Este post lo publiqué originalmente el 15 de septiembre de 2009. Aprovechando que ayer se cumpleron 101 años del nacimiento del genial compositor polaco, he ampliado la comparativa sobre esta fascinante sinfonía con cuatro registros adicionales: Lutoslawski 1992, Blaszczyk, Gardner y Rattle. Además. he vuelto a escuchar la de Lutoslawski 1985 y la de Barenboim. La primera de ellas sigue siendo mi interpretación favorita. A la segunda he decidido subirle del 9 al 10, no solo porque me ha gustado ahora aún más que antes, sino también porque la de Rattle, magnifica pero un poco menos personal que la del argentino, me anima a "empujar" a la de éste hacia arriba. No he cambiado nada en los textos ya escritos.
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El próximo sábado la Orquesta Nacional de España ofrece en Alicante la
Sinfonía nº 3 de Witold Lutoslawski, una verdadera obra maestra que no parece interesar mucho a nuestros programadores. Como me he animado a visitar el Festival de Música Contemporánea, he considerado oportuno realizar un repaso de todas las grabaciones discográficas a mi disposición, seis en total.
Me faltan dos: la de Miroslaw Blaszczyk con la Orquesta Nacional de Silesia para el sello Dux y la de Edward Gardner con la Sinfónica de la BBC para Chandos.
La obra fue un encargo de la Sinfónica de Chicago y se escribió durante un dilatado periodo de tiempo, siendo estrenada por la formación norteamericana bajo la dirección de Sir Georg Solti el 29 de septiembre de 1983. Escrita con mano maestra y un lenguaje tan hermético como comunicativo -tal paradoja es posible en la música del autor-, resulta destacable la utilización de técnicas aleatorias que ponen a prueba la intuición y el virtuosismo de los intérpretes. Ni que decir tiene que las demandas hacia la orquesta son extraordinarias y que, por ende, la calidad de la misma determina en gran medida el resultado interpretativo. Aquí va, como aportación adicional, una relación de las duraciones de los diferentes registros comentados abajo.
Solti (sin contar los aplausos): 26’14’’
Salonen: 31’24’’
Lutoslawski 1985: 30’22’’
Wit I: 27’50’’
Lutoslawski 1992: 30’28’’
Barenboim: 27’23’’
Wit II: 31’37’’
Otaka: 34'31''
Blaszczyk: 30'58''
Gardner: 30’50’’
Rattle: 29'16''
1. Solti/Sinfónica de Chicago (CSO, 1 de octubre de 1983). En la ocasión del estreno, Solti hizo gala de su poderosísima personalidad y ofreció una versión electrizante, muy angulosa e incisiva, agresiva en el tratamiento de los metales y en buena medida “expresionista”, lo que no le impide hacer gala de un rico colorido y de un buen sentido de las texturas, aunque sí le lleva a desatender al peso de los silencios, a no ofrecer la flexibilidad suficiente y a pasar por encima de los aspectos más líricos y atmosféricos de la obra, que –como demostrarán otros directores– también los tiene. En cualquier caso la comunicatividad y brillantez propias del maestro enganchan desde el principio y no dejan respiro a lo largo de esta interpretación que parece ideal para acercar la obra a quienes más les cuesta acercarse a la música contemporánea. Por desgracia solo se puede adquirir en una edición especial editada por la propia orquesta a un precio bastante elevado (
enlace).
(8)
2. Salonen/Filarmónica de Los Ángeles (CBS-Sony, 1985). En la primera grabación de la obra que se editó comercialmente, el aún joven Salonen ofrece la interpretación “didáctica” por antonomasia. Todo está maravillosamente expuesto y explicado, con asombrosa claridad y solidísima arquitectura, guiándonos por todos los recovecos de la obra, clarificando todos los puntos que pueden quedar oscuros y sorprendiéndonos con un tratamiento de las texturas que emparentan la página con Ligeti. El problema es que con tanta atención a los árboles se pierde de vista el bosque; por momentos se echa en falta una dosis mayor de comunicatividad y -por qué no- de emoción. El final, en cualquier caso, es admirable.
(8)
3. Lutoslawski/Filarmónica de Berlín (Philips, 1985). La visión personal del compositor, mucho más atento al análisis, al misterio y a los aspectos sensuales de la página que a la electricidad o la espectacularidad, se encuentra mucho más cerca de Salonen que de Solti, solo que aportando frente al maestro finés una dosis mucho mayor de flexibilidad, colorido, imaginación y riqueza de matices expresivos, haciendo además respirar a la música con mayor naturalidad y demostrando que esta obra contiene, pese a su carácter aparentemente hermético, una intensa dosis de humanismo y hasta de emotividad. La orquesta de Karajan se rinde incondicionalmente entregando todo su virtuosismo y musicalidad, y los ingenieros de Philips ponen la guinda con una espléndida toma sonora.
(10)
4. Wit/Orquesta Sinfónica Nacional de la Radio Polaca de Katowice (Polskie Nagrania, 1988). Al igual que “era necesario” que el compositor dejara su visión de la obra en el podio, estaba cantado que “hacía falta” una versión con denominación de origen. Curiosamente Antoni Wit ofreció una recreación muy distinta a la del propio Lutoslawski para acercarse, aunque con unos parámetros expresivos mucho más moderados, a las posiciones de un Solti, no tanto por la premura de los tempi sino por su carácter nervioso, la angulosidad del trazo y la -solo relativa- agresividad que desprende. Por desgracia Wit no es capaz de ofrecer la solidez de la arquitectura ni de la electricidad del maestro húngaro, como tampoco la capacidad de análisis y el refinamiento de un Salonen, y su notable orquesta polaca no puede compararse a la Sinfónica de Chicago o a la Filarmónica de Berlín. La toma sonora, analógica y sin reprocesar, no ayuda.
