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domingo, 30 de agosto de 2026

Sinfonía nº 1, “clásica”, de Prokofiev: discografía comparada

ACTUALIZACIÓN 30.VIII.2026

La entrada original es del 4 de agosto de 2013. Añado siete interpretaciones y reformo el texto de alguna ya comentada que he vuelto a escuchar.

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La Sinfonía Clásica de Prokofiev no necesita presentación alguna, pero conviene recordar un dato: cuando la compuso entre 1916 y 1917, es decir, a los veintiséis años de edad, el artista tenía ya algunas obras de importancia en su catálogo, como la Suite Escita, y por las mismas fechas escribe otra obra de no menor inspiración, el Concierto para violín nº 1, del que ya presenté su correspondiente discografía comparada.

También es necesario advertir que esta Primera Sinfonía resulta particularmente difícil de interpretar. Por un lado, hay que hacerlo con toda la depuración sonora, elegancia y equilibrio que precisa el repertorio propiamente clásico al que el título y las intenciones hacen alusión. Por otro, es necesario capturar el espíritu propio de Prokofiev, esto es, su particular sentido del humor y, no menos importante, su latente lirismo melancólico. Quedarse en el simple juego estético neoclasicista resulta por ello tan equivocado como acentuar los aspectos trepidantes más de cara a la galería, que es la trampa en la que caen unos cuantos maestros en busca del aplauso fácil. Por no hablar de los muchos que frasean con rigidez, de modo cuadriculado y sin encanto ninguno. A mi entender, son muy pocos los directores que aciertan plenamente en esta obra y sacan a la luz la enorme genialidad de su inspiración. A mi entender, solo dos: Giulini y Celibidache.

Antes de pasar a la comparativa –conviene recordar que eso de puntuar del uno al diez resulta tan pueril como injusto en un terreno como el de la crítica estética, pero sirve para aclarar las ideas–, interesa puntualizar un detalle que se aprecia en numerosos registros: los ingenieros de sonido tienden a excederse con la reberberación, quizá por un equivocado deseo de "hinchar" sinfónicamente una partitura que en realidad está pensada para una orquesta de tamaño mediano.

Son sus movimientos:
  1. Allegro
  2. Larghetto
  3. Gavotta: Non troppo allegro
  4. Finale: Molto vivace




1. Koussevitzky/Sinfónica de Boston (RCA, 1947). Que la orquesta norteamericana alcanzó un gran nivel con el mítico director ruso queda fuera de toda duda: parece mentira que –en general– sea capaz de seguir sus tempi desquiciados en esta, digámoslo abiertamente, precipitada y nada elegante interpretación que resulta deleznable en los dos primeros movimientos, mecánicos, machacones y muy insensibles. Los otros dos, siempre dentro de una línea trepidante ante todo, alcanzan un más digno nivel. (4) 
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Celibidache Berlin

2. Celibidache/Filarmónica de Berlín (EMI, 1948). Resulta pasmoso que con tan solo treinta y cinco años, y al frente de la orquesta cuyo podio compartía entonces nada menos que con Furtwängler –estamos en las fechas de la gira juntos, aunque oficialmente el titular era el rumano–, Celi fuera capaz de acertar plenamente no solo en el estilo sino también en el contenido expresivo de la obra, derrochando encanto, vuelo lírico –lentísimo el Larghetto–, carácter espiritoso y un enorme sentido del humor sin caer en ninguna de las trampas interpretativas que acechan en la partitura, y todo ello además haciendo gala de una encomiable claridad. Muchos años más tarde el maestro ofrecerá una dosis aún mayor de refinamiento e imaginación, limando además algunos “excesos juveniles” evidentes en el primer movimiento, pero esta interpretación es ya formidable. Lástima que se encuentre descatalogada. (9)
 
 

3. Toscanini/Sinfónica de la NBC (audio YouTube, 1951). Este registro en vivo, colgado en la red por algún aficionado, es complementario del realizado poco antes en estudio por los mismos intérpretes. Independientemente de la mediocre calidad de la orquesta y de los evidentes desajustes, el maestro italiano dirige con insensibilidad y machaconería, aprisa y corriendo, con escasa elegancia y ninguna cantabilidad. Solo su olfato para la ironía agria y un bien trazado cuarto movimiento redimen parcialmente este cúmulo de horrores. (5)



4. Markevitch/Philharmonia (Testament, 1951-52). Interpretación muy vitalista y espiritosa, poco dada a la evocación melancólica, pero en cualquier caso sin precipitarse y desde luego muy alejada de lo pimpante o trivial. Lo más discutible es el Larghetto, incisivo y anguloso en los pizzicatti y el tratamiento de las maderas, pero no muy emotivo. Sensacional el Finale. A veces se echa de menos claridad en las maderas, quizá por la grabación, realizada originalmente por EMI. (8)

 
 

5. Fricsay/RIAS de Berlín (DG, 1954). Buen enfoque, entusiasta y con sentido del humor, sin precipitaciones y con un apreciable vuelo lírico en el segundo movimiento, para una realización un tanto tosca, sin mucha claridad y algo chapucera por parte de la orquesta. El final es un tanto bruto. Prescindible. (7)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Malko

6. Malko/Orquesta Philharmonia (EMI, 1955). Notable interpretación de trazo sólido y seguro, ajena a los devaneos sonoros, clara en los planos y muy centrada en lo expresivo, a la que le faltan compromiso e inspiración para alcanzar el equilibrio entre lirismo e ironía que la obra necesita: no se comprende que algunos críticos la hayan considerado de referencia. Muy bien la orquesta, pese a algún desajuste. Sonido estéreo espléndido para la época. (8)


Prokofiev Sinfonía Clásica Ancerl

7. Ancerl/Filarmónica Checa (Supraphon, 1956). Conviene revisar las mitificadas interpretaciones del maestro checo: aquí aborda la obra con evidente energía, sano desenfado y apropiada efervescencia pero su pulso es tan precipitado, su planificación tan pobre, su cantabilidad tan escasa y su elegancia tan inexistente que el resultado es muy mediocre. La orquesta no ayuda precisamente. La reverberación de la toma parece añadida por la muy discutible remasterización del original estereofónico. (5)



Prokofiev Sinfonía Clásica Kurtz

8. Kurtz/Philarmonia (EMI, 1957). La falta de matices por parte de la batuta es evidente, echándose de menos una buena dosis de imaginación para ofrecer la chispa, el sarcasmo y el lirismo necesarios, pero la seriedad del maestro ruso, su buena planificación, su entusiasmo y su rechazo al devaneo sonoro le hacen, junto a la excelencia de la orquesta, ganar la partida. (7)
 
