Un cajón de sastre para cosas sobre música "clásica". Discos, conciertos, audiciones comparadas, filias y fobias, maledicencias varias... Todo ello con centro en Jerez de la Frontera, aunque viajando todo lo posible. En definitiva, un blog sin ningún interés.
Nacido en Génova pero de formación y trayectoria netamente centroeuropeas, Fabio Luisi se ha movido entre el mundo de la ópera y el terreno sinfónico con unas maneras que pueden recordar a las –muy mediterráneas, si ustedes lo quieren ver así– de Riccardo Muti, aunque con una sonoridad menos musculosa y más incisiva: desarrolladísimo instinto teatral, sentido de los contrastes, mucho nervio interno, poco interés por la delectación sonora y un temperamento muy “descarado”, muy “echado para adelante”, más un atención plena a la globalidad de la arquitectura que no va en detrimento de la adopción de pinceles finos.
Con semejantes mimbres inició un ciclo de poemas sinfónicos de Richard Strauss que se quedó en cuatro discos porque rompió relaciones con la Staatskapelle de Dresde –titular desde 2007– antes de lo previsto. Quizá sea tan tempestuoso en lo personal como sobre el podio, porque en el Metropolitan de Nueva York duró siete años, menos de lo que un maestro con semejante talento podía haberlo hecho. Pasó cinco temporadas con la Orquesta de la Suisse Romande, con la que nos dejó un formidable ciclo de sinfonías de Honegger que reverdece los laureles de los tiempos en que la formación suiza era de Ansermet, y ahora anda con la Sinfónica Nacional Danesa, con la que empezó en 2017.
Traemos precisamente su primer disco juntos, lanzado a bombo y platillo por DG: sinfonías n.º 4, “Inextinguible” y n.º 5 del compositor danés por excelencia, Carl Nielsen. Los resultados son espectaculares, y no solo por la labor de los ingenieros del sello amarillo –impresionante sonido en Dolby Atmos-. Es el de Luisi un Nielsen sanguíneo y vitalista a más no poder, sacudido constantemente por la electricidad sin que el nervio se traduzca en nerviosismo, riquísimo en la paleta de colores y plagado de ángulos; muy combativo y hasta violento cuando debe, lleno de amenaza e incluso de violencia, pero también dotado de unas ganas de vivir y de un goce sensual que nos permite comprender mejor la música del autor.
La Inextinguible resulta más visceral y menos grandiosa que aquella de Karajan por completo imposible de alcanzar –comentado aquí–, pero engancha de principio a fin y deslumbra por la potencia sonora que el maestro es capaz de extraer de su nueva orquesta. En la n.º 5 la competencia es el milagro de Herbert Blomstedt con la Filarmónica de Berlín –filmación de 2013 en la Digital Concert Hall–. Aunque Luisi no alcanza semejante nivel de planificación de tensiones y depuración sonora, aporta un enfoque más fresco, mayor sentido del espectáculo –bien entendido– y una irresistible comunicatividad. A la postre, este se convierte en el mejor disco para realizar una primera aproximación a este universo sonoro.
PD. Efectivamente, este texto también lo he escrito para el libro de directores. Estoy utilizando el blog como laboratorio de ensayos.
La entrada se publicó inicialmente el 21.VII.2016. Añadimos ahora las dos grabaciones en CD de Mehta, así como la filmación de Haitink con Viena y la de Harding con Berlín.
Richard Strauss escribió Eine Alpensinfonie entre 1911 y 1915; no coincide en el tiempo, por tanto, con sus más conocidos poemas sinfónicos, pues el genial compositor ya había dado a la luz obras como Salome, Elektra y Rosenkavalier. Sería más bien contemporánea de Ariadne auf Naxos, lo que nos habla de un artista en plena madurez que domina como nunca nadie lo ha hecho los recursos de la gran orquesta sinfónica.
Hay varías líneas interpretativas posibles. La más ortodoxa consiste en seguir el programa y realizar una descripción de un amanecer en los Alpes bávaros, el camino a través de prados, bosques y cascadas, la llevada a la cumbre para contemplar el impresionante paisaje y el posterior descenso en medio de una terrorífica tormenta
–si ustedes han escuchado tronar en la alta montaña saben de qué les hablo–, para concluir en un atardecer meditativo y filosófico. La otra, que no resulta excluyente con la anterior, interpreta el hilo argumental como una metáfora de la vida humana: nacimiento, juventud, plena madurez –la cumbre–, tormentos de la vejez y abandono de este mundo. Al mismo tiempo, están los directores que potencian los aspectos más líricos y ensoñados de la partitura, mientras otros se muestran partidarios de marcar aristas y de hacer la interpretación lo más escarpada posible. La siguiente selección de grabaciones aspira a recoger todas esas posibilidades.
Sobre las puntuaciones, debo apuntar que en más de un caso he dudado mucho a la hora de poner una nota. Quizá debería haber recurrido a usar decimales, pero no me gusta hilar tan fino. Lo que sí debo dejar claro es que esta es la comparativa en la que más importancia le he dado a la calidad de la orquesta, cosa que ustedes comprenderán a la perfección habida cuenta de las características de la partitura de la que estamos hablando, extremadamente exigente en lo que a virtuosismo, brillantez y maleabilidad se refiere.
1. Böhm/Staatskapelle de Dresde (DG, 1957). Karl Böhm fue el más grande
straussiano del siglo XX, y aunque a finales de los cincuenta todavía no había
alcanzado su mayor grado de inspiración interpretativa, nos encontramos aquí ante una
dirección de considerable nivel. Dirección amplia y poderosa que es llevada con perfecto pulso,
absoluto control y mucha decisión hacia clímax de grandeza abrumadora y un punto
opresiva: la visión del maestro es antes dramática que descriptiva. La tormenta resulta terrorífica, y a partir de ahí se podía pedir un punto más de emotividad
poética en la reflexión final. En cualquier caso, el único reparo serio es la relativa calidad de la orquesta, que por mucho que fuera la que
había estrenado cuarenta y dos años atrás la obra, suena bastante destemplada
–particularmente en los metales– para quienes estamos acostumbrados a las
increíbles máquinas de hacer música de hoy día. La toma es monofónica, pero de
buena calidad. (8)
2. Kempe/Royal Philharmonic (Testament, 1966). Aun encontrándonos ante una interpretación dicha con
ganas, de una pieza, irreprochable idioma straussiano y ajena a efectismos, lo cierto es que la batuta del maestro nacido en Dresde se muestra algo lineal, no aprovechando muchos pasajes
que requieren mayor vuelo lírico y necesitando un tratamiento orquestal de mayor
plasticidad. La claridad no está siempre conseguida, mientras que el final no resulta todo lo inquietante que debiera. En lo que se refiere a la orquesta londinense, los metales resultan algo
estridentes y desabridos.
La grabación es buena en lo tímbrico, pero se queda corta en gama dinámica y no
equilibra bien los planos sonoros. (7)
3. Kempe/Staatskapelle de Dresde (DVD Audio EMI, 1971). Aun más lograda que su registro con la Royal Philharmonic, esta grabación no se
mantiene hoy tan vigente como su enorme prestigio nos pudiera hacer pensar.
Además de que la orquesta que estrenó la partitura sigue estando en baja forma, flaqueando sobre todo por unas
trompetas más bien estridentes, por parte de Kempe las inspiración se muestra
algo irregular: las melodías no están del todo paladeadas, hay una cierta falta
de aliento poético y al tramo final se le podría sacar más partido.
