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lunes, 21 de agosto de 2017

La Lulu de Loy y Pappano en el Covent Garden

Este Blu-ray editado por Opus Arte con la extraordinaria calidad audiovisual que es propia del sello corresponde a las funciones que de la Lulu de Alban Berg –versión en tres actos completada por Friedrich Cerha– se ofrecieron en la Royal Opera House de Londres en junio de 2009 en producción escénica de Christopher Loy bajo la batuta de Antonio Pappano. Es la misma propuesta teatral que vimos cuatro meses más tarde en el Teatro Real, en este caso bajo la batuta de Eliahu Inbal, con un elenco en el que repetían las dos principales féminas, Agneta Eichenholz en el rol titular y Jennifer Larmore como la Condesa Geschwitz, además de Will Hartmann como el pintor. En Madrid el vapuleo de la crítica fue monumental, aunque a un servidor, como pude explicar en este blog, no le pareció el bodrio que a muchos aficionados, probablemente porque tuve la oportunidad de ver el espectáculo en primera fila.


Efectivamente, es la de Loy una propuesta pensada para ver muy de cerca: funcionó de manera aceptable estando sentado al lado del escenario, y vuelve a hacerlo con los primeros planos que ofrece la filmación, porque la naturaleza de la misma la hace inoperante para cualquier espectador que no esté lo suficientemente cerca como para percibir la gestualidad diseñada por el regista. Por lo demás, a lo entonces escrito me remito, no sin antes apuntar que, aun con sus insuficiencias y no pocos aspectos discutibles, esta es una producción escénica que sí atiende a la música y al libreto: nada que ver con la no menos conceptual pero pretenciosa y ridícula a más no poder de Andrea Breth que boicotea, en el DVD editado por DG, uno de los mejores trabajos directoriales de Daniel Barenboim.

En cuando a Antonio Pappano, su trabajo no me ha parecido todo lo admirable que esperaba de alguien de su talento para el foso de ópera. Hay que admirar su inmediatez, su comunicatividad y su instinto teatral. También la mezcla de carnalidad e incisividad del tratamiento tímbrico, así como la atención a los aspectos más escarpados –léase expresionistas– de la partitura. Pero a mi entender no termina de profundizar en las atmósferas, ni de conseguir la concentración deseable: una página tan decisiva como la música cinematográfica resulta en exceso nerviosa. Y hay picos dramáticos que no alcanzan la rabia y la fuerza opresiva deseable, particularmente los finales de los dos últimos actos. En cualquier caso, notable trabajo.


Nada tengo que añadir a lo dicho sobre Agneta Eichenholz en mi reseña de las funciones del Real: una Lulu con molestas tiranteces en los agudos pero estimable. Ni sobre las estupendas actuaciones de Jennifer Larmore y Will Hartmann. En Londres Michael Volle se encargó de Schön: más que solvente aunque un tanto monolítico. Su hijo lo encarnaba el otras veces inaguantable Klaus Florian Vogt, aquí cuanto menos correcto. Si en Madrid Schigolch era nada menos que Franz Grundheber, en la capital británica se encargó del papel ese eterno secundario que fue Gwynne Howell, con resultados dignos. Peter Rose y Heather Shipp encarnaron bien al atleta y al muchacho respectivamente, mientras que el malogrado Philip Langridge, ya regular de voz pero enorme artista, resultó un lujo asiático para el mayordomo –personaje generalmente desapercibido pero aquí muy bien atendido por Loy– y para el marqués proxeneta.

¿Recomiendo el visionado? A los muy interesados en esta obra, entre los que me cuento, creo que sí. Al resto de los aficionados les animo a ver el vídeo de Pierre Boulez y Patrice Chéreau, a día de hoy todavía disponible en YouTube.

martes, 15 de septiembre de 2009

Desde la casa de los muertos: Boulez y Chéreau frente a Abbado y Grüber

He tenido la oportunidad de ver en un mismo día dos filmaciones de la magnífica obra póstuma de Leos Janácek, Desde la casa de los muertos. La primera, la reciente producción (julio 2007) del Festival de Aix-en-Provence dirigida en lo musical por Pierre Boulez y en lo escénico por Patrice Chéreau, en la que ha sido su tercera colaboración mutua tras el polémico Anillo de Bayreuth y la mítica Lulu de la Ópera de París allá por los años setenta. La segunda corresponde al Festival de Salzburgo de 1992, contando con una propuesta escénica de Klaus Michael Grüber y el protagonismo musical de Claudio Abbado.

Janacek_Boulez_Chereau
El equipo francés gana por goleada. La dirección de Boulez, tensa, sobria, incisiva y decididamente “antirromántica”, aunque no por ello inexpresiva, obtiene un extraordinario rendimiento de la Orquesta de Cámara Mahler y del fantástico Coro Arnold Schoenberg. Abbado, por su parte, extrae un riquísimo colorido de la simpar Filarmónica de Viena y hace gala de una brillantez incontestable, pero su recreación -más bien premiosa en los tempi- adolece de un excesivo nerviosismo y no logra desplegar (al contrario que el “frío” Boulez) la emotividad necesaria; el milanés tiende, además, a la aparatosidad y al escándalo gratuito.

