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lunes, 30 de mayo de 2011

Bodorrio a la sevillana

Uno creía, en su ingenuidad, que ciertas cosas habían sido superadas en España gracias al paso del tiempo. Pues no. Aquí les dejo unos extractos del artículo que pueden leer completo en Vanitatis (enlace), al que me he permitido añadirle algunos subrayados. ¡Cómo me hubiera gustado que Luis García Berlanga hubiera sido testimonio fílmico de la ceremonia y, mucho más aún, de lo que vino después! ¡De cuántas cosas se hablaría!

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La Duquesa de Alba y su novio, de boda en Sevilla

La boda de Carmen Solís Tello, hija del marqués de la Motilla y Carmen Tello, con Agustín Aranda en Sevilla, ha sido la confirmación pública para la gente de la calle del noviazgo de la Duquesa de alba y Alfonso Diez. (…) El paseíllo hasta entrar en la iglesia de la Anunciación resultó espectacular. Los sevillanos aclamando a la Duquesa con gritos de "¡¡guapa, guapa!!" (SIC) y "¡¡torero, torero!!" para el funcionario. (…) La boda fue un acontecimiento de primera categoría. La novia con un impresionante vestido firmado por Vitorio & Luchino, guantes por encima del codo, una mantilla de encaje de Bruselas con la que también se casó su madre Carmen Tello, y que se sujetaba al traje con un broche de brillantes. Una joya familiar igual que la diadema que lució, que pertenece a la casa ducal y que utilizan las mujeres Motilla. Tras la ceremonia religiosa, los invitados acudieron al impresionante palacio, propiedad de Miguel Ángel Solís y Martínez Campos.

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Entre los invitados, Javier Arenas; el recién estrenado alcalde de Sevilla Juan Ignacio Zoido; las hermanas Isabel y Carmen Cobo siempre estupendas; el marqués de Benameji; el doctor Trujillo, que fue quien volvió a dar vida a la duquesa al intervenirla quirúrgicamente; Marta Talegón que, como buena amiga, ayudó en todo a Carmen Tello para que la fiesta nupcial fuera un éxito, como así lo fue. Los periodistas Ángel Expósito, Mario Niebla de Toro, José María García, Ana María Abascal; el director titular de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, Pedro Halffter, que regaló a los novios la música de la boda; la soprano Mariola Cantarero, que impactó en la ceremonia religiosa interpretando el Ave María (SIC), la duquesa de Medina Sidonia, los marqueses de Méritos; los Segrelles con su hija Paloma y su marido Emilio Álvarez; Enrique Miguel Rodríguez, Pepita Saltillo; Espartaco, que no coincidió con su ex mujer Patricia Rato, muy elegante como siempre que iba vestida de Ladrón de Guevara; Eugenia Martínez de Irujo, que compartió mesa con Litri, Adriana Carolina; la familia Porcelanosa con Manuel Coloques a la cabeza; Pedro Pesudo y Elia, Tomas Terry...

Y, por supuesto, todos los Motilla, tíos de la novia que, aunque entre ellos mantienen un contencioso por la herencia del marqués fallecido, no tienen problemas a la hora de acudir a un acontecimiento familiar como ha sido la boda de Carmen, celebrada en el palacio ducal de la calle, que lo mantiene el titular sin subvenciones ni dinero público de ningún tipo. (…)

miércoles, 16 de junio de 2010

Doble Traviata en Sevilla: el triunfo de Cantarero

Cinco funciones y doble reparto conformaban esta Traviata sevillana que iba a ser la de Zeffirelli, por la aparatosa producción procedente de la Ópera de Roma, y ha terminado siendo la de Cantarero, por el espectacular éxito de la soprano granadina en el que ha sido su debut en el complicadísimo papel de Violetta, aunque el jerezano Ismael Jordi no le ha ido muy a la zaga retomando el rol de Alfredo. Presencié la primera función de ambos repartos, viernes 11 y sábado 12 de junio respectivamente. Intentaré ordenar mis impresiones.

