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sábado, 29 de agosto de 2026

Rapsodia española, de Ravel: discografía comparada

ACTUALIZACIÓN - 29.VIII.2026

A la entrada original del 21 de septiembre de 2015 añado ahora Ormandy en estéreo, Giulini/Philharmonia y Barenboim/2022. Aunque he vuelto a escuchar alguna otra y realizado ligeras reformas en el texto, pasa lo de siempre: la mayoría de los comentarios me parecen anticuados y desearía volver de nuevo a la mayoría de las grabaciones para volver a valorar. Tarea imposible, claro. Mejor dicho: inconveniente. Es preferible realizar comparativas nuevas que volver una y otra vez sobre lo mismo.

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Compuesta entre 1907 y 1908, primero para dos pianos e inmediatamente después para orquesta, Rapsodie Espagnole fue la primera gran obra sinfónica de Maurice Ravel, y también la partitura en la que comienza a dejar clara su admiración por lo que ocurría al sur de los Pirineos.

Siendo una obra de corte impresionista –la Iberia de Debussy es ligeramente posterior–, parece claro que la creación de una atmósfera difusa y la sensualidad del color deben ser dos de los principales objetivos de toda interpretación. Pero no es menos importante encontrar el punto adecuado de equilibrio entre esa elegancia refinada tan particular que habitualmente asociamos con “lo francés”, por un lado, y el carácter más racial, más rústico si se quiere, que pide la idea de “lo español” presente en la partitura. Y tampoco se debe dejar de indagar en los fascinantes aspectos oníricos, por momentos tenebrosos, que se esconden en los pentagramas, al tiempo que se ofrece el imprescindible toque festivo y se despliega una paleta sinfónica que también busca, todo hay que decirlo, llegar por la vía más directa y seductora a los sentidos: la del puro espectáculo sonoro.

No me ha resultado fácil realizar la siguiente comparativa. Algunas interpretaciones las he tenido que escuchar varias veces y, aun así, no me ha quedado del todo claro hasta qué punto funcionan. También es cierto que he leído por ahí recomendaciones a algunos críticos famosos que no me han convencido en absoluto. En cualquier caso, las siguientes notas pueden servir como aproximación a una discografía en la que, a mi entender, pocos directores han terminado de dar en la diana. Uno de ellos por encima de los demás, pero lastrado por orquestas que no son ninguna maravilla: Sergiu Celibidache. He dudado mucho si dejar a Previn/RPO y Barenboim en el nueve o subirles al diez; una nota intermedia quizá sea lo más justo.

Los cuatro movimientos de la obra, de los cuales el tercero no pertenece a las fechas arriba indicadas sino que se remonta a 1895, son lo siguientes:
  1. Prélude à la nuit.
  2. Malagueña
  3. Habanera.
  4. Feria. Assez animé.



1. Walter/Sinfónica de la NBC (Arbiter, 1940). Tiene su morbo escuchar al maestro berlinés, recién exiliado a EEUU huyendo del régimen nazi, poniéndose al frente de la orquesta de Toscanini para interpretar un repertorio en principio poco afín a su sensibilidad. Pero lo cierto es que la toma sonora, inevitablemente pobre para esta música, permite entrever a un Walter magníficamente encaminado en el estilo, lleno de buena voluntad y plagado de intuiciones propias de una gran batuta, al que solo le falta pulir una serie de detalles y otorgarle mayor unidad al conjunto. (8)



2. Karajan/Orquesta Philharmonia (EMI, 1953). Con la excepción de una Feria llena de vida, color y brillantez, el salzburgués se limita a hacer una exhibición de virtuosismo, equilibrio y refinamiento sin lograr transmitir la sensualidad y la atmósfera que emanan de los pentagramas. Tampoco la toma sonora le ayuda precisamente. ¿Por qué tantos se empeñan en reivindicar al Karajan de esta época? Luego fue mucho mejor director. (7)




3. Furtwängler/Filarmónica de Viena (DG, 1954). Tampoco era Furt un director que frecuentase precisamente este repertorio, pero el maestro deja aquí constancia su categoría como la más genial batuta de su tiempo con una recreación llena de misterio y de poesía, surcada por extrañas ráfagas de fuerza controladas por una técnica de batuta absolutamente magistral y, sobre todo, dicha con un sentido de la flexibilidad y la imaginación que ejemplifican de manera perfecta el concepto de la dirección de orquesta como “arte de la transición” (Barenboim dixit) que tenía el inolvidable director alemán. Lástima que entonces la orquesta tuviera por entonces sus más y sus menos. (8)


Ravel Rapsodia Monteux Boston

4. Munch/Sinfónica de Boston (RCA, 1956). Una toma sonora increíble para la época –alucinante la audición en SACD, aunque haya que sufrir el tráfico rodado junto al Boston Symphony Hall– recoge esta interpretación llena de vida y de color, elegante en su punto justo, dicha con la adecuada concentración pese a que los tempi son más bien ágiles y trabajada con pinceles finos frente a una orquesta que, sin alcanzar en modo alguno el portentoso virtuosismo que tendrá en la época de Ozawa, era ya entonces espléndida. Falta un punto de sensualidad y atmósfera, pero eso lo ofrecerá el maestro francés en un acercamiento posterior. (9) 


Reiner Chicago Sound

5. Reiner/Sinfónica de Chicago (RCA, 1956). Otra toma de calidad asombrosa nos trae a un Reiner sorprendentemente lento –al maestro de origen húngaro nunca le fue eso de dilatar los tempi– en Prélude à la nuit –que suena más contemplativo que inquietante– y en la sección central de Feria, pero lo cierto es que la morosidad no le permite conseguir del todo esa atmósfera sensual y seductora que esta música necesita y que al maestro no le resultaba muy afín. Tampoco resulta muy poético ni imaginativo. Sí que nos ofrece, eso desde luego, un espléndido sentido de lo teatral, una brillantez tan comunicativa como por completo ajena al escándalo gratuito y un soberbio trabajo de planificación –claridad impresionante, aunque algún detalle se le escapa– con una orquesta que ya entonces empezaba a ser extraordinaria. (8)


Ravel Rapsodia Ansermet

6. Ansermet/Orquesta de la Suisse Romande (Decca, 1957). Tal vez parte de la sensación se deba a lo desangelado de la temprana toma estereofónica, pero lo cierto esta recreación resulta algo seca, nerviosa y deslavazada, incluso no del todo conseguida en el estilo, cosa extraña porque en aproximaciones algo posteriores del maestro suizo a este repertorio sí que conseguirá por completo ese particular perfume poético, atmosférico y evanescente, de lo que habitualmente conocemos como “lo francés”. Tampoco las resoluciones técnicas están realizadas con la mejor depuración sonora –lógico, la orquesta no es ninguna maravilla–, aunque aquí y allá pueda distinguirse algún detalle tímbrico poco habitual, como puede ser la trompeta en la primera sección de Feria. (7)


Ravel Rapsodia Barbirolli

7. Barbirolli/Hallé Orchestra (Criterion, 1958?). Interpretación atractiva por la incisividad con que está tratada la orquesta y por la garra de los momentos extrovertidos, pero en la que terminan pesando más las limitaciones de la orquesta, la falta de verdadero misterio y, sobre todo, el excesivo nerviosismo de un Sir John que no acierta con el tono poético de la partitura. La toma sonora es muy pobre. Solo para curiosos. (7)


Ravel Rapsodia  Monteux LSO

8. Monteux/Sinfónica de Londres (Decca, 1961). Nada menos que ochenta y seis años tenía el maestro parisino cuando realizó esta grabación, la verdad es que sin mucho acierto: su batuta se muestra muy centrada en el estilo pero irregular, pasando de un Preludio rápido y más bien aséptico a una Malagueña misteriosa pero algo pesadota y a una Habanera atmosférica y sensual, para terminar con una Feria con chispa, no del todo poética, en la que las tensiones se distribuyen de manera desigual; sorprendentemente seco el final de la coda. (7)

 
Ravel Rapsodia Cluytens

9. Cluytens/Orquesta de la Asociación de Conciertos del Conservatorio (EMI, 1962). suele decirse que este Ravel es uno de los más “auténticos” del disco, esto es, de los que mantienen viva la tradición francesa de la época de Ravel. Puede ser. A nivel tímbrico, la orquesta del Conservatorio de París ofrece una tímbrica distinta del sonido estándar que hoy impera a uno y otro lado del océano; singular, por cierto, el instrumento de madera grave que no sé si es el contrafagot o el sarrusofón prescrito por Ravel. A nivel propiamente interpretativo, la batuta del maestro flamenco recrea la obra de manera particularmente curvilínea, trabajando con mucha plasticidad los colores y consiguiendo ese sabor francés tan característico sin detrimento de recrear Feria con brillantez y garra de sabor más español. Ahora bien, a veces el fraseo es algo más parsimonioso de la cuenta –sobre todo en Malagueña–, y hay pasajes un poco rebuscados, faltos de la naturalidad y de la fluidez que otros directores en principio menos idiomáticos han resuelto con mayor lógica musical e inspiración. Excelente el reprocesado de 2011: si se escucha en el formato audio de alta calidad, se puede disfrutar de una toma sonora francamente satisfactoria para la época. (9)
 


10. Ormandy/Orquesta de Philadelphia (CBS, 1963). El maestro de Budapest se toma las cosas con calma, paladea la música y la traza con una considerable dosis de sensualidad. No le termina de funcionar el enfoque en el primer número: se beneficia de los soberbios primeros atriles de la orquesta, pero Ormandy no matiza lo suficiente y a la postre resulta algo parco en misterio. La Malagueña, lenta y falta de impulso, resulta sin embargo atractiva por su carácter insinuante. Magnífica la Habanera, muy atmosférica. Feria encuentra el punto de equilibrio entre brillantez y sensualidad, sin dejarse llevar por los tópicos. Notable recreación, en definitiva, aunque hay que hacer constar que con el paso de los años se irán escuchando recreaciones de mayor transparencia, depuración sonora y brillantez. (8)



11. Giulini/Orquesta Philharmonia (EMI, 1966). Adoptando unos tempi lentísimos que le facilitan realizar un soberbio, literalmente insuperable análisis de líneas y texturas, pero sin descuidar la tensión interna del discurso –la concentración es enorme–, el de Barletta ofrece una lectura extremadamente depurada en lo sonoro y abiertamente “antirromántica” en su estética: como en su Debussy de años atrás con la misma orquesta, su apuesta fue la de encontrar un lenguaje interpretativo propio para el repertorio impresionista que pusiera de relieve la novedad del lenguaje, y para ello puso el estatismo, el peso de los silencios y el distanciamiento expresivo por delante de otras consideraciones, pero sin olvidar esa mezcla de elegancia y naturalidad en el fraseo que caracterizan su batuta. Podrán preferirse lecturas más coloristas y animadas, pero esta es modélica en su línea. Extraño que cuando Giulini vuelva a la obra lo hará de manera distinta y mucho menos convincente. Impresionante el reprocesado de 2025: suena de escándalo. (9)

 
Martinon Chicago

12. Martinon/Sinfónica de Chicago (RCA, 1968). Pocos años antes de sus magistrales grabaciones de Ravel frente a la Orquesta de París, el maestro francés llevó al disco algunas piezas del referido autor frente a una Chicago Symphony ya formidable que, en conjunción con una batuta tan brillante como detallista, dio una verdadera lección de virtuosismo y precisión. Ahora bien, hay que reconocer que esta Rapsodia, siendo muy atractiva por su chispa y comunicatividad, sobre todo en Feria, resulta en exceso nerviosa en los movimientos impares; en este sentido, el Preludio y sus subsiguientes reapariciones ofrece excesiva agitación y desprende escasa sensualidad. Martinon se tomará la grabación en París con más sosiego en todos los movimientos y allí sí, con una orquesta mucho menos virtuosística pero más idiomática, los resultados serán formidables. (8)
 

