jueves, 23 de octubre de 2014

Abduraimov, otro mecanógrafo

Andan las casas discográficas a la desesperada buscando su Lang Lang particular: que si Yundi Li, que si Yuja Wang… Podemos sumar a la lista al joven Behzod Abdumariov (Uzbekistan, 1990), de quien me ha llegado una grabación, segunda realizada para Decca, con el Concierto nº 3 de Prokofiev y el Concierto nº 1 de Tchaikovsky. La Orquesta es la Sinfónica Nacional de la RAI, que suena francamente bien bajo la batuta de su titular, el maestro eslovaco Juraj Valcuha. Todos ellos se encuentran admirablemente respaldados por los ingenieros de sonido del sello británico: la toma sonora –julio de 2013– es espléndida, sobre todo escuchada en en 24bit/96khz. Los resultados interpretativos, por desgracia, son bastante desiguales.

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En el Tercero de Prokofiev lo mejor es la batuta, vitalista pero también cuidadosa, además de centrada en el estilo, obteniendo muy buen partido de la orquesta y haciéndola sonar con la adecuada incisividad. En el piano hay que admirar la agilidad y la claridad en la digitación, así como la amplia gama dinámica y la adecuada fortaleza –aun sin ser un sonido particularmente carnoso– para el compositor, pero expresivamente resulta irregular, con momentos muy logrados –pasajes líricos del segundo movimiento–, otros de ironía solo conseguida a medias y otros donde sencillamente pasa de lado ante los matices y se dedica a la mecanografía.


Menos convincente aun Abdumariov en el Primero de Tchaikovsky, servido con un sonido poderosísimo y una digitación de pasmosa claridad, pero ignorando todos los pliegues expresivos que nos hablan de sensualidad, ternura, desgarro, hondura trágica… Para el jovencito, como para tantísimos otros pianistas, esta partitura es ante todo un derroche de virtuosismo al servicio de una idea épica, sin más. Valcuha dirige en la misma línea, aunque con mucha garra, alta intensidad emocional (¡lleno de grandeza el celebérrimo arranque!) y no desdeñable inspiración; lástima que en el segundo movimiento la poesía se le escape de las manos y en el tercero, dirigido con gran vistosidad, deje que el solista se limite a ofrecer cascas de notas sin el menor sentido.

Entre una obra y la otra, Behzod Abdumariov nos ofrece la Danza de los cuatro cisnes de Tchaikovsky en arreglo de otro mecanógrafo famoso, Earl Wild, lo que no deja de ser significativo.

martes, 21 de octubre de 2014

Muti y el Romeo y Julieta de Prokofiev: mejor en Philadelphia que en Chicago

Uno de los más grandes logros de la carrera discográfica de Riccardo Muti, por no decir el mayor, fue el registro de una selección de las suites nº 1 y 2 del Romeo y Julieta de Prokofiev realizado en febrero 1981 para el sello EMI con la Philadelphia Orchestra. Una lástima que el maestro grabara solo 52 minutos de esa obra maestra absoluta (¿la mejor música de la primera mitad del siglo XX?) que es el ballet completo, porque nunca antes ni después –excepción hecha de algún número aislado por Celibidache y un tardío registro radiofónico por Rostropovich no comercializado– ha sonado esta partitura con semejante nivel interpretativo.

Muti Prokofiev Romeo

El secreto de semejante excelencia, al margen de la portentosa intervención de la orquesta de la que el maestro napolitano acababa de obtener la titularidad, fue doble. Por un lado, la perfección del idioma de Prokofiev que evidenciaba la batuta, con todo su sarcasmo pero también con su enorme aliento poético, ofreciendo en lo puramente sonoro aristas en su punto justo, una cuerda grave poderosa y esas maderas carnosas tan propias del autor, sin escorarse hacia lo en exceso expresionista ni hacia un excesivo refinamiento lírico. Por otro, el tremendo instinto teatral que evidenciaba alguien que conocía muy bien el mundo de la ópera, y que sabía no quedarse en lo sinfónico sino narrar una historia con un pulso y una inmediatez absolutas. Amor, violencia y muerte sonaron con una intensidad, una inmediatez y una garra dramática inigualables.

