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martes, 12 de marzo de 2024

Franz Welser-Möst reapareció en Viena... y yo estuve allí (y II)

Se me quedaba en el tintero el quinto de mis conciertos en la capital de Austria: el segundo programa de Welser-Möst con la Wiener Philharmoniker, que pude escuchar –antes de que se fueran todos a EEUU– el lunes 26 de febrero a las siete y media de la tarde. Programa increíblemente atractivo, como también valiente y original. Primero, la Sinfonía nº 9 de Anton Bruckner. Segundo, sin intermedio ni aplausos, con tan solo unos segundos de pausa entre una obra y la otra, las Tres piezas para orquesta de Alban Berg. Nos mandaba así el director vienés dos mensajes claros. Uno, que eso de que la última sinfonía bruckneriana está perfecta en sus tres movimientos es absolutamente falso. Ahí falta el cuarto, que el autor llevaba ya muy adelantado cuando falleció; aquí escribí sobre ello. Dos, que los atrevimientos de la obra maestra del organista de San Florián conducían de alguna manera al universo expresionista. Y estoy completamente de acuerdo, claro, porque yo mismo así lo dije en la entrada a la que conduce el anterior enlace. El resultado de colocar una página detrás de la otra es estremecedor.

¿Y la versión de la Novena? Solo unos días antes de marchar a Viena tuve la oportunidad de ver dos filmaciones de la obra dirigidas por Frankie en 2022. En este mismo blog las puse a caldo, anticipando que lo que iba a escuchar en Viena no me iba a gustar. Tremendo error por mi parte: la que finalmente le escuché en la Musikverein me pareció mucho, pero muchísimo mejor. Que tener delante a la orquesta más adecuada en todo el orbe para esta obra debió de influir mucho en los resultados parece incuestionable, pero aun así pienso que el mérito mayor es, sencillamente, del propio Welser-Möst. Parecía otro. Sin llegar en modo alguno –eso ya se lo están ustedes imaginando– a las alturas de un Giulini, el maestro se superó a sí mismo con una lectura mucho mejor fraseada, dicha no de manera fragmentaria, sino con un trazo global lógico y firme, que además se mostró ajena tanto a los efectismos como a las frivolidades de dos años atrás y supo ofrecer un aliento lírico y espiritual más intenso, particularmente en un Adagio que volvía a ser lo más conseguido. Pero insisto, los dos primeros esta vez estuvieron bien, y globalmente esa interpretación vienesa no me parece inferior, más bien al contrario, que la notable –solo eso– de Christian Thielemann con la misma orquesta editada por Sony.

En cuanto a las Tres piezas para orquesta de Berg, poco que decir habiendo escuchado el día antes las Variaciones para orquesta de Schönberg a los mismos intérpretes: claridad, pulso firme, coherencia en el discurso y una apreciable riqueza tímbrica que supo conjugar la belleza que caracteriza a la orquesta con las aristas que demanda este repertorio. ¡Bravísimo por el tantas veces mediocre Welser-Möst! Si librarse del cáncer le ha servido al mismo tiempo para desarrollar al máximo sus potencialidades, doble alegría.

Ah, esta vez mi asiento estaba en la última fila del anfiteatro. Una vez más, acústica soberbia, mediocre visibilidad y calor sofocante. Pero esta vez iba preparado. Sobre el último concierto vienés, el de la Filarmónica de Londres, ya escribí en su momento.

 

PD. La foto es del Facebook oficial de la orquesta.

lunes, 4 de marzo de 2024

Franz Welser-Möst reapareció en Viena... y yo estuve allí (I)

La prensa musical da buena cuenta de la reaparición de Franz Welser-Möst tras su batalla contra el cáncer. Fue en Viena, donde ofreció dos programas diferentes con la Wiener Philharmoniker que ahora mismo anda ofreciendo –junto con un tercero: Sinfonía nº 9 de Mahler– en gira estadounidense. Pues bueno, yo estuve allí, en la Musikverein de la capital austriaca, y puedo dar buena cuenta de que, contra todo pronóstico sabiendo cómo se las gasta –o se las gastaba– el director vienés, fueron dos magníficos conciertos.

El del domingo 25 de febrero tuvo lugar a las once de la mañana. Nada más salir el maestro hubo intensas ovaciones: no se celebraba su mera aparición, sino su recuperación y vuelta a casa. Se lo merecía, qué duda cabe. Comenzó con una obra poco popular en la que se prescindía de la parte más preciada de la mítica formación a cuyo frente se ponía: la Konzertmusik für Blasorchester, op. 41 de Paul Hindemith. Importó poco, porque los metales vieneses demostraron estar en plenísima forma –redonda, empastada, potente– y el maestro dirigió esta música con toda la vitalidad, el ritmo, la incisividad, la ironía y el sentido del humor que la partitura demanda. 

Formidable, pero el peso pesado venía a continuación: la Fantasía sinfónica sobre La mujer sin sombra de Richard Strauss. Confieso que, tras los “Keikobad” con que arranca la partitura y al arrancar el tema lírico, se me saltaron las lágrimas. También reconozco las razones: allí estaba yo, sentado en el patio de butacas de esa sala de esa ciudad, escuchando esa música precisamente a esa orquesta. ¿Comprenden? Y aunque esta Wiener Philharmoniker no es en modo alguno –no puede serlo, han pasado demasiados años– la que realizó aquella magistral grabación de la ópera completa para Decca con Sir Georg Solti, sigue siendo una orquesta de tímbrica maravillosa.

