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miércoles, 10 de julio de 2024

Un acercamiento a Tarmo Peltokoski (II): Strauss y Shostakovich

Tras la selección de grabaciones protagonizadas por Tarmo Peltokoski de la entrada anterior, vamos esta vez ante un concierto del maestro finlandés al frente de la Sinfónica de la Radio de Berlín ofrecida en la Konzerthaus de la capital de Alemania el pasado 12 de mayo.

Comienza con los Cuatro últimos lieder de Richard Strauss, obra que precisamente ofrecerá en Granada este domingo. Aproximación la suya antes primaveral que otoñal, con todo lo que eso supone en una página en la que estamos acostumbrados a la melancolía, a la sensualidad, al decadentismo, a la poesía más metafísica... Peltokoski no lee la obra desde más allá del bien y del mal, sino desde el "más acá". Y lo hace maravillosamente bien: con intensidad controlada, enorme naturalidad en el fraseo, concentración y una enorme depuración sonora. ¡Bravo! Camilla Nylund luce una voz preciosa –corta en el grave, como le ocurre a muchas– y canta con enorme belleza, ya que no con esa emoción a flor de piel reservada a las más grandes.

Sinfonía nº 10 de Shostakovich en la segunda parte. En el complicadísimo movimiento inicial, una tremenda montaña que hay que subir y bajar con tanta lógica como intensidad, nuestro artista ofrece una soberbia muestra de control de la arquitectura, como también de atención a los detalles: estos son los que en buena medida le hacen alcanzar aquí la excelencia. Muy bien el furioso Allegro, aunque hay algún portamento descendente que a mí no me cuadra. En el tercer movimiento el maestro delinea magníficamente el sarcasmo de las maderas, si bien la transición a la sección rápida resulta algo forzada y esta –con sus insistencia en el motivo DSCH– no posee toda la retranca posible. En cuanto a la expresión, no parece desacertada: cada vez son menos los que ven en esta obra una contestación al difunto Stalin, y más los que atienden a las confesiones personales que se agazapan: el motivo de la trompa, en su presunta alusión a Das Lied von der Erde, sería en realidad la alusión a un crush amoroso del compositor. Irreprochable el Finale, festivo en su punto justo, brillante sin necesidad de caer en la vulgaridad ni tampoco de tirar de la ironía. Por una vez en su trayectoria, el final shostakoviano sería verdaderamente feliz.

¿Y la orquesta berlinesa? Soberbia, sin la menor duda. Francamente buena la transmisión. En cuanto a Peltokoski, seguiremos indagando.

jueves, 24 de junio de 2010

Salomé en Les Arts

El universo blogueril (Titus, Maac, Atticus, Ángel Carrrascosa) ya ha dado buena cuenta de la Salomé ofrecida en el III Festival del Mediterrani que celebra el Palau de Les Arts. Evito así describir cómo ha sido la producción propia preparada por Francisco Negrín, y me limito a dejar algunos apuntes sobre cómo la función del sábado 19 de junio (se dice en alguno de los referidos blogs que claramente superior a la del estreno) me ha gustado muchísimo más que la desigual Carmen del día anterior (enlace). Y eso que la dirección de Zubin Mehta, siendo notable, no ha estado a la altura de su talento como director straussiano: tan preocupado estuvo el de Bombay por clarificar texturas, planificar las dinámicas y administrar correctamente las tensiones que le faltaron esa atmósfera turbulenta y ese punto de pasión, visceralidad y “locura”, de compromiso expresivo en suma, que debe desprender esta partitura. Por eso mismo, y siendo un lujo disfrutar tan admirable trabajo técnico puesto en sonidos por una orquesta como la de la Comunitat Valenciana, me parece preferible el escuchado recientemente a un sorprendente Jesús López Cobos en el Teatro Real (enlace).

Estupenda la actuación de Camilla Nylund. Su voz, demasiado lírica, no es la más adecuada, y como resultaba previsible se quedó corta en momentos tan fundamentales como las imprecaciones a Herodes para obtener la cabeza de Jochanaan. Pero la soprano finlandesa, trabajando intensamente –me consta- junto a un entregado Zubin Mehta, logró administrar sus fuerzas y limar esas tiranteces en el agudo que acusa en otras ocasiones para ofrecer un canto de enorme belleza, sensual y matizado en lo expresivo, alejado tanto de la tosquedad de cantantes con instrumentos de mayor envergadura como de la tendencia al parlato de las que no cuentan con medios adecuados. Nylund, beneficiada por un físico idóneo para el papel, evidenció además unas estupendas dotes de actriz, por lo que redondeó una interpretación creíble, hermosa y sincera.