Zeffirelli

Al contrario de lo que ocurrió con su Bohème de hace años (en el Don Giovanni del 92 no recuerdo si contamos con su presencia), esta vez no ha venido el veteranísimo regista y cineasta italiano a Sevilla. Ni falta que ha hecho, porque esta producción respira su peculiar personalidad por los cuatro costados, para lo bueno y para lo malo. Zeffirelli conoce muy bien el mundo de la ópera y sabe manejar las claves del melodrama romántico, eso es indiscutible. Pero teatro, lo que se dice teatro, ofrece poco: con tanta obsesión por llenar la escena de figurantes, mobiliario y decoración, los personajes principales parecen un elemento más de la escenografía que otra cosa, con el resultado de que no solo la psicología de los mismos queda desdibujada, sino que por momentos su acción puramente física sobre las tablas resulta difícil de seguir. Por eso el artista debería tener guardada su afiladísima lengua cuando desea atacar a otros colegas, porque hay quienes aun ofreciendo esas “reinterpretaciones” que tanto molestan al director de Hermano Sol, Hermana Luna, se muestran mucho más respetuosos con el drama servido por compositor y libretista, elemento que para Zeffirelli parece ser una mera excusa para dejar volar su imaginación como escenógrafo y figurinista.

Sobre el aspecto plástico también habría mucho que discutir. En esta Traviata la casa de Violetta está muy conseguida, beneficiándose además de un espléndido vestuario, mientras que el invernadero del primer acto del segundo cuadro es de una belleza espectacular. Ni los más “modernos” deberían discutir que el mero goce de belleza visual es un elemento fundamental del género operístico. El problema es que de vez en cuando Zeffirelli se suelta la melena y evidencia una vena (esa vena, ustedes me entienden) megalómana y de mal gusto que le caracteriza, que es justamente lo que ocurrió en su recreación de la casa de Flora, tanto por la escenografía (propia de una caseta de feria hortera, incluyendo farolillos psicodélicos) como por los figurines (dignos del Orgullo Gay más descocado). El público aplaudió nada más levantarse el telón de este cuadro, lo que me deja seriamente preocupado.

El foso

La Sinfónica de Sevilla sigue siendo una muy buena orquesta. No en balde ha sido durante años una de las mejores de las que, al margen de sus temporadas de concierto, actuaban regularmente en fosos operísticos en España. El problema es que los que nos estamos acostumbrando a acudir al Palau de Les Arts empezamos a notar que aquí falta algo: virtuosismo, rotundidad, precisión, brillantez… Por otra parte no tenemos derecho a quejarnos en este sentido, porque el presupuesto del teatro valenciano es muy superior al del Maestranza. El coro tampoco es el de la Generalitat, pero realizó una labor realmente satisfactoria, sobre todo en la función del sábado. Tuvo además la suerte de que el director escénico de la reposición, Pier Paolo Pacini, dirigió a sus miembros muy bien sobre las tablas, cosa que no hizo con los solistas.

Dirigía musicalmente Andrea Licata. No me terminó de convencer, ni por estilo (no sonó del todo a Verdi) ni por convicción (no hubo mucha fuerza dramática, y sí algunos caprichos innecesarios). Ni siquiera en los aspectos técnicos (se apreciaron algunos desajustes y en más de un momento sepultó a las voces). Pero al menos ofreció una labor de aceptable rutina, sin el aburrimiento y el mal gusto que caracterizan a no pocos de los directores de foso que deambulan por ahí.

Así las cosas, con una escena tan vistosa como superficial y una batuta solvente sin más, la función no podía bajar de lo correcto pero tampoco aspirar a lo brillante. Fueron las voces las que terminaron marcando la diferencia entre una función más bien aburrida, la del viernes, y otra realmente emocionante, la del sábado.

Las voces

A Norah Amsellen le escuché en Madrid una estupenda Mimì y le he visto dos filmaciones en las que encarna irreprochablemente a Micaela. Pero en la reciente Liù en Sevilla (enlace) ya se notaba que algo no iba bien. Su voz no corre con la facilidad de antaño, y se la ve tan preocupada por los problemas técnicos que no termina de matizar un personaje, el de Violetta, al que en cualquier caso sabe dotar de sensibilidad y de adecuada presencia escénica. Se mantuvo a un nivel muy mediocre en el primer acto para luego mejorar de manera considerable (no hace falta insistir en las muy distintas exigencias vocales de Verdi a lo largo de la función) y ofrecer una actuación correcta en la que por momentos llegó a emocionar con unos reguladores de gran belleza. Cumplió sin convencer, pues, aunque fue salvajemente braveada por un admirador incontrolado que al terminar la función la llenó de flores.