Pero es que, además, Welser-Möst dirigió centradísimo en el estilo, con decadentismo muy moderado y un buen equilibrio entre brillante y refinamiento. También con inspiración, mucha inspiración. Solo un reproche, no poco importante: en el gran clímax previo a la sublime sección final hubo mucho más decibelio que claridad, por no decir que, lisa y llanamente, cayó en la vulgaridad que tantas veces ha sido marca de la casa.

No fueron nada vulgares, antes al contrario, las Variaciones para orquesta de Arnold Schönberg que abrieron la segunda parte. Me traía la obra muy preparada desde casa, que para eso hice la comparativa que aquí mismo les pude presentar a ustedes. En ella me quejaba de que pocos directores atendían lo suficiente al sentido de la atmósfera que anida en la difícil partitura. Pues bien, Welser-Möst me ha parecido de los que más se han acercado a ello, en buena medida porque se tomó las cosas con calma, atendió al peso de los silencios y supo ver más allá de las notas. Además, clarificó el entramado orquestal de manera magistral. Sí: magistral. Otra cosa es que echemos de menos el ímpetu y la comunicatividad de Solti, o el refinamiento tímbrico de Boulez y Barenboim. Dicho esto, creo que la lectura que allí escuchamos fue de altísimo nivel, por mucho que el público (¡precisamente el de Viena, y a estas alturas del siglo XXI!) no pareciera apreciarlo.

Sí que se aplaudió mucho tras La valse, página que cerraba el programa con total coherencia al tiempo que enlazaba con el otro programa de los mismos intérpretes –las Tres piezas de Alban Berg también incluyen un vals distorsionado–. No sé decirles si la recreación de Welser-Möst sonó más a Viena que a Maurice Ravel. Sí que sé –porque he "hecho trampa" y acabo de escuchar la toma radiofónica de ese mismo día– que hubo un gran trabajo de timbres y texturas, como también una buena dosis de brillantez, de empuje y de comunicatividad, por no hablar de la increíble belleza sonora desplegada. Pero también se hizo presente algún detalle blandengue, cierta falta de continuidad entre las secciones y un tercio final con clímax tendentes a la vulgaridad. Quizá se trataba de eso, de que el público saliera contento tras una buena dosis de dodecafonismo.

En otro momento comentaré el segundo programa, el que incluía la Novena de Bruckner. Antes quiero escribir sobre los otros dos conciertos de ese mismo domingo: English Chamber Orchestra y Sinfónica de Viena. Ahí es nada.

PS. La foto del maestro la he tomado del Facebook oficial de la orquesta.

jueves, 22 de febrero de 2024

Dos Novenas de Bruckner por Welser-Möst

Si no me vuelve a dar un jamacuco  –estos últimos días he llegado a tener problemas serios de salud–, pronto podré escuchar en directo la Novena de Bruckner a la Filarmónica de Viena. O sea, mi sinfonía favorita de todos los tiempos con la orquesta más indicada para sus particulares demandas. Y en la Musikverein, nada menos. El problema (¡ay!) es que dirige Frankie "Worse Than Most". Por ello he decidido ver no una, sino dos filmaciones de la obra dirigidas por él disponibles en la problemática plataforma de streaming Symphony. Y me alegro de haberlo hecho, porque  sabiendo lo que me voy a encontrar ya no voy a salir con cabreo: probablemente va a tratarse de una mala interpretación.

Las lecturas referidas de Welser-Möst son las dos del año 2022: una con la Filarmónica Checa en el Rudolfinum de Praga y la otra con la Real Filarmónica de Estocolmo. Quizá la segunda me haya parecido un poco menos mala, pero ambas son, a la postre, bastante similares. ¿Por qué no me han gustado? Primero, por su evidente falta de idioma bruckneriano. Segundo, por la tremenda discontinuidad de la arquitectura: todo consiste en una yuxtaposición en segmentos, unos mejor interpretados que otros, que no se encuentran organizados dentro de una arquitectura coherente de tensiones y distensiones. Tercero, por la tendencia del maestro al fraseo frívolo, por momentos saltarín (¡esa introducción!) y ayuno de ese sentido de la sensualidad agónica que caracteriza al genial compositor. Cuarto, por la tendencia a exponer los momentos más escarpados bien precipitándose, bien como una simple acumulación decibélica.

Así las cosas, el maestro austríaco –ya recuperado de su cáncer: le deseo una vida larga y feliz– ofrece un primer movimiento de manifiesta mediocridad en el que se alternan momentos buenos –los menos–, momentos aceptables y momentos malos, para luego pasar a un Scherzo que estaría bien si no fuera por un lamentable Trío. En ambas interpretaciones se salva el Adagio, que al menos alcanza la corrección: aquí sí hay cantabilidad en el fraseo y cierto sentido de misticismo, como también fuerza visionaria en los momentos en que corresponde. Ya ya está, porque aun así queda muy lejos de los grandes recreadores de este movimiento, Giulini con la Filarmónica de Viena en primerísimo lugar. En fin, esto es lo que hay.

lunes, 27 de abril de 2020

Sinfonía de Korngold: discografía comparada

Actualización 27. IV. 2020.

Esta entrada se publicó inicialmente el 15 de abril de 2010. Añado ahora un par de grabaciones más: Marc Albrecht y John Wilson.
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En 1947 Erich Wolfgang Korngold decide despedirse de la música de cine, mundo en el que nunca se había sentido del todo cómodo, para dedicarse por completo a la creación para conciertos. Fruto de este empeño es su única Sinfonía, cuya partitura completa –lleno de ilusiones– en 1952. Escrita en Fa sostenido mayor y estructurada en cuatro movimientos, el contexto artístico en que vio la luz –unos le acusaron de retrógrado, otros de en exceso avanzado– y su algo irregular inspiración –a pesar de la belleza de temas recuperados de varias de sus películas– condenaron la obra al menosprecio.

