domingo, 5 de junio de 2011

La Belle Felicity

Desde que descubrí hace años su Mariscala en el segundo Rosenkavalier de Carlos Kleiber (si aún no han visto ese DVD, dejen de leer tonterías y corran a comprarlo) me encuentro subyugado por la personalidad de Felicity Lott, sintiendo una fascinación que se incrementó aún más cuando en 2008 tuve la oportunidad de escuchar a la soprano inglesa en directo en un recital en el Wigmore Hall (enlace). Cierto es que no se trata de una señora especialmente guapa ni proporcionada, pero tiene un “algo” que la convierte en una de las mujeres más atractivas que jamás he visto. Su elegantísima manera de moverse, su sincera sonrisa, su mirada llena de vida, su particular histrionismo facial… Todo ello sin una pizca de sofisticación, sino desprendiendo naturalidad, franqueza y un punto de sentido del humor inglés de lo más interesante. Hay más, claro está. Su voz, que como es natural se va haciendo tirante en el agudo a medida que pasan los años, posee una cremosidad -más que brillantez tímbrica- que la hacen ideal para el susurro, la melancolía y la confesión íntima. Su dicción resulta clarísima pero en absoluto redicha. Pero quisiera destacar sobre todo su legato, de una naturalidad y sensualidad realmente pasmosas que hacen que cada vez que abre la boca caigamos rendido a sus pies.

Ilusionado como estoy de volver a ver a Dame Felicity (voy a la función abreviada “para familias” del sábado por la mañana que ofrece el Teatro Real, porque al recital del jueves no puedo acudir), he vuelto a visionar su filmación de La belle Hélène, precisamente reeditada ahora por Arthaus, procedente de unas funciones en el Chátelet en el año 2000 bajo la dirección musical de Marc Minkowski y escénica de Laurent Pelly. De nuevo me ha encantado, y se lo recomiendo vivamente a todos aquellos quien quieran comprobar hasta qué punto esta señora, todo lo inglesa y elegante que se quiera, encaja a la perfección con el universo burbujeante de Jacques Offenbach, compositor al que precisamente dedica su espectáculo madrileño. Su Helena de Troya triunfa merced a una amplia variedad de recursos vocales que otorgan sensualidad, calidez, elegancia y picardía a su personaje, que se ve doblemente perfilado gracias a la extraordinaria personalidad de nuestra simpatiquísima artista sobre la escena; que de vez en cuando haya algunos roces vocales y que en el aria del acto III lo pase mal se le puede perdonar perfectamente dadas las circunstancias.

Acompaña a la Lott un cast casi irreprochable: un más que notable Yann Beuron en el rol de Paris -pese a que a veces recurre al falsete-, un poderoso Calchas de Françoix le Roux y un plausible Orestes de Marie-Ange Todorovich. Solo desentona el gastado el Agamenón del veteranísimo tenor Michel Sénéchal, quien no obstante hace gala de unas envidiables tablas. Y por una vez me ha gustado, aunque sea relativamente, la dirección de Minkowski: un director tan trivial, ligerito y coqueto como él se mueve en este repertorio como pez en el agua y ofrece una dirección adecuadamente ágil y desenfadada, aunque también -cómo no- escasa en sensualidad, además de atropellada, incluso vulgar, en los finales de los dos últimos actos. La sonoridad moderadamente historicista de Les Musiciens du Louvre-Grenoble ni aporta ni quita nada al resultado.