En cualquier caso, el maestro muestra un desarrollado instinto del color y de
las texturas –a destacar el incisivo y sarcástico tratamiento de las maderas–,
sabe construir el edificio sin vacilaciones y ofrece momentos de una enorme
intensidad emocional, particularmente en el desgarrado clímax tras finalizar la
tormenta. La toma sonora presenta distorsión, pero gana mucho cuerpo en el hoy descatalogado DVD
audio, sobre todo en lo que al registro grave se refiere, poderosísimo; apenas se nota la cuadrafonía salvo en las trompas fuera del escenario, que
suenan verdaderamente distanciadas, y la escena de las vacas, que pasan “por
delante” de la orquesta. Supongo que el nuevo reprocesado de Warner habrá mejorado las cosas en CD. (8)
4. Mehta/Filarmónica de Los Ángeles (Decca, 1975). El maestro indio de mueve muy a gusto en este repertorio desplegando músculo, colorido y brillantez, haciéndolo además con decisión en el trazo, pulso firme y una clara voluntad de apartarse tanto del preciosismo como de la opulencia. El resultado es vistoso, pero superficial: detrás de tan irreprochable puesta en sonidos no se perciben esa sensualidad, ese aroma poético y ese sentido reflexivo que esta música está pidiendo a gritos para demostrar que va mucho más allá de la mera descripción. Tampoco Mehta se preocupa por matizar gran cosa. (7)
5. Solti/Sinfónica de la Radio Bávara (Decca, 1979). Nadie puede negar a
Solti haber sido uno de los grandes expertos en el sonido straussiano, y desde
luego en este registro –en Múnich y no con su orquesta de Chicago, curiosamente–
lo demuestra con creces ofreciendo un increíble dominio de las texturas,
brillantez a raudales y una vitalidad portentosa. Pero lo cierto es que, tras un
amanecer muy conseguido, el maestro da una de cal y una de arena alternando
pasajes de enorme garra con otros lastrados por la precipitación –le dura solo
44’19’'– en los que las melodías no se desarrollan con la cantabilidad, la
grandeza ni la emotividad que la partitura demanda. Eso sí: soberbiamente
grabada, la orquesta funciona a pleno rendimiento bajo la batuta de un maestro que extrae de
la misma unos colores más incisivos de lo que en ella es habitual. (7)
6. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1981). En el momento más
inspirado de su carrera, y también en el de mayor dominio del idioma straussiano
–poco después vendría su genial Rosenkavalier–, el de Salzburgo firmó uno de los
mejores discos de su carrera con esta interpretación que no es
personal ni creativa, pero sí irreprochable en la comprensión de la obra.
Karajan encuentra el punto justo de elegancia y decadentismo, sin blanduras pero
también mostrándose ajeno a los excesos, sabiendo ser descriptivo, pintoresco y amable sin
renunciar a lo dramático –tremenda la tormenta– ni a lo trágico –el final
desprende el adecuado amargor–. Todo ello lo plasma en sonidos
con la mayor perfección imaginable, tanto en lo que al trazo se refiere
–acenso y descenso planificados con absoluta naturalidad– como en lo que
respecta al equilibrio de planos –se escucha todo–, al tratamiento del color
–riquísimo, con portentosa sensualidad straussiana– y a la plasticidad de las
texturas, expuestas con un preciosismo y refinamiento al alcance solo de las más
geniales batutas. La Filarmónica de Berlín, redonda en sonoridad y con un
registro grave aquí de lo más adecuado, es la ideal para esta obra. (10)
7. Previn/Orquesta de Philadelphia (EMI, 1983). Una interpretación
de línea digamos “objetiva”, directa, decidida y entusiasta, admirablemente
trazada, irreprochable en el idioma y brillante en el punto justo –no hay exceso alguno–, como tampoco de melifluidad o carácter en exceso contemplativo. Alguna frase podía estar un poco más
paladeada, y el último cuarto de la obra podía alcanzar aún más magia y
profundidad –al final se le podía sacar más partido–, pero en conjunto es una
recreación de muy alto nivel, lo que tiene mucho que ver con la fantástica
ejecución de la orquesta: quizá por ella le podemos poner sobresaliente al resultado, y no el notable alto que en realidad merece la batuta. La toma no es del todo clara ni natural en lo
tímbrico, aunque alcanza gran gama dinámica en la tormenta. (9)
8. Karajan/Filarmónica de Berlín (DVD Sony, 1983). Extrañamente, el de Salzburgo evidencia cierta desconcentración que le lleva a no ofrecer toda la grandeza
posible ni a desgranar las melodías con la mayor cantabilidad, ni siquiera a ser
todo lo claro que acostumbra: el registro en estudio es superior. En cualquier caso, Karajan termina ganando la partida por su sentido del color, su
brillantez, su elocuencia y, claro está, por la espectacularidad de una
impresionante tormenta. La gama dinámica del DVD es realmente amplia. (9)
9. Haitink/Orquesta del Concertgebouw (Philips, 1985). Como es habitual, el maestro holandés no se
muestra creativo ni personal, pero sí perfecto en la arquitectura, irreprochable
en la musicalidad, ortodoxo en el estilo y, en esta ocasión, muy sincero.
La arquitectura está perfectamente trazada, los aspectos descriptivos están muy
conseguidos, el clímax central alcanza fuerza sin retórica, la tormenta despliega
mucha fuerza y la meditación final, ya que no muy filosófica, exhibe serena
belleza. El final es más sobrio y digno que pesimista. La orquesta, fabulosa: como en el anteriormente citado registro de Previn, es por el esplendor orquestal –y no tanto por la batuta– por lo que esta interpretación se merece el sobresaliente. (9)
10. Maazel/Sinfónica de la Radio Bávara (RCA, 1988). Interesantísima aportación de un Maazel
que deja de lado la delectación melódica, la ensoñación lírica y la grandiosidad
épica para subrayar los aspectos más escarpados, dramáticos y sombríos de la
partitura. La tormenta es más electrizante y terrible que poderosa, mientras que final
resulta particularmente descorazonador e inquietante. Ahora bien, el enfoque es resulta tan unitaleral que en algún momento se echa en falta algo más de
poesía. Sin duda espléndida –como con Solti– la orquesta muniquesa,
aunque la batuta procura que suene más rústica que propiamente straussiana.
Magnífica la toma sonora, asombrosa si se escucha en Dolby Surround. (9)
11. Mehta/Filarmónica de Berlín (Sony, 1989). Aunque el concepto sigue siendo el mismo, antes descriptivo que filosófico, esta lectura resulta muy preferible a la del propio Mehta catorce años anterior. Primero, porque la orquesta no es solo aplastantemente superior a la Filarmónica de Los Ángeles, sino sencillamente la mejor del mundo para esta partitura. Segundo, porque el maestro paladea la música con más sosiego –52’25 frente a los 48’08’’ de entonces–, alcanza mayor inspiración en los momentos clave y, siempre teniendo en cuenta la excelencia del instrumento a su disposición, desmenuza mejor el complejísimo entramado sinfónico. La toma es sensacional, y los ingenieros acertaron al grabar muy bajo para recoger la amplísima gama dinámica demandada. (9)
12. Blomstedt/Sinfónica de SanFrancisco (Decca, 1989). El maestro de origen sueco
se muestra aquí antes como un sólido y sensato kapellmeister de espléndida
técnica e irreprochable musicalidad –no hay espacio para melifuidades ni excesos– que como un verdadero recreador de lo que se le pone por delante. Todo
está en su sitio, el trazo es perfecto –nada de nerviosismo– y los clímax
alcanzan una electricidad y fuerza dramática impactantes; pero el lirismo, la
sensualidad y el carácter humanístico que también se encuentran en la partitura
parecen escapársele en buena medida. Una visión, en cualquier caso, que termina
siendo atractiva por su carácter escarpado y el regusto amargo que desprende,
aparte de por la espléndida toma con que los ingenieros de Decca realzan
los buenos mimbres de la Sinfónica de San Francisco. (8)
13. Barenboim/Sinfónica de Chicago (Erato, 1992). Nos encontramos aquí ante una visión eminentemente humanística y
filosófica, muy alejada de lo descriptivo y pintoresco, lo que quiere decir que
alcanza sus mejores momentos en todo el tramo final, de una hondura y belleza
admirables, pero también que se queda algo corta de sentido del color, de
constrastes y de matización de las intervenciones solistas en otros momentos.
