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jueves, 21 de septiembre de 2023

Sinfonía nº 1 de Shostakovich: discografía comparada

Esta entrada se publicó por primera vez el 6 de enero de 2010. Ahora aparece sustancialmente remozada. Quien quiera saber algo más sobre la prodigiosa Primera Sinfonía de Shostakovich, aquí tiene un enlace que podría ser de utilidad. 

Confieso que no estoy contento de cómo ha quedado la comparativa, pero puede ser divertida. Una vez más, insistir en que no se tomen muy en serio esto de las puntuaciones del uno al diez. ¡Como si se pudiera medir realmente algo tan subjetivo como es la interpretación musical!

1. Markevitch/Orquesta de la ORTF (EMI, 1955). El joven Markevitch construye una versión rápida y electrizante. El primer movimiento resulta teatral, animado y humorístico, no especialmente corrosivo aunque tampoco nada naif, sino lleno de intención, a lo que ayuda una tímbrica muy incisiva. El segundo, lleno dinamismo, se precipita y no deja respirar a la música con el sentido atmosférico que debe. El tercero y el cuarto son muy punzantes y poseen una adecuada rebeldía. Impresionantes los timbales antes del final, de un carácter implacable lleno de amenaza. Lástima que la planificación no sea irreprochable y que existan momentos de barullo. (8)

 

2. Martinon/Sinfónica de Londres (RCA-Decca, 1957). El maestro francés, quizá por lo curvilíneo de su fraseo y su sensibilidad para el color, convence sin problemas en un primer movimiento animado, juguetón y con una dosis muy adecuada de ironía, ya que no de sarcasmo, pero se muestra más bien deslavazado en el segundo, cuyo clímax deja bastante que desear. Los otros dos los plantea con intensidad “romántica”, atención a la atmósfera y plena conciencia del subtexto dramático, pero con frecuencia se precipita y no logra dotar de continuidad al discurso. La orquesta tampoco ayuda: los metales no están en plena forma y las trompetas, concretamente, dejan mucho que desear. La toma, estereofónica, es clara y equilibrada en los planos, pero bastante áspera y carente de relieve, mostrándose lastrada por la compresión dinámica. (7)



3. Kurtz/Philharmonia (EMI, 1957). Al frente de una orquesta maravillosa y beneficiándose de una toma de sonido ya estereofónica, el maestro ruso realiza una interpretación objetiva, maravillosamente construida, directa y sin el menor devaneo, y dotada de un elevado sentido teatral. Eso sí, sin ofrecer toda la ironía que debe destilar el primer movimiento, el sentido de lo inquietante y lo misterioso del segundo, la hondura dramática del tercero ni la emotividad del cuarto. (8)



4. Stokowski/ Symphony of the Air (EMI, 1959). Ya desde un agrio y sarcástico comienzo queda claro que el mítico maestro captura a la perfección el espíritu de la obra y va a optar por una lectura poco festiva, con mucha retranca, que se beneficia de su gusto por la tímbrica descarnada, pero que también se ve lastrada por un pulso muy irregular –deplorable el arranque del Scherzo–, por una ejecución un tanto chapucera y por alguna excentricidad marca de la casa. A destacar, en cualquier caso, el carácter particularmente amargo que Stokowski destila en los dos últimos movimientos, así como su alejamiento de la retórica y el triunfalismo. En la toma sonora, estereofónica, se notan demasiado los empalmes. (7) 



5. Ormandy/Orquesta de Philadelphia (Sony, 1959). Sin ser el precisamente el colmo del riesgo y de la personalidad, sino más bien un artesano de la más absoluta honestidad, Ormandy demuestra una perfecta comprensión de la tempranísima partitura, tanto del componente gamberro y circense de su primera parte –sin llegar al extremo de sarcasmo que más adelante ofrecerá un Rozhdestvensky– como del indisimulado romanticismo de la segunda –sin alcanzar el profundo e intenso pathos de un Bernstein–. Todo ello lo pone en sonido mediante una técnica sin fisuras y una orquesta en estado de gracia. (9)



6. Markevitch/Orquesta Nacional de la ORTF (DVD EMI, 1963). Ocho años después de su registro en audio para EMI, la Radiodifusión Francesa realizó esta filmación de mediocre calidad audiovisual que no solo no mejoró el registro oficial realizado para EMI, sino que dejó más aún en evidencia las limitaciones de la orquesta. Los parámetros interpretativos son prácticamente los mismos. En cualquier caso, resulta impagable contemplar el gesto sobrio y marcial de Markevitch. (7)



7. Ancerl/Orquesta Filarmónica Checa (Supraphon, 1964). El director checo acierta con una interpretación fresca y juvenil, desprejuiciada, extrovertida y muy sincera. El primer movimiento le sale especialmente animado y bullicioso, ofreciendo una acertada tímbrica incisiva, aunque quizá sea un poco más risueño de la cuenta y por momentos roce lo pimpante. Muy animado y dinámico el segundo, si bien no rehuye lo inquietante. Abiertamente rebelde –más que nihilista– el Lento, y de gran sentido de la teatralidad pero sin asomo de retórica el final, cuya tímbrica áspera y tratamiento dramático resultan muy acertados. (9) 



8. Kondrashin/Filarmónica de Moscú (Melodiya, 1972). Evidenciando su contrastada afinidad con la música del autor, el gran director ruso ofrece en su pionera integral una interpretación tensa y corrosiva, de clímax hirientes y rebeldes, atenta tanto al sarcasmo como al dramatismo, que podría ganar aún en refinamiento y paladear mejor el –aun así, intenso– tercer movimiento. Magnífico el final, frenético y nada triunfalista. (9)



9. Rozhdestvensky/State Academy Symphony Orchestra of the URSS (Brilliant, 1976). Aunque en su integral obtendrá resultado más convincentes, por ofrecer un trazo más cuidado y una mejor planificación global, el marido de la Postnikova ofrece ya una interpretación ácida, tensa y corrosiva, que no mira al pasado romántico sino al futuro Shostakovich expresionista. El Allegretto es juguetón pero albergando mucha mala leche. El Allegro que le sigue resulta aristado, no del todo gótico. El tercer movimiento es muy negro y doliente, mientras que el cuarto sabe ser antes frenético que triunfalista. Lástima que a veces haya algo de confusión y que la grabación, más bien pobre, desequilibre los planos sonoros. (9)


10. Solti/Sinfónica de Chicago (Blu-Ray Cmajor, 1977). En uno de los primeros acercamientos del maestro al universo del autor de La nariz, Solti nos ofrece una interpretación rápida, bulliciosa y chispeante, dicha con claridad y virtuosismo extremos por parte de una orquesta y una batuta de técnica insuperables, trazada con la adecuada electricidad interna y sin la menor concesión al efectismo, pero un tanto limitada en lo expresivo al no mirar más que a la etapa gamberra, extrovertida y humorística del Shostakovich juvenil –a veces parece que estamos escuchando la banda sonora de una cinta de animación– y, por ende, a desentenderse de la atmósfera inquitante y el pathos no poco romántico que subyacen en la partitura. Dicho de otra manera: espléndidos los movimientos iniciales, desaprovechados los dos últimos. La toma sonora podría haber sido mucho mejor. (7)

 