 
Prokofiev Sinfonías Rozhdestvensky

9. Rozhdestvensky/Gran Orquesta Sinfónica de la RTV de la URSS (Melodiya, 1966). El primer movimiento resulta un verdadero horror, pero no porque el maestro, tantas veces admirable en este repertorio, quiera ver la obra desde el punto de vista del Prokofiev más aristado y agresivo, sino por basto, machacón y precipitado. El segundo y el tercero, algo sosos, se muestran mucho más centrados en lo expresivo y están bien dichos. El cuarto vuelve a ser una locomotora sin frenos, aunque aquí la vitalidad y el buen dominio del lenguaje que muestra Rozhdestvensky son un tanto a su favor. El sonido es deficiente: quizá pudiera mejorar con un nuevo reprocesado. (5)

 
Prokofiev Sinfonía Clásica Bernstein

10. Bernstein/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1968). Al frente de una orquesta no muy allá pero haciendo gala de su proverbial comunicatividad y entusiasmo, el maestro norteamericano ofrece una recreación que engancha desde el primer momento por extravertida, animada y espontánea, dotada además de un risueño –más que sarcástico– sentido del humor. Es problema es que pero también resulta algo tosca, poco elegante, escasamente lírica y desde luego no muy “clásica”. (8)
 

Prokofiev Sinfonía Clásica Svetlanov

11. Svetlanov/Sinfónica del Estado de la URSS (BBC Legends, 1968). Nada en especial aporta esta toma en vivo, por cierto demasiado precaria como para enjuiciar correctamente el equilibrio de planos sonoros en un primer movimiento que, por lo demás, parece muy bien llevado. El segundo, correctísimo y un tanto insulso. En el tercero sobresalen el tratamiento sarcástico de la madera y algunos rubati de interés. Desdichadamente los aciertos parciales de esta interpretación se echan a perder en el cuarto, rapidísimo e insensible. (6)
 
  

12. Abbado/Sinfónica de Londres (Decca, 1969). A sus treinta y seis años lleno de talento y demostrando unas tremendas ganas de hacer música, Abbado defrauda de manera considerable en un primer movimiento tan vitalista y entusiasta como cuadriculado y poco elegante, por no decir machacón, amén de poco interesado por desmenuzar la partitura. Mucho mejor el segundo, paladeado con adecuada cantabilidad y dicho sin prisas, y sin duda espléndido el tercero, con unas maderas filigrana pura que destilan toda la ironía que la música necesita. Al cuarto, magníficamente expuesto, le faltan vitalidad y atención a sus posibilidades expresivas, pero es de agradecer que el maestro no caiga en el atropellamiento y el efectismo de su posterior registro para DG. (7)


13. Masur/Filarmónica de Dresde (Berlin Classics, 1969?). Un desastre el primer movimiento: precipitado, insensible, carente por completo de elegancia, y expuesto con una vulgaridad talo que las maderas ni se oyen. Sí lo hacen en un segundo que, aun lejos de destilar poesía, al menos posee un muy adecuado toque de picardía. Muy bien el tercero, y muy correctamente planteado y expuesto el último. La toma se ha conservado mejor de lo esperable. (6)



14. Martinon/Nacional de la ORTF (Vox, 1971). No está claro si el maestro falla al entender a Prokofiev como un compositor eminentemente trepidante o al interpretar el clasicismo con excesivo hincapié en lo frívolo, lo grácil y lo risueño, pero lo cierto es que esta interpretación, no muy bien tocada y un tanto confusa, esto último en buena medida debido a la reverberante acústica de la sala, resulta tan vistosa como en exceso extravertida y tópica, cuando no –terrible el primer movimiento– precipitada, insensible y machacona. (5)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Ormandy

15. Ormandy/Orquesta de Philadelphia (RCA, 1972). Una pena desperdiciar tan soberbia orquesta en una interpretación de concepto frívolo y pimpante, dicha además con demasiadas prisas, no mucho encanto y escasa atención al matiz expresivo. Solo se salva el último movimiento, muy animado y pletórico de virtuosismo. La toma sonora tampoco es muy allá. (6)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Marriner

16. Marriner/Academy of Stm Martin in The Fields (Decca, 1972?). Queda claro que Sir Neville y sus chicos interpretan el neoclasicismo de Prokofiev igual que lo hacen con el clasicismo propiamente dicho, es decir, de manera aérea, distendida y luminosa, fraseando con ligereza, agilidad e incuestionable naturalidad, aportando además esa distinción típicamente británica, pero pasando por completo de largo ante todo lo que sean claroscuros expresivos. A veces, incluso (¡qué Gavotta más rutinaria!) de los matices propiamente dichos. El resultado es una interpretación tan placentera como inofensiva. La toma de sonido, distorsionada y un tanto reverberante, no está a la altura. (7)
 
 


17. Weller/Sinfónica de Londres (Decca, 1974). No hay en esta algo primaria y un tanto deslavazada realización particular elegancia, ni encanto, ni refinamiento, ni poesía ni sentido del humor, pero al menos está realizada con ganas –muy bien el primer movimiento, algo alicaído el segundo–, es comunicativa y se escucha con placer. En la integral de Weller hay cosas bastante peores.  (7)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Ashkenazy

18. Ashkenazy/ Sinfónica de Londres (Decca, 1974). Solo un mes más tarde de su grabación con Weller, la London Symphony repite la obra para el mismo sello y en la misma sala de grabación, el desaparecido Kingsway Hall, pero los resultados tampoco son para tirar cohetes: primer movimiento precipitado y de trazo muy grueso –apenas se escuchan las maderas–, segundo más lento e igual de alicaído que antes, tercero sin apenas encanto y cuarto, menos mal, animado y trepidante sin desatender la claridad. (7)



19. Celibidache/Orquesta de la Suiza Italiana (YouTube, 1975). Impagable testimonio, en color pero con importantes limitaciones en el audio, de un Celibidache demostrando a los sesenta y tres años ser capaz de sacar petróleo de una orquesta muy medianita para bordar una recreación que mejora la antigua suya en Berlín y anuncia la por completo genial de la Filarmónica de Múnich. Curiosamente, aquella estará expuesta con mayor finura y sensualidad, pero hay algún detalle excepcional aquí que no se repetirá. Quien quiera tener clara la diferencia entre tocar e interpretar, que vea este vídeo: se puede tocar bastante mejor, pero difícilmente interpretar la partitura con más estilo, mejor mezcla de elegancia, picardía y salero o mayor número de ideas lúcidas –que no caprichos– en torno a la agógica y la dinámica al servicio de una partitura en la que se cree firmemente. (9)