Ravel Rapsodia Munch EMI

13. Munch/Orquesta de París (EMI, 1968). Valiéndose de unos tempi mucho más lentos que los de su versión en Boston (16’36’’ frente a 14’54’’) y de una orquesta menos brillante pero perfecta para este repertorio –admirables las maderas– como es la de París, un Munch de setenta y siete años da la absoluta lección de idioma con una lectura perfecta en el tratamiento del fraseo y del color, sensuales y embriagadores en grado sumo, que va desde un Preludio de atmósfera bien cargada y lleno de embrujo hasta una Feria elegante y con garra, pasando por una Malagueña dicha con salero y una Habanera de tan sutiles como magistrales matices agógicos. Quizá se podría sacar más partido del algún pasaje y aclarar un poco más las texturas, pero el conjunto es un verdadero paradigma de lo francés. La muy notable toma sonora, realizada en la célebre Salle Wagram, contribuye a cargar de atmósfera la realización. (9)
 
 
Ravel Boulez CBS

14. Boulez/Orquesta de Cleveland (Sony, 1969). El tópico tiene base: con Boulez nos encontramos ante un prodigioso análisis de timbres, texturas y planos sonoros, también con una enorme objetividad. Pero no se puede decir esta vez que la interpretación sea fría, porque tiene vida y tensión interna. En todo caso, distanciada y misteriosa antes que sensual, perfumada o chispeante. No es el ideal, pero desde semejante prisma resulta irreprochable. (8)
 
 
Ravel Rapsodia Haitink CD

15. Haitink/Orquesta del Concertgebouw (Philips, 1973). Perfecto organizador de la arquitectura, exacto y objetivo probablemente hasta el exceso, al maestro holandés no se le mueve un pelo en esta recreación admirablemente planificada y soberbiamente tocada, dicha con la sensibilidad apropiada y con el más exquisito gusto, pero un tanto falta de alma, de vida, o al menos de sal y pimienta. A destacar, en cualquier caso, el carácter especialmente obsesivo que adquieren el Preludio y la Habanera bajo la batuta de Haitink; en el lado negativo, la sección central de Feria, resulta demasiado parsimoniosa. La toma sonora no posee la mejor tímbrica posible, pero sí una amplia gama dinámica. (8) 
 
 
Ravel Rapsodia Bernstein NYP

16. Bernstein/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1973). Interpretación de excelente trazo global, aunque más atenta a la comunicatividad que al detalle, más emocionante que sensual o atmosférica, pero en todo caso muy notable. Pierde un poco el último movimiento, que podría ser más emotivo y también más cuidadoso en las texturas. La portada del vinilo original es de traca. (8)
 
 
Ravel Rapsodia Ozawa

17. Ozawa/Sinfónica de Boston (DG, 1973?). Con Ozawa al frente de una Boston Symphony de cualidades excepcionales alcanzamos el cénit en lo que a elegancia y refinamiento en el tratamiento de colores y texturas se refiere, verdadero punto fuerte del maestro oriental, como lo es también su fraseo sinuoso y fluido, ideal para esta música, amén de su espléndida capacidad concertadora. Ahora bien, el Preludio resulta nervioso antes que atmosférico, mientras que Feria cae puntualmente en el escándalo gratuito. (9)


 

18. Martinon/Orquesta de París (EMI, 1974). Impagables las maderas francesas en una lectura caracterizada precisamente por su cuidadoso y absolutamente idiomático tratamiento de colores y texturas, además de por la perfecta conjunción que consigue la batuta entre elegancia, sentido del misterio y fuerza expresiva; el Preludio resulta algo más nervioso de la cuenta –no tanto como en su grabación con Chicago, desde luego–, pero el resto es formidable y culmina con una Feria particularmente extrovertida y colorista. (9)


Ravel Rapsodia Skrowaczewski

19. Skrowaczewski/Orquesta de Minnesota (1974). Verdadera sorpresa escuchar una interpretación tan notable en este repertorio a un director como Stanislaw Skrowaczewski –cincuenta y un años por entonces, y todavía hoy en activo–, tan centrada en el estilo y tan certera a la hora de ofrecer sensualidad embriagadora. Eso sí, su lectura es algo más brumosa de la cuenta –puede influir la grabación- y se echa de menos una disección más detallada de las texturas. Tampoco las tensiones están del todo aquilatadas: algo alicaída la Habanera. (8) 
 
 
Ravel Rapsodia Celibidache DG

20. Celibidache/SWR Stuttgart (DG, 1976). Otro mundo. El maestro rumano fue un genio del color, de la plasticidad orquestal, de la sensualidad y de la atmósfera, lo que le convertía en un intérprete ideal de este repertorio aunque fuera al frente de orquestas tan limitadas como la de Stuttgart. Fue además un músico personal y creativo como pocos, que cuando lograba no sucumbir a sus propias extravagancias o no se empeñaba en experimentos estilísticos muy discutibles, alcanzaba cotas inigualables de genialidad. Es el caso. En el Preludio, llevado con lentitud extrema sin merma alguna de la concentración, Celibidache subraya los aspectos más modernos de la música emparentándola con la abstracción debussysta: por momentos parece que estamos escuchando el primer movimiento de los Nocturnos. Malagueña está dicha con fluidez y mucho salero. Habanera derrocha un perfume embriagador. Y Feria es una explosión de colorido y alegría –podía estar un poco más paladeada melódicamente– dicha con pinceles muy finos y una gran matización en las dinámicas. En este sentido, es una suerte que el reprocesado realizado por DG respete la amplia gama de la toma radiofónica, aunque en cuestión de planos sonoros ésta diste de ser precisamente una maravilla. (10)
 
 
Ravel Rapsodia Muti

21. Muti/Orquesta de Philadelphia (EMI, 1979). Un verdadero ejercicio de virtuosismo por parte de orquesta y director donde se revelan interesantes detalles de la orquestación, pero en el que se echan en falta mayor sensualidad y sentido del misterio, así como mayor imaginación y personalidad. No es lo mejor del maestro italiano en el repertorio impresionista. (8) 



22. Giulini/Filarmónica de Los Ángeles (DG, 1979). El de Barletta nos ofrece una interpretación perfecta en el estilo, depurada en lo sonoro y de expresividad exquisita pero no por ello escasa en sal y pimienta, en la que sorprende un primer movimiento mucho antes nervioso que lleno de brumas –acertadas intervenciones de las maderas– y defrauda una coda más bien precipitada, incluso un punto ruidosa. (8) 
 

Ravel Rapsodia Maazel Francia

23. Maazel/Orquesta Nacional de Francia (Sony, 1981). Interpretación elegante, de trazo fino y perfume francés conseguido más en la levedad bien entendida con que suena la orquesta, obviamente jugando en casa, que en lo que a sensualidad y atmósfera embriagadora se refiere. En este sentido, la interpretación resulta más luminosa y colorista que sensual, seductora y llena de misterio. Sobra, además, algún amaneramiento en Malagueña. (8)
 
 
Ravel Rapsodia Dutoit

24. Dutoit/Sinfónica de Montreal (Decca, 1981). El maestro suizo no es probablemente un director genial, pero sí un intérprete de Ravel de considerable altura, como demuestra en esta Rapsodia admirablemente idiomática, dicha ya que no con particular creatividad o inspiración, sí con entusiasmo bien controlado, exquisito gusto, apreciable comunicatividad y irreprochable equilibrio entre trazado global –nada de nerviosismo aquí– y atención al detalle, todo ello contando con la complicidad de una estupenda Sinfónica de Montreal a la que hace sonar con levedad, refinamiento y sensualidad en su punto justo. Excelente la toma. (9)

 

25. Abbado/Sinfónica de Londres (DG, 1985). Interpretación vistosa pero muy superficial, dicha de pasada, fuera de estilo, sin sensualidad, sin misterio y sin todo el refinamiento deseable. Solo se salva Feria: aun con las mismas insuficiencias, luciendo brillantez y entusiasmo que en el final terminan convirtiéndose en efectismo. La grabación podía ser mejor. (6)
 
 
Ravel Rapsodia Previn RPO

26. Previn/Royal Philharmonic (EMI, 1985). Lenta, introvertida y atmosférica recreación, de gran refinamiento tímbrico y admirable claridad, llevada siempre con elegancia y un gran olfato para el “embrujo” seductor, consiguiendo empaque sinfónico en el último movimiento sin dejarse llevar por la brillantez ni el decibelio, y eso que la gama dinámica es muy amplia y está muy bien recogida. (9)



27. López-Cobos/Sinfónica de Cincinnati (Telarc, 1988). Interpretación bien trazada, cuidadosa y dicha con buen gusto, pero un tanto escasa de atmósfera, de sensualidad y de vuelo poético. También bastante impersonal, a decir verdad. Los efectismos de la toma sonora en Feria no pueden ocultar la etiqueta de “Made in USA”. (7)


Ravel Rapsodia Karajan DDD

28. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1987).  Karajan demuestra su absoluto dominio de la orquesta con una interpretación de una exactitud y perfección técnica impecables, de sonoridad hermosa, refinada en el mejor de los sentidos, brillantísima –sin excesos– cuando debe y trazada con enorme fluidez, pero en el plano creativo el salzburgués resulta un tanto desconcentrado –Preludio– e indiferente, incapaz de destilar toda la poesía que proponen los pentagramas, y cuando aparece algún detalle personal aislado –Malagueña– se consigue más rebuscamiento que inspiración. La toma sonora es portentosa. (8)


Ravel Rapsodia Svetlanov

29. Svetlanov/Orquesta Sinfónica Académica del Estado (Russian Disc, fecha indeterminada). Una toma sonora plagada de deficiencias apenas impide disfrutar de esta recreación muy sugestiva, de carácter curvilíneo y tímbrica mucho más refinada de lo esperable en una orquesta rusa, que triunfa en una Habanera muy sensual y cojea por una Feria alicaída en las tensiones. (8)



30. Barenboim/Sinfónica de Chicago (Erato, 1991). Pocas veces se ha tocado esta partitura con semejante perfección y ha sido recogida con semejante naturalidad y transparencia, sin necesidad de meter los micrófonos encima de cada instrumento y logrando una enorme espectacularidad sin darle excesivo relieve a la percusión. Todo ello, además, con limpieza asombrosa y un brillo en el agudo insuperable. Barenboim ofrece enorme concentración en el Preludio –impresionante el regulador con que se abre–, se desenvuelve con tanta elegancia como sentido del misterio en los dos siguientes números y triunfa por completo en una Feria llena de garra, de chispa y de sentido español, pero trazada con pinceles y cantando sus melodías con naturalidad y efusividad admirables. Falta un último punto de sensualidad y de creatividad, pero el virtuosismo de los “chicagoers” compensa semejantes limitaciones. (9)


Ravel Rapsodia  Boulez Berlín

31. Boulez/Filarmónica de Berlín (DG, 1993). Al frente de una orquesta sensacional, superior sin duda a la Orquesta de Cleveland de los sesenta, Boulez no repite su grabación anterior sino que, aun siempre desde su proverbiales objetividad y distanciamiento, aporta parámetros nuevos. En este caso, unos tempi considerablemente más lentos –sobre todo en la Habanera: 3’27'' frente a los 2’42’’ de entonces– que permiten una claridad analítica todavía mayor, hasta el punto de revelarse detalles que apenas podemos percibir en otras interpretaciones, pero también hacen que el resultado sea algo parsimonioso y se pierdan vitalidad e inmediatez. A la postre, aquí sí se puede hablar de la frialdad del músico francés. La toma sonora es una de las mejores que haya recibido esta obra en disco compacto. (8) 
 
 
Ravel Rapsodia Celibidache Munich

32. Celibidache/Filarmónica de Múnich (Blu-ray Euroarts, 1994). El espectacular juego agógico y dinámico de los primeros compases, un prodigio tanto de técnica de batuta como de atrevimiento, ya deja bien claro que nos vamos a encontrar una interpretación muy especial. Y así es. Desarrollando con mayor finura y sensibilidad, también mayor atrevimiento, las ideas ya presentes en su grabación en Stuttgart, Celi ofrece una lectura lentísima y personalísima, matizada hasta el límite, de prodigiosa tímbrica, elevada sensualidad y desarrolladísimo sentido del misterio, bordeando a veces el amaneramiento –Habanera–, pero haciendo al mismo tiempo reveladores descubrimientos. El perfume español está plenamente conseguido sin caer en tópicos. Admirables los solistas, aun tocando, como toda la orquesta, al límite de sus posibilidades. (10) 
 