11. Haitink/Filarmónica de Londres (Decca, 1980). Siempre objetivo y un tanto distanciado, el holandés ofrece una gran versión en su conjunto, pero a la que le falta chispa y sentido del humor –carencia habitual de Haitink– en el segundo movimiento. El resto es sólido y ofrece un acertado dramatismo, manteniendo la tensión en todo momento. Excelente prestación orquestal, si bien la toma sonora no es la mejor del globalmente admirable ciclo grabado por Decca. (9)



12. Rozhdestvensky/Sinfónica del Ministerio de Cultura de la URSS (Melodiya, 1983). Resulta francamente difícil superar esta modélica lectura, sarcástica y juguetona pero también altamente dramática, trufada con algún detalle personal algo discutible pero llena de fuerza. Sería aún más disfrutable con una orquesta de primera fila y con una toma sonora a la altura de las circunstancias. Bochornoso que toda esta imprescindible integral se encuentra hoy por hoy descatalogada. (10)



13. Kurt Sanderling/Sinfónica de Berlín (Berlin Classics, 1983). El gran maestro alemán nos ofrece una visión marcadamente gótica y sombría, pero no sólo en los dos últimos movimientos, excepcionales por su dramatismo, su pathos, su sinceridad y su alejamiento de la falsa retórica, sino también en los dos primeros: la jovialidad se sustituye por el carácter ominoso, al tiempo que en el segundo movimiento –que de manera incomprensible arranca sin fuerza alguna– explora como ningún otro lo ha hecho la vertiente turbia e inquietante de su segundo tema. Ideal para quien desee bucear en los aspectos más dolientes de esta música sin hacerlo desde una óptica expresionista. (9)


 
14. Neeme Järvi/Nacional de Escocia (Chandos, 1984). No sé si será porque en la primera mitad de los ochenta el director estonio aún no había sucumbido a la grabación compulsiva de discos, pero lo cierto es que sorprende escuchar al tantas veces pedestre y rutinario Neeme Järvi una Primera de Shostakovich así, no solo bien trazada y dicha con convicción, sino además muy comprometida en un enfoque que desdeña todo lo que de festivo y juguetón pueda rastrearse en la obra para decantarse por subrayar los aspectos más incisivos, sombríos y amargos de la partitura. Sobran cierta blandenguería en el solo de violonchelo anterior a la coda y la tendencia a acumular decibelios en los clímax. Le ayuda una toma sonora que, además de poseer una admirable transparencia, posee una amplísima gama dinámica. (9) 



15. Bernstein/Sinfónica de Chicago (DG, junio 1988). En su único disco con la Sinfónica de Chicago, Lenny nos entrega una lectura sobresaliente que destaca por su enorme pathos, por su tremenda sinceridad expresiva y por su sentido del dolor y de la tragedia, ante todo en los dos últimos movimientos. Los dos primeros no resultan especialmente sarcásticos ni electrizantes, pero están ricamente matizados, desmenuzados hasta el límite y dotados de un sentido del misterio y de lo inquietante muy apropiado. Solo Celibidache será capaz de llegar aún más lejos, si bien Bernstein cuenta con la enorme ventaja de tener a su servicio una orquesta absolutamente insuperable. (10)

 


16. Bernstein/Orquesta del Festival Schleswig-Holstein (DVD Euroarts, julio 1988). Como en su lectura inmediatamente anterior para DG, los dos primeros movimientos están llenos de intención, misterio y fina ironía, si bien se puede echar de menos la electricidad de otras lecturas, así como una mayor dosis de mala leche. Los dos últimos resultan extraordinariamente conmovedores por su pathos, cantabilidad, fuerza dramática y carga expresiva, extrayendo Bernstein un lirismo de lo más acongojante. Desdichadamente las diferentes familias de la orquesta juvenil y algunos de sus solistas muestran sus relativas insuficiencias, por lo que el nivel se acaba resintiendo. En cualquier caso, los extensos y fascinantes ensayos que incluyen este DVD hacen su conocimiento indispensable. (9)



17. Ashkenazy/Royal Philharmonic (Decca, 1988). Siempre solvente pero rara vez brillante en sus aproximaciones a la obra del compositor, Ashkenazy encuentra un certero punto de equilibrio entre los componentes dramáticos y lúdicos de la pieza. Por desgracia, la versión pierde fuelle por cierta languidez en el tercer movimiento, así como por una tendencia al efectismo en el cuarto que hace que el resultado sea más espectacular que sincero. La realización es muy buena, si bien al final hay algo de barullo. (7)


18. Solti/Orquesta del Concertgebouw (Decca, 1991). Nos encontramos aquí en la antípoda de Sanderling. Hay en esta lectura mucho de sentido del humor, de fuerza, de tensión sonora y de rebeldía, triunfando Solti en un Allegretto inicial animadísimo pero nada mecánico. Lo hace también en un Allegro que sabe conciliar lo juguetón con lo tenso, y aunque su segundo tema no resulte del todo inquietante, hay que destacar como la furia con que este movimiento concluye nada tiene de lúdica. En la segunda mitad de la obra, y aunque por fortuna el maestro ha remansado un poco los excesivos tempi de su interpretación con Chicago, siguen echándose de menos poso dramático, ambigüedad, nihilismo y carácter atmosférico, careciendo el fraseo de la intención y de la concentración deseable. De este modo resulta algo superficial el tercer movimiento y solo bueno el cuarto, que finaliza, eso sí, con una enorme fuerza y sin la menor retórica. La toma sonora, realizada en vivo, se encuentra realizada a un volumen muy bajo y resulta un tanto extraña. (8)

 

19. Solti/Orquesta del Concertgebouw (RCO, 1991). Mientras que el disco de Decca procede de los conciertos de los días 18, 19 y 21 de septiembre, este otro corresponde solo al del 19. Edición complementaria de la anterior, pues, que suena distinta pero no mejor. (8)




20. Rostropovich/Orquesta Sinfónica Nacional de Washington (Teldec, 1993). La integral de Rostropovich, menos sarcástica pero con mayor vuelo lírico y profundidad humana, es el complemento perfecto a la de Rozhdestvensky. Esta Primera resulta admirable por su perfecto equilibrio entre los ingredientes de la partitura, siendo de un humor muy elegante –más irónico que sarcástico– el primer movimiento, animadísimo pero también inquietante el Allegro, de gran pathos –no especialmente nihilista– el tercero y adecuadamente dramático el cuarto. El final podría ser aún más tenso y rebelde. (9)



21. Barshai/Orquesta Sinfónica de la WDR de Colonia (Brilliant, 1994). En su notable y baratísima integral, el experto Rudolf Barshai mostró un irreprochable conocimiento del idioma, como también ciertas desigualdades interpretativas. Así las cosas, el primer movimiento le quedó fresco y juguetón, pero no muy matizado, dicho un tanto de pasada. Bastante soso el Allegro. Tercero y cuarto, rápidos en sus tempi, ofrecieron un muy adecuado dramatismo, aunque podían estar más paladeados. Muy notable la orquesta, y fantástica la grabación. (7)