El trabajo de Chéreau, inteligente y minucioso, es una verdadera lección de teatro, pero también de teatro al servicio de la música, es decir, de ópera: hay aquí singulares aportaciones, pero ni un solo capricho gratuito ni una concesión de cara a la galería. La producción de Salzburgo, que muchos pudimos ver en 2005 en el Teatro Real madrileño, es sin duda más hermosa plásticamente merced a a la espléndida labor de Eduardo Arroyo (y de Vinicio Celi en la luminotecnia, no le olvidemos), pero la dirección de actores de Güber palidece al lado de la de Chéreau: ni los personajes están tan ricamente definidos ni las situaciones están tan bien explicadas.

Janacek_Gruber
El equipo vocal de la producción de Salzburgo (que, al contrario que la de Aix, aún espera su trasvase a DVD, aunque se ha visto por el canal Classica) cuenta con la lujosa presencia del grandísimo Nicolai Ghiaurov: lujosa pero testimonial, porque el personaje de Alexander Petrovic Gorjancikov, hilo conductor de la trama y trasunto del propio Tolstoi -autor en el que se basa libreto confeccionado por Janácek-, canta más bien poco. No lo hace mal Olaf Bär en Aix. En el rol del joven prisionero Aljeja encuentro preferible, por razones dramáticas, a un tenor (Eric Stoklossa, en la producción francesa) que a una soprano (Elzbieta Szmytka en la austriaca).

El resto del elenco es, por lo demás, algo superior el festival francés, llevándose la parte del león, en los decisivos personajes de Skuratov y Siskov repectivamente, el magnífico John Mark Ainsley y ese reciente descubrimiento que es Gerd Grochowski, aunque no es menos acongojante la presencia escénica (vocalmente está acabado) de Heinz Zednik, el Loge del Anillo arriba citado, encarnando al viejo prisionero. En Salzburgo está francamente bien el Siskov de Monte Pederson, aunque nuestra simpatía se la lleva ese enorme recreador de personajes que es Philip Langridge como Skuratov.

¿Conclusión? Si la producción de Salzburgo saliese en DVD sería una compra recomendable, pero la edición que tiene que figurar en las estanterías de los amantes de la ópera (de la ópera de verdad, no de una o dos grandes voces exhibiendo poderío sobre un galimatías orquestal y moviéndose sin rumbo por la escena) es la de Boulez y Chéreau. Por cierto, aprovecho para insistir en que el regista y cineasta francés sigue viviendo en Sevilla (acompañó a su amigo Barenboim en su reciente estancia del West-Eastern Divan), pero aún no ha realizado ninguna producción operística en el Maestranza. Sea la decisión suya o de Pedro Halffter, salimos perdiendo todos.

martes, 14 de julio de 2009

El Minotauro, de Birtwistle: una admirable ópera del siglo XXI

Aprovechando la rebaja veraniega del 50% en numerosos lanzamientos de Opus Arte, sello británico caracterizado por su inmejorable calidad audiovisual y sus elevadísimos precios, me compré el doble DVD de The Minotaur, ópera escrita por Harrison Birtwistle (n. 1934) sobre libreto de David Harsent estrenada en el Covent Garden el 15 de abril de 2008. Hace nada, vamos. Acerté con la compra.

Minotaur_Birtwistle
He aquí un modelo de lo que puede (¿debe?) ser la ópera del siglo XXI. Por un lado, un libreto sólido, inteligente, que no se acompleja de ser tachado de conservadurismo por recuperar un mito de la antigüedad clásica, y que sabe fusionar aspectos narrativos y conceptuales ofreciendo multiplicidad de lecturas para quien lo demande, pero también “narración” pura y dura a quienes no quieran ver más que una historia bien contada.

Por otro, una música que no es ni “antigua” ni “moderna”, que sabe beber de las fuentes sin caer ni mucho menos en el eclecticismo y sin dejar de poseer una marcada personalidad; una música que está magníficamente orquestada y que, aun renunciado a toda concesión de cara a la galería para volcarse en el servicio al drama, resulta por encima de todo fresca y comunicativa: la voluntad de enganchar con el público, al contrario de lo que ocurre con otros muy “comprometidos” (léase “subvencionados”) creadores de hoy, resulta evidente.

Minotaur_Birtwistle_2
Obra tensa y violenta, por momentos un pelín discursiva y no del todo bien trabada en sus dos líneas argumentales (la que se refiere a Ariadna y Teseo, por un lado, y la que se ocupa del Minotauro, por otro) esta en cualquier caso admirable ópera se beneficia de una puesta en escena sobria, inteligente y muy sangrienta de Stephen Langridge, de un apasionado Antonio Pappano que no duda en subrayar las numerosas aristas de la partitura (¡impresionante la percusión en un equipo con subwoofer y DTS!), de un coro espléndido y de un sólido equipo de cantantes encabezado por Christine Rice (pobre en el grave pero muy elegante, musical y voluntariosa) y el cada día más valorado Johan Reuter (no hace mucho Nick Shadow en el Real -enlace-). Incuso el gran Philip Langridge tiene un suculento papelito.