20. Giulini/Sinfónica de Chicago (DG, 1976). Ante todo, y pese a que los violines en algún pasaje no suenan con el portentoso empaste en ellos habitual, es esta una interpretación tocada de maravilla por una orquesta cuyos solistas, además, son extremadamente musicales; y es una interpretación dirigida con una asombrosa claridad, realmente inigualada en toda la historia del disco, haciendo Giulini se escuchen con singular nitidez todas y cada una de las líneas instrumentales, siempre con gran atención a las voces intermedias y logrando un perfecto equilibrio polifónico. Ahora bien, lo más importante es que a todo esto se añade que el maestro italiano logra ofrecer una versión muy “clásica” (sobria, equilibrada, elegante, ajena al efectismo, sin pathos excesivo y alejada del arrebato) que saca todo lo que la partitura tiene de lirismo y de evocación, pero presentando al mismo tiempo todo el trasfondo de ironía y mala leche que alberga la partitura, siempre dentro –no podía ser de otra forma tratándose de Giulini– de un humanismo que rechaza el excesivo sarcasmo. El único reparo, muy relativo, es que el segundo movimiento, llevado con más rapidez de la esperada después de un primero en el que las cosas se toman con calma, no ofrece toda la elevación poética que conseguirá más tarde un Celibidache. La toma sonora, como todo lo que grabó DG en Chicago por aquellas fechas, es soberbia. Versión de referencia. (10) 
 


21. Kosler/Filarmónica Checa (Supraphon, 1976). Artesanía de primera la de un Zdenek Kosler que acierta en la expresión, evita toda vulgaridad y trabaja con pinceles finos alcanzando un acertado punto de equilibrio expresivo entre las diferentes facetas de la partitura. A destacar el trabajo con el entramado interno de las maderas en los movimientos extremos, realmente notables. Antes irónico que efusivo el Larghetto, correcta sin más la Gavotta. La toma de sonido es muy poquita cosa. (7)



22. Previn/Sinfónica de Londres (EMI, 1977). De las realizadas con la Sinfónica de Londres en los años setenta esta lectura, bajo la dirección de su titular, es con diferencia la mejor. Lo es por el evidente entusiasmo de Previn, su riqueza expresiva y su perfecto idioma, sino también por el acierto a la hora de equilibrar jovialidad, elegancia e ironía en su punto justo. Es eso lo que significa la objetividad que asociamos con su batuta: atender a todo lo que está ahí sin voluntad de poner unos aspectos por encima de otros ni de ofrecer una mirada personal. Ortodoxia en estado puro, para lo bueno y para lo menos bueno. Por lo demás, hay que descubrirse ante una técnica que le permite desarrollar una arquitectura de pulso perfecto: rara vez hay en él languideces o precipitaciones, y en esta obra tan peliaguda en ese sentido tampoco se da el caso. Qué decir, finalmente, de su capacidad para aclarar las texturas sin que el resultado parezca presidido por el análisis: el cuarto movimiento es una maravilla en este sentido. El viejo reprocesado de 1986 que circula por nuestros lares deja mucho que desear: bastante mejor el del SACD. Intente encontrarlo por en aguas sarracenas. (9)
 
 

23. Solti/Sinfónica de Chicago (Blu-Ray Cmajor, 1977). Posterior solo año y medio a la descomunal recreación de Giulini con la misma orquesta, resulta asombroso el modo en que la formación norteamericana es capaz de poner su enorme virtuosismo –increíbles las maderas– al servicio de una lectura no ya muy distinta sino conceptualmente opuesta, aunque no menos defendible en su planteamiento que la anterior: frente a la cantabilidad, el humanismo, la sensualidad y el humor más bien soterrado del italiano, la extroversión, la incisividad, la picardía, la inmediatez y la frescura irresistibles del maestro húngaro, quien tampoco se queda precisamente corto a la hora construir el edificio de tensiones y de clarificar texturas al tiempo que sabe ser elegante a su manera, esto es, sin abandonar la virilidad y el carácter decidido que le caracterizan. Falta, eso sí, un sabor más evidente a Prokofiev, así como una dosis mayor de creatividad y compromiso expresivo, sobre todo en los movimientos centrales. (9)

 

24. Maazel/Nacional de Francia (Sony, 1981). Interpretación vitalista y luminosa, dicha con la incisividad apropiada y con una buena dosis de sal y pimienta que resulta muy bienvenida, sobre todo en el último movimiento, pero no del todo clara ni elegante, además de escasa en sensualidad y vuelo lírico en el segundo movimiento. La orquesta evidencia algunas limitaciones. (7)



25. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1981). El maestro salzburgués cae en las dos grandes trampas que acechan a esta interpretación: tener delante a la Filarmónica de Berlín y llamarse Herbert von Karajan. La primera le lleva a recrearse en una cuerda musculosa y de superficie muy pulida para olvidarse del entramado de las maderas. La segunda, a adoptar un enfoque frívolo, hedonista, por momentos pimpante y hasta con detalles de coquetería fuera de tiesto, amén que muy ajeno al sentido del humor propio de Prokofiev. El resultado es trivial y aburrido. La toma sonora podría ser mejor. (6)
 
 

26. Abbado/Orquesta de Cámara de Europa (YouTube, 1981). Las deficiencias sonoras de este vídeo son tan graves que solo se puede recomendar a quienes estamos interesados en conocer la evolución de un Claudio Abbado que aquí a principios de los ochenta se encontraba justo en el cénit de inspiración dentro de su “primer estilo” y todavía apenas evidenciaba el gran cambio a peor. En cualquier caso, parece claro que el maestro nunca terminó de sintonizar con esta obra: la interpretación se encuentra a medio camino entre la antigua suya para Decca de 1969 y la que hará con esta misma formidable orquesta de jóvenes para DG en 1986, posiblemente sea un poco mejor que esas dos, porque se liman algunos errores de la primera y no se llega a la trivialidad de la última, pero las desigualdades están ahí. Hay nervio, incisividad y desparpajo, incluyendo –maderas de la Gavota– su punto de picardía; también precipitación y más de un exceso en los timbales. Lo dicho, solo para quienes quieran profundizar en el arte del maestro milanés. (8)

 
Prokofiev Sinfonía Clásica Solti Decca

27. Solti/Sinfónica de Chicago (Decca, 1982). Una toma sonora extraña, en absoluto a la altura de lo que hacía Decca en estas fechas, perjudica seriamente a una de las menos afortunadas interpretaciones de Solti en los albores del sonido digital. Su primer movimiento resulta precipitado, vulgar y sin gracia ninguna. Segundo tan correcto como insulso. Tercero bien llevado, sin resultar particularmente irónico. Cuarto espléndido, ágil y con desparpajo, con una orquesta y una batuta que exhiben todo su virtuosismo: demasiado tarde. Muy preferible su filmación de 1977. (7)
 
 
Prokofiev Sinfonías Jarvi

28. Neeme Jarvi/Nacional Escocesa (Chandos, 1985?). No es precisamente el estonio un director fino, cosa que aquí queda bien clara en el grosero clímax del Larghetto y en la no muy depurada disección del entramado orquestal –la reverberante toma tampoco ayuda–, pero su entusiasmo se hace evidente en esta interpretación luminosa y extrovertida, que no naif, ni pimpante ni atropellada, como le suele ocurrir a otros directores, sino con una buena dosis de sal y pimienta, es decir, de esa picardía y sentido irónico tan adecuados en esta partitura. (8) 
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Previn Los Angeles