Estupenda la puesta en escena, que logra actualizar el libreto -no hacerlo supondría perder la comicidad del original- sin sacar los pies del plato, partiendo de la original idea de que toda la acción es un sueño de una dama burguesa insatisfecha en la cama. Los gags son divertidos, de humor en el punto justo de equilibrio entre lo fino y lo vulgar, sin llegar nunca a la grosería, mientras que la acción se desarrolla con excelente pulso y muy buenas ideas teatrales. A destacar el ocurrente vestuario del propio Pelly, así como las cachondas coreografías de Laura Scozzi. Total, que me lo he vuelto a pasar en grande, por lo que aprovecho para recomendar este DVD a todo el mundo. Y ahora, a ver cómo salen las cosas en Madrid.

viernes, 3 de junio de 2011

Las Vísperas de Grechaninov, reeditadas por Hyperion

GRECHANINOV: Vísperas. Páginas sacras.
James Bowman, contratenor. Holst Singers. Dir.: Stephen Layton.
Hyperion CDH55352.
63’16’’
DDD
Harmonia Mundi Ibérica
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El moscovita Aleksandr Grechaninov (1864-1956), longevo representante del tardorromanticismo ruso, escribió sus Vísperas en 1912, esto es, tan solo tres años antes que Rachmaninov hiciera lo propio con resultado no tan elegantes pero más sensuales e inspirados. En cualquier caso la página de Grechanínov, que tampoco deja de asimilar la sabia de la tradición de la liturgia ortodoxa, está estupendamente escrita -para coro mixto con abundantes divisiones pero, al contrario que la de su colega, sin voz solista- y se escucha con mucho placer. Máxime contando con una interpretación tan admirable como la que realizan los Holst Singers, a los que le falta ese sonido bronco y oscuro tan particular de los coros eslavos pero hacen gala de esa depuradísima afinación, ese empaste inmejorable y esa solidísima brillantez en el registro agudo que caracterizan a las formaciones británicas. Su director, Stephen Layton, consigue además unos formidables reguladores e inyecta una tensión dramática a la partitura que por momentos roza el paroxismo. Sonido espléndido (ideal la acústica de la Temple Church londinense) y cameo de James Bowman en una de las tres piezas que completan este interesante compacto.

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Artículo publicado en el número de junio de 2011 de la revista Ritmo.

miércoles, 1 de junio de 2011

Entusiasta Gershwin de Chailly en Leipzig

GERSHWIN: Rhapsody in Blue. Catfish Row. Concierto en fa. Rialto Ripples.
Stefano Bollani, piano. Orquesta del Gewandhaus de Leipzig. Dir.: Riccardo Chailly.
Decca 478 2739
73’37’’
DDD
Universal Music Spain
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S
A

Tras sus decepcionantes incursiones en el mundo de Mendelssohn, Schumann y Bach (enlace), Riccardo Chailly parece recuperar el pulso perdido en su etapa de Leipzig con este registro realizado en enero de 2010 junto al pianista Stephano Bollani. En la entrevista adjunta, los dos artistas reivindican a un Gershwin alejado de la tradición tardorromántica y visto bajo el prisma tanto del neoclasicismo de un Stravinsky como del espíritu de Broadway, lo que implica -y bien que lo llevan a la práctica- diluir el pathos y la melancolía con una buena dosis de luminosidad, brillantez y despreocupación. Una opción discutible que en cualquier caso está realizada por parte de la batuta derrochando colorido, entusiasmo y sentido del swing. ¡Y qué manera de hacer sonar con perfecto idioma a una orquesta como la de la Gewandhaus!

Bollani luce hermoso sonido y no cae en el error, aun proviniendo del mundo del jazz, de subrayar las conexiones con este género con un fraseo excesivamente nervioso (cosa que sí le ocurre a muchos otros, entre ellos a Jean-Yves Thibaudet en su reciente registro para la propia Decca, enlace), sino que aborda las partituras con sensatez y sólo en determinados momentos de la Rhapsody in Blue -versión para jazz band- se permite algunas improvisaciones, por lo demás realizadas con excelente gusto.

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Artículo publicado en el número de junio de 2011 de la revista Ritmo

lunes, 30 de mayo de 2011

Bodorrio a la sevillana

Uno creía, en su ingenuidad, que ciertas cosas habían sido superadas en España gracias al paso del tiempo. Pues no. Aquí les dejo unos extractos del artículo que pueden leer completo en Vanitatis (enlace), al que me he permitido añadirle algunos subrayados. ¡Cómo me hubiera gustado que Luis García Berlanga hubiera sido testimonio fílmico de la ceremonia y, mucho más aún, de lo que vino después! ¡De cuántas cosas se hablaría!