22. Celibidache/Orquesta Filarmónica de Múnich (EMI, 1994). Plenamente inmerso en su estilo interpretativo de última época, esencial y abstracto, el maestro rumano ofreció una genial recreación en la que uno no sabe si asombrarse más por cómo está desmenuzado el tejido orquestal; por la manera de sostener el pulso a pesar de la lentitud de los tempi; por la naturalidad y flexibilidad del fraseo; por la enorme cantidad de matices expresivos que se descubren; por la riqueza de la paleta de colores desplegada; por esa ironía al mismo tiempo fina y socarrona puramente celibidachiana; por el marcadísimo sentido de lo atmosférico; o por el trágico y hondo patetismo –que no el nihilismo de un Sanderling– que se logra aquí extraer de la partitura. Lástima que la orquesta no sea de primera y que la grabación, lógicamente en vivo, no esté a la altura de la época. (10)



23. Jansons/Filarmónica de Berlín (EMI, 1994). Al frente de una orquesta maravillosa que lse rindió a él incondicionalmente, el irregular Jansons ofreció una versión rutilante y espectacular, dicha con muchas ganas, bien planificada y soberbiamente tocada, de notable sentido del humor, pero un tanto externa e insincera en los momentos más dramáticos. Como suele pasar con este algo sobrevalorado director, más ruido que nueces. (8)

 

24. Temirkanov/Filarmónica de San Petersburgo (RCA, 1996). Con la complicidad de una orquesta de espléndida cuerda y metales algo pobres, Temirkanov acierta plenamente en los dos primeros movimientos, cuyo espíritu juguetón y desenfadado, mas no inocente, captura de manera admirable. Otra cosa es que su sentido del humor sea antes irónico que sarcástico o corrosivo. La segunda mitad de la obra está francamente bien resuelta, aunque cosas más intensas y con más garra se hayan oído. La coda final resulta muy extraña y caprichosa, aunque tal vez se encuentre, sencillamente, mal tocada. Toma sonora a muy bajo volumen y en exceso difusa. (8)



25. Vladimir Jurowski/Orquesta Nacional Rusa (Pentatone, 2004). La realización es espléndida y el enfoque dramático muy certero, pero el conjunto desprende cierta sensación de distanciamiento y frialdad que no casa bien con esta música que necesita ante todo ironía y pasión. Un relativo chasco para venir de una de las más interesantes batutas del panorama actual. Fabulosa, eso sí, la toma de sonido. (7)



26. Kitajenko/Gürzenich-Orchester Köln (Capriccio, 2004). Al frente de una notable orquesta y dentro de una más que digna integral que aprovecha el formato SACD, el ya veterano maestro ofrece una lectura de muy buen pulso e irreprochable idioma, equilibrada entre lo burlón y lo dramático, a la que le falta un punto de creatividad y le sobra algo de tosquedad para ser excepcional. (8)

 


27. Masur/Filarmónica de Londres (LPO, 2004).
Sorprende gratamente encontrar al tantas veces aburrido Masur entusiasta y comprometido con la obra, al menos en una primera mitad donde hay animación, ironía –suave antes que sarcástica–, chispa y refinamiento bien entendido, como también sentido del misterio y de lo inquietante. El tercer movimiento funciona mucho menos bien, pues aquí el maestro se detiene poco en explorar atmósferas y no termina de calar en la fuerza trágica de la obra. Tampoco convence el cuarto, bien trazado pero con algunas languideces –blando el solo de violín y, algo menos, el de violonchelo– y cierta tendencia a la aparatosidad –la decisiva intervención del timbal–. Coda mucho antes efectista que sincera. La toma sonora está realizada a volumen muy alto, lo que implica una apreciable compresión de la gama dinámica. (6)


28. Rattle/Filarmónica de Berlín (EMI, 2005). Aunque el maestro británico suele mostrarse más atento al lado lúdico de las obras que dirige que al dramático, en esta página apuesta por una visión abiertamente áspera y sombría. El primer movimiento resulta así seco y dramático, parco en sentido del humor. Lo mismo el segundo, algo soso. El Lento es muy siniestro, algo mortecino por momentos, mientras que el último vuelve a ser más dramático que brillante. La orquesta es fabulosa, pero por momentos la realización resulta algo tosca en lo sonoro. (8)


29. Wigglesworth/Filarmónica de la Radio de Holanda (BIS, 2006). De manera parecida a la de un Sanderling o un Rattle, el maestro británico pasa un tanto de largo ante los aspectos más juveniles, burlones y electrizantes de la partitura para, moderando los tempi y creando atmósferas espectrales, encontrar en esta obra tan temprana el germen del Shostakovich maduro. Ciertamente lo consigue, y además lo hace con apreciable musicalidad y trazo fino, pero el pulso no es regular, hay clímax sin garra –tercer movimiento– y, en general, se echa de menos la tensión interna que debe recorrer la obra. La toma sonora, al estar realizada a un volumen bajísimo, recoge de manera asombrosa toda la gama dinámica que proponen los pentagramas. (7)



30. Gergiev/Orquesta del Mariinski (Mariinski, 2008). Moderando su habitual tendencia a la vulgaridad y el efectismo, el director favorito de Vladimir Putin ofrece una interpretación de notable nivel técnico y buen gusto en lo expresivo, si bien dentro de un enfoque mucho antes romántico que expresionista. En este sentido, la comicidad del primer movimiento está teñida de cierta melancolía, mientras que el Allegro, no muy tenso ni aristado, quizá algo desvaído, alberga un atractivo carácter sombrío. En el tercer movimiento se alcanza un apreciable vuelo lírico, y solo hay que reprochar que por momentos lo trágico se confunda con lo sollozante. El cuarto resulta convincente, a pesar de su coda algo efectista e insincera. (7)




31. Vasily Petrenko/Royal Liverpool Philharmonia (Naxos, 2009). Aunque ha realizado algunos muy buenos acercamientos a la obra del autor, Vasily Petrenko defrauda aquí con una interpretación lenta, flácida y con tendencia a la blandura, en la que sustituye la tensión interna por un juego extremo con las dinámicas. Lo mejor es el primer movimiento, algo descafeinado pero bien bien trazado. El segundo es un disparate: las secciones lentas las hace ralentiza al límite y el resultado, lejos de ser inquietante, es amanerado. En el tercero la batuta mira a la pasacaglia de la Octava, pero en lugar de lentitud y desolación hay flacidez y un aire tristón. En el cuarto los pasajes líricos no tienen garra y los solistas ofrecen intervenciones sollozantes, optándose en la coda final por el estruendo para contrastar. (4)

 

32. Currentzis/The Mahler Chamber Orchestra (DVD y Blu-ray Euroarts, 2013). Como era de esperar, el controvertido maestro griego deja a un lado todo lo que de desenfadado y gamberro puede tener esta página para decantarse por una visión sombría, cuya primera mitad ofrece una fuerte dosis de humor negro –más siniestro que corrosivo, pero siempre tensando al máximo las cuerdas– y en la segunda decantarse por un lirismo impregnado de congoja, verdaderamente doloroso, hasta llegar a un final lleno de rabia contenida. Todo ello lo hace, además, delineando a la perfección la arquitectura de la obra y haciendo que los solistas de la orquesta –todos muy implicados en lo expresivo, pese a más de un desliz aislado y a un piano algo flojo– intervengan con el más acertado sentido teatral. La imagen es magnífica en Blu-ray, pero no tanto el sonido: la gama dinámica podría ser aún más amplia. Y se echa de menos el surround. (10)