29. Previn /Filarmónica de Los Ángeles (Philips, 1986). Lógicamente mejor grabada que su recreación con la London Symphony, esta nueva grabación de Previn vuelve a dar en la diana en lo que a transparencia e idioma se refiere, ganando quizá ahora un punto de agilidad pero pinchando en el segundo movimiento, cuya sección central resulta en exceso rápida y está tratada de modo pimpante. (8)

 
Prokofiev Sinfonía Clásica Abbado DG

30. Abbado/Orquesta de Cámara de Europa (DG, 1986). Aunque la cosa ya se venía venir en su filmación cinco años anterior con esta orquesta, aquí quedan más en evidencia esas nuevas maneras con que el milanés empieza a entender la música en general y el clasicismo en particular: una mezcla de coquetería, refinamiento mal entendido y levedad sonora que se harán presente en sus tristes años de madurez. El primer movimiento le sale mejor que en su antigia versión de Londres, ganando en elegancia y picardía al tiempo que pierde la molestia contundencia de la ocasión anterior; eso sí, sobra el efectismo de los timbalazos, más aún habida cuenta de la reverberante acústica de la Konzerthaus. El segundo está ahora dicho con prisas (3’46’’) y tiende a esas maneras aéreas y frívolas antes referidas. Muy animado y con buenos detalles, pero en exceso pimpante el tercero: de nuevo salimos perdiendo. Y muy de cara a la galería el cuarto, convertido en una vertiginosa carrera para que la orquesta haga gala de virtuosismo y entusiasmo sin detenerse a paladear la música como es debido, ni a analizarla ni a mezclar la mucha electricidad desplegada con elegancia ni cn verdadero espíritu clásico. Pura fachada de un Abbado que, decididamente, ha iniciado su declive artístico.  (7)



31. Rostropovich (Erato, 1986-87). Interesado como siempre en la vertiente más lírica y humana del compositor, Rostropovich ralentiza los tempi, sustituye la luminosidad por el pathos y pone de relieve la cantabilidad melódica de la partitura con un fraseo muy natural, amplio y elegante, que se aleja del carácter trepidante de otros directores para aportar un toque de serenidad y carácter contemplativo, un punto otoñal quizá, y un tanto melancólico en un Larghetto lentísimo y algo pesante. La Gavota está llena de encanto, y el Finale está dicho con fluidez sin precipitarse lo más mínimo. Falta, en cualquier caso, una arquitectura más aquilatada en el primer movimiento, y en general da la sensación de que se necesita un grado mayor de depuración sonora, lo que en parte puede deberse a una orquesta que no es de primera, como también a una toma de reverberación excesiva. Con todo, se escuchan algunos detalles inhabituales, como las pinceladas de la trompeta en el segundo movimiento. (8)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Orpheus

32. Orpheus Chamber Orchestra (DG, 1987). Lejos del pathos que van a exhibir un Rostropovich o un Ozawa, pero sin caer tampoco en la tentación de lo frívolo o lo pimpante, los Orpheus ofrecen una interpretación obviamente de sonoridad camerística, dicha con tempi rápidos pero sin la menor precipitación, increíblemente bien tocada y de una claridad pasmosa, que en lo expresivo resulta ágil, luminosa y radiante de entusiasmo, risueña antes que irónica –Gavotta–, poética cuando debe y siempre de un enorme encanto. Por si fuera poco, la toma sonora es fabulosa. (9)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Kitajenko Melodiya

33. Kitajenko/Filarmónico-Sinfónica de Moscú (Melodiya, 1987). Un primer movimiento precipitado, vulgar y sin el menor encanto hace presagiar lo peor. Por fortuna el Larghetto se encuentra notablemente paladeado, la Gavotta está muy bien planteada –irreprochable el tratamiento de las maderas– y el Finale se desarrolla con enorme corrección. Lo que es imperdonable es que la toma, presuntamente digital, ponga a las maderas en primer plano para relegar a la cuerda, sea en exceso reverberante y presente una molesta distorsión tímbrica. Cuesta trabajo escucharla. (6) 
 
 

34. Celibidache/Filarmónica de Múnich (Blu-ray Euroarts, febrero 1988). Sin alcanzar el grado de perfección técnica, limpieza, distinción y sentido de lo apolíneo del registro de Giulini con la Sinfónica de Chicago, Celibidache ofrece en esta filmación “de estudio”, sin público, acompañada de unos maravillosos ensayos en los que el maestro rumano despliega todo su histrionismo facial, una recreación antológica en la que, además de desmenuzar de maravilla todo el entramado orquestal y desplegar el riquísimo sentido del color que en él es habitual, se ponen de relieve como nunca los aspectos más irónicos y socarrones de la obra –portentoso el tratamiento de las maderas– ofreciendo mucha retranca, pero sin excederse en la acidez y sin merma alguna de la elegancia consustancial a la obra ni del vuelo poético que debe alcanzar –y aquí lo hace como pocas veces– el segundo movimiento. La lentitud de los tempi no debe echar atrás para nadie, porque la arquitectura está delineada sin fisuras. A destacar, por añadir algo entre tantas maravillas, los prodigiosos rubati en la Gavotta y la alucinante manera en la que esta se va acercando a la conclusión. Solo una pega: en los clímax del primer movimiento no se escucha del todo bien el entramado de las maderas. El sonido es un estéreo de buena calidad. (10)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Celibidache EMI

35. Celibidache/Filarmónica de Múnich (EMI, 26 de marzo de 1988). Repetición de la jugada, esta vez en vivo. Al ser solo audio, se pierde uno el espectáculo de ver a Celi dirigiendo. En cualquier caso, excepcional. (10)



36. Karajan/Filarmónica de Berlín (Blu-ray Sony/CMajor, Digital Concert Hall y Stage +, 1988). Justo antes de deslumbrar junto a Kissin en el Primero de Tchaikovsky, Karajan ofreció la noche de fin de año una interpretación animada y con empuje, pero no muy clara, algo espesa y amazacotada, con un segundo movimiento frívolo y pimpante. En cualquier caso, mejor que su registro de estudio. (7) 
 


37. Ozawa/Filarmónica de Berlín (DG, 1989). Tal vez influido por su amigo Rostropovich, el director oriental ofrece una lectura singular y muy discutible, pero no poco fascinante, en la que sirviéndose de una orquesta grande de robusta cuerda grave, valiéndose de unos tempi francamente lentos sin que el pulso se le venga abajo y haciendo gala del desarrollado sentido del color, la enorme elegancia y esa peculiar sensualidad digamos “oriental” que caracterizan su batuta, se pone de relieve la vertiente más lírica y melancólica de esta música, como si se quisiera tender un puente hacia la última sinfonía del autor. No hay aquí, por tanto, nada de la espontaneidad, del descaro y del carácter trepidante que normalmente asociamos a esta obra, pero la lectura resulta coherente y está maravillosamente realizada: pocas veces se habrá escuchado tan bien tocada por parte de una orquesta y tan admirablemente desmenuzada por parte de un director. (9)

