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sábado, 29 de agosto de 2026

Rapsodia española, de Ravel: discografía comparada

ACTUALIZACIÓN - 29.VIII.2026

A la entrada original del 21 de septiembre de 2015 añado ahora Ormandy en estéreo, Giulini/Philharmonia y Barenboim/2022. Aunque he vuelto a escuchar alguna otra y realizado ligeras reformas en el texto, pasa lo de siempre: la mayoría de los comentarios me parecen anticuados y desearía volver de nuevo a la mayoría de las grabaciones para volver a valorar. Tarea imposible, claro. Mejor dicho: inconveniente. Es preferible realizar comparativas nuevas que volver una y otra vez sobre lo mismo.

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Compuesta entre 1907 y 1908, primero para dos pianos e inmediatamente después para orquesta, Rapsodie Espagnole fue la primera gran obra sinfónica de Maurice Ravel, y también la partitura en la que comienza a dejar clara su admiración por lo que ocurría al sur de los Pirineos.

Siendo una obra de corte impresionista –la Iberia de Debussy es ligeramente posterior–, parece claro que la creación de una atmósfera difusa y la sensualidad del color deben ser dos de los principales objetivos de toda interpretación. Pero no es menos importante encontrar el punto adecuado de equilibrio entre esa elegancia refinada tan particular que habitualmente asociamos con “lo francés”, por un lado, y el carácter más racial, más rústico si se quiere, que pide la idea de “lo español” presente en la partitura. Y tampoco se debe dejar de indagar en los fascinantes aspectos oníricos, por momentos tenebrosos, que se esconden en los pentagramas, al tiempo que se ofrece el imprescindible toque festivo y se despliega una paleta sinfónica que también busca, todo hay que decirlo, llegar por la vía más directa y seductora a los sentidos: la del puro espectáculo sonoro.

No me ha resultado fácil realizar la siguiente comparativa. Algunas interpretaciones las he tenido que escuchar varias veces y, aun así, no me ha quedado del todo claro hasta qué punto funcionan. También es cierto que he leído por ahí recomendaciones a algunos críticos famosos que no me han convencido en absoluto. En cualquier caso, las siguientes notas pueden servir como aproximación a una discografía en la que, a mi entender, pocos directores han terminado de dar en la diana. Uno de ellos por encima de los demás, pero lastrado por orquestas que no son ninguna maravilla: Sergiu Celibidache. He dudado mucho si dejar a Previn/RPO y Barenboim en el nueve o subirles al diez; una nota intermedia quizá sea lo más justo.

Los cuatro movimientos de la obra, de los cuales el tercero no pertenece a las fechas arriba indicadas sino que se remonta a 1895, son lo siguientes:
  1. Prélude à la nuit.
  2. Malagueña
  3. Habanera.
  4. Feria. Assez animé.



1. Walter/Sinfónica de la NBC (Arbiter, 1940). Tiene su morbo escuchar al maestro berlinés, recién exiliado a EEUU huyendo del régimen nazi, poniéndose al frente de la orquesta de Toscanini para interpretar un repertorio en principio poco afín a su sensibilidad. Pero lo cierto es que la toma sonora, inevitablemente pobre para esta música, permite entrever a un Walter magníficamente encaminado en el estilo, lleno de buena voluntad y plagado de intuiciones propias de una gran batuta, al que solo le falta pulir una serie de detalles y otorgarle mayor unidad al conjunto. (8)



2. Karajan/Orquesta Philharmonia (EMI, 1953). Con la excepción de una Feria llena de vida, color y brillantez, el salzburgués se limita a hacer una exhibición de virtuosismo, equilibrio y refinamiento sin lograr transmitir la sensualidad y la atmósfera que emanan de los pentagramas. Tampoco la toma sonora le ayuda precisamente. ¿Por qué tantos se empeñan en reivindicar al Karajan de esta época? Luego fue mucho mejor director. (7)




3. Furtwängler/Filarmónica de Viena (DG, 1954). Tampoco era Furt un director que frecuentase precisamente este repertorio, pero el maestro deja aquí constancia su categoría como la más genial batuta de su tiempo con una recreación llena de misterio y de poesía, surcada por extrañas ráfagas de fuerza controladas por una técnica de batuta absolutamente magistral y, sobre todo, dicha con un sentido de la flexibilidad y la imaginación que ejemplifican de manera perfecta el concepto de la dirección de orquesta como “arte de la transición” (Barenboim dixit) que tenía el inolvidable director alemán. Lástima que entonces la orquesta tuviera por entonces sus más y sus menos. (8)


Ravel Rapsodia Monteux Boston

4. Munch/Sinfónica de Boston (RCA, 1956). Una toma sonora increíble para la época –alucinante la audición en SACD, aunque haya que sufrir el tráfico rodado junto al Boston Symphony Hall– recoge esta interpretación llena de vida y de color, elegante en su punto justo, dicha con la adecuada concentración pese a que los tempi son más bien ágiles y trabajada con pinceles finos frente a una orquesta que, sin alcanzar en modo alguno el portentoso virtuosismo que tendrá en la época de Ozawa, era ya entonces espléndida. Falta un punto de sensualidad y atmósfera, pero eso lo ofrecerá el maestro francés en un acercamiento posterior. (9) 


Reiner Chicago Sound

5. Reiner/Sinfónica de Chicago (RCA, 1956). Otra toma de calidad asombrosa nos trae a un Reiner sorprendentemente lento –al maestro de origen húngaro nunca le fue eso de dilatar los tempi– en Prélude à la nuit –que suena más contemplativo que inquietante– y en la sección central de Feria, pero lo cierto es que la morosidad no le permite conseguir del todo esa atmósfera sensual y seductora que esta música necesita y que al maestro no le resultaba muy afín. Tampoco resulta muy poético ni imaginativo. Sí que nos ofrece, eso desde luego, un espléndido sentido de lo teatral, una brillantez tan comunicativa como por completo ajena al escándalo gratuito y un soberbio trabajo de planificación –claridad impresionante, aunque algún detalle se le escapa– con una orquesta que ya entonces empezaba a ser extraordinaria. (8)


Ravel Rapsodia Ansermet

6. Ansermet/Orquesta de la Suisse Romande (Decca, 1957). Tal vez parte de la sensación se deba a lo desangelado de la temprana toma estereofónica, pero lo cierto esta recreación resulta algo seca, nerviosa y deslavazada, incluso no del todo conseguida en el estilo, cosa extraña porque en aproximaciones algo posteriores del maestro suizo a este repertorio sí que conseguirá por completo ese particular perfume poético, atmosférico y evanescente, de lo que habitualmente conocemos como “lo francés”. Tampoco las resoluciones técnicas están realizadas con la mejor depuración sonora –lógico, la orquesta no es ninguna maravilla–, aunque aquí y allá pueda distinguirse algún detalle tímbrico poco habitual, como puede ser la trompeta en la primera sección de Feria. (7)


Ravel Rapsodia Barbirolli

7. Barbirolli/Hallé Orchestra (Criterion, 1958?). Interpretación atractiva por la incisividad con que está tratada la orquesta y por la garra de los momentos extrovertidos, pero en la que terminan pesando más las limitaciones de la orquesta, la falta de verdadero misterio y, sobre todo, el excesivo nerviosismo de un Sir John que no acierta con el tono poético de la partitura. La toma sonora es muy pobre. Solo para curiosos. (7)


Ravel Rapsodia  Monteux LSO

8. Monteux/Sinfónica de Londres (Decca, 1961). Nada menos que ochenta y seis años tenía el maestro parisino cuando realizó esta grabación, la verdad es que sin mucho acierto: su batuta se muestra muy centrada en el estilo pero irregular, pasando de un Preludio rápido y más bien aséptico a una Malagueña misteriosa pero algo pesadota y a una Habanera atmosférica y sensual, para terminar con una Feria con chispa, no del todo poética, en la que las tensiones se distribuyen de manera desigual; sorprendentemente seco el final de la coda. (7)