Añadiríamos a todo ello un tercer factor: una diríamos que “italianidad” fresca y rústica, a veces muy luminosa (¡increíble la danza popular!), que le sienta estupendamente a esta obra que tiene más de latino de lo que a primera vista puede parecer. La toma sonora recogía el portento con amplísima gama dinámica, pero también con excesiva aspereza y escaso sentido espacial.

Prokofiev Romeo Muti CSO

Pues bien, Muti vuelve a llevar al disco la obra, esta vez con su nueva orquesta norteamericana: la Sinfónica de Chicago. El registro está realizado en vivo, correspondiendo a sendos conciertos ofrecidos en el Symphony Center los días 3 y 5 de octubre de 2013; edita el sello de la propia orquesta, CSO Resound. ¿Diferencias? En primer lugar, ahora nos quedamos en solo 48’50’’: la escena callejera no se echa especialmente de menos, la danza popular sí. En segundo lugar, la toma sonora es ahora mucho mejor: se ha reducido un tanto la abrumadora gama dinámica de antes, pero se ha ganado de manera considerable en definición tímbrica, cuerpo, espacialidad y, a la postre, naturalidad.

En cualquier caso, lo importante son los resultados artísticos, y aquí hemos salido perdiendo. Entiéndaseme: la planificación desde el podio es soberbia –más aún que antes, pues se escuchan líneas orquestales insólitas– y la orquesta toca de manera literalmente insuperable, pero Muti no se muestra tan comprometido en lo expresivo. El ardor juvenil, la intensidad, la garra, el carácter diríase que visionario que antaño presentaban tanto los números líricos como los más dramáticos, han dado paso a una relativa –muy relativa, pero perceptible– relajación de las tensiones; incluso a cierta pérdida de la tremenda personalidad de años atrás, como si el maestro se limitase a hacer unas cuantas correcciones –extraordinariamente sabias, eso sí– a un imaginario piloto automático. Ni siquiera la Chicago Symphony, insisto que perfecta desde el punto de vista técnico, suena tan claramente a Prokofiev –por las maderas, sobre todo– como la Philadelphia Orchestra.

Resumiendo: la grabación de EMI es imprescindible en una discoteca mínima, mientras que la de Chicago, siendo magnífica, resulta decepcionante para venir de quien viene. ¡Qué ocasión perdida!

lunes, 20 de octubre de 2014

Kaufmann canta Wagner

Siendo de los melómanos que valoran mucho antes la sinceridad expresiva, la riqueza de matices y la comunicatividad por encima de la belleza vocal o la ortodoxia en la técnica, debería contarme entre los muchos entusiastas de Jonas Kaufmann. No es así: cada vez que el telón muniqués abre la boca me pongo nervioso, tal es el grado de rechazo que me produce el paupérrimo sonido que se deriva de su particularísima técnica de emisión desde el mezzoforte hacia abajo. A partir del forte la seguridad es apreciable y la brillantez del canto termina emocionándonos, sobre todo estando respaldado por un amplio fiato que le permite realizar algunos tremendos alardes, pero para mi gusto las desigualdades son excesivas.

Kaufmann Wagner

Ahora bien, no sería justo por mi parte regatear otras virtudes muy importantes que hay que añadir a las arriba señaladas: Kaufmann canta con exquisito gusto, el exhibicionismo (impactantes aquí sus Wälse, Wälse) está siempre al servicio del drama y el canto, desplegado con amplio legato no diré que italianizante pero sí lejos de rigideces presuntamente germánicas, se encuentra modelado por ricos pliegues expresivos; su sensibilidad es grande, como lo son su atención al detalle y la intencionalidad de sus difuminados.

Será por eso por lo que me ha gustado bastante en este recital Wagner registrado en Berlín en septiembre de 2012 en el que encarna, con mayor o menor fortuna pero siempre de modo convincente, a personajes wagnerianos tan ilustres como Siegmund, Siegfried, Rienzi, Tannhäuser, Walther von Stolzing y Lohengrin, todos ellos en sus escenas más características. Particularmente memorable su recreación del caballero del cisne, con un “In fernem Land” ofrecido aquí en su inhabitual –y más convincente– versión completa. ¡Bravo!