 

33. Michael Sanderling/Filarmónica de Dresde (Sony). Como Currentzis, pero sin cargar las tintas en semejante extremo, Sanderling hijo evita ver en esta obra una gamberrada juvenil, desatiende la ironía más o menos corrosiva –la sonrisa es no aquí una burla autodefensiva, sino una siniestra mueca de dolor– y recrea la obra desde la perspectiva del Shostakovich maduro, cargando la atmósfera de malos presagios y ofreciendo, lógicamente más en los dos últimos movimientos que en los primeros, un desolador recorrido con los paisajes del alma humana, así hasta llegar a una coda tan lacerante en su congoja como implacable en su resolución. La orquesta se encuentra tratada con enorme acierto, haciendo que los metales suenen descarnados y matizando muy bien a los solistas; discreto el primer violín, por cierto, si bien los timbales son magníficos. Espléndida la toma. (9)

 

34. Paavo Järvi/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2015). Al igual que su padre, Paavo es un maestro que parece sintonizar con esta partitura bastante más que con otros repertorios. No es solo que todo esté en su sitio –eso por descontado– y que suene plenamente a Shostakovich, sino que además se ofrece fuerza, sinceridad y hasta una serie de interesantes hallazgos desde el podio. El primer movimiento, dicho con incisividad y sarcasmo necesidad de cargar las tintas, no es quizá el que está mejor dirigido de los cuatro, pero aquí los increíbles solistas de la orquesta (¡sensacional Emmanuel Pahud!) colocan en listón en lo más alto no solo en lo técnico, sino también en lo expresivo. El segundo sabe ser juguetón al mismo tiempo que ofrecer misterio –muy paladeados los interludios entre los ataques de las cuerdas– y una buena dosis de ferocidad, con detalles muy interesantes. El tercero resulta adecuadamente patético –aquí difícil alcanzar a Bernstein, claro– y el cuarto, espléndidamente delineado y con momentos muy incandescentes, concluye con la adecuada mezcla de brillantez y amargura. Lástima que en la coda el maestro se precipite un poco. La extraordinaria calidad de la orquesta, en cualquier caso, redondea una interpretación de muchísimo nivel. (9)

domingo, 23 de abril de 2023

Memorable Strauss de Jessye Norman

Famosísimo disco este, grabado en agosto de 1982 por el sello Philips, con Jessye Norman, Kurt Masur y la Orquesta del Gewandhaus de Leipzig haciendo los Cuatro últimos lieder de Richard Strauss y otras célebres canciones del compositor alemán. Nunca me había interesado por él, tal es la manera que me echaba para atrás la presencia de un Masur que me aburrió profundamente en la Ariadna en Naxos que hizo con la propia Norman.

Al final lo he adquirido de segunda mano y he comprobado que, pese a mis reparos, se trataba de una maravilla. Y no por Masur, que dirige con delectación y también cierta morosidad, sino por una Norman en absoluto estado de gracia: no solo posee la mejor voz –desde el punto de vista puramente instrumental– jamás escuchada en esta música, sino que interpreta con insuperable estilo –decadentismo y carácter hedonista en su punto justo– y la emoción a flor de piel, llenando esta música de acentos de los que ponen la piel de gallina. Si no fuese por una tal Schwarzkopf...

viernes, 9 de septiembre de 2022

Cuando Vengerov hizo Bruch y Mendelssohn a los diecinueve

No conocía este disco: he quedado maravillado. En él un Maxim Vengerov de diecinueve años se enfrentaba nada menos que a los conciertos para violín de Bruch y Mendelssohn –el nº 1 y el nº 2 respectivamente, claro está– junto a Kurt Masur y la que todavía era su Orquesta del Gewandhaus de Leipzig. Lo hizo de manera prodigiosa. No solo por la solidez de su sonido –brillante y afilado en el agudo, prieto en el centro– y la infalibilidad de su mano izquierda, sino también por la enorme carga de intensidad emocional que despliega en cada una de sus frases sin perder dos aspectos tan fundamentales en estas obras maestras: el sentido melódico y la elegancia formal. Pocos, muy pocos violinistas han volado aquí tan alto como él.

La dirección de Kurt Masur me ha gustado muchísimo en Bruch: adecuadamente musculada en la sonoridad, cálida y muy bien paladeada, aun sin alcanzar el temperamento de un Claudio Abbado –su soberbia grabación con Shlomo Mintz–. En Mendelssohn me ha parecido notable sin más, con todo en su sitio y dejando que la música vuele en el Andante, pero sin agilidad ni frescura en los movimientos extremos.

La toma se realizó en septiembre de 1993 y suena divinamente en el Dolby Atmos que ofrece Tidal. No se pierdan este disco.

viernes, 10 de junio de 2022

Don Juan de Strauss, discografía comparada

ACTUALIZACIÓN

Esta entrada se publicó inicialmente el 3 de febrero de 2016. Se remodela el comentario a la interpretación de Böhm de 1958 y se añaden reseñas de las dos de Abbado, la de Fürwangler en estudio, la de Marc Albrecht, la de Masur en Nueva York y la última de Nelsons.

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Estrenada en Weimar en noviembre de 1889, Don Juan no solo fue el primer gran éxito del entonces jovencísimo Richard Strauss, sino que se ha convertido por derecho propio en una de los grandes poemas sinfónicos de todo el repertorio. Sus registros fonográficos son innumerables, y por ello en este repaso, aunque no precisamente breve, serán muchos nombres destacados que queden fuera. Aun así, tengo la esperanza de que este pequeño juego resulte de utilidad para los lectores a la hora de acercase a la discografía, como también a la hora de reconocer el modus operandi de algunas destacadas batutas.

Dos conclusiones generales: el nivel medio es francamente bueno, y la precipitación derivada de la excesiva incandescencia suele ser el error habitual en el que caen buena parte de las interpretaciones. Adelanto que la de Solti/Chicago es la que más me gusta de todas, aunque no la única que me parece de primerísima categoría.



1. Mengelberg/Orquesta del Concertgebouw (Pearl, 1938). El maestro que recibiera en su momento la dedicatoria de Vida de Héroe parece en principio una batuta ideal para el universo straussiano, y de hecho deja bien claro su olfato evitando precipitarse –los tempi no son tan rápidos como se acostumbraba en aquellos años– y ofreciendo detalles que evidencian personalidad, incluyendo esos célebres portamentos que hoy suenan fuera de tiesto, pero lo cierto es que junto a momentos francamente buenos la poesía no termina de brotar, sobre todo en una escena de amor más bien insulsa y lastrada por un oboe de sonido desagradable que parece ir a su aire. Tampoco la claridad y el equilibrio de planos son los deseables –algunos instrumentos quedan inadecuadamente en primer término–, aunque ahí hay que contar con las limitaciones de una toma sonora que, aun siendo de estudio y estando bien tratada por Mark Obert-Thorn para la reedición por el sello Pearl, evidencia su larga edad. (7)