 
Prokofiev Sinfonía Clásica Zedda

38. Zedda/Orquesta de Cámara de Lausana (Virgin, 1989). Han adivinado: el referente de esta interpretación es Rossini. Y lo es para bien, sobre todo en un primer movimiento ágil y espiritoso en el buen sentido, chispeante pero no superficial, en el que además el maestro italiano se permite prestar atención a las líneas de la trompeta que generalmente pasan desapercibidas. La inclinación lírica también se percibe en un Larghetto cantado con delectación, aunque de pulso irregular. Muy bien salpimentada la Gavotta y algo falta de electricidad pero en absoluto precipitado (¡menos mal!) el Finale, elegante y maravillosamente desmenuzado. En conjunto, una interpretación en la línea de Giulini, sin llegar a su excelsa altura. (9)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Barshai

39. Barshai/Philharmonia (Collins-Alto, 1989). Al frente de una orquesta no en su mejor momento recogida por una toma de volumen bajísimo y un punto difusa, el mítico Barshai ofrece una recreación irreprochable en el estilo, con todo en su sitio, dicha con cierta convicción y buen gusto, pero no del todo clara, no muy bien tensada y, globalmente, un tanto sosa e inexpresiva. Prescindible. (7)
  


40. Muti/Orquesta de Philadelphia (Philips, 1990). Interpretación muy briosa e irónica que solo flaquea por el primer movimiento, basto y algo precipitado. También es verdad que el tercero podía tener más sentido del humor. Pero el Larghetto está lleno de poesía y el Finale resulta verdaderamente sensacional, en parte gracias a unas maderas deslumbrantes. En realidad, toda la orquesta está para quitarse el sombrero, independientemente de que resulte demasiado grande. (9)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Tilson Thomas

41. Tilson Thomas/ Sinfónica de Londres (Sony, 1991). Aunque se trata de una lectura más idiomática que la media, sobre todo por el tratamiento de las maderas, lo cierto es que el maestro norteamericano navega con el piloto automático puesto y apenas el buen trazo del primer movimiento y algún logrado rubato en la Gavotta logran hacernos despertar en medio de la rutina y la indiferencia expresiva que terminan imponiéndose. La toma sonora es algo turbia. (6)


 Prokofiev Sinfonía Clásica Levine

42. Levine/Sinfónica de Chicago (DG, 1992). Con una batuta tan pedestre como la de Levine se podía temer lo peor, pero lo cierto es que el mal gusto del maestro solo se evidencia en un primer movimiento sin duda vitalista y con espléndido sentido del humor, pero también precipitado, machacón y carente de toda elegancia. El resto, sorprendentemente, está dicho con excelente línea, buen gusto y un espléndido equilibrio entre frescura y control, a lo que no es ajeno el enorme virtuosismo de una Sinfónica de Chicago en el mejor momento de su trayectoria. De hecho, a la postre es una interpretación superior a la que su titular Sir Georg Solti grabó con ella en estudio para Decca diez años atrás. La toma de sonido, también de manera inesperada, es igualmente mucho más satisfactoria. (8)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Simonov

43. Simonov/Royal Philharmonic Orchestra (RPO, 1996). El maestro ruso parece querer enfrentarse con la tradición de lo trepidante y, tomándose las cosas con calma, desarrolla una interpretación equilibrada, elegante y cuidadosa, ágil más no pimpante, y desde luego antes lírica que irónica, aunque paradójicamente funciona mejor en los movimientos extremos que en los centrales, algo desvaídos. Los ingenieros de sonido hicieron un buen trabajo, aunque con el defecto tan habitual en esta obra: excederse en la reverberación. (7)
 
 
  CD-Muti-Wiener Mozart 40 Prokofiev Schubert

44. Muti/Filarmónica de Viena (VPO, 2000). Globalmente esta lectura es algo superior a la del propio Muti en Philips, pues aunque la orquesta vienesa no tiene la perfección de la de Filadelfia, e incluso muestra unos violines no siempre empastados, tiene unas dimensiones y una sonoridad mucho más adecuadas para esta obra: menos robusta y más transparente. El primer movimiento está mejor dirigido, resultando menos precipitado y conservando su mismo sentido del humor, aunque no vendría mal una mayor atención a la polifonía de las maderas. El segundo es quizá un punto menos poético. Al tercero sigue pudiéndosele sacar más partido, y el cuarto vuelve a ser admirable. (8) 
 
 
 

45. Gergiev/ Filarmónica de Viena (DVD TDK, 2000). Al poco de interpretar la partitura con Muti, la orquesta vienesa sigue mostrándose espléndida para esta partitura, pero la dirección de Gergiev, sin duda encendida y dotada de un acertado sentido del humor, resulta gruesa y vulgar en comparación con la del napolitano. Su Allegro inicial está bien, sin ser precisamente refinado; el Larghetto resulta más nervioso de la cuenta, en absoluto elegante y muy basto en el clímax; la Gavotta funciona sin problemas, con unas maderas que suenan con la incisividad y carnosidad apropiadas para el autor; en el Finale Gergiev se aprovecha del virtuosismo de los vieneses y se echa a correr sin preocuparse de matices y otras zarandajas. La toma sonora no es todo lo buena que podría haber sido, aunque al menos ofrece surround auténtico por los canales traseros. (6)



46. Gergiev/Sinfónica de Londres (Philips, 2004). De nuevo Gergiev ofrece una versión muy encendida y animada, con mucho sentido del humor y de adecuado remanso lírico en el segundo movimiento, pero también de trazo grueso y un punto vulgar. Lo peor es el último movimiento, algo atropellado. Los ingenieros de sonido tampoco estuvieron finos. (6)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Rabinovitch_Barakovsky

47. Alexandre Rabinovitch-Barakovsky/Orquesta Sinfónica de Flandes (DVD Arthaus, 2005). Como telonera de uno de esos espectáculos Argerich and Friends, en este caso en el Festival de La Roque d’Anthéron, se ofreció una Sinfonía Clásica precipitada, convulsa, descuadrada, histérica incluso, con caprichos innecesarios en la Gavotta, a cargo de un director muy del gusto de la pianista y de una orquesta normalita incapaz de seguir las velocidades impuestas por la batuta. Solo se salva el segundo movimiento. El resto, un horror. (4)

 

