Como este fin de semana espero escuchar en Valencia el
Stabat Mater de
Pergolesi a cargo de Fabio Biondi –aunque obviamente no viajo por eso,
sino por el
Peter Grimes–, he decidido escuchar seguidas tres grabaciones de esta
obra maestra del malogrado compositor italiano que no conocía: la de Christopher
Hogwood con la Academy of Ancient Music (Decca), la de Diego Fasolis con I
Barrochisti (Erato) y la del propio Biondi con Europa Galante (Virgin), por este
orden. Las tres optan por instrumentos originales y por la combinación
soprano-contratenor.
La de
Hogwood quizá fuera la primera grabada con criterios
historicistas, a todas luces mucho más adecuados para esta obra que los
tradicionales. Cierto es que, sobre todo en lo que a ornamentación se refiere,
la praxis allá por 1987 se quedaba un poco corta si tenemos en cuenta lo que ha
llovido desde entonces, pero el desaparecido maestro inglés resulta irreprochable tanto en la articulación como en las fuerzas congregadas: ¿acaso
vamos a acusarle de utilizar una cuerda nutrida, cuando sabemos que en la
primera mitad del XVIII un mismo autor podía interpretar su obra con plantillas
por completo diferentes? Por lo demás, Hogwood dirige con sensatez, elegancia y buen gusto, alejándose de la frivolidad y teniendo siempre presente que
esta es una obra religiosa.
Emma Kirkby, con su voz pequeñita y sin
vibraciones, se muestra muy centrada y sabe no resultar pizpireta, mientras que
James Bowman deja constancia de su incuestionable clase. El problema de
la interpretación, por parte de los tres intérpretes, es exactamente el que uno
puede imaginarse: su sosería, su distanciamiento expresivo e incluso su
parquedad de matices.
La de
Fasolis es otro mundo. Registrada en Suiza en 2012, esta
interpretación se ha convertido inmediatamente en mi favorita, incluyendo las
otras ahora comentadas y las que conocía con anterioridad (Gracis, Rousset,
Akademie für Alte Musik y muy operística de Pappano). La cuerda, de nuevo bien
nutrida, frasea con una enorme sensualidad y elevado carácter cantábile. El
continuo se enriquece con tiorba adecuadamente imaginativa. Los
contrastes están mucho más marcados –sin necesidad de incurrir en violentos
claroscuros– y los affetti están mucho mejor atendidos, también por parte de los
cantantes: una
Julia Lezhneva cuya voz oscura resulta de lo más adecuada
–sin miedo, además, de vibrar con abundancia en los momentos puntuales
adecuados– y un exquisito –no sé si en exceso–
Philippe Jaroussky.
Solistas y director sintonizan, en cualquier caso, en lo verdaderamente
importante: una expresividad contenida pero sincera que subraya el carácter
sacro –de una religiosidad “moderna” para una obra escrita en 1736, pero
religiosidad al fin y al cabo– que posee la página, dejando de lado cualquier
frivolidad más o menos pagana.
La grabación de
Biondi, realizada en Bruselas en 2005, se mueve en el
polo opuesto: orquesta mínima –instrumento por parte, tal y como se precisa en
la partitura–, tempi rápidos, fraseo nervioso y un clave que sustituye al órgano
en los dos números más extrovertidos, otorgando todo ello un carácter más bien
profano a la obra. Entiendo que es una posibilidad, pero a mí no me acaba de
convencer. Demasiada sequedad, poca “carne” tanto sonora como expresiva, rigidez en el fraseo, escasa
diferenciación entre los números, parquedad en los affetti… Tampoco el violín de
propio Biondi –más bien duro– frasea con la sensualidad debida. Órgano y clave sí que son
extraordinarios, pero no nos libran del tedio. Tampoco lo hacen los solistas.
Dorothea Röschmann es una cantante tradicional –vibra todo el tiempo– que
en otras ocasiones –con Barenboim, por ejemplo– ha hecho cosas muy notables,
pero aquí se muestra apurada en la franja aguda, optando además por un
dramatismo un punto forzado semejante contexto interpretativo –
Vidit
suum–, mientras que
David Daniels ni posee una voz del todo atractiva
–falta de armónicos en el timbre– ni termina de
estar centrado en la expresión, de nuevo más laica que religiosa.
En fin, a partir de ahora, y a la espera de seguir descubriendo versiones,
tendré a la de Fasolis como referencia para la partitura. Y a ver si en el
concierto del domingo Biondi –asimismo con plantilla mínima, pero con otros cantantes– se muestra más
inspirado que en el disco.