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La Duquesa de Alba y su novio, de boda en Sevilla

La boda de Carmen Solís Tello, hija del marqués de la Motilla y Carmen Tello, con Agustín Aranda en Sevilla, ha sido la confirmación pública para la gente de la calle del noviazgo de la Duquesa de alba y Alfonso Diez. (…) El paseíllo hasta entrar en la iglesia de la Anunciación resultó espectacular. Los sevillanos aclamando a la Duquesa con gritos de "¡¡guapa, guapa!!" (SIC) y "¡¡torero, torero!!" para el funcionario. (…) La boda fue un acontecimiento de primera categoría. La novia con un impresionante vestido firmado por Vitorio & Luchino, guantes por encima del codo, una mantilla de encaje de Bruselas con la que también se casó su madre Carmen Tello, y que se sujetaba al traje con un broche de brillantes. Una joya familiar igual que la diadema que lució, que pertenece a la casa ducal y que utilizan las mujeres Motilla. Tras la ceremonia religiosa, los invitados acudieron al impresionante palacio, propiedad de Miguel Ángel Solís y Martínez Campos.

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Entre los invitados, Javier Arenas; el recién estrenado alcalde de Sevilla Juan Ignacio Zoido; las hermanas Isabel y Carmen Cobo siempre estupendas; el marqués de Benameji; el doctor Trujillo, que fue quien volvió a dar vida a la duquesa al intervenirla quirúrgicamente; Marta Talegón que, como buena amiga, ayudó en todo a Carmen Tello para que la fiesta nupcial fuera un éxito, como así lo fue. Los periodistas Ángel Expósito, Mario Niebla de Toro, José María García, Ana María Abascal; el director titular de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, Pedro Halffter, que regaló a los novios la música de la boda; la soprano Mariola Cantarero, que impactó en la ceremonia religiosa interpretando el Ave María (SIC), la duquesa de Medina Sidonia, los marqueses de Méritos; los Segrelles con su hija Paloma y su marido Emilio Álvarez; Enrique Miguel Rodríguez, Pepita Saltillo; Espartaco, que no coincidió con su ex mujer Patricia Rato, muy elegante como siempre que iba vestida de Ladrón de Guevara; Eugenia Martínez de Irujo, que compartió mesa con Litri, Adriana Carolina; la familia Porcelanosa con Manuel Coloques a la cabeza; Pedro Pesudo y Elia, Tomas Terry...

Y, por supuesto, todos los Motilla, tíos de la novia que, aunque entre ellos mantienen un contencioso por la herencia del marqués fallecido, no tienen problemas a la hora de acudir a un acontecimiento familiar como ha sido la boda de Carmen, celebrada en el palacio ducal de la calle, que lo mantiene el titular sin subvenciones ni dinero público de ningún tipo. (…)

domingo, 29 de mayo de 2011

Mediocre Tosca en Les Arts

Tosca es una de mis óperas favoritas. Zubin Mehta uno de los directores (junto con Davis, Sinopoli y algún otro) que mejor la ha dirigido, particularmente en su referencial grabación de los setenta con la Price y Domingo. La Orquesta de la Comunitat Valenciana una de las más sólidas formaciones de foso de Europa. ¿Cómo es posible pues que quien esto suscribe saliera no ya aburrido sino irritado de la función que abría la IV edición del Festival del Mediterráneo? Pues por el bochornoso nivel de la puesta en escena. Tosca es teatro, puro teatro para el que Puccini escribió una música de genial inspiración que, lejos de deleitarse en la mera belleza melódica, enlaza mil leitmotivs para generar un tejido dramático de primer orden. Por eso es necesario que lo que se ve mantenga un nivel mínimo de dignidad teatral, y esto es justamente lo que falló ayer sábado 28.

