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sábado, 5 de septiembre de 2026

Domingo cantó en Jerez, Barenboim estará en El Escorial

Dos noticias.

Primera: Plácido Domingo cantó el pasado jueves en el Teatro Villamarta de Jerez de la Frontera. Los que allí acudíamos no lo terminábamos de creer. En el siguiente enlace, la reseña que me han pedido desde La Voz del Sur. Lógicamente, el texto no es el que hubiera escrito para este blog, porque se trata de dos perfiles de lector por completo distintos. A los que se pasan por aquí quisiera añadirles que el artista madrileño recurrió en más de un momento, aunque de manera sensata, a efectos veristas que en él son inhabituales. Obviamente, fue una manera de compensar sus importantes limitaciones actuales. Por lo demás, lo dicho en la crítica oficial: digna orquesta, batuta por encima de la media y cantantes que oscilaron entre lo correcto y lo magnífico.

Segunda: durante el apagón del Maestranza me contó la máxima responsable de la Fundación Barenboim-Said que se confirma por completo que el de Buenos Aires estará en El Escorial. Nada de cancelaciones. Que se encuentra mucho mejor y que tiene unas ganas tremendas de volver a España. Ah, bueno, otra persona muy distinta pero bien informada asegura que Ayuso y los pesos pesados de la Comunidad de Madrid estarán allí presentes. Pues eso.

viernes, 17 de julio de 2026

Dos artículos: Villamarta y Sánchez Saus

El blog sigue cerrado, pero vayan aquí dos enlaces. El primero, mi comentario a la emporada 2026/27 del Teatro Villamarta de mi tierra, publicado en La voz del Sur. No necesito añadir nada a lo dicho. Bueno, sí: que según fuentes bien informadas, el director del Villamarta se larga definitivamente en septiembre. Menos mal.

Villamarta 2026/2027, clásica y lírica: la Junta de Andalucía vuelve a salvar los muebles | lavozdelsur.es

El otro me divierte de manera especial, porque confirma que la sección de cultura de Diario de Sevilla está dirigida por un ultraderechista, con todo lo que ello supone. Lean, lean lo que Sánchez Moliní escribe sobre Sánchez Saus, aspirante en su momento a liderar Falange, admirador indisimulado de Francisco Franco y Donald Trump, orgulloso de pertenecer al ala más reaccionaria e intolerante del catolicismo, que ha utilizado durante años las páginas del diario "liberal" (¡juas!) del Grupo Joly para ganarse a pulso el carguito que le acaba de dar VOX.

Un intelectual en el Gobierno andaluz

Repárese de manera especial en lo que Luis Sánchez-Moliní dice del libro Al-Ándalus y la Cruz. De acuerdo con que su autor es un medievalista de muchísima más categoría que quien a ustedes se dirige, faltaría más, pero ello no me va a impedir opinar que dicho texto es una monumental falsificación historiográfica que no solo no desmonta falso mito alguno (¿alguien se creyó alguna vez lo de la "feliz convivencia de las Tres Culturas"?), sino que vuelve a la carga con la más rancia interpretación de la Reconquista en "cristiano bueno" contra "moro malo" y "auténtico español" contra "falso español". Y este tipo se ha convertido en número dos de Turismo y Justicia (¡hostias!) con la total aquiescencia de un Juanma Moreno que tardó dos días en aceptar todos los postulados de la ultraderecha. Para largarse de Andalucía, pero ya.

sábado, 6 de junio de 2026

Desagravio de la Orquesta de Córdoba en el Villamarta: Christian Vásquez dirige Hadn, Mozart y Brahms

Se presentó ayer viernes 5 la Orquesta de Córdoba bajo la dirección de Christian Vásquez –relevante trayectoria internacional– en el Teatro Villamarta. No lo hizo dentro de la paupérrima programación de música clásica mal costeada por el ayuntamiento y pobremente diseñada por quien sigue siendo director, sino en el marco del ciclo Andalucía Sinfónica, admirable iniciativa de la Junta de Andalucía por la que las ciudades grandes que no tenemos orquesta propia –Huelva, Jerez, Cádiz, Jaén, Almería– recibimos visitas de las más importantes formaciones de nuestra comunidad autónoma. Ha querido la casualidad que el evento haya tenido lugar justo una semana después del Don Giovanni en el que participaron también los cordobeses, así que en cierto modo este concierto integrado por obras de Haydn, Mozart y Brahms ha funcionado a manera de desagravio por aquellas funciones en la que la orquesta tocó bien, pero el resultado global nos irritó de manera considerable a algunos melómanos. O a muchísimos: el texto que escribí aquí ha batido el récord de número de lectores de este blog en lo que a reseñas del Villamarta se refiere, e incluso se me pidió que se publicara –quise hacer antes algunas modificaciones– en La Voz del Sur.

Fue una muy buena idea abrir la velada con la obertura de L’isola disabitata del bueno de Franz Joseph: estupenda música. Llamó enseguida la atención la manera en la que el maestro de Caracas optó por un vibrato muy reducido, cuando no inexistente, pero esto fue lo único tomado de la escuela de interpretación historicista. Por lo demás, interpretación sensata y muy musical, ya que no de particular efervescencia –eché de menos clave al continuo–, en la que Vásquez demostró además técnica muy sólida a la hora de trabajar con la orquesta, demostrando esta que es capaz de abordar el repertorio del clasicismo bastante mejor que la Sinfónica de Sevilla y casi tan bien como la Orquesta Ciudad de Granada. Las comparaciones son odiosas, pero a veces hay que hacerlas: no se olvide que a estas formaciones las pagamos entre todos.

Menos me gustó la dirección del Concierto para violonchelo nº 2 de Haydn, irreprochablemente sonada dentro de una línea en exceso amable; sensual, pero escasa en nervio y contrastes. Justo lo que sí tuvo el jovencísimo solista Guillem Gràcia Soler, quien dejó a un lado la búsqueda de la belleza sonora para indagar mejor en la variedad expresiva de las notas. Lo hizo con talento, inteligencia y buena realización: si usted tiene la oportunidad de escuchar a este artista, no se lo pierda.

Se abrió la segunda parte con la Sinfonía nº 25 de Mozart, de la que aquí presenté discografía comparada. Vásquez siguió moderando el vibrato y apostando por lo apolíneo, lo que en esta página tan exigente en tensiones no es lo más adecuado. En el primer movimiento, que funcionó de manera más que solvente, la batuta aportó algunos moderados juegos dinámicos que lograron convencer. El Andante, bellamente expuesto, se quedó muy en la superficie. Se evitó toda pesadez en el Menuetto y se resolvió con eficacia el movimiento conclusivo.

Variaciones sobre un tema de Haydn –Variaciones San Antonio en realidad, el tema no es de quien se decía– para terminar. Aquí los violines cordobeses sonaron regular en más de una ocasión, pero Vasquez compensó esta insuficiencia logrando ese empaste que necesita Johannes Brahms y aportando el fraseo mórbido y sensual propio de la música del hamburgués: acierto pleno en dos demandas nada fáciles de satisfacer. Expresivamente la interpretación fue mayormente lírica, ágil en los tempi y siempre de enorme fluidez y musicalidad, aunque me hubiera gustado mayor diferenciación entre las variaciones –el maestro apostó más bien por lo contrario– y más atención a la sublime cuarta variación.

En fin, un concierto de música hermosísima que estuvo notablemente tocada y bien interpretada. ¡Bravo! Los melómanos lo agradecimos una barbaridad con nuestros aplausos, y la orquesta se fue con la sonrisa en los labios. Y ahora, a ver si el consistorio encuentra nuevo director para un teatro que necesita recambio urgente. Me consta que hay unos cuantos aspirantes en la sombra, pero hace falta alguien con experiencia y muy buenos contactos en el campo de la música clásica. Priorizar el flamenco y tirar de packs de agencias para el resto sería un error.

sábado, 30 de mayo de 2026

Villamarta toca fondo con un Don Giovanni asqueroso

Lo de asqueroso, literalmente, por obra y gracia de la regista Marta Eguilior. En Mozart y Da Ponte, Don Giovanni es un noble al mismo tiempo simpático y detestable que, merced a su egoísmo y nula empatía por los demás seres humanos, no duda en infligir daño a cuantos tiene alrededor, incluidos aquellos quienes le quieren de verdad, para obtener el mayor placer inmediato posible. Para la citada señora, se trata de un psycho killer que se pasa todo el tiempo violando, rebanando cuellos con un gigantesco cuchillo o literalmente comiéndose los intestinos de sus víctimas, algo que se muestra con explicitud en la escena del banquete. Leporello es un viejo al que su señor lleva atado con correa de perro y al que obliga a emitir ladridos y arrastrarse por el suelo a olfatear, como si fuera Alfredo Landa en Los santos inocentes. Don Ottavio es un monstruo que no duda en estrangular a Doña Ana, si bien Masetto tampoco se queda corto en animalidad. Las mujeres, claro, son las buenas de la función.