La gran triunfadora, como ya dije, ha sido -está siendo, aún queda una función para ella- Mariola Cantarero. Existen hoy día Violettas con un instrumento más bello y suntuoso (Netrebko), con una técnica superior (Devia), más emocionantes (Gallardo-Domas) o con más glamour sobre la escena (Gheorghiu), pero dudo que haya muchas que reúnan en tan alto grado los componentes que debe tener toda intérprete que aborde este rol, sin fallar en ninguno de ellos: voz extensa y flexible, dominio de los recursos belcantistas, sensibilidad a la hora de matizar en lo expresivo -sin caer ni en el distanciamiento ni en el narcisismo- y credibilidad escénica. Por eso pienso que Mariola Cantarero, cantante de muy buena técnica (preciosos filados), enorme musicalidad e innatas dotes teatrales, es sencillamente una de las mejores Violettas del momento. ¡Y eso que está debutando el papel! Que en la cabaletta hubiera algún sobreagudo metálico es lo de menos. El Maestranza se puso todo en pie cuando la granadina salió a saludar, corroborando un triunfo del que se va a hablar durante mucho tiempo.

En los Alfredos también hubo diferencias sustanciales. Teodor Ilincai posee una buena y adecuada voz de tenor lírico, pero la emisión parece forzada, muscular, por lo que el timbre, que no es feo, suena muy empobrecido. Canta con buen gusto, eso sí, aunque tiene que mejorar mucho su técnica para desarrollar el potencial que tiene. También debería pensarse dos veces dar el agudo de la cabaletta: tan breve resulta toda una decepción para quien guste de semejante tipo de exhibiciones, aunque a mí esa nota me parece una horterada con él, con Jordi y con cualquier otro.

Ismael sí que estuvo estupendo. Es verdad que mi paisano y amigo (ojo: soy quien mayores palos le ha dado) sigue teniendo una voz pequeña y no muy adecuada para Verdi, pero esta vez ha redondeado una actuación sobresaliente. La evolución desde el debut del rol en noviembre de 2004 es clara. Precisamente hace unos días estuve repasando un vídeo de 2005 en La Coruña (con Ángeles Blancas) y las diferencias saltan a la vista. La voz (aunque pequeña, insisto) corre muy bien (nada que ver con Ilincai, que la tenía más grande y adecuada pero muy atrás). La dicción es estupenda. Sus medias voces siguen siendo de una belleza extrema. Pero ahora la seguridad es mayor y los matices no ya son más ricos, que también, sino que están más sabiamente administrados. Y la cabaletta, donde en alguna ocasión ha tenido problemas (recuerdo ahora una retransmisión radiofónica con Poplavskaya) le ha salido con una naturalidad pasmosa. Únicamente sigue sin gustarme el sobreagudo final con que la remata (supongo que hay que complacer al público). En el plano escénico ha mejorado muchísimo. Confío en que siga progresando para ofrecer un Alfredo más entregado y más claramente verdiano.

Cancelando a última hora Fabio Maria Capitanucci, Giorgio Germont quedó exclusivamente en manos de George Petean, quien puso una voz hermosa y una buena línea de canto al servicio de una concepción del personaje demasiado distanciada, sin los pliegues psicológicos que debe tener en su fundamental dúo con Violetta. Se le escuchó con placer, pero nada más. Como actor tiene muchísimo que mejorar. Entre los secundarios (Menxaka, Amores, Guerrero, Miotto, Galán, Todisco, Morales) hubo de todo, bueno y malo, aunque el nivel medio fue más bien alto.

Total, una velada -la del sábado- no redonda, porque para ello hubiera hecho falta una dirección musical y escénica de fuste, pero sí muy emotiva y emocionante merced a la labor de los dos jóvenes cantantes andaluces que la protagonizaron. El triunfo es para ellos.

jueves, 20 de noviembre de 2008

El recital de Ismael y Mariola, en Youtube

Estamos de suerte: en Youtube se puede ver el recital de Ismael Jordi y Mariola Cantarero en Jaén del que ya hablé en este espacio (enlace). Los links están todos en el blog http://www.operavirtual.com/, que por cierto es de lo más recomendable para los apasionados del arte lírico.

Aprovecho para dejar bien claro -hay por ahí algunos manipuladores sueltos- que mi opinión sobre Ismael Jordi siempre se ha basado en lo que le escucho, es decir, en la evidencia, y no en lo que me gustaría escucharle. Al contrario de lo que le ocurre a otros. Cuando me parece que lo hace muy bien lo digo, y cuando creo que no, pues también. Así de sencillo. En Jaén me pareció fenomenal y espero que su carrera siga hacia arriba.

jueves, 30 de octubre de 2008

Ismael y Mariola en Jaén

Se abrió el pasado martes 28 de octubre el IX Festival de Otoño de Jaén con un recital de Ismael Jordi, debutando en la ciudad andaluza, y la por allí ya vieja conocida Mariola Cantarero, acompañados con corrección por el pianista Julio Cendal y abordando un repertorio de lo más comprometido: nada de cancioncitas para calentar la voz. Me merecieron la pena las dos horas y cuarto de distancia en coche, no sólo porque fue una espléndida velada lírica, sino también porque pude comprobar por mí mismo que lo que había leído y me habían dicho de mi paisano era verdad: el tenor jerezano se encuentra en un estupendo momento vocal. En este mismo blog expresé mi preocupación por su actual trayectoria, pero por fortuna su actuación jiennense parece apuntar que las aguas vuelven a su cauce.

