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sábado, 8 de abril de 2017

Argenta - España

Los días 31 de diciembre de 1956 y 1 de enero de 1957 (¡vaya fechas para trabajar!), Ataulfo Argenta visitó el tristemente desaparecido Kingsway Hall londinense para grabar al frente de la London Symphony un repertorio integrado por España de Chabrier, Capricho español de Rimsky-Korsakov, la Danza española nº 5, Andaluza, de Granados –en versión orquestal– y varias Danzas españolas del escasamente conocido compositor prusiano Moritz Moszkowski (1854-1925). El resultado fue un disco llamado España que, según me dice mi amigo Vicente Acuña, se cotiza a 1500 euros en el actual mercado del vinilo. Ciertamente el trabajo de los ingenieros de sonido, aun buscando la mayor espectacularidad posible que les permitía el estéreo, fue excelente para la fecha, pero tampoco creo que un LP original suene mucho mejor que la copia en CD que he manejado, una remasterización a 96-24 por completo convincente. ¿Y las interpretaciones? De gran nivel.


La España de Chabrier conoce rutilante recreación que destaca por su frescura, jovialidad y entusiasmo, por su sentido del humor e incluso por su salero mucho antes español que francés, así como por una tímbrica muy clara e incisiva, valiente e incluso un punto áspera, que se aparta de la tradición francesa y subraya los claroscuros de la escritura. El Capricho español sigue la misma línea, vistosa y festiva a tope. Ahora bien, las variaciones lentas no están todo lo paladeadas que debieran, pudiéndose pedir un punto más de sensualidad, de atmósfera, incluso de magia, aunque desde luego el trazo es muy fino y la sonoridad un tanto descarnada que el maestro extrae de la London Symphony no deja de tener su atractivo.

La página de Granados está dicha con más vehemencia que ensoñación o vuelo lírico, aportando la batuta un punto de desazón que parece muy adecuado. En cuanto a las Danzas españolas de Moszkowski, se trata de una música tan entretenida como banal que el maestro cántabro interpreta de la mejor manera posible, es decir, con brillantez bien entendida, mucha chispa y convicción plena.

En CD se completa con las Images pour orchestre de Claude Debussy registradas con la Orchestre de la Suisse Romande en mayo de 1957. Interpretación vivaz, extrovertida y con electricidad, dicha con  trazo muy preciso y ricas en contrastes, pero no muy centrada en el estilo: ni la tímbrica, aun siendo rica, es la más adecuada para este repertorio, ni su trazo anguloso el más conveniente para Debussy. En este sentido, lo que más defrauda es Iberia: demasiado nervio, escasa concentración, sensualidad limitada. Su sentido del humor, algo agrio, tampoco acaba de convencer, y la magia poética no termina de destilarse. Mejor Gigues y Rondes de printemps.

miércoles, 26 de marzo de 2014

La procesión del Rocío, de Turina: discografía comparada

El próximo viernes espero disfrutar en directo La procesión del Rocío a la Orquesta de Valencia bajo la dirección de Miguel Ángel Gómez Martínez. Creo así se explicará el lector que quien firma estas líneas haya dedicado su tiempo a descargarse de internet (fundamentalmente a través de iTunes) y a escuchar unas cuantas interpretaciones de este poema sinfónico decididamente menor. Pero debo añadir que a mí la partitura me parece no solo vistosa y agradable dentro de su regionalismo andaluz sin pretensiones, sino también poseedor de un atractivo que hasta ahora pocos directores han logrado extraer, precisamente por de tomársela como una obra meramente folclórica. De hecho, ninguna de las interpretaciones escuchadas me parece redonda, y creo que solo dos de ellas permiten disfrutar realmente de la obra.