2. Furtwängler/Filarmónica de Berlín (varios sellos, 1942). La primera de las ocho grabaciones que se conservan de Furt –solo una de ellas en estudio– se realiza en plena Guerra Mundial, reflejando las maneras del genial director en aquella etapa: interpretación encendida a más no poder, altamente teatral, demoledora por su sinceridad, muy arriesgada –larguísimo el silencio antes de la disolución final–, brillantísima al tiempo que sin retórica alguna, pero con frecuencia precipitada, hasta el punto de bordear el descontrol. La escena amorosa central, como era de esperar, ofrece un atractivo regusto amargo. (8) 



3. Richard Strauss/Philharmonia Orchestra (Testament, 1947).  Esta toma recientemente rescatada, a la que le faltan demasiados compases, procede de las últimas apariciones en público del propio compositor dirigiendo su música. Su deficiente sonido apenas deja entrever una interpretación sincera, musical, paladeada sin precipitaciones y –obviamente– por completo idiomática, además de tocada con un nivel técnico superior a la media de la época (¡bendita Philharmonia!), pero un tanto lineal y no muy inspirada. Decididamente, el compositor no es el mejor intérprete de sí mismo. (7) 



4. Krauss/Filarmónica de Viena (Testament, 1950). Por mucho que la orquesta muestre una muy bella y adecuada sonoridad, esta es una versión muy desequilibrada, prodigiosa en los momentos épicos pero superficial y sin voluptuosidad los líricos, dichos deprisa y de pasada. En fin, tampoco es el director favorito del compositor quien mejor acierta a revelar lo inspirado de su escritura. Un mito a revisar. (6) 

 

5. Furtwängler/Filarmónica de Viena (EMI, 1954). Warner recupera a 192 kHz la toma que EMI realizó en estudio –Musikverein vienés sin público– meses antes de su fallecimiento, y por tanto en ese momento de plena madurez en su carrera que le permite encontrar definitivamente el equilibrio adecuado entre brillantez sonora, garra dramática, ardor viril, concentración meditativa y sensualidad en el fraseo, todo ello haciendo gala de la sinceridad expresiva y de la fuerza comunicativa que siempre caracterizaron al maestro. Se podrá echar de menos un punto más de fuerza visionaria en algunos pasajes, como también una dosis extra de elevación poética, pero el acercamiento es ya ejemplar. (9)

 


 
6. Furtwängler/Filarmónica de Berlín (Audite, 1954). En su último testimonio fonográfico, muy bien remasterizado por Audite a partir de las cintas originales de la RIAS –nada que ver con el bodrio del sello Virtuoso, que además estaba erróneamente datado en 1953–, Furt corrobora lla madurez de su acercamiento a la partitura. Otra cosa es que, con la misma orquesta, su odiado Karajan añada a todo esto en el futuro una dosis mayor de refinamiento y magia sonora. (9)



7. Reiner/Sinfónica de Chicago (RCA, 1954). Sorprende esta interpretación por ser menos vistosa y encendida de lo esperable en Reiner, decidido a interesarse por los aspectos amorosos de la página y a ofrecer unas texturas mórbidas y aterciopeladas de enorme atractivo. Por desgracia, el maestro no alcanza aquí la deseable concentración: la primera mitad de la obra resulta algo rápida y superficial, mejorando bastante en la segunda. A la postre, se queda a medio camino. (8)



8. Klemperer/Sinfónica de la Radio de Colonia (Medici Arts, 1956). A mediados de los cincuenta todavía estaba en proceso de formación ese director genial que será Klemperer en la década siguiente, y por eso no es fácil detectar su poderosa personalidad, salvo en su humor amargo y proverbial renuncia a la ensoñación poética, en esta en cualquier caso encendida, desafiante y dramática recreación. Bastante rápida (16’09’’), por cierto, y no solo para tratarse del maestro que se trata. La toma sonora, monofónica y de origen radiofónico, es aceptable. (8)



9. Szell/Orquesta de Cleveland (Sony, 1957). Hay extroversión, electricidad, incandescencia y sentido teatral a tope en esta recreación rápida, directa y muy incisiva, de claridad admirable y una chispa no poco sarcástica que le sienta muy bien a la obra. Por desgracia, el maestro incurre en la rigidez, la sequedad y la precipitación, resultando incapaz de aportar la voluptousidad, el sentido sensual y la variedad expresiva que demanda la partitura. Ni siquiera en la gran escena de amor central, donde remansa el tempo de manera considerable, logra destilar las imprescindibles esencias poéticas. La toma sonora es notable para la fecha, al menos en SACD. (7)


10. Böhm/Filarmónica de Berlín (DG, 1958). He aquí por parte de Böhm una muestra indudable de pleno dominio del idioma, de control de la orquesta sin concesión alguna al mero hedonismo y de fogosidad perfectamente controlada, en cualquier caso atendiendo más a los aspectos épicos y fogosos del héroe que a los más líricos. Quizá resulta un punto seca, no todo lo carnal y voluptuosa que podía haber sido, aunque es cierto que la impresión poede deberse a una toma sonora. con poca carne. sea como fuere, en interpetaciones posteriores del propio Böhm, menos ardientes pero más amorosas que la presente –la sección central no es tan poética como en las interpretaciones de Viena más adelante comentadas– se invertirán los términos. A la coda, por cierto, le podría sacar más partido. (9)


11. Celibidache/Orquesta de la Radio de Colonia (Orfeo, 1958). Tan solo dos años después de la interpretación de la misma orquesta con Klemperer –capturada con excesiva lejanía en esta discreta toma del 5 de octubre de 1958–,  y únicamente limitado por la naturaleza de la referida formación, un Celibidache que es ya perfecto dominador de los recursos directoriales –impresionante la plasticidad con la que maneja a la agrupación renana– supera sensiblemente al veterano maestro de Breslau ofreciendo una lectura de inspiración excelsa: elocuente, cálida y de fogosidad bien controlada, perfecta en lo que al equilibrio entre carácter épico, sensualidad y dramatismo se refiere –ya está aquí la impresionante pausa antes de la coda que mantendrá hasta el final de su carrera– y de un trazo no por firme menos flexible y natural en el canto de las melodías. En cualquier caso, y aunque deja ya claro que es uno de los grandes recreadores de la página, Celi aunque aún tendrá en el futuro que decir más cosas sobre el asunto. (9) 



12. Klemperer/Orquesta Philharmonia (EMI, 1960). Solo han pasado cuatro años desde su toma radiofónica en Colonia, pero aquí Klemperer ya es claramente Klemperer. Quiero decir, el Klemperer genial e incomparable de su última etapa, sin prisas en los tempi (17’15’’ frente a los 16’09’’ de entonces) pero de una fuerza arrolladora; majestuoso en el fraseo aun ofreciendo su característica sobriedad marmórea; analítico hasta extremos impensables –se revelan muchísimos detalles que pasan desapercibidos en la mayoría de las interpretaciones– sin que la minuciosidad le haga perder el absoluto rigor de una arquitectura global delineada con mano maestra; rico e incisivo en el timbre; virtuosístico a más no poder y brillante en el mejor de los sentidos, aun siempre ajeno al exhibicionismo y al preciosismo banal; y amargo, doliente y desesperanzado en grado superlativo, de tal modo que las escenas de amor suenan con un regusto muy agridulce –nada de ensoñaciones poéticas–, las festivas lo hacen con no poco sarcasmo y las épicas marcadas por el pesimismo que no busca sino la autoaniquilación. Demasiado radical, en cualquier caso, como para ponerle la máxima nota. La Philharmonia, increíble. El antiguo reprocesado era insufrible. El de 2023 resulta mucho más llevadero, a pesar de lo metálico del timbre. (9) 



