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miércoles, 24 de diciembre de 2025

Primera visita a la Concertgebouw de Ámsterdam: Cuarta de Mahler con Saraste

Pues sí, era verdad lo que decían: la acústica es sensacional, comparable a la de la Philharmonie de Colonia, pero con mucho más "caché" histórico. La sala es bellísima, además, como lo es también el exterior. Los salones y los diferentes servicios, sin embargo, no me han parecido gran cosa. Tampoco la tienda, en la que esperaba encontrar descatalogados y cosas así. Tienen el mínimo. Lo peor es el ambigú: solo bebidas. Si quieres picar algo, tienes que acudir previamente al bar que se encuentra dentro del edificio, pero fuera de los espacios del concierto. Imposible en el intermedio. Muy, pero que muy mal, sobre todo si acudes, como lo hice yo, a las dos y cuarto de la tarde.

A la Orquesta del Concertgebouw la escuché tres veces en Sevilla entre 1992 y 1993 con Riccardo Chally, y una vez muchos años más tarde en Granada con Neeme Järvi sustituyendo a Jansons. Ya está. La tengo por una de más grandes que se hayan escuchado. Quizá sea el momento de decir que nunca comulgué con esa "verdad madre" de la revista Ritmo en su etapa menos plural según la cual la mejor orquesta del mundo era la Sinfónica de Chicago. Miren ustedes, si hablamos de los ochenta y noventa, Philadelphia era igual de extraordinaria, seguida muy a la zaga por los prodigios de Boston y Cleveland. Otra cosa es confundir calidad con potencia y brillantez sonora: ahí sí que la CSO era número uno. Ya al otro lado del océano, Filarmónicas de Berlín y Viena se movían en el mismo prodigioso nivel. Lo mismo se puede decir de Ámsterdam, sin la personalidad de las dos formaciones europeas citadas, pero aportando similar virtuosismo y mayor flexibilidad para adaptarse a cualquier repertorio. La Concertgebouworkest era ya sensacional con Haitink, mantuvo e incluso subió el nivel con Chailly, superó las titularidades del discreto Jansons y del mediocre Gatti, y ahora se enfrenta a un Mäkelä con el que se espera haga grandísimas cosas.

A mí me ha tocado escucharla, el pasado domingo 21 de diciembre, con Jukka-Pekka Saraste sustituyendo a Andris Nelsons. No ha habido sorpresas: imposible tocar mejor que como lo hacen estas personas en lo que se refiere a los dos aspectos fundamentales, el virtuosismo y la musicalidad. Pienso que los primeros atriles de Berlín son todavía mejores en esto último; reconozco que en Viena aún queda parte de la inigualable sonoridad de los violonchelos de su mejor época; no tengo problemas en seguir deslumbrándome ante la insuperable seguridad de Chicago; pero tampoco encuentro motivo para no considerar a la del Concertgebouw como formación menos increíble que cualquiera de ellas. Tampoco para ponerla por encima, que es lo que algunos pretenden. La verdad, esto de ordenarlo todo con puntuaciones, tal y como nos vemos obligados a hacer a los profesores con nuestros alumnos, cada día me parece una cosa más perjudicial.

El concierto. Pues muy bien, oigan. En la primera parte se ofrecía una pieza para trompeta y orquesta de Jörg Widmann, Toward Paradise (Labyrinth VI), un encargo de Nelsons estrenado en 2021. Como me considero incapaz de escribir sobre ella, me limito a decir que me gustó bastante en su propuesta de llegar a una síntesis entre "modernidad" y trascendencia espiritual. La verdad, ya uno empieza a hartarse del recurso fácil de acudir al desgarro. Por descontado, el solista era el enorme Hakan Hardenberger, gran amigo de Nelsons. Estuvo descomunal desde cualquier punto de vista.

Cuarta de Mahler en la otra parte del programa. La aún reciente versión de Nelsons en Sevilla (reseña aquí) me pareció de referencia, claramente preferible a la que él mismo había filmado con la Filarmónica de Viena, así que eché de menos su presencia. Dicho esto, gran interés había por ver cómo se las gastaba Saraste. Se resume fácil: versión rápida sin precipitaciones, muy sólidamente trazada, poco contemplativa, directa al grano y con cero azúcar. Explicado para discófilos: el polo opuesto a la discutible grabación de Bernstein con la misma orquesta. Se notaba por parte de Saraste un deseo por limpiar de pringue la partitura: vibrato sin exageraciones, flexibilidad bajo control nada que ver con los rollos de pianola conservados del propio Mahler y sensible moderación, cuando no eliminación, de esos portamenti que a algunos nos resultan insufribles.

Fue espléndido el primer movimiento, fresco y animado mucho antes que nostálgico; cabe la otra posibilidad, la de ver esta música desde una distancia contemplativa revestida de "serenidad clásica", pero así también se disfruta mucho, sobre todo si se cuenta con unos primeros atriles tan colosales como los de Ámsterdam. Mejor aún el segundo, más demoníaco que la mayoría sin necesidad de subrayar el sarcasmo. Cosa increíble las maderas, y no digamos el primer violín: de los mejores que he escuchado en esta página.

En el tercero la cosa es más discutible, porque intentar "desrromantizar" una música tan abiertamente otoñal no resulta fácil. El resultado fue una recreación interesante sin más, menos emotiva de lo que debería al tiempo que trazada con buen pulso, apropiada tensión interna y pocas "adherencias indeseables". Muy intenso el gran clímax. En cualquier caso, hay que decirlo: Nelsons lo hubiera hecho de manera más satisfactoria.