El estreno, realizado de manera al parecer muy deficiente por la Sinfónica de Viena bajo la dirección de Harold Byrns el 17 de octubre de 1954, quedó relegado a las ondas radiofónicas, y no fue hasta 1972, gracias el empeño del gran Rudolf Kempe, cuando la obra se interpretó frente al público. Desde entonces la partitura se ha ido incorporando paulatinamente al repertorio, pero aun hoy son escasas las grabaciones comerciales de la misma. La mayor parte de estas se recogen en la siguiente comparativa.


1. Rudolf Kempe/Filarmónica de Múnich (Varèse Sarabande, 1972). Al mismo tiempo que presentaba por primera vez la partitura en una sala de conciertos, el maestro alemán registraba esta lectura tensa, dramática y por momentos escarpada, siempre sincera y emocionante, como también muy ajena al decadentismo y la sensualidad vienesas, lo que no quiere decir que no consiga momentos de gran atmósfera y sentido del misterio. Siendo soberbios los dos primeros movimientos, el adagio podría aún ser más sensual y efusivo, e incluso alcanzar mayor vuelo lírico, aunque en contrapartida posee un carácter anhelante y dramático muy atractivo. En el final, por fortuna, Kempe no carga las tintas de lo lúdico ni apuesta por la opulencia. La toma sonora presenta una dinámica algo estrecha. (10)


2. Werner Andreas Albert/Northwestdeutsche Philharmonie (CPO, 1988). Una visión lírica, sensual y, sobre todo, misteriosa, que no termina de convencer por la relativa falta de tensión interna y de fuerza dramática, así como por cierta tendencia de la batuta a suavizar aristas y a ofrecer frases algo más dulces de la cuenta. En cualquier caso hay que reconocer aciertos como el sabor particularmente siniestro del final del primer movimiento, o el carácter inquietante del trío del scherzo. Dignísima la orquesta. (8)



3. Edward Downes/BBC Philharmonic (Chandos, 1992). El desaparecido director británico ofreció la interpretación hollywoodiense por excelencia, muy brillante y espectacular, muy bien trazada y sonada, pero un tanto superficial, carente tanto de sentido trágico como de atmósfera. Tampoco ofrece todo ese el lirismo digamos “anhelante” que la partitura alberga. Recreación más vistosa y seductora que profunda, pues. (7)



4. Franz Welser-Möst/Philadelphia Orchestra (EMI, 1995). Haber pasado a serie barata le ha dado una gran difusión a esta lectura extrovertida, vistosa, muy “cinematográfica”, dicha con energía pero también con la brocha gorda, el escaso vuelo lírico, la superficialidad y la escasa sinceridad que son habituales en el sobrevalorado director austríaco. Muy revelador en este sentido el ataque de vulgaridad en el clímax del tercer movimiento. La orquesta, por descontado, es fabulosa. (6)



5. André Previn/Sinfónica de Londres (DG, 1996). Como era de esperar tratándose del gran apóstol de la música de Korngold en la actualidad, André Previn ofrece una recreación llena de fuerza interna, claridad y colorido, logrando equilibrar en su punto justo la imprescindible dosis de brillantez y extroversión “cinematográficas” con la introversión, el vuelo lírico y ese decadentismo “vienés” que le dan a esta obra su mayor atractivo. La orquesta está aprovechadísima, tocando con un virtuosismo y una limpieza asombrosas. El tercer movimiento no es tan acongojante como el que años más tarde grabará Pedro Halffter, eso es cierto, y sus melodías no vuelan tanto, pero a cambio posee más rebeldía y fuerza dramática. Por si fuera poco, la grabación es soberbia. (10)



6. Pedro Halffter/Filarmónica de Gran Canaria (Warner, 2007). Siendo la del director madrileño una lectura ortodoxa, idiomática y con la suficiente brillantez, lo que la hace sobresalir de las demás es su carácter atmosférico, marcadamente gótico, lo que se traduce en un Adagio sobrecogedor, muy lento y muy bien paladeado, que ofrece un gran sentido de lo amoroso y de la efusividad al tiempo que nos hace respirar un irresistible aire trágico, por momentos acongojante. Los movimientos extremos están dichos con sinceridad, sin la menor retórica, pero se echa de menos algo más de nervio y garra dramática. En el segundo sorprende la tremenda lentitud del trío, especialmente denso y atmosférico. Meritoria labor de la orquesta. En conjunto, una irregular pero muy importante versión. (9)



7. Marc Albrecht/Filarmónica de Estrasburgo (Pentatone, 2010). El talentoso maestro alemán ofrece una interpretación llena de vida, de animación y de sentido teatral, por momentos altamente descriptiva, aunque no del todo sensual oniatmosférica. Digamos que gana en inmediatez y comunicatividad lo que pierde en vuelo poético. En cualquier caso se encuentra muy bien paladeada –los tempi no son rápidos ni hay rastro de nerviosismo–, la planificación de las tensiones es irreprochable y la orquesta está francamente bien trabajada: lejos de la vulgaridad de un Welser-Möst o de la superficialidad de un Downes, por tanto. La toma es especialmente buena, sobre todo si se la escucha en SACD multicanal: los altavoces traseros recogen una apreciable y conveniente reverberación. (9)