Aunque su duración es muy breve, la partitura se divide en dos secciones unidas a través de un solo de “flauta rociera”, flautín en realidad. Se trata de “Triana en fiesta” y “La procesión”, describiendo la primera el bullicio del barrio marinero de Sevilla y la segunda la salida de la comitiva de romeros hacia la aldea del Rocío, culminando con la aparición de la Marcha Real española. Joaquín Turina gestó la obra en París en 1912, estrenándose en el Teatro Real de Madrid al año siguiente.

Recojo a continuación las grabaciones que he podido escuchar, incluyendo la duración de cada una de ellas. Obviamente faltan nombres en la lista, entre ellos los de Freitas Branco, Odón Alonso, Antomio de Almeida o Jesús López Cobos para Telarc. Al final de cada comentario incluyo, como siempre,  la puntuación de uno a diez que creo que merecen, teniendo muy en cuenta que la deficiente calidad sonora de buena parte de las grabaciones puede alterar seriamente la percepción de las cualidades interpretativas. La del citado Gómez Martínez termina siendo, a mi entender, la más recomendable de todas las escuchadas, tanto por los resultados artísticos como por la toma de sonido.

 Turina Rocío Arbos

1. Arbós/Sinfónica de Madrid (VAI, 1929, duración: 6’53). Importantísimo documento este que nos ofrece la primera grabación de la obra, a cargo de la orquesta y el director que habían estrenado la partitura dieciséis años atrás. Y hay que añadir que Enrique Fernández Arbós parece dirigirla de manera notable, con sensualidad, gracia y mucho salero, aunque hemos de reprochar seriamente los insufribles portamenti –muy de la época– de un primer violín no muy bien afinado. También es verdad que el clímax con la Marcha Real suena muy confuso, aunque esto podría deberse fundamentalmente a una grabación que, como es lógico, está llena de insuficiencias. (7)


Turina Rocío Poulet

2. Poulet/Sinfónica de Londres (Dutton, 1953, duración: 7’41’’). Aquí sí encontramos a una orquesta de primera capaz de hacer justicia a la virtuosística instrumentación del compositor sevillano, así como una toma sonora que, aun siendo monofónica, ofrece al menos un poco de dignidad. Por desgracia, Gaston Poulet no llega a la altura de Arbós: dirige con entusiasmo, colorea un tanto a la francesa a las maderas –lo que no es ningún disparate– y subraya algunos detalles incisivos de la orquestación, pero no termina de paladear las melodías con el suficiente encanto. (7)


Turina Rocío Argenta Almaviva

3. Argenta/Orquesta Nacional de España (Almaviva, 1954, duración: 9’38’’). Grabación en vivo, de dinámica comprimida y claros desequilibrios –molestan los platillos en primer plano– que nos trae a un Argenta brillante y comunicativo, más que sutil, frente a una orquesta con limitaciones. (8)


Turina Rocío Irving

4. Irving/Royal Philharmonic Orchestra (HMV, fecha indeterminada, duración: 7’59). Un director especializado en ballet, el británico Robert Irving, ofrece una lectura colorista y muy ágil, de trazo seguro aunque algo rápido y no del todo matizado, que se beneficia de una orquesta en plena forma cuyas maderas cantan con mucha belleza en la primera sección de la obra y cuyo flautín ofrece un apreciable virtuosismo. La grabación llegó a circular en estéreo, pero lo que yo he conseguido escuchar es un mediocre trasvase desde un vinilo monofónico. (7)


Turina Rocío Argenta Columbia

5. Argenta/Orquesta Nacional de España (Columbia, 1957?, duración: 8’49’’). Esta grabación en estudio, de estéreo más bien primitivo, permite apreciar mejor que la anterior el arte de don Ataulfo, quien aun teniendo que lidiar con las limitaciones de la orquesta de la que era titular, parece ofrecer aquí una recreación más rica, matizada y sensible, quizá la mejor hasta ese momento. (9)


