domingo, 30 de enero de 2011

Resurrección de Mahler por partida doble: Nott y Järvi

Por mucho que a uno se le acumulen discos y discos por escuchar, de vez en cuando conviene renunciar a lo que a uno le apetece para tomarle el pulso al mercado. Por ejemplo, en lo que al fonográficamente inagotable universo mahleriano se refiere. Por eso el otro día me zampé la reciente Cuarta con instrumentos originales de Philippe Herreweghe (enlace) y ayer me puse seguidas (por descontado que con toda la atención y sin hacer nada al mismo tiempo, que es como hay que escuchar las cosas) dos interpretaciones recientes de la Segunda Sinfonía, Resurrección. La primera la ha editado el sello Tudor y corre a cargo del joven maestro Jonathan Nott al frente de la Sinfónica de Bamberg. Otra formación centroeuropea, la de la Radio de Frankfurt, se encarga del registro editado por Virgin, con el ubicuo Paavo Järvi en el podio y el concurso excepcional de nuestro Orfeón Donostiarra. Ninguna de las dos, me temo, es para echar cohetes.


La interpretación de Jonathan Nott, lenta y ensoñada, me ha dejado indiferente. El director inglés, en su intento de no ofrecer un Mahler esquizofrénico para resaltar en su lugar los aspectos más apolíneos de la escritura orquestal, parece sumido en un estado de meditación continua que viene muy bien para el cuarto movimiento, serenísimo y de gran belleza, pero resulta equivocado para el resto de la partitura, que necesita una dosis mucho mayor de teatralidad, garra dramática, colorido, sentido de los contrastes y tensión interna. El resultado es plano, cuando no soporífero. A destacar en cualquier caso la solvente labor de Anne Schwanewilms y Lioba Braun, el digno esfuerzo del Coro y Orquesta Sinfónica de Bamberg y la notable toma sonora que recoge en vivo, en marzo de 2008, la amplísima gama dinámica que la partitura demanda.

La lectura de Paavo Järvi, de mayo de 2009, tiene todos aquellos ingredientes que le faltan a la de Nott, pero al mismo tiempo resulta mucho más irregular porque cae en algunos de los defectos que aquél cuidadosamente evitaba: no el efectismo, pero sí la discontinuidad en el trazo y, lo que es más grave, la cursilería. El comienzo, con garra y sentido dramático, resulta prometedor, y las cosas parecen ir con sensatez hasta que, en busca de contrastes, a la batuta se le desploma la tensión; a partir de ahí se suceden episodios enérgicos, pasajes inútilmente ensimismados y portamentos fuera de lugar para una sensibilidad de hoy.

El segundo movimiento me parece impresentable: Järvi pretende demostrar que es el director más fino del mundo y cae en una ingravidez no ya insípida sino abiertamente cursi a la que solo le faltan las cuerdas de tripa para que salgan algunos hablando, como ocurrió con la citada Cuarta de Herreweghe, de “histórica revelación”. Las cosas mejoran en el tercero, pero uno no puede dejar de echar de menos la mala leche (ay, Klemperer) que destilan los pentagramas. En el cuarto, fraseado con concentración, Alice Coote resulta algo artificiosa en el fraseo. El quinto, finalmente, funciona bastante bien pese a algunos pasajes más o menos blandengues, subiendo el nivel como la espuma en el momento en que aparece el Orfeón Donostiarra, sensacional como ya lo estuvo en la última versión de Abbbado. Natalie Dessay está igualmente estupenda en sus breves intervenciones y el maestro estonio cierra la obra con la grandeza, brillantez y sinceridad que se merece el momento. La grabación, sin alcanzar la gama dinámica de la de Nott, posee una naturalidad, transparencia y relieve que asombran.

¿Conclusiones? La grabación del sello Tudor, sin ser mala, no se la recomiendo a nadie. La de Järvi, extremadamente desigual y con momentos mucho peores que la de su colega, logra interesar a ratos e incluso al final llega a emocionar. Por ello a quienes les guste mucho Mahler les sugiero que, si pueden, le peguen un repaso. Claro que si alguien me preguntase por una sola versión para tener en la estantería le recomendaría alguno de los clásicos de toda la vida: Klemperer/Philharmonia, Bernstein/Sinfónica de Londres, Mehta/Viena… y también la de Solti, que aunque no suele contar con el beneplácito de los mahlerianos a mí me convence bastante. La mítica de Bruno Walter en Sony me parece, sin embargo, más fría de la cuenta. Cuestión de gustos, como siempre.

5 comentarios:

Andante moderato dijo...

Ya que por estos días estás escribiendo acerca de la Cuarta Sinfonía de Gustav Mahler, quisiera preguntarte si conoces la histórica versión grabada por la soprano Margaret Ritchie junto a la Orquesta del Concertgebouw dirigida por Eduard van Beinum (Decca, 1952). A juicio de numerosos aficionados, se trata de una gran interpretación de la obra, a cargo de un maestro injustamente olvidado.
Saludos.

FLV-M dijo...

Lo siento mucho, no la conozco. Saludos.

vicentet dijo...

Fernando,a cual de las dos de Solti te refieres, a la de Chicago o a la de Londres?
Cierto es que el Mahler de solti no es de lo mas apreciado pero tiene una vertiente didactica con tempi rapidos y a veces cuasi expresionistas
Y hablando de la segunda, recomiendo que escuchen la version de la Radio Bavara dirigida por Kubelik en un registro en vivo del sello audite, que compré hace poco en formato LP 180gr y es una maravilla,emocionante como pocas.

FLV-M dijo...

Es verdad, se me olvidaba especificar: me refería a la versión con de Solti con la Sinfónica de Chicago de 1980, por cierto increíblemente bien grabada, no la anterior en Londres, que no conozco.

La de Kubelik de 1982 que me recomienzas sí que la tengo, aunque no en vinilo sino en CD. A mí me gusta mas no me entusiasma, porque siendo muy lírica me parece también bastante descafeinada, y sin suficientes aristas tímbricas en los tres primeros movimientos. Me convenció bastante más el último.

vicentet dijo...

El problema de conocer la segunda de Klemperer ya sea Amsterdam, Londres o Munich entre otras es su mala leche y sus aristas como puntas de flecha,pero tambien caben otras visiones mas panteistas y liricas y en este caso Kubelik ofrece una version muy estimulante con el plus del directo.