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domingo, 23 de junio de 2024

Varios vídeos de Lorenzo Viotti: ¡atención a la Tercera de Mahler!

Mucho me temo que su calificación como "director de orquesta más sexi del planeta" (sic, leer aquí), su afición al deporte, su tendencia a lucir bíceps en las redes sociales y su trabajo extra haciendo publicidad de relojes y perfumes de lujo está mistificando de manera considerable la percepción de la auténtica valía musical de Lorenzo Viotti (Lausana, 1990), en este preciso momento dirigiendo a la Filarmónica de Viena en Granada. Lo mejor es dejarse de prejuicios y escuchar atentamente estos vídeos, aunque les aviso de un grave problema: todos ellos sufren de comprensión dinámica, particularmente un Ravel en el que hay que estar subiendo y bajando constantemente el volumen.

Vámonos a 2019. Vídeo en YouTube con la Sinfónica de Viena y Yuja Wang. Concierto para piano de Schumann en los atriles. Ya saben, la partitura que a casi nadie le sale realmente bien y con la que se han estrellado muchos de los grandes. Viotti concierta de manera irreprochable. La china toca increíblemente bien. Y entre ambos se establece una interesantísima competición: la de ver quién de los dos está más despistado. Él alterna trivialidad, cursilería y buenos detalles en una recreación tan pulcra como falta de unidad, mientras ella combina de manera no menos incomprensible nerviosismo, ligereza mal entendida, amaneramiento, detalles de gran sensibilidad y frases de enorme categoría. El tercer movimiento es el que sale mejor parado por parte de ambos. 

Saltamos a octubre de 2023, un concierto con Filarmónica de los Países Bajos también disponible de manera gratuita y legal en la red. Comenzó el programa con la Sinfonia da Requiem de Benjamin Britten. Interpretación sensacional: magníficamente trazada, expresiva y sincera, con su toque de elegancia británica, pero no dejando que este se imponga sobre los aspectos más dolientes de la página. Quizá la transición entre el segundo y tercer movimiento podía estar mejor resuelta, pero a la postre creo que el resultado solo cede ante el inolvidable Barbirolli (leer comparativa discográfica). 

Siguió el retorcido y fascinante Concierto para la mano izquierda de Ravel, muy exigente para los primeros atriles de la orquesta: lo hicieron muy bien, aunque se nota que la cuerda no es de primerísima. Lorenzo Viotti ofrece una interpretación particularmente  negra en la que destacaría en tratamiento de las texturas en el arranque y la agresividad con que plantea el "tema bélico". Faltan quizá un poco de voluptuosidad y sensualidad, por no decir de idioma raveliano, reproche que no se puede hacer a un Bertrand Chamayou que deslumbra por virtuosismo y sensibilidad en el toque. Su monumental cadenza la resuelve con mano –nunca mejor dicho– maestra. 

La segunda parte se abre con La tempestad de Tchaikovsky: la obra basada en Shakespeare, mucho ojo, no La tormenta, que es un poema sinfónico distinto. La tendencia a la dulzonería en el arranque de la escena de amor es el único reproche que se le puede poner a esta interpretación de muy buena planta, sólido trazo, excelente idioma y buena sensibilidad para colores y texturas. Ciertamente no llega al nivel de intensidad y de contrastes de las más grandes recreaciones, pero al director suizo se le nota muy cómodo en este repertorio. La orquesta, salvando algún ligero accidente al inicio, se comporta francamente bien dentro de un nivel "de segunda".

De La isla de los muertos de Rachmaninov ya hablé: una hermosa e interesante recreación que no logra convencer debido a que la lentitud considerable de la batuta no va acompañada de una adecuada progresión de las tensiones. Viotti arriesga, pero falla.

Terminamos pegando un salto atrás, al 29 de febrero de 2020 para concretar. Sustitución a última hora de Yannick Nézet-Séguin al frente de la Filarmónica de Berlín y en compañía de Elina Garança para hacer la Tercera sinfonía de Mahler. Sin rodeos: los tres primeros movimientos son los que más me gustan de todos cuantos he escuchado. Vale, ahí está Horenstein, pero con una orquesta inferior. Y tampoco me parece que Viotti se aleje de lo que hizo el director nacido en Kiev, ni en calidad ni en concepto. Es el suyo un Mahler "expresionista", incisivo y vibrante en la tímbrica, muy decidido en la arquitectura, desinteresado por preciosismos y lleno de fuerza expresiva firmemente controlada. Claro, con esos planteamientos el primer movimiento le sale sin problemas, pero lo que interesa es que cuando llegan las florecillas, los pajarillos y los otros animalitos logra borrar de un plumazo toda blandenguería contemplativa sin que por ello la música resulte sosa ni aburrida. Una auténtica maravilla, a la que no es precisamente ajena la musicalidad increíble de los primeros atriles berlineses: aplausos especiales para la trompa de postillón, bien escondida incluso para la cámara –un acierto no sacarla–.