Turina Rocío Batiz LPO

6. Bátiz/Filarmónica de Londres (IMG-Regis, 1981?, duración: 7’37’’). El mexicano Enrique Bátiz es un maestro vistoso y con garra, pero su visión de la obra, virtuosística y poderosa –brillantes los metales–, resulta parca en inspiración melódica –la batuta lleva prisas– y más bien tópica a la hora de atender a los aspectos folclóricos de la pieza. Dicho de otra manera: interpretación vistosa pero un tanto basta, incluso más ruidosa de la cuenta. La toma sonora no es gran cosa. (7)


Turina Rocío Gomez Martinez

7. Gómez Martínez/Sinfónica de Hamburgo (MDG, 1996, duración: 9’30). Un alivio escuchar por una vez a un director que arrincona los tópicos folclóricos para deleitarse con sosiego –se trata de la interpretación más lenta de todas– en las hermosas melodías de Turina y en los aspectos más ensoñados, diríase que pseudoimpresionistas, de una página que definitivamente ofrece más posibilidades de las que hasta ahora parecía. Además, el maestro granadino hace uso de pinceles finos, traza con cuidado y planifica con claridad: por fin se escucha el clímax de la procesión con grandeza y sin el habitual barullo. Eso sí, le faltan la gracia y el salero de un Arbós y un Argenta. Muy notable la toma sonora. (9)


Turina Rocío Bragado

8. Bragado Darman/Orquesta Sinfónica de Castilla y León (Naxos, 1998, duración: 9’05). Sin poseer una particular inspiración, el maestro madrileño consigue una lectura de enorme equilibrio entre los aspectos extrovertidos e introvertidos de esta página, entre los coloristas y los melódicos, ofreciendo buen gusto, haciendo gala de un trazo cuidadoso –se escuchan detalles en la orquestación hasta ahora inadvertidos– y obteniendo un notable rendimiento de la orquesta. Lástima que la toma sonora, siendo muy buena, resulte algo estridente. (8)

miércoles, 29 de julio de 2009

Los Preludios, de Liszt: discografía comparada

Hay críticos que afirman que las mejores interpretaciones de Les Préludes son las que tiene grabadas -una en audio y otra en video- Daniel Barenboim (enlace). Como el de Buenos Aires ofrecerá la obra el próximo domingo 2 de agosto en el Teatro de la Maestranza al frente de su Orquesta del West-Eastern Divan, me ha parecido el momento oportuno para escuchar todas las versiones posibles del segundo y más famoso de los poemas sinfónicos de Franz Liszt y corroborar hasta qué punto mis gustos coinciden con tal apreciación.

Liszt
Para realizar el recorrido, agotador pero fascinante, he contado con la ayuda de varios colegas (Ángel Carrascosa, Ángel Riego y José Sánchez: gracias desde aquí a todos ellos) que me han pasado todas las grabaciones que tenían en su haber. En buena parte de los casos, y a petición mía, lo han hecho sin decirme quiénes eran los intérpretes, para evitar así posibles prejuicios a la hora de valorar. He reconocido sólo a tres directores (evidentes: Mengelberg, Furtwängler y el Karajan desatado de los sesenta), mientras que en algún caso me he llevado un chasco monumental (Solti con la Filarmónica de Londres). Las de Barenboim y la mítica de Fricsay las he escuchado dos veces cada una, al principio y al final del proceso.

El orden que sigo para presentar mis apreciaciones es el cronológico. Son veintitrés registros en total, cifra bastante representativa de la discografía pese a que no he podido localizar algunas interpretaciones muy interesantes sobre el papel, como las de Bernstein, Masur y Muti. He caído en la puerilidad de otorgar una nota -de uno a diez- a cada una de ellas. Advierto, en cualquier caso, que aunque la batuta es el factor fundamental en la valoración, he tenido muy en cuenta la labor de las diferentes orquestas a la hora de puntuar.
Señalo finalmente que las fechas indicadas -puede haber más de un error por mi parte- corresponden a la grabación, no a la edición, y que en el caso de las interpretaciones históricas no he especificado sello discográfico toda vez que la mayoría de estas han conocido -y seguirán conociendo- varias ediciones diferentes.
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Liszt_Kleiber
1. Erich Kleiber/Filarmónica Checa (junio 1936). La premiosidad de la batuta (13:53, la más rápida de todas las escuchadas) impide que la versión sea del todo clara y que se encuentre especialmente paladeada, incluso conduce a que la sección final se precipite un tanto, pero la dirección ofrece una incandescencia, un entusiasmo, una grandeza sin retórica y una comunicatividad absolutamente excepcionales. (9)