8. Wilson/Sinfonia of London (Chandos, 2019). John Wilson ha realizado una soberbia labor recuperando el sonido de los musicales de Hollywood de los años cuarenta y cincuenta, pero como director de repertorio “de concierto” parece dejar bastante que desear, a tenor de esta interpretación no muy intensa, ni paladeada, ni comprometida, que pasa de largo ante las bellezas de la partitura y que, comprensiblemente, mira en exceso hacia el mundo del cinematógrafo aligerando y frivolizando la página, cuyo gran clímax dramático del tercer movimiento –como le ocurría a Welser-Möst– suena hinchado para luego pasar a un Finale en exceso lúdico. Tampoco la toma, realizada en alta definición a bajo volumen, es todo lo buena que debería. (7)


La cosa está clara: la interpretación más recomendable en su conjunto, atendiendo tanto a la calidad interpretativa como al sonido, es la de André Previn. La de Kempe hará disfrutar muchísimo quien logre encontrar (¡cuidado con los abusos en internet!) un ejemplar a un precio razonable: yo pillé el mío hace pocos meses personándome en Rosebud (enlace). Y la de Pedro Halffter, pese a sus relativas desigualdades, me parece casi imprescindible para profundizar en la partitura.

martes, 1 de enero de 2013

Más de lo mismo

No tengo tiempo ni ánimo para escribir sobre el Concierto de Año Nuevo de 2013, dirigido de nuevo por el a mi entender muy sobrevalorado maestro austriaco Franz Welser-Möst. Repaso lo que escribí sobre el de hace dos años –lo tenía por completo olvidado- y descubro que ha sido más de lo mismo, aunque con un nivel algo superior en conjunto.

Lo mejor, las piezas rápidas, dichas con empuje y brillantez ya que no con especial finura. Lo peor, los valses, tendentes a los pringosillo (¡esos portamenti!) y con rubatos más bien bastos. La Filarmónica de Viena ha puesto belleza sonora y musicalidad a raudales. Me ha gustado bastante la obertura de Cavalleria ligera, pero las recuperaciones de piezas poco conocidas de la dinastía Strauss no me ha despertado apenas interés. Los ballets, visualmente cursis e insoportables como en ninguna otra ocasión. Y será que he comenzado el año muy mal de ánimo, pero el concierto me ha parecido más que nunca un monumento a la hipocresía.

Aprovecho para advertir a los lectores que a partir de ahora voy a aminorar el ritmo de publicación en este blog. Diferentes cuestiones personales me llevan a espaciar la aparición de nuevas entradas. En los próximos días saldrán algunas cosas ya escritas o casi terminadas sobre Solti, Barenboim y Celibidache, pero a partir de entonces me lo quiero tomar con más calma. Feliz año.

sábado, 8 de enero de 2011

Haydn por la Filarmónica de Viena: extraña seleccion

HAYDN: Sinfonías nº 12, 22, 26, 93, 98, 103y 104.
Orquesta Filarmónica de Viena. Dir: Christoph von Dohnányi, Zubin Mehta, Franz Welser-Möst, Nikolaus Harnoncourt y Pierre Boulez.
Vienna Philharmonic Records, WPH-L-2009/1/2/3
3 CDs. 166’28’’
ADD/DDD
Ferysa
***
M

Haydn Filarmonica Viena

En principio hemos de alborozarnos ante el hecho de que la Filarmónica de Viena abra un sello discográfico propio, y más aún cuando lo hace en serie media, con una presentación atractiva y excelentes notas introductorias (alemán e inglés). Pero la selección de este homenaje a Haydn es desequilibrada: tres páginas de la primera etapa para pasar directamente a cuatro de las “sinfonías londinenses”. Y con la excepción de Harnoncourt, ninguno de los directores que aquí desfilan se encuentra particularmente asociado a esta música. ¿No había nada de Böhm, Bernstein o Colin Davis?

La grabación más antigua -y la única de estas tomas radiofónicas que no suena de manera irreprochable- se remonta a 1972, y nos trae a un joven Zubin Mehta recreando la Sinfonía nº 22, “el filósofo” con sonoridades gruesas, sin gran densidad “filosófica” ni tampoco mucho encanto. Hoy día Mehta la hace algo mejor (circula por la red una interpretación reciente con la misma orquesta, y se la escuché hace poco en Valencia); además ahora apuesta por incluir -sabia elección- un clave al continuo.

Sí que incluye clave, por cierto bastante coqueto y ornamentado, Christoph von Dohnányi en su Sinfonía nº 12 registrada ya en 1991, excesivamente adusta en sus dos primeros movimientos -dramático el tratamiento de la cuerda grave, impresionante en todas estas recreaciones- y muy vitalista en el Finale.

Pierre Boulez hacía gala en 1996 con una Sinfonía 104, “Londres” de todos los tópicos a él atribuidos: objetividad, capacidad analítica, buen gusto y un evidente distanciamiento expresivo. El scherzo le queda particularmente lento y soso, para tomar el final una velocidad no muy convincente.

En 1998 Welser-Möst ofrecía una Sinfonía nº 26, “Lamentatione” más bien lánguida y no del todo clara, defraudando sobre todo en un Adagio que, al igual que otros colegas, hace más bien Andante. Mucho mejor está el director austríaco en 2009 con la Sinfonía nº 98, cálida y bien encaminada, aunque un tanto precipitada en el último movimiento. Un fortepiano se encarga aquí del discreto continuo y del solo final.

Al final es Harnoncourt quien sale mejor parado con las sinfonías nº 93 y 103 “redoble de timbal”, ofrecidas en un concierto del 10 de mayo de 2009 en interpretaciones muy teatrales y contrastadas, llenas de claroscuros, en las que su habitual renuncia a la cantabilidad y al vuelo lírico se ve relativamente compensada por la electricidad, el sabor rústico, la incisividad y la imaginación de que hace gala, siempre dentro de un enfoque adusto, tenso y dramático antes que jubiloso o risueño. A destacar las largas improvisaciones al timbal de Anton Mittermayr, que es precisamente el productor musical de esta edición.