¿Quién ha sido el inconsciente que le ha encargado la producción a Jean-Louis Grinda? Porque lo que ha hecho este señor es un bodrio mayúsculo, una de las peores puestas en escena de cualquier título operístico que he visto en mi vida. No es ya que no hubiera concepto alguno, que no lo había, sino que la dirección de actores era tan inexistente que todos los cantantes menos uno (lo adelanto ya: Bryn Terfel) deambularon como zombies hacer más que el ridículo. Y cuando por fin aparecía alguna aportación original la risa se adueñó del escenario: tanto el cabezazo entre Cavaradossi y Scarpia como el vestido enganchado de Floria al final del segundo acto parecían accidentes fortuitos. Inenarrable lo de Scarpia tirando al aire las flores de la diva al final del Te Deum. Y plantear toda la acción como un flashback mientras Tosca cae desde el castillo -el suicidio se muestra mediante proyección- me parece una tontería que no aporta nada.

Mención especial para la horrorosa escenografía de Isabelle Partiot-Pieri, propia de la más pobretona y cutre asociación de amigos de la ópera o de un modestísimo teatro itinerante de Europa del Este, así como para la paupérrima luminotecnia de Roberto Venturi. El vestuario de Christian Gasc, clásico, sonaba a tópico: la protagonista de rojo sangre y tal. En definitiva, un mamarracho molesto para la vista y para la inteligencia que Helga Schmidt no debería tener la desvergüenza de reponer, como está anunciado, salvo que la intendente se anime por fin a reconocer que Les Arts es un teatro de segunda al borde de la quiebra. Pero si quiere seguir manteniendo el tipo, esta producción debería ser pasto de las llamas en las próximas Fallas.

La intervención de la Orquesta de la Comunitat Valenciana pasará a la historia... por el monumental galimatías que se formó al comienzo del dúo del tercer acto. No sé si el problema estuvo en los instrumentistas o en la batuta, pero lo cierto es que durante unos segundos -que parecieron eternos- sonó desde el foso auténtica música aleatoria. Tenor y soprano se miraban con horror mientras se hacía el silencio total. Por fortuna el maestro hizo gala de sus tablas y rápidamente dio la entrada para que las cosas volvieran a su cauce. Estuvo bien que se equivocaran, para que así los orgullosísimos -y carísimos- miembros de la orquesta reconozcan que ellos también son humanos. El resto de la velada estuvieron fantásticos, y es de justicia aplaudir la sensualísima intervención de Joan Enric Lluna en el "E lucevan le stelle".

Zubin Mehta dirigió de manera admirable, aunque no a la altura de la citada grabación para RCA, sin tanto nervio ni tan minuciosa disección del entramado orquestal. En cualquier caso fue una labor de muchísima altura donde el maestro demostró conocer a la perfección el idioma pucciniano (ojo: sin apenas blanduras ni languideces) e inyectó un irresistible pulso dramático, particularmente en el acto segundo. Un poco más de riesgo e imaginación tampoco le hubiera venido mal, a decir verdad.

La voz de Oksana Dyka, lírica pura rica en armónicos, suena típicamente eslava; a algunos esto no les hará gracia, aunque a mí me da igual. Lo que sí me importó fue la sosería con que recreó a un personaje que es puro temperamento. Cantar cantó bien, por momentos muy bien, y ofreció un "Vissi d'arte" muy bello, pero Tosca no es esto. Escénicamente deambuló como un pulpo en un garaje, aunque no tanto como su colega Marcelo Álvarez, que estuvo todo el tiempo ofreciendo poses de divo a la antigua usanza. Vocalmente es un señor que nunca me ha hecho mucha gracia, porque se preocupa más del agudo que del matiz expresivo, pero tampoco le voy a regatear que posee una voz hermosísima y una línea extrovertida, muy latina, que le viene bien al personaje. Por otra parte encontré su actuación irregular: tosco e incómodo en el primer acto, mucho más tranquilo en el segundo y espléndido en el tercero, donde matizó de manera más acertada que en su filmación en DVD en el Metropolitan (poco recomendable, dicho sea de paso). Eso sí, que se ande con cuidado con los pianísimos, que algunos le resultan inaudibles.