 
Ravel Rapsodia Cluytens

9. Cluytens/Orquesta de la Asociación de Conciertos del Conservatorio (EMI, 1962). suele decirse que este Ravel es uno de los más “auténticos” del disco, esto es, de los que mantienen viva la tradición francesa de la época de Ravel. Puede ser. A nivel tímbrico, la orquesta del Conservatorio de París ofrece una tímbrica distinta del sonido estándar que hoy impera a uno y otro lado del océano; singular, por cierto, el instrumento de madera grave que no sé si es el contrafagot o el sarrusofón prescrito por Ravel. A nivel propiamente interpretativo, la batuta del maestro flamenco recrea la obra de manera particularmente curvilínea, trabajando con mucha plasticidad los colores y consiguiendo ese sabor francés tan característico sin detrimento de recrear Feria con brillantez y garra de sabor más español. Ahora bien, a veces el fraseo es algo más parsimonioso de la cuenta –sobre todo en Malagueña–, y hay pasajes un poco rebuscados, faltos de la naturalidad y de la fluidez que otros directores en principio menos idiomáticos han resuelto con mayor lógica musical e inspiración. Excelente el reprocesado de 2011: si se escucha en el formato audio de alta calidad, se puede disfrutar de una toma sonora francamente satisfactoria para la época. (9)
 


10. Ormandy/Orquesta de Philadelphia (CBS, 1963). El maestro de Budapest se toma las cosas con calma, paladea la música y la traza con una considerable dosis de sensualidad. No le termina de funcionar el enfoque en el primer número: se beneficia de los soberbios primeros atriles de la orquesta, pero Ormandy no matiza lo suficiente y a la postre resulta algo parco en misterio. La Malagueña, lenta y falta de impulso, resulta sin embargo atractiva por su carácter insinuante. Magnífica la Habanera, muy atmosférica. Feria encuentra el punto de equilibrio entre brillantez y sensualidad, sin dejarse llevar por los tópicos. Notable recreación, en definitiva, aunque hay que hacer constar que con el paso de los años se irán escuchando recreaciones de mayor transparencia, depuración sonora y brillantez. (8)



11. Giulini/Orquesta Philharmonia (EMI, 1966). Adoptando unos tempi lentísimos que le facilitan realizar un soberbio, literalmente insuperable análisis de líneas y texturas, pero sin descuidar la tensión interna del discurso –la concentración es enorme–, el de Barletta ofrece una lectura extremadamente depurada en lo sonoro y abiertamente “antirromántica” en su estética: como en su Debussy de años atrás con la misma orquesta, su apuesta fue la de encontrar un lenguaje interpretativo propio para el repertorio impresionista que pusiera de relieve la novedad del lenguaje, y para ello puso el estatismo, el peso de los silencios y el distanciamiento expresivo por delante de otras consideraciones, pero sin olvidar esa mezcla de elegancia y naturalidad en el fraseo que caracterizan su batuta. Podrán preferirse lecturas más coloristas y animadas, pero esta es modélica en su línea. Extraño que cuando Giulini vuelva a la obra lo hará de manera distinta y mucho menos convincente. Impresionante el reprocesado de 2025: suena de escándalo. (9)

 
Martinon Chicago

12. Martinon/Sinfónica de Chicago (RCA, 1968). Pocos años antes de sus magistrales grabaciones de Ravel frente a la Orquesta de París, el maestro francés llevó al disco algunas piezas del referido autor frente a una Chicago Symphony ya formidable que, en conjunción con una batuta tan brillante como detallista, dio una verdadera lección de virtuosismo y precisión. Ahora bien, hay que reconocer que esta Rapsodia, siendo muy atractiva por su chispa y comunicatividad, sobre todo en Feria, resulta en exceso nerviosa en los movimientos impares; en este sentido, el Preludio y sus subsiguientes reapariciones ofrece excesiva agitación y desprende escasa sensualidad. Martinon se tomará la grabación en París con más sosiego en todos los movimientos y allí sí, con una orquesta mucho menos virtuosística pero más idiomática, los resultados serán formidables. (8)
 

Ravel Rapsodia Munch EMI

13. Munch/Orquesta de París (EMI, 1968). Valiéndose de unos tempi mucho más lentos que los de su versión en Boston (16’36’’ frente a 14’54’’) y de una orquesta menos brillante pero perfecta para este repertorio –admirables las maderas– como es la de París, un Munch de setenta y siete años da la absoluta lección de idioma con una lectura perfecta en el tratamiento del fraseo y del color, sensuales y embriagadores en grado sumo, que va desde un Preludio de atmósfera bien cargada y lleno de embrujo hasta una Feria elegante y con garra, pasando por una Malagueña dicha con salero y una Habanera de tan sutiles como magistrales matices agógicos. Quizá se podría sacar más partido del algún pasaje y aclarar un poco más las texturas, pero el conjunto es un verdadero paradigma de lo francés. La muy notable toma sonora, realizada en la célebre Salle Wagram, contribuye a cargar de atmósfera la realización. (9)
 
 
Ravel Boulez CBS

14. Boulez/Orquesta de Cleveland (Sony, 1969). El tópico tiene base: con Boulez nos encontramos ante un prodigioso análisis de timbres, texturas y planos sonoros, también con una enorme objetividad. Pero no se puede decir esta vez que la interpretación sea fría, porque tiene vida y tensión interna. En todo caso, distanciada y misteriosa antes que sensual, perfumada o chispeante. No es el ideal, pero desde semejante prisma resulta irreprochable. (8)
 
 
Ravel Rapsodia Haitink CD

15. Haitink/Orquesta del Concertgebouw (Philips, 1973). Perfecto organizador de la arquitectura, exacto y objetivo probablemente hasta el exceso, al maestro holandés no se le mueve un pelo en esta recreación admirablemente planificada y soberbiamente tocada, dicha con la sensibilidad apropiada y con el más exquisito gusto, pero un tanto falta de alma, de vida, o al menos de sal y pimienta. A destacar, en cualquier caso, el carácter especialmente obsesivo que adquieren el Preludio y la Habanera bajo la batuta de Haitink; en el lado negativo, la sección central de Feria, resulta demasiado parsimoniosa. La toma sonora no posee la mejor tímbrica posible, pero sí una amplia gama dinámica. (8) 
 
 
Ravel Rapsodia Bernstein NYP

16. Bernstein/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1973). Interpretación de excelente trazo global, aunque más atenta a la comunicatividad que al detalle, más emocionante que sensual o atmosférica, pero en todo caso muy notable. Pierde un poco el último movimiento, que podría ser más emotivo y también más cuidadoso en las texturas. La portada del vinilo original es de traca. (8)
 
 
Ravel Rapsodia Ozawa

17. Ozawa/Sinfónica de Boston (DG, 1973?). Con Ozawa al frente de una Boston Symphony de cualidades excepcionales alcanzamos el cénit en lo que a elegancia y refinamiento en el tratamiento de colores y texturas se refiere, verdadero punto fuerte del maestro oriental, como lo es también su fraseo sinuoso y fluido, ideal para esta música, amén de su espléndida capacidad concertadora. Ahora bien, el Preludio resulta nervioso antes que atmosférico, mientras que Feria cae puntualmente en el escándalo gratuito. (9)


 

18. Martinon/Orquesta de París (EMI, 1974). Impagables las maderas francesas en una lectura caracterizada precisamente por su cuidadoso y absolutamente idiomático tratamiento de colores y texturas, además de por la perfecta conjunción que consigue la batuta entre elegancia, sentido del misterio y fuerza expresiva; el Preludio resulta algo más nervioso de la cuenta –no tanto como en su grabación con Chicago, desde luego–, pero el resto es formidable y culmina con una Feria particularmente extrovertida y colorista. (9)


Ravel Rapsodia Skrowaczewski

19. Skrowaczewski/Orquesta de Minnesota (1974). Verdadera sorpresa escuchar una interpretación tan notable en este repertorio a un director como Stanislaw Skrowaczewski –cincuenta y un años por entonces, y todavía hoy en activo–, tan centrada en el estilo y tan certera a la hora de ofrecer sensualidad embriagadora. Eso sí, su lectura es algo más brumosa de la cuenta –puede influir la grabación- y se echa de menos una disección más detallada de las texturas. Tampoco las tensiones están del todo aquilatadas: algo alicaída la Habanera. (8) 
 