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Artículo escrito en mayo de 2010 para la revista Ritmo, finalmente no publicado por falta de espacio.

sábado, 1 de enero de 2011

Concierto de Año Nuevo 2011: francamente, peor que la mayoría

No sé quién fue el cachondo que bautizó a “Frankie” Welser-Möst como Frankly Worse than Most, pero desde luego dio en la diana: no es que el austríaco sea un mal director, simplemente es peor que la mayoría. La mayoría de los directores famosos, se entiende. Eso mismo se puede aplicar al Concierto de Año Nuevo que acaba de terminar, para el que la Filarmónica de Viena le ha invitado a tenor de su nombramiento como titular de la Staatsoper. Lo mejor, a mi juicio, ha sido el brío y el entusiasmo que ha sabido inyectar a las piezas rápidas, dichas además con un sentido del humor rústico de lo más adecuado. Lo peor, la tosquedad general de sus interpretaciones, el carácter lineal y poco matizado de las mismas, la falta de elegancia y la tendencia a que todo suene de mezzoforte para arriba. Por ello han sido los valses lo menos satisfactorio de un programa con numerosas piezas nuevas en el uno de enero.

Se abrió el concierto con una sosa y cuadriculada recreación de la Reiter-Marsch de Johann Strauss. Le siguieron el vals Donauweibchen, escaso de estilo, y unas animadas Amazonen-Polka y Debut-Quadrille del mismo autor. Más bien basto le quedó el vals Die Schönbrunner, de Josef Lanner, cerrándose la primera parte con una extrovertida y muy alegre Muthig voran!, polca rápida de Johann Strauss.


La segunda arrancó de manera trepidante con la obertura de Ritter Pasman para continuar con un correcto vals Abschieds-Rufe, páginas ambas de Johann. Pasamos al padre con el Furioso-Galopp sobre motivos de Liszt, donde de nuevo Welser-Möst evidenció su problema para conjugar la manifiesta electricidad de su batuta con ese particular sentido de la elegancia y la transparencia que demanda este repertorio. Del propio Liszt escuchamos el Vals Mephisto nº 1, dicho con muchísimo virtuosismo por la orquesta y más bien escasa imaginación por parte de la batuta. Correcta la Polca mazurca Aus der Ferne, de Josepf Strauss, y algo nerviosa la Marcha española de Johann, rematada por un final bastorro. Los aires hispanos continuaron con la danza gitana de Die Perle von Iberien, de Joseph Hellmesberger, que sonó con el adecuado sabor folclórico, y se remataron con un vistosísimo Cachucha-Galopp de Johann padre. Mein Lebenslauf ist Lieb und Lust, de Josef Strauss, fue el vals mejor recreado por el maestro austríaco.

De propina, la polca rápida Sin demora de Eduard Strauss, trazada con enorme animación, un Danubio Azul prosaico y por momentos algo gangoso y una Marcha Radetzky dicha de trámite. Total, un concierto de Año Nuevo no malo… Simplemente peor que la mayoría.

PS. En este enlace se ofrece una crítica mejor realizada que la mía y la noticia de que el próximo concierto del 1 de enero lo protagonizará... Mariss Jansons. Oh, no.

PS2. Otra valoración poco positiva en el blog de Nina la Pazza (enlace). Aprovecho para incluir un vídeo desde Youtube.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Clásicos del siglo XX en EMI: de una tacada

Artículo publicado en el número de diciembre de 2010 de la revista Ritmo.
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Muy alto el nivel interpretativo de esta nueva entrega de la barata serie de dobles compactos dedicados a clásicos del siglo XX, ideal para hacerse de una tacada con obras no siempre fáciles de reunir. En el doble dedicado a Gustav Holst sólo desentona -por Júpiter y Neptuno- la en cualquier caso notabilísima lectura de Los planetas a cargo de Sir Adrian Boult (1978, cuarta y última de las que grabó), muy atractiva por su tratamiento de las texturas y por su admirable toma sonora. Todo lo demás es extraordinario, sobresaliendo las lecciones de André Previn en una entusiasta, colorista y muy “cinematográfica” lectura de The perfect fool y en una recreación de Egdon Heath lenta, concentrada y de un adecuado misticismo. Muy sensual registro del grupo 2 de los Himnos del Rig Veda a cargo de Sir Charles Groves, y una delicia la Suite nº 2 para banda militar. Notabilísimo también -y muy británico- Norman del Mar en las obras que le corresponden. En todo caso quien se lleva la palma es Sir Malcolm Sargent con su St Paul’s Suite, una asombrosa demostración de que la alegría y la luminosidad no están reñidas con la densidad y la tensión sonoras, revelándonos en el tercer movimiento insólitos ribetes dramáticos.