 
 Ravel Rapsodia  Maazel Viena

33. Maazel/Filarmónica de Viena (RCA, 1996). De nuevo el maestro de origen francés hace gala de una prodigiosa combinación de elegancia, claridad, refinamiento y sentido del color, ofreciendo texturas aéreas y unas veladuras sorprendentes con la que tiene mucho que ver la sonoridad de la increíble orquesta vienesa. Su enfoque, tiene además salero y brillantez, aunque sea más festivo que otra cosa y pase un poco de largo ante los pliegues más inquietantes de la obra: se echa de menos mayor atención a la atmósfera y a las sonoridades graves. Hay por otra parte algún que otro amaneramiento marca de la casa, sobre todo en Feria: las languideces “de siesta” suenan un poco forzadas. (9)


Ravel Rapsodia Previn LSO

34. Previn/Sinfónica de Londres (DG, 1997). André Previn vuelve a demostrar un increíble dominio de la orquesta en colores, texturas y volúmenes sonoros –interesantes reguladores en el Preludio–, y acierta por completo a la hora de poner de relieve los aspectos inquietantes de la partitura, pero en comparación con su lectura con la Royal Philharmonic se ha perdido un punto de sensualidad; incluso en Feria hay una relativa caída de tensión en su sección central. La toma sonora, portentosa. (8)



35. Abbado/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, San Silvestre 1997). Refinamiento y sentido del color son dos de las grandes virtudes de Abbado, que lucen plenamente en esta más que notable recreación en la que la fabulosa orquesta despliega todo su potencial tanto técnico como expresivo. Los resultados son abiertamente superiores a los que el maestro consiguió junto a la Sinfónica de Londres, sobre todo porque ahora la batuta sí que acierta a la hora de destilar sensualidad y atmósfera. Una pena que por momentos bordee el decadentismo y que en Feria, aun siendo quizá lo mejor de su recreación, tienda al exceso efectista. El audio de la filmación se ve afectado por una molesta compresión dinámica. La versión en CD no presenta este problema, pero tampoco es ninguna maravilla técnica. (8)


  

36. Barenboim/Filarmónica de Viena (VPO, 2005). Catorce años después de su grabación en Chicago, Barenboim vuelve a resultar concentrado y un punto siniestro en el Preludio, elegante sin amaneramientos en Malagueña, muy atmosférico en Habanera –claramente más lenta que antes– y brillante en una Feria ahora algo más rápida (¿un punto precipitada en el arranque?) y quizá todavía más garbosa y chispeante. La toma sonora en vivo, realizada en la Musikverein vienesa el 23 de octubre de 2005, no es ni mucho menos la que realizó el sello Erato. (9)


Ravel Rapsodia Van Immerseel

37. Van Imerseel/Anima Eterna (Zig-Zag, 2006). Ravel con instrumentos originales. Originales de cuándo, habría que preguntarse, tratándose de una obra de 1908. Vale, es cierto que por aquel entonces todavía se utilizaban cuerdas de tripa y que hay fuertes discusiones entre los estudiosos acerca de cómo se aplicaba el vibrato, pero lo cierto es que en este disco las diferencias no son ni mucho menos tan importantes como en otros repertorios: hay aquí y allá algunos detalles tímbricos novedosos –madera grave– que pueden resultar muy atractivos, pero lo cierto es que este Ravel, y esta Rapsodia en concreto, es en gran medida la que todos conocemos. En cualquier caso, lo importante aquí es que el tantas veces aburrido Van Immerseel se muestra muy afín al lenguaje raveliano, dirige con sensatez y buen gusto y acierta en las diferentes atmósferas expresivas –por ejemplo, el carácter obsesivo de Habanera– que propone la partitura, aunque sin terminar de calar a fondo en todas sus posibilidades poéticas. Modélica la labor de los ingenieros de sonido. (8)

 

38. Josep Pons/Nacional de España (DG, 2011?). Interpretación de irreprochable idioma impresionista, muy cálida, sensual y difuminada, rica en el color, dicha con elegancia y trazada con pinceles finos. Por desgracia la flacidez, la carencia de tensión interna, se convierte en protagonista, al tiempo que en el segundo movimiento molesta alguna frase en exceso amanerada y la sección central de Feria cae abiertamente en la blandura. Hay que destacar, no obstante, el espléndido trabajo de las maderas de la Nacional en un Preludio muy bien paladeado y de gran plasticidad. Efectista el final. (7) 



 39. Juanjo Mena/BBC Philharmonic (YouTube, BBC Proms 2011). El maestro vasco trabaja con pinceles finos, buena atención a las líneas instrumentales y apropiado refinamiento en la tímbrica, luciendo además buen pulso y sabiendo no caer en la blandura ni en la evanescencia excesiva, pero su aproximación resulta demasiado rápida y nerviosa, carece de la suficiente sensualidad, y está pensada de cara a la galería en el cuarto movimiento. La retransmisión televisiva tiene una dinámica chata. Lástima que haya desaparecido el vídeo. (7)

 
Ravel Rapsodia Slatkin

40. Slatkin/Orquesta Nacional de Lyon (Blu-ray audio Naxos, 2011). Resulta difícil entender por qué el sello Naxos ha lanzado estos registros en Blu-ray Audio, porque ni la grabación, difusa y sin cuerpo, tiene mucha potencialidad de la que hacer gala, ni las interpretaciones pasan de una discreta corrección a la que le falta mucho en cuestión de colorido, de matices y de inspiración para rivalizar con la mucha competencia que hay en el mercado. Aquí resulta particularmente flojo el Preludio; el resto, eficacia de brocha gorda. (5)
 
 

41. Barenboim/Orquesta del West-Eastern Divan (Peral Music, Teatro Colón, 3 agosto 2014). El enorme desarrollo de la sensualidad que ha conocido el maestro porteño en estos últimos años le ha permitido conseguir un pleno dominio del idioma raveliano más ortodoxo, incluyendo una apreciable delectación melódica y elevada atención a las texturas difuminadas. Por eso mismo su visión de la obra es menos personal, digamos que menos negra, que en su recreación con la Filarmónica de Viena, pero también es más indiscutible y, habida cuenta de su buen sentido de la atmósfera y la asombrosa plasticidad con que manera a una orquesta plenamente entregada a él –pero que no es comparable a Chicago o Viena–, ciertamente magnífica. Lástima que la toma no sea mejor. (9)

 


42. Barenboim/Orquesta del West-Eastern Divan (YouTube, BBC Proms 2014, actualmente no disponible). Interpretación unos días posterior a la de los mismos intérpretes en el Teatro Colón, con similares resultados. Es decir, admirables. (9) 



43. Barenboim/Filarmónica de Berlín (Blu-ray Euroarts y Digital Concert Hall, 31 diciembre 2018). El de Buenos Aires vuelve a demostrar cómo ha mejorado su dominio del idioma del impresionismo –mucho más sensual ahora que en los tiempos de Chicago, también más hábil a la hora de manejas texturas–, solo que ahora con una orquesta no solo muy superior a la WEDO, sino sencillamente insuperable en la que uno no puede dejar de rendirse de asombro tanto en lo que se refiere a su sonoridad global, modelada con singular plasticidad por una batuta de técnica portentosa, como a la contrastada calidad de todos y cada uno de sus solistas. A destacar el sutilísimo tratamiento de las dinámicas gracias a unos reguladores verdaderamente mágicos y a como Barenboim es capaz de revelar, ralentizando el tempo y con la complicidad de los grandísimos Emmanuel Pahud y Albrecht Mayer, fascinantes posibilidades en algún pasaje del cuarto movimiento. (10)



44. Barenboim/Orquesta del West-Eastern Divan (Medici TV, 2022). El maestro insiste una vez más en una muy paladeada recreación en la que se suman de manera magistral, como en ninguna otra de sus recreaciones anteriores, la atmósfera cargada y la negrura con que suele abordar la página y ese sentido expresivo del color, esa sensualidad y ese idioma raveliano que solo ha conseguido en los últimos años. Siendo excelsa la inspiración de la batuta, la lectura pierde un poco por la sonoridad global de la orquesta, en absoluto comparable a la Filarmónica de Berlín, si bien sus asombrosos primeros atriles realizan una labor no menos matizada y certera en la expresión que la de sus colegas. (9)

lunes, 23 de junio de 2025

La mer, de Debussy: discografía comparada (actualizada)

Esta entrada se publicó por primera vez el 14 de agosto de 2012. Conoció ampliaciones en agosto de 2020 y junio de 2021. Ahora he corregido numerosos errores en el texto, he ampliado la nómina de grabaciones hasta la cifra de ochenta y he cambiado algunas carátulas. Asimismo, he vuelto a escuchar algunos de los registros y he modificado parcialmente los respectivos comentarios.

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Escrita en 1905 y estrenada por la Orquesta Lamoureux en octubre de ese mismo año, La mer supuso un verdadero hito en la historia de la música, no ya por sus extraordinarias aportaciones en lo que a orquestación se refiere, sino también por su manera de romper la jerarquía de valores señalando la mayor importancia del color sobre la melodía, por el modo de fragmentar esta última en multitud de pinceladas (de ahí que se haya hablado de impresionismo musical) y por la negación de la direccionalidad del discurso.

En cualquier caso, todo ello queda relegado por la increíble potencia comunicativa de la obra, independientemente de que la interpretación de turno opte por una línea digamos ortodoxa que potencie los aspectos sensuales y brumosos de la escritura, o reivindique por el contrario los rasgos más incisivos, digamos que expresionistas, de una música en la que en cada audición se escuchan cosas nuevas. Ni que decir tiene que la pluralidad de enfoques es imprescindible para descubrirla en toda su riqueza: esperamos que los siguientes apuntes sirvan para orientar al lector en el laberinto discográfico. La comparativa que se ofrece en el blog Ipromesisposi también puede ayudar.

La partitura, subtitulada por el propio Debussy como “tres bocetos sinfónicos”, consta de los siguientes movimientos:

  1. De l'aube à midi sur La mer (Desde el amanecer hasta el mediodía en el mar), Très lent.
  2. Jeux de vagues (Juegos de olas), Allegro.
  3. Dialogue du vent et de La mer (Diálogo del viento y el mar), Animé et tumultueux.



1. Koussevitzky/Sinfónica de Boston (Pristine, 1938). Aunque la ecualización ha sido considerable, no podemos negar los buenos resultados de la intervención realizada por Pristine sobre este testimonio que nos revela a un director que trabaja a la formación de la que es titular con una plasticidad asombrosa y un no menos portentoso dominio de las dinámicas, pero sobre todo a un maestro bien decidido a jugar con la agógica para extremar los tempi –la fascinante lentitud del arranque en pocos minutos se transforma en una considerable velocidad– y crear muy amplios arcos de tensión a los que, eso sí, les sobran premura en sus momentos más intensos y les falta concentración en ciertos pasajes por los que pasa un tanto de largo. En cualquier caso, hay tanta vida, tanto color y tan elevada intensidad, tantas ganas de comunicar, y tan excelente tratamiento de la ya espléndida orquesta, que el maestro de origen ruso nos seduce, nos atrapa y nos convence. (8)

 


2. Toscanini/Sinfónica de la NBC (RCA, 1950). No hay brumas con el ya por entonces octogenario maestro italiano. Tampoco sensualidad contemplativa. De hecho, no se puede decir que sea la suya –hablamos de su penúltimo registro, tiene otros en diversos sellos– una versión muy francesa. Pero pocas pueden competir con ella en incisividad, tensión dramática y carácter tempestuoso, particularmente en una tormenta que pocas veces ha sonado tan encrespada. La arquitectura está trazada con enorme solidez, sin precipitaciones ni excesivo nerviosismo, y la claridad es siempre proverbial si salvamos las comprensibles limitaciones de la toma sonora. Solo hay que reprochar la falta de refinamiento de algunas frases y la fealdad tímbrica de la orquesta norteamericana, poco adecuada para esta música. (9)