La señora Eguilior se pasa así por el forro toda la complejidad psicológica que está tanto en el libreto como en la música, y que convierte a esta ópera en una obra maestra, para ofrecer en su lugar una caricatura hiperviolenta, efectista a más no poder, dibujada con rotulador grueso y de execrable gusto, que no solo no aporta nada al original, sino que funciona en su contra. Un ejemplo: ¿recuerdan ustedes cómo Mozart ilustra de manera magistral en Là ci darem la mano la manera en que Don Giovanni pasa de seductor a seducido? Pues a Eguilior eso le da igual: en la sección Allegro no solo Zerlina no lleva la voz cantante la “rusticidad” campesina se impone en la partitura, sino que es agredida por unos señores vestidos de puppies que funcionan como lacayos del protagonista. Toda sensualidad, toda picardía, toda complejidad de relaciones entre ellos y ellas se convierte en grotesca y maniquea denuncia de la agresividad masculina hacia las mujeres.

Sumen a esto una deficiente resolución de las situaciones dramáticas un desastre el final del primer acto, coreografías estúpidas, caprichos “conceptuales” incomprensibles y la eliminación de un plumazo de toda la escena final mozartiana: aquí todo acaba con unos brazos que surgen del suelo para llevarse al burlador de Sevilla a los infiernos. ¿Algo positivo que señalar? Sí, una escenografía y una iluminación increíblemente bellas a cargo de la propia Eguilior. No se puede decir lo mismo del vestuario de Betitxe Saitua, que me ha parecido horroroso.

Dicho esto, el principal responsable del desastre de anoche no es Eguilior, sino el director del Teatro Villamarta, Carlos Granados de Dueñas. Se sabía que la producción era así, porque batió el récord de malas críticas: aquí van cito por orden alfabético las de La Nueva España, Ópera Actual, Ópera World, Platea y Scherzo. ¿Por qué la trae entonces a Jerez? Cabe la posibilidad de que a él le guste: mal asunto. Podría ser que haya primado la intención de subirse al carro del feminismo del mal entendido y del me too: peor aún. O quizá se trate de una cuestión de amistad con la regista, o de intereses ocultos: ya sería el colmo.

Lo que me confirma que Granados debería abandonar su puesto cuanto antes es la parte musical. Elena Salvatierra, joven nacida aquí al lado en El Puerto de Santa María, defraudó seriamente el año pasado el Réquiem del salzburgués con una dirección mortecina, falta de tensión interna, de pulso vital, de contrastes y de sentido dramático. ¿Por qué invitarla a repetir con una obra extremadamente peliaguda en la que se ha estrellado hasta el mismísimo Barenboim? A la gente que comienza hay que darle tiempo, dejarla madurar, no ponerla en compromisos imposibles de resolver. De la dirección de anoche lo único positivo que puedo decir es que la chica evidenció muy buen gusto en el fraseo y sentido de la cantabilidad. Por lo demás, línea “Marriner del malo”, es decir, todo suavón y mortecino, y trufado de numerosos desajustes con los cantantes. Soporífero. La notable Orquesta de Córdoba, eso sí, tocó con seguridad y limpieza.

Así las cosas, agredidos seriamente desde la escena y sin ayuda suficiente por parte de la dirección musical, uno tiene que plantearse hasta qué punto los cantantes estuvieron menos que regular por culpa de sus propias limitaciones. El único número de la noche que me gustó mucho fue el Non mi dir de María Rey-Joly, problemática en el agudo pero Doña Ana de fuste. Berna Perles, voz interesantísima, ofreció muy buenos momentos otros no tantos como Doña Elvira. Y ahí acabó la cosa.

El chileno Ramiro Maturana hizo un Don Giovanni insuficiente por voz y por caracterización. Ruben Amoretti, un señor que en otros tiempos corría el año 2014 me parecía excelente cantante, me resultó insufrible por su tosquedad a pesar de que su tesitura vocal es la adecuada para Leporello. El tenor Julián Henao posee muy buena pasta vocal, pero la técnica me parece precaria: mal Il mio tesoro. Zerlina, Masetto y Comendador eran tres cantantes andaluces muy jóvenes que no se deberían haber metido en camisa de once varas: regular la primera, mal el segundo y literalmente inaudible la voz no corría el tercero. Prefiero no escribir los nombres.

El público aplaudió mucho, muchísimo, aunque mostró considerable frialdad con el equipo de la puesta en escena. Yo lo tengo claro: una de las peores noches de ópera de mi vida. ¿Lo peor de todo? No hay recambio para el director Carlos Granados. Ningún gestor con talento, experiencia y agenda de la que tirar fundamental para hacer ópera quiere hacerse responsable de un teatro en el que no hay presupuesto para otra cosa que no sea el flamenco. Lasciate ogne speranza.

domingo, 28 de septiembre de 2025

Carlos Granados debería dimitir del Villamarta

Entrevista hoy en Diario de Jerez a Carlos Granados, director del Villamarta. Está muy bien que realice reflexiones inteligentes sobre su labor en el Villamarta. Me parece formidable que reivindique su apertura a nuevos públicos. Me parece excelente que, entre otras cosas, se abra a las necesidades de la comunidad LGTB con el espectáculo del youtuber gaditano Míster Avelain, un señor que a mí me divierte muchísimo y que se merece su espacio.

Pero me parece mal que diga que el descuido informático que les impidió conseguir una subvención con la que ya se contaba -el navegador no refrescaba la caché, como si no hubiese sido fácil mirar desde otros ordenadores o coger un teléfono- "no va a suponer un problema a las cuentas de Fundarte", porque "no vamos a tener que tocar nada de la programación". Pues no, claro que no. No hay que tocar nada de este año. Perder la subvención significa tener que estrecharse considerablemente la cintura en la temporada 2026/27. ¿Se ha creído usted que somos tontos?

Lo peor, en cualquier caso, es la flojísima calidad (¡y cantidad!) de la programación de música clásica que el regista jerezano ha programado para este curso 2025/26, de la que como ya expliqué aquí mismo no se salva casi nada. Es la peor desde su reapertura, con diferencia. Aunque hay que tener muy en cuenta tanto la considerable racanería del ayuntamiento como la horrorosa deuda pública que arrastramos en Jerez de la Frontera desde hace lustros, lo cierto es que, después que los aficionados le hayamos concedido más de un año en la dirección para materializar un proyecto que sea completamente suyo, Granados de Dueñas no solo no parece preparado para levantar el Villamarta, sino que parece de la valentía para reconocer errores y plantear vías para solucionarlos. Que dimita ya. Lo pido como jerezano que paga religiosamente sus impuestos y como melómano que lleva cuarenta años escuchando muchísima música en directo en no pocos lugares. Basta ya de mediocridad, por favor.

martes, 5 de agosto de 2025

El Villamarta, un desastre que exige dimisiones

La noticia está en la prensa. El Villamarta ha perdido más de 130.000 euros que viene concediendo el Ministerio de Cultura en calidad de subvención para la temporada lírica del teatro jerezano y para el Festival de Jerez, dedicado al flamenco.

El PSOE acusa al gobierno local de "perjudicar" al Festival de Jerez y el Ciclo Lírico al perder dos subvenciones


Dos días más más tarde ya es tomarse las cosas con tranquilidad, dada la gravedad del asunto– el director Carlos Granados de Dueñas afirma no haber cometido dejación de funciones algunas, asegurando que todo se debe a un fallo técnico de la web del INAEM, que no permitía refrescar la caché del navegador para que dejara de aparecer el documento de solicitudes de la temporada anterior y visualizar la nueva. ¡Arsa!

Achacan a un fallo técnico la pérdida de subvenciones del INAEM para el Villamarta de Jerez

Finalmente, la oposición (PSOE) pide la dimisión inmediata tanto de Granados como del discutido concejal de Cultura, Francisco Zurita, un señor poco o nada vinculado al mundo de la música que ha llegado ahí por su estrechísima vinculación con las hermandades de Semana Santa.

Polémica por la pérdida de subvenciones en Jerez: el PSOE exige la dimisión "inmediata" de Carlos Granados y Francisco Zurita

Todo eso, por cierto, en un contexto en el que los historiadores del arte locales hemos saltado a la yugular del ayuntamiento por la recuperación de un viejo proyecto que era del PSOE y no del PP, por cierto, aunque vuelve ahora al hilo de los nuevos aires nacional-católicos de colocar un mamotreto dedicado a la Inmaculada de dieciséis metros de altura y tonelada y media de peso en uno de los más emblemáticos espacios protegidos del centro de la ciudad gaditana.

Historiadores rechazan la ubicación de la Inmaculada en el Arroyo en Jerez: "Es una ilegalidad y un disparate"

En fin, a mí me parece claro que a Carlos Granados de Dueñas, jerezano formado en el Teatro de la Zarzuela que actualmente dirige su antecesora en el Villamarta Isamay Benavente, no le queda más remedio que dimitir. Porque lo que ahora se ha descubierto (¿no sabía realizar llamadas telefónicas al INAEM para ponerse al día de las subvenciones si la web no funcionaba correctamente?) se suma a la palmaria mediocridad de la primera temporada que él ha tenido la oportunidad de firmar en solitario, de la que ya tuve la ocasión de decir algo aquí a raíz de su muy tardía presentación. Una temporada en la que, debo añadir ahora, no ha considerado oportuno facilitar el debut de nuestra estrella local Ismael Jordi como Werther, que al final va a tener lugar en Vigo (!) cuando él siempre quiso hacerla en su tierra; a cambio, ha montado como único título de ópera un Don Giovanni de chichinabo en el que va a empuñar la batuta la misma persona que destrozó el Réquiem de Mozart hace unos meses en este mismo escenario.