 
Ravel Rapsodia Celibidache DG

20. Celibidache/SWR Stuttgart (DG, 1976). Otro mundo. El maestro rumano fue un genio del color, de la plasticidad orquestal, de la sensualidad y de la atmósfera, lo que le convertía en un intérprete ideal de este repertorio aunque fuera al frente de orquestas tan limitadas como la de Stuttgart. Fue además un músico personal y creativo como pocos, que cuando lograba no sucumbir a sus propias extravagancias o no se empeñaba en experimentos estilísticos muy discutibles, alcanzaba cotas inigualables de genialidad. Es el caso. En el Preludio, llevado con lentitud extrema sin merma alguna de la concentración, Celibidache subraya los aspectos más modernos de la música emparentándola con la abstracción debussysta: por momentos parece que estamos escuchando el primer movimiento de los Nocturnos. Malagueña está dicha con fluidez y mucho salero. Habanera derrocha un perfume embriagador. Y Feria es una explosión de colorido y alegría –podía estar un poco más paladeada melódicamente– dicha con pinceles muy finos y una gran matización en las dinámicas. En este sentido, es una suerte que el reprocesado realizado por DG respete la amplia gama de la toma radiofónica, aunque en cuestión de planos sonoros ésta diste de ser precisamente una maravilla. (10)
 
 
Ravel Rapsodia Muti

21. Muti/Orquesta de Philadelphia (EMI, 1979). Un verdadero ejercicio de virtuosismo por parte de orquesta y director donde se revelan interesantes detalles de la orquestación, pero en el que se echan en falta mayor sensualidad y sentido del misterio, así como mayor imaginación y personalidad. No es lo mejor del maestro italiano en el repertorio impresionista. (8) 



22. Giulini/Filarmónica de Los Ángeles (DG, 1979). El de Barletta nos ofrece una interpretación perfecta en el estilo, depurada en lo sonoro y de expresividad exquisita pero no por ello escasa en sal y pimienta, en la que sorprende un primer movimiento mucho antes nervioso que lleno de brumas –acertadas intervenciones de las maderas– y defrauda una coda más bien precipitada, incluso un punto ruidosa. (8) 
 

Ravel Rapsodia Maazel Francia

23. Maazel/Orquesta Nacional de Francia (Sony, 1981). Interpretación elegante, de trazo fino y perfume francés conseguido más en la levedad bien entendida con que suena la orquesta, obviamente jugando en casa, que en lo que a sensualidad y atmósfera embriagadora se refiere. En este sentido, la interpretación resulta más luminosa y colorista que sensual, seductora y llena de misterio. Sobra, además, algún amaneramiento en Malagueña. (8)
 
 
Ravel Rapsodia Dutoit

24. Dutoit/Sinfónica de Montreal (Decca, 1981). El maestro suizo no es probablemente un director genial, pero sí un intérprete de Ravel de considerable altura, como demuestra en esta Rapsodia admirablemente idiomática, dicha ya que no con particular creatividad o inspiración, sí con entusiasmo bien controlado, exquisito gusto, apreciable comunicatividad y irreprochable equilibrio entre trazado global –nada de nerviosismo aquí– y atención al detalle, todo ello contando con la complicidad de una estupenda Sinfónica de Montreal a la que hace sonar con levedad, refinamiento y sensualidad en su punto justo. Excelente la toma. (9)

 

25. Abbado/Sinfónica de Londres (DG, 1985). Interpretación vistosa pero muy superficial, dicha de pasada, fuera de estilo, sin sensualidad, sin misterio y sin todo el refinamiento deseable. Solo se salva Feria: aun con las mismas insuficiencias, luciendo brillantez y entusiasmo que en el final terminan convirtiéndose en efectismo. La grabación podía ser mejor. (6)
 
 
Ravel Rapsodia Previn RPO

26. Previn/Royal Philharmonic (EMI, 1985). Lenta, introvertida y atmosférica recreación, de gran refinamiento tímbrico y admirable claridad, llevada siempre con elegancia y un gran olfato para el “embrujo” seductor, consiguiendo empaque sinfónico en el último movimiento sin dejarse llevar por la brillantez ni el decibelio, y eso que la gama dinámica es muy amplia y está muy bien recogida. (9)



27. López-Cobos/Sinfónica de Cincinnati (Telarc, 1988). Interpretación bien trazada, cuidadosa y dicha con buen gusto, pero un tanto escasa de atmósfera, de sensualidad y de vuelo poético. También bastante impersonal, a decir verdad. Los efectismos de la toma sonora en Feria no pueden ocultar la etiqueta de “Made in USA”. (7)


Ravel Rapsodia Karajan DDD

28. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1987).  Karajan demuestra su absoluto dominio de la orquesta con una interpretación de una exactitud y perfección técnica impecables, de sonoridad hermosa, refinada en el mejor de los sentidos, brillantísima –sin excesos– cuando debe y trazada con enorme fluidez, pero en el plano creativo el salzburgués resulta un tanto desconcentrado –Preludio– e indiferente, incapaz de destilar toda la poesía que proponen los pentagramas, y cuando aparece algún detalle personal aislado –Malagueña– se consigue más rebuscamiento que inspiración. La toma sonora es portentosa. (8)


Ravel Rapsodia Svetlanov

29. Svetlanov/Orquesta Sinfónica Académica del Estado (Russian Disc, fecha indeterminada). Una toma sonora plagada de deficiencias apenas impide disfrutar de esta recreación muy sugestiva, de carácter curvilíneo y tímbrica mucho más refinada de lo esperable en una orquesta rusa, que triunfa en una Habanera muy sensual y cojea por una Feria alicaída en las tensiones. (8)



30. Barenboim/Sinfónica de Chicago (Erato, 1991). Pocas veces se ha tocado esta partitura con semejante perfección y ha sido recogida con semejante naturalidad y transparencia, sin necesidad de meter los micrófonos encima de cada instrumento y logrando una enorme espectacularidad sin darle excesivo relieve a la percusión. Todo ello, además, con limpieza asombrosa y un brillo en el agudo insuperable. Barenboim ofrece enorme concentración en el Preludio –impresionante el regulador con que se abre–, se desenvuelve con tanta elegancia como sentido del misterio en los dos siguientes números y triunfa por completo en una Feria llena de garra, de chispa y de sentido español, pero trazada con pinceles y cantando sus melodías con naturalidad y efusividad admirables. Falta un último punto de sensualidad y de creatividad, pero el virtuosismo de los “chicagoers” compensa semejantes limitaciones. (9)


Ravel Rapsodia  Boulez Berlín

31. Boulez/Filarmónica de Berlín (DG, 1993). Al frente de una orquesta sensacional, superior sin duda a la Orquesta de Cleveland de los sesenta, Boulez no repite su grabación anterior sino que, aun siempre desde su proverbiales objetividad y distanciamiento, aporta parámetros nuevos. En este caso, unos tempi considerablemente más lentos –sobre todo en la Habanera: 3’27'' frente a los 2’42’’ de entonces– que permiten una claridad analítica todavía mayor, hasta el punto de revelarse detalles que apenas podemos percibir en otras interpretaciones, pero también hacen que el resultado sea algo parsimonioso y se pierdan vitalidad e inmediatez. A la postre, aquí sí se puede hablar de la frialdad del músico francés. La toma sonora es una de las mejores que haya recibido esta obra en disco compacto. (8) 
 
 
Ravel Rapsodia Celibidache Munich

32. Celibidache/Filarmónica de Múnich (Blu-ray Euroarts, 1994). El espectacular juego agógico y dinámico de los primeros compases, un prodigio tanto de técnica de batuta como de atrevimiento, ya deja bien claro que nos vamos a encontrar una interpretación muy especial. Y así es. Desarrollando con mayor finura y sensibilidad, también mayor atrevimiento, las ideas ya presentes en su grabación en Stuttgart, Celi ofrece una lectura lentísima y personalísima, matizada hasta el límite, de prodigiosa tímbrica, elevada sensualidad y desarrolladísimo sentido del misterio, bordeando a veces el amaneramiento –Habanera–, pero haciendo al mismo tiempo reveladores descubrimientos. El perfume español está plenamente conseguido sin caer en tópicos. Admirables los solistas, aun tocando, como toda la orquesta, al límite de sus posibilidades. (10) 
 
