción detrás de la cual, sospecho, debe de haber bastante dinero de por medio: la mayor revelación en el mundo de la batuta desde tiempos de Furtwängler.

Si optamos por la visión desde el primer prisma, solo caben el entusiasmo absoluto y el más fuerte aplauso. Porque resulta asombroso que alguien de su edad –y por ende, sin una experiencia larga al frente de formaciones sinfónicas– sea capaz de conseguir no solo que la increíble orquesta holandesa rinda en plenitud de facultades, sino que una partitura de la complejidad técnica de la Trágica mahleriana se desarrolle con un pulso tan firme, una claridad tan meridiana, una tímbrica tan rica y –más importante aún– una expresión tan centrada: implacable y directa al grano, ha sido una lectura sin espacio para blanduras, amaneramientos ni decadentismos. Bravo, bravísimo por el joven maestro.

Ahora bien, si pensamos en esas míticas recreaciones fonográficas de la obra, las de Barbirolli con la New Philharmonia y la de Bernstein con la Filarmónica de Viena a la cabeza, la cosa cambia. A la propuesta de Mäkelä le falta personalidad, le faltan ideas y le falta una inmersión total en el mundo de contrastes –de lo sublime a lo grotesco– que propone Mahler en la que es una de sus mejores partituras. Está francamente bien el primer movimiento, pero solo eso: necesita un poco más de atmósfera, aunque al menos no cae en el carácter algo lúdico por el que apuestan otros directores. El sublime Andante moderado –colocado en segundo lugar– me ha parecido algo frío; mejor eso que destapar el tarro de la miel, claro está. Bien, sin mucha negrura ni mala leche, el Scherzo. El Finale ha estado en la línea del primero, pinchando en el clímax antes de la disolución final, a mi entender no del todo preparado. Con el tiempo Mäkelä podrá madurar su interpretación y darle una vuelta de tuerca a la planificación de tensiones para que el resultado sea menos lineal. De momento, y para explicarlo de otra manera, si esta Sexta saliera en disco sería una interpretación notable y digna de escuchar, pero mucho más interesante por el continente que por el contenido, y alejada de las grandes referencias.

En cuanto a la orquesta, resulta interesante compararla con la Filarmónica de Berlín: su nivel técnico es el mismo, es decir, el más alto posible, pero sus primeros atriles no resultan tan extraordinariamente musicales como los berlineses. Dicho esto, ¡qué maravilla la de Ámsterdam! A ver qué hace con ella su nuevo titular, obviamente Mäkelä.

Se me olvidaba: antes de Mahler se ha ofrecido el tríptico Orion de Kaija Saariaho. Como no conozco casi nada de la compositora finlandesa, solo puedo decir que me ha gustado mucho, y que el segundo movimiento me ha parecido fascinante por su sutil, imaginativa y sensualísima paleta impresionista.

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En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...