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jueves, 4 de julio de 2024

Gilbert y Kavakos cierran temporada en Hamburgo

La NDR Elbphilharmonie Orchester cerraba el pasado fin de semana la temporada de abono con su titular Alan Gilbert y la presencia de Leonidas Kavakos. No quedaban entradas para la función del sábado, así que saqué para el domingo: justo la tarde del día en que en la misma Elbphilharmonie escuché, con Argerich y Cambreling, a la otra orquesta de la ciudad, la Sinfónica de Hamburgo. Esta de la NDR me ha parecido algo mejor, pero no diría que haya una enorme diferencia entre ellas. Ambas son de muy buen nivel, sin llegar a una auténtica primera fila. En la de Gilbert destacaría una cuerda extraordinaria, solidísima y muy bien empastada, frente a unos vientos más convencionales en los que se puede presentar algún desajuste sin importancia.

Acudí especialmente interesado por el Concierto para violín nº 2 de Martinu, pero el griego decidió no interpretar la partitura alegando una enfermedad y la sustituyó por el Nº 3 de Wolfgang Amadeus Mozart, no casualmente la página que mañana viernes 5 tiene previsto interpretar con la Filarmónica de Gran Canaria dirigiendo él mismo. También era el propio Kavakos el que dirigía su grabación de 2006 que comenté en esta discografía comparada. Escuchado el concierto del domingo, he acudido a la filmación del que se ofreció el día anterior, que tienen ustedes disponible en YouTube. Y me temo que lo tengo ahora más claro: no me gusta cómo interpreta este señor la página. Que en Hamburgo no estuviera del todo bien de dedos –lo de la enfermedad debe de ser verdad– importa poco. Es una cuestión de estilo y de expresión. Kavakos quiere ser tradicional e históricamente informado, optando por una tercera vía que, en su caso, no es chicha ni limoná. Modera considerablemente las vibraciones –a veces el resultado es tímbricamente feo–, apuesta por la articulación incisiva y añade una buena cantidad de adornos no siempre afortunados. Ojo, que está muy bien que el artista tenga ideas propias, arriesgue y demuestre un intenso trabajo detrás, pero a mí lo que suena a ratos me resulta frío, a ratos me parece frivolón y pimpante. No sé decir si las cadencias eran las mismas del disco, pero iban por el mismo camino. En mi función no hubo propina, sí en la del vídeo: movimiento conclusivo de la Partita nº 1 en interpretación formidable.

¿Bueno, y qué pasa con Alan Gilbert? Dirigió bien a Mozart, recortando un poco la articulación para encajar con su amigo Kavakos sin por ello renunciar a lo tradicional. El resto del programa rimaba con el Martinu inicialmente previsto, porque originalmente estaba todo dedicado al repertorio checo. Vysehrad, primero de los poemas sinfónicos que integran el ciclo Mi patria de Smetana, recibió una interpretación de buena planta. El maestro neoyorquino se mostró sabio a la hora de poner de relieve la sana rusticidad que los pentagramas necesitan, y supo no confundir ese ingrediente con la precipitación ni el exceso: dejó que la música fluyera con naturalidad, equilibrando francamente bien los planos sonoros y cantando con amplitud toda la sección final. Y ya está: no hubo particular inspiración.

Sinfonía del Nuevo Mundo en la segunda parte. Como en el audio con la Filarmónica de Nueva York, Gilbert se mostró muy consciente de que la más célebre –no la mejor– de las partituras de Dvorák no puede limitarse a la delectación melódica: el carácter combativo y el amargor que la música alberga tienen que ponerse bien de relieve. Su batuta lo hace buscando el contraste entre lirismo y fuerza dramática, aportando no pocas ideas propias –el arranque del movimiento conclusivo, sin ir más lejos– y acertando de pleno en una coda llena de desgarro. Me gustó particularmente que el maestro no se tomara las cosas con prisas y buscara la claridad de texturas. Y esta vez me ha interesado más la manera de resolver el celebérrimo tema lírico del primer movimiento.

Dicho esto, he de volver a lo que comenté acerca de la Séptima del mismo autor por la Filarmónica de Viena y Lorenzo Viotti: en directo se aprecia mucho mejor el estudio de la gama dinámica. Y si en aquella ocasión lo hizo para bien, esta vez lo ha hecho para mal. En el soberbio auditorio principal de la Elbphilharmonie queda en evidencia que Gilbert realiza un trabajo bastante grueso a la hora de regular el volumen de su orquesta. No importa que no se interese por ofrecer esos pianísimos imposibles a los que tan aficionados han sido otros directores –Abbado el primero de ellos–, pero entre el piano y el mezzoforte la cosa debería haber estado mucho más matizada. Por lo demás, tampoco me parece que su recreación fuera de una particular poesía: tratándose de una lectura muy disfrutable en vivo, el vídeo tiene poco que hacer en un panorama discográfico repleto de grandes versiones.

