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viernes, 20 de febrero de 2015

Lulu de Berg, en el Met con Levine

El martes vi otra filmación de la genial Lulu de Alban Berg: Metropolitan de Nueva York, 20 de diciembre de 1980, bajo la dirección musical de James Levine y en la producción escénica de John Dexter que se había estrenado tres años atrás. Habida cuenta de que lo que aquí se escucha es la versión es tres actos completada por Friedrich Cerha, y que ésta no se presentó hasta 1979 con Boulez y Chéreau en París, hemos de suponer que en esta transmisión televisiva lo que vemos es la versión ampliada por el propio Dexter añadiendo el tercer acto. El DVD ha sido comercializado en 2010 por el propio Met y cuenta con una sorpresa en el audio: surround auténtico, con los aplausos y las toses en los canales traseros. Parece que la toma original debió de realizarse con micrófonos ubicados en varias posiciones de la sala, y que a la hora de comercializar el producto los técnicos han tenido a bien reconstruir la imagen original, logrando así ofrecernos una profundidad espacial  apreciable. Lástima que los subtítulos vengan solo en inglés.

Berg Lulu Levine Met

¿Merece la pena verla? Creo que sí, pero la filmación de Boulez y Chéreau, comentada en una entrada anterior, alcanza niveles artísticos muy superiores. Esta de Nueva York llama la atención por ofrecer una producción muy del Met: no ya naturalista –la de París lo es también–, sino hiperrealista, recargada y suntuosa, hasta el punto de que estas escenografías parecen sacadas de Bohème (estudio del pintor), Adriana Lecouvreur (camerinos) o incluso Traviata (sala de juegos). Nada que ver con el sórdido drama propuesto por Berg. La dirección de actores es francamente buena, pero la calidad del teatro de Dexter es muy inferior a la del de Chéreau y eso deriva en unos resultados bastante menos atractivos, por mucho que se sigan más al pie de la letra las indicaciones del libreto y que se ubique la acción como quería Berg, a principios de siglo, y no en los años mismos de la composición.

Conociendo su Carmen con Domingo, esperaba mucho más en el terreno actoral de Julia Migenes: incuestionablemente es muy buena actriz, pero su Lulu, ante todo refinada y maliciosa, resulta un tanto plana, menos rica de concepto que la más frágil Teresa Stratas, aunque vocalmente no lo pase tan mal como esta última. La que deslumbra es Evelyn Lear, jugando en casa –era de Brooklyn– y entregadísima en el rol de la Condesa Geschwitz, tanto en lo vocal –el timbre está deteriorado, pero se encuentra cómoda por abajo a pesar de ser soprano– como en lo escénico.

Schön y su hijo Alwa corren a cargo de los mismos intérpretes de París: Franz Mazura y Kenneth Riegel, este último con el cabello teñido de oscuro. El primero de ellos está ahora peor en lo vocal –salvo cuando hace de Jack en el final–, pero el segundo sale algo más airoso. Más que dignos los dos, en cualquier caso, dominando bien sus respectivos personajes. Muy bien el pintor de Frank Little, y bastante más audible el Schilgolch de Andrew Foldi que el de Toni Blakenheim en París. Suficientes los demás.

La batuta de James Levine evidencia importantes virtudes y graves limitaciones: hay mucha vida, gran sentido teatral, rico colorido, apreciable claridad y una refrescante inmediatez expresiva, pero la sensibilidad es más bien primaria, prima el nerviosismo frente a la concentración y se busca mucho antes el efecto de cara a la galería que la sutileza expresiva. Vamos, que se arma muchísimo ruido. La Orquesta del Met funciona con precisión y se convierte –zurriagazo va, zurriagazo viene– en lo gran protagonista de la velada. A los norteamericanos les debió de encantar.

Ah, se me olvidaba: se acaba de anunciar que para la próxima temporada del Met se estrenará una nueva producción de Lulu, otra vez con Levine en el podio. Veremos.

sábado, 28 de marzo de 2009

Una maravillosa horterada: Kismet con Gemiagni, Ramey & Co.

Aunque me gusta bastante el género (más que la zarzuela, sin ir más lejos), no soy precisamente un experto en musicales. Tanto es así que no conocía Kismet, una horterada pergeñada por unos tales Robert Wright y George Forrest sobre temas del mismísimo Alexander Borodin -las Danzas Polovsianas en primer plano, claro está- sobre un delirante argumento ambientado en la Bagdad del siglo XI (“A Musical Arabian Night”) que debió de dar pie en Broadway a un tan lujoso como cateto despliegue de escenografía, vestuario y chicas voluptuosas. Arrasó en los Tonys de 1953 y fue pronto llevada al celuloide (con Howard Keel y la dirección de Vincente Minelli: tampoco he visto la película).

Kismet_Gemignani

Pues bien, hete aquí que he podido escuchar (¡gracias, Amazon, por vender barato discos de segunda mano!) la grabación realizada por Sony Classical en 1990 y me lo he pasado realmente en grande. La idea, vuelvo a repetirlo, es una horterada monumental, pero está realizada de manera tan brillante que el resultado termina enganchando; la belleza melódica de Borodin tiene mucho que ver con ello. Y la interpretación contenida en este disco es sencillamente un prodigio.

Elemento fundamental, sin duda, la batuta de Paul Gemignani, quien al frente de una prodigiosa Sinfónica de Londres hace gala de una brillantez, un colorido, una chispa y un swing realmente excepcionales. Los Ambrosian Singers (si no fueron el mejor coro del mundo, poco les faltó) estuvieron maravillosos. Y los cantantes realizaron todos ellos una excepcional labor in que se notase que sus voces fueron grabadas en Nueva York sobre un registro previo de las partes orquestales.

Un Samuel Ramey ya algo mayor pero artistazo como él solo delineó al mendigo-poeta protagonista con una línea vocal envidiable pero sin sonar a cantante de ópera metido en camisa de once varas. Julia Migenes destiló con picardía y sensualidad toda el erotismo de su personaje. El malogrado Jerry Hadley y una deliciosa Ruth Ann Swenson, por entonces los dos aún bien de voz, compusieron a la parejita de enamorados evitando totalmente la cursilería. El actor Dom DeLuise (sí, el que hacía pareja con Burt Reynolds) es un villano gracioso pero afortunadamente no bufonesco. Y Mandy Patinkin tiene una breve pero divertidísima aparición casi al final de la partitura. Una impresionante toma sonora redondea un disco de esos para dejarse de prejuicios y pasárselo en grande.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...