De postre nos ofrece Kaufmann los Wensendonck-Lieder, nada menos. Resulta raro escucharlos en la voz de un hombre, pero el tenor resuelve la papeleta, ya que no con especial inspiración, sí con apreciable sensibilidad: nada de cantante de ópera metido en el campo del lied, sino artista de verdad capaz de ponerse al servicio del canto más íntimo y sutil.

La Orquesta de la Deutschen Oper de Berlín se muestra en plena forma bajo la batuta de un Donald Runnicles solvente y ajeno a veleidades sonoras, pero alicorto en vuelo poético y no muy capaz de distinguir entre situaciones expresivas; a decir verdad, ni siquiera esto le suena mucho a Wagner. Eso sí, técnicamente el registro es una gozada: lo he escuchado en Blu-rau Pure Audio, en concreto en la pista DTS Master Audio a 24bit/96khz, y suena de manera soberbia.

domingo, 19 de octubre de 2014

Adiós a Lutherapia

Ayer sábado por la noche estuve en el Villamarta asistiendo a la penúltima función de Lutherapia. Penúltima no solo en el teatro jerezano, sino también en sentido estricto: mis admiradísimos Les Luthiers retiran hoy domingo definitivamente del cartel, después de recorrer medio mundo, este espectáculo que se estrenó en allá por agosto de 2008 y que hace tiempo circula en DVD. Gracias a eso, precisamente, pude ponerles a muchos de mis alumnos de música uno de los números del programa, la soberbia Rhapsody in Balls cuyo YouTube les dejo aquí.


A partir de ahora, los humoristas/músicos argentinos se quedan solamente con dos espectáculos de refritos, ¡Chist! y Viejos hazmerreíres, el primero de los cuales podría precisamente verse en Madrid dentro de unos meses. Para el segundo habrá que esperar cuatro años, si es que para entonces siguen en activo. Lo que parece muy difícil, a tenor de sus propias declaraciones, es que vuelvan a ofrecer novedades en su repertorio, así que no dejaremos de recordar la función de anoche con un poco de nostalgia. Y ahora, a ver si sale la filmación de su espectáculo en el Colón con Marta Argerich, Daniel Barenboim y los chicos de la West-Eastern Divan.


PS. Me adelanté. Les Luthiers acaban de anunciar que repetirán Lutherapia en Canarias en marzo de 2015. ¡Buenísima noticia para los que vivan en las Islas Afortunadas!

viernes, 17 de octubre de 2014

La Sinfonía Leningrado por Petrenko

No resulta fácil de dirigir la célebre marcha de la Séptima Sinfonía de Shostakovich: hay que graduar las dinámicas y las tensiones con la misma precisión de relojero con que se debe trazar el igualmente complicado Bolero de Ravel, y además hay que hacer que la música suena amenazadora y agresiva (avance de las tropas de Hitler o de la represión estaliniana, como ustedes prefieran), evitando la muy peligrosa tentación de caer en lo pimpante, lúdico e incluso lo verbenero. Vasily Petrenko demuestra técnica y musicalidad sobradas en todo este pasaje y, aunque resulte discutible que acelere hacia el final, sale más que airoso del reto. Acierta asimismo en la conclusión de la partitura, donde muchos directores en busca del aplauso fácil se ponen en plan épico, incluso triunfalista, mientras que el maestro nacido precisamente en San Petersburgo/Leningrado saber ser trágico y opresivo, dejándonos así un adecuado regusto agridulce en la boca.

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En el resto de la obra, bien secundado por la notable Royal Liverpool Philharmonic, Petrenko hace gala de sensatez y sensibilidad, fraseando con el adecuado aliento lírico y capturando bien el aroma fatalista sin la necesidad de cargar las tintas, pero no termina de inyectar la tensión interna ni la intensidad emocional que necesita esta obra para que no aburra: el resultado es más bien deslavazado, cuando no mortecino. A mí, la verdad, la audición se me ha hecho cuesta arriba, cosa que no me ocurre con interpretaciones como la de Jansons con la Filarmónica de Leningrado o la todavía referencial de Bernstein al frente de la Sinfónica de Chicago.