Más interpretaciones de lujo para música menor -y yo añadiría que bastante menos poética y más primaria que la de Holst, por no decir otra cosa- las encontramos en el volumen dedicado a Aram Khachaturian. Las suites de Spartacus y Gayaneh registradas por el compositor en 1977 con la Sinfónica de Londres que aquí se presentan son preferibles a las que grabó en 1962 para Decca, y no solo porque las selecciones -muy parecidas- están mejor hechas, sino porque la batuta consigue una mayor depuración técnica, lima estridencias -le ayuda una toma sonora de mayor naturalidad- y se muestra más atenta a la sensualidad; la celebérrima Danza del sable es buen ejemplo de lo dicho. Para la suite de Masquerade se ha recurrido a un registro de 1959 hasta ahora inédito en compacto en el que el compositor Alfred Newman, no todo lo elegante y refinado que debiera, inyecta entusiasmo y pasión desbordantes. Los conciertos para piano y violín, registrados con discreto sonido monofónico bajo la irreprochable dirección de Sir Adrian Boult y el propio Khachaturian respectivamente, se encuentran defendidos por un Mindru Katz de sonido poderoso y enorme sinceridad y por un David Oistrakh -puro fuego controlado- que canta las melodías con una calidez incomparable. Cristina Ortiz firma ágiles y un punto nerviosas versiones de varias piezas para piano solo.

La música grande de verdad llega con los dos cuartetos de György Ligeti, maravillosamente bartokiano el primero, personalísimo y genial el segundo. El Cuarteto Artemis (registro de 1999 prestado por Virgin) se enfrenta a ellos con un sonido delgado -algo raquítico el primer violín- y ágil, también con un apreciable estilo, pero evidenciando desigualdades: bastante inquieta y nerviosa la interesante versión del nº 1, que aporta mucha “guasa” en la sección más irónica, y menos lograda la del nº 2, carente de la tensión sonora, la imaginación y el virtuosismo de las tres referenciales grabaciones del Arditti. Como complemento se incluye el disco de páginas a cappella grabado en 1988 por el Groupe Vocal de France bajo la dirección de Guy Reibel, versiones algo frías pero que nos permiten maravillarnos con la evolución del compositor desde unos comienzos de raíces folclóricas hasta la madurez magistral de Lux aeterna. Correctas Ramifications, y sensacionales las Seis bagatelas para quinteto de viento por Tuckwell y sus muchachos.

Gran idea la de recuperar el CD en el que James Conlon recrea interesantes páginas orquestales del cada día más revalorizado Franz Schreker manteniéndose atento a la clarificación de texturas y ajeno al peligro del decadentismo, aunque quizá sin destilar toda la sensualidad que debiera. Completando el lanzamiento se ofrecen la Sinfonía de Cámara del mismo autor en interpretación extrovertida y angulosa de un Franz Welser-Möst que debería haber paladeado la obra con mayor reposo y atención a la claridad; las Variaciones sobre una canción húsar de Franz Schmidt por Hans Bauer, quien acierta sobre todo en la mágica introducción de carácter impresionista; y los Dos estudios sobre Doktor Faust de Busoni, dirigidos con estilo más británico que germánico -con más elegancia que atmósfera- por Daniell Revenaugh. De propina, Fischer-Dieskau y Thomas Hampson poniendo todo su arte al servicio de dos hermosas páginas de Schreker.

Finalmente nos encontramos con un precioso doble dedicado a Vaughan Williams de altísimo nivel interpretativo en el que sobresale la concentrada objetividad de Bernard Haitink acompañando a unos inspiradísimos Sara Chang e Ian Bostridge en La alondra elevándose y On Wenlock Edge, respectivamente, un cálido Sir Adrian Boult defendiendo la Norfolk Rhapsody nº 1 y la Serenade to Music, un Vernon Handley que ofrece sendas lecciones de estilo en Las avispas y Flos Campi y, sobre todo, un Sir John Barbirolli conmovedor en la Fantasía sobre Greensleeves y genial en su visionaria recreación de la Fantasía Tallis, aunque quien nos termina dando la sorpresa es un juvenil y extraordinariamente cálido Anthony Rolfe Johnson en las Songs of Travel. Menos expresivo que su colega resulta Ian Partridge en el ciclo On Wenlock Edge, que se ofrece en su versión camerística original. En cualquier caso, si no tiene este repertorio en su discoteca, doble imprescindible.

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HOLST: A Somerset Rhapsody. Brook Green Suite. The Perfect Fool. The Planets. Suite nº 2 for Military Band. St. Paul’s Suite. Egdon Heat. Hymns from the Rig Veda. A Choral Fantasia.
Solistas. Orquestas. Dirs: Norman del Mar, André Previn, Eric Banks, Sir Malcolm Sargent, Sir Charles Groves, Imogen Holst.
EMI 6 27898 2
2 CDs. 143’17’’
ADD/DDD
EMI-Hispavox
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KHACHATURIAN: Spartacus (suite). Gayaneh (suite). Masquerade (suite). Concierto para piano. Concierto para violín. Cuatro piezas de “Imágenes de la infancia”.
Mindru Kazt, piano. Cristina Ortiz, piano. David Oistrakh, violín. Orquestas. Dirs: Aram Khachaturian, Sir Adrian Boult, Alfred Newman.
EMI 6 27890 2
2 CDs. 151’16’’
ADD
EMI-Hispavox
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LIGETI: Cuartetos para cuerdas nº 1 y 2. Ramificaciones. Seis bagatelas. Lux Aeterna. Tres fantasías sobre Friedrich Hölderlin. Cuatro canciones húngaras. Tres canciones folclóricas húngaras. Canciones de Matraszentimre. Dos canciones húngaras.
Cuarteto Artemis. Quinteto de vientos de Barry Tuckwell. Orquesta de Cámara de Lausana. Dir: Louis Auriacombe. Groupe Vocal de France. Dir: Guy Reibel.
EMI 6 27905 2
2 CDs. 115’04’’
ADD/DDD
EMI-Hispavox
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SCHREKER: Sinfonía de cámara. Intermezzo. Vorspiel zu einem Drama. Romantische Suite. Die Dunkelheit sinkt schwer wie Blei. Vorspielm zu einer grossen Oper. In einem Lande ein bleicher Köning. SCHMIDT. Variaciones sobre una canción hussar. BUSONI. Dos estudios sobre Doktor Faust.
Solistas. Orquestas. Dirs: Franz Welser-Möst, James Conlon, Fabio Luisi, Hans Bauer, Daniell Revenaugh.
EMI 6 27973 2
2 CDs. 148’39’’
ADD/DDD
EMI-Hispavox
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VAUGHAN WILLIAMS: Fantasia on a Theme by Thomas Tallis. Fantasia on Greensleeves. The Wasps. The lark Ascending. Flos Campi. Five variations of “Dives and Lazaru”. Norfolk Rhapsody nº 1. On Wenlock Edge. Silent Noon. Songs of Travel. Serenade to music.
Solistas. Orquestas. Dirs: Sir John Barbirolli, Vernon Handley, Bernard Haitink, Sir David Willcocks, Sir Adrian Boult.
EMI 6 27910 2
2 CDs. 155’38’’
ADD/DDD
EMI-Hispavox
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miércoles, 3 de marzo de 2010