Una cosa sobre el público. Se supone que el de allí es mucho más culto que el de aquí. Verdad es que se mostró bastante más silencioso que el de un Maestraza o un Villamarta, pero no es menos verdad que en la función del sábado –la del vídeo– se aplaudió detrás de todos y cada uno de los movimientos de las dos partes del programa. En la del domingo Gilbert logró, con un claro gesto, que no se aplaudiera entre los dos últimos de la Novena de Dvorák, pero luego el personal reventó como si hubiera escuchado las versiones de Karl Böhm o de Celibidache, y no fue para tanto. Efecto Nuevo Mundo, sin duda: lo popular sigue siendo lo que más vende. Aquí abajo y allí arriba.

viernes, 28 de junio de 2024

La NDR Elbphilharmonie, gratis en su equipo

Mi plan para este domingo es visitar por segunda vez -estuve hace seis años- la fastuosa Elbhilharmonie, que se ha convertido para Hamburgo en algo así como el Guggenheim para Bilbao: el llamativo y espléndido edificio contemporáneo que no solo "pone en valor" una determinada zona de la ciudad, sino que casi se convierte en el principal reclamo turístico de la urbe. Otra cosa es que construirlo haya resultado increíblemente caro. Por supuesto, tengo conciertos. Dos: uno con Martha Argerich, Sylvain Cambreling y la Sinfónica de Hamburgo, otro con Leonidas Kavakos, Alan Gilbert y la Sinfónica de la NDR.


Preparando el asunto me he enterado de dos cosas que debería haber sabido antes. Una, que esta última formación se denomina desde 2016 NDR Elbphilharmonie. Tranquilos, que es la misma que en su momento tuvieron Wand, Eschenbach y Dohnány, entre otros. Dos, que los señores de la Radio del Norte de Alemania han creado un canal en YouTube en el que todos nosotros, pobres aficionados, podemos acceder de manera legal y gratuita a una buena cantidad de filmaciones de sus conciertos de los últimos años, la mayoría de ellos dirigidos precisamente por Alan Gilbert. Es verdad que hay comprensión dinámica, pero menos da una piedra. Y los de la NDR saben muy bien lo que hacen: si no estás en la red, no eres nadie. Quizá la idea se la diera el propio Gilbert, que apenas tiene discos pero acumuló durante su titularidad de la Filarmónica de Nueva York una buena cantidad de grabaciones de audio hoy accesibles a través de las plataformas habituales.

Por mi parte, he aprovechado para acercarme a la labor del maestro de origen neoyorquino, que hasta ahora conocía por sus filmaciones con la Filarmónica de Berlín y poco más. Me está causando muy buena impresión, y voy a recomendarles a ustedes lo que más me ha gustado: la recreación que de esa maravilla que son las Danzas sinfónicas de Rachmaninov ofreció la velada de San Silvestre de 2021. El maestro neoyorquino demostró en ella una técnica excepcional desmenuzando, con una claridad que probablemente ningún otro maestro ha superado, el soberbio entramado sinfónico de esta obra maestra. Lo hace, claro está, con la complicidad de la orquesta de la que ahora es titular, la antigua de la NDR de Hamburgo, entregada y a la altura de las circunstancias.

 

Otra cosa es la expresión. El primer movimiento lo plantea sin suficiente nervio, prescindiendo asimismo del carácter bronco que necesita, mientras que tampoco logra Gilbert que el solo de saxofón resulte del todo conmovedor. Funciona, en cualquier caso, como aproximación lírica, sobresaliendo en este sentido la poesía que la batuta extrae del canto litúrgico hacia el final. El segundo movimiento tampoco resulta muy arrebatado, pero sí que desprende la atmósfera enrarecida que necesita; magistral el dominio de la agógica por parte del maestro, logrando ofrecer ese fraseo curvilíneo y sensual aquí imprescindible. Digno de admiración el estudio tímbrico, que sabe alternar entre lo sensual y lo incisivo sin olvidarse de la sonoridad musculada propia de Rachmaninov. El movimiento conclusivo, aunque se podría preferir más desgarrado, se encuentra admirablemente explicado, posee la adecuada dosis de melancolía y resulta coherente con el planteamiento global. Una maravilla que el público se quede callado al final y se pueda escuchar el imponente tam-tam que cierra de manera ominosa la página. 

Lo dicho: es gratis. Arriba lo tienen.


Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...