13. Reiner/Sinfónica de Chicago (RCA, 1960). Haciendo un verdadero derroche de adrenalina y virtuosismo, ahora sí que el maestro de Budapest y la formidable orquesta norteamericana ofrecen la lectura en ellos esperable, fogosa a más no poder, llena de sentido teatral, colorista en el mejor sentido –la tímbrica es rica y adecuadamente incisiva– y siempre de una enorme inmediatez expresiva. El problema, por desgracia, es el mismo de seis años atrás: aunque no deja de paladear con sosiego los momentos amorosos, con frecuencia Reiner se precipita, frasea con rigidez y no es capaz de combinar la formidable electricidad que sale de su batuta con una buena dosis de esa sensualidad voluptuosa que también demandan los pentagramas. Tanto ardor juvenil, a la postre, termina eclipsando los aspectos más introvertidos de esta música. La toma sonora es de calidad, pero posee un punto de estridencia que llega a molestar. (8) 



14. Karajan/Filarmónica de Viena (Decca, 1960). Esta grabación se sitúa en el punto de inflexión entres las dos maneras de hacer de Kajaran, una primera etapa no muy personal, un tanto rígida, que en cierto modo se inserta en la línea marcada por un Toscanini, y una segunda en la que se desarrollan la flexibilidad y los aspectos hedonistas de la música hasta alcanzar grande cumbres de refinamiento, aunque a veces también de narcisismo. Se entiende de este modo que el brillo, el colorido y el idioma están asegurados en esta fosa y muy notable lectura, pero que en comparación consigo mismo Karajan resulte un todavía un tanto juvenil, por no decir un pelín nervioso, necesitando mayor concentración para paladear mejor los temas líricos y conseguir toda la magia sonora que la obra demanda. Buen sonido en el SACD que he manejado. (8)



15. Maazel/Filarmónica de Viena (Decca, 1964). Es esta una versión juvenil para lo bueno y para lo malo: impetuosa, vibrante, de rico sentido del color, pero bastante precipitada y dicha un tanto de pasada. Solo en la escena de amor el joven Maazel se remansa adecuadamente, aun así lejos de alcanzar la sensualidad de sus recreaciones posteriores. La toma sonora no es gran cosa. (7) 



16. Kempe/Royal Philharmonic (Chesky, 1964). El maestro de Dresde se mete en cuerpo y alma en la piel del seductor y ofrece, admirablemente secundado por la espléndida toma sonora de K. E. Wilkinson, una interpretación fresca, juvenil y ardiente a más no poder, trazada con vivacidad, riquísimo sentido del color, elevado carácter narrativo y gran sensibilidad para las texturas. Ahora bien, semejante incandescencia debería haber sido controlada por un mayor poso reflexivo, porque algunos pasajes –al principio y al final, fundamentalmente– resultan un poco más nerviosos de la cuenta, por momentos atropellados. En cualquier caso, la aproximación es brillante y comunicativa de principio a fin, amén de por completo idiomática, y se encuentra admirablemente puesta en sonido por una orquesta en plena forma. (8) 



17. Solti/Covent Garden (DVD Ica Classics, 1967). Aunque ya se apunta la flexibilidad del Solti de los setenta y ochenta, sobre todo en la sección lírica central, todavía en esta fogosísima, incisiva, teatral y rutilante recreación el exceso de fuego hace que el maestro se precipite un tanto y no deje respirar a la música cuando debe, resultando un punto cuadriculado. La orquesta evidencia limitaciones. Si sumamos a todo esto que la toma de sonido discreta, queda claro que es una filmación ane todo para coleccionistas. (8) 


 
18. Klemperer/Filarmónica de Viena (Testament, 1968). Esta vez en concierto, el de Breslau vuelve a hacer de las suyas con una interpretación muy personal, nada chispeante y poco elegante, más bien sombría, llena de fuerza interior y de una sonoridad rotunda y poderosa, mas no opulenta. A destacar la sonoridad amarga de las maderas, que no deja de recordar a las de la su propia Philharmonia Orchestra. Verdadero milagro tratándose nada menos que de la Wiener Philharmoniker. (9)



19. Celibidache/Sinfónica de la Radio Sueca (DG, 1970). Nuevo acierto de Celi con esta encendida y juvenil versión, llena de voluptuosidad, que alcanza las más altas cotas de belleza en el tema de amor de la sección central –regusto amargo muy interesante, como hacen otros maestros–, pero que también consigue momentos extraordinariamente encendidos, como el clímax antes de la disolución final; esta es más bien lenta, aunque no particularmente siniestra. Si no fuera por la mediocridad de la orquesta, sería una interpretación de primerísimo rango. (9)



20. Kempe/Staatspakelle de Dresde (EMI, 1970). Como en su registro seis años anterior, frescura, fogosidad, colorido y brillantez bien entendida son las señas de una intepretación plena de idioma, elocuente a más no poder, pero también algo lineal, no del todo imaginativa y en exceso incandescente, hasta el punto de que algunos momentos resultan desaprovechados. Por ejemplo, el clímax final y la siniestra coda, dichos un tanto de pasada. (8)



21. Böhm/Filarmónica de Viena (DVD Euroarts, 1970). Interpretación de altísimo nivel, perfecta en el idioma y en la misma línea de su grabación con Berlín para DG, es decir, ardiente pero controlada al mismo tiempo, colorista sin caer en el hedonismo, viril y por completo ajena a narcisismos, aunque ahora algo menos lograda en las secciones épicas para centrarse más bien, aun sin redondearlas del todo, en las líricas. La toma sonora es monofónica, y parece no recoger bien el timbre de los solos de violín y clarinete. Impagables los ensayos. (9) 



22. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1972). Doce años después de su registro en Viena, y ahora ofreciendo un fraseo menos nervioso y más aquilatado, el maestro que seguramente ha sido el mayor de los directores straussianos se encuentra en plena madurez y logra finalmente ofrecer una lectura a la altura de su talento en la que se consigue el pleno equilibrio entre los aspectos épicos, los amorosos y los dramáticos de la página, todo ello derrochando colorido y entusiasmo con mayor control e imaginación que antes. ¡Y qué voluptuosidad la de la gran escena de amor! En cualquier caso, Karajan todavía tendrá que decir su última palabra. Buen sonido en el Blu-ray Audio en alta resolución. (9)


 
23. Solti/Sinfónica de Chicago (Decca, 1973). Ya en plenitud de facultades como director, es decir, más flexible, menos nervioso y más concentrado a la hora de paladear los pasajes líricos que en su filmación con el Covent Garden, Solti nos ofrece una recreación de auténtica referencia marcada por su electricidad, su brillantez incisiva –nada de opulencia de cara a la galería– y, sobre todo, su altísima temperatura dramática. Todo aquí se desarrolla con un ardor que abrasa –siempre controlado mediante una planificación perfecta–, con una vehemencia desesperada que, pasando por una sección de amor central que mezcla sabiamente erotismo y amargor, conduce al protagonista a una carrera autodestructiva que termina inevitablemente en la aniquilación total: los compases finales, secos y tajantes, no pueden resultar más significativos. Ni que decir tiene que la Sinfónica de Chicago, trabajada siempre con trazo fino desde el podio, responde a las tremendas demandas de la batuta con virtuosismo supremo. Todavía hoy sigue siendo la versión de referencia. (10) 