Mengelberg
2. Mengelberg/Concertgebouw (octubre 1936). Tras una espléndida introducción se descubre a un director incandescente y sincero, que domina muy bien la agógica y que se mantiene ajeno a la grandilocuencia sin dejar de ser brillante, pero que, además de abusar de los portamenti “marca de la casa", se deja llevar por el entusiasmo y a ratos cae en la precipitación, sobre todo en la sección "bélica" central. El final, por el contrario, posee una incontestable grandeza. La toma sonora tiene problemas pero ofrece una amplia gama dinámica. (8)


kempen
3. Van Kempen/Filarmónica de Berlín (1937). He aquí una hermosa y cálida realización, comunicativa y natural, que necesita una arquitectura algo más trabajada, mayor tensión en los clímax y mayor creatividad para ser reamente grande. Magnífica la orquesta. Muy bueno el sonido para la época. (7)


Liszt_Weingartner
4. Weingartner/Filarmónica de Londres (1940): Aun siendo muy correcta, esta lectura desprende cierta sensación de rutina e indiferencia, pues los clímax no alcanza la suficiente grandeza, los matices expresivos son escasos y las secciones no están lo suficientemente diferenciadas. El último tercio se anima un tanto, pero el final vuelve a resultar alicorto. Espléndida la orquesta. (5)


knapp
5. Knappertsbusch/Filarmónica de Berlín
(1942, en estudio). Interpretación muy bien realizada, emocionante, intensa, muy musical, aunque más lograda en los momentos épicos, que alcanzan mucha garra, que en los líricos. Muy discutible la ralentización del tempo en la "marcha" final, aunque le sirve para preparar el retorno del tema principal. (8)


Van_Kempen
6. Van Kempen/Filarmónica de Dresde (1942). El maestro holandés vuelve a hacer gala de una gran musicalidad pero, aun moviéndose siempre dentro de la corrección y fraseando con su admirable naturalidad, el resultado es bastante impersonal y alberga escasa fuerza dramática. No engancha, e incluso llega a aburrir. (6)


Liszt_Furt
7. Furtwängler/Filarmónica de Viena (EMI, 1954). Una interpretación muy bien paladeada, dicha con una enorme efusividad y construida con tanta solidez como naturalidad, que huye con sabiduría tanto del arrebato espontáneo como de la grandilocuencia o de la blandura. Admirables la cantabilidad, la nobleza y el enorme sentido humanístico del fraseo, siempre amplio y muy paladeado. Lástima que la sección de metales se quede corta. Y una pena que Furt no nos legara alguna interpretación en vivo de la partitura: sería menos indiscutible, perfecta y modélica que ésta, pero habría quizá un mayor número de hallazgos. (9)


Liszt_Argenta

8. Argenta/Suisse Romande (Decca, 1955). Fabulosa labor de podio, cálida y sincera, hermosísima y emotiva en las partes líricas y brillante sin grandilocuencia en las épicas, haciendo gala de una batuta flexible, con gran dominio de la agógica y una notable plasticidad el tratamiento de la orquesta. Ésta tiene como limitaciones unas trompetas estridentes y unos violines no siempre empastados. (9)


Liszt_Silvestri
9. Silvestri/Philharmonia (EMI, 1957). Se agradecen la corrección general y la renuncia al efectismo, pero en conjunto resulta una versión distante en los momentos líricos y con escasa grandeza en los épicos, quizá por el deseo de restar "ruido", convenciendo sólo la primera secuencia "bélica", muy emocionante. La toma sonora es ya estereofónica. (5)