Tales insuficiencias por parte de la batuta las compensa la ejecución difícilmente superable
de una orquesta que aquí suena de modo magnífico, pero muy alejada de la
opulencia y la delectación sonoras. (9)
14. Ozawa/Filarmónica de Viena (Philips, 1996). Esta interpretación deja bien
claras las características del maestro japonés: fraseo fluido,
flexible y muy elegante, agilidad bien entendida, tímbrica rica –antes suave
que incisiva–, brillantez controlada a la perfección y, en el lado negativo,
tendencia a lo superficial y lo descafeinado, o al menos a ofrecer
interpretaciones más bien complacientes y no muy ricas en pliegues expresivos.
En este sentido, el primer tercio de la obra resulta un tanto naif y pintoresco,
antes que verdaderamente poético. Poco a poco Ozawa se va centrando y alcanza
picos de tensión muy impactantes, para luego ofrecer una tormenta de gran
vistosidad y clímax particularmente terrorífico. La sección final, hermosísima
pero de nuevo no muy honda ni conmovedora. Menos mal que está la orquesta vienesa para arregar un poco las cosas. (8)
15. Sinopoli/Staatskapelle de Dresde (DVD y YouTube Euroarts, 1998). La orquesta que estrenó la obra, ahora sí en espléndida forma pese a ciertas inseguridades en los metales, se pone al servicio de la infravalorada batuta del director veneciano para ofrecernos una interpretación
eminentemente colorista y descriptiva, de desarrollado sentido del color y de
las texturas, elevada brillantez –en absoluto grandilocuente– y gran atención a
los efectos pintorescos y onomatopéyicos, en la que sólo hay que reprochar
cierta falta de dimensión filosófica en los minutos finales. El propio sello Euroarts la ha subido íntegra a YouTube. Disfrútenla. (9)
16. Thielemann/Filarmónica de Viena (DG, 2000). Thielemann se mira en el espejo de Karajan para construir una lectura descriptiva y colorista antes que inquietante, suntuosa en la sonoridad,
refinada pero también de enorme opulencia, cantada con amplio aliento lírico e
idóneo idioma straussiano. El problema es que el maestro berlinés, además de no
posser el increíble virtuosismo de su ídolo a la hora de tratar las texturas,
tiende en exceso a lo bucólico y ensoñado en los momentos más líricos, hasta el
punto de que en algunas frases resulta no solo en exceso ternurista, sino
también un tanto empalagoso, por no decir blandengue. La espléndida orquesta no
parece terminar de sonar como ella suele, aunque esto puede ser debido a una
toma sonora que, aun ofreciendo una enorme potencia durante la tormenta, no
llega a la máxima categoría posible para la época. (8)
17. Wit/Staatskapelle Weimar (Naxos, 2005). El maestro polaco nos ofrece una singular recreación, de perfecto idioma pero en una
línea mucho antes contemplativa que dramática, opción que termina produciendo algunos desequilibrios. Maravillosa resulta la
primera mitad de la obra, ascendiéndose a la cumbre con una
sensualidad, una comunicatividad y una nobleza admirables, cantando las melodías
con una extraordinaria concentración y una gran dulzura –sin caer en el empalago–
y no dejándose llevar por la descripción pintoresquista, sino optando más bien
por una serena reflexión; de ahí que se pueda echar de menos mayor riqueza
tímbrica y atención a las texturas. El clímax es magnífico: sereno y grandioso. A partir de ahí la batuta pierde algo de tensión interna, no
siendo del todo inquietante el paisaje de calma previo a la tempestad y echándose
de menos en esta última mayor electricidad, virulencia e incisividad. Eso sí, no
hay la menor concesión efectista. El final vuelve a ser muy noble y hermoso, aun
sin el regusto amargo y la hondura trágica de otras lecturas. La orquesta se
comporta muy bien. (8)
18. Luisi/Staatskapelle de Dresde (Sony, 2007). De nuevo la Staatskapelle en una interpretación que es un prodigio por su arquitectura global, por su claridad, por su colorido, por sus texturas, por su
carácter descriptivo más no pintoresco, y asimismo por la capacidad para resultar
brillante sin caer en la retórica. Quizá el amanecer resulte algo más nervioso
de la cuenta y sobre alguna frase algo empalagosa en la primera parte. La
tormenta está llena de fuerza, al mismo tiempo que el maestro logra de maravilla que se escuchen todos y cada uno de los detalles instrumentales. Sólo cabe pedir un poco
más de reflexión filosófica en la sección final, justo lo que era el punto fuerte de un Barenboim. El
final, más que siniestro, es seco y distante. La orquesta está ahora mejor que nunca, ofreciendo una
sonoridad muy hermosa y mostrándose cuajada de solistas muy musicales. Fantástica la toma, sencillamente una de las mejores grabaciones de la música de Strauss que se hayan realizado. Intenten conseguir el SACD: ahí luce en todo su esplendor. (9)
19. Bychkov/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2008). El idioma es irreprochable,
el pulso está bien sostenido –los tempi son rápidos–, no hay excesos ni
melifuidad y la brillantez está garantizada, pero Bychkov se muestra bastante
impersonal (¿a alguien le sorprende?), poco creativo e incapaz de destilar poesía en los pentagramas,
siendo el resultado más bien plano y echándose de menos compromiso y variedad
expresiva. Tampoco atiende mucho a la disección del entramado orquestal. Eso sí, impresionante la Filarmónica de Berlín, que aporta
mucho a la interpretación. (7)
20. Haitink/Sinfónica de Londres (LSO Live, 2008). Esta interpretación en vivo no es mejor que la
anterior en estudio a cargo del mismo director, pero sí complementaria. La jornada ya no es la de un hombre maduro en
plenitud de facultades, sino la de un anciano en el ocaso de su vida. Se ha
perdido buena parte de la fuerza y la jovialidad de entonces, también de la
fascinación ante el paisaje y del goce ante lo pintoresco. A cambio nos ofrece el maestro holandés una mayor dosis de sensualidad, lirismo y poesía, adoptando una visión
más serena, contemplativa e incluso ensoñada, más paladeada y trabajada con
mayor plasticidad y sentido atmosférico. El arranque resulta
particularmente brumoso. Hay alguna intervención solista algo blanda al llegar
a la cima, muy ensoñada. La tormenta tiene menos fuerza que antes. El final, amplio y con una buena dosis
de dulce melancolía, también con un punto de misticismo panteísta, mira hacia el
último Strauss, el de los Cuatro últimos lieder, y se disuelve en las mismas espesas brumaas del principio. La toma
es un poco turbia, como suele ocurrir con las realizadas en el Barbican
Hall, pero en un reproductor de SACD nos ofrece un relieve y una espacialidad
admirables, así como la posibilidad de escuchar las trompas “off-stage” por los
canales traseros. (9)
21. Luisi/Staatskapelle de Dresde (YouTube, 2009). Repetición de la
jugada –o casi: es un poco más rápida y hay alguna que otra pifia propia del
directo– por parte de Luisi y la formación de la que entonces era titular en los Proms de 2009. Hay imágenes y el vídeo es gratuito, pero esta filmación
de la BBC dista de poseer la asombrosa calidad sonora del registro de estudio
dos años anterior, que recomiendo con mayor entusiasmo. (8)
22. Nelsons/Ciudad de Birmingham (Orfeo, 2010). El joven maestro deja de lado toda elucubración
filosófica para ofrecer una interpretación juvenil, extrovertida y de marcado
carácter narrativo, decidida pero fraseada con amplitud –sin caer en las
premuras de un Solti–, de sonoridad muy adecuada para el compositor y de
incuestionable musicalidad. Ahora bien, se encuentra realizada con más atención
al trazo global, irreprochable, que al detalle y al cuidado por exponer todo el
entramado polifónico, lo que implica que hay líneas que no se oyen del todo
bien, con indepenencia de que las texturas estén adecuadamente tratadas. A
destacar la buena planificación de tensiones hacia la cumbre, culminando en una
intensísima Visión. La tormenta es nerviosa y no poco violenta. Muy concentrado el
final. La orquesta, recogida de manera no particularmente brillante por los
ingenieros de sonido, funciona de manera espléndida en esta toma en público.