El veterano Siegfried Jerusalem (¡qué ilusión tenía por verle en directo!) convenció más por su contrastada sabiduría escénica que por sus facultades canoras, viéndose limitado por una voz que suena a estas alturas con bastante pobreza tímbrica y se encuentra mermada en el agudo. Lástima que desde mi butaca no se apreciara con detalle su gestualidad. Albert Dohmen cumplió con digna corrección ofreciendo un Jochanaan más bien monolítico. Nikolai Schukoff, mejor aquí que en su Steva madrileño (enlace), hizo gala de una voz de gran belleza y admirable proyección con su Narraboth. Los comprimarios funcionaron bien. Y triunfó por todo lo alto (al menos en la función que a mí me tocó escuchar) la gran Hanna Schwarz gracias a un instrumento que aún suena muy poderoso y a una sabiduría expresiva que le hizo evitar toda truculencia.

Me gustó mucho la propuesta de Francisco Negrín. El regista no tenía aquí la libertad que en Cosa rara (enlace) le ofrecía el débil libreto de Da Ponte, pero logró ofrecer una visión personal sin faltar en exceso a la fidelidad al texto de Wilde y sin entrar en contradicción (salvando momentos puntuales pero tan decisivos como el final) con la partitura. Fue interesante la manera de profundizar en las contradicciones internas de la protagonista, aquí presentada –no soy el primero en señalarlo- mucho antes como víctima que como verdugo. También fue inteligente retratar al profeta como un hombre atractivo mucho antes por la espiritualidad que ofrece que por su físico. Y la danza de los siete velos estuvo resuelta de manera bastante convincente, violación incluida, por mucho que la cámara con que Herodes filma a su hijastra, proyectando su imagen en directo, la vimos hace nada en la propuesta de Robert Carsen de Madrid. Negrín sacó además muy buen provecho del escenario giratorio de Louis Désiré y de las proyecciones más o menos abstractas en el fondo de la celda de Jochanaan. Un enorme éxito de público cerró una magnífica noche de ópera. Con esto de la crisis, ¿cuánto tardaremos en España en ver un Strauss así?

domingo, 2 de mayo de 2010

Recomendable Fidelio con Harnoncourt, Nylund y Kaufmann

BEETHOVEN: Fidelio.
Nylund, Kaufmann, Polgár, Muff, Rae Magnuson, Strehl, Groissböck. Coro y orquesta de la Ópera de Zúrich. Dir: Nikolaus Harnoncourt.
Arhaus, 107 111
DVD - 134’
Ferysa
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Aprovechando el tirón comercial del guaperas Jonas Kaufmann, Arthaus reedita este Fidelio registrado en la Ópera de Zúrich el 15 de febrero de 2004 que en su momento presentó TDK.

El tenor muniqués no era por entonces conocido, pero ya hacía gala de sus señas de identidad: un impresionante talento dramático y un irreprochable estilo para la ópera alemana, lastrados por una técnica precaria que se manifiesta en una emisión defectuosa y en un sonido de obvia pobreza tímbrica.

Mucho mejor que él está Camilla Nylund, soprano a la que veremos en Valencia como Salomé el próximo junio: su voz es muy notable, se muestra -en esta grabación, no siempre ocurre así- muy segura en los agudos y recrea a Leonora con convicción. La de László Polgár quizá sea una voz en exceso lírica para Rocco, pero el siempre profesional bajo húngaro canta con nobleza e intención su parte. Elisabeth Rae Magnunson, Christoph Strehl y Günther Groisböck (Marzelline, Jaquino y Don Fernando respectivamente) son aceptables. El borrón lo pone Alfred Muff, Don Pizarro tosco y con la voz hecha polvo.





Harnoncourt convence mucho más en este Beethoven que en su integral sinfónica de principios de los noventa, toda vez que ha eliminado buena parte de la rigidez, mecanicismo y machaconería de que hacía gala al tiempo que sigue conservando una muy atractiva rusticidad sonora, una electricidad verdaderamente irresistible -el final es de infarto- y, sobre todo, un sentido teatral de la mejor ley, revelándonos multitud de acentos nuevos. Por desgracia el maestro se queda muy corto en sentido humanístico y en elevación poética, y hace gala de esa excesiva sequedad y de esas caídas en la excentricidad que son marca de la casa. Orquesta coro son espléndidos.