Liszt_Karajan_Philharmonia10. Karajan/Philharmonia (EMI, 1959). No es fácil reconocer aquí al maestro salzburgués; con razón se ha dicho que en su etapa frente a la fabulosa orquesta británica se mostró especialmente voluntarioso, pero también un tanto impersonal. Aquí ofrece una interpretación de trazo amplio, bien construida y mejor paladeada, de excelente musicalidad, pero a la que le falta un poco de tensión interna y de garra dramática. A la postre resulta un poco sosa y no muy emocionante. (7)


Liszt_Fricsay
11. Fricsay/Radio de Berlín (DG, 1959). Nos encontramos ante una lectura justamente mítica. En ella hay que admirar, sin duda, la elocuencia, la calidez, la sinceridad y la fuerza dramática del maestro húngaro, aunque si algo destaca en esta interpretación es sin duda el fraseo efusivo, carnal y emocionante que desprenden las secciones líricas. Quizá a la enunciación del tema principal le falta un poco de grandeza, mientras que al final le sobra algo de estruendo para ser una dirección perfecta. La orquesta suena con una rusticidad atractiva, aunque se queda algo corta. (10)


Liszt_Karajan_ADD
12. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1967). Una batuta de enorme virtuosismo, al frente de una fabulosa orquesta, construye una interpretación lenta y fabulosamente trazada, pero claramente hedonista, volcada en la espectacularidad y la belleza sonora, y que por tanto cae en la grandilocuencia, la blandura y la insinceridad. El peor Karajan posible. (6)


Liszt_Haitink
13. Haitink/Filarmónica de Londres (Philips, 1968). Al principio parece una interpretación algo desvaída, aunque se evidencia la intención de alcanzar un gran vuelo poético, deslumbrando la belleza de los violonchelos en la primera sección lírica. Luego va mejorando y se alcanza un admirable equilibro entre los aspectos introvertidos y los épicos, expuestos con emoción y sin retórica. (8)


Liszt_Barenboim_CSO
14. Barenboim/Chicago (DG, 1977). Sin tratarse de una lectura especialmente visionaria y siendo posible añadir aún más elocuencia y emoción en las partes líricas, son tales la perfección de la arquitectura, el ardor perfectamente controlado de la batuta y la brillantez llena de grandeza sin retórica del final que el resultado es portentoso. La atención a los diferentes planos sonoros es excepcional, lo que permite una claridad insólita: se escuchan muchas líneas melódicas que generalmente pasan desapercibidas. La orquesta es la perfección absoluta. Por si fuera poco, la toma sonora es de verdadero lujo. (10)


Liszt_Solti
15. Solti/Filarmónica de Londres (Decca, 1977). Se agradecen las buenas intenciones de la batuta, sobre todo en las secciones líricas, pero la arquitectura está mal construida, resultando flácida y deslavazada, rematándose en un clímax final deshilachado. La orquesta se queda bastante corta. La toma sonora es muy buena, pero distante. (5)


Liszt_Karajan_DDD
16. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1984). Interpretación de sonoridad muy robusta, mas no exenta de claridad, espectacular y un punto narcisista, no del todo sincera, pero emocionante, muy bien trazada y de enorme brillantez. Apabulla más que conmueve. (8)

Liszt_Joo
17. Joó/Sinfónica de Budapest (Hungaroton, 1984). Tras una solvente introducción y un primer clímax canijo, incluso ridículo, se desarrolla una interpretación muy hermosa -aunque quizá en exceso ensimismada- en las partes líricas, pero por completo descafeinada y sin grandeza en las épicas, además de deslavazada en su trazo. (5)