3. Karajan/Orquesta Philharmonia (EMI, 1953). Seriamente constreñida por la toma sonora monoaural, y por ende en clara desventaja frente a los posteriores registros del salzburgués, el interés de esta interpretación se limita a constatar que ya antes de su etapa al frente de la Filarmónica de Berlín, también en este repertorio Karajan era capaz de modelar el sonido con una asombrosa plasticidad y de otorgarle una enorme brillantez sin caer en la vulgaridad o perder de vista el estilo. En cualquier caso, sus grabaciones ya estereofónicas ofrecerán también una mayor depuración sonora, voluptuosidad e inspiración, como también ciertos devaneos narcisistas aquí ausentes. (7)



4. Toscanini/Sinfónica de la NBC (Guild, 1953). La angulosa, incisiva y vibrante interpretación –magnífico el tercer movimiento, mucho menos los otros dos– incluida en este concierto dedicado íntegramente a Debussy aporta poco con respecto a la suya propia de estudio tres años anterior. De hecho, cosas del directo, está menos bien resuelta en algunos pasajes. Lo que interesan son los ensayos de La mer que completan el doble compacto: hora y media de un Toscanini con las ideas musicales muy claras y un humor de perros destrozando la autoestima de los miembros de su orquesta. Pura leyenda. Leyenda negra y verdadera, habría que añadir. (8)



5. Cantelli/Orquesta Philharmonia (EMI-Testament, 1954). Sólo un año después de la grabación con Karajan, la Philharmonia vuelve a la obra con una toma sonora también monofónica pero bastante superior en relieve y presencia sonora. Y lo hace dirigida por un joven director –fallecería poco más tarde en un accidente aéreo– que ofrece una visión muy distinta de la partitura, menos perfecta en lo técnico, menos concentrada –particularmente en el segundo movimiento, demasiado rápido–, no tan brillante, pero también más espontánea, trazada con mayor naturalidad, más cálida y más comunicativa. Tampoco encontramos con Guido Cantelli el nervio y la incisividad de su maestro Toscanini, y sí una buena dosis de luminosidad mediterránea. (8)



6. Inghelbrecht/Orquesta Nacional de la ORTF (Testament, 1954). Impagable testimonio de un director que, al frente de la orquesta que él mismo había fundado veinte años atrás, pudo tener la ocasión de defender la obra debussyana con la presencia y respaldo del propio compositor. Es verdad que en general hay un poco de más nerviosismo de la cuenta y que, por ende, algunos pasajes podrían estar más paladeados, pero hay que descubrirse ante la maleabilidad con que domina los diferentes volúmenes orquestales, atendiendo especialmente a la superposición de estratos sonoros; ante la portentosa riqueza de colorido –maderas muy francesas–; ante la amplia pero en absoluto caprichosa flexibilidad del fraseo; y no digamos la comunicatividad que desprende esta lectura, de una inflamación “romántica” –apasionadísima tormenta– que echa por tierra los tópicos. Eso sí, en lo que a virtuosismo orquestal se refiere, cosas mejores se han escuchado. El sonido de la recuperación de Testament, obviamente monofónico, resulta muy satisfactorio. (9)



7. Munch/Sinfónica de Boston (RCA-Sony, 1956). El tiempo no le ha sentado bien a esta prestigiosa grabación. El maestro galo acierta con el colorido exacto que debe tener esta obra –las maderas de Boston suenan francesas a más no poder– y sabe tejer la atmósfera brumosa y sensual propia de una recreación ortodoxa de la página, pero la planificación no siempre resulta depurada y en el fraseo se alternan momentos de admirable concentración con otros –los más– excesivamente nerviosos y dichos un tanto de pasada. La toma sonora, fabulosa para la época, recupera los tres canales originales en la edición de RCA en SACD. Desconocemos cómo suena el reprocesado, ya en CD normal, realizado en fechas recientes por Sony. (8)



8. Van Beinum/Orquesta del Concertgebouw (Philips, 1957). Con notable sonido estereofónico recupera la serie Eloquence esta interpretación en la que, aparte de asombrarnos ante la enorme calidad que ya por entonces exhibía la orquesta holandesa, podemos degustar una dirección ortodoxa, muy centrada en el estilo, atenta tanto a la sensualidad como a los aspectos más escarpados de la obra. Falta en cualquier caso una inspiración más elevada en el primer movimiento, y sobra cierto carácter verbenero y precipitado en la coda del tercero. Aun así, el nivel global es elevado y no podemos dejar de aplaudir el cuidadoso y muy atractivo tratamiento de las texturas del segundo movimiento. (8)


 

9. Reiner/Sinfónica de Chicago (RCA, 1960).
 Arranca Reiner con enorme lentitud, tanto que a los primeros atriles les cuesta un poco de trabajo seguirle. Poco a poco se va descubriendo cómo el maestro de Budapest renuncia a ser él mismo en búsqueda de un lenguaje menos “romántico” para esta música, menos basado en el temperamento y más atento a texturas, líneas difuminadas, timbres no demasiado incisivos, silencios de alto valor plástico 
el espacio entre las pinceladas de la pintura impresionista y elevada sensualidad. En Juego de olas abandona lentitudes, pero no a la concentración del fraseo al estudio refinado del entramado orquestal. El Reiner se siempre aparece en el movimiento conclusivo, pero alternándose con esos momentos de enorme lentitud que ya conocimos en el primero; el maestro consigue fusionarlos gracias a un dominio increíble de las transiciones, y solo hay que lamentar que la coda carezca de fuerza y se vea constreñida por la estrecha gama dinámica de una toma que, por lo demás, se ha conservado bien. (9)

 

10. Mitropoulos/Sinfónica de la Radio de Colonia (Ica Classics, 1960). Independientemente de las palmarias insuficiencias de la formación renana, ese gran maestro que fue Dimitri Mitropoulos evidencia aquí un grave despiste no ya por mostrarse incapaz de sintonizar con el estilo de Debussy ni de destilar magia poética, sino también por frasear con excesiva rapidez y sin concentración, carecer de sensualidad, por desatender a los silencios, planificar con brusquedad y hasta brocha gorda las transiciones, no otorgar continuidad en el discurso... Para qué seguir. El primer movimiento muestra las referidas deficiencias en toda su crudeza. El segundo es irregular y ofrece momentos aceptables. En el tercero, animado y vistoso, resulta interesante: el de Atenas parece sentirse mucho más a gusto desatando tempestades que contemplando las suaves ondas marinas. Una semana más tarde sufriría un infarto interpretando la Tercera de Mahler con esta misma formación, falleciendo pocos días después. La toma de este testimonio es estereofónica y resulta suficiente. (5)


11. Bernstein/Filarmónica de Nueva York (CBS, 1961). Habida cuenta de que la batuta de Lenny a principios de los sesenta acostumbraba a pecar de escaso refinamiento y extroversión excesiva, podría esperase un desastre en una obra tan delicada como La mer. Pues miren ustedes, no es así: el tratamiento de la orquesta es cuidadoso, mientras que el enfoque impulsivo, más espontáneo que cuidadosamente planificado y en buena medida dionisíaco es aquí tanto limitación como virtud, porque a despecho de algunos momentos en los que las tensiones no se han calculado bien –muy flojo el final del primer movimiento–, la libertad agógica responde a un instinto musical de primerísimo orden que consigue hacernos oír ondulaciones, brisas y tormentas con una inmediatez irresistible. Eso sí, el enfoque es indisimuladamente "romántico": nada de pinceladas vaporosas ni de contemplaciones estáticas. La toma se ha conservado bien: la gama dinámica es aceptable y hay suficientes graves. (8)



12. Giulini/Orquesta Philharmonia (EMI, 1962). Acertó Walter Legge al poner en esta ocasión al frente de su orquesta, que por entonces aún era la mejor del orbe, a alguien en principio muy ajeno al mundo impresionista como Giulini. Y es que el joven director, algo distante en lo expresivo y desde luego muy alejado de la incisividad, el nervio y el carácter visionario de un Toscanini, demostró una admirable sintonía con el mundo sonoro de Debussy, particularmente con su concentración, su ambigüedad y su sentido del misterio, ofreciendo una atmosférica interpretación en el que logra la cuadratura del círculo al compaginar el sentido brumoso y difuminado de las texturas, tratadas de un modo asombroso, con una gran claridad y una impecable lógica constructiva. Impecable la orquesta, sobresaliendo un percusionista que logra hacer sonar la espuma del mar en los platos como pocas veces se ha escuchado. (9)

 

13. Munch/Sinfónica de Boston (DVD Vai, 1962). La interpretación se parece a la realizada en estudio seis años antes: el estilo es irreprochable, pero se alternan momentos de extraordinaria plasticidad con otros algo nerviosos, o sencillamente desaprovechados. Quizá ahora la concentración, y por ende la inspiración, es superior a la de entonces, aunque en contrapartida la ejecución, al ser en público y no susceptible a las mejorías del estudio, resulta mucho menos depurada. A la impresión de desequilibrio sonoro contribuye la toma de los micrófonos de la televisión, a todas luces insuficiente. La imagen es solo aceptable, y la realización se centra más en la orquesta que en el maestro. (7)

14. Szell/Orquesta de Cleveland (Sony, 1963). Trabajo de verdadero orfebre el que aquí ofrece el maestro de Budapest, que con técnica espléndida va clarificando todo y cada uno de los recovecos tímbricos y melódicos de esta página sin perder la unidad en el trazo ni al sentido impresionista de las texturas. Por desgracia, y como era de esperar, su temperamento adusto y su tendencia a ser excesivamente literal con las notas, le impide destilar esa sensualidad, esa capacidad fascinadora y esa magia poética que esta música necesita, particularmente en un primer movimiento en exceso prosaico. La toma sonora ha sido recientemente restaurada en alta resolución y se mantiene bien, pese a quedarse algo corta en gama dinámica. (8)

 


15. Ansermet/Orquesta de la Suisse Romande (Decca-Newton, 1964). Una explosión de vida y color por parte de un Ansermet entusiasta a más no poder que maneja a su orquesta –ideal para este repertorio– con admirable plasticidad, haciendo gala de un espléndido dominio de las transiciones y, sin menoscabo de lo extrovertido del enfoque, un aliento muy sensual y adecuada atmósfera. Si los resultados no están a la altura de las grandes recreaciones de la obra es porque el maestro no solo va algo más rápido de la cuenta, sino que frasea con excesivo nerviosismo, sin la concentración y la poesía deseables, particularmente en el primer movimiento. Como detalle muy discutible, la trompeta en primer plano cerca del final, que parece decisión del maestro antes que de los ingenieros de sonido, responsables de una toma con distorsiones pero muy digna que ha sido bien recuperada en HD. (8)



16. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1964). Por fin con una toma sonora a la altura de las circunstancias, el salzburgués demuestra su condición de alquimista del sonido con una interpretación opulenta en lo sonoro –también más masiva de la cuenta–, refinada e impactante al mismo tiempo, si bien más preocupada por impactar con los grandes contrastes sonoros que por desplegar poesía, y también -minuto y medio más rápida que su registro once años anterior- un punto desconcentrada, algo más nerviosa de la cuenta, y no siempre todo lo bien clarificada que debiera, aunque en cualquier caso muy cálida y comunicativa. Los ingenieros de sonido, certeramente, optaron por un volumen muy bajo para recoger bien la enorme gama dinámica exhibida por el maestro. Buena la recuperación en HD. (8)



17. Boulez/New Philharmonia (CBS, 1966). No hay en esta recreación nada de atmósfera, sensualidad o hedonismo, y sí mucho de claridad en la pincelada –el colorido es siempre incisivo, no difuminado–, de objetividad y de riguroso análisis. Contra lo que se pudiera pensar eso no significa asepsia, porque la fuerza interna de la arquitectura, milimétricamente planificada y por completo ajena a cualquier devaneo sonoro, es implacable. La tensión interna se masca en todo momento, e incluso hay -en estas y en otras aproximaciones a este repertorio del relativamente joven Boulez, que por entonces contaba cuarenta y un años- un cierto grado de vehemencia, incluso de garra dramática, que desmiente el tópico de frialdad que se le suele atribuir al artista. Una lástima que a la toma le vaya haciendo falta un nuevo reprocesado. (9)


 