(9)
23. Harding/Orquesta Saito Kinen (Decca, 2012). El tantas veces
pretencioso y mediocre Harding nos da aquí la monumental sorpresa con una
lectura de perfecto idioma, excelente trazo, buen aunque no excepcional trabajo
con las texturas –espléndida la cascada– y considerable inspiración poética,
que se encuentra llena de grandeza sin retórica en sus clímax y, en el plano
conceptual, alcanza un admirable equilirio entre lo descriptivo y lo filosófico:
tras una tormenta muy lograda, toda la sección final se eleva a cotas realmente
emotivas de amarga reflexión sobre la condición humana. Lo menos extraordinario
es quizá la sección digamos paisajística, donde sobra algún portamento y hay
ciertos coqueteos con el ternurismo, aunque sin llegar a caer en él. Espléndida
la orquesta (¡con Baborák como primera trompa!). La toma sonora, siendo más que
notable, no es la mejor de las posibles, aunque en HD audio la percusión alcanza
un relieve abrumador. (9)
24. Haitink/Filarmónica de Viena (YouTube, 2012). El veterano maestro vuelve a dar en la diana con una lectura trazada con pasmosa perfección, dicha con el más certero idioma y de una musicalidad admirable en la que solo cabe reprochar que esta vez su conocido distanciamiento expresivo le lleva a quedarse algo corto de elevación poética en una sección final en exceso sobria, poco emotiva, más ambigua que amarga. En cualquier caso, imposible sustraerse a pasajes tan maravillosamente resueltos como los “instantes de peligro” o toda la tormenta, de una espectacularidad apabullante con la que tiene mucho que ver el virtuosismo de la orquesta vienesa. La toma es muy buena para venir del Royal Albert Hall, pero el ajuste de volumen que realiza la transmisión en el primer minuto llega a resultar perjudicial. (9)
24. Maazel/Philharmonia (audio en YouTube, 2014). El maestro franco-americano
contaba ochenta y cuatro años –quedaban tan solo cuatro meses para su
fallecimiento– cuando ofreció en el Royal Festival Hall de Londres esta Alpina
que recogieron los micrófonos de la BBC y algún alma caritativa ha subido –no
hay imágenes en movimiento, claro- a YouTube. Les recomiendo vivamente que la
escuchen –las distorsiones y saturaciones de la toma son soportables-, porque se
trata, sencillamente, de la mejor dirección de todas las aquí presentadas.
¿Diferencias de su grabación oficial en Múnich? Pues aparte de la extrema
lentitud que ahora alcanza –66’50’’, todo un récord–, lentitud que no supone
merma alguna en la extraordinaria tensión interna de la interpretación (¡qué técnica de batuta!), el sentido de lo dramático y de lo
escarpado del que hacía gala veintiséis años atrás se ve ahora ampliamente enriquecido con
conceptos como la sensualidad, la delectación melódica, la nobleza y, sobre
todo, la reflexión humanística y filosófica, todos ellos desarrollados en grado
superlativo y expuestos en lo puramente sonoro con un lenguaje straussiano de
libro, además de con una asombrosa claridad en las texturas. Cierto es que los
metales de la orquesta no siempre superan las terribles demandas de la
partitura, pero lo de la batuta es tan genial que el resultado no se puede
calificar con menos nota de la máxima permitida. (10)
26. Thielemann/Staatskapelle de Dresde (Blu-ray Cmajor, 2014). Estaba cantado
que la orquesta que estrenó la obra tenía que volver a grabarla con su nuevo
titular, un Christian Thielemann que demuestra su sintonía con el
universo de Richard Strauss en una recreación que, insistiendo en la línea más
narrativa que profunda de un Karajan, evita caer en el excesivo ternurismo de su
grabación de 2000 con la Filarmónica de Viena mientras que sigue ofreciendo
colorido, elocuencia y muy acertados matices expresivos. A pesar de ello, y
tratándose de una lectura de gran categoría, las cosas no terminan de alcanzar
el mayor nivel posible: la introducción resulta algo nerviosa, a la salida del
sol le falta grandeza, hay algún que otro momento en el que falla la
concentración y, en general, se echan de menos el refinamiento de las texturas,
la poesía y la magia sonora del citado Karajan. La orquesta rinde de manera
formidable, aunque los metales no sean comparables a los de las
mejores formaciones europeas. La imagen es espléndida en Blu-ray, pero
sorprendentemente la toma no alcanza la calidad increíble de la
interpretación de la misma orquesta con Luisi. (8)
27. Nelsons/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2015). Con una
orquesta superior a la de Birmingham, aunque no exenta de algunas leves
vacilaciones propias del directo, Nelsons vuelve a demostrar su excelencia a la
hora de interpretar la obra ofreciendo un trazo global perfecto,
fuerza expresiva controlada con mano maestra, apreciable sentido narrativo y
brillantez tan comunicativa como ajena a la retótica. Ahora, quizá, la Visión
resulte menos extrovertida y algo más madura que antes, y si el resultado final
no llega a la altura de las más grandes recreaciones fonográficas de la pieza
sea porque –como en su grabación para Orfeo– se echa de menos un trabajo aún más
minucioso con los detalles y con las texturas; también porque sobra alguna
frase algo más sentimental de la cuenta en la primera parte de la obra y, sobre
todo, porque la meditación final resulta un punto más resignada, digamos
religiosa en el sentido más tópico del término, de lo que hubiera sido
preferible. La toma no ayuda: se queda algo corta a la hora de
recoger la amplia gama dinámica que exige la partitura. (9)
28. Harding/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2018). Aunque corrige los devaneos que se apreciaban en su registro con la Saito Kinen, Harding podría dar todavía una vuelta de tuerca más en lo que a emoción y poesía se refiere –la salida del sol, los momentos más líricos de la primera mitad de la obra–. En cualquier caso, nos encontramos una interpretación formidablemente trazada en su arquitectura global, delineada de manera admirable en lo que al tratamiento de planos sonoros se refiere y dicha con un perfecto idioma straussiano, aunando la riqueza tímbrica, el refinamiento bien entendido y la riqueza sin efectismos. Quizá la secuencia final resulte menos amarga e intensa que en la anterior ocasión, aunque en contrapartida tenemos una orquesta que supera con mucho a la japonesa: ala plasticidad y la depuración sonoras resultan inmejorables, por no hablar de la opulencia, la solidez y la fuerza que es capaz de desplegar tan impresionante instrumento cuando una batuta del virtuosismo de la del maestro británico se pone a su frente. El único reparo serio sigue siendo el de la versión de Nelsons con la misma formación: la Digital Concert Hall se queda corta a la hora de ofrecer la enorme gana dinámica que demansa una partitura como la presente. (9)
Esta entrada se publicó por primera vez el 5 de octubre de 2012. He añadido comentarios a las grabaciones de Karajan 1959, Dohnányi, Jansons 20111, Mehta 2014 y Barenboim 2014. Esta última es tan extraordinaria que no tengo más remedio que bajar un punto a la que registró el de Buenos Aires para Erato, sobre la que ya tenía ciertas dudas en comparación de la suya en Colonia; la filmación de esta última ha desaparecido de YouTube, al igual que el audio de la de Carlos Kleiber, pero por el interés de ambas interpretaciones, y con la esperanza de que vuelvan a circular, he mantenido –ligeramente modificados– los comentarios.También he realizado algunos otros retoques menores.