En cuanto al delegado de cultura, más le vale encontrar ya mismo a un nuevo director que esté a la altura de las circunstancias o, si no es capaz de ello, ir dejando también el cargo. Y muchísimo ojo, que me consta que algunas de las personas que más atacan a Dueñas en su momento aspiraron a director del Villamarta para (¡horror de los horrores!) mandar la música clásica a paseo y centrarse en el flamenco. 

viernes, 27 de junio de 2025

Chiringuito Villamarta

 Ahí va la noticia. 

https://www.lavozdelsur.es/ediciones/jerez/tension-numeros-rojos-villamarta-expedientes-venta-ilegal-material-denuncia-empleados-amenazas_337035_102.html

Yo lo vengo diciendo públicamente desde hace muchos años. El único en decirlo.  A algunos les resultaba fácil acusarme de tenerle manía al Villamarta y tal. Pero claro, es que ellos compartían intereses comunes con ese chiringuito o, directamente, formaban parte de él. Mamoneo a punta pala. De verdad que espero que el nuevo director lo arregle.

Por cierto, la imagen la he hecho con Copilot.

martes, 24 de junio de 2025

Temporada 2025/26 del Villamarta: pesimismo total

Ha sido anunciarse tardísimo, por cierto la nueva temporada del Villamarta (descarga aquí) y venirme abajo. Dirán ustedes que soy un exagerado, pero así es. Estoy triste y me siento profundamente pesimista con respecto al futuro del teatro de mi ciudad. Sé que no van a volver esos tiempos de esplendor, hace ahora más o menos un cuarto de siglo, en los que el consistorio se entrampaba hasta las cejas y se nos ofrecía una programación de música clásica muy por encima de lo habitual para una ciudad de 200.000 habitantes. Nos (mal)acostumbramos a ver cómo desfilaban Menuhin, Rozhdestvensky, la Pires con la English Chamber, Ashkenazy, Koopman, Pinnock, el Melos, el Tokio, el Borodin, Bowman, Kirkby... Todo ello mientras se ofrecían espectáculos de ópera y zarzuela de nivel medio digno, a veces menos que eso, pero que al menos tenían el valor de poner en contacto al público con el gran repertorio de la lírica.

Eso no volverá, porque vivíamos por encima de nuestras posibilidades. Pero una cosa es ajustarnos y otra muy distintas encontrarnos lo que se ha presentado hoy, una temporada hecha con poquísimo dinero y con criterios bastante discutibles a la hora de seleccionar. Lo primero es cosa del ayuntamiento, lo segundo de quien ahora cumple su segundo año como director, Carlos Granado de Dueñas, que me parece que no está acertando. Intentaré ir rápido pero con orden, limitándome a la música clásica. Lo demás prefiero no comentarlo.

Dos títulos de lírica escenificada. Uno es el Don Giovanni de Mozart. ¿Otra vez el burlador de Sevilla, que por cierto también vuelve al Maestranza, cuando por estos lares sigue sin verse una obra mozartiana aún superior llamada Così fan tutte? Claro que, puestos a echar de menos, tampoco estaría mal que se vieran títulos como Puritani, Ballo, Fidelio, Werther, Fanciulla... La única explicación que encuentro es ideológica: Granados ha querido traer esta producción que, pese a sus malas críticas, se enmarca presuntamente dentro del revisionismo feminista de la era del me too. Tomará la batuta la directora local Elena Salvatierra, que hace pocos meses se pegó el gran batacazo con el Réquiem del mismo autor. ¿Tan sordo está el director del teatro como para no reconocer que aquello fue mediocre y que no se puede traer a esta señora para hacer otro Mozart? Pues sí, lo está. El elenco no despierta tampoco muchas ilusiones.

El otro título es Don Gil de Alcalá, de Manuel Penella, en la producción de Emilio Sagi. Pues vale: a mí este repertorio no me interesa lo más mínimo, pero este título en concreto puede estar bien. Sagi es un valor seguro. 

Luego hay dos óperas de formato reducido. I tre gobbi de Manuel García podrá interesar en Sevilla, pero aquí en Jerez no sé muy bien lo que hace, salvo cubrir un hueco gastando poco. Y luego hay un "teatro musical de cámara" titulado Maria Estuardo. No, no se hagan ilusiones: es de un tal Martin Hennesy. Puestos a hacer cosas con presupuesto reducido, se podía haber optado por esa maravilla llamada The Turn of the Screw, de Britten. En fin... Por lo demás, se recupera el espectáculo de Sabina Puértolas y Enrique Viana que se sustituyó este año por otro del mismo showman y se añade, menos mal, un recital con orquesta de Ismael Jordi y Leonor Bonilla. ¿Por cierto, por qué no le han dado al tenor jerezano un título de ópera? Misterios sin resolver.

El programa Andalucía Sinfónica de la Junta de Andalucía se reduce: no vienen Sevilla ni Granada. La Filarmónica de Málaga traerá un programa chunguísimo con partituras de Chapí, Cebrián y Alonso. La Orquesta de Córdoba presenta uno mucho más interesante con Haydn, Mozart y Brahms, pero no sé cómo dirigirá Christian Vasquez. La Joven Orquesta de Andalucía se enfrenta a un programa iberoamericano al que no le veo la gracia; sí la tiene escuchar entremedias el Concierto para violonchelo nº 1 de Shostakovich, aunque sea a artistas desconocidos. El espectáculo del Coro del Villamarta y la Orquesta del Conservatorio de Jerez dudo que esté a la altura.

Me queda por enumerar lo que a un servidor más le atrae: un espectáculo de Rami Alqhai y Javier Núñez, el bandoneón de Claudio Constantini y el piano de Ramón Grau. Se acabó. ¿Comprenden por qué estoy triste? Lo peor es que no veo ninguna solución.

domingo, 20 de abril de 2025

La Orquesta Joven de Andalucía con Juan Pablo Valencia en el Villamarta

Ya dejé constancia en este blog de mi enfado ante el hecho de que la Orquesta Joven de Andalucía cambiase el repertorio de este año: en lugar de una Quinta de Bruckner por el enorme Christoph Eschenbach, un programa Falla y Mussorgsky/Ravel a cargo del por estos lares desconocido Juan Pablo Valencia. Entiendo que la cancelación puede no ser responsabilidad de los gestores, pero sí que lo es realizar un cambio semejante diciéndolo con la boca pequeña y sin posibilidad de devolución de entradas. Deberían haber mantenido el Bruckner con otro director, pero no pegar un giro tan radical. Mal, muy mal por su parte.

Dicho esto, el que hoy se ha ofrecido en el Teatro Villamarta, a repetir mañana en el Maestranza de Sevilla, ha sido un concierto muy digno en la primera parte y más que notable en la segunda, en buena medida por la labor del maestro colombiano, y más aún por el nivel de los jóvenes andaluces: esta formación ha sonado mucho mejor que como lo hizo hace pocas semanas en el mismo escenario una desganadísima y mediocremente dirigida Filarmónica de Malága en el Réquiem de Mozart.

Se abría la velada con Mariachtitlán, una vistosísima página del mexicano Juan Pablo Contreras que sirvió para dar buena cuenta de la calidad de los instrumentistas convocados, como también del enorme sentido del ritmo y del color de una batuta que parece moverse como pez en el agua en este repertorio.

Nada que objetar a que se interpreten las dos suites de El sombrero de tres picos a pocos kilómetros de la tierra donde nació y reposa para siempre Manuel de Falla, pero ya puestos podían haber hecho la versión completa del ballet: tampoco es tan difícil contratar una mezzo, mientras que los chavales podrían haber dicho unos "oles" mejores que los de cualquier orquesta de primerísima fila. Sea como fuere, Juan Pablo Valencia ofreció una interpretación sensual y tornasolada, no exenta del adecuado vigor rítmico, en la que demostró su excelente técnica y apreciable atención al detalle: en absoluto dirigió de cara a la galería. Eso sí, frente a un trabajo con las dinámicas absolutamente colosal se hizo evidente escasa imaginación a la hora de jugar con la agógica, de manera particular en la jota conclusiva. Tampoco fue gran cosa la farruca, más bien desvaía, pero los demás números funcionaron francamente bien.

Los Cuadro de una exposición no plantean las exigencias extremas en organización arquitectónica de la referida Quinta de Bruckner, pero es piedra de toque para los primeros atriles de una orquesta: aún recuerdo lo mal que estuvieron los de la Scala de Milán cuando ofrecieron la obra en el Teatro de la Maestranza bajo la dirección, magnífica en lo expresivo, de nada menos que Riccardo Muti. ¿Acaso han tocado los andaluces mejor que como lo hicieron aquella tarde los milaneses en Sevilla? Sin la menor duda, tanto en la sonoridad global como en las intervenciones solistas. La batuta, por su parte, ha ofrecido una recreación sensata, ajena a efectismos y bastante inspirada, sin escorarse en exceso hacia Ravel y manteniendo algo de la sana rusticidad que demanda Mussorgsky. Magníficas todas las exposiciones del Paseo, un Gnomo bronco en el que Valencia atendió de manera especial a las genialidades tímbricas ravelianas, y una Baba-Yaga de gran electricidad. Francamente bueno el saxofón en El viejo castillo, y mejor aún la tuba en el peligrosísimo Bydlo, cuyo final fue boicoteado por un móvil que obligó a detener la interpretación durante unos segundos que parecieron eternos. La rápida y bulliciosa recreación de los pollitos sufrió algún severo desajuste, mientras que en La gran puerta de Kiev los metales a los que el maestro, demostrando enorme sabiduría, no obligó a tocar demasiado fuerte mostraron una redondez que ya quisiéramos tener siempre en otras formaciones españolas.

