Un cajón de sastre para cosas sobre música "clásica". Discos, conciertos, audiciones comparadas, filias y fobias, maledicencias varias... Todo ello con centro en Jerez de la Frontera, aunque viajando todo lo posible. En definitiva, un blog sin ningún interés.
lunes, 28 de junio de 2010
¿La mejor orquesta de Madrid? La JONDE con Ros-Marbà
La sorpresa ha sido mayúscula: si esta no es la mejor orquesta de Madrid, poco le falta. No podemos desdeñar, ciertamente, la irreprochable técnica de batuta de Antoni Ros-Marbà, pero lo cierto es que al veterano maestro catalán le escuché hace año y medio en este mismo auditorio con la ONE (enlace) y los resultados fueron menos satisfactorios. Así que a quienes hemos de aplaudir es a los chicos y chicas que actualmente integran la Joven Orquesta Nacional de España, que supieron sonar muy sólidos, seguros y empastados. Que los jóvenes sean bastante mejores que sus mayores nos hace pensar que, pese al bochornoso nivel educativo que en todas las áreas del conocimiento se está extendiendo en España, podemos albergar esperanzas con respecto al futuro de algunas de nuestras orquestas. Bravo por todos, porque estuvieron estupendos.
En lo que a la labor de batuta se refiere hay que matizar. De Las Hébridas ofreció Ros-Marbà una muy sólida y estimable versión, bien trazada y de excelente gusto, aunque solo eso: ya se sabe que en la genial obertura de Mendelssohn son pocos, poquísimos los que han logrado alcanzar la verdadera excelencia. En el Concierto para violonchelo nº 1 de Haydn el maestro logró a la perfección lo que pretendía: ofrecer una visión del Clasicismo marcada por la suavidad, la total ausencia de aristas y el rechazo a cualquier tipo de tensión sonora o expresiva. A muchos les debió de parecer una realización de admirable pureza. Para mí fue un verdadero espanto. Menos mal que estaba el enorme Christophe Coin (chelo con pica, vibrato generoso) haciendo gala de la belleza sonora y de la sobria pero intensa musicalidad que le caracterizan.
La Heroica me dejó indiferente. Sus virtudes fueron la corrección del trazo (no hubo necesidad de recurrir a tirones de tempo, ni salidas de tono o excesos), el equilibrio de planos, el sutil manejo de la agógica y la belleza sonora que batuta y orquesta supieron ofrecer dentro de una visión clásica en el mejor de los sentidos. Como insuficiencia hubo una sola, pero muy grave: la indiferencia expresiva. Indiscutiblemente la Tercera tiene que sonar con equilibrio y transparencia, pero una cosa es eso y otra muy distinta no ofrecer la densidad dramática, el pathos y la grandeza (que no grandiosidad) que hicieron que las sinfonías beethovenianas en general y esta obra en particular marcaran un antes y un después en la historia de la música. Se aplaudió mucho pero no se ofreció propina, y eso que parecía haber movimiento en los atriles.
martes, 27 de enero de 2009
El gran Ros Marbà aun existe
Creo que hay unanimidad en que Antoni Ros Marbà es uno de los grandes directores españoles de la segunda mitad de siglo. Recuerdo haberle escuchado algunas cosas maravillosas. Pero de un tiempo a esta parte el maestro parece andar de capa caída. Su concierto con la ROSS de mayo del 2006 fue para una relativa decepción (enlace), y su más reciente Don Giovanni me resultó insoportable (enlace). Fuentes de solvencia me han asegurado que sus Bodas del Liceo estuvieron en la misma línea, y otras no menos fiables me confirman que algún concierto sinfónico reciente ha dejado muchísimo que desear.
Por fortuna en su reaparición madrileña el pasado fin de semana al frente de la ONE (¡cómo me gusta ir a los baratos conciertos de los domingos por la mañana en el Auditorio Nacional!) pudimos disfrutar del gran maestro que siempre ha sido. Altamente comprometido con la música de Montsalvatge, su Desintegración morfológica de la Chacona de Bach estuvo llena de fuerza, garra y tensión interna. La misma que tuvo esa obra maestra absoluta que en el Concierto para violín de Alban Berg, donde contó con la complicidad de un Christian Tetzlaff de asombroso virtuosismo y enorme sensibilidad, sabiendo entre ambos ofrecernos una interpretación inteligentemente equilibrada entre los aspectos más líricos de la pieza y los más desgarrados. Memorable.
“La Grande” de Schubert estuvo menos bien. Fue sin duda una interpretación correcta, con todo en su sitio, musical y muy ajena a los devaneos sonoros, pero semejante monumento necesita una labor muchísimo más minuciosa en lo que a la planificación se refiere: el primer movimiento fue perdiendo gas poco a poco y el segundo no alcanzó ni mucho menos el vuelo lírico que debería. Y necesita también, para hacer plena justicia al genio schubertiano, una orquesta que sepa ejecutar con mayor limpieza que la Nacional de España, en la que los violines dejaron un tanto que desear y el primer chelo no parecía empastar con sus compañeros. Sensacional, sin embargo, el conjunto de metales, que hizo mucho por elevar el nivel de la ejecución.
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