En mayo de 2013 escribí una entrada titulada “Blu-Ray Pure Audio: ¿el sustituto del CD?” anunciando el nuevo formato por el que Universal Music parecía iba a apostar en el terreno de la clásica. Los primeros títulos anunciados tardaron en aparecer mucho más de lo previsto. Luego han ido saliendo con cuentagotas, y de momento parece que no se animan a renovar en el mercado, pese a que sellos cono Sony o Naxos también han sacado títulos en este formato.
Tengo desde hace meses algunos ejemplares –Fricsay, Böhm, Karajan y Mehta, entre otros–, pero de momento no me había animado a escribir nada porque no tenía las cosas claras. Sigo sin tenerlas. Quizá esté más confuso aún que antes, porque estoy empezando a adentrarme en el terreno de las descargas en HD-Audio y me armo un verdadero lío con eso de los bits, los kilohercios y demás. Aun así, me voy a animar a escribir unas notas por si a ustedes les sirven de algo, y también porque a lo mejor me pueden ayudar a mí: no duden en escribirme para corregirme errores o puntualizar los aspectos que les parezca.

1) El sonido se ofrece en alta calidad, pero no en la máxima posible. Minimun 24bit/96khz, reza la carátula trasera. Minimun y maximun, habría que añadir, porque este es el tope que parecen haberse marcado Deutsche Grammophon y Decca, cuando por lo visto se podrían alcanzar los 24bit/192khz, que es lo que llaman “Studio Master”, o así. Ahora bien, ¿estarían todos los aparatos reproductores y los receptores, es decir, lo que vulgarmente llamamos “amplificadores”, capacitados para leer esa hipotética calidad máxima? Sospecho que no, así que nos conformaremos con los 24bit/96khz.
2) No está claro que se pueda aprovechar el pleno potencial sonoro en cualquier equipo. Según tengo entendido, el receptor (“amplificador”) solo recibe la señal 24bit/96khz si la conexión con el reproductor de Blu-Ray se realiza mediante una conexión HDMI, al menos cuando hablamos de discos con protección anti-copia. Si se hace por una salida coaxial u óptica, la convierte a automáticamente a 48KHz/16 bit. Grave problema este, sobre todo porque los reproductores de Blu-Ray solo tienen una salida HDMI; y esta tiene que ir para el televisor, para que la imagen llegue con la mayor calidad posible. En mi caso, la conexión de mi Blu-ray (Sony BDP-S470) a mi receptor (Denon AVR-1508) la hago a través de un cable óptico. Pruebo las tres capas que audio que vienen en el disco, que son PCM, DTS Master Audio y Dolby True HD, y descubro que cuando reproduzco la citada en segundo lugar en la pantallita de mi receptor aparece un mensaje diciendo que está leyendo los 96khz. Vamos, que en teoría sí que reproduce la elevada calidad que se promete. Sin embargo, no veo una diferencia sustancial de sonido con respecto a las otras dos capas. He hecho una prueba interesante obteniendo “por ahí” una copia HD del disco Wagner de Jonas Kaufmann pasada a DVD que, efectivamente, el visor de mi receptor reconoce como “96KHh”, y he comparado su sonido con el del Blu-Ray audio que tengo en mi discoteca: parecen lo mismo, así que debo de estar escuchando el HD en todos los casos.
3) La selección de títulos es muy discutible tanto desde el punto de vista artístico como desde el sonoro. Sin embargo, hay una explicación. Al igual que para pasar una película a Blu-Ray hay que acudir al celuloide original y realizar un nuevo proceso de digitalización, porque si no lo que estaremos viendo es la calidad de un DVD normal y corriente metida en un BR, si queremos escuchar sonido HD no podemos acudir a un disco digitalizado a la frecuencia de 16bit/44khz normal en un CD. Ahora bien, DG, Philips y Decca ya habían realizado nuevas mezclas a 24/96 para algunas de sus series (The Originals, 50 Great Recordings, Legends); cierto es que al meterlas en un CD perdían la calidad original, pero la remasterización ganaba en limpieza con respecto a reprocesados anteriores. Pues bien, ahora estos sellos se ahorran la mitad del trabajo acudiendo a los títulos que habían salido en las series referidas, porque el master ya está a 24bit/96khz y no hay más que meterlo en un Blu-Ray. Si quisieran sacar otras cosas, tendrían que meterse en el estudio a digitalizar de nuevo, y eso supone un dinero que no están dispuestos a desembolsar en estos primeros lanzamientos destinados a sondear el mercado. Obviamente, con las grabaciones recientes no hay problema alguno, porque los masters ya están en HD.
4) Han eliminado el sonido multicanal de los discos que habían aparecido así en SACD. Esto me parece bochornoso, porque las Quinta y Séptima de Beethoven por Carlos Kleiber se grabaron con admirable sonido cuadrafónico. La referencial Sinfonía Fantástica de Colin Davis con la Concertgebouw salió en Pentatone con su cuadrafonía original, que aquí no se recupera. Significativamente, DG ha reculado y en la reciente edición de todas las grabaciones orquestales de Kleiber hijo en Blu-Ray Pure Audio sí que incluyen la pista surround del SACD, además de PCM 2.0. ¿Tanto costaba hacer las cosas bien desde el principio?
5) Dentro del estuche se incluye un cupón para descargarse el contenido del disco íntegro, pero este viene solo en formato mp3. Se agradece, pero deberían haber incluido opciones de más calidad, como está haciendo Jordi Savall en su sello propio.
6) La presentación no pasa de lo aceptable. De hecho, en la mayoría de los títulos se han limitado a reproducir la carpetilla de la última edición en CD, incluyendo la misma maquetación, las mismas notas e idénticas ilustraciones. No se dice nada sobre el proceso de remasterización ni se ofrece ayuda técnica para sacarle el mayor provecho a este nuevo formato. Por supuesto, nada se dice de las presuntas “pegas” que los discos pueden presentar al reproducirlos en equipos no habilitados para la alta definición sonora (lo de la conexión HDMI frente a la óptica, y todo eso).
7) Los discos están muy desaprovechados. He hecho la prueba: los BR están a menos de la mitad de su capacidad. La Cuarta de Bruckner de Karl Bohm podían haberla acompañado de la Tercera grabada para el mismo sello, y aún hubiera sobrado espacio.
8) El precio es muy caro para los tiempos que corren. Teniendo en cuenta que muchos de estos títulos –salvo las novedades– ya están amortizados, que por las razones apuntadas más arribas no ha habido trabajo técnico de por medio, y que tampoco se han encargado notas ni se ha vuelto a maquetar, se queda uno pensando que estos señores de Universal lo que tienen es mucho morro.
¿Estamos ante un fraude, pues? No, tampoco es eso; la mejoría sonora es apreciable, más aún si en lugar de utilizar un equipo de gama media como el mío se realiza la audición en uno de gama alta, como el que tiene en su casa mi amigo Ángel Carrascosa. Ahora bien, creo que estos primeros lanzamientos deberían haber estado mucho más cuidados y haber ofrecido unos precios más ajustados para estos tiempos de crisis. Por fortuna, Decca parece que se empieza a poner las pilas: se anuncian ediciones no precisamente baratas pero sí ejemplares, con libritos de tapa dura y el contenido tanto en CD como en BR, de cosas tan fundamentales como la Butterfly de Karajan, la Turandot de Mehta o el Rachmaninov de Ashkenazy con Previn. Deutsche Grammophon, por su parte, se lanza a por las Sinfonías de Beethoven por Karajan, más el Richard Strauss del maestro salzburgués. Veremos.