Primera propina muy barenboimiana: Nimrod de Elgar, la mejor opción para lucir una cuerda hermosa y bien empastada. La segunda propina, algo parecido a uno de esos maravillosos arreglos que hacía Henry Mancini de música latinoamericana, no sé lo que era. En cualquier caso, fue interpretada con enorme brillantez, levantó al público del asiento y nos libró de tener que escuchar por enésima vez el pasodoble Amparito Roca, que es lo que suelen tocar en estas ocasiones.

Total, no hemos tenido esa Quinta bruckneriana ante la que llevábamos meses relamiéndonos, pero sí un muy buen concierto en el que solo ha habido una pega seria: la pésima acústica para quienes estábamos en el patio de butacas. El Villamarta necesita una nueva concha acústica cuanto antes, o al menos una solución decente para las orquestas de gran tamaño.

domingo, 30 de marzo de 2025

Réquiem de Mozart en el Villamarta: fue mediocre

No iba a escribir nada sobre el Réquiem de Mozart que se ofreció en el Teatro Villamarta el día 14 de marzo. Total, está muy bien que el aforo se llene, que la gente se acerque a la música y que el coro local cumpla la ilusión de cantar esta obra maestra. Lo que el crítico de turno piense no tiene la más mínima importancia al lado de todo esto. Pero claro, leo la siguiente crítica (?) en Ópera Actual y no puedo dejar de cabrearme. Porque una cosa es lo dicho antes, crear afición, y otra muy distinta poner el listón en lo más bajo. No, en Jerez se debe aspirar a mantener un nivelito. No se puede aplaudir todo como si tuviéramos delante a la Filarmónica de Viena.

Y es que la Filarmónica de Málaga se mostró muy discreta a la hora de hacer justicia a una partitura que exige una depuración sonora muy especial. Lo mismo debo decir de Elena Salvatierra, que dirigió con muy buen gusto pero fue incapaz de mantener el mínimo de tensión exigible: todo sonó plano, aburrido, mortecino. "Un velatorio más que un réquiem", me decía un veterano y experto melómano local. Pues sí. El Coro del Teatro Villamarta, flojo e incluso menos que eso: hubo galimatías en algún momento -creo que fue la fuga del Hosanna-. Mal la soprano, discretos mezzo y barítono. Lo único realmente bueno fue el tenor, de emisión particular -a lo Robert Tear, para que ustedes me entiendan- pero muy firme, valiente y con clase.

Total, un muermo considerable. Seguirá pareciéndome bien que se hagan cosas así, pero no que se le tome el pelo al personal presentando como bueno algo abiertamente mediocre.

jueves, 13 de febrero de 2025

Alerta de última hora: sensacionales Goldberg en el Villamarta por Ignacio Prego

Miro la web y descubro que, aunque hay un buen número de entradas vendidas, aún quedan bastantes asientos libres para las Variaciones Goldberg de J. S. Bach que Ignacio Prego ofrecerá mañana viernes 14 en el Teatro Villamarta. Se impone un aviso, pues: si usted vive por esta parte de la península y mañana no puede ir a escuchar a la Netrebko en el Maestranza, venga a Jerez de la Frontera. Por dos razones. Una, son las Goldberg. Razón suficiente, pero hay otra: este señor las hace de maravilla. 

Confieso que conozco pocas versiones al clave: Leonhardt II y III, Pinnock, Koopman, Suzuki II, Hantai II y Rondeau. Todas ellas me gustan mucho o muchísimo, pero me quedo con la del español. ¿Toca mejor que todos ellos? Igual de bien sí, igual de ágil e igual de claro en la polifonía. Mejor no, porque no se puede. Lo que pasa es que a todos ellos "se les nota" demasiado. Incluso a Leonhardt: su proverbial sobriedad calvinista está ahí. Particular mención para Jean Rondeau, al que con toda justicia me ha recomendado vivamente un sabio amigo: su poesía me parece acongojante, pero también personalísima y, por ende, discutible. Una vez escuchado no puedo prescindir de él, pero tampoco lo recomendaría para acercarse a la obra.

El milagro del madrileño es que, al mismo tiempo que mantiene todo el rigor "históricamente informado", nos presenta con extraordinaria transparencia el tejido de la música y se muestra muy atento a la poesía de la música, no pretende descubrirnos nada nuevo. No, no es escasez de implicación o falta de imaginación. En absoluto. Es más bien la búsqueda de la naturalidad por encima de cualquier otra cosa. La música fluye en su discurso horizontal como en ninguna de las versiones reseñadas. La ornamentación es de una sensatez incontestable. Lo mismo se puede decir de la elección de los tempi: no carreritas exhibicionistas ni morosidades que quiebren el discurso. Contrastes, los justos y necesarios. El Barroco no exige claroscuros extremos, aunque ahora se hayan puesto de moda.

En la lectura de Prego, en definitiva, no sobra ni falta nada. Escuchando su grabación he tenido la sensación de que Bach habla directamente como en ninguna de las otras, por muy geniales que sean algunas de ellas. Sensación de que las Goldberg "son así" y no de otra forma, aunque eso no sea verdad en absoluto, porque la genialidad de la música permite mil maneras de acercarse a ella.

Sea como fuere, ¿comprenden ustedes por qué espero el concierto de mañana como agua de mayo? Pues eso mismo.

lunes, 18 de noviembre de 2024

Esto no es lo que Jerez necesita

Hay que aplaudir que en Jerez de la Frontera se siga desarrollando –la creación tuvo lugar allá por 1998– el proyecto de la Orquesta Álvarez Beigbeder, formación de tamaño reducido que desde la iniciativa privada, con poquísimos medios y mucho admirable esfuerzo, intenta por un lado ofrecer a jóvenes artistas de la tierra la oportunidad de crecer como músicos, y por otro ocupar un cierto lugar en una ciudad –la mía- que no es precisamente pequeña pero carece de formación sinfónica más o menos estable.

También hay que alegrarse de cómo va progresando el nivel técnico de la misma: desde la última ocasión en que la escuché, un concierto de marchas procesionales, hasta el programa de alhambrismo sinfónico de ayer domingo 17 en el Teatro Villamarta, he notado una sustancial mejoría. Pudo influir que saqué mi entrada arriba, donde se escucha muchísimo mejor que en el patio de butacas –el sonido se pierde abajo, y el empaste también deja que desear–. No es menos cierto que hubo no pocas inseguridades y desajustes, pero a la postre creo que ha alcanzado un nivel digno para la ciudad.

No es menos motivo de satisfacción que la titularidad haya caído en manos de un maestro como José Colomé, un prodigio de musicalidad y buen gusto: anoche se mostró cuidadoso en el tratamiento de las familias, acertadísimo en los tempi –con él la música respira como es debido–, altamente sensual en el fraseo y muy alejado de cualquier tipo de efectismo, folclorismo barato o concesión de cara a la galería. Vamos, que es muy superior a otros directores que andan por Andalucía poniéndose al frente de este tipo de formaciones, y poco tiene que envidiar –más bien al contrario– a batutas conocidas que se han acercado en disco a la música orquestal de los Bretón, Turina y compañía.

Pero a mí, lo siento muchísimo, no me gusta el rumbo que la formación está tomando en lo que a elección de repertorio se refiere. Todo lo que voy a decir (¿realmente hay que insistir en ello?) son opiniones personales. Habrá valoraciones radicalmente opuestas, claro que sí. Se podrán discutir unas y otras todo lo que se quiera, pero no pienso renunciar a escribir lo que pienso. Es lo que he hecho siempre en este blog, y deseo seguir haciéndolo cueste lo que cueste.

Miren ustedes, no me gusta que se reivindique de la manera en la que se está haciendo la música de Germán Álvarez Beigbeder ("Don Germán" por estos lares), un señor que compuso bellas marchas procesionales pero cuya obra sinfónica presuntamente más destacada, Campos Andaluces –hay grabación con la Orquesta de Córdoba–, me parece un bodrio. Tampoco me hace gracia que se ensalce la figura de su más conocido hijo, de nombre artístico Manuel Alejandro –el de Raphael, Julio Iglesias y Rocío Jurado–, cuyas canciones son para mi gusto –por una vez coincido con Arturo Reverter, a quien le robo el calificativo– de una considerable cursilería.

Y no, no me parece que lo que Jerez y su teatro necesiten sea un programa integrado única y exclusivamente por obras “regionalistas”. Vale, La procesión del Rocío es una página tan menor como simpática (yo mismo tengo aquí una discografía comparada), y las Danzas fantásticas del propio Joaquín Turina, de las que incomprensiblemente solo se ofreció el último número, son una muy bella música. Pero no le encuentro interés a Adiós a la Alhambra de Jesús de Monasterio, cuya mayor virtud es la brevedad; imposible decir nada sobre la violinista Collette Baibaud, que parecía muy sensible en el fraseo pero necesita ser escuchada en obras de mayor enjundia. Tampoco le veo gracia alguna a En la Alhambra de Tomás Bretón. Cierto es que hace muy poco Tomás Marco ha escrito en Scherzo que se trata de una partitura nada despreciable (sic). A mí me parece tan mala como la música del propio Marco en su faceta de compositor, qué quieren que les diga. Y lo que ya es el colmo es la Fantasía morisca de Ruperto Chapí: larga, sin rastro alguna de inspiración y decididamente insoportable. Lo pasé muy mal en mi asiento escuchando semejante partitura. La cosa de Alexander Tsfasman que nos endilgó el otro día Yuja Wang en Sevilla (reseña) me parece Mahler al lado de esto.