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Teniendo ya tras de sí a Don Juan, Till, Zaratustra y Don Quijote, Una vida de Héroe
marcó en 1898 la madurez definitiva de Richard Strauss en el género del
poema sinfónico, quien tuvo la oportunidad de evidenciar aquí el
dominio absoluto de todos los recursos orquestales y un poderoso
instinto teatral que serviría de base para que poco después se adentrase
con singular fortuna en el género operístico. La excusa argumental, eso
sí, no podía ser más presuntuosa: el Héroe es él mismo, la compañera
del Héroe su propia esposa, los enemigos son los críticos que le
atacaban, y las obras de paz no son otros que los poemas sinfónicos que
había compuesto con anterioridad.
La partitura, aun no
siendo en absoluto fácil de planificar y ejecutar, es todo un regalo
para mostrar el talento de la batuta y las virtudes de una orquesta,
como también la excelencia del concertino de turno, cuyos solos –representando a la compañera del Héroe– resultan fundamentales en el
tercer movimiento. No hace falta decir que esta partitura requiere para
su disfrute doméstico una toma sonora de cierta calidad: de ahí que he
centrado mis esfuerzos en grabaciones recientes, aun a costa de dejar de
lado los registros del propio Strauss y de Willem Mengelberg,
dedicatorio de la página.
1. Krauss/Filarmónica de Viena (Decca-Testament, 1952). Que el director austríaco fuera amigo y colaborador de Richard Strauss no le convierten necesariamente en un intérprete de referencia de su obra. De hecho esta lectura es de un entusiasmo y una vitalidad contagiosos, y el tratamiento incisivo de las maderas resulta muy atractivo, sobre todo en el retrato de los enemigos, pero por desgracia se echa de menos una dosis mucho mayor de vuelo lírico, voluptuosidad y elevación poética, resultando el conjunto algo cuadriculado y muy poco matizado. La parte épica, eso sí, está bien servida, y Willi Boskovsky da buena cuenta de su excelente hacer. La toma sonora resulta desequilibrada en los planos. (7)
2. Reiner/Sinfónica de Chicago (RCA, 1954). Con un sonido estereofónico increíble para la época –al menos en la edición en Super Audio CD– nos llega esta visión brillantísima y entusiasta dirigida por un enorme straussiano que en esta ocasión evidenció, todo hay que decirlo, una concentración algo irregular. El tema inicial resulta algo nervioso, sin toda la grandeza expansiva deseable. El retrato de los enemigos es especialmente incisivo y afilado. La compañera está tratada con ternura y sin el menor decadentismo, aunque aún el retrato podía ser más poético. Vibrante y nerviosa la batalla. Magníficamente expuestas, con sosiego y calidez, las obras de paz. El final es en general espléndido, aunque a la coda le falta grandeza. (8)
3. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1959). Recién entrado en su primera
madurez y frente a su nueva y flamante orquesta, Karajan hizo una verdadera
exhibición de técnica, de virtuosismo, e brillantez bien entendida y de dominio
del idioma straussiano con una interpretación caracterizada por su altísimo
voltaje emocional y por su vehemencia épica en absoluto epidérmica o nerviosa,
sino controlada a la perfección por una batuta sin duda proclive a la
exhibición, pero también comunicativa y comprometida a más no poder. Ahora bien, entre tanta incandescencia –que afecta no solo
al héroe sino también a su compañera, aquí retratada por un Michel Schwalbé muy
temperamental– se echa de menos una mayor profundización en los aspectos más
sensuales y amorosos de la página, así como una más desarrollada grandeza
humanística en los movimientos extremos de la obra. El retrato de los enemigos,
eso sí, está maravillosamente conseguido: ¡qué maderas las de la Berliner
Philharmoniker! (8)
4. Haitink/Concertgebouw (Philips, 1970). Que el joven Haitink era ya un maestro de enorme talento lo demuestra esta Interpretación ortodoxa, magníficamente trazada y ajena a cualquier devaneo sonoro, amén de muy equilibrada en sus componentes. En comparación con su muy posterior grabación de Chicago hay aquí un poco más ardor en el primer número, como también una pizca de más incisividad en el segundo, pero la escena de amor no es en Ámsterdam tan amorosa y sensual, y desde luego todo el final no alcanza el nivel de trascendencia y poesía posterior. La toma sonora, siendo buena, no se puede comparar con el relieve y la gama dinámica de la más reciente. (9)
5. Kempe/Staatskapelle de Dresde (EMI-Brilliant, 1972). Interpretación que fluye con naturalidad y elocuencia, en la que destacan sin duda la elegancia y la cantabilidad de los pasajes líricos, sobre todo en “las obras de paz”, por encima de aquellos más tempestuosos, que se ven seriamente perjudicados por una toma sonora estrecha de dinámica y que impide apreciar con claridad el tratamiento de timbres y texturas. Tampoco convence el final, al que le falta elevación poética. Kempe hizo otros Strauss bastante mejores que este, la verdad. Ni la orquesta ni el violín solista son gran cosa. (7)
6. Karajan/Filarmónica de Berlín (EMI, 1974). Aunque el maestro ya había dado cuenta de su sintonía con la obra en alguna grabación anterior, es en este registro para EMI donde Karajan alcanza la cima interpretativa de la partitura haciendo gala de su absoluto idiomatismo, su gran capacidad para aunar colorido, claridad, opulencia y refinamiento, así como su enorme comunicatividad, pero sin rastro de esos excesos y amaneramientos que dejaron especial huella en sus últimos años. A destacar la grandeza en la presentación del Héroe, la incisividad sin excesivas aristas de los enemigos y, sobre todo, lo incandescente del retrato de la compañera. Los aspectos más sombríos de la obra están asimismo excelentemente recogidos. Magnífico el final, sin ser particularmente profundo. Soberbio el violín. Una de las referencias, sin duda. (10)
7. Böhm/Filarmónica de Viena (DG, 1976). Independientemente de que la orquesta sea sensacional –portentoso el violín de Gerhart Hetzel–, el de Graz ofrece aquí uno de los más maravillosos trabajos straussianos de toda su carrera, que ya es decir: ejecución admirable, trazo perfecto, idóneo equilibrio de planos, total ausencia de efectismo, belleza sonora elevadísima y dotada de rigor marmóreo –ni rastro de en absoluto melifluidad–, elocuencia, elevación poética… Para qué seguir. Toda la interpretación esta revestida de un hálito de nobleza y elegante distanciamiento, pero habría que destacar los dos últimos números, paladeados con primor y concentración tales que se alcanza el más alto grado de lo sublime. La grabación es buena, pero se echa de menos mayor gama dinámica en los tutti. El conoció una fugaz edición en compacto en España gracias a Ángel Carrascosa y más tarde apareció en Japón; actualmente, es fácil encontrarlo en la serie Eloquence o en la caja Karl Böhm, Late Recordings. (10)
8. Solti/Filarmónica de Viena (Decca, 1977-78). Ni que decir tiene que Solti, enorme straussiano, ofrece una recreación extrovertida, brillante, incisiva y con extraordinaria garra dramática, así como ajena a cualquier tipo de devaneo sonoro. Lo que ocurre es que en esta ocasión el maestro se muestra un tanto escaso de inspiración, sobrando nervio en el primer número y echándose de menos sensualidad en el segundo, vuelo poético en el cuarto y concentración, profundidad y grandeza en el quinto. Bellísima, eso sí, la sonoridad tanto de la orquesta como de su concertino, Rainer Küchl. La toma sonora no recoge bien la brillantez del campo de batalla. (7)