Liszt_Solti_DDD
18. Solti/Sinfónica de Chicago (Decca, 1992). El anciano director se quita la espina de su antigua interpretación de estudio, pero los resultados no llegan a ser óptimos. Y es que Solti se muestra más nervioso y menos concentrado de la cuenta, no paladeando del todo las partes líricas y no alcanzando la suficiente grandiosidad visionaria en las épicas. Ahora bien, la ejecución es de tanto nivel, y tan portentosas resultan la brillantez, el colorido y la plasticidad de la batuta, que el maestro y su increíble orquesta terminan triunfando. (8)


Liszt_Mehta
19. Mehta/Filarmónica de Berlín (Sony, 1996). Interpretación de trazo amplio, maravillosamente sonada, opulenta y muy hermosa. Por desgracia las secciones líricas no sólo resultan flácidas, sino que tienden a lo excesivamente ensoñado, incluso lo dulzón, mientras que en la vertiente épica la batuta tiende a subrayar los elementos marciales. Seduce, mas no engancha. Fabulosa la toma sonora. (6)


Liszt_Sinopoli
20. Sinopoli/Filarmónica de Viena (DG, 1996). La introducción, lenta y misteriosa, es estupenda. El primer clímax, siendo muy bueno, no alcanza toda la grandeza deseable. A partir de ahí se desarrolla una interpretación muy bien puesta en sonidos pero no muy cálida ni comunicativa en los momentos líricos, y sin especial garra en los dramáticos. Mal el último clímax, nervioso y volcado en los excesos de la percusión. (7)


Liszt_Barenboim_BPO
21. Barenboim/Filarmónica de Berlín (DVD TDK, 1998). El argentino repite y mejora su interpretación de estudio con una lectura de nuevo maravillosamente trazada, intensísima pero controlada al mismo tiempo, que se aparta de lo grandilocuente pero aun así alcanza una gran dosis de grandeza y carácter épico, como también de vuelo lírico y efusividad. Quizá ahora se haya perdido un poco de la inigualable claridad de su realización en Chicago, pero se ha ganado en emotividad lírica. La orquesta contribuye lo suyo a la excelencia de los resultados. (10)


Liszt_Hamar22. Hamar/Filarmónica Nacional de Hungría (Budapest Music Center, 2001). Si bien la orquesta se queda bastante corta, la batuta realiza una notable labor a la que le faltan, eso sí, grandeza y tensión en los clímax, pero que no obstante ofrece momentos tan interesantes como una introducción especialmente oscura e inquietante en la que se presta una gran atención a los silencios. (6)


Liszt_Van_Immerseel
23. Van Immerseel/Anima Eterna (Zigzag, 2007). La orquesta de instrumentos originales es buena, pero su sonido, por el tamaño, resulta en determinados momentos muy canijo, muy especialmente en lo que se refiere a la cuerda. La articulación historicista, en sí misma, aporta hallazgos interesantes. Ahora bien, la dirección nos descubre a un director más bien mediocre: planifica las tensiones de manera insuficiente, resulta aséptico en los momentos líricos, y carece de fuerza en los épicos. A destacar, negativamente, cómo enuncia el tema principal de manera precipitada y sin grandeza alguna. La sección final resulta impresentable, por cuadriculada y machacona, con unos metales y una percusión que hacen a la cuerda inaudible. (3)
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¿Conclusiones? Barenboim es, desde luego, uno de los directores que mejor ha dirigido Los Preludios. Aun tras realizar las comparaciones, sus dos registros me siguen pareciendo formidables: las hay aún más emocionantes, teatrales y elocuentes, pero el argentino triunfa por la perfección de su arquitectura y, ciertamente, por el virtuosismo de las orquestas de Berlín y Chicago.

Sea como fuere, la interpretación de Fricsay no es menos imprescindible en la discoteca de un buen aficionado, siendo además muy recomendable conocer las realizaciones de un Erich Kleiber, un Furtwängler y un Argenta. Y quien se crea que con tener en su casa la de Karajan de los sesenta, la de Solti o la de Joó (tres de las mas difundidas en el mercado), apañado anda.

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