18. Barbirolli/Orquesta de París (EMI, 1968). Lejos del dramatismo que suele caracterizar a su batuta, Sir John se toma las cosas con calma (26’10’’) y ofrece una lectura madura, reposada y reflexiva, sensual sin caer en el hedonismo y analítica sin perder ese carácter difuminado de la pincelada tan fundamental en este repertorio. El tratamiento de las texturas es mágico, y la poesía mucho antes abstracta que descriptiva que el maestro es capaz de extraer nos fascina de principio a fin. Pueden preferirse enfoques más vibrantes, con mayor electricidad y tensión interna, pero dentro de esta línea el resultado es digno de toda admiración. Si en la anterior encarnación en compacto el sonido dejaba bastante que desea, tras el reprocesado de 2020 suena con carnosidad y relieve suficientes como para disfrutar muchísimo de la audición. (9)


19. Stokowski/Sinfónica de Londres (Decca, 1969). Octogenario como lo era Toscanini cuando realizó sus últimos registros de la obra, el no menos mítico Leopold hizo aquí gala de su portentoso sentido del color –incisivo, nunca difuminado–, de su dominio de la masa orquestal y de su proverbial creatividad. Como resultado, y apoyado en este sentido por la toma de sonido tan espectacular como artificial del sistema Phase 4, se escuchan muchas cosas nuevas en la partitura; al menos, se las escucha de manera diferente. Ahora bien, son tantas las libertades en el fraseo –a veces cayendo en narcisismos y detalles de dudoso gusto– que la arquitectura horizontal se viene abajo, perdiéndose el sentido de fluidez y continuidad fundamentales en esta música. (7)

20. Martinon/Orquesta Nacional de la ORTF (EMI, 1973).  El maestro francés ofrece una interpretación de absoluta ortodoxia en el estilo, en el punto justo de equilibrio entre sensualidad y agilidad, entre fluidez y nervio, atenta a las texturas pero también a angulosidades y a asperezas –descarnada la tímbrica de los metales, que tampoco son muy allá–, construida con enorme lógica, naturalidad y sentido de lo curvilíneo, cuidadosa con texturas y detalles, aunque un tanto irregular en su inspiración. Al final del primer movimiento, por ejemplo, se llega de manera algo anodina y sin suficiente carácter visionario, mientras que el final no alcanza la electricidad que logran ofrecer otros directores. La orquesta también se queda corta, aunque al menos ofrece esas peculiaridades tímbricas en las maderas propias de las formaciones francesas de otros tiempos. La primera remasterización sonaba regular. La nueva en alta resolución resulta más satisfactoria, pero tampoco logra soslayar las limitaciones de la original. Sería interesante que EMI recuperase las cintas originales cuadrafónicas. (9)


21. Svetlanov/Sinfónica de Londres (BBC, 1975). Esta toma en vivo de calidad solo aceptable nos trae a un Svetlanov de cuarenta y seis años, lejos todavía de su madurez artística pero con manifiestas ganas de hacer música y de seducir al espectador con una admirable mezcla de brillantez sonora y de dominio del color que da como resultado una interpretación vistosa y atractiva, pero más bien epidérmica, en el que fraseo resulta en exceso apremiante y no se terminan de conseguir la fluidez, la naturalidad y la sutileza en el desarrollo horizontal que esta música pide. La acústica del Royal Festival Hall tampoco permite apreciar del todo el tratamiento de texturas y planos sonoros. (7)



22. Solti/Sinfónica de Chicago (Decca, 1976). Como exhibición de virtuosismo de batuta y orquesta el resultado es asombroso, pues como siempre Sir Georg resulta impresionante a la hora de ofrecer extroversión y espectacularidad, pero en esta ocasión el maestro se muestra un tanto superficial y desconcentrado, incluso algo expeditivo. Dentro del alto nivel de la interpretación, se queda a medio camino. Suena estupendamente, eso sí. (8)



23. Haitink/Orquesta del Concertgebouw (Philips, 1976). Una orquesta de virtuosismo y musicalidad de la mayor altura, dirigida por una batuta analítica, rigurosa y equilibrada, dan como resultado una lectura a la que le falta un punto de genialidad, pero que asombra por su minuciosa planificación, perfecta ejecución, meridiana claridad e implacable manera en la que se acumulan las tensiones hasta culminar en un final impactante. A destacar el modo en que el director holandés subraya el contraste entre un primer movimiento particularmente estático y un segundo inquieto pero en absoluto precipitado. (9)



24. Ormandy/Orquesta de Filadelfia (DVD Euroarts, 1977). La excelencia de la orquesta y la técnica de Ormandy para construir el edificio sonoro están fuera de toda duda, pero la poesía e inspiración brillan por su ausencia: la rutina se impone. La toma sonora es muy turbia. (6)



25. Karajan/Filarmónica de Berlín (EMI, 1977). Obsesionado por la tecnología, Karajan registró en los setenta para EMI gran parte de su repertorio ya grabado en la década anterior para DG solo para beneficiarse del sistema cuadrafónico. Le salió el tiro por la culata, y en poco tiempo se pasó a la novedad de lo digital. En cualquier caso, esta interpretación de la obra maestra de Debussy es muy diferente de la de 1964, al ralentizar de manera considerable los tempi (25’33'': la más lenta de sus lecturas) y al sustituir la extroversión y el relativo nerviosismo de entonces por una serena concentración que le permite paladear la obra con gran primor haciendo gala de su capacidad para coloridos, texturas y detalles varios. Desgraciadamente, los resultados no solo no son más convincentes, sino que han perdido su inmediatez y comunicatividad anterior para ofrecer un perfeccionista, gélido e insincero ejercicio de virtuosismo sonoro. Los ingenieros de sonido, al optar por un volumen increíblemente bajo, logran recoger la gama dinámica extrema marca de la factoría Karajan: sería interesante que EMI recuperase la cuadrafonía original. (7)



26. Maazel/Orquesta de Cleveland (Decca, 1977). El maestro norteamericano deslumbra con su capacidad para aunar limpieza en la ejecución, sentido del color y brillantez en una lectura alejada de los tópicos impresionistas, pletórica de virtuosismo y muy atractiva por su efervescencia, pero más rápida de la cuenta en los dos últimos movimientos y, en general, lastrada por cierta falta de concentración o, al menos, de magia poética. Admirable el trabajo de los ingenieros de Decca. (8)


27. Karajan/Filarmónica de Berlín (DVD DG y Stage+, 1978). Por descontado que las sonoridades son opulentas en exceso y que el hedonismo resulta evidente; también habría que añadir que algunos pasajes podían estar aún más matizados. Sin embargo, son asombrosas la plasticidad, belleza y riqueza tímbrica que extrae de la orquesta un Karajan aquí más intenso que en sus otras interpretaciones, de tal modo que esta quizá sea la mejor de todas ellas. (9)


28. Barenboim/Orquesta de París (DG, 1978). Un todavía joven Daniel Barenboim se enfrenta a La Mer haciendo gala de enorme capacidad técnica –todo se encuentra muy bien planificado y expuesto–, irreprochable gusto y, sobre todo, gran vehemencia expresiva. Es la suya una interpretación ardiente, contrastada y de considerable sentido teatral, no por ello exenta de sensualidad ni de carácter curvilíneo en el trazo, pero ante todo intensa, extrovertida y llena de pasión “romántica”. Ese es justamente su punto discutible: resulta una lectura más “emocionante” que sugerente, antes epidérmica que reflexiva. Engancha de principio a fin, pero el de Buenos Aires realizará acercamientos más redondos en el futuro. La toma se ha conservado francamente bien. (8)



29. Giulini/Filarmónica de Berlín (Testament, 1978). Interpretación con toda la calidez, sensualidad y colorido esperable en este repertorio, pero también con una corpulencia sonora y una tensión interna que pueden resultar algo “románticas”: ¿influencia de Karajan, con quien la orquesta había filmado la obra unos meses atrás? En cualquier caso el fraseo es de una morbidez y belleza extremas, como también lo son el manejo de la agógica y el tratamiento de las texturas. Mágico el pasaje de calma antes del explosivo final. (9)



30. Giulini/Filarmónica de Los Ángeles (DG, 1979). Aunque el concepto sigue siendo contemplativo, brumoso y estático, y el maestro sigue haciendo gala de su particular dominio de las texturas –hay tejidos de las maderas en el segundo movimiento que se escuchan aquí como nunca–, con este segundo registro en estudio Giulini ya termina de sustituir la relativa frialdad de su grabación para EMI por un acercamiento más expresivo, más emotivo, también más creativo y personal, marcado en gran medida por la amplia cantabilidad que caracteriza a la batuta. La toma sonora es ya de muy buena calidad, pero la orquesta, obviamente, no es la Filarmónica de Berlín del año anterior. (9)


 

31. Celibidache/Sinfónica de la Radio de Stuttgart (DG, 1980). Ya desde el mágico arranque se evidencia que no nos vamos a encontrar ante una interpretación “normal”. Así va a ser, pero no solo por la lentitud de los tempi –relativa: más tarde Celi irá mucho más lento aún–, sino también por la increíble poesía que destila el maestro con su fraseo flexible e imaginativo, con la plasticidad de su tratamiento orquestal, con su manera de revelar las texturas y, sobre todo, con la embriagadora concentración que alcanza en determinados momentos clave, como pueden ser los citados primeros compases, el final del segundo movimiento o el pasaje de calma que precede al final. Todo ello dentro de una línea particularmente estática que, sin desdeñar precisamente el carácter tempestuoso del tercer movimiento, tiene poco que ver con la línea de un Toscanini o, en tiempos más recientes, un Sinopoli o un Muti. Lástima que la toma radiofónica no recoja a la orquesta con la claridad deseable. En cualquier caso, y salvando las limitaciones del conjunto alemán, esta es quizá la más admirable dirección de todas, incluida la posterior del propio Celibidache. Imprescindible. (10)



32. Tilson Thomas/Orquesta Philharmonia (Sony, 1982). Tras Karajan, Cantelli y Giulini, la Philharmonia vuelve a la carga con un maestro norteamericano todavía joven que ya años atrás –en Images– había demostrado su enorme sintonía con el mundo de Debussy. Aquí ofrece, junto a unos magistrales Nocturnos, un Mar de admirable ortodoxia impresionista, perfectamente delineados, dichos con elegancia y concentración, ciertamente, pero también con vivacidad, colorismo y una enorme capacidad para comunicar, siempre en el punto justo de equilibro entre control y espontaneidad. Le falta un grado extra de inspiración, como también un trabajo más atento a clarificar texturas: determinadas líneas no se captan del todo bien. Y esto último no es solo culpa de una toma sonora que, realizada a un volumen bajísimo para garantizar amplia gama dinámica, presenta desequilibrios que empañan gravemente los finales de los movimientos extremos. (9)


 
 
33. Previn/Sinfónica de Londres (EMI, 1983). Poética y comunicativa traducción de irreprochable idioma que destaca por su sensualidad y carácter atmosférico, más que por nervio o brillantez. Podía ser aún mayor la claridad, como también el carácter visionario del final. Lamentablemente se ve perjudicada por una toma sonora menos buena de lo que debiera, como por desgracia era habitual en EMI a principios de los ochenta. (9)



34. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1985). Realmente hay que descubrirse ante el grado de elegancia, refinamiento, plasticidad en el manejo de las texturas y capacidad para embriagar con el colorido más sensual posible del último Karajan, un auténtico mago de la alquimia sonora, pero aquí hace de anciano director y resulta no solo en exceso preciosista, como en él tantas veces resulta habitual, sino también un punto otoñal, incluso decadente. La toma sonora, de enorme calidad tímbrica, no ofrece toda la gama dinámica posible. (8)

 

35. Karajan/Filarmónica de Berlín (DVD Sony y Stage+, 1986). En principio esta es la versión en vídeo del audio recién comentado, pero la web oficial dedicada a Karajan nos aclara que no es exactamente así: el CD corresponde a diciembre de 1985 y la filmación a febrero de 1986. Claro que, conociendo cómo se las gastaba el de Salzburgo, podría ocurrir que en el estudio se hicieran montajes diversos procedentes de una y otra fecha; incluso nos podríamos encontrar ante un monumental playback de sus músicos frente a audios diversos. En cualquier caso, la interpretación no parece en principio la misma: más que decadentismo, aquí lo que se aprecia es cierta falta de concentración en determinados momentos clave, aunque todo ello dentro de un nivel altísimo en el que la depuración sonora se convierte en protagonista. (8)