Los otros tres movimientos son magníficos, "solo" eso: les falta sensualidad para alcanzar el mayor nivel posible. Por lo demás, lo tienen todo: concentración el lied –Albrecht Mayer ofrece los complicadísimos glissandi del oboe requeridos por Mahler–, sentido de lo inquietante el coro angelical –muy áspero su clímax, como debe ser– y gran intensidad emotiva el monumental Finale. La Garança, exquisita en el canto y musicalísima en la expresión; también un poquito distanciada. Sensacionales los coros. ¿Versión de referencia? Pues sí. Y si no me creen, suscríbanse a la Digital Concert Hall y escúchenla, aunque tampoco se hagan especiales ilusiones en lo que a la tecnología se refiere: aunque hay imagen 4K y sonido Dolby Atmos, también sufre un poco de compresión dinámica. Suban el volumen en el clímax final, por favor.

domingo, 26 de julio de 2020

Chamayou en Granada

El recital de ayer sábado 25 de julio de Bertrand Chamayou en el hermoso Patio de los mármoles del Hospital Real comenzó con La catedral sumergida. No me convenció. Y eso que el pianista francés hizo gala de unas virtudes extraordinarias: sonido leve en su punto justo y adecuadamente difuminado, es decir, ideal para este repertorio, matizadísima regulación de las dinámicas y absoluto virtuosismo digital. Pero resulta que por Granada andaban (¡menuda coincidencia!) los tres más grandes intérpretes de esta pieza que se conocen, unos tales Daniel Barenboim, Krystian Zimerman y Javier Perianes. Y uno hubiera deseado ver en el escenario, para esa página en concreto, a cualquiera de los tres. A Chamayou le faltaron tensión armónica, grandeza y carácter visionario. Los otros dos Preludios de Debussy estuvieron interpretados a pedir boca: al mismo tiempo sugerente y abstracta la Terrasse des Audiences du Clair de Lune, de increíble limpieza y perfecto control Feux d'artifice.


El resto del programa respondió exactamente a lo que le conocemos en disco, y por ende ya casi queda comentado en esta otra entrada. Miroirs de Ravel conoció una interpretación de altura, perfecta en el estilo y muy sensible, que alcanzó su punto de mayor interés en Una barca en el océano, sencillamente perfecta, y el más discutible en la Alborada del gracioso, rítmica y festiva a tope, pletórica de virtuosismo, pero pasando muy por encima de lo mucho que la pieza encierra de misterioso e inquietante.

El Liszt fue sencillamente soberbio, sensacional. El sonido del piano se fundió maravillosamente con el ruido de la fuente del patio para recrear los Juegos de agua en Villa d'Este. Mirando hacia donde hay que mirar, es decir, hacia el mundo impresionista: ¡qué visión de futuro tuvo el vejete Liszt! Venecia y Nápoles, una maravilla: hubo canto netamente italiano, sentido del balanceo, sensualidad, magia poética… También tensión, apasionamiento “romántico” y una perfecta planificación que le permitió terminar con una tarantela fulgurante y arrebatada sin merma de la claridad y alejada de cualquier efectismo.

La preciosa Wiegenlied S. 198 de Liszt fue la ensoñada propina en esta velada no redonda, pero sí hermosísima y llena de sugerencias. Acierto pleno haber contado con Chamayou para el festival.


PS. La fotografía la he tomado del Facebook oficial del Festival y tiene copyright de Fernando Daniel Fernández Álvarez. Espero no haber inflingido ninguna norma.

jueves, 23 de julio de 2020

Chamayou hace Ravel y Liszt

La nómina de grandes pianistas congregados para la actual edición del Festival de Granada es impresionante, de Sokolov a Barenboim pasando por Perianes, Zimerman, Leonskaja y Levit, pero creo que se está relegando una de las citas más atractivas: la de Bertrand Chamayou el sábado 25 en el Hospital Real. Que se ponga al mismo tiempo un concierto de la Sinfónica de Galicia en el Carlos V me parece incomprensible, porque el programa seleccionado por el pianista francés es una verdadera maravilla. Y también porque la manera en que este lo aborda llega con garantías: se lo conocemos en disco.


Bueno, a decir verdad no ha grabado los tres preludios de Debussy con que ha de comenzar. Pero sí Miroirs de Maurice Ravel, que registró para Erato en 2015. Haciendo gala de un toque ágil, sensible y variado, leve en su punto justo y sutil en las gradaciones dinámicas, aunque no tanta imaginación a la hora de frasear, el Chamayou ofrece recreaciones de irreprochable idioma que saben alcanzar un interesante punto de encuentro entre estatismo y vitalidad, entre magia poética y tensión dramática. De esta manera, recrea Noctuelles con vivacidad e incluso agitación, ya que no especial poesía: arriba tienen el vídeo para comprobarlo. Algo parecido a lo que ocurre con los Oiseaux. Lo mejor llega con Une barque sur l'océan, una recreación intensa y bien coloreada, agitada sin caer en el nerviosismo y evitando todo amaneramiento contemplativo.


Mucho menos me interesa la Alborada del gracioso, como ya expliqué por aquí: ante todo festiva e impetuosa, por momentos precipitada, desinteresándose el artista por los aspectos más sensuales y misteriosos de esta música, y no siempre dejándola respirar como es debido. La vallée des cloches conoce una lectura hermosa y sentida, aunque sin nada en particular que la haga sobresalir.


Los prodigios llegarán seguramente en la segunda parte, dedicada toda ella a Franz Liszt y sus Años de peregrinaje. Aquí mismo dije que su grabación de los diferentes cuadernos iba de menos a más. Pues bien, en Granada va a hacer algunas de las páginas que mejor le salen. Es el caso de los Juegos de agua en Villa d'Este: Chamayou se muestra sutilísimo en el toque, ligero en su punto justo, capaz de ofrecer maravillosas veladuras y cuidadoso en extremo a la hora de planificar las dinámicas. Algo parecido ocurre con Venecia y Nápoles. La primera gondolera está maravillosamente recreada, puro balanceo. La segunda ofrece apasionamiento “romántico” muy bien controlado y valientes acordes en la mano izquierda, mientras que en la tarantela alcanza el perfecto equilibrio entre la ligereza más bulliciosa, por momentos adecuadamente frenética, y el más apasionado canto italiano.

Aún quedan entradas. Si usted está en Granada y no le tiene especial miedo al coronavirus (¡qué mal se está poniendo la cosa!), no se lo piense dos veces. Yo espero estar allí.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...