9. Celibidache/Sinfónica de la Radio de Stuttgart (DG, 1979). Una pena que la orquesta se quede corta, como también el violín solista, porque la batuta oscila entre lo muy bueno –la vertiente épica–, y lo sublime –toda la parte lírica– manteniendo un tempo lentísimo pero con buen pulso y ofreciendo pasajes realmente mágicos, de una musicalidad e inspiración excelsas. Sólo se puede reprochar una relativa falta de incisividad al retratar a los enemigos del Héroe. (9)
10. Mehta/Filarmónica de Nueva York (CBS, 1981). No se pueden negar a Mehta brillantez, comunicatividad y dominio de la masa orquestal, pero el maestro indio –segunda de sus grabaciones de Heldenleben– aborda la partitura con nervio excesivo, no deteniéndose en paladear las melodías con la sensualidad debida y fracasando a la hora de conseguir la hondura, trascendencia y la elevación espiritual deseables. El violín de Glenn Dicterow, más afilado que amoroso. La toma sonora no es todo lo buena que pudiera haber sido. (7)
11. Karajan/Filarmónica de Berlín (DVD Sony y CD DG, 1985). Idiomática, refinada, sensual, brillante y elocuente lectura, riquísima en el color y con un perfecto equilibrio entre ensoñación y carácter épico. Puede resultar algo blanda a ratos, excesivamente ensimismada, y desde luego tendente al espectáculo sonoro, como es norma de la casa, pero aun así termina seduciendo. La interpretación de EMI estaba aún más conseguida, pero esta suena mejor. (9)
12. Karajan/Filarmónica de Berlín (Testament, 1985). Otra interpretación de Karajan y los suyos en la misma línea de la registrada en estudio el mismo año, pero aquí en directo y con peor sonido. Para ser genial le falta un poco de sentido del humor y, en el final, de dimensión metafísica. Quizá le sobra un poco de obsesión por la brillantez del sonido, pero es que hablamos de don Heriberto. (9)
13. Barenboim/Chicago (Erato, 1990). Aunque se puede echar de menos un color más rico y una mayor claridad, así como mayor incisividad y sarcasmo en el retrato de los enemigos, el de Buenos Aires triunfa por completo en una lectura amplia, elocuente, atmosférica, sensual y de enorme calado lírico, poco preocupada por la brillantez y con un profundo contenido espiritual. El retrato del Héroe está dicho con grandeza y sin la menor retórica. Más siniestros que caricaturescos los enemigos. Paladeada y muy sensual la compañera. La batalla comienza con enorme impulso y resulta particularmente impetuosa. Las obras de paz poseen una enorme poesía y espiritualidad. En la despedida, paladeada hasta el punto de que Barenboim está a punto de perder el pulso, se subrayan los aspectos dramáticos, incluso trágicos, y se alcanza una enorme profundidad filosófica. El final tiene mucha garra y es más interrogante que afirmativo. Espléndido Samuel Magad. La toma sonora podría ser mejor. (9)
14. Sinopoli/Staatskapelle Dresden (DG, 1991). Una verdadera explosión de la mayor variedad de colores y texturas imaginable de la mano de un Sinopoli extrovertido, brillante y comunicativo a más no poder –pero no por ello superficial o efectista– que sabe inyectar una enorme dosis de tensión sonora, elocuencia y teatralidad a la partitura sin por ello dejar de paladear las melodías con la concentración y voluptuosidad deseables. Le ayudan una orquesta de sonoridad ideal para este autor –muy arrebatado el violín– y una toma sonora francamente buena. La sección final no alcanza la hondura y poesía de un Karajan o un Barenboim, pero en su línea esta recreación del maestro veneciano resulta irresistible. (10)
15. Barenboim/Chicago (YouTube, Colonia, 1993). Barenboim repite y mejora su grabación de estudio añadiendo más incisividad a los enemigos del Héroe y, sobre todo, una dosis aún mayor de temperamento, pasión y arrebato, pero sin renunciar a un control absoluto de los elementos de la orquesta -la claridad vuelve a ser grande, el fraseo carente de precipitación- y a una total ausencia de retórica vacua. En resumen, una maravilla. El violín solista es en esta ocasión Rubén González, que está espléndido. Lástima que la retransmisión en su momento disponible en YouTube ofreciera un sonido monofónico pobre y muy recortado en la dinámica.¿Conocerá algún día esta filmación una edición comercial decente? (10)
16. Carlos Kleiber/Filarmónica de Viena (1993). Esta es probablemente la grabación sinfónica más famosa de las que nunca han llegado a editarse: Sony promocionó el lanzamiento a bombo y platillo, carátula incluida, pero jamás el compacto se vio en las estanterías. Probablemente a Kleiber se le cruzaron los cables, ya saben. Por fortuna los aficionados han hecho circular en diversos medios, entre ellos YouTube, el audio de esta lectura rápida y nerviosa, pero en absoluto descontrolada, que seduce por su sensualidad, brillantez, brío y sentido del color y de las texturas, pero en la que, a decir verdad, en determinados momentos se echa de menos mayor reposo y hondura. La bellísima sonoridad de la orquesta compensa semejante insuficiencia. (9)
17. Maazel/Radio Bávara (RCA, 1996). El veterano maestro demuestra por enésima vez su enorme sintonía con el universo de Richard Strauss con esta interpretación brillante, cálida, comunicativa, paladeada sin precipitaciones, pero siempre con buen pulso, perfecta en el idioma, rica en el color y siempre muy elocuente. Hay momentos líricos muy emotivos. La batalla resulta especialmente feroz, un punto estruendosa quizá. Solo falla la sección final, no todo lo elevada que debiera y con una coda ruidosa y efectista, un punto vulgar. (9)
18. Dohnanyi/Philharmonia (Signum, 2001). Estimable pero en absoluto
excepcional –faltan espacio y claridad– toma sonora que recoge un concierto en
el que la Philharmonia pone en evidencia que no es tan grandísima orquesta como
antes –primer violín un tanto neutro– y el maestro alemán, titular por aquellas
fechas de la formación londinense, se muestra antes como un profesional de
contrastada musicalidad y gran solvencia que como un inspirado intérprete de la
partitura straussiana. Todo está en su sitio, ciertamente, y además la batuta
ofrece vehemencia controlada, entusiasmo y sentido de los contrastes –incisiva,
vibrante la batalla-, pero el tema principal se expone siempre con exceso de
nervio y hay muchas frases en los que se echan de menos esa sensualidad, ese
lirismo y esa elevación poética de los más grandes recreadores de la página,
particularmente en toda la sección de las hazañas del héroe. El final sí que es
muy hermoso. (8)
19. Jansons/Concertgebouw (DVD RCO, 2004). Interpretación muy sólida, ortodoxa, brillante pero no del todo inspirada, también un tanto tosca en su sonoridad, con un violín –Alexander Kerr– algo dulzón en el final apenas controlado por una batuta preocupada de preparar una coda de lo más efectista. Así las cosas, la cálida, flexible y suntuosa sonoridad de la increíble orquesta holandesa es el gran atractivo de esta lectura registrada con imagen y sonido espléndidos. Existe una edición paralela en formato SACD. (8)
21. Luisi/Staatskapelle de Dresde (Sony, 2007). Contando con la baza de una orquesta ideal para el autor que, por si fuera poco, luce de maravilla gracias a una espléndida toma sonora –enorme disfrute en Super Audio CD–, el maestro genovés nos ofrece una interpretación fresca y animada, quizá no especialmente sarcástica en el retrato de los enemigos, que sobresale por su intensidad, por su sinceridad y por su total alejamiento del exhibicionismo sonoro, aunque desde luego la brillantez y la riqueza tímbrica están garantizadas. Admirable los pasajes más líricos y evocadores, en los que la batuta muestra una admirable concentración y una gran capacidad para ofrecer ternura sin caer en lo blando ni en lo excesivamente ensoñado. La partitura se ofrece con su final original en pianísimo, lo que a mi modo de ver es más que una curiosidad. (9)