48. Kitajenko/Gürzenich-Orchester Köln (Capriccio, 2005-07). El maestro ruso, ya veterano, se saca la espina de su lectura para Melodiya con esta otra recreación no solo muchísimo mejor grabada –suena de escándalo–, sino también considerablemente mejor planteada. Aquí el primer movimiento, ya sin precipitaciones, esquiva toda vulgaridad y ofrece toda la elegancia, la finura bien entendida y el equilibrio clásico que demanda. El resto es francamente notable, por el buen dominio del idioma, lo acertado del planteamiento expresivo y la excelente factura con la que este se encuentra plasmado en lo sonoro, agradeciéndose especialmente la buena disección del entramado orquestal y la cantabilidad del fraseo, sobre todo en un Larghetto que se deja de trivialidades para explorar el lado más melancólico de esta música. Solo falta una vuelta de tuerca más tanto en el manejo de las tensiones como en la sal y la pimienta para alcanzar la excepcionalidad: a la postre, esta lectura resulta un punto sosa. (8)



49. Gergiev/Orquesta del Mariinsky (Stage+, 2012). Otra vez Gergiev, ahora más personal que en anteriores ocasiones, pero sin salir de la mediocridad. El primer movimiento lo plantea con agógica caprichosa, la tensión se viene abajo y adorna el asunto con gangosos portamentos. En el segundo, dirigido con corrección pese a algún detalle discutible, el problema está en una orquesta cuya cuerda deja bastante que desear. Mejor las maderas, decisivas en un tercero bien diseccionado por parte del maestro y muy certero en la expresión. El cuarto funciona de manera satisfactoria, pese a estar dicho un tanto de pasada. Magnífica la filmación, realizada nada menos que en el Conservatorio de Moscú. (6)


50. Litton/Filarmónica de Bergen (BIS, 2015). El ciclo de Andrew Litton tiene cosas más que notables, pero esta Sinfonía clásica, que va de menos mas más, resulta globalmente floja. El primer movimiento es pura rutina: todo suena en su sitio sin mucha preocupación por la claridad, no digamos ya de la expresión. El segundo se encuentra bien paladeado, solo eso. En el tercero hay interesantes juegos agógicos, y en el Finale la lectura despega con una irreprochable interpretación dicha muy en su punto justo. Espléndida la toma. (7)


51. Iván Fischer/Orquesta de la Konzerthaus de Berlín (Digital Concert Hall, 2016). Un placer escuchar a la antigua Sinfónica –ahora rebautizada como “de la Konzerthaus”– en la sede de la Filarmónica y apreciar con estupenda acústica la considerable calidad de todas sus secciones y el estupendo trabajo técnico que con ella venía realizando su entonces titular Iván Fischer. En cuanto al Prokofiev ofrecido en este concierto especial para refugiados, se trata de una interpretación risueña y con salero, sonada con cierta tendencia a la levedad y fraseada con mucha elasticidad, globalmente muy inspirada y no exenta de personalidad. Curvilíneo el primer movimiento, atrevido en la agógica el segundo, juguetón con los rubatos el tercero y dinámico en el mejor de los sentidos el cuarto. (8)


52. Sokhiev/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2018). Se nota que Tugan Sokhiev no solo ama esta música: la respeta. Su lectura, lejos de buscar la inmediatez o de refugiarse en recursos fáciles como la efervescencia o los excesos, apuesta por un clasicismo elegante, de apreciable vuelo melódico, no muy incisivo y un punto distanciado. Desde este planteamiento funciona muy bien el Allegro inicial, aunque es cierto que –le ocurre a demasiados directores– en los tutti no se escuchan siempre bien las maderas. Amplio y elegante un Larghetto en el que se deja a la música respirar y a la cuerda lucir belleza sin concesiones al hedonismo, si bien la poesía no acaba de brotar. Gavotta muy rubateada, no siempre con naturalidad y con esa fluidez que la partitura demanda, pero ofreciendo en contrapartida una pasmosa labor por parte de la orquesta. Y ella es la principal responsable del éxito de un Finale que Sokhiev lleva con enorme sensatez y buen gusto. Formidable la ingeniería audiovisual. (8)



53. Mallwitz/Orquesta de la Konzerthaus de Berlín (Stage+, 2023). Arrancando la titularidad de la antigua Sinfónica de Berlín, la directora alemana se decide a ofrecer una interpretación ágil, incisiva y también un tanto nerviosa. Lógico, por tanto, que lo que mejor le salga sea el Finale. En el resto, la falta de sintonía con la obra es evidente: el primer movimiento resulta parco en sentido clásico del equilibrio y de la elegancia, el segundo carece de vuelo poético y el tercero resulta en exceso saltarín. La filmación con su antecesor en el podio, por lo demás, sonaba más depurada en lo técnico: están parece poco trabajada, amén de escasita en matices. Formidable la filmación en 4K. (7)

jueves, 4 de junio de 2026

Sinfonía nº 25 de Mozart: discografía comparada

Mozart compuso su Sinfonía nº 25, KV 183/173 dB cuando solo tenía diecisiete añitos, moviéndose entre Viena y Salzburgo. Lo hizo en Sol menor, tonalidad infrecuente en la época que solo volvería a escoger en su celebérrima Sinfonía nº 40. La tonalidad ya dejaba claro el carácter del asunto: vehemente, dramático y de regusto bien amargo. Estamos en 1773, así que hablamos de Sturm und Drang. ¿Cómo interpretar el asunto, pues? ¿Equilibrio clásico, vehemencia protorromántica o quizá teatralidad heredada de tiempos barrocos? Las tres opciones existen. 

Realizando las audiciones, he tenido la sensación de que el primer movimiento es el que mejor interpretan los diferentes maestros, mientras que el segundo es el que sale peor parado: dificilísimo acertar yanto con el tempo preciso como con la expresión. Por otra parte, considero que el Menuetto no se ha interpretado realmente bien hasta la llegada de la escuela historicista. De hecho, considero que a esta obra los instrumentos originales les sientan mejor que los modernos, y que un clave al continuo lo le viene nada mal. Le recomiendo calurosamente que escuche la mayor variedad de opciones posibles: si se limita a una sola línea interpretativa, se perderá bastante "sustancia" de esta obra maravillosa.