Séptima de Bruckner por Welser-Möst

BRUCKNER. Séptima Sinfonía.
Orquesta de Cleveland. Dir: Franz Welser-Möst.
Arthaus 101 481
DVD 66’ (+ 14’ bonus)
DDD
Ferysa
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S

Tras una Novena en la Musikverein de Viena -que me pareció pretensiosa e insincera- y una Quinta en la iglesia de San Florián -que no he llegado a escuchar-, Welser-Möst prosigue su ciclo Bruckner en la sede de su orquesta, el Severance Hall de Cleveland, recinto cuya acústica cálida y un tanto reverberante recoge de maravilla el surround de este DVD filmado por Arthaus en septiembre de 2008.

Adoptando un enfoque antes lírico que épico, el director austríaco obtiene de la magnífica orquesta una sonoridad muy adecuada -increíble la belleza de los chelos-, y la hace frasear con verdadero idioma bruckneriano para trazar una lectura en la que sobresale el Allegro moderato inicial, que pese a alguna caída en la levedad, fruto de cierta timidez expresiva, se encuentra muy bien planteado. El adagio, prosaico y superficial, carece sin embargo de la suficiente concentración.

El tercer movimiento empieza sin toda fuerza deseable, atraviesa un trío rutinario y convence casi por completo al final. En el cuarto Welser-Möst se recrea en los contrastes dinámicos (admirable también en este sentido la toma sonora) sin caer en excesos de retórica, pero no termina de ofrecer una arquitectura lo suficientemente trabajada, concluyendo con una coda sin grandeza ni aliento visionario.

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Artículo publicado en el número de marzo de 2010 de la revista Ritmo.

PS. En las páginas de la revista este lanzamiento aparece erróneamente calificado con cuatro estrellas. Obviamente, a tenor del comentario adjunto, deben ser solo tres: digamos que una puntuación de un siete sobre diez es lo que un servidor le pondría a este DVD.

lunes, 11 de enero de 2010

Reedición de un clásico: La flauta mágica por Jonathan Miller y Franz Welser-Möst

MOZART: La flauta mágica.
Beczala, Hartelius, Scharinger, Mosuc, Salminen, Vogel. Coro y Orquesta de la Ópera de Zurich. Dir: Franz Welser-Möst.
Arthaus, 107 067
2 DVDs - 151’
DDD
Ferysa
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En su paulatina reedición de los primeros DVDs que lanzó TDK, el sello Arthaus rescata un verdadero “clásico moderno” que ha sido repetidamente alabado y premiado por la crítica internacional: la Flauta Mágica que ofreció la Ópera de Zúrich en el año 2000 bajo la batuta de Franz Welser-Möst en una producción escénica de Jonathan Miller.

Es precisamente la propuesta del regista británico lo más interesante de la función. Sobre una bellísima escenografía única de Philip Prowse consistente en una enorme librería masónica en la que no faltan obeliscos y pirámides, Miller se aparta de cualquier óptica que subraye lo que de lúdico, ingenuo o popular hay en la obra de Mozart y Schikaneder para abordar la trama como un conflicto entre el Ancient Régime de la Reina de la Noche y las luces de la Ilustración representado por el mundo de Sarastro, todo ello en el marco de la mismísma revolución francesa, a la que se alude directamente en el final: recordemos que Mozart escribe solo dos años después de la Toma de la Bastilla.

Si en manos de un director sin talento el resultado podría terminar siendo un ladrillo monumental, Miller logra convencer merced a una dirección de actores espléndidamente planificada y a un saludable sentido teatral que no renuncia en absoluto a la frescura ni al sentido del humor, y que llega a permitirse -dentro de su en general apreciable respeto por los diálogos- alguna que otra morcilla.

Muy alto el nivel canoro. Piotr Beczala sufre serios estrangulamientos en el aria del retrato, pero ya anuncia con su fraseo cálido y elegante, tan heredero de un Wunderlich, que se iba a convertir en uno de los más interesantes tenores líricos de nuestros días. No hay reparos ante la bellísima Malin Hartelius, una Pamina de voz perfecta para el papel y admirable línea de canto. Anton Scharinger (¿veremos algún día en DVD su filmación con Solti en Salzburgo?) se muestra como un cantante más que correcto y como un actor de primera: su Papageno rebosa naturalidad y simpatía sin necesidad de hacer payasadas. La otras veces estupenda Elena Mosuc inyecta toda la fiereza necesaria a la Reina de la Noche, pero vocalmente lo pasa mal en sus dos arias. Ni que decir tiene que Salminen ofrece un Sarastro referencial.