22. Haitink/Chicago (CSO-Resound, 2008). El holandés repite e incluso mejora su antiguo registro en Ámsterdam en esta interpretación objetiva, sobria, ajena a cualquier tipo de devaneo sonoro –no hay exceso alguno–, maravillosamente paladeada, desarrollada con naturalidad, jamás precipitada y colocada en el punto justo de equilibrio entre incandescencia y carácter contemplativo, sin arrebatos ni decadencia mal entendida. Quizá a los dos primeros movimientos les falte un punto de imaginación y compromiso; por ejemplo, en el grado de acidez en el retrato de los enemigos. Pero la compañera del Héroe está tratada con una dulzura sensual y amorosa ajena a cualquier blandura, y no solo por la intervención excepcional de Roberto Chen. Todo el último movimiento alcanza la excepcionalidad, haciendo gala de una hondura, poesía y sentido de lo trascendente insuperables. Si tienen un reproductor de Super Audio CD, menos razones hay aún para dudar de la compra. (10)
23. Nézet-Séguin/Filarmónica de Rotterdam (BIS, 2010). He aquí otra magnífica toma sonora, también en formato SACD compatible, que recoge con naturalidad y amplia gama dinámica la riqueza sonora straussiana e incluso logra que la orquesta de Rotterdam, solvente y voluntariosa sin más, parezca mejor de lo que es. Por desgracia la dirección del joven maestro canadiense está por debajo de lo que deberíamos esperar de alguien que en otras ocasiones ha demostrado un gran talento. La concertación es muy buena, sin duda, el fraseo es muy elegante y se ofrece una incisividad muy especial a la hora de retratar a los enemigos, pero la aproximación a la partitura carece del fuego, la energía y la grandeza –que no grandiosidad– que debería tener, hasta el punto de que el Héroe resulta poco viril, incluso algo mojigato. Tampoco la compañera –el violinista Igor Gruppman anda tan despistado como la batuta– aparece retratada con toda la humanidad deseable, sino más bien cargada de tópicos femeninos. Más bien bastorro el clímax final. (7)
24. Jansons/Sinfónica de la Radio Bávara (DVD y Blu-ray Arthaus, 2011). Siete años
después de su grabación junto a la Concertgebouw, Jansons vuelve a dar buena muestra
de su afinidad con Richard Strauss con una interpretación idiomática, brillante
e irreprochablemente sonada en la que, como era de prever, son
mayores la solvencia, la profesionalidad y el buen hacer que la verdadera
inspiración. Faltan sensualidad, grandeza, garra en los clímax, imaginación a la
hora de aportar matices expresivos y, sobre, vuelo poético. De nuevo el violín
se muestra algo dulzón en sus intervenciones finales –cosa de Jansons, pues, no
de los respectivos concertinos– y en la coda se vuelve a recurrir al efectismo.
Imagen y sonido son de mucha calidad –en surround las trompetas of-stage suenan
por un lateral–, pero cosas aún mejores se han escuchado en este formato. (8)
25. Nelsons/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2012). El discípulo de Jansons consigue con este Richard Strauss la cuadratura del círculo. La interpretación es lenta según el reloj, pero no hay el menor asomo de pesadez gracias a una extraordinaria planificación de las tensiones internas, sin relajarse demasiado en “la compañera del Héroe”. Es brillante, descriptiva y colorista, pero en absoluto superficial, y menos aún ruidosa. Es sensual pero para nada hedonista. Y es sobre todo una lectura fogosa, temperamental, comunicativa y “echada hacia adelante”, pero logra evitar el problema que tal opción suene traer con ella (Solti, Carlos Kleiber), a saber, el nerviosismo y la falta de carácter reflexivo, porque el trazo es fluido, desprende naturalidad y “respira” de la manera adecuada. Sensacional Daishin Kashimoto. La filmación está disponible, previo pago, en la web de la orquesta. (10)
26. Mehta/ Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, enero 2014). De nuevo
Mehta más artesano que artista en una recreación incuestionablemente poderosa,
elocuente y bien trazada, pero más atenta a la opulencia del sonido que a la
claridad del entramado orquestal o a la riqueza del color, a la brillantez que
al detalle expresivo, y por ende un tanto plana e incluso superficial; en este
sentido, a las obras de paz le falta una buena dosis de sensualidad y vuelo
poético, y en el final se echa de menos verdadera trascendencia. Si no fuera por
la portentosa Sinfonía Doméstica que tiene también en la Digital Concert Hall,
se podría pensar que el maestro indio no da más de sí en este repertorio. La
orquesta, ideal para la obra, y muy lírico y hermoso –pero no
dulzón– el violín de Andreas Buschatz. (8)
26. Barenboim/Staatskapelle de Berlín (DG, 2014). Frente a una Staatskapelle
de Berlín en plena forma, menos brillante pero más cálida y sensual que la
formación norteamericana, y por ende más adecuada para las maneras de hacer de
Barenboim en los últimos años, ofrece el maestro una interpretación mucho más
madura, elevada y trascendente que la ya magnífica de Erato, además de más
clara, más sensual, y también más irónica cuando debe. Quizá pierde un
poco de carácter inflamado y combativo, al tiempo que gana en sensualidad, en colorido, en voluptuosidad, incluso en ese
hedonismo sonoro que a Barenboim no suele hacerle mucha gracia, pero imprescindible en Richard Strauss. Gana también en cantabilidad, en la creación
de grandes arcos melódicos que respiran como si se tratase de la voz humana. Y
gana, sobre todo, en elevación espiritual y sentido de lo trascendente, que ya se apreciaban en la grabación de Chicago pero ahora son superiores: los dos
últimos movimientos, recreados con particular lentitud y delectación, resultan
sublimes. Pero no todo se ha transfigurado, porque el carácter encrespado, el amargor y
el sentido trágico del Barenboim “de siempre” siguen ahí, algo que se hace muy
evidente en la aspereza terriblemente trágica de la sección “de alarma” (de
muerte, en realidad) situada antes del final. El concertino Wolfram Brandl está
formidable en su retrato, no solo amoroso sino también con mucho temperamento,
de la amada del Héroe. En realidad, toda la orquesta realizó una labor
sensacional: increíbles las maderas recreando con especial saña (¡mucho mayor
que en Chicago!) a los enemigos del protagonista y paladeando con emotividad las citas a los poemas sinfónicos precedentes. La síntesis
de todos estos elementos da como resultado la que quizá sea la mejor
interpretación de todas las comentadas. Espléndida la toma sonora, especialmente
en HD-Audio. (10)
Artículo publicado en el número de diciembre de 2010 de la revista Ritmo. ________________________________________________________________
Muy alto el nivel interpretativo de esta nueva entrega de la barata serie de dobles compactos dedicados a clásicos del siglo XX, ideal para hacerse de una tacada con obras no siempre fáciles de reunir. En el doble dedicado a Gustav Holst sólo desentona -por Júpiter y Neptuno- la en cualquier caso notabilísima lectura de Los planetas a cargo de Sir Adrian Boult (1978, cuarta y última de las que grabó), muy atractiva por su tratamiento de las texturas y por su admirable toma sonora. Todo lo demás es extraordinario, sobresaliendo las lecciones de André Previn en una entusiasta, colorista y muy “cinematográfica” lectura de The perfect fool y en una recreación de Egdon Heath lenta, concentrada y de un adecuado misticismo. Muy sensual registro del grupo 2 de los Himnos del Rig Veda a cargo de Sir Charles Groves, y una delicia la Suite nº 2 para banda militar. Notabilísimo también -y muy británico- Norman del Mar en las obras que le corresponden. En todo caso quien se lleva la palma es Sir Malcolm Sargent con su St Paul’s Suite, una asombrosa demostración de que la alegría y la luminosidad no están reñidas con la densidad y la tensión sonoras, revelándonos en el tercer movimiento insólitos ribetes dramáticos.