Son sus movimientos:

1. Allegro con brio.
2. Andante.
3. Menuetto.
4. Allegro.





1. Walter/Sinfónica de Columbia (CBS,1954). El maestro berlinés contaba setenta y ocho años cuando realizó esta grabación en Nueva York –la orquesta es mezcla de la Filarmónica, el Met y la NBC– en la que nos entrega un Mozart de la más descarada tradición “romántica” centroeuropea: vehemente, flexible, contrastado, marcado más por el arrebato que por el equilibrio entre forma y expresión. No convence el primer movimiento, en exceso nervioso y precipitado, salpicado además por unas cuantas libertades propias de la tradición referida. Por el contrario, el Andante resulta algo pesadote. Decididos y muy bien tensados los dos movimientos restantes, pero carentes de la efusividad y el humanismo que la música también demanda. Correcto sonido monofónico. (7)



2. Klemperer/Orquesta Philharmonia (EMI, 1956). Por aquellas fechas Herr Klemperer contaba ya 71 años, pero aún no era el de las tremendas lentitudes por el que ha pasado a la historia. De hecho, los dos primeros movimientos de la interpretación van más rápido que la media y, en general, se percibe una vehemencia que habitualmente no asociamos al de Breslau. Sí que relacionamos con su arte el amargor que borra toda tentación de sensualidad y que preside esta lectura. En cualquier caso, se coloca bastante lejos de Walter: la forma sujeta férreamente la expresión, el rigor es absoluto, la flexibilidad resulta en todo momento muy sutil y la severidad granítica se termina imponiendo. ¿Neoclasicismo frente a Romanticismo? Algo así, pero aún no es “estilo mozartiano”. Imponente la orquesta, muy bien diseccionada. La restauración de 2023 rescata una toma que ha revelado buen sonido estereofónico. (9)



3. Böhm/Filarmónica de Berlín (DG, 1968). Ahora sí que podemos hablar de estilo mozartiano. O más bien de lo que hoy entendemos por tal cosa, porque quizá fuera un invento del propio Böhm. Los dos primeros movimientos son una maravilla, por perfecta síntesis entre elegancia, belleza y hondura perfectamente sostenidas por una tensión dramática mucho menos evidente que la de Walter; más subterránea, pero no por ello menos efectiva. En el Menuetto el maestro pincha, como le suele ocurrir: excesivamente severo. Tampoco convence el Allegro conclusivo, que le queda lento y pesadote, aunque tampoco podemos desdeñar su cantabilidad ni, menos aún, la claridad que consigue pese a contar con una cuerda musculada como la berlinesa. Se recomienda audición en Blu-ray audio. (8)


  

4. Britten/English Chamber Orchestra (Decca, 1971). Desde el punto de vista formal, esta es una interpretación de inmejorable ortodoxia dentro de una aproximación “tradicional renovada”: orquesta de tamaño moderado, articulación fluida, perfecto equilibrio de planos, trazo tan natural como rigurosamente llevado, apreciable belleza formal y extrema depuración sonora. En lo expresivo, sin embargo, esta es una recreación diferente y discutible, tal vez genial, que se encarga de poner por delante de cualquier otra consideración los aspectos más amargos de la escritura mozartiana, particularmente en un Andante algo más lento de la cuenta, pero cargado de profundidad. Sensacional la orquesta: ¡qué maderas en el Trío! Magnífica la grabación. (10) 

 
 

5. Krips/Orquesta del Concertgebouw (Philips, 1973). Consiguiendo la mezcla perfecta entre músculo sonoro y densidad en el fraseo, el maestro vienés ofrece un primer movimiento de acertado carácter urgente y dramático, un Minuetto al mismo tiempo adusto y con fuerza y un Allegro conclusivo que comienza pareciendo en exceso lento, pero que luego convence al estar lleno de fuerza y potencia expresiva, como también de vuelo poético en las frases líricas. No tan conseguido el Andante: anhelante mucho antes que sensual o contemplativo, lo que está muy bien, pero en exceso rápido y un tanto desaprovechado. (9)


 
6. Muti/New Philharmonia (EMI, 1976). Musculado y dramático el primer movimiento, pero de admirable naturalidad en el trazo y bien delineado, sin necesidad de acentuar claroscuros ni de perder esa “elegancia viril” que caracteriza el arte de Muti. Andante llevado como tal, sin lentitud ni pesadez alguna, perfecto en su equilibrio entre belleza y carácter lacerante, si bien tanto en lo uno como en lo otro se podría alcanzar un grado superior. Menuetto algo monolítico; aquí puede hablarse de cierta pesadez. Allegro conclusivo en la línea del inicial. Formidable la orquesta, que suena a Muti y no a Klemperer. Notable sonido en alta resolución. (8)


 
7. Böhm/Filarmónica de Viena (DVD DG, 1978). Aunque el concepto es globalmente el mismo, Böhm acelera de manera significativa el tempo del Andante con respecto a su grabación berlinesa, al tiempo que aligera el fraseo: le queda bien. Lo significativo, en cualquier caso, es la presencia de la Wiener Philharmoniker, sencillamente el mejor instrumento posible para lo que quiere conseguir el maestro con esta música. El resultado es una interpretación más fluida que la de antes y aún más hermosa, aun dentro de esa severidad marmórea que caracterizaba al de Graz. La filmación se realizó en celuloide en un precioso salón vienés. (9)


 
8. Marriner/Academy of St. Martin in The Fields (Philips, 1978). Sir Neville se inserta en la misma corriente de renovación formal que Britten, pero haciéndolo desde parámetros expresivos bien distintos: en lugar del amargor, lo que pone en primer lugar es la elegancia, la coquetería y la chispa de la música mozartiana, que aunque están ahí quizá no sean los factores que hacen grande esta página en concreto. Por eso los resultados defraudan, de manera particular en un Andante rapidito y algo liviano. En los movimientos extremos hay más efervescencia que tensión dramática: no son la misma cosa. Por lo demás, mucha elegancia y pulcritud formal extrema a cargo de una orquesta alucinante y de una batuta cuidadosa a más no poder. Formidable labor la de los ingenieros de Philips. (8)


 
9. Hogwood/The Academy of Ancient Music (Decca, 1979). Los instrumentos originales y la articulación historicista, así como la incorporación de un clave al continuo, se revelan muy convenientes para esta página. Hay que acostumbrarse a la sonoridad ácida de los violines y a la relativa gangosidad de los oboes, pero merece la pena. Otra cosa es que Chris no sea el más transparente y refinado de los directores posibles. Tampoco el más poético, aunque en cualquier caso ofrece una recreación animada, comunicativa y con garra que flaquea por un Andante poco efusivo, incluso algo anodino. (8)


 
10. Bernstein/Filarmónica de Viena (DVD Euroarts y CD DG, 1988). Aunque pudiera parecer mentira, Lenny consigue que los Wiener –siempre rendidos ante la magia de su batuta– suenen con aún mayor belleza y plasticidad que con Böhm. Y lo hace para ofrecernos una interpretación más cálida, sensual y comunicativa, mejor equilibrada entre lo apolíneo y lo dionisíaco, ante la que es imposible resistirse a pesar de que en el primer movimiento se detecte cierta tendencia al preciosismo, en el segundo haya más carácter otoñal –ojo, el tempo es el indicado de Andante– que amargor, y los dos últimos resulten un poco más corpulentos de la cuenta. El Minuetto se encuentra prodigiosamente delineado, mientras que el Finale se encuentra lleno de fuerza controlada. Mejor el vídeo que en el CD: como siempre, ver a Bernstein es una gozada. (9)