Lo menos bueno llegó en el movimiento conclusivo, porque a Christiane Karg, que hizo una buena labor en Sevilla, la colocaron en mitad de la orquesta y apenas se la oyó. Tampoco la voz parecía estar en su mejor momento. Dicho esto, piensen un poco: Cuarta de Mahler con la orquesta que la grabó con Mengelberg, con Solti, con Haitink, con Chailly... Y en la propia Concertgebouw de Ámsterdam. Es como meterse dentro de la Historia. Una experiencia inolvidable.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Quinta de Mahler por Saraste

Si todo ha salido bien, en el momento en el que de manera automática se publique esta entrada estaré en el Concertgebouw de Ámsterdam escuchando la Cuarta de Mahler a la orquesta de la casa dirigida por Jukka-Pekka Saraste. Pues bien, igual que el otro día comenté una Sexta a cargo del maestro finlandés, en este caso una filmación con la Orquesta de la WDR de Colonia del 5 de julio de 2029 que la ADR tiene colgada en YouTube.

No me ha convencido el primero de los tres bloques de la página. No diré que se trate de una interpretación analítica y distanciada, porque no lo es: hay tensiones muy bien planteadas, hay fuerza y hay un despliegue de ricos colores que saben oscilar entre lo aterciopelado y lo incisivo, justo como la música demanda. Lo que ocurre es que, al igual que hace en su Sibelius, el maestro parece decidido a limpiar las notas de "adherencias románticas", y eso no parece lo más conveniente cuando la partitura demanda atmósfera, tristeza y una cierta dosis de histrionismo. En lo que sí acierta es en la carga rebelde y visceral de la última parte del segundo movimiento: ahí sí que la batuta está inspirada.

Magnífico el Scherzo, planteado de manera ortodoxa y expuesto con admirable sentido de la arquitectura y una considerable limpieza en el tejido polifónico. Claro, la orquesta es espléndida y la batuta posee mucha técnica, así que como la expresión es siempre la acertada, las cosas funcionan de manera impecable. La acústica de la Philharmonie de Colonia ayuda lo suyo.

El Adagietto lo hace Saraste como lo que realmente es, un preludio al quinto movimiento, así que lo expone sin lentitudes ni éxtasis místicos, procurando resultar anhelante mucho antes que estático y contemplativo. Un clímax intenso da paso a un Finale que vuelve a ser magnífico: intensidad, vida, color y perfecto control de la arquitectura. Solo le podría reparo al pasaje triunfal previo a la coda, que podría sonar algo más lento y grandioso: de nuevo el maestro, empeñado en limpiar la música de adherencias indeseables, se pasa un poco de la raya. Una pena que la toma presente una molesta compresión dinámica.

sábado, 13 de diciembre de 2025

Sexta de Mahler por Saraste

Vaya por Dios, me cancelan por segunda vez. Ayer Martha Argerich nos dejó plantados a quienes nos habíamos gastado casi cien euros en escucharla en Sevilla (¡menos mal que el Maestranza tuvo la deferencia de devolvernos las entradas, porque muchos íbamos por la diva y no por Dutoit!), y hoy mismo Andris Nelsons anuncia que, "por motivos familiares", renuncia al concierto de la semana que viene con la Concertgebouw para el que un servidor ya tenía entrada. A ver, el motivo de mi viaje es ver Ámsterdam por primera vez, sumergirme en mi adoradísimo Rembrandt y escuchar una Cuarta de Mahler con la Concertgebouw y en la Concertgebouw, pero sin Nelsons no es lo mismo: lo que le escuché con esta obra en Sevilla me pareció difícilmente superable, así que cualquier cambio forzosamente tiene que ser a peor.


Como habrán imaginado por el título de esta entrada, le sustituye Jukka-Pekka Saraste. Movido por la curiosidad, en lugar de seguir esta tarde el concierto de la Filarmónica de Berlín precisamente con Nelsons he visto a través de YouTube la Sexta de Mahler que el maestro finlandés ofreció al frente de la Filarmónica de Oslo el 11 de marzo de 2022, filmación en 4K cortesía de la propia orquesta. ¿Satisfecho? A medias. 

El primer movimiento me ha parecido bueno, sin más: todo en su sitio, claridad suficiente y pulso bien sostenido, pero sin esa tensión interna y esa virulencia sonora que la música necesita. Eso sí, ni rastro de blanduras, preciosismos ni amaneramientos. ¡Qué alivio! Saraste coloca el Scherzo en segundo lugar. Le sale bien, solo eso. Poco demoníaco y algo rutinario, aunque siempre dentro de un notable nivel de exposición.

El sublime Andante moderato le queda frío. No sé si la intención es la de apartarse del Mahler pegajoso y en éxtasis de otros directores, o quizá simplemente intenta mirar al futuro antes que al pasado romántico, pero lo cierto es que tanto distanciamiento no es conveniente. Por fortuna, funciona muy bien el gran clímax del movimiento, no diré emotivo pero sí bien construido y de apreciable intensidad sonora, en el mejor de los sentidos.

El nivel sube considerablemente en el Finale, magnífico todo él: ahí la intensidad dramática, el sentido trágico y la desesperación de esta música salen a flote sin que el maestro pierda las riendas. Todo calculado, pero manteniendo la frescura y la sinceridad que la música demanda, amén de obteniendo un soberbio rendimiento de una orquesta que no es de primera. Por cierto, hay tercer golpe de martillo.

¿Recomiendo el visionado? A los muy mahlerianos, sin duda. El resto debe seguir acudiendo a Barbirolli, Bernstein digital o Rattle 2011. Aquí va el enlace a la discografía comparada. No sé qué puntuación se llevaría esta de Saraste. ¿Siete y medio?


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En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...