Más interpretaciones de lujo para música menor -y yo añadiría que bastante menos poética y más primaria que la de Holst, por no decir otra cosa- las encontramos en el volumen dedicado a Aram Khachaturian. Las suites de Spartacus y Gayaneh registradas por el compositor en 1977 con la Sinfónica de Londres que aquí se presentan son preferibles a las que grabó en 1962 para Decca, y no solo porque las selecciones -muy parecidas- están mejor hechas, sino porque la batuta consigue una mayor depuración técnica, lima estridencias -le ayuda una toma sonora de mayor naturalidad- y se muestra más atenta a la sensualidad; la celebérrima Danza del sable es buen ejemplo de lo dicho. Para la suite de Masquerade se ha recurrido a un registro de 1959 hasta ahora inédito en compacto en el que el compositor Alfred Newman, no todo lo elegante y refinado que debiera, inyecta entusiasmo y pasión desbordantes. Los conciertos para piano y violín, registrados con discreto sonido monofónico bajo la irreprochable dirección de Sir Adrian Boult y el propio Khachaturian respectivamente, se encuentran defendidos por un Mindru Katz de sonido poderoso y enorme sinceridad y por un David Oistrakh -puro fuego controlado- que canta las melodías con una calidez incomparable. Cristina Ortiz firma ágiles y un punto nerviosas versiones de varias piezas para piano solo.
La música grande de verdad llega con los dos cuartetos de György Ligeti, maravillosamente bartokiano el primero, personalísimo y genial el segundo. El Cuarteto Artemis (registro de 1999 prestado por Virgin) se enfrenta a ellos con un sonido delgado -algo raquítico el primer violín- y ágil, también con un apreciable estilo, pero evidenciando desigualdades: bastante inquieta y nerviosa la interesante versión del nº 1, que aporta mucha “guasa” en la sección más irónica, y menos lograda la del nº 2, carente de la tensión sonora, la imaginación y el virtuosismo de las tres referenciales grabaciones del Arditti. Como complemento se incluye el disco de páginas a cappella grabado en 1988 por el Groupe Vocal de France bajo la dirección de Guy Reibel, versiones algo frías pero que nos permiten maravillarnos con la evolución del compositor desde unos comienzos de raíces folclóricas hasta la madurez magistral de Lux aeterna. Correctas Ramifications, y sensacionales las Seis bagatelas para quinteto de viento por Tuckwell y sus muchachos.
Gran idea la de recuperar el CD en el que James Conlon recrea interesantes páginas orquestales del cada día más revalorizado Franz Schreker manteniéndose atento a la clarificación de texturas y ajeno al peligro del decadentismo, aunque quizá sin destilar toda la sensualidad que debiera. Completando el lanzamiento se ofrecen la Sinfonía de Cámara del mismo autor en interpretación extrovertida y angulosa de un Franz Welser-Möst que debería haber paladeado la obra con mayor reposo y atención a la claridad; las Variaciones sobre una canción húsar de Franz Schmidt por Hans Bauer, quien acierta sobre todo en la mágica introducción de carácter impresionista; y los Dos estudios sobre Doktor Faust de Busoni, dirigidos con estilo más británico que germánico -con más elegancia que atmósfera- por Daniell Revenaugh. De propina, Fischer-Dieskau y Thomas Hampson poniendo todo su arte al servicio de dos hermosas páginas de Schreker.
Finalmente nos encontramos con un precioso doble dedicado a Vaughan Williams de altísimo nivel interpretativo en el que sobresale la concentrada objetividad de Bernard Haitink acompañando a unos inspiradísimos Sara Chang e Ian Bostridge en La alondra elevándose y On Wenlock Edge, respectivamente, un cálido Sir Adrian Boult defendiendo la Norfolk Rhapsody nº 1 y la Serenade to Music, un Vernon Handley que ofrece sendas lecciones de estilo en Las avispas y Flos Campi y, sobre todo, un Sir John Barbirolli conmovedor en la Fantasía sobre Greensleeves y genial en su visionaria recreación de la Fantasía Tallis, aunque quien nos termina dando la sorpresa es un juvenil y extraordinariamente cálido Anthony Rolfe Johnson en las Songs of Travel. Menos expresivo que su colega resulta Ian Partridge en el ciclo On Wenlock Edge, que se ofrece en su versión camerística original. En cualquier caso, si no tiene este repertorio en su discoteca, doble imprescindible.
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HOLST: A Somerset Rhapsody. Brook Green Suite. The Perfect Fool. The Planets. Suite nº 2 for Military Band. St. Paul’s Suite. Egdon Heat. Hymns from the Rig Veda. A Choral Fantasia. Solistas. Orquestas. Dirs: Norman del Mar, André Previn, Eric Banks, Sir Malcolm Sargent, Sir Charles Groves, Imogen Holst. EMI 6 27898 2 2 CDs. 143’17’’ ADD/DDD EMI-Hispavox ****
KHACHATURIAN: Spartacus (suite). Gayaneh (suite). Masquerade (suite). Concierto para piano. Concierto para violín. Cuatro piezas de “Imágenes de la infancia”. Mindru Kazt, piano. Cristina Ortiz, piano. David Oistrakh, violín. Orquestas. Dirs: Aram Khachaturian, Sir Adrian Boult, Alfred Newman. EMI 6 27890 2 2 CDs. 151’16’’ ADD EMI-Hispavox ****
LIGETI: Cuartetos para cuerdas nº 1 y 2. Ramificaciones. Seis bagatelas. Lux Aeterna. Tres fantasías sobre Friedrich Hölderlin. Cuatro canciones húngaras. Tres canciones folclóricas húngaras. Canciones de Matraszentimre. Dos canciones húngaras. Cuarteto Artemis. Quinteto de vientos de Barry Tuckwell. Orquesta de Cámara de Lausana. Dir: Louis Auriacombe. Groupe Vocal de France. Dir: Guy Reibel. EMI 6 27905 2 2 CDs. 115’04’’ ADD/DDD EMI-Hispavox ***
SCHREKER: Sinfonía de cámara. Intermezzo. Vorspiel zu einem Drama. Romantische Suite. Die Dunkelheit sinkt schwer wie Blei. Vorspielm zu einer grossen Oper. In einem Lande ein bleicher Köning. SCHMIDT. Variaciones sobre una canción hussar. BUSONI. Dos estudios sobre Doktor Faust. Solistas. Orquestas. Dirs: Franz Welser-Möst, James Conlon, Fabio Luisi, Hans Bauer, Daniell Revenaugh. EMI 6 27973 2 2 CDs. 148’39’’ ADD/DDD EMI-Hispavox ***
VAUGHAN WILLIAMS: Fantasia on a Theme by Thomas Tallis. Fantasia on Greensleeves. The Wasps. The lark Ascending. Flos Campi. Five variations of “Dives and Lazaru”. Norfolk Rhapsody nº 1. On Wenlock Edge. Silent Noon. Songs of Travel. Serenade to music. Solistas. Orquestas. Dirs: Sir John Barbirolli, Vernon Handley, Bernard Haitink, Sir David Willcocks, Sir Adrian Boult. EMI 6 27910 2 2 CDs. 155’38’’ ADD/DDD EMI-Hispavox ****