36. Ashkenazy/Orquesta de Cleveland (Decca, 1986). Toma de altísima calidad –a volumen muy bajo, y por ende con enorme gama dinámica– para una interpretación de enorme nivel técnico pero un tanto irregular en lo expresivo. Tras un primer movimiento espléndido en su ortodoxia impresionista, aunque quizá no todo lo concentrado que debiera, ofrece un segundo excesivamente nervioso en el que hay que apreciar un espléndido tratamiento de las texturas, desplegando rico colorido y adecuada incisividad, en el que incluso se pueden apreciar líneas que por lo general pasan desapercibidas. En el tercero se alternan pasajes muy notables con otros más espectaculares que otra cosa, aunque la extroversión, la garra y las ganas de comunicar de un director de conocida vehemencia sobre el podio, en perfecta armonía con las posibilidades de la extraordinaria orquesta norteamericana, terminan ganando la partida. (8)


37. Frühbeck/Sinfónica de Londres (Pickwick-LSO, 1988)
. El maestro burgalés se desenvuelve estupendamente dentro de la estricta ortodoxia impresionista y ofrece una notable recreación, no muy poética pero sí sensual, curvilínea y bien trazada, a despecho de algún pasaje resuelto de manera poco convincente –transición al final del primer movimiento– y de alguna brutalidad –final del último– marca de la casa. En cualquier caso, el problema es una toma sonora turbia y de gama dinámica exagerada, hasta el punto de que los fortísimos resultan molestos y parecen (¿están?) trucados. (7)

 
38. Sinopoli/Orquesta Philharmonia (DG, 1988). Como era de esperar, esta partitura supone una oportunidad perfecta para que el veneciano despliegue su portentoso sentido del color y de las texturas, así como su fraseo flexible, vibrante, incisivo y un punto nervioso, características que aquí resultan ideales para una lectura que subraya los aspectos más hoscos y dramáticos, incluso tenebrosos. La irreprochable actuación de la orquesta y una soberbia toma sonora terminan de redondear una versión que, siendo poco ortodoxa en su enfoque y por ende discutible, deslumbra de principio a fin. O casi: los timbalazos del final resultan excesivos. (10)


 
39. Bernstein/Academia de Santa Cecilia (DVD CMajor, 1989). Tomándose tantas o más libertades que en aquella grabación neoyorquina de 1961, Lenny nos ofrece una recreación muy distinta a aquella. Ahora sí demuestra un buen dominio del lenguaje impresionista, alejándose de la extroversión y el nervio de entonces para pintar un lienzo atmosférico, cálido y rico en sugerencias mediante una pincelada fina pero muy bien calculada con la que pone en serio aprietos a una orquesta globalmente discreta y con algunos primeros atriles que dejan que desear. El problema es el último Bernstein se dejaba querer demasiado a sí mismo, y que con tantos matices se pierde la direccionalidad del discurso, no siempre bien tensado y por momentos un tanto artificioso, lo que no impide que haya momentos mágicos la sección de calma antes del final propios de una batuta genial. La edición paralela en CD editada por DG no merece la pena: lo interesante es ver al maestro dirigiendo, auténtica borrachera para la vista. (7)


40. Dutoit/Sinfónica de Montreal (Decca, 1989). Al director suizo le falta –como le ocurre tantas veces– ese punto de personalidad, creatividad y compromiso expresivo que necesita para ofrecer una lectura de primerísimo orden, pero aun así resulta difícil imaginar una recreación más irreprochable en lo estilístico, tan en su punto justo de equilibrio entre evanescencia y nervio, tan fluida y natural en su desarrolla, tan rica en el color, tan elegante y al mismo tiempo tan alejada de narcisismos, tan lógica en su desarrollo y tan comunicativa. Una toma sonora de lujo redondea la que, por su alto nivel de ejecución e inspiración dentro de una línea ortodoxa, tal vez sea la mejor opción para quienes por primera vez se acerquen a semejante obra maestra. (9)

 

41. Solti/Sinfónica de Chicago (Decca, 1991). No hay novedad con respecto a la grabación realizada por los mismos intérpretes en 1976. Todo se encuentra expuesto con una depuración extrema, trazo absolutamente natural –orgánico y flexible, pero sin preciosismos–, vehemencia controlada y un sentido de la brillantez que no empaña el gusto más exquisito, aunque sin terminar de profundizar en los aspectos más misteriosos, léase más modernos, de esta música genial. Lejos de leer entre líneas, Solti va al grano y trata la pieza como una pieza “romántica”, como un gran tríptico teatral en el que los aspectos más vistosos y extrovertidos de la música son los que más se benefician de semejante enfoque. A descubrirse ante la ingeniería de sonido, que optó sabiamente por un volumen bajo para garantizar la máxima gama dinámica (¡cuidado con los vecinos!) y no se empeña en colocar las arpas o algunos instrumentos de percusión en primer plano. (9)


42. Celibidache/Filarmónica de Múnich (EMI, 1992). Ralentizando los tempi de manera considerable no solo con respecto a su grabación radiofónica en Stuttgart, sino a lo que dicta el sentido común, el rumano ofrece una recreación un punto menos poética que la citada, sin tanta magia, pero más clara, más didáctica, en la que se pierde ya por completo cualquier sentido narrativo y nos encaminamos hacia el terreno de la pura abstracción. Trazando un paralelismo pictórico, diríamos que nos hemos acercado al lienzo todo lo posible y nos quedamos no ante la vibración lumínica del conjunto sino ante la fuerza parcial de cada una de las pinceladas, que aparecen ahora no entremezclada por nuestra retina sino perfectamente diferenciadas; o que nos encontramos aquí no ante el impresionismo de los años setenta sino frente al Monet tardío, el de los nenúfares que pierden casi toda referencia al mundo sensible para acercarnos a una realidad esencializada basada únicamente en las sensaciones del color. En cualquier caso, el resultado es fascinante. (10)


43. Svetlanov/Orquesta Philharmonia (Collins, 1992). He aquí un Svetlanov ya maduro que, lejos de la extroversión un tanto superficial de su testimonio londinense comentado con anterioridad, ofrece una versión aquilatada, sensata y de absoluta ortodoxia, solida en el trazo, correctamente tratada en las texturas y de perfecto equilibrio entre estatismo y vivacidad, entre sensualidad contemplativa y tensión interna, a veces muy bien paladeada –final del segundo movimiento, pasaje en calma del tercero– y dirigida hacia los clímax con naturalidad, sin caer en excesos. Resulta, eso sí, un tanto impersonal y no del todo poética, incluso algo pálida, lo que en parte puede deberse a una toma sonora que acierta en la tímbrica, pero a la que le faltan espacio, cuerpo y relieve. (8)

 

44. Boulez/Filarmónica de Nueva York (YouTube, 1992). Esta filmación de procedencia japonesa tiene el interés de poder ver dirigir al maestro, pero no solo suena mucho menos bien que la portentosa grabación de Boulez realizada un año más tarde en Cleveland, sino que nos muestra al genial creador francés un tanto irregular en la concentración, a veces un tanto precipitado, incluso excesivo en el final. El resultado es una lectura bulliciosa y con nervio, pero por completo carente de sensualidad, de atmósfera y de magia poética. Eso sí, como radiografía sonora es espectacular. (7)


 

45. Boulez/Orquesta de Cleveland (DG, 1993). Boulez sigue en esencia siendo el mismo, pero las cosas han cambiado en los veintisiete años que han transcurrido desde su anterior grabación. Las sonoridades son más leves, más propiamente francesas. El fraseo es ahora menos tenso, más flexible y más natural, concediéndose a la música mayor espacio para respirar. La luz del día ilumina más intensamente las irisaciones marinas, incluso permite que aflore cierto lirismo sin que al maestro por descontado se le mueva un pelo. Pero también hay mayor espacio para la ambigüedad: paradójicamente, se pierde todo carácter narrativo y se avanza en abstracción. Ahora sí se puede decir que Boulez hace un Debussy que, por completo ajeno a cualquier tipo de referencia extramusical, se encuentra mirando a la música contemporánea. Es cierto, pero habría que concretar: a la línea que comienza con Jeux del propio Debussy y llega, claro está, hasta Boulez himself. La toma sonora es de esas que hacen historia. (9)


46. Svetlanov/Orquesta Sinfónica Estatal (Great Hall, 1993). Una toma sonora problemática y realizada a un volumen terriblemente bajo impide apreciar la riqueza de colorido y la enorme plasticidad de la batuta de un Svetlanov aquí bastante irregular que, junto a pasajes muy logrados y algún que otro hallazgo, evidencia faltas de concentración, momentos resueltos de modo poco convincentes y algún que otro narcisismo que rompen la unidad del discurso. A la orquesta, en absoluto a la altura, le cuesta trabajo seguirle. (7)

47. Muti/Orquesta de Philadelphia (EMI, 1993). Adoptando una visión cercana a la de Toscanini, esto es, ofreciendo un mar antes tempestuoso y visionario que sensual, pero añadiendo una dosis mucho mayor de depuración sonora, concentración en momentos clave y creatividad que su mítico y admirado compatriota, Muti construye una interpretación de increíble solidez en el trazo, asombrosa claridad –se escucha absolutamente todo, y sin necesidad de recurrir a lentitudes celibidachianas– e insólita perfección técnica que, además, resulta tan comunicativa como poética y posee una irresistible garra dramática. Imprescindible. (10)


48. Muti/Sinfónica de la Radio Bávara (YouTube, 1993).  Interpretación de corte parecido a la suya propia con Philadelphia del mismo año. Quizá da la impresión de que aquí la dosis de electricidad y carácter visionario es algo menor, pero el efecto podría deberse a la muy comprimida gama dinámica de la trasmisión televisiva. A destacar, el cualquier caso, el carácter encendido del segundo movimiento –más bien plácido para la mayoría de las batutas– y la manera en que el milanés sabe aunar carácter sensual y temperamento. El audio sigue en YouTube, pero el vídeo ha desaparecido; una pena, porque era todo un placer ver dirigiendo al maestro napolitano. (9)

 


49. Giulini/Orquesta del Concertgebouw (Sony, 1994). Aunque han pasado quince años, el maestro italiano no ha variado mucho su visión con respecto al testimonio en Los Ángeles. Esta nueva realización es menos clara, más brumosa, quizá más sensual y hermosa aún. La orquesta es mejor, claro está. Quien busque una versión mayormente otoñal, esta es la suya. Lo de Celibidache, por concepto, es otra cosa. (9)



50. Salonen/Filarmónica de Los Ángeles (Sony, 1996). Aun sin llegar el nivel del Fauno que le acompaña en disco, el maestro finés pone en entredicho su merecida fama de frío y analítico con una recreación embriagadora de sensualidad y de infinita poesía –no tanto en el primer movimiento como en los dos siguientes–, increíble en el dominio de las texturas, que se encuentra realizada, eso sí, mediante una planificación horizontal y vertical de extrema minuciosidad y sutilísima flexibilidad: ¡qué dominio de las transiciones, qué manera de trazar la música como un todo orgánico y fluido! Todo aquí rezuma, como en los cuadros de Matisse, calma y voluptuosidad, sin menoscabo de la fuerza de una tormenta más atmosférica que fulgurante: la secuencia de calma antes de la tempestad final resulta verdaderamente mágica. Interpretación opuesta y complementaria a la de Muti, pues, que es necesario conocer. Toma sonora no del todo clara, pero de una gama dinámica y una redondez –tremendo registro grave– apabullantes. (10)



51. Maazel/Filarmónica de Viena (RCA, 1999). Como era de esperar, máxime teniendo a su servicio a una orquesta tan portentosa, Maazel hace gala de su técnica de batuta regalándonos una interpretación asombrosa por su plasticidad, riqueza de colorido y admirable tratamiento de las texturas. Por desgracia hay alguna frase un tanto redicha derivada del narcisismo marca de la casa, y además la planificación horizontal no está siempre cuidada: los finales de los movimientos extremos distan de convencer. (8)