Escuchadoi este registro en 24bit/96khz, debo añadir que la toma sonora, siendo muy buena, dista de lo excepcional (el SACD de Kitajenko suena bastante mejor, por ejemplo). El precio es el propio del Naxos de hoy: superior a las gamas muy baratas que circulan por ahí y en exceso cercano a las series medias de los mejores sellos. En suma, un disco que no hacía ninguna falta.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Novena de Bruckner por Schuricht: sobrevalorada

El Bruckner de Carl Schuricht tiene mucho prestigio, pero mi primer acercamiento al mismo –sí, ya sé que he llegado muy tarde– no me anima a seguir adelante. Y es que esta Novena registrada frente a la Filarmónica de Viena en la Musikverein de la capital austríaca en noviembre de 1961, para el sello EMI, me ha parecido bastante irregular: el maestro alemán, con nada menos que ochenta y un años a sus espaldas, controla bien los medios a su disposición, se muestra bastante musical y atiende muy bien a los aspectos dramáticos y escarpados de esta genial música, pero la vertiente poética se le escapa de las manos. El fraseo resulta poco emotivo, pues aunque no carece de cantabilidad sí que se muestra ajeno a esa mezcla de sensualidad, ternura y carácter agónico que la partitura demanda. Tampoco encuentro el menor rastro de espiritualidad, e incluso hay clímax carentes de la adecuada grandeza, por no hablar de un final precipitado y sin magia alguna. En contrapartida, el segundo movimiento está conseguido y en el resto se pueden encontrar, aquí y allá, momentos muy convincentes.


La orquesta también decepciona, aunque de modo relativo: la cuerda ofrece la enorme belleza en ella esperable, mientras que los metales no terminan de ofrecer la solidez adecuada. Incluso hay alguna sonoridad un tanto pobretona. ¿Mediocre interpretación, en suma? No, tampoco es eso, pero a tenor de su fama uno se esperaba bastante más.

He escuchado este registro no en disco compacto, sino en un DVD-Video sin imágenes que yo mismo me he fabricado a partir de los archivos FLAC de alta calidad (24bit/96khz) disponibles en HD Tracks. Y aquí debo decir que los resultados me convencen mucho más que los reprocesados de otros títulos realizados por HDTT comentados en las dos entradas anteriores: aun notándose que se trata de una grabación antigua, la alta resolución ofrece una naturalidad, un cuerpo, un relieve y una inmediatez admirables, probablemente no inferiores al SACD editado por la propia EMI junto con la Octava del mismo Schuricht.

lunes, 13 de octubre de 2014

Otro reprocesado discutible de una interpretación excepcional: Cuarta de Mahler de Szell

Hablé en la entrada anterior del reprocesado, a mi entender decepcionante, realizado por HDTT de El sombrero de tres picos por Frühbeck de Burgos. Vamos ahora a por lo que el mismo sello ha hecho con otra interpretación excepcional, la Cuarta de Mahler registrada por George Szell y la Orquesta de Cleveland en octubre de 1965 para CBS. Los resultados técnicos, siempre contando con que he escuchado –pasada por mí mismo a DVD– la versión 24bit/96khz, son parecidos: el sonido es mucho más inmediato, también más incisivo, se consigue más claridad, más transparencia y también más cuerpo, pero a cambio las frecuencias agudas parecen excesivas y llegan a generar estridencia, sobre todo en el sonido de los violines.

Mahler 4 Szell vinilo

Ahora bien, en el caso de esta grabación mi valoración global no es negativa, como ocurría en el ballet de Falla: para mi gusto, ahora salimos globalmente ganando, sobre todo en lo que se refiere a la cuerda grave –que adquiere una presencia mucho más acorde con la realidad– y al tratamiento del triángulo y las campañillas, fundamentales en esta obra. A la postre es como si se hubiera quitado una capa de polvo a una pintura: los colores son más vivos, se aprecian mejor texturas y relieves, aunque también se perciben mejor las insuficiencias e imperfecciones del original. Que cada cual lo vea: a mí sí me ha merecido la pena el desembolso de 12 dólares (pueden adquirir los archivos aquí).