 
 Ravel Rapsodia  Maazel Viena

33. Maazel/Filarmónica de Viena (RCA, 1996). De nuevo el maestro de origen francés hace gala de una prodigiosa combinación de elegancia, claridad, refinamiento y sentido del color, ofreciendo texturas aéreas y unas veladuras sorprendentes con la que tiene mucho que ver la sonoridad de la increíble orquesta vienesa. Su enfoque, tiene además salero y brillantez, aunque sea más festivo que otra cosa y pase un poco de largo ante los pliegues más inquietantes de la obra: se echa de menos mayor atención a la atmósfera y a las sonoridades graves. Hay por otra parte algún que otro amaneramiento marca de la casa, sobre todo en Feria: las languideces “de siesta” suenan un poco forzadas. (9)


Ravel Rapsodia Previn LSO

34. Previn/Sinfónica de Londres (DG, 1997). André Previn vuelve a demostrar un increíble dominio de la orquesta en colores, texturas y volúmenes sonoros –interesantes reguladores en el Preludio–, y acierta por completo a la hora de poner de relieve los aspectos inquietantes de la partitura, pero en comparación con su lectura con la Royal Philharmonic se ha perdido un punto de sensualidad; incluso en Feria hay una relativa caída de tensión en su sección central. La toma sonora, portentosa. (8)



35. Abbado/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, San Silvestre 1997). Refinamiento y sentido del color son dos de las grandes virtudes de Abbado, que lucen plenamente en esta más que notable recreación en la que la fabulosa orquesta despliega todo su potencial tanto técnico como expresivo. Los resultados son abiertamente superiores a los que el maestro consiguió junto a la Sinfónica de Londres, sobre todo porque ahora la batuta sí que acierta a la hora de destilar sensualidad y atmósfera. Una pena que por momentos bordee el decadentismo y que en Feria, aun siendo quizá lo mejor de su recreación, tienda al exceso efectista. El audio de la filmación se ve afectado por una molesta compresión dinámica. La versión en CD no presenta este problema, pero tampoco es ninguna maravilla técnica. (8)


  

36. Barenboim/Filarmónica de Viena (VPO, 2005). Catorce años después de su grabación en Chicago, Barenboim vuelve a resultar concentrado y un punto siniestro en el Preludio, elegante sin amaneramientos en Malagueña, muy atmosférico en Habanera –claramente más lenta que antes– y brillante en una Feria ahora algo más rápida (¿un punto precipitada en el arranque?) y quizá todavía más garbosa y chispeante. La toma sonora en vivo, realizada en la Musikverein vienesa el 23 de octubre de 2005, no es ni mucho menos la que realizó el sello Erato. (9)


Ravel Rapsodia Van Immerseel

37. Van Imerseel/Anima Eterna (Zig-Zag, 2006). Ravel con instrumentos originales. Originales de cuándo, habría que preguntarse, tratándose de una obra de 1908. Vale, es cierto que por aquel entonces todavía se utilizaban cuerdas de tripa y que hay fuertes discusiones entre los estudiosos acerca de cómo se aplicaba el vibrato, pero lo cierto es que en este disco las diferencias no son ni mucho menos tan importantes como en otros repertorios: hay aquí y allá algunos detalles tímbricos novedosos –madera grave– que pueden resultar muy atractivos, pero lo cierto es que este Ravel, y esta Rapsodia en concreto, es en gran medida la que todos conocemos. En cualquier caso, lo importante aquí es que el tantas veces aburrido Van Immerseel se muestra muy afín al lenguaje raveliano, dirige con sensatez y buen gusto y acierta en las diferentes atmósferas expresivas –por ejemplo, el carácter obsesivo de Habanera– que propone la partitura, aunque sin terminar de calar a fondo en todas sus posibilidades poéticas. Modélica la labor de los ingenieros de sonido. (8)

 

38. Josep Pons/Nacional de España (DG, 2011?). Interpretación de irreprochable idioma impresionista, muy cálida, sensual y difuminada, rica en el color, dicha con elegancia y trazada con pinceles finos. Por desgracia la flacidez, la carencia de tensión interna, se convierte en protagonista, al tiempo que en el segundo movimiento molesta alguna frase en exceso amanerada y la sección central de Feria cae abiertamente en la blandura. Hay que destacar, no obstante, el espléndido trabajo de las maderas de la Nacional en un Preludio muy bien paladeado y de gran plasticidad. Efectista el final. (7) 



 39. Juanjo Mena/BBC Philharmonic (YouTube, BBC Proms 2011). El maestro vasco trabaja con pinceles finos, buena atención a las líneas instrumentales y apropiado refinamiento en la tímbrica, luciendo además buen pulso y sabiendo no caer en la blandura ni en la evanescencia excesiva, pero su aproximación resulta demasiado rápida y nerviosa, carece de la suficiente sensualidad, y está pensada de cara a la galería en el cuarto movimiento. La retransmisión televisiva tiene una dinámica chata. Lástima que haya desaparecido el vídeo. (7)

 
Ravel Rapsodia Slatkin

40. Slatkin/Orquesta Nacional de Lyon (Blu-ray audio Naxos, 2011). Resulta difícil entender por qué el sello Naxos ha lanzado estos registros en Blu-ray Audio, porque ni la grabación, difusa y sin cuerpo, tiene mucha potencialidad de la que hacer gala, ni las interpretaciones pasan de una discreta corrección a la que le falta mucho en cuestión de colorido, de matices y de inspiración para rivalizar con la mucha competencia que hay en el mercado. Aquí resulta particularmente flojo el Preludio; el resto, eficacia de brocha gorda. (5)
 
 

41. Barenboim/Orquesta del West-Eastern Divan (Peral Music, Teatro Colón, 3 agosto 2014). El enorme desarrollo de la sensualidad que ha conocido el maestro porteño en estos últimos años le ha permitido conseguir un pleno dominio del idioma raveliano más ortodoxo, incluyendo una apreciable delectación melódica y elevada atención a las texturas difuminadas. Por eso mismo su visión de la obra es menos personal, digamos que menos negra, que en su recreación con la Filarmónica de Viena, pero también es más indiscutible y, habida cuenta de su buen sentido de la atmósfera y la asombrosa plasticidad con que manera a una orquesta plenamente entregada a él –pero que no es comparable a Chicago o Viena–, ciertamente magnífica. Lástima que la toma no sea mejor. (9)

 


42. Barenboim/Orquesta del West-Eastern Divan (YouTube, BBC Proms 2014, actualmente no disponible). Interpretación unos días posterior a la de los mismos intérpretes en el Teatro Colón, con similares resultados. Es decir, admirables. (9) 



43. Barenboim/Filarmónica de Berlín (Blu-ray Euroarts y Digital Concert Hall, 31 diciembre 2018). El de Buenos Aires vuelve a demostrar cómo ha mejorado su dominio del idioma del impresionismo –mucho más sensual ahora que en los tiempos de Chicago, también más hábil a la hora de manejas texturas–, solo que ahora con una orquesta no solo muy superior a la WEDO, sino sencillamente insuperable en la que uno no puede dejar de rendirse de asombro tanto en lo que se refiere a su sonoridad global, modelada con singular plasticidad por una batuta de técnica portentosa, como a la contrastada calidad de todos y cada uno de sus solistas. A destacar el sutilísimo tratamiento de las dinámicas gracias a unos reguladores verdaderamente mágicos y a como Barenboim es capaz de revelar, ralentizando el tempo y con la complicidad de los grandísimos Emmanuel Pahud y Albrecht Mayer, fascinantes posibilidades en algún pasaje del cuarto movimiento. (10)



44. Barenboim/Orquesta del West-Eastern Divan (Medici TV, 2022). El maestro insiste una vez más en una muy paladeada recreación en la que se suman de manera magistral, como en ninguna otra de sus recreaciones anteriores, la atmósfera cargada y la negrura con que suele abordar la página y ese sentido expresivo del color, esa sensualidad y ese idioma raveliano que solo ha conseguido en los últimos años. Siendo excelsa la inspiración de la batuta, la lectura pierde un poco por la sonoridad global de la orquesta, en absoluto comparable a la Filarmónica de Berlín, si bien sus asombrosos primeros atriles realizan una labor no menos matizada y certera en la expresión que la de sus colegas. (9)

domingo, 7 de junio de 2026

Concierto para violín nº 1 de Prokofiev: discografía comparada

ACTUALIZACIÓN, 7.VI.2025

La entrada es del 7 de mayo de 2013 y la actualizo ahora con una buena cantidad de interpretaciones adicionales, entre ellas una que me ha parecido de referencia: Kashimoto, Rattle y Filarmónica de Berlín

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Sergei Prokofiev estrenó su Primer concierto para violín en 1923, pero lo había escrito unos cuantos años antes, entre 1916 y 1917, cuando contaba veintiséis. Es contemporáneo, pues, de la Sinfonía Clásica, posterior a la Suite Escita y algo anterior a El amor de las tres naranjas y el Tercer concierto para piano, por citar las obras maestras más cercanas en el tiempo.