 

52. Barenboim/Sinfónica de Chicago (Teldec, 2000). Veintidós años después de su grabación en París, Barenboim sigue evidenciando lo ardiente de su temperamento, pero esta vez enriquece su anterior aproximación equilibrando los aspectos más extrovertidos de la música con una mayor atención a la sensualidad, al timbre y a las texturas, haciendo gala de una asombrosa plasticidad en el tratamiento de la orquesta, pleno sentido orgánico en el fraseo y una extrema depuración sonora. Además, paladea mejor el segundo movimiento y el momento de calma del tercero. En cualquier caso, al final del primer movimiento –magníficamente planificado el ascenso hacia el mismo– se le podía pedir un poco más de carácter visionario, y por aquí y por allá hay alguna frase que podrí estar mejor aprovechada. La grabación es excepcional, una de las mejores de las que se ha beneficiado esta página, pero hay que poner el volumen bien alto para disfrutarla. (9)


53. Barenboim/Sinfónica de Chicago (TDK DVD, 2000). Esta filmación apenas aporta novedades con respecto a la de los mismos intérpretes para Teldec unos meses anterior. La grabación, asimismo de volumen bajo, ofrece con respecto a aquella la acústica de la Philharmonie de Colonia y la posibilidad de escucharla en multicanal. Puede ser preferible, pues, si se dispone de un equipo adecuado, pero que conste que el sonido de la grabación en Chicago era ya sensacional. (9)

 

 

54. Svetlanov/Orquesta Nacional de Francia (Naïve, 2001). Por fin Svetlanov con gran sonido –amplia gama dinámica, graves redondos–. Y además, el mejor Svetlanov posible, el de su última etapa –faltaba poco más de un año para su desaparición–, el más creativo y personal. Por eso su interpretación es tan distinta de las otras suyas comentadas. Lenta, expuesta con parsimonia celibidachiana, sensualísima –parece transpirarse la espuma del mar–, mágica en el dominio de la agógica y en la administración de los silencios… Pero también sujeta a algunas decisiones desconcertantes, incluso rebuscadas, y limitada por una orquesta que, al menos en este registro en directo, no es ninguna maravilla. Testimonio a conocer, en cualquier caso. (9)

55. Abbado/Orquesta del Festival de Lucerna (DVD Euroarts, 2003). Abbado abrió el concierto que presentaba al público la nueva Orquesta del Festival de Lucerna con unos Adioses de Wotan dirigidos de manera relamida y fuera de estilo, pero continuó con una asombrosa recreación de El martirio de San Sebastián y lo cerró con una espléndida de La mer: dionisíaca y extrovertida a más no poder, particularmente ágil y muy contrastada, danzante y alegre por momentos, también llena de nervio cuando debe, y dotada de un sentido del color y de las texturas seguramente inigualado. Y qué decir de los primeros atriles, los Pahud, Meyer, Mayer y compañía, de su orquesta all-stars. ¿Por qué, siendo impresionante, no se sitúa al nivel de las más grandes? Porque necesita paladear más determinados pasajes, como la conclusión del primer movimiento o la calma antes de la tempestad, y sobra una coda vulgar y efectista a más no poder (¡Abbado de olvida del crescendo!) cuyo interés por el decibelio es potenciado por una toma sonora de incomparable gama dinámica. En este sentido, la pista en DTS es, con diferencia, la más sensacional toma sonora de la que se ha beneficiado esta obra si se la disfruta en un sistema surround. La edición paralela en compacto realizada por DG suena bastante menos bien. La plataforma Medici TV la ha recuperado con imagen muy superior, en calidad Blu-ray, pero de nuevo la toma sonora pierde muchísimo con respecto al multicanal del DVD. (9)


56. Rattle/Filarmónica de Berlín (EMI, 2004). Batuta y orquesta demuestran su soberbio virtuosismo en esta recreación de asombrosas texturas, infinito colorido –ayuda la toma sonora–, elevado sentido teatral y espíritu mucho antes juvenil y descriptivo, cinematográfico incluso, que atmosférico o meditativo. Si Rattle hubiera aportado madurez y hubiese evitado cierta tendencia al narcisismo, su recreación estaría entre las mejores. Aun así, irresistible. (9)


 

57. Jansons/Orquesta del Concertgebouw (RCO, 2007). Una pena que una orquesta de semejante calidad y una toma sonora tan admirable resulten desaprovechadas por una batuta sin duda incandescente, teatral y vistosa, pero por completo ajena a la poesía y, andando muy despistada en lo estilístico, propicia a hacer sonar todo fuerte, masivo y contundente. Los excesos de la percusión resultan de vergüenza ajena. En cualquier caso mejor los dos últimos movimientos que el primero, realmente flojo. Menos mal que los holandeses ponen de su parte para compensar las limitaciones del director. (7)




58. Abbado/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2009). Increíble demostración de virtuosismo de batuta en lo que a claridad, colorido y sentido de las texturas se refiere, en una versión animada, luminosa, ágil, sin especial densidad, mucho antes pintoresca que reflexiva, y en conjunto magnífica, en realidad muy similar a la que el milanés grabó con la Orquesta del Festival de Lucerna, y que como aquélla que solo saca los pies del plato en la efectista coda final. La grabación ofrece un volumen más bajo de la media habitual en la web en la que se puede visionar. (9)



59. Gergiev/Sinfónica de Londres (LSO Live, 2009). En esta ocasión el tantas veces mediocre Gergiev no solo no se precipita ni cae en la tosquedad, sino que se muestra –en general– bastante idiomático, trata con cuidado las texturas y encuentra la inspiración poética. Por desgracia, y junto a un espléndido segundo movimiento, nos ofrece un primero con narcicismos y rebuscamientos varios –frases excesivamente lánguidas, pianísimos inaudibles, pausas interminables– y un tercero donde hace gala de su habitual teatralidad y brillantez sonora, pero también de su tendencia al efectismo con variados excesos en la percusión. La toma sonora recoge a la perfección los enormes contrastes dinámicos planteados por el director ruso. (7)


60. Chung/Filarmónica de Seul (YouTube, 2009). Aunque se encuentra entre paisanos, el veterano maestro de Corea saca a relucir su enorme experiencia con la música francesa para ofrecer, con su batuta ágil, detallista, clarificadora y un punto nerviosa, una recreación de irreprochable idioma, brillante cuando debe, rica en el colorido y las texturas, también muy elegante –esto último quizá por momentos demasiado–, a la que le falta redondear un poco el trazo del primer movimiento, que tampoco resulta todo lo evocador que debería. La filmación, llevada a cabo en formato 4:3 por un realizador poco experto, precede en varios meses a la grabación oficial de DG realizada con motivo de una gira internacional de la orquesta. (8) 

 

61. Haitink/Orquesta del Concertgebouw (YouTube, 2009): han pasado treinta y tres años, pero el maestro no ha cambiado un ápice su concepción de la obra –primer movimiento estático, segundo dinámico– ni, menos aún, su reconocida manera de enfrentarse a la música. Nos encontramos, así, pues, con una interpretación rigurosa, precisa y de increíblemente bien trazada arquitectura, por completo ajena a subjetividades –lo que también quiere decir a la creatividad– y no del todo poética, pero tan lógica y natural en sus planteamientos, tan exquisita en su musicalidad y tan equilibrada en su atención a tímbrica, ritmo y melodía que resulta imposible no considerar el resultado como un auténtico modelo diríase que ideal para quienes se acercan por primera vez partitura. Para profundizar en ella, lógicamente, hay otras opciones. La filmación es espléndida; lástima que a la toma, más atenta a la globalidad que al detalle, le falte un poco de cuerpo y de redondez en el grave. (9)


62. Salonen/Orquesta de París (YouTube, 2011). EuroArts pone a disposición de todo el mundo esta filmación en la que Salonen nos ofrece con una interpretación de tempi ortodoxos que se aleja por completo de las mágicas lentitudes de su grabación en estudio quince años anterior al tiempo que pierde buena parte de su concentración, de su sensualidad y de su fascinación poética. En cualquier caso, el perfecto dominio de la partitura del maestro finlandés está ahí, como también su soberbia técnica y la absoluta comodidad en este repertorio de la orquesta parisina, por lo que el resultado es una lectura más que notable que va de menos a más y finaliza con una tempestad por completo conseguida. Lástima que la toma adolezca de compresión dinámica. (8)

 

63. Van Immerseel/Anima Eterna (Zig Zag, 2011?). La arriesgada propuesta de interpretar este repertorio con instrumentos de época –de época de Debussy, se entiende– y con una articulación históricamente informada, unida a la extraordinaria sensibilidad tímbrica de Van Immerseel y al enorme refinamiento de su trazo se salda con una lectura de sensualísimo colorido y relevadoras texturas, fraseada con un carácter curvilíneo y elegante de lo más adecuado, pero también en exceso aérea, por momentos erróneamente ingrávida, adornada con detalles discutibles –los portamentos chirrían al oyente actual– y un tanto falta de garra, de carácter, de variedad expresiva. La levedad termina imperando, como también lo hacen los conocidos problemas del maestro belga a la hora de administrar tensiones. En el caso concreto de La mer, al final del primer movimiento le falta fuerza, y la tormenta queda por completo deslavazada. En contrapartida, el carácter irisado de la superficie del mar agitado por la brisa resulta fascinante. Soberbia la toma. (7)

 

64. Roth/Les Siècles (Actes Sud, 2012). El interés de recuperar las sonoridades de la Francia de 1905, sus instrumentos y sus maneras de articular, que no son ni más ni menos aquellas en las que pensaba el compositor, resulta indudable. Otra cosa son los resultados, y los de Franz-Xavier Roth terminan siendo parecidos a los de Van Immerseel: interesantísimas las irisaciones de la brisa sobre la superficie marina, pero globalmente la tendencia a la ingravidez –hay incluso algún detalle relamido– puede disgustar a nuestra sensibilidad actual, además de resultar inconveniente a la hora de equilibrar los planos. ¿Seguro que a la “manera moderna” Debussy no suena de manera más satisfactoria? En cualquier caso, si los intérpretes más ortodoxos miran hacia el colorido sensual de un Monet, Boulez hacia el mundo del puntillismo y Sinopoli a la angulosidad y la intensidad cromática del fauvismo, no sé por qué vamos a rechazar que Roth lo haga hacia la levedad de un Renoir. Y no se puede discutir que le ponga ganas al asunto y domine los recursos mejor que su colega antes citado. Excelente la grabación, realizada en Roma. (8)

 

 

65. Dudamel/Filarmónica de Viena (DG, Schönbrunn 2012). La gran virtud de esta interpretación eminentemente impresionista no es tanto el refinamiento tímbrico –muy notable– como la sensualidad de un fraseo ondulante y voluptuoso, dotado de una importante flexibilidad que se ve bien acompañada por un excelente tratamiento de las transiciones. No obstante, se echan en falta un mayor equilibrio entre los planos sonoros –lo que posiblemente se debe a la toma en vivo– y algo más de nervio y garra en algunas secciones, sobre todo en el final. (8)

 

66. Nelsons/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2012). El maestro letón ofrece una lectura no especialmente poética ni sensual, poco contemplativa pese al especialmente extático arranque y al muy conseguido episodio de calma ante de la tempestad final. La suya es, ante todo, fresca e inmediata, llena de nervio en el buen sentido, vibrante y con garra, de tímbrica variada e incisiva. Además, se encuentra dicha con un refinamiento y una finura por completo alejadas de lo preciosista y, por descontado, está tocada de fábula por una orquesta cuyos primeros atriles se muestran perfectos en estilo y expresión. Lástima que la toma sonora sufra un poco de compresión dinámica. (9)

 

67. Dudamel/Filarmónica de Los Ángeles (DG, 2013). Aunque el enfoque sigue siendo sensual e impresionista ante todo, en esta recreación el maestro venezolano parece alcanzar mayor incandescencia que el año anterior con la Filarmónica de Viena; por ejemplo, en la sección central del segundo movimiento, en el tempestuoso arranque del tercero y en todo el final, aun sin ser este el más visionario posible. La toma sonora también es superior, así que esta parece la opción adecuada para ver conocer el acercamiento de Dudamel a la partitura. (9)