24. Celibidache/Sinfónica de la Radio de Stuttgart (DG, 1976). Algo más poético ahora pero no tan electrizante como con la Radio Sueca, el rumano vuelve a ofrecer una idiomática y sincera recreación en la que sobresale, como no podía ser menos, el tema de amor, si bien la transición al mismo es algo brusca y éste comienza de manera excesivamente ensimismada. La orquesta tampoco es ninguna maravilla. En conjunto, algo menos bien que antes. (8) 


25. Böhm/Filarmónica de Viena (WP Live, 1978). Aunque el maestro contaba ya ochenta y cuatro años en este concierto del 26 de noviembre –toma aceptable–, no puede decirse que nos encontremos ante un Böhm otoñal o trascendido. Al contrario, esta es una interpretación de tempi más o menos normales –17’15’’ sin aplausos– que está llena de fuego, sentido teatral y brillantez en lo que supone un compendio de la sabiduría straussiana acumulada por el de Graz durante décadas, si bien es cierto que, como se podía esperar, cuando se alcanza la absoluta excelencia interpretativa es en la secuencia de amor, de un lirismo y una elevación poéticas inigualables. También el final se encuentra muy conseguido. A la postre, la más redonda interpretación del maestro. Dificilísima de encontrar, eso sí: yo la compré en la tienda de la orquesta cercana a la Musikverein. (9) 

 

 

26. Maazel/Orquesta de Cleveland (CBS, 1979?). El maestro ha madurado y ofrece por fin una versión elocuente, apasionada y plena de idioma a la que sólo le falta un poco más de magia e imaginación en determinados momentos clave no del todo paladeados –el final–, así como de carácter visionario, para ser excepcional. (8) 

 

 
27. Previn/Filarmónica de Viena (EMI, 1980). Aunque parezca un tópico, la mirada de Previn apunta hacia el Hollywood que él tan bien conocía. Este un Don Juan tan cinematográfico, esto es, abiertamente descriptivo, vitalista, extrovertido y directo, que se mueve muy a gusto entre la brillantez y la incisividad tímbricas, pero sin que esto signifique banalidad, decadentismo mal entendido o efectos de cara a la galería. Ahora bien, lo cierto es que se detectan algunas irregularidades en lo que a la inspiración de la batuta se refiere; el fraseo, siendo natural y flexible, no termina de ser todo lo poético e imaginativo que debiera, y frente a una escena de amor muy bien paladeada, o una enorme inflamación en los pasajes épicos que vienen inmediatamente detrás de la misma, hay momentos en que se echa de menos el nivel de los más grandes recreadores de la página. La impresión, en parte, se puede deber a una toma sonora un punto seca y plana, como era habitual en la EMI de la época, no terminando de recoger la singular belleza tímbrica de la formidable orquesta. (8) 



28. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1983). Karajan llega a su propia cima con una versión brillantísima y elocuente a más no poder, tocada de manera inmejorable –minuciosa hasta el menor detalle sin perder el sentido de la arquitectura– y con la mayor belleza sonora posible, amén de con un colorido de enorme riqueza. Es además sincera en lo expresivo, encontrándose trazada con energía en los momentos épicos pero también con el más sentido lirismo en los amorosos, destilando una sensualidad altísima y consiguiendo en su punto justo ese sentido de lo decadente que no le viene nada mal a esta musica. Modélica, pues dentro de lo que podríamos denominar "ortodoxia straussiana", y por ende complementaria a las visiones de un Klemperer y un Solti. (10) 


29. Abbado/Sinfónica de Londres (DG, 1983). Una toma de sonido metálica y sin espacialidad hace parecer aún más floja de lo que es a esta lectura por momentos muy incandescente, pero también un tanto lineal, muy volcada en los grandes contrastes dinámicos y poco preocupada por la sensualidad, la voluptuosidad y la magia poética que esta música necesita. Incluso parece un tanto ajena al idioma de Strauss. (7)


 
30. Karajan/Filarmónica de Berlín (DVD Sony, 1984). Filmada en Osaka, esta es una interpretación muy parecida a la de estudio del año anterior, brillante y con el decadentismo y la retórica adecuados, de rico colorido y enorme elocuencia, aunque con una sección lírica central quizá no tan concentrada y mágica, y con algún desajuste. Además, se encuentra peor grabada. (9) 



31. Muti/Filarmónica de Berlín (Philips, 1989). La orquesta que todavía –pocos meses le quedaba a su frente– era de Karajan volvió a demostrar su absoluta idoneidad para el repertorio straussiano, esta vez bajo la batuta de un Muti menos refinado y hedonista que el salzburgués, pero no menos poderoso, vibrante y dominador, sin que por ello se descuiden el trazo global, soberbio, ni se dejen de cantar las melodías de manera exquisita. Se echan de menos, eso sí, el carácter visionario de un Furtwaengler, la sensualidad amorosa de un Celibidache, el sentido teatral de un Solti… y la magia sonora del citado Karajan, claro está. (8)


32. Celibidache/Filarmónica de Múnich (Artist, 1989). De un concierto ofrecido en Chicago el 16 de abril de 1989 procede esta toma de muy mediocre sonido –la distorsión llega a resultar insoportable– en la que Celibidache ha remansado el ardor de sus registros de los años setenta y, al frente de una orquesta superior a la que tuvo en las anteriores ocasiones, a la que modela con pinceles finísimos, y haciendo gala de una asombrosa sensibilidad para las texturas, construye una interpretación dicha con grandeza, fuerza muy bien controlada y una muy especial sensualidad amorosa en la escena de amor central, que cada vez concibe de manera más platónica y ensimismada. Amargor y desesperación quedan relegados frente a los aspectos más espirituales de la partitura. (9)

 

 

33. Blomstedt/Sinfónica de San Francisco (Decca, 1989). Ciertamente defraudan los primeros minutos de la obra, tan fogosos que el fraseo resulta en exceso nervioso y falto de cantabilidad. Tras la primera escena de amor, muy bien paladeada aunque no del todo emotiva, el maestro se va centrando y acierta a ofrecer una recreación teatral y vibrante, rica en el sentido del color y muy acertada a la hora de evocar el espíritu de la pieza. Lástima que la disolución final no esté del todo aprovechada. Espléndida la ingeniería. (8)


34. Sinopoli/Staatskapelle Dresden (DG, 1991). Al frente de una orquesta ideal y bien ayudado por una soberbia toma sonora, Sinopoli ofrece una lectura personalísima y llena de genialidad, más oscura de lo habitual –lacerante violín solista–, aunque no menos vistosa y comunicativa. El sentido del timbre y de las texturas se encuentra desarrolladísimo, mientras que el fraseo, algo nervioso, nunca pierde el sentido de la arquitectura global. La disolución final suena especialmente siniestra. Imprescindible. (10)