En la partitura, pese a su brevedad –poco más de veinte minutos– se combinan de manera portentosa todas las características expresivas de un compositor aun muy joven, pero ya plenamente maduro en personalidad: por un lado un lirismo a medio camino entre lo onírico y lo melancólico, por otro una escritura escarpada, tensa y llena de aristas que nos hablan del fuerte sentido trágico que se esconde en el fondo de su música. Todo ello galvanizado por un irónico e inconfundible sentido del humor a veces jovial, a veces cargado de un sarcasmo que se convierte –acercándose así a Shostakovich– en máscara que pretende ocultar el dolor.

Permítanme confesarles algo personal: esta una de las creaciones del autor de Pedro y el lobo favoritas para quien suscribe. El problema es que no soy capaz de contarles con palabras qué es lo mucho que me dice esta música. Me limitaré a enumerar sus movimientos:
  1. Andantino
  2. Scherzo: Vivacissimo
  3. Moderato - Andante

 

Prokofiev concierto violin 1 Szigeti Beecham

1. Szigeti. Beecham/Filarmónica de Londres (Naxos, 1935). Esta grabación es impagable, pues fue el mítico violinista húngaro quien, tras el fracaso del estreno inicial en París, consiguió que la partitura fuera aclamada en Europa y los Estados Unidos en compañía de Frizt Reiner, aunque aquí le secunda un Beecham que a ratos paladea muy bien la música –no coge carrerilla en el Scherzo–, a ratos –final del primer movimiento, clímax del tercero– desarrolla las tensiones con desinterés y vulgaridad . En cuanto al propio Szigeti, si hacemos caso omiso de algunas notorias vacilaciones y de la abundancia de portamenti tan propia de la época, realiza una aproximación eminentemente incisiva, quizá intentando acentuar los aspectos más modernos de la pieza, aunque no deja de resultar incandescente –más que propiamente “romántico”- en los pasajes más líricos. Bastante extraña, en cualquier caso, la manera de dejar a un lado el legato al arrancar el tercer movimiento. La restauración sonora realizada por Naxos es excelente. (7)


Prokofiev concierto violin 1 Oistrakh Kubelik

2. David Oistrakh. Kubelik/Sinfónica de Praga (Andante, 1947). A sus treinta y nueve años, el gran violinista ruso hace una verdadera exhibición de medios técnicos e interpreta con esa intensidad viril y sincera que le caracteriza, pero en este primer testimonio de su acercamiento a la obra –tiene cinco más– todavía no ha alcanzado el suficiente grado de profundización en la misma. En parte la responsabilidad puede caer en un Kubelik tan lírico y apolíneo como suele, pero en exceso apresurado y falto de concentración. La toma sonora es muy precaria. (7)


Prokofiev concierto violin 1 Milstein Icon

3. Milstein. Golschmann/Sinfónica de St. Louis (EMI, enero 1954). No menos extraordinario violinista que su compatriota y contemporáneo Oistrakh, Milstein representaba un violinismo distinto, menos ardiente, dramático y escarpado, más lírico y sutil, más volcado hacia lo reflexivo, lo que no le impide ofrecer en esta bellísima recreación un clímax particularmente encrespado en el tercer movimiento. El director acompaña sintonizando por completo en esta línea y ofreciendo adecuada concentración en los momentos más evocadores, pero sin especial personalidad y pasando de largo ante los numerosos claroscuros de la página. (8)
 
 
Prokofiev concierto violin 1 Oistrakh Matacic

4. David Oistrakh. Von Matacic/Sinfónica de Londres (EMI, noviembre 1954). Bien secundado por una London Symphony en plena forma pero no tanto por una toma de sonido monofónica que deja en segundo plano a la orquesta y no permite apreciar el juego de texturas, el director croata dirige con emoción y propiedad estilística aunque acertando mucho más en los dos primeros movimientos que en el tercero, más bien lineal y apresurado, lo que limita seriamente al intensísimo, viril y asombrosamente virtuosístico Oistrakh a la hora de cantar las melodías. (8)



Prokofiev concierto violin 1 Stern Mitropoulos

5. Stern. Mitropoulos/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1958). Lástima que la grabación sea monofónica, porque la interpretación de Stern, en perfecta sintonía con el director griego, es de una intensidad e incandescencia verdaderamente abrasadora, descubriéndonos, sin quedarse en modo alguno en el tópico de lo aristado, el lado más apasionado y dramático de esta música. Más adelante muchos artistas, incluido él mismo, enriquecerán este enfoque con una mayor atención a los aspectos líricos, evanescentes y ensoñados, pero esta interpretación no deja de ser admirable. (9)



6. Ricci. Ansermet/Orquesta de la Suisse Romande (Decca, 1958). El comienzo algo sollozante por parte del violín no resulta precisamente prometedor, pero poco a poco el solista se va centrando y, en compañía de una batuta solvente sin más, ofrece una muy digna recreación grabada por los ingenieros de Decca con un estéreo muy claro, aunque con distorsiones tímbricas. En cualquier caso, se pueden hacer las cosas mucho mejor en lo que a depuración sonora, variedad expresiva e imaginación se refiere. (7)



7. Milstein. Giulini/Orquesta Philharmonia (EMI, 1962). El violinista de Odessa repite su hermosísima y exquisita –más no por ello parca en dramatismo– aproximación, y lo hace en perfecta sintonía con un Giulini que frasea con la cantabilidad altamente emotiva que le caracteriza y con una concentración pasmosa (¡qué final el del primer movimiento!), pero también atentísimo a clarificar texturas, a planificar tensiones y a hacer que la soberbia orquesta londinense suene con el colorido –incisivo, coloreado en las maderas– adecuado para Prokofiev. Dicho de otra manera: ofreciendo lirismo a raudales, pero sin el error de “romantizar” la página ni de limar aristas. El resultado es admirable y anuncia el sendero que el futuro seguirán, con mayor éxito aún, Mutter y Rostropovich. (9)



8. Stern. Ormandy/Orquesta de Philadelphia (CBS, 1963). Aunque solo han pasado cinco años desde su registro con Mitropoulos, Stern adopta ahora un enfoque va a ser menos incandescente, al tiempo que más atento al lirismo melancólico que también albergan los pentagramas. Aporta incluso un toque de ternura muy interesante en el primer movimiento, si bien es en el tercero en el que alcanza el mayor grado de inspiración poética. Ormandy dirige con enorme sensatez y sin tomarse las cosas con prisa, pero resulta más eficaz que otra cosa. (8)



9. Friedman. Leinsdorf/Sinfónica de Boston (RCA-Sony, 1964). El maestro vienés fue un gran intérprete de Prokofiev, pero aunque su solvencia técnica y dominio del idioma son incuestionables, no parece sintonizar mucho con el espíritu de la obra; incluso ni siquiera parece muy atento al matiz. Erick Friedman cumple con enorme corrección sin emocionar apenas. La orquesta, ideal. La toma sonora podría ser bastante mejor. (7)



10. Igor Oistrakh. Rozhdestvensky/Gran Orquesta Sinfónica de la Radio de Moscú (Melodiya-Denon). El hijo de David sigue los pasos de su padre con una lectura tan encendida como controlada que opta abiertamente por las aristas y, sin dejar de ofrecer la adecuada cantabilidad, se interesa poco por la ensoñación lírica. La batuta acompaña con propiedad estilística y buen pulso, pero sin sacar el suficiente partido poético a la obra, sobre todo en los finales de los movimientos extremos. Cuando más adelante le dirija la obra a Perlman, hará uso de unos tempi más dilatados y alcanzará un grado mayor de inspiración. (8)