Ismael está estupendo de voz, ciertamente. Pero aún hay algo más: parece más sensato como músico, más centrado en lo expresivo y, por ende, más maduro. Me alegró muchísimo ver como con enorme sabiduría evitó los agudos opcionales que en otras ocasiones deslucen su actuación. Y más me alegró aún comprobar que el distanciamiento ("a la Kraus", para entendernos) con que a veces aborda sus personajes se ve ahora sustituida por una mucho mayor sinceridad emocional. ¿Resultados? Maravillosos.

"Ach, so Fromm", el aria de Martha que es uno de sus caballos de batalla, le quedó tan elegante y luminosa como siempre (mil veces mejor que a ese nuevo bluff llamado Jonas Kaufmann, dicho sea de paso), haciendo gala por lo demás de una técnica de canto ortodoxa e irreprochable. Perfecto en estilo y expresión el dúo de La viuda alegre (hizo de Danilo, sí), lo que confirma sus excepcionales dotes para la opereta. En la terrorífica "Tombe deglo avi miei" me sigue pareciendo un pelín blando, pero aun así ha dejado muy atrás, en un admirable logro de autosuperación, su decepcionante Lucia de Amsterdam que circula en toma radiofónica. Magnífico, como siempre, en el dúo de Don Pasquale, y sencillamente sensacional en "Por el humo" y, más aún, en un "No puede ser" dicho con una mezcla de elegancia, extroversión controlada y apasionamiento que ya quisieran muchos. ¡Bravo!

¿Y qué decir de Mariola? Pues que su estupenda voz sigue ganando cuerpo, que su expresividad es cálida y ajena a narcisismos, y que la amplia gama de recursos belcantistas que maneja (irreprochables notas picadas, impresionantes trinos, notables filados), unida a un extenso fiato, la convierten en una de las mayores promesas de la lírica internacional, confirmándolo en Jaén en una mejorable pero aún así más que sólida recreación del aria de la Sonnambula... ¡cabaletta incluída! Cosas como "En un país de fábula" o la canción del ruiseñor de la Francisquita volvieron a demostrar su facilidad para la zarzuela, luciendo además, como Ismael, una irreprochable dicción; él y ella estuvieron muy salerosos en el dúo de El gato montés.

Unas ortodoxas e idiomáticas (!!) czardas de El murciélago demostraron además que Mariola sigue buscando nuevos caminos y que tiene talento para emprenderlos. Ahora bien, en este recital se puso más de manifiesto que otras veces su tendencia a gritar en el sobreagudo: una artista de su talento no debería cometer la innecesaria locura de ofrecer agudos no escritos con los que mete la pata de manera considerable.

La simpatía y comunicatividad de los dos cantantes terminaron de ganarse el cariño de un público que aplaudió a rabiar. Sin la menor duda, esta pareja artística tiene sintonía y gancho, lo que seguramente volveremos a comprobar en esa prometida Traviata en Sevilla para 2010. Eso sí, que ambos se cuiden mucho y que sigan mejorando: la vida del cantante es muy dura, el éxito cuesta trabajo, la voz es un instrumento delicado, los teatros de ópera ejercen con frecuencia de demonios tentadores y los aficionados son (somos) crueles cuando las cosas no salen bien. Ismael y Mariola tiene muchísimo talento y pueden hacer cosas importantísimas en el futuro. Que no se duerman en los laureles, hagan caso omiso de los cantos de sirena y caminen con firmeza hacia delante.

Post data para conductores.
Mucho ojo para quienes viajen de madrugada por la provincia de Jaén. Encontrar una gasolinera abierta resulta casi imposible. Pasé por ocho de ellas y no había un alma. A punto estuve de quedarme en medio del camino, a dos grados de temperatura y bajo una molesta lluvia. Sólo por los pelos (cortando el aire acondicionado y circulando a muy escasa velocidad) logré llegar a Úbeda y repostar en una estación de BP, al parecer la única abierta la 24 horas en muchos kilómetros a la redonda. ¡Cuidado!

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...