¿Que hay que defender “nuestro repertorio”? Miren ustedes, esta música se puede enmarcar dentro del romanticismo nacionalista, del regionalismo o de lo que ustedes quieran, pero por sonar “andaluza” o tener tema alhambrista no es más “nuestra” que la de Francisco Guerrero o José María Sánchez Verdú, esos sí unos grandísimos compositores que nacieron, qué cosas, en Linares City y Algeciras City. Pero claro, esos no interesan. Y así estamos, en 2024 mirando hacia nuestras “esencias regionales”.

No, eso no es lo que yo quiero para Jerez. Quiero una orquesta que sepa tocar –y toque, y que lo haga bien– el repertorio realmente importante que, por tamaño de plantilla, esté a su disposición; y que luego, si lo considera oportuno, saque a la luz determinadas cosas que pueda resultar curioso escuchar. Centrarse en marchas de Semana Santa y costumbrismos varios no es el camino. Por eso mismo pienso obviar a esta orquesta a partir de ahora, como me gustaría que ellos obviasen desde la primera hasta la última letra todo lo que yo hasta aquí he escrito. Tenemos un concepto muy distinto de lo que debe ser la música y no hay entendimiento posible. Ni tiene por qué haberlo: cada uno es libre de tocar o escribir lo que le venga en gana.

Por cierto, la próxima parada sinfónica en el Villamarta es (¡agárrense quienes no lo sepan!) la Quinta de Bruckner por Christoph Eschenbach. Igualito, vamos.


PD. Esta entrada está cerrada a comentarios, para evitar que ocurra lo que pasó cuando escribí sobre otra orquesta jerezana, por cierto que a años luz por debajo de esta de la que ahora hablo: la Álvarez Beigbeder toca con dignidad.

martes, 12 de noviembre de 2024

Concierto de la Orquesta Ciudad de Granada en el Villamarta: Suk y Shostakovich

Ya hablé en la entrada anterior sobre el enorme éxito entre el público del Villamarta del concierto del viernes 9 en el que la Orquesta Ciudad de Granada interpretaba la Serenata para cuerdas de Josef Suk y la Sinfonía nº 14 de Dimitri Shostakovich bajo la dirección de Joseph Swensen. También de la clamorosa ausencia de promoción en los medios y de notas al programa. Dejemos todo eso ahora a un lado y vamos a por los resultados artísticos propiamente dichos.

La hermosísima obra de Suk dejó bien claro que la cuerda de la OCG se encuentra en buena forma. Es decir, en el nivel de siempre. Comenzó francamente bien, sonando muy hermosa y empastada, con una perfecta mezcla entre brillantez y terciopelo, aunque luego fue evidenciando puntuales caídas en la acidez cuando los violines abordaban su registro más agudo. Quiero decir con esto que no hay que lanzar las campanas al vuelo: es una cuerda notable, seguramente la mejor de las cuatro grandes orquestas andaluzas, pero tampoco estamos ante una formación de nivel sobresaliente. Hay que quererla y admirarla, pero también hay que cuidarla, esto es, alimentarla económicamente. Y no me vengan con el cuento de que Andalucía no puede permitirse tantas orquestas: tenemos mucha población y abundante público que demanda este tipo de eventos culturales. Hacer girar a nuestras agrupaciones sinfónicas, como está haciendo la Junta este año, es una manera de obtener el justo rendimiento de ellas.

Cierto es que no hay muchas referencias discográficas de la página de Suk –solo conozco Belohlávek y Hrusa, magnífico el primero y algo menos el segundo–, pero no me gustó la dirección de Swensen –principal director invitado de la OCG– en el primer movimiento: rápido, saltarín y pasando por encima de todas las posibilidades poéticas de la página. Mejor el Allegro que venía a continuación, en el que la curvilínea agilidad en el podio del maestro y su expresividad expansiva parecían sentirse más a gusto. En cualquier caso, cuando labor me acabó de convencer fue en los dos movimientos conclusivos; es verdad que el Adagio podía haber sido más claramente eso, un Adagio, pero hubo emoción sincera en su lectura, amén de un muy sensato estudio de las posibilidades expresivas del vibrato. ¡Qué alivio encontrarse maestros tan alejados de la fiebre HIP que nos asola!

La Sinfonía nº 14 del ruso me pareció dirigida con corrección, solo eso. El enfoque de Swensen fue antes atmosférico que expresionista, lo que resulta tan perfectamente válido que lo contrario, pero una cosa es no querer cargar las tintas ni afilar las aristas y otra muy distinta quedarse corto en tensiones internas, que es lo que pasó. El maestro se ocupó ante todo de que la orquesta sonara bien, y consiguió que casi siempre lo hiciera así. Lo más acertado de su labor estuvo en la escena de la prisión, recreada con la necesaria concentración y un muy acertado olfato para las sugerencias tímbricas que despliega Shostakovich.

Bien los dos solistas, particularmente Georgi Kirov: voz de bajo auténtica, sin engolar, al servicio de una expresividad sincera que evita truculencias. Sin llegar a semejante nivel de excelencia, resultó muy cumplidora Olga Mykytenko. Voz fresca y lozana, legato maravilloso, afinación no siempre segura y ciertas desigualdades marcaron sus intervenciones, por lo general exitosas habida cuenta de la extrema dificultad de la página. Expresivamente no tuvo problemas: se mostró comunicativa sin poner el desgarro por encima del cuidado por la belleza del canto.

La percusión granadina se desenvolvió sin problema entre las grandes exigencias de la página, pero es de justicia aplaudir también a los primeros atriles de la cuerda, en especial a un violonchelista realmente soberbio. Finalmente, felicitar a la dirección artística de la orquesta por apostar por este repertorio: tanto Suk como la Décimocuarta de Shostakovich se merecen un espacio.

sábado, 9 de noviembre de 2024

Razones para la esperanza: la 14 de Shostakovich triunfa en Jerez

Ningún esfuerzo por parte del Villamarta a la hora de promocionar el concierto de hoy viernes 9 en el que la Orquesta Ciudad de Granada interpretaba la Serenata para cuerdas de Josef Suk y la Sinfonía nº 14 de Dimitri Shostakovich. Ni siquiera la presencia de Federico García Lorca entre los poemas seleccionados por el ruso parecía interesar al concejal de cultura ni al nuevo director del teatro cuando presentaron la programación. Lógico: mientras que el primero procede del mundo de las cofradías y no parece guardar interés por la música clásica, el segundo viene –siendo jerezano– del Teatro de la Zarzuela y probablemente no es de los que escucha en su casa sonatas de Beethoven, sinfonías de Bruckner o cuartetos de Bartók. Como además este concierto venía en el pack del ciclo Andalucía Sinfónica que muy acertadamente ha preparado la Junta de Andalucía, es probable que su presencia no le pareciera relevante frente a otras propuestas de la programación que sí han sido preparadas por él.


Lo cierto es que la interpretación en Jerez de la acongojante partitura del compositor ruso era un acontecimiento cultural que demandaba, además de la presencia de las autoridades municipales pertinentes para respaldar la propuesta, una promoción a la altura de las circunstancias. Pues no: solo una rutinaria y poco estimulante nota de prensa sobre este espectáculo y el del día siguiente (leer aquí). ¿Notas al programa? Ninguna. Solo una hojilla con las obras interpretadas y –por detrás– el currículo de la orquesta, que no del director ni de los dos solistas. Bochornoso, además de una falta de respeto a los artistas invitados. En cuanto a la cantidad de público, creo que se cubría en torno a la mitad del aforo: no ha estado mal, pero a quince euros la butaca –precio único– debería haber habido mucha más gente.

Con todo, quedan dos motivos para mantener la esperanza. Uno, que se ha ofrecido la absolutamente imprescindible sobretitulación en Shostakovich. ¿Cosa de la dirección? En parte sí, pero supongo que mucho habrá tenido que ver el empeño de que se siga haciendo esto por parte de quien realiza esta labor desde los primeros tiempos del Villamarta tras su reapertura: Julio Lozano. Como siempre, su labor ha sido de una habilidad portentosa en lo que a sincronización se refiere. Lo que no sé es si la formidable traducción de los textos ha sido cosa suya –me consta que con frecuencia ha tenido que ingeniárselas– o venía con la orquesta desde Granada.

El otro motivo es para guardar en la memoria: monumental éxito entre el público de la sinfonía de Dimitri Dmítrievich. Esperable si se hubiese tratado de la Quinta, la Séptima o incluso la Décima, claro está, pero es que estamos hablando de la Decimocuarta. Yo esperaba aplausos corteses, solo eso. Me equivoqué: hubo entusiasmo manifiesto que desembocó en aplausos por sevillanas que hicieron el delirio de los intérpretes. Grande la música de Shostakovich, desde luego. Muy necesaria, políticamente necesaria, en los tiempos que corren. Y por completo comprendida por el público que allí se encontraba. Sí, Dimitri Dmítrievich, hay motivos para la esperanza.

Mañana diré algo sobre las interpretaciones propiamente dichas. Adelanto que fueron buenas, sin más.

miércoles, 24 de julio de 2024

¿Quién ha escrito en el Villamarta los comentarios a la nueva temporada?