Prokofiev concierto violin 1 Oistrakh Sanderling

11. David Oistrakh. Sanderling/Sinfónica de Berlín (Harmonia Mundi, 1971). Por fin Oistrakh padre cuenta con un acompañamiento lo suficientemente paladeado, el de un Sanderling que no obstante aun podría darle una vuelta tuerca más a la obra, pero por desgracia en esta ocasión es el propio violinista, algo limitado por la edad en cuanto a virtuosismo, el que no alcanza toda la altura esperable desde el punto de vista emocional. La toma sonora es buena para la época y a pesar de ser de origen radiofónico. (8)


Prokofiev concierto violin 1 Chung Previn

12. Chung. Previn/Sinfónica de Londres (Decca, 1975). André Previn grabó mucho Prokofiev en los años setenta al frente de la orquesta de la que era titular, con resultados quizá no geniales pero siempre magníficos gracias a su perfecto dominio del idioma, a la gran claridad y riqueza tímbrica de su batuta y, desde luego, a la sinceridad expresiva de sus recreaciones. Es el caso de esta op. 19 de perfecto equilibrio entre los aspectos líricos, irónicos, dramáticos y fantasmagóricos, dicha además con pulso firme –el tercer movimiento resulta quizá algo apresurado– y un admirable sentido de las texturas. No podía tener aquí mejor acompañante que Kyung-Wha Chung, a sus veintisiete años no solo un prodigio de virtuosismo, sino también una artista de enorme madurez que ofrece una enorme intensidad emocional y una impresionante variedad expresiva, desde la muy femenina delicadeza del comienzo hasta los clímax más desgarradores de los movimientos extremos, pasando por la incisividad del segundo. (9)


Prokofiev concierto violin 1 Rozhdestvensky Perlman

13. Perlman. Rozhdestvensky/Sinfónica de la BBC (EMI, 1980). Ya más maduro como director en su breve etapa londinense, el maestro ruso alcanza una perfecta sintonía con Perlman para, decantándose por las aristas, ofrecer una lectura presidida por la tensión y por el alejamiento de la efusión “romántica”. Los momentos líricos no están precisamente descuidados, pero en ellos se opta más por la evanescencia fantasmagórica –excelente el estudio de texturas– que por la nostalgia. (9)



14. Perlman. Rozhdestvensky/Sinfónica de la BBC (DVD Medici Arts, 1980). Como su versión paralela en compacto, nos encontramos ante una interpretación antes incisiva que evocadora, pero no por ello desequilibrada en lo expresivo, en la que el violín siempre afilado de Perlman sabe encauzar su intenso ardor con un portentoso control de los medios y, sobre todo en el tercer movimiento, cantar las melodías como pocos lo han hecho, mientras que la batuta domina el idioma y controla de modo admirable el arco de tensiones. La toma sonora, monofónica, es bastante inferior a la del CD. (9)


Prokofiev concierto violin 1 Stern Mehta

15. Stern. Mehta/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1982). Un comienzo vacilante y de dudosa afinación nos hace temer lo peor habida cuenta de la avanzada edad del solista, pero lo cierto es que la cosa no va a mayores y Stern vuelve a realizar una muy sincera e intensa aproximación a la partitura dentro de la misma línea lírica que ofreció junto a Ormandy dieciocho años atrás. Mehta evidencia su conocida sintonía con el autor y, quizá por buscar la mayor aproximación posible al planteamiento expresivo del solista, atiende antes a los aspectos oníricos de la obra que a los más rítmicos y extrovertidos: al segundo movimiento le podría sacar más jugo. En el tercero, por el contrario, utiliza todo su virtuosismo de batuta para ofrecer sugestivas veladuras y flexibilizar las tensiones de manera admirable, ofreciendo así el mejor respaldo al Stern, que vuelve a alcanza allí su momento de mayor inspiración. La toma sonora, espléndida. (9)


Prokofiev concierto violin 1 Mintz Abbado

16. Mintz. Abbado/Sinfónica Chicago (DG, 1983). Lectura presidida por el insuperable virtuosismo de solista, orquesta y batuta, capaces de desplegar una infinita gama de colores y matices y de trazar la arquitectura con absoluta perfección; se oyen, incluso, líneas instrumentales que generalmente pasan desapercibidas. El estilo es irreprochable y la interpretación tiene garra, aun faltando un punto adicional de calidez y emotividad, quizá porque los intérpretes, no del todo en sintonía con el contenido expresivo de la obra, prefieren apartarse del “romanticismo” para mirarla con cierto distanciamiento un tanto naif que ve hermosas evocaciones feéricas donde para otros intérpretes hay dolorosa nostalgia, y disonancias más o menos gamberras donde aflora el puro drama. (9)


Prokofiev concierto violin 1 Zimmermann Maazel

17. Zimmermann. Maazel/Filarmónica de Berlín (EMI, 1987). El maestro franco-americano ofrece, como era de esperar, una dirección muy idiomática, acertada en el fraseo, en el colorido y en la mordacidad, además de magníficamente planificada en su construcción horizontal. Todo ello, además, extrayendo un gran partido a la orquesta de la que por entonces esperaba convertirse en titular, aunque algo perjudicada por una toma sonora que no es muy allá. Notable realización, en todo caso, que no se ve acompañada por un violinista irreprochable en lo técnico y ajeno a cualquier veleidad expresiva, pero frio como un témpano. (7)



Prokofiev concierto violin 1 Sitkovetsky Davis

18. Sitkovetsky. Colin Davis/Sinfónica de Londres (Virgin, 1988). Sorprende encontrarse al maestro británico en este repertorio. Cierto es que a su batuta le falta estilo, sobre todo en el tratamiento de las maderas y en el sarcasmo propio del autor, pero a la postre su enorme musicalidad le hace sacar la obra adelante y conseguir junto al magnífico solista notabilísimos momentos líricos y un acongojante clímax en el último movimiento. (9)


Prokofiev concierto violin 1 Mutter Rostropovich

19. Mutter. Rostropovich/Sinfónica Nacional de Washington (Erato, 1988). Un tremolo en la cuerda tenso y claro; un violín cálido, humano, que canta su lamento con belleza extrema… El comienzo ya deja claro que nos vamos a encontrar ante una lectura intensa, sincera y no poco reveladora en la que los dos artistas sintonizan a la perfección en lo expresivo para poner de relieve, sin caer en la blandura, los aspectos más líricos, más humanísticos si se quiere, de una obra que tiene mucho de acongojante confesión personal. Cierto es que Rostropovich carece de la capacidad para matizar y para obtener texturas de un Abbado, quizá también de su incisividad, pero ofrece una enorme emotividad, matiza con tanta sabiduría como dominio del estilo –admirable el fagot en el arranque del Moderato– y planifica con enorme naturalidad la arquitectura hacia unos clímax mucho antes sinceros que vistosos en los que la Mutter sabe ser apasionada sin perder su apolínea elegancia. Particularmente asombrosa la doliente rebeldía que los dos artistas alcanzan en el clímax final para desembocar en una coda desgranada con particular lentitud y un regusto acertadamente amargo y desolado, mucho antes que feérico. Lástima que la toma no sea mejor. (10)



20. Repin. Svetlanov/Sinfónica Estatal de la Federación Rusa (Stage+, 1991). Aún no había cumplido los veinte cuando Vladimir Rempin dejó este testimonio filmado en Frankfurt. Impresiona la tensión con la que aborda una introducción bien paladeada, pero pronto se deja llevar por la emoción y se echa a correr. No falla ni una nota, el resultado es técnicamente deslumbrante, y ciertamente la fogosidad y convicción con las que toca no deja de atraparnos, pero la sensación global es de superficialidad, de quedarse en el envoltorio de la música, sobre todo en un movimiento conclusivo muy apresurado. Svetlanov intenta seguirle haciendo gala de muy bien conocimiento del estilo. Solo eso. (7)