 


68. Rattle/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2014). Recreación en la misma línea que la grabada por idénticos intérpretes diez años antes para EMI, esto es, descriptiva antes que poética, colorista antes que sensual, pero de un virtuosismo y una precisión asombrosas, de excelente trazo global al tiempo que enorme atención al detalle –sobran algunas indicaciones algo preciosistas– y una comunicatividad irresistible. ¿Algo superficial? Puede, pero el resultado engancha por completo. Disponible aquí. (9)




69. Valčuha/Sinfónica de la Radio de Frankfurt (YouTube, 2016). Demuestra el maestro eslovaco una enorme técnica a la hora de planificar dinámicas y, sobre todo, de plantear grandes juegos agógicos como los que pide esta partitura. Tampoco anda mal de imaginación, al menos en el tercer movimiento –alguna frase de atractiva carnalidad, también algún detalle rebuscado–, pero globalmente se echa de menos esa magia poética que han conseguido los más grandes directores. La orquesta, siendo más que notable, tampoco posee las calidades tímbricas de las grandes formaciones europeas y norteamericanas. (8)


70. Gatti/Orquesta del Concertgebouw (Blu-ray RCO y YouTube, 2017). Curvilínea, brumosa y sensual mucho antes que incisiva o electrizante la lectura de un Gatti que modela a la orquesta con enorme refinamiento y domina de maravilla las transiciones con la intención de moverse dentro de la más estricta ortodoxia impresionista, pero que a veces bordea el tópico y resulta más evanescente de la cuenta, incluso algo blando. Si la versión se lleva el 9 es por la orquesta, probablemente la ideal para esta obra –preferible a Berlín o Viena– por su maleabilidad asombrosa, por su extrema depuración sonora y por la capacidad de sus integrantes de escucharse unos a otros y conseguir el empaste exacto que demandan los pentagramas. Excelente la calidad audiovisual. (9) 



71. Harding/Orquesta de París (Symphony, 2017). Interesante encuentro entre sonoridades francesas de la orquesta en su mejor momento y las maneras británicas de un maestro que ya no va de enfant terrible, pero que tampoco renuncia a mostrarse personal. En este caso, ofreciendo una lectura que se aparta del mero estatismo y que apuesta, sin necesidad de excederse lo más mínimo, por la inmediatez, el nervio y las angulosidades, trazando con curvas marcadas el discurso horizontal al tiempo que trata los detalles con refinamiento ajeno al menor narcisismo: la pretenciosidad de los primeros años del maestro en absoluto se hace presente. Se echan de menos, por desgracia, sensualidad y magia poética, como también unas transiciones más elaboradas, quizá porque Harding aún no ha tenido tiempo de profundizar en este repertorio. El final, un poco excesivo. Excelente calidad de imagen en la plataforma Symphony. (8)


72. Gimeno/Filarmónica de Luxemburgo (Pentatone, 2016-2018). El maestro valenciano demuestra una técnica excelente, sobre todo en lo que al control del fraseo y las transiciones se refiere: la obra se encuentra concebida como tiene que estarlo, es decir, como un solo trazo lleno de ondulaciones. También demuestra extraordinaria sensibilidad para las texturas, tratadas dentro de una ortodoxia impresionista diríase que excesiva. Y aquí se encuentra el punto flaco: Gimeno no termina de inyectar nervio a su discurso, se muestra tímido a la horas de marcar los picos de tensión, no plantea contrastes y se mantiene siempre dentro de una levedad sonora y de una evanescencia contemplativa que termina generando una visión más bien unilateral de la partitura. (8)

 

 

73. Roth/Sinfónica de Londres  (LSO, 2018). Con instrumentos “originales” o sin ellos, la intención del sobrevaloradísimo maestro francés es la misma: obtener el mayor grado de levedad posible, aun a costa de que las texturas sean en exceso ingrávidas, la sonoridad global resulten anémicas y los detalles de blandura hagan estragos. Ahora bien, si su registro seis años anterior interesaba por la orquesta utilizada, este no alberga ningún atractivo: el fraseo se deja llevar por el nerviosismo, el colorido carece de sensualidad y la poesía brilla por su ausencia. (7)

 


74. Barenboim/Staatskapelle de Berlín (DG, 2018). No es fácil explicar cuál es la clave de ese especialísimo atractivo que ha alcanzado el arte de Barenboim en los últimos años. Podríamos intentarlo diciendo que se trata de una mezcla entre su temperamento dramático de toda la vida, siempre vinculado a una búsqueda de sonoridades oscuras, densas y poderosas, con una cada día más desarrollada tendencia a la espiritualidad y la desmaterialización que podríamos considerar propia de “intérprete anciano”, todo ello filtrado por una sensibilidad ahora mucho más desarrollada hacia lo sensual, lo acariciador e incluso lo hedonista. Y si en el impresionismo en general puede hablarse de una mucha mayor sintonía con el idioma, en La Mer todo esto significa madurez absoluta y carácter referencial. Este registro en vivo realizado en la Musikverein vienesa –muy buena la toma, aunque con cierta compresión dinámica– es, por tanto, más perfecto en el estilo que los anteriores del maestro, avanza aún más en la riqueza expresiva que ya se apreciaba en los registros con Chicago y, sobre todo, se encuentra enriquecida por nuevos y numerosísimos detalles personales. Le sigo poniendo ciertos reparos al primer movimiento: creo que el amanecer resulta un pelín premioso y que el clímax final no es todo lo imponente que podría serlo, aunque por lo demás hay algunas pinceladas angulosas que resultan de gran atractivo. El tercero, más atmosférico que implacable, alberga momentos de infarto: todavía más que antes, el pasaje de calma previo a la tormenta final nos deja fascinados. Pero lo que no tiene parangón –si acaso, con Celibidache– es Jeux de vagues. Parece imposible ir más allá en claridad (¿hay alguna interpretación en la que se escuchen tantas cosas?), en sensibilidad para el timbre, en organicidad del fraseo, en preciosismo bien entendido y, sobre todo, en magia poética. (10)


75. Barenboim/WEDO (Medici TV, 2018). Una lectura reflexiva, concentrada y sensual, mucho antes atmosférica que arrebatada, que sobresale ante todo por el carácter flexible y orgánico de un fraseo en el que el maestro parece querer demostrar que, como decía en referencia a Furtwängler, la dirección de orquesta no consiste sino en el arte de la transición: siendo cierto que en el tercer movimiento se echan en falta electricidad y carácter visionario, la resolución de todas las transiciones –en realidad, cada uno de los movimientos está concebido como una sola– ofrece una minuciosidad en la planificación (¡qué increíble técnica de batuta!) y una magia poética a la mayor altura posible. Ahora bien, ¿iguala los resultados con respecto a su registro para DG pocos meses anterior pese a que la WEDO no es la Staatskapelle, salvando la coincidencia de la formidable oboísta jiennense Cristina Gómez Godoy? Yo diría que no solo los iguala, sino que los supera: los dos pasajes del primer movimiento no del todo bien resueltos en aquella, a los que más arriba hacíamos referfencia, convencen más ahora? En definitiva, la mejor interpretación de las últimas décadas. Disponible aquí. (10)

 

76. Heras-Casado/Philharmonia (Harmonia Mundi, 2018). El maestro granadino se muestra muy certero desde el punto de vista estilístico, pues este es un Debussy que no se queda en ingravideces, en ensoñaciones ni en colores pastel. La orquesta está tratada con el punto de levedad que le corresponde, los pasajes estáticos están bien paladeados y la sonoridad sabe difuminarse, pero también hay músculo, hay tensiones y se despliegan timbres incisivos que alejan esta música del tópico. El fraseo sabe ser flexible y curvilíneo sin perderse en florituras ni descuidar el trazo. Por desgracia, Heras-Casado evidencia una inspiración irregular. Nos encontramos con un primer movimiento muy bien trazado, más extrovertido que reflexivo, pero con alguna frase dicha de pasada; se echa de menos un punto adicional de sensualidad y de magia poética, mientras que el clímax conclusivo resulta más ruidoso que extático. El segundo es magnífico, sobre todo por su mágico tratamiento de las texturas, aunque alguna frase de los violines no se termina de oír bien. La impresión de que los planos sonoros no están del todo trabajados se incrementa en un tercero en el que determinadas líneas de las maderas pasan desapercibidas, como si el maestro estuviera más interesado en el trazo global, admirablemente sostenido, que en clarificar las texturas. Eso sí, el colorido es muy rico y la página avanza con decisión hasta una coda en la que Heras-Casado muestra lo peor de sí mismo: vulgar, grueso y hortera. Excelente la grabación. (7)


77. Nézet-Séguin/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2019). La absoluta continuidad en el trazo es la gran virtud de la que hace gala el maestro canadiense en esta interpretación increíblemente bien planificada –pocas se le pueden comparar en este sentido– a la hora de jugar con la agógica y con la dinámica, resolviendo de manera perfecta todas las transiciones, tensando y destensando con absoluta naturalidad las líneas de fuerza, garantizando tanto la concentración de los pasajes introvertidos como la fuerza de los  vistosos y, a la postre, desarrollando la obra con un único y fluido trazo de pincel, tal y como las olas del mar van y vienen en un único y constante movimiento. Por lo demás, la batuta alcanza un admirable punto de encuentro entre el músculo de la formación alemana y la levedad que exige este repertorio, y aborda la página desde una impecable ortodoxia en la que se alcanza el equilibrio entre estatismo y dinamismo, entre lo contemplativo y lo violento. Es quizá por eso por lo que a Nézet-Séguin se le puede echar en falta un punto de vista más personal, incluso mayor implicación expresiva, quedándose lejos del carácter visionario de un Muti, de la poesía de Barenboim o de la magia tímbrica de un Celibidache. En cualquier caso, la increíble labor de la orquesta alemana compensa estas relativas insuficiencias y redondea una recreación de gran altura. La filmación, disponible aquí, se ofrece en formato 4K. (9)



78. Shani/Sinfónica de la Escuela de Música Buchmann-Mehta (YouTube, 2021). Otra joven batuta bueno, Lahav Shani en esta ocasión prescinde de ella demostrando su talento en una obra crucial del repertorio. Por un lado, y aunque empaste y claridad no alcancen siempre la mayor altura, saca petróleo de una orquesta de estudiantes (¡vaya nivelazo!) de esas que tocan juntos de tarde en tarde, pidiéndoles además todas las inflexiones que la partitura demanda. Por otro lado, ofrece una visión personal y de interés, más extrovertida que sensual, en la que se imponen la incisividad, la brillantez, el nervio y el sentido de los contrastes sobre otras consideraciones. A tener en cuenta. (8)



79. Harding/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2023). El maestro británico demuestra no solo una enorme técnica, sino también gran sintonía con los profesores de la agrupación consiguiendo hacerla sonar, a ella que es la más musculada del orbe, con la levedad que pide este repertorio; es verdad que alguna frase resulta más aérea de la cuenta, pero el maestro acierta al no dejar que las texturas se escoren hacia la excesiva morbidez y permite que las pinceladas incisivas que esta música coloca en el lienzo también se hagan presentes. Por lo demás, Harding repite su aproximación relativamente rápida en los tempi, contrastada e inmediata, pero también parca en poesía, que hizo con la Orquesta de París. La diferencia la marcan los Pahud, Mayer, Dorf, Delepelaire y compañía, un verdadero prodigio. Soberbia la imagen; al sonido Dolby Atmos le falta gama dinámica. (8)


80. Stasevska. Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2025). Interesantísimo comparar esta lectura de Dalia Stasevska, finlandesa de origen ucraniano, con la que la dos años antes ofreciera Daniel Harding: no solo posee las mismas virtudes que su colega, sino que corrige algunas levedades excesivas de aquél, ofrece más detalles personales incluso a la hora de clarificar las texturas y hasta muestra mayor concentración poética en determinados pasajes clave. Cierto es que otros ni los huele, pero la orquesta primeros atriles muy distintos a los de la ocasión anterior, dicho sea de paso– hace el resto. Lástima que la plataforma de streaming siga sin ofrecer toda la gama dinámica que pide la partitura. (9)

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...