(7)
5. Lutoslawski/Sinfónica Nacional de la Radio de Polonia (Accord, 1992). En este
registro en estudio de excelente sonido, el último que realizó en su vida, el
compositor polaco repitió el milagro de seis años atrás con la Filarmónica de
Berlín, quizá abundando más aún en los aspectos oníricos y misteriosos de la
página aun sin descuidar las descargas de electricidad y las asperezas sonoras
en los momentos adecuados. La orquesta lógicamente no es de primera, y eso se
nota en los metales, pero ofrece verdadera magia sonora bajo una batuta capaz de
las mayores sutilezas expresivas.
(10)
6. Barenboim/Sinfónica de Chicago (Erato, 1992). La tercera y última grabación “obligatoria” era, claro está, la de la formación que realizó el encargo, pero esta lo hizo ya bajo la batuta de su nuevo titular. No cabe imaginar una visión más distinta que la de Solti, y eso que la orquesta es la misma y la duración le empararenta antes con él que con Lutoslawski, a quien se aproxima en buena medida con su visión atmosférica y sensual en la que la sutileza del trazo y la variedad de texturas –increíbles en esta recreación– son más importantes que la fuerza expresiva de la arquitectura o la visceralidad de las emociones. ¿Mirando antes al Impresionismo que al Expresionismo? Algo así. Hay que puntualizar, en cualquier caso, que Barenboim carece de la firmeza de trazo y de la tensión sonora que ofrecía el propio compositor para Philips, también de su fuerza en los clímax, pero a cambio aporta una dosis adicional de cantabilidad, de vuelo lírico, de humanismo, como si quisiera mirar –en el de Buenos Aires es inevitable– no solo a la música del siglo XX sino también al pasado romántico. La orquesta aporta el increíble virtuosismo que ya mostró con Solti en el estreno, además de un enorme olfato musical para sus intervenciones aleatorias. La toma sonora, sin toda la transparencia tímbrica deseable, ofrece una admirable amplitud espacial y una amplia gama dinámica. Eso sí, hay que poner el volumen bien elevado.
(10)
7. Wit/Orquesta Sinfónica Nacional de la Radio Polaca de Katowice (Naxos, 1995). Siete años después de su primera tentativa, las huestes polacas vuelven a probar fortuna y alcanzan un éxito mucho mayor. Tomándose las cosas con bastante más calma –es la interpretación más dilatada hasta la fecha–, Witt logra refinar el trazo, clarificar mejor las texturas, ofrecer mayor número de matices y enriquecer su enfoque atendiendo a los aspectos de la obra que antes había pasado por alto. La toma sonora, sin ser la ideal, es también mucho mejor ahora. Muy recomendable.
(9)
8. Otaka/Orquesta Sinfónica Nacional de la BBC de Gales (BIS, 1995). Aprovechando la primera grabación mundial de
Chantefleurs et Chantefables que dio razón de ser a este disco, el sello sueco enriquece la discografía con una interpretación que, además de estar espléndidamente grabada, es la más lenta de todas. Por ello mismo es quizá también una de las que ofrece mayor claridad en el entramado orquestal. Además, Tadaaki Otaka se muestra como buen concertador y un músico sensato que atiende a todas las facetas de la obra y posee cierta elegancia en su trazo. Por desgracia el maestro japonés, tal vez por culpa de la referida lentitud, no logra organizar de manera convincente las tensiones internas ni otorgar unidad, como tampoco es capaz de alcanzar las sutilezas del propio Lutoslawski ni de ofrecer la hondura de un Barenboim. El resultado, dentro de su digno nivel, termina siendo algo aburrido.
(7)
9. Miroslaw Jacek Blaszczyk/Filarmónica Sinfónica de Silesia (Dux, 2004). Gran
mérito el de una orquesta y un director fuera de los grandes circuitos
internacionales levantar con semejante corrección esta obra maestra, con buen
trazo, cuidadosa planificación e irreprochable equilibro entre los aspectos
sensuales y líricos de esta música con los más viscerales. Por desgracia la
competencia es importante, y aquí se echan de menos la magia sonora, la
electricidad, la variedad expresiva y –en definitiva– la comunicatividad de las
grandes recreaciones discográficas. Incluso la toma sonora, siendo muy buena, no
está a la altura de los tiempos que corren.
(7)
10. Gardner/Sinfónica de la BBC (Chandos, 2010). El maestro británico es de los
que se apartan de la senda lírica propuesta por el propio compositor en su
registro para Philips para apostar por el nervio, por la insicividad y hasta por
lo agresivo, aunque sin renunciar a detallismo en el tratamiento de las texturas
y sin precipitarse, sino dejando a la música respirar. El resultado
es muy plausible, aunque sobra algo de estridencia, incluso de escándalo
gratuito. La orquesta realiza una buena labor, pero su maleabilidad no es la de
las grandes ni sus solistas resultan particularmente expresivos.
(8)
11. Rattle/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2012). Sir Simon toma
como modelo claro la realización del propio autor con la misma orquesta de 1985,
y consecuentemente ofrece –armado de una técnica de batuta portentosa y
secundado por una orquesta pletórica de facultades– una realización ante todo
lírica y sensual, fascinante en el tratamiento de las texturas y muy emotiva,
aunque quizá al británico se le va un poco la mano a la hora de “romantizar" la
obra; un poco más de incisividad, de mala leche y de garra dramática en
determinados no le hubiera venido mal a esta interpretación quizá un punto más
amable de la cuenta, pero en cualquier caso de espléndido nivel.
(9)