Bueno, ¿y la interpretación? Para muchos es su versión favorita. Para mí también lo sería si no fuera por la soprano Judith Raskin, porque lo de Szell me parece impresionante. Siempre analítico, objetivo y por completo ajeno a narcisismos, blanduras o concesiones de cara a la galería, pero también, en muchos casos, un tanto prosaico y desinteresado por indagar en los pliegues expresivos, el maestro de origen húngaro alcanzó en esta Cuarta una de las cimas de su carrera discográfica gracias a su capacidad para atender a todos los componentes de la partitura en su punto justo, sin pasarse ni quedarse corto en ninguno de ellos.


Así, los dos primeros movimientos suenan con el perfecto equilibrio entre lo naif y lo sarcástico, sin que el primero resulte meramente clásico y evocador ni que en el segundo lo demoníaco nos haga olvidar el encanto de la obra. A continuación nos ofrece un tercero admirablemente paladeado, evitando caer en lo otoñal ni en excesos contemplativos; por el contrario, se muestra vehemente y tenso cuando debe, si bien es cierto que al gran clímax final, pobremente recogido por una toma chata en dinámica, no termine de sacarle todo el partido posible. En el cuarto, ya digo, no está en modo alguno a la altura de las circunstancias Judith Raskin, muy poco interesante en lo vocal y algo limitada en lo expresivo, si bien en la última estrofa, dirigida de manera sublime por Szell, frasea con muy buen gusto.

¿Otras interpretaciones en compacto? Me gustan muchísimo las de Klemperer de 1961 (¡qué asombroso reprocesado el de EMI Francia!), la de Maazel de 1983, la de Chailly de 1999 y la de Sinopoli de ese mismo año, sin olvidar el Ruhevoll de Solti con la Sinfónica de Chicago. Esta de Szell, en cualquier caso, hay que conocerla.

domingo, 12 de octubre de 2014

El Sombrero de Frühbeck: nueva remasterización, “a peor”

Permítanme celebrar el Día de la Hispanidad con uno de los discos de música clásica más rematadamente españoles que deben de existir: la grabación del ballet El sombrero de tres picos –completo, no las suites– efectuada por un joven Rafael Frühbeck de Burgos al frente de la Philharmonia Orchestra en el Kingsway Hall de Londres para el sello EMI en 1963. Españolidad que no viene solo por la naturaleza de la genial partitura de Manuel de Falla, sino también por la interpretación, todavía hoy referencial, del recientemente desaparecido maestro burgalés.

Falla Sombrero Fruhbeck vinilo

Ese carácter tan hispano es muy difícil de definir con palabras, pero resulta perfectamente identificable desde el arranque (¡lleno de júbilo, salero y garbo!) de esta interpretación robusta y enérgica, más no basta, planificada con tremenda solidez y expuesta con asombrosa claridad, en la que frente a enfoques más evanescentes y refinados, diríamos que impresionistas, como pueden ser los de un Ansermet, un Ozawa o –a menor nivel artístico– un Dutoit, priman la teatralidad, la garra, el espíritu juvenil y hasta el arrebato.También rebosa de sentido del humor; de humor “rústico” y jocoso antes que amable, que es el que demanda la partitura. Y de concentración, de poesía y hasta de magia, a la que no es ajena la presencia de una Victoria de los Ángeles excelsa en el canto del cuco.

No podemos olvidar la sensacional labor de la orquesta de Klemperer, que aquí hace gala tanto de su tremenda solidez técnica y de su tímbrica particularmente incisiva en las maderas –bien subrayada por la batuta– como de una frescura, una comunicatividad y una musicalidad a la hora de ofrecer matices expresivos realmente asombrosa. En suma, una interpretación que sigue siendo referencia absoluta, a pesar de contar con las espléndidas recreaciones “a la francesa” arriba citadas, de la admirablemente stravinskiana de Boulez o de la muy poderosa de Barenboim con la Sinfónica de Chicago (la del DVD, mejor que la del CD).