 35. Barenboim/Sinfónica de Chicago (Erato, 1991). Pocas interpretaciones podrán encontrarse tan incandescentes, impetuosas y brillantes como esta, dirigida por un Barenboim que resalta el lado más juvenil e impetuoso del personaje ofreciendo una brillantez sin rastro de retórica y exigiendo, con su inflamadísimos tempi, auténticas locuras a una orquesta que es capaz de dar todo lo que pide y más. Eso sí, con tanto ardor amatorio hay algún pasaje –última sección épica– algo precipitado, mientras que las escenas amorosas, expuestas con la adecuada concentración, no alcanzan el grado de sensualidad y plasticidad sonora que el propio Barenboim, haciendo gala de un concepto más rico y de mayor olfato para las texturas, ofrecerá años más tarde con la Filarmónica de Berlín. (9) 


36. Abbado/Filarmónica de Berlín (Sony, 1992). La toma de este concierto de San Silvestre dista de ser óptima, pero es mejor que la de nueve años atrás y sí permite disfrutar de la recreación de un Abbado nuevamente más vistoso, brillante y encendido que atento a la claridad, imaginativo o poético, pero que no obstante se encuentra ahora frente a una orquesta ideal para la partitura y es capaz de alcanzar enorme inspiración en toda la secuencia heroica antes de la disolución final. (8)

 

37. Masur/Filarmónica de Nueva York (Teldec, 1998). El veterano maestro alemán confirma su condición de antes artesano que artista con una lectura muy bien trazada, encendida, teatral o bien paladeada en lo melódico cuando corresponde, pero un bastante ajena al refinamiento, la voluptuosidad y la magia poética que Strauss demanda, amén de un tanto lineal y falta de matices. La indiferencia con que Masur expone los últimos compases resulta alarmante. La toma en vivo es digna sin más. (7)

 

38. Maazel/Filarmónica de Nueva York (DG, 2005). El resultado es aquí todo lo idiomático y solvente que es de esperar en Maazel, pero como parece lógico en un maestro ya anciano, antes que la parte épica sobresale ahora la más sensual: la escena de amor, paladeada hasta el límite, resulta verdaderamente sublime. El final no es especialmente dramático ni visionario, aunque el pizzicatto desila un curioso humor negro. (9)



39. Marc Albrecht/Filarmónica de Estrasburgo (Pentatone, 2007). El trabajo técnico de la batuta es nuevamente formidable a la hora de revelar la increíble escritura de don Ricardo, pero los resultados son irregulares. A la primera escena amorosa, a la que se llega con cierta precipitación, le faltan claramente sensualidad y magia poética. En la segunda y más importante de ella, sin embargo, el planteamiento es interesante: voluptuosidad straussiana hay poca, mas el amargor que desprende la secuencia –muy desolado el solo de oboe– explica muy bien el ardor desesperado de todo el tercio final, en absoluto épico sino claramente autodestructivo. (8)

 

 

40. Luisi/Staatakapelle de Dresde (Sony, 2008). Esta visión eminentemente juvenil y apasionada, llena de vida y color, por desgracia no logra controlar su propio temperamento y termina resultando algo nerviosa, dejando de paladear la partitura con el sosiego que merece –sobre todo en la sección inicial– y cayendo por momentos en la precipitación. Se echa de menos calidez en la sección amorosa y misterio en la coda final. Eso sí, la orquesta responde a las mil maravillas con un virtuosismo, una riqueza de colorido y una belleza sonora apabullantes. (8)




41. Barenboim/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2009).  No solo nos encontramos ante una lectura fogosa, sincera, rica en matices y magníficamente controlada que sobresale por el tierno y –al mismo tiempo– doliente lirismo de la sección central, sino que además sabe ser épica sin caer en lo hinchado y ofrece una enorme carga de voluptuosa sensualidad en el fraseo y en la plasticidad con que se trata a la orquesta berlinesa, aquí mucho más sólida en el empaste y más rica en colores, así como más musical y expresiva en las intervenciones solistas, que con los directores indicados. (10)



42. Neeme Järvi/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2010). Parece mentira que se pueda aburrir en una obra como esta, pero el director estonio casi lo consigue poniendo el piloto automático en todas las partes líricas de la página –no hay rastro de emotividad– y resultando sin duda vistoso, pero también bastorro, cuando no hinchado o fuera de lugar (¡esos timbales!) en los épicos. Menos mal que están la orquesta y sus formidables solistas para arreglar un poco las cosas. (7)



43. Nelsons/Ciudad de Birmingham (Orfeo, 2011). Nelsons deja bien clara su enorme estatura straussiana con una interpretación fogosísima pero muy bien controlada, vibrante y comunicativa, de colorido rico y adecuadamente incisivo, dicho en el punto justo entre brillantez y refinamiento yendo al grano sin perderse en hedonismos sonoros, que además sabe ofrecer ese regusto amargo que sin duda pide al obra; impresionante el peso del silencio antes del final. Solo se echa de menos una dosis mayor de erotismo y calidez en los pasajes amorosos. (9)



44. Jansons/Filarmónica de Viena (Blu-ray Euroarts, 2012). La perfección técnica y la bellísima sonoridad de la que quizá sea la orquesta más adecuada para esta obra son la mayor baza de esta interpretación dirigida por Jansons con su habitual solidez y profesionalidad, pero sin ese grado de inspiración extra que necesita para terminar de convencer. Se echan de menos un fraseo más voluptuoso, unas texturas más ricas en color, unos clímax más encendidos… Quizá sea por la falta de estímulo desde el podio por lo que los solistas no parecen todo lo efusivos que debieran. (8)




45. Dudamel/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2013). Este en un Don Juan adecuadamente fresco, cálido, elocuente y comunicativo, pero no se puede comparar con lo que un Böhm, un Karajan o un Barenboim han logrado con la misma orquesta, ni en tensión y carácter exultante ni en vuelo lírico –pese al sobresaliente oboe de Albrecht Mayer–, ni en refinamiento tímbrico. Ni siquiera en claridad. Y la manera de subrayar algunos pasajes de los metales no convence. (8)


 

46. Dudamel/Filarmónica de Berlín (DG, 2013). Edición paralela a la de la Digital Concert Hall, aunque no queda del todo claro si se trata de la misma toma. En cualquier caso, nos encontramos de nuevo ante una interpretación muy bien trazada, apreciable por su sensualidad y perfecto control de los medios, pero algo más suave de la cuenta, falta de la incisividad, del fuego y del sentido dramático que han alcanzado los grandes recreadores de la página, por lo hablar de esa especialísima magia sonora que aquí no termina de brotar. (8)

 

 

46. Nelsons/Orquesta del Gewandhaus de Leipzig (DG, 2021). Por increíble que parezca, el maestro letón ofrece en pocos años una interpretación diametralmente opuesta a la suya anterior. Todo el ardor juvenil de la recreación en Birmingham se ha transformado aquí en serenidad, elegancia magia poética, incluyendo esa dosis de sensualidad y de carácter amoroso que entonces se echaba en falta. El resultado es una interpretación otoñal, para lo bueno y para lo menos bueno: hay claridad, refinamiento, sentido del color y un enorme control de los medios, pero la tensión dramática, el descaro y la frescura que pide esta música no se hacen presente, hasta el punto de que a los clímax les falta tensión dramática. Incluso el final, aun adecuadamente amargo, parece un punto cabizbajo. (8)

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