Prokofiev concierto violin 1 Bell Dutoit

21. Bell. Dutoit/Sinfónica de Montreal (Decca, 1992). Adecuado idioma, buen pulso e irreprochable gusto son las virtudes que exhibe el director suizo frente a una página con la que, a pesar de lo dicho, no logra conectar del todo en lo expresivo; faltan garra, compromiso y calor humano. Tampoco convence el violinista norteamericano, distanciado y algo tendente a los portamenti en las secciones líricas, al tiempo que resulta descafeinado en las más extrovertidas. El resultado es una interpretación que se queda a mitad de camino. (7)



22. Zimmermann. Maazel/Filarmónica de la Scala (YouTube, 1992). Este testimonio de muy precaria calidad audiovisual interesará ante todo a los violinistas, porque tanto la cámara como la toma se centran en Frank Peter. En él podemos apreciar la firmeza asombrosa de su sonido, la seguridad absoluta de su mano izquierda y la tensión interna que imprime al fraseo. Sin embargo, y por muchos portamentos que meta a lo largo de toda la introducción, no se puede decir que emocione tanto como sus colegas, entre otras cosas porque Maazel no le deja explayarse n un tercer movimiento que dirige de manera muy apresurada. A destacar, en cualquier caso, el tremendo sarcasmo que son capaces de extraer del segundo movimiento. (7)



23. Lin. Salonen/Filarmónica de Los Ángeles (Sony, 1992). No se puede decir que a su dirección le falte tensión interna, como tampoco que sea fría, pero lo cierto es que el por entonces aún relativamente joven Salonen –treinta y cuatro años– no se muestra del todo afín a la expresión: todo está en su sitio, las complejas texturas están muy bien tratadas, pero la poesía no termina de brotar. Quizá por eso Cho-Liang Lin se quede, no es poco, en lo notabilísimo, siendo de subrayar la pasmosa naturalidad con que aborda su parte. Toca con tal capacidad técnica, con tal limpieza, con semejante lógica a la hora de planificar, con tanta ausencia de afectación, que no parece que esté abordando una página de dificultad extrema. Lo mejor es el segundo movimiento, espléndido por parte de los dos artistas. La toma resulta un poco espesa, lástima. (8)


Prokofiev concierto violin 1 Vengerov Rostropovich

24. Vengerov. Rostropovich/Sinfónica de Londres (Teldec, 1994). Al frente de una orquesta de mayor calidad que la de Washington y con una toma sonora más acorde con las circunstancias, Rostropovich repite y por momentos mejora –los tempi son algo más deliberados– su lectura anterior haciendo gala de una enorme sensibilidad lírica; se pueden preferir enfoques más incisivos y brillante, pero su comunión espiritual con la obra es máxima. Vengerov, armado de un virtuosismo extremo que seguramente nadie ha igualado en esta partitura, se encuentra en permanente estado de éxtasis en una actuación volcánica y arrolladora, aristada cuando debe pero de una cantabilidad acongojante, en la que los clímax alcanzan una poderosísima fuerza expresiva. Impresionante. (10)

 
Prokofiev concierto violin 1 Shaham Previn

25. Shaham. Previn/Sinfónica de Londres (DG, 1995). Veinte años después, Previn y la LSO vuelven juntos a la obra con un acercamiento igualmente idiomático y de irreprochable equilibrio, aunque quizá algo más distanciado en lo expresivo que entonces y, desde luego, sin la emotividad que la orquesta lució un año antes con Rostropovich. Shaham, de sonido muy hermoso, más lírico que desgarrado aunque en cualquier caso muy comprometido, destaca ante todo por la impresionante cantabilidad de su fraseo. La toma sonora es excepcional. (8)
 
 
Prokofiev concierto violin 1 Dutoit Josefowicz

26. Josefowicz. Dutoit/Sinfónica de Montreal (Decca, 1999). Solo siete años después de su registro con Joshua Bell, orquesta y director repiten su acercamiento mejorando un tanto el último movimiento, ahora más paladeado y más satisfactoriamente trazado hacia su disolución final. En cualquier caso, incuestionable ortodoxia que contrasta de manera extrema con la tremenda heterodoxia de una Josefowicz virtuosística a más no poder, en todo momento creativa, que confunde el lirismo con el amaneramiento (¡esos dichosos portamenti!) y aborda lo dramático haciendo sonar a su violín como un cuchillo recién afilado. El resultado es una interpretación que bascula entre lo insoportable y lo fascinante. Inclasificable, en suma. (7)


Prokofiev concierto violin 1 Gringolts Jarvi

27. Gringolts. Neeme Järvi/Sinfónica de Gotemburgo (DG, 2004). En esta grabación realizada durante su fugaz estrellato en el sello amarillo, el violinista de San Petersburgo mostró un virtuosismo indiscutible, pero al centrarse la batuta en los aspectos más incisivos y grotescos de la partitura, se quedaron a un lado los líricos. Así las cosas, consiguen entre ambos un magnífico segundo movimiento, mientras ofrecen un tercero que no es ni sugestivo ni emocionante. (8)

 
Prokofiev concierto violin 1 Fischer Kreizberg

28. Fischer. Kreizberg/Orquesta Nacional de Rusia (Pentatone, 2004). Lejos de ofrecer una interpretación tópicamente femenina, la violinista alemana despliega hirientes aristas a lo largo de la obra (¡tremendo el Scherzo!) sin problema alguno de virtuosismo, si bien no termina de sintonizar con la vertiente más emotiva y melancólica de la obra. La dirección de Kreizberg, antes profesional que inspirada, resulta irreprochable en el estilo pero un tanto primaria, sobre todo en un tercer movimiento en el que las texturas deberían estar mejor trabajadas. (8)
 
 
Prokofiev concierto violin 1 Chang Rattle

29. Chang. Rattle/Filarmónica de Berlín (EMI, 2005). Aunque la violinista es de Philadelphia, su ascendencia coreana nos hace pensar inmediatamente en Kyung-Wha Chung, con quien casualmente comparte no solo un virtuosismo asombroso, sino también su manera de ver la obra, esto es, potenciando los aspectos más líricos y digamos “femeninos” de la página, pero sabiendo también resultar sumamente encendida y hasta encrespada en los clímax. Rattle potencia esta misma visión –muy bien paladeados los finales de los movimientos extremos–, pero su empeño por ser personal jugando con los tempi –la solista también aprovecha para ofrecer novedades– y su escasa sintonía con la sonoridad propia del autor hacen que su dirección carezca de la suficiente unidad de trazo y resulte más virtuosística que emotiva. Venturosamente, años más tarde nos ofrecerá una dirección de referencia. (8)
 


30. Repin. Gergiev/Sinfónica de Londres (YouTube, 2007). Merece la pena detenerse a ver este testimonio por la asombrosa exhibición de un Repin que exhibe un sonido tenso y afilado, pero que no deja de ser bello, al servicio de un temperamento que vuelve a resultar de lo más incandescente. Por desgracia le acompaña un Gergiev que, aunque dirige con gran sentido del color, cae en la vulgaridad en el segundo movimiento y pasa de largo ante la vertiente lírica de la pieza. (7)
 
 
Prokofiev concierto violin 1 Frang Sondergard

31. Vilde Frang. Sondergard/Sinfónica de la Radio de Colonia (EMI, 2009). La violinista noruega parece caminar, en esta interpretación incluida en su debut discográfico, por un sendero parecido a la de su colega Julia Fischer, afilando su violín y deslumbrando con un virtuosismo de admirable agilidad, pero sin terminar de ofrecer la dosis de calidez y emotividad que también esta obra demanda. La dirección de Thomas Sondergard se muestra centrada y muy eficiente, pero no del todo atenta a la polifonía orquestal y, en conjunto, más vistosa que emocionante. (7)



32. Batiashvili. Iván Fischer/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2012). Aunque sepa resultar adecuadamente aristada en el segundo movimiento, la violinista georgiana –hermosísimo sonido, legato admirable– nos ofrece una interpretación netamente feérica, de ensoñado y bellísimo vuelo lírico, pero un tanto carente de la congoja y el desgarro interno que son motivo de la melancolía; solo en el estremecedor clímax antes de la coda Batiashvili parece alcanzar una incandescencia sincera. Iván Fischer dirige un tanto ajeno al estilo y sin preocuparse mucho de los matices, pero al menos resulta cuidadoso y sintoniza a la perfección con la propuesta lírica de la solista. (8)

 