Jürgen Flimm respeta la cronología de la acción y apuesta por trajes de época, al tiempo que se vale de una escenografía abstracta y de una iluminación voluntariamente deshumanizada. Su dirección escénica es espléndida, realizando numerosas aportaciones sobre los personajes para intentar en lo posible soslayar las desigualdades del libreto.

La imagen (16:9) es excelente y el sonido ofrece surround auténtico (es decir, los canales traseros reciben la información de micrófonos que realmente están colocados detrás). Fidelio recomendable, pues, aunque no por delante del reciente de Mehta en Valencia (con Meier, Seiffert y Salminen), menos conseguido en lo escénico pero más sustancioso en lo musical (enlace).

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Artículo publicado en el número de abril de 2010 de la revista Ritmo.

domingo, 5 de abril de 2009

Vaughan Williams y Zemlinsky en Sevilla por Semana Santa

Maravillosa idea la de juntar el Magnificat de Vaughan Williams y la Sinfonía Lírica de Zemlinsky como concierto "de Semana Santa" de la ROSS. La primera, que yo no he conocido hasta que tenido el placer de escribir las notas al programa, se trata de una partitura breve que ofrece una visión bastante atípica, inquietante y estática hasta el punto de anticipar a Messiaen, del célebre tema mariano. La segunda, ya se sabe, una obra fascinante que no se hace casi nunca. Las dos se encuentran impregnadas, cada una a su manera, de una sensualidad panteísta que precisamente constituye una de las principales señas de identidad de la gran fiesta de Sevilla que comienza -oficialmente, en realidad se vive desde mucho antes- el Domingo de Ramos.

Del Magnificat ofreció Pedro Halffter una lectura difícilmente mejorable: bellísima pero no meliflua en su sonoridad, sostenida con buen pulso y atenta a las relaciones tanto con el pasado -no es difícil escuchar aquí ecos del Fauno de Debussy- como con el futuro -el citado Messiaen-. La Sinfónica de Sevilla sonó estupendamente bajo la dirección de su titular y las voces femeninas del Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza, dirigidas por Julio Gergely, ofrecieron una de las mejores intervenciones que se les recuerdan. Magnífica la flauta solista. Y un lujo la presencia de Catherine Wyn-Rogers, de voz homogénea -segura tanto en el grave como en el agudo- y acertadísima expresividad. Me dijeron que en el primer día de abono se aplaudió poquísimo. En el segundo, Viernes de Dolores, sí que hubo una buena respuesta por parte del respetable.

Siendo notable, la interpretación de la Sinfonía Lírica me gustó bastante menos. Halffter ofreció una lectura de tempi tendentes a lentitud en la que intentó -y consiguió- desmenuzar por completo el complejo entramado orquestal de la partitura. El equilibrio de planos estuvo muy conseguido, la gama dinámica se mostró siempre bien planificada, no hubo la menor caída en el efectismo y el director madrileño hizo gala de su contrastada capacidad para desplegar morbidez en el fraseo y en el tratamiento tímbrico.

Entonces, ¿dónde están mis reparos? Pues en el enfoque adoptado: obviamente Zemlinsky no es Schönberg ni Berg, pero para mi gusto esta obra requiere un tratamiento tímbrico más descarnado, una mucho más elevada tensión interna y, sobre todo, una expresividad más dramática. Halffter se dejó seducir por la portentosa sensualidad de la partitura y ofreció un discurso excesivamente escorado hacia los aspectos hedonistas de la obra. La orquesta respondió de manera formidable, beneficiándose de un notable concertino invitado, Ingo de Haas, y del espléndido chelo de Dirk Vanhuyse.

En el apartado vocal se contó con dos nombres medianamente conocidos en el repertorio lírico alemán, si bien convenció ella bastante más que él. El barítono Michael Volle posee una buena voz y canta con seguridad, pero pasó de largo ante los aspectos expresivos de los poemas de Rabindranath Tagore. Mucho más implicada se mostró la guapa soprano finlandesa Camila Nylund, que ofreció unos reguladores muy interesantes y, al contrario que en otras ocasiones, ascendió sin particulares problemas al sobreagudo. Pese a los reparos expuestos, muy hermoso concierto. Lástima que no se llenase el Maestranza. Ah, se me olvidaba: enorme acierto el de ofrecer, como viene haciendo desde siempre el vecino Villamarta, sobretítulos con traducciones de los textos cantados.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...