Alguien me manda este pantallazo con el siguiente comentario, señalando algo que se me había pasado por alto: "Leyendo la programación, ¿a quien se le ha ocurrido poner las Variaciones Goldberg dentro del clasicismo musical? ¿Es que no se pueden leer una enciclopedia? (...) Ahora va a resultar que Bach era clásico o tenía una vena clásica, y no nos habíamos enterado."

 

Pues sí, quien me envía el mensaje tiene toda la razón. Obviamente, la persona que ha escrito desde dentro del Villamarta los comentarios para la nueva temporada (leer aquí) no tiene ni la más pajolera idea de música culta... ¡en un teatro en el que el grueso se la programación se dedica a ella! Obsérvese que no ha escrito absolutamente nada para los conciertos sinfónicos del programa establecido por la Junta de Andalucía, probablemente porque los Mahler, Britten y Shostakovich les suena a cosa marciana. Y como la cosa no ha sido programada desde dentro, sino desde fuera, pues da igual: es más importante la presencia del Comandante Lara que la de Christoph Eschenbach. ¿Estamos en Jerez o no?

En mi análisis de la programación (leer) elogiaba la política del PP local de ofrecer grandes descuentos a los necesitados. Ahora me toca exigir, como ciudadano que paga religiosamente sus impuestos, que en el Villamarta exista un departamento de comunicación con un mínimo de conocimientos, de profesionalidad y de dedicación. Porque hay un detallito más: mi madre es abonada desde 1996 y no ha recibido comunicación alguna sobre la renovación de los abonos, ¡que se han puesto hoy a la venta!

Señora alcaldesa, señor concejal de cultura: si de verdad pretenden no dejar morir al Villamarta, no basta con el paso que han dado, que es pedirle a sus compañeros de partido que mandan en la Junta que nos incluyan a los jerezanos dentro del programa "Andalucía Sinfónica" y permitir que el nuevo director, a pesar de las estrecheces económicas, programe al menos un título de ópera. También han de cuidar otros aspectos absolutamente básicos para el funcionamiento mínimo de un teatro.

Señor nuevo director: si quiere hacer las cosas bien y demostrar que sirve para el puesto, supervise todo atentamente y ponga en valor lo realmente importante de la programación. Porque tengo la impresión de que lo que usted ha aprendido en el madrileño Teatro de la Zarzuela y los contactos que allí ha establecido Enrique Viana y tal no son suficientes para llevar una institución en la que hay que programar muchísimas cosas diferentes que van más allá del repertorio vocal hispano. Los evidentes desequilibrios de la nueva temporada hablan claro. Póngase las pilas, que hay más mundos aparte del "clásico" Johann Sebastian Bach.

 

martes, 23 de julio de 2024

Temporada 2024-25 del Villamarta: remonta el nivel y vuelven las orquestas

Se ha presentado hoy no me han llamado para recoger en mi blog el evento, porque "no soy prensa": que les zurzan la programación de la próxima temporada del Villamarta. Queda lejos, muy lejos del absoluto lujerío de los primeros años tras su reapertura en 1996, aquellos tiempos en los que aquí desfilaban los Kraus, Menuhin, Rozhdestvensky, Pires, Ashkenazy, Hogwood, Pinnock, Brüggen y compañía, pero se produce una importantísima remontada con respecto a estos últimos y nefastos años en los que se había tocado fondo.

La recuperación se debe en buena medida a la Junta de Andalucía. Sí, la del PP: aquí han acertado plenamente y han hecho algo que los del PSOE tenían que haber llevado a cabo durante su largo mandato en la comunidad, que es crear un programa de giras de las orquestas de Sevilla, Córdoba, Málaga y Granada por las grandes ciudades que no cuentan con agrupaciones sinfónicas, esto es, Huelva, Jaén, Almería y Jerez de la Frontera. Por fin en mi ciudad, después de años de casi absoluta sequía de este repertorio como excepción, las visitas anuales de la OJA vuelve ese gran sinfonismo que desapareció para dar prioridad a la lírica, léase a las producciones propias de ópera a cargo de Paco López, que para algo el teatro era suyo. Vamos a comentar el menú (aquí programación completa), advirtiendo al lector que no me voy a cortar un pelo: "ofendiditos" de turno dejen de leer en este instante, por favor.

Giacomo Sagripanti

Domingo 13 de octubre: Sinfónica de Sevilla con Giacomo Sagripanti. Absolutamente maravilloso escuchar la espeluznante Sinfonia da Requiem de Britten. La Cuarta de Mahler es una obra maestra, claro, pero ahí la orquesta sevillana tiene competencia en el propio Maestranza, porque esa misma obra vendrá a hacerla quien quizá sea el mejor mahleriano actual, un tal Andris Nelsons. ¿Les suena? Y encima viene con los del Gewandhaus. La ROSS podría haber programado otra sinfonía y no tener que andar a la sombra de la terrible competencia.

Sábado 9 de noviembre: Orquesta Ciudad de Granada con la Sinfonía nº 14 de Shostakovich. Nada menos. ¿Se enterarán los jerezanos de qué clase de música es esta que va a venir? Bueno, no sé si será mejor que algunos no lo hagan, porque todavía queda mucha burricie en esta tierra. Por mi parte, me compraré entrada en primera fila en cuanto se ponga a la venta, no vaya a ser que se me pongan delante tosedores y tal. Los solistas son de origen ruso: se garantiza que no se cometerá el disparate de hacer la versión traducida, por aquello de que Lorca suene en castellano. Eso sí, como se olviden de los sobretítulos, apañados estamos.

Christoph Eschenbach

Domingo 20 de abril, es decir, Domingo de Pascua: visita anual de la Orquesta Joven de Andalucía con Christoph Eschenbach y la Quinta de Bruckner. No solo lo mejor de la temporada, sino un concierto de nivel internacional, de esos que yo tomaría un avión para escuchar. Es la OJA, de acuerdo, pero una OJA en óptima forma. Por descontado, la prensa local no subraya la presencia de Eschenbach, porque por esta tierra no hay ni puñetera idea de quién ese señor. Tampoco de quién es Bruckner y de qué es la Quinta esa. Otra cosa es que el veterano maestro alemán tendrá ochenta y cinco años cuando venga logre lidiar a semejante bestia, porque los cuernos del Finale son bien largos y puntiagudos. Si lo logra, estaremos ante una de las mayores experiencias sinfónicas que haya conocido nunca mi ciudad.

Sábado 26 de abril: Filarmónica de Málaga con José María Moreno haciendo las suites de Carmen y La arlesiana. No sé. Adoro toda esta música, pero el concierto me estimula poco. Creo que es por la orquesta.

Luego está la programación que no viene por la Junta, sino que es cosa del nuevo director, Carlos Granados, un señor al que no conozco de nada y al que le deseo la mejor suerte. Veamos qué propone.

Por lo pronto, dos ausencias muy llamativas: la de Paco López y la de Ismael Jordi. La primera se agradece (¡por vez primera en mucho tiempo una temporada sin este señor haciendo caja y haciéndonos tragar sus rancioproductions!), la segunda se lamenta.

Maribel Ortega

La ópera queda reducida a un solo título. Excelente idea recuperar el Macbeth de Verdi por José Luis Castro, una de las pocas producciones propias que no corrieron a cargo del citado López y que no han conocido una reposición tras otra. Repite Maribel Ortega, soprano local que creo recordar lo hizo bien; al menos, eso es lo que escribí aquí en 2009. Interesa escucharla ahora más madura y, presuntamente, con la voz más ancha. Ni idea de cómo lo hará Giovanni Meoni en el rol titular. Dirige Carlos Domínguez Nieto: seguro que mejor que Miquel Ortega, que se cargó la parte musical en la ocasión anterior. La mala noticia es que en el foso tendremos a la Bética Filarmónica.

Como inauguración de la temporada, un lujo contar con nada menos que Ramón Vargas. Ya veremos cómo está de voz. Del concierto navideño de la Orquesta y Coral de la Universidad de Cádiz haciendo Séptima de Beethoven y el Oratorio de Navidad de Saint-Säens permítanme ustedes que me mantenga alejado: para hacer con dignidad la música del sordo de Bonn hay que contar con una formación de técnica solidísima, y no parece que sea el caso.

A la Orquesta Álvarez Beigbeder le tengo mucho respeto por la labor que están haciendo con los jóvenes de nuestra ciudad, pero tengo mis dudas de que hayan alcanzado nivel suficiente. Cuando les escuché en el Villamarta haciendo marchas precisamente de Beigbeder para los de fuera: el padre del cursi Manuel Alejandro me parecieron muy verdes. Ahora vienen con repertorio costumbrista, alhambrista para concretar. Yo sigo pensando que hay que aplaudir iniciativas, pero no regalar aprobados "porque se han esforzado mucho". Quede tal cosa para la ESO por desgracia, ya también para el Bachillerato, no así para la interpretación musical. 

Está bien que vengan Emilio Villalba y Sara Marina haciendo música sefardí a los dos artistas, por cierto, les debo un enorme favor personal, pero a mí me hubiera gustado más música de la Edad Media. ¿Tan caro resulta traerse alguna agrupación internacional de primerísima fila? El Renacimiento brilla por su ausencia, y digo lo mismo: no hubiera salido caro, salvo que se fuese a por un Savall o cosas así. El Barroco tiene este año una cita absolutamente imprescindible protagonizada por J. S. Bach: las Variaciones Goldberg. Al clave Ignacio Prego, cuya grabación estoy escuchando ahora mismo por Qobuz. Me está gustando mucho. Lo malo es que coindice con Anna Netrebko en el Maestranza, así que hay que escoger.