Claro que quien se lleva el gato al agua es Sir John Tomlinson, el Minotauro propiamente dicho. Lejos de las insuficiencias vocales que afectaban a su Haendel, su Mozart o su Wagner, el bajo (más que barítono-bajo) británico ofrece, en este rol específicamente escrito para sus particularidades, monólogos espeluznantes, de una sinceridad desgarradora, que se convierten en una magistral lección de cómo fundir drama y canto. Y en eso consiste, precisamente, la auténtica Ópera.

domingo, 14 de junio de 2009

Imprescindible Boris con Salminen en el Liceu

MUSSORGSKY: Boris Godunov (versión de 1869).
Salminen, Asawa, Arnet, Toczyska, Langridge, Shagidullin, Halfvarson, Lindskog, Kotcherga, Zapata, Mentxaka. Coro de Cámara del Palau de la Música Catalana. Coro Vivaldi. Pequeños Cantores de Cataluña. Coro y Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceo. Dir: Sebastian Weigle.
TDK DVWW-OPBORIS
152’
**** R


He aquí una obra maestra absoluta, el Boris Godunov en su versión original de 1869 -esto es, con la orquestación del propio Mussorgsky y sin el acto polaco- servida de manera difícilmente superable para tratarse de una función en directo. Y eso que la batuta de Sebastian Weigle, que obtiene un extraordinario partido de orquesta y coros, aún podía ser más opresiva, atmosférica e idiomática.

Pero en todo caso se trata de una dirección muy sólida y bien encaminada que se pone al frente de un equipo de cantantes-actores de auténtico lujo (¡cómo están todos, cielo santo!) capitaneado por un Matti Salminen inmenso en lo físico, en lo vocal, en lo interpretativo y en lo escénico. Por no hablar de la portentosa dirección escénica de Willy Decker, moderna y creativa pero siempre al servicio de Mussorgsky, o de la sugerente luminotecnia de David Finn.

Total, DVD imprescindible a pesar de la tomadura de pelo de TDK: no incluir la pista de sonido en DTS que sí se anuncia en la carátula del producto.
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Artículo publicado en el número de noviembre de 2006 de la revista Ritmo.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Jurowski-Jones: Hänsel y Gretel sin caramelo

Dicen que no terminó de entusiasmar a cierto público neoyorquino esta producción del maravilloso título de Humperdinck, que se ofreció en el Metropolitan las pasadas navidades y que hace pocos meses ha editado EMI en formato DVD. No me extraña: a determinadas sensibilidades de "nuevo rico" no les debe de haber hecho mucha gracia ver un Hänsel y Gretel sin rastro alguno de la puerilidad tópica, cursi y almibarada con que a veces se aborda. Pero a mí me ha encantado la propuesta de Richard Jones, rematadamente teatral (¡qué dirección de actores!), personal e imaginativa pero no provocadora ni disparatada, que acertadamente subraya, sin pasarse, los aspectos más sombríos y escabrosos del asunto, bien apoyada por un fantástico diseño de producción a cargo de John Macfarlane.



En sintonía con la propuesta escénica, VladimirJurowski ofrece una dirección intensa, dramática y aristada en la que apenas hay concesión a la dulzura, hasta tal punto de que, siendo muy emocionante y haciendo gala de un portentoso sentido del color, en algún pasaje se puede echar de menos una mayor delectación melódica. De todas formas, un soberbio trabajo. Fabulosa la orquesta y maravillosa la escolanía infantil.

Estupenda Christine Schäfer (menudo cambio, de la "viciosa" Lulu a la angelical Gretel), a pesar de algunas tiranteces en el agudo; y notabilísima, ya que no muy personal, la mezzo Alice Coote. Un lujazo en el rol de la madre la presencia de Rosalind Plowright, menos mediocre en lo vocal que lo esperable a su edad y artista como la copa de un pino. Sólido, más que matizado, el padre de Aland Held. Aceptable Sasha Cooke como el hombre de arena y bastante mejor la espléndida Lisette Oropesa como el hada del rocío. Claro que quien se lleva el gato al agua es Philip Langridge, un artista al que no se valora como se merece: su bruja es divertida, sí, pero en lugar de graznar, canta. Y canta de manera admirable.

La función, que corresponde al 1 de enero de 2008, está bien filmada (aun abusando de los contrapicados) y posee una soberbia toma sonora en 5.1 auténtico. Renée Fleming hace de simpática anfitriona. Los extras son escasos pero interesantes. Y el precio al que se ofrece el DVD es bastante aceptable. Se lo recomiendo plenamente al lector de estas líneas, más aún que el de Solti con la Filarmónica de Viena (Deutsche Grammophon), musicalmente excelso pero anticuado en la parte escénica (enlace).

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