Y ahora, la cuestión técnica a la que hace referencia el título de esta entrada. La audición la realicé anoche –por cierto, ya tengo la instalación adecuada para escuchar música sin excesivos sobresaltos– no en la edición oficial de EMI, sino en un reprocesado realizado por HDTT que, tras pagar 18 dólares, me he descargado en formato 24/96 y me he pasado a DVD-Video (sin imagen, claro) para conservar la alta calidad de reproducción.

Pues bien, no sé si será solo por el HD (que escucho como tal: mi amplificador me reconoce sin problemas los 96khz) o también por la remasterización, pero lo cierto es que el sonido, comparado con la edición de Great Recordings of the Century, ha ganado de manera considerable en inmediatez, claridad, cuerpo y relieve, otorgando además una presencia mucho más adecuada a las frecuencias bajas. Por desgracia, hace ahora acto de presencia una sonoridad metálica, estridente, un poco “a lata”, que acentúa la incisividad y aspereza que ya estaban presentes en la edición de EMI –y que también corresponden en parte a la interpretación, no se olvide– y que a determinadas sensibilidades puede llegar a resultar muy molesta. Creo que globalmente salimos perdiendo.

La cuestión es: ¿cuál de los dos reprocesados es más fiel a la grabación original? ¿Se les ha ido mucho la mano a los señores de HDTT dándole relieve a los agudos en la ecualización? ¿O quizá los ingenieros de EMI siguieron el proceso contrario al hacer la edición en compacto, suavizando las frecuencias altas para difuminar las estridencias y disimular el soplido de fondo? Habría que tener un vinilo original en buenas condiciones para averiguarlo, y supongo que ni aun así quedarían las cosas claras.


De momento, me quedo con la edición de Great Recordings of the Century, acoplada con La vida breve de Frühbeck y El amor brujo de Giulini, siempre con Victoria de los Ángeles. Ahora bien, la edición de HDTT viene con unas romanzas de zarzuela que en 1968 grabó para RCA, bien acompañada por la batuta de Eugenio M. Marco, una Montserrat Caballé en plenitud de facultades. En la canción española de El niño judío está verdaderamente excelsa. Lo pueden comprobar en el YouTube de más arriba y completar así la ración de españolidad bien entendida que proponemos con esta entrada.

viernes, 10 de octubre de 2014

Segunda de Mahler por Mehta en Viena

Como aún sigo sin poder escuchar música en condiciones, y por ende son pocos los discos que pasan por mi equipo, permítanme que recupere algunas notas sobre otros Blu-ray audios editados por Universal que tengo desde hace tiempo. Hablé en la entrada anterior sobre la Novena de Dvorák a cargo de Fricsay. Ahora lo hago sobre la Segunda de Mahler grabada por Zubin Mehta en febrero de 1975 frente a la Filarmónica de Viena. Christa Ludwig e Ileana Cotrubas son las solistas.

Mahler 2 Mehta Decca vinilo

Hay que admirar los resultados, sin duda, aunque teniendo en cuenta que no se trata de una interpretación personal, ni creativa, ni particularmente inspirada. Por eso mismo pueden echarse de menos un mayor sentido trágico y mayor tenebrosidad en el primer movimiento; mayor sensualidad digamos que “amorosa” en el segundo; un más desarrollado sentido de la ironía en el tercero; y un sentido visionario más desarrollado en el tan dilatado como espectacular final. Lo que nos ofrece el maestro indio, a la postre, es una lectura directa, sincera, extrovertida más no superficial, por completo carente de retórica, sin rastro de amaneramiento, realizada de un solo trazo y dicha con enorme intensidad, además de con apreciable concentración en determinados momentos clave: a destacar cómo Mehta hace frasear al coro –el de la Ópera de Viena, mejor que otras veces– en sus primeras intervenciones, haciendo adquirir los silencios un relieve verdaderamente mágico.

Ni que decir tiene que la orquesta está excelsa, sobresaliendo como siempre unos violonchelos de hermosísimo sonido que se lucen particularmente en el segundo movimiento. Estupenda la Ludwig, muy emotiva, e impresionante en lo canoro la Cotrubas, además de emocionante; pero también (¿lo van imaginando?) un pelín llorona.