Réquiem de Mozart por la Filarmónica de Málaga (¡ojú!) y una directora jerezana, Elena Salvatierra. Absoluta desconocida para mí. Me parece perfecto darle una oportunidad, a ver qué tal. 

¡Quiéreme, picarita!, con Ruth Rosique y Belén Roig, es una producción que les servirá a algunos para que sigan intentando vendernos la moto de que la lírica española del siglo XVIII estaba muy bien. Pues vale: iremos con sana curiosidad histórica. La Rosique, por lo demás, es una soprano maravillosa.

El espectáculo protagonizado por Ruth Hiniesta y Enrique Viana, bajo la dirección de este último, será exactamente lo que podemos esperar del tenor y showman madrileño. Yo lo tengo claro: cuando más locamente marica, mejor. Confío en que se desmadre.

Para terminar, el rollo nazi-fascista de los Carmina Burana de Carl Orff. Again! Esta vez viene con la producción escénica de La fura, pero con música enlatada. Total, si se ha visto en media Andalucía, ya iba siendo hora de que llegara a Jerez.

Otras músicas, teatro y tal están bien, aunque escasitos en cantidad. Yo iré, una vez más, a la Film Symphony, a pesar de sus mareantes luces e innecesaria amplificación musical. Por cierto, también viene Paloma San Basilio, aunque personalmente me quedo con el Comandante Lara: sus chistes son no ya de la tierra, sino de mi barrio, y a mí me hace mucha gracia.

Ah, un importantísimo acierto del ayuntamiento pepero: descuentos del 30% para parados, mayores de 65 y familias numerosas y monoparentales. Bravo. Como los jerezanos no respondan, que caiga la furia divina sobre la ciudad y cierra el teatro para siempre jamás.

martes, 18 de junio de 2024

El Villamarta, más arruinado que nunca

Andan en el gobierno municipal de Jerez de la Frontera –encabezado por María José García-Pelayo, del PP– y la oposición –liderada por la anterior alcaldesa, Mamen Sánchez, del PSOE– a villamartazo limpio. El enfrentamiento lo pueden seguir en los siguientes enlaces:


El Teatro Villamarta, en la ruina: Fundarte eleva su deuda a "1,2 millones, un 120% más" (leer)

Al PSOE le "preocupa mucho que Jerez esté retrocediendo en política cultural"(leer)

El PP de Jerez dice que “si al PSOE le hubiera preocupado la cultura de Jerez no habría arruinado el Villamarta ni habría devuelto subvenciones” (leer)


El lector debe prestar atención al tratamiento de las noticias. Para quienes no sean de por aquí, dejaré claro que La Voz del Sur es claramente afín a los partidos de izquierda, mientras que el Diario de Jerez es abierto defensor del Partido Popular.


En cualquier caso, las cifras son las que son: el Villamarta eleva su deuda a un 120% más en tan solo un año, con un agujero que se agranda ya hasta los 1'2 millones de euros. ¡Bravo! Mientras tanto, los aduladores de turno siguen proclamando lo bonita que es La Traviata de Paco López y lo bien que gestionaba Isamay Benavente.

En cuanto a las intenciones del nuevo director –de la programación no hay señales de vida–, este solo ha declarado que quiere seguir haciendo dos títulos de lírica al año, y que uno de ellos sea de zarzuela. La intención me pone los pelos de punta: ¿de verdad se va a seguir invirtiendo en un género considerablemente sobrevalorado que, además, en Jerez ya cuenta con muy pocos seguidores, cuando hay por ahí muchas cosas importantes que el melómano tiene derecho a conocer y que se pueden hacer sin gastar demasiado? Ahora mismo me viene a la cabeza, por decir algo, cómo se las arregló un tal Benjamin Britten para sortear las penurias de la posguerra sin renunciar a la inventiva ni a la calidad. Pero aquí estamos en Jerez. Ay.

Qué quieren que les diga, mi visión sobre el futuro del Villamarta es absolutamente pesimista. 

 

Imagen: De TheOm3ga - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=16892758

viernes, 31 de mayo de 2024

Hartos de la Traviata de Paco López

Señoras y señores, esta noche el Teatro Villamarta ofrece su producción propia de La Traviata verdiana a cargo de Francisco López... por sexta vez. Pueden comprobarlo en la web del Teatro: 1998 –inolvidable Ángeles Blancas–, 2001 –Arteta–, 2004 –Gallardo Domâs–, 2010 y 2017. Si, es una muy buena producción: tradicional en el mejor de los sentidos, inteligente y sensible. Pero que se haga seis veces en un plazo de veintiséis años –una vez cada cuatro o cinco años, aproximadamente– me parece una monumental tomadura de pelo, sobre todo cuando se ha tratado de un teatro que ha hecho solo tres títulos "grandes" por temporada y ya lleva tiempo haciendo dos.

Que sí, que hay que ahorrar costes tirando de lo que ya tiene la casa. Y que hay personas jóvenes que tienen todo el derecho del mundo a escuchar títulos clásicos en producciones clásicas. Pero esto es demasiao. ¿Cuántas veces han repuesto sus producciones más exitosas el Maestranza de Sevilla, el Cervantes de Málaga o el Gran Teatro de Córdoba? ¿Y el Real? ¿Acaso no es obligación de un teatro público ofrecer un panorama de títulos y artistas lo suficientemente amplio, apostar por la variedad y dar oportunidades a nuevos artistas? Lo peor es que nadie dice nada y se sigue vendiendo la moto de que el Villamarta ha sido un modelo de gestión. Mienten con todo el descaro –ahí están los números, catastróficos desde el punto de vista financiero–, como también lo han hecho desde siempre ciertos chicos de la prensa en lo que a los resultados artísticos se refiere, porque aquí se han escuchado, en ópera, cosas muy buenas, cosas dignas y cosas malas por igual.

Lo he denunciado no pocas veces desde este rincón, y lo seguiré haciendo: después de unos pocos años de brillante gestión, Francisco López convirtió al teatro jerezano en un lugar donde desarrollar con tranquilidad sus proyectos como director de escena. Un teatro plenamente a su servicio, primero mientras él era su director, después en connivencia con su sucesora Isamay Benavente.

El gran misterio es qué pasará con el nuevo director. ¿Cambiará la línea o seguiremos en las mismas? Les aseguro que no tengo la menor idea, porque me han llegado informaciones divergentes entre sí. Por otra parte, por ahí anda una asociación "Por el Villamarta" (leer aquí) cuyo presidente es Francisco Valenzuela, persona estrechísimamente unida a los intereses de Paco López, quien a su vez se encarga de las "relaciones institucionales" de la misma. Es decir, de buscar patrocinadores privados para que el Villamarta siga haciendo producciones líricas. No hace falta ser muy listo para saber quién sería el regista de las mismas. La soprano Maribel Ortega le apoya desde la vicepresidencia: me das pena verla en semejante tinglado.

¿Habrán conseguido su objetivo? ¿Seguirá el Villamarta siendo lo que en las dos últimas décadas, es decir, un coto privado de caza? Lo sabremos cuando se presente la nueva programación, en la que me gustaría que no hubiera, como ha habido hasta ahora, dos o tres producciones –entre lírica, danza y crossover– firmadas por López Gutiérrez. Porque algunos andamos muy hartos de ver siempre lo mismo.

sábado, 6 de abril de 2024

Pablo Barragán y dos señoras estupendas

Volvía anoche al Teatro Villamarta el clarinetista Pablo Barragán (n. 1987), quien aun nacido en la hermosa localidad de Marchena (Sevilla), se declaraba en las notas al programa “berlinés por elección”. Lo hacía en compañía de dos jóvenes que solo se puede calificar como estupendas, no porque fueran hermosas –que lo eran de manera considerable–, sino por su nivel artístico. Elisabeth Brauss (Hannover, 1995) es una pianista de importante currículo como solista en tierras británicas, y no debe extrañar dado su toque seductor, de carácter eminentemente lírico pero también muy flexible. Más aún me impresionó la holandesa Noa Wildschut (Hilversum, 2001), una de las más impresionantes actuaciones violinísticas que he presenciado en directo en los últimos años. A sus veintitrés años, esta chica toca el violín con seguridad, sentido del ritmo y fuerza expresiva descomunales.


Entre los tres ofrecieron un programa bajo la etiqueta, no del todo convincente a tenor de lo escuchado, de Homenaje a la música folclórica judía. Daba igual que el hilo conductor fuera este u otro, porque lo interesante es que se trataba de un repertorio tan marginal como delicioso. El Trío Op. 157b de Darius Milhaud es una obra muy propia del autor que se escucha con sumo placer. Mucho más exigente el breve Diálogo para clarinete y violín de Claude Vivier, página de 1975 que, como explicó el propio Barragán a la audiencia, desarrolla un fascinante juego de texturas. Mayor luminosidad, como también poesía, en la Sonatina para clarinete y piano de Joseph Horowitz. Aires populares y cabareteros en los atractivos Cuatro “Souvenirs” para violín y piano de Paul Schoenfield, muy aplaudidos por el respetable. Para terminar, una obra muy superior a las restantes, no por ello menos disfrutable. Ya lo están imaginando algunos, dada la formación congregada: el Trío “Contrastes” de Béla Bartók. Aunque personalmente hubiera preferido un toque más incisivo, percutivo incluso, por parte de Brauss, se trató de una fenomenal interpretación de una obra maestra que se suele escuchar poco.