 
11. Tate/English Chamber Orchestra (EMI, 1989). La ECO, aun sin la belleza sonora de la Filarmónica de Viena, vuelve a mostrarse como la formación perfecta para la obra, por dimensiones y extremo virtuosismo. Con ella Tate nos ofrece una recreación más cercana que la de Britten, mucho más sanguínea y vitalista, también más rica en concepto. El primer movimiento es el que más me gusta de cuantos he escuchado: implacable, lleno de fuerza y comunicatividad, muy bien desmenuzado sin perder elegancia y belleza sonora. Un poquito más rápido de la cuenta el Andante, aun así espléndido. Demasiado severo el Menuetto, y formidable un Finale dicho de un solo trazo. La toma, siendo muy buena, no llega a la mayor altura posible. (10)


 
12. Abbado/Filarmónica de Berlín (Sony, 1992). Perfecta mezcla de músculo berlinés y agilidad de la batuta en los movimientos extremos, dichos con convicción y expuestos con virtuosismo difícilmente superable. Mucho menos bien el Andante: el maestro no anda descaminado a la hora de subrayar su carácter anhelante, pero aquí ya se evidencia el deslizamiento hacia el Mozart suavón que caracterizará los últimos años de la carrera de Abbado. Sí que convence, y mucho, su manera de aligerar un Menuetto que se suele interpretar con más pesadez de la conveniente. Una delicia las maderas en el Trío. (8)


 

13. Pinnock/The English Concert (DG, 1993). Pinncok sigue a Hogwood, también en la inclusión de un clave –ellos mismos, por descontado–, pero los resultados son mejores. La sonoridad es más carnosa, más natural, y menos encorsetado el fraseo; hay mayor atención a las voces intermedias y se consigue mayor inmediatez expresiva. Flojea, como en el caso de su colega, un Andante francamente insípido. El movimiento inicial es soberbio. El tercero acierta al resultar antes dramático que galante –estupendas las maderas–, mientras el Finale se desborda un poco con tanto pálpito vital. La toma es espléndida e integra de manera satisfactoria el rico continuo del maestro. (8) 
 



14. Ter Linden/Mozart Akademie Amsterdam (Brilliant, 2002). Paso atrás en el mundo historicista: Jaap Ter Linden es un gran violonchelista barroco, pero como director de este repertorio no pasa de la mediocridad. Aunque todo está más o menos en su sitio, las tensiones no surgen, faltan matices y se echan de menos contrastes tanto sonoros como expresivos. El resultado es plano y profundamente aburrido. (6)



15. Adam Fischer/Orquesta de Cámara Real Danesa (Dacapo, 2008). Opción “de tercera vía radical”, si es que se puede decir así: mezcla de instrumentos modernos y antiguos con articulación altamente influida por la praxis historicista. Partiendo desde esta opción formal, el maestro de Budapest ofrece la interpretación más “Sturm und Drang” de todas, auténtica tempestad de tempi rapidísimos, alta flexibilidad en el fraseo, contrastes muy marcados y no poca aspereza en la que le echa mucha imaginación al asunto sin terminar de redondear los resultados. En el movimiento inicial hay descubrimientos tan interesantes como discutibles que restan unidad al discurso. En el segundo, al oyente más tradicional le molestará la escasa vibración de la cuerda y la poca efusividad del fraseo. En el tercero, soberbiamente planteado, hay detalles que la batuta se podía haber ahorrado, mientras que en el Finale Fischer es de los que se deja llevar por la vehemencia. (8)



16. Pinnock/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2008). Salvando el rico y musicalísimo clave al continuo –otra vez Pinnock himself– y la búsqueda de una articulación relativamente ligera, el maestro británico ofrece una lectura de corte tradicional, de enfoque no excesivamente dramático, que sintetiza lo mejor de su lectura historicista de estudio con las posibilidades de una orquesta “normal” de superlativa calidad. El resultado se beneficia de un fraseo elegante y flexible que sienta muy bien a Mozart, como también de una gran tensión y entusiasmo en los movimientos extremos. que destacan por su enorme musicalidad, su calidez, naturalidad y su equilibrio. En el segundo movimiento, aunque mejor y más cálidamente paladeado que antes –bienvenida la recuperación del vibrato–, el artista británico no termina por sintonizar con el regusto amargo que la música parece pedir: su Mozart siempre ha preferido lo galante a lo conflictivo. La filmación resulta un tanto pálida si la comparamos con la soberbia calidad de imagen que hoy ofrece la propia Digital Concert Hall. (9)


 
17. Rhorer/Le Cercle de l’Harmonie (Erato, 2008). Distanciándose muchísimo de los Hogwood, Pinnock y compañía, Jérémie Rhorer propone una lectura de historicismo radical que incluye, como o podía ser menos, elementos de la praxis interpretativa barroca. Así, el fraseo de los movimientos es flexible e imaginativo, pero no natural; más bien forzado, excesivo en los claroscuros, cuando no violento. Los juegos dinámicos no parecen tener un fin expresivo, sino buscar un movimiento continuo para que el oyente no se aburra. En el Andante está muy bien captado el carácter anhelante de las notas, sin que la sensualidad logre de brotar: es lo que ocurre cuando se renuncia a la vibración de la cuerda. Interesantísimo el Minuetto, rústico en el buen sentido y con unas maderas muy carnosas en el Trío. La orquesta es de calidad, si bien las broncas trompas no terminan de empastar. (7)



18. Marcon/Sinfónica de la WDR (YouTube, 2018). El fundador de la Orquesta Barroca de Venecia opta por articulación moderadamente historicista y trompas sin válvulas para una interpretación dotada de sana rusticidad, pero lastrada por desigualdades. Funciona muy bien el primer movimiento, dramático e incisivo, pese a más de un desajuste y cierta tosquedad generalizada. Interesante el segundo, cuyo carácter amargo atiende bien sin necesidad de ralentizarlo. Un poco más de sensualidad no le hubiera venido nada mal. Excelente el Menuetto, de ritmo bien marcado y sin pesadeces. Mediocre el Finale, por precipitado, rígido y ajeno a sutilezas en el tratamiento orquestal. Por cierto, hay algún desajuste demasiado evidente. (7)



19. Kirill Petrenko/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2023). El muy reverberante interior de la Sagrada Familia de Barcelona sirve de marco a esta interpretación expuesta de manera sensacional, pero con las evidentes irregularidades que caracterizan al actual titular de la formación. El Allegro con brio es rapidísimo, rebosa efervescencia sin merma de la claridad, pero da la impresión de que el maestro lo que pretende ante todo es deslumbrar al personal con su virtuosismo. Flojísimo el Andante, un tanto en la línea frívola, ligera en el mal sentido, de un Abbado. El Menuetto es sensacional: sabe mantener su carácter dramático aportando incluso cierto desasosiego, al tiempo que agiliza de manera muy adecuada la articulación. Sublimes las maderas del Trío, mejor que con Pinnock. El Finale sigue la línea del primer movimiento. (8)

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En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...