Correctísima, por su parte, la dirección del irregular Welser-Möst, y sería aún mejor si el director austríaco hubiera controlado su tendencia a la levedad y hubiera ofrecido mayor variedad expresiva. Espléndida la calidad técnica de los dos DVDs, pero hay algún descuido en los subtítulos en castellano, que son los mismos que incluía la edición anterior de TDK.

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Artículo publicado en el número de enero de 2010 de la revista Ritmo.

viernes, 13 de febrero de 2009

La viuda alegre por Welser-Möst en Zúrich

LEHÁR: La viuda alegre.
Schellenberger, Gilfry, Gfrerer, Hartmann, Beczala, Prikopa.
Orquesta y Coro de la Ópera de Zurich. Dir: Franz Welser-Möst.
Arthaus, 100451
DVD. 125’
DDD
Ferysa
** S

Esta Viuda Alegre filmada en la Ópera de Zurich el pasado año tiene demasiados puntos flacos: una escenografía recargada de gusto más que discutible, una dirección musical muy animada y chispeante pero de brocha gorda y un discreto elenco vocal en el que sólo convence el Camille de Piotr Beczala.

Mas la compra es recomendable: al igual que ocurre con la zarzuela, la opereta pierde muchísimo en el disco, necesitando sus diálogos y su puesta en escena para ser realmente apreciada. Precisamente aquí está el punto fuerte de los principales solistas, unos Rodney Gilfry, Dagmar Schellenberger y Ute Gfrerer de irresistible verbo escénico y una muy atractiva presencia física beneficiada por un vestuario que exhibe con comprensible generosidad el varonil torso de aquél y las acentuadas curvas de éstas. La dirección escénica es ortodoxa y muy solvente y los comprimarios, divertidísimos, se mueven como pez en el agua.

La única competencia en DVD es la versión de la Ópera de San Francisco (con Kenny, Skovhus y Kirchschlager) en el sello Opus Arte, globalmente algo más conseguida pero cantada en inglés y con los diálogos reelaborados. Ambas cuentan con extraordinaria calidad técnica y subtítulos en castellano.
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Artículo publicado en el número de septiembre de 2005 de la revista Ritmo.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Welser-Möst y la crítica: caza de brujas


Ha sido un escándalo (enlace) en el mundillo de la crítica musical estadounidense: el crítico de Plain Dealer of Cleveland Donald Rosenberg ha sido reubicado en la redacción del periódico, después de 28 años cubriendo regularmente los conciertos de la orquesta que fue un día de George Szell, por sus valoraciones habitualmente negativas del enfoque interpretativo (que no de la técnica) de quien ha vuelto a ser renovado como titular de la portentosa formación norteamericana, el austríaco Franz Welser-Möst.

Más conocido como "Frankly Worse-than-Most", el joven director es seguramente uno de los mayores petardos de la dirección orquestal de nuestros días. Escúchese, por ejemplo, su preludio de Meistersingers en el DVD de 2002: una disparatada interpretación, precipitada, parca en matices y aséptica, de sonoridades ingrávidas, carente de grandeza, de vuelo lírico y de emoción, amén de pretenciosa por ir de desmitificadora. O el primer minuto de la Novena de Bruckner, también en DVD, donde cae en el más absoluto de los ridículos haciendo que esta genial música, en lugar de atmosférica y ominosa, suene frívola y pimpante, nada menos.

Rosenberg seguramente no tiene otra culpa que la de ser sincero a la hora de escribir su opinión. Pero claro, habrá músicos, abonados y lectores que no estén de acuerdo con él. Por no hablar del propio Welser-Möst. Me lo imagino cogiendo el teléfono y llamando a la redactora jefe Susan Goldberg. "Mira, que ya empiezo a estar un poquito harto de ese crítico tuyo que me tiene manía. Tú sabes que la orquesta está contentísima conmigo. Si me acaban de renovar hasta el 2018... El público aplaude a rabiar. Y ahí tienes los discos que he grabado, aquí en América y en Europa. Por ahí fuera me hacen unas críticas estupendas. Oye, tú sabes que yo respeto la libertad de prensa, faltaría más. Pero una cosa es el respeto y otra cosa aguantar a un amargado que no soporta que haya sustituido a su querido Dohnanyi. Claro, nadie es profeta en su tierra... La envidia, qué mala es."

"Te recuerdo, bonita, que llevamos años poniendo publicidad en vuestras páginas, eh, y que la pagamos bien cara. ¿Y que pensará la gente de que vuestro editor (Terrance C. Z. Egger) sea patrono de la orquesta? Vamos, no se entiende que por un lado apoyéis nuestro trabajo y por otro os dediquéis a hundirlo. La cultura en nuestra ciudad no se merece esto, tú lo sabes. Pero vamos, si siguen así las cosas, tendremos que replantearnos muy seriamente nuestra colaboración con el periódico. Es cuestión de coherencia, ¿no?".

Y la señora Goldberg se bajó los pantalones. Una larguísima lista de miembros de la Asociación Estadounidense de Críticos Musicales le han enviado una carta de protesta (enlace) que, presumiblemente, ella y su editor se pasarán por el Arco de la Estrella, París, Francia, más conocido como Arco del Triunfo. El dinero manda. Claro que estas cosas sólo ocurren en la América profunda de la siniestra etapa, parece que ya felizmente cerrada, de George Bush Jr. En la España libre y tolerante de Zapatero estas cosas no ocurren. Ni menos aún en la Andalucía imparable de Manuel Chaves. ¿Verdad que no?

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...