¿Y Barragán? Sin novedad con respecto a lo que ya sabíamos: se trata un clarinetista de primerísima fila. Punto. En todo caso, apuntar la suerte que tuvimos de que Daniel Barenboim se fijara en él para su West-Eastern Divan Orchestra, y de que ahora forme parte del equipo de flamantes profesores convocado por la Fundación Barenboim-Said para dar clases a jóvenes instrumentistas andaluces. En unos días se va de gira por Brasil junto a Elena Bashkirova y su hijo Michael Barenboim. Efectivamente, allí también hará el Trío Contrastes.

En fin, los pocos que nos animamos a comprar entradas disfrutamos de uno de los mejores recitales que ha conocido el Villamarta en sus últimos años. A ver si el nuevo director arregla el problema de la promoción, porque no puede ser que algo tan bueno pase inadvertido. De esta temporada solo quedan una actuación del Coro del Teatro Villamarta, de la que prefiero abstenerme, y el enésimo pase de… ¿Adivinan qué? Sí, la Traviata de Paco López. Qué hartazgo.

domingo, 28 de enero de 2024

Butterfly con Arteta en el Villamarta: mal ella, excelente la batuta

Se preguntarán ustedes por qué, después de prometer que no iría a la Madama Butterfly que, junto con la cuarta o quinta reposición de La traviata de Paco López prevista para junio, cierra la etapa de Isamay Benavente en el Teatro Villamarta, he terminado acudiendo hoy domingo a la segunda función del título de Puccini. Respuesta fácil: a mi madre le ha surgido una importante cuestión familiar y me ha rogado que aprovechara su abono. Y yo, por mi parte, me pregunto cómo es posible que estando mentalmente agotado por la paliza de la preparación de las clases y las segundas correcciones del libro de Barenboim –les prometo que sus cuatrocientas ochenta y tantas páginas estarán en la calle antes de Semana Santa–, me disponga ahora a escribir estas líneas. Les aseguro que no es para dar por saco, aunque haya quien piense lo contrario. Más bien creo que sigue siendo necesario que haya opiniones independientes: de las dos críticas que se han publicado en la prensa local, una la escribe alguien que sabe de lo que habla y que corre riesgos comprometiéndose (aquí), pero la otra está hecha desde el desconocimiento y con el con indisimulado deseo de quedar bien (aquí). Que conste, por cierto, que no conozco a ninguno de los dos autores. Para quien no desee continuar leyendo, vaya aquí mi opinión en pocas palabras: mal Ainhoa Arteta y el tenor, bien el resto del elenco, discreta la orquesta, magnífica la batuta y buena la producción escénica. Y ahora, por partes.

De la soprano tolosana no sé a estas alturas qué pensar. En los inicios de su carrera, aquellos de la Doña Francisquita con Domingo, era un fraude: voz sin interés alguno, canto pobre y expresividad muy discutible no fueron límites a la hora de granjearle fama y reconocimiento gracias a su asiduidad en las revistas del corazón. Luego supo reinventarse, reconocer que cantaba mal y empezar de cero. La voz había perdido esmalte, pero ganó en anchura y la artista se esforzó por ser más auténtica en sus recreaciones con un repertorio que avanzaba hacia el de una lírica. Pero claro, era demasiado tarde para que ningún teatro la tomara en serio, así que tuvo que conformarse con una discreta segunda fila. Fue justo la época en la que la vimos mucho en Jerez haciendo cosas que unas veces estaban mejor y otras peor, pero que por lo general eran dignas. Más recientemente ha vuelto a la telebasura –un programa de “jóvenes talentos” tan falso como todo lo que sale en la pequeña pantalla–, y eso parece que la ha ensoberbecido de manera considerable. Su Carmen de la anterior temporada me pareció una tomadura de pelo –no creo que esta señora fuese tan tonta como para no darse cuenta de que no podía con el papel–, y esta Cio-Cio San me parece lo peor que le he escuchado. El agudo anda apurado, el grave no existe y el vibrato es ya trémolo; solo le queda un centro que, eso sí, tiene mucha carne y corre bastante bien por la sala. Cala y desafina constantemente –la sublime entrada del personaje resultó insufrible– sin que logre mantener un legato decente. Solo se pudieron salvar algunos momentos del segundo acto, particularmente en un más que notable enfrentamiento con Pinkerton: ahí un estupendo control del fiato le permitió sacar a flote una importante vena dramática.

Creo que es la primera vez que veo al madrileño Enrique Ferrer. Su currículo (aquí) es muy bueno. Pero yo lo que he escuchado aquí, o he creído escuchar, es a un tenor de voz de considerable calidad y muy adecuada para Pinkerton, que se encuentra verde en técnica y en línea de canto. No me ha gustado, lo siento muchísimo. A lo mejor ha tenido una mala noche.

Verde también Cristina del Barrio, pero en otro sentido muy distinto: es aun considerablemente joven. La voz es buena y su canto de mucha calidad. ¡Brava! Nada especial que decir sobre ese vejo conocido que es Ángel Ódena: anda ya algo mayor, pero como Sharpless es la solidez personificada. Fue quien cantó de manera más satisfactoria, y también el mejor actor de la velada. Estupendo Manuel de Diego como Goro –un alivio escucharle fuera de la insufrible línea caricaturesca que es habitual–, y bien el Gonzo de Javier Castañeda. Voz interesante –de momento solo eso– la del tenor que hizo de Yamadori. Discreto el coro femenino en el primer acto, correcto en el celebérrimo número del segundo.

Todavía no sabemos si la Filarmónica de Málaga no ha estado porque ella no quiso o porque no quiso el consistorio. La Filarmónica de La Mancha ha resultado ser una formación discreta, pero ha tenido a su frente a la, para mí, gran sorpresa de la noche: Carlos Domínguez-Nieto. Sí, aquel director al que con malas maneras y peores explicaciones mi admirado –por su labor en la sierra segureña– Daniel Broncano echó de la Orquesta de Córdoba.

Permitan que primero le haga dos reproches: poco respetuoso con Puccini cortar después de Un bel dì para que se aplaudiese a la diva, y francamente desafortunada, por efectista e incluso hortera, la escena del suicidio. Porque dejando a un lado esas dos circunstancias, su labor me pareció –no exagero– la mejor que se ha escuchado hasta ahora en el foso del Villamarta, todo ello en un título particularmente difícil en el que he tenido la oportunidad de escuchar a gente tan dispar como Pedro Halffter, Plácido Domingo y Lorin Maazel. ¿Y en qué consiste semejante excelencia? No ha sido solo la capacidad para hacer sonar bien una orquesta limitada, ni de regular con minuciosidad las dinámicas, ni de trabajar las sutilísimas y geniales texturas puccinianas con claridad, ni de mantener el pulso teatral. La clave ha estado en la manera de cantar las melodías: holgura, calidez, delectación sin narcicismos, poesía de altos vuelos, aspereza cuando las circunstancias lo requieren… No exagero: le ponen a este señor una orquesta en condiciones y con este título triunfa en un teatro de primera. Otra cosa es cómo puede dirigir el repertorio sinfónico de peso, el que va de Mozart a Shostakovich. De eso no tengo ni la más pajolera idea, y solo puedo lamentar no haberle escuchado ningún concierto de su etapa cordobesa. ¡Lástima!

Producción escénica propia, estrenada en su momento por la soprano jerezana Maribel Ortega. No la vi entonces. Extrañamente, no se la encargaron a Paco López, sino a un señor de Bilbao llamado Pablo Viar. Pues miren ustedes, acierto total: con medios económicos limitadísimos ha hecho una cosa que comienza regular –tampoco el libreto ayuda mucho, la escena de la boda se las trae–, mejora poco a poco, y ya después del descanso funciona magníficamente gracias a una labor realizada con esas cositas que a tantos registas de hoy les suele faltar: sensibilidad, honestidad, respeto y conocimiento de lo que se trae entre manos. ¿Convencional? Solo a ratos. Grandes bazas a su favor fueron la luminotecnia de Eduardo Bravo –algo brusca en ocasiones, pero espléndida– y los espectaculares figurines de ese habitual de la casa que es Jesús Ruiz. La escena del amanecer con que se inicia el “tercer acto” –una pena haber tenido que cortar la música para cambiar la escenografía– fue visualmente bellísima y de enorme potencia expresiva.

En fin, una función extremadamente difícil de calificar. ¿Puede disfrutarse de esa escena sublime que es el dúo con una batuta desgranando maravillosamente la música y unos cantantes destrozándola? Yo no logré concentrarme en la partitura en ningún momento, aunque me alegré de haber ido: escuchar una globalmente espléndida dirección de Butterfly no es ninguna tontería. El público, por su parte, aclamó con abrumador, eufórico entusiasmo a la señora Arteta. ¿Este es el nivel de exigencia en una ciudad en la que el autodenominado Centro Lírico del Sur lleva veintisiete años haciendo ópera? Pues poco o nada hemos progresado.

Por cierto: mucha suerte al nuevo director del teatro. La va a necesitar.

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