33. Steinbacher. Vasily Petrenko/Orquesta Nacional de Rusia (Pentatone, 2012). Aunque los portamentos del arranque hagan imaginar que la violinista bávara va a ofrecer una interpretación blanda y con miras al romanticismo, lo cierto es que su aproximación, realizada haciendo gala de un sonido de primera magnitud –terso, con carne, de afinación admirable y enorme homogeneidad– y de un fraseo concentradísimo donde no hay lugar al nerviosismo ni a la precipitación, va a resultar de un lirismo tan elegante como sobrio. También distante, y por ende poco emotivo. Sí que se preocupa por los aspectos angulosos de esta música –detalles aristados en el algo excéntricos en el primer movimiento, fraseo reivindicando el staccato, frases muy afiladas en el segundo movimiento, clímax muy dolientes en el tercero–. Lo hace sin necesidad de cargar las tintas, pero lo cierto es que la calidez poética y esa peculiar nostalgia que desprende la partitura no termina de brotar. Quizá en buena medida ello se deba a la dirección de un Vasily Petrenko lento y analítico, perfecto conocedor del idioma, que planifica enorme rigor, subraya los colores con intenciones expresivas y trabaja las texturas oníricas con particular sentido de lo fantasmagórico, pero tampoco termina de sintonizar con el trasfondo de la obra. A la postre, una interpretación admirablemente tocada que pone de relieve los aspectos más sombríos de la partitura, mas sin atender a toda la variedad expresiva que ésta encierra. La toma soberbia del SACD multicanal se beneficia de la célebre acústica de la Gran Sala del Conservatorio de Moscú. (8)



34. Kashimoto. Rattle/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2013). Sir Simon firma la mejor dirección de la partitura. Opta por unos tempi tendentes a la lentitud y, mostrando una soberbia técnica a la hora de mantener el pulso, construir tensiones, equilibrar planos y planificar transiciones, nos entrega una lectura de enorme lógica en su discurso, transparente como ninguna otra, muy hermosa desde el punto de vista formal, que alcanza la fusión perfecta entre lirismo delicado, virulencia y emotividad de corte digamos que romántica. Daishin Kashimoto, “solamente” primer violín de la orquesta, arranca con una concentración, hondura e intensidad que ya quisieran la mayoría de los solistas famosos. A partir de ahí, nos deja boquiabiertos haciendo gala de un sonido pleno y de insólita firmeza, de limpieza absoluta en las diabluras que le exige Prokofiev y, sobre todo, de una enorme capacidad para emocionar. Se han escuchado recreaciones más imaginativas, pero Kashimoto no necesita ofrecer novedades: se limita a hacer increíblemente bien lo que dice la partitura para ofrecernos una incuestionabilísima referencia. (10)


35. Hahn. Pablo/Sinfónica de la RTVE (YouTube, 2013). En este su primer testimonio videográfico la formidable violinista norteamericana evidencia falta de sintonía con la obra; lo hace particularmente en un primer movimiento cuya introducción aborde de manera anodina y en el que su punto de vista resulta en exceso lírico. Su sonido hermosísimo sonido es capaz de adelgazarse de manera increíble y ofrecer interesantísimas cualidades oníricas, pero con ello no basta. Mejor un Scherzo afiladísimo y un Finale en el que el violín es verdadero viento frío en la espalda. Víctor Pablo Pérez no ayuda: su dominio del idioma de Prokofiev es incuestionable, trabaja con cuidado las texturas y en el segundo movimiento saca a relucir un elevado sentido del ritmo, pero dirige con apresuramiento y sin profundizar en las esencias expresivas de la página, que bajo su batuta suena tan vistosa como superficial. La orquesta está francamente bien. (7)



36. Batiashvili. Nézet-Séguin/Orquesta de Cámara de Europa (DG, 2015). Lo onírico, lo lírico y lo dramático, en esquizofrénica unión muy característica de Prokofiev, saben ser atendidos por la violinista georgiana en una lectura de extraordinaria belleza en la forma, fraseo tan natural como cantable y, no menos importante, considerable intensidad dramática. De esta forma, lo afilado del sonido violinístico –riquísimo en colores– y la tensión lacerante, a veces –desarrollo del primer movimiento– de una angustia y una agitación en verdad irresistibles, ponen de relieve los aspectos más combativos de la página, aunque también es verdad que echándose de menos un grado todavía superior de calidez, sensualidad y vuelo lírico. Nézet-Séguin hace gala de sentido del ritmo, transparencia, colorido tan variado como incisivo, amplia gama de acentos y una gran intensidad en la expresión, acertando al subrayar el lado más anguloso, combativo y dramático de esta música repleta de dolor, pero no tanto cuando parece negarle sus raíces románticas. Su lectura resulta, además, en exceso rápida y nerviosa en el tercer movimiento: su gran clímax (a partir de 6:05), al no encontrarse lo suficientemente preparado, no termina de descargar fuerza trágica. Eso sí, el trabajo de texturas y colores es asombroso: repárese en un segundo movimiento llevado sin prisas y sin deseo de convertirlo en una mera exhibición de virtuosismo, sino otorgándole un carácter siniestro muy necesario, o también en la fantasmagórica sección final. La toma, absolutamente soberbia en CD y en streaming de alta definición, ayuda a la claridad orquestal, escuchándose muchos detalles que generalmente pasan desapercibidos. (9)



37. Hahn. Franck/Filarmónica de la Radio de Francia (DG, 2019). Seis años transcurren desde su filmación madrileña. Quizá sea que ha madurado la página, quizá que la dirección de Mikko Franck es bastante superior a la de Víctor Páblo y le permite respirar mejor las melodías, pero lo cierto es que Hilary Hahn, de sonido hermosísimo y capaz de adelgazarse hasta el infinito, ofrece una recreación admirable dentro de una, eso sí, visión eminentemente onírica, quizá surrealista y no exenta de malos presagios, de esta página muy plural en significaciones. De la dirección, siempre sensata y cuidadosa, interesa el planteamiento agógico de un tercer movimiento al que se le saca muy buen partido. (9)

 

38. Jansen. Mäkelä/Filarmónica de Oslo (Decca, 2023). Una toma a mi entender poco conseguida me impide valorar con justicia la labor del joven maestro noruego, que parece ser en origen bastante clara y bien tensada. También más atenta a las angulosidades de la música que a lo que debe a la tradición romántica, y no del todo metida en el idioma de Prokofiev. Sí que es fácil valorar a Janine Jansen, porque los ingenieros la ponen muy en primer plano: sonido hermosísimo y virtuosismo supremo para una recreación que, en consonancia con la batuta, subraya lo que de alucinado hay en esta página –impresionante segundo movimiento– y apuesta por la vehemencia controlada, al tiempo que juega con un lirismo atractivo y aporta numerosos detalles no del todo convincentes, incluso rebuscados. En cualquier caso, mejor escucharla (¡y verla, que es un espectáculo!) con Rattle. (8)



39. Jansen. Rattle/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2025). Janine Jansen arranca a media voz y con enorme delicadeza, pero en seguida vuelve a apostar por una interpretación particularmente aristada, rabiosa por momentos, con frecuencia áspera, en la que multitud de detalles personales, unos más convincentes que otros, demuestran no solo imaginación, sino también compromiso con una partitura con la que desea hurgarnos en las entrañas. No llega a conmovernos tanto como otros colegas, pero aun así su clímax del movimiento conclusivo alcanza una tensión abrumadora. Sir Simon baja un peldaño en inspiración con respecto a su lectura doce años anterior con Kashimoto, pero en cualquier caso ofrece una recreación de enorme altura por perfección técnica y comprensión de la obra. Portentosa la trasmisión en Dolby Atmos, en la que por primera vez escucho con claridad toses en los canales traseros. ¿Están ahora grabando en auténtica pentafonía? (9)



40. Jansen. Salonen/Sinfónica de la Radio de Suecia (YouTube, 2025). Esta es la grabación más reciente a la que he tenido acceso, diciembre de 2025. Janine Jansen insiste en su visión personalísima y llena de rabia, con frecuencia excesiva. Tanto, que a los pocos minutos se le rompe una cuerda y tiene que volver a empezar. En cualquier caso, merece la pena ver el espectáculo. Aun profesional a más no poder, Salonen vuelve a quedarse un poco a medio camino. (8)

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