Mahler Mehta Bluray audio

El Blu-Ray audio no disimula las relativas carencias de la grabación original, si bien permite un gran desahogo en el final, que es donde más se luce este sistema. Por cierto, recoge con precisión los empalmes de la cinta y el ruido del tráfico alrededor de la Sofiensaal vienesa. Lo que no tengo muy claro es que la diferencia con el CD de la colección Decca Legends sea grande. En cualquier caso, hay que tener esta grabación en la discoteca. Diría más: es la opción número uno para quien se acerque a la obra. Para doctorarse en ella, ahí están Klemperer (las dos grabaciones editadas por EMI) o Bernstein (la de la London Symphony, preferiblemente). Y no se olviden del primer movimiento de Solti en Chicago.

miércoles, 8 de octubre de 2014

La Sinfonía del Nuevo Mundo por Fricsay

Hablé en la entrada anterior de los Blu-ray audio que está lanzando Universal Music. Me parece oportuno ahora comentar el primero de ellos que me compré: la Novena sinfonía de Dvorák en interpretación de Ferenc Fricsay y la Filarmónica de Berlín registrada por Deutsche Grammophon en octubre de 1959, acompañada de Los preludios y El Moldava. Mismo acoplamiento, por tanto, del compacto que salió en la serie The Originals, cuya carpetilla se reproduce en el interior. La obra de Liszt se registró en septiembre de 1959 con la Sinfónica de la Radio de Berlín, mientras que la de Smetana corresponde a 1960, volviéndose a contar para la ocasión con la Berliner Philharmoniker.

Fricsay Dvorak Liszt Smetana

Enorme interpretación la de la Sinfonía del Nuevo Mundo, cosa que ya saben los buenos melómanos porque su prestigio siempre ha sido grande. El maestro de origen húngaro hace sonar a la Filarmónica de Berlín de una manera mucho más rocosa y escarpada que con Karajan –nada de opulencia aquí– y frasea con una flexibilidad extrema –siempre con enorme coherencia musical, nada de extravagancias–. Y lo hace para ofrecer una lectura particularmente dramática, hosca y amarga, rebelde mas no épica, de rabia muy bien controlada, fraseada con tanta delectación como creatividad a la hora de atender al significado de cada uno de los pasajes musicales, pero no precisamente por ello exenta de cantabilidad, emotividad y belleza. Personalmente sigo prefiriendo la lectura Karl Böhm, y tampoco quiero olvidar las maravillas que con tan manoseada página han hecho maestros como Klemperer, Kertész, Giulini o Celibidache, pero esta de Fricsay es imprescindible.

Sobre Los Preludios escribí lo siguiente en una discografía comparada que hice sobre el poema sinfónico de Liszt:

“Nos encontramos ante una lectura justamente mítica. En ella hay que admirar, sin duda, la elocuencia, la calidez, la sinceridad y la fuerza dramática del maestro húngaro, aunque si algo destaca en esta interpretación es sin duda el fraseo efusivo, carnal y emocionante que desprenden las secciones líricas. Quizá a la enunciación del tema principal le falta un poco de grandeza, mientras que al final le sobra algo de estruendo para ser una dirección perfecta. La orquesta suena con una rusticidad atractiva, aunque se queda algo corta.”

Le puse un diez a la interpretación, y se lo sigo poniendo pese a los reparos. La que me parece menos buena de lo que por ahí se dice es la de El Moldava. Se trata sin duda de una recreación fresca, juvenil y muy elocuente, de enorme fluidez y vivacidad, hermosísima en las texturas de la sección onírica central, pero a mi entender resulta también un pelín nerviosa, y no todo lo flexible e imaginativa que podría haber sido. La toma sonora, por cierto, está mucho menos lograda que la del resto del disco, a pesar de ser algo posterior en el tiempo.

¿Y la reproducción en Blu-ray audio? He comparado con el CD de The Originals y sí, en mi equipo de gama media noto mejoría en lo que a naturalidad, limpieza e inmediatez se refiere, pero no lo suficiente como para que merezca la pena la compra teniendo el compacto. Eso sí, quien no tenga en su discoteca estas grabaciones, que corra a comprarse el BR.