Para mí la gran sorpresa estuvo en Bryn Terfel, un cantante que nunca ha sido santo de mi devoción y que ahora se me ha revelado como auténtico animal de la escena. Su actuación estuvo llena de matices de enorme actor que, claro está, no se debían al incompetente Grinda -en caso contrario todos los personajes hubieran estado así de bien perfilados-, sino al propio bajo-barítono galés, que además se mueve como un verdadero tigre. Vocalmente, pues lo que ya sabemos: una voz impresionante manejada con cierta tosquedad, por lo que estuvo mejor en los momentos más fieros del personaje que en aquellos en los que tiene que plegarse a la sutileza.

Del resto no hay mucho que decir: aceptables el Angelotti de Mika Kares y el Sacristán de Fabio Previati, tan eficaz como siempre el Spoletta de Emilio Sánchez -personaje poco menos que inexistente en esta producción- y muy digno el niño del tercero acto, cuyo nombre no tengo aquí a mano. Espléndido el coro.

Los aplausos fueron intensísimos, con algún abucheo aislado para la orquesta -por el galimatías, obviamente- y para la puesta en escena. Yo no me sumé a los que bufaron a los responsables de esta última porque andaba con dolor de garganta, pero me quedé con las ganas. Como anécdota de la noche, Mehta paró los aplausos para anunciar que el Barcelona había vencido al Manchester en no sé que importante partido de fútbol, y el divertido Terfel hizo como que lloraba. Claro que yo me partiré de risa más aun cuando salga lo que han escrito los críticos oficiales de esta Tosca, algunos de las cuales (¡amiguito del alma, te quiero un huevo!) dan la impresión de estar compradísimos por Frau Schmidt. Mientras tanto, pueden leer la crónica de Maac (enlace).

PS. Ya ha salido la crónica de Atticus, que tampoco deben ustedes perderse (enlace).

sábado, 28 de mayo de 2011

La Canción de la Meier

Escuché ayer decir a un veterano crítico eso de que "la Meier ya no es lo que era". Siento no compartir la apreciación: obviamente su edad se deja notar en algunas limitaciones vocales -y en un físico bastante mermado en su belleza, no vamos a ocultarlo-, pero sigue siendo la enorme artista que siempre ha sido. Para mí es la mejor cantante del mundo. De ahí que me parezca merecidísima la Medalla de Oro del Palau de la Música que, en un ritual que incluía entrada de la mezzo en la sala flanqueada por un par de uniformados -con plumeros en la cabeza- y discurso de las autoridades de rigor. Y de ahí también que, independientemente de la Tosca por Mehta de esta tarde, me haya merecido la pena viajar a Valencia solo por escuchar a la Meier cantando La Canción de la Tierra.

No tengo mucho que añadir a lo que ya escribí en este blog sobre cómo recrea su parte (enlace): expresivamente estuvo sublime. Solo debo reconocer que en "De la belleza" reservó tanto sus recursos que en los exigentes pasajes en staccato -los jinetes y tal- apenas se la escuchó en segunda fila, y por lo visto nada en el piso superior del Palau; que pasó más de un apuro en el grave; y que la primera pareja de "Ewig" sonó algo agria. Por lo demás, ya digo, sensacional, hoy por hoy insuperable por ni una sola artista. Del tenor Thomas Mohr puedo decir que tuvo la voz adecuada. Ahí acaban sus virtudes: pobre legato, fiato insuficiente, línea tosca y sin flexibilidad. Donde mejor estuvo fue en "El borracho en primavera", pese a un puntual uso del falsete. "De la juventud", insufrible.

La Orquesta de Valencia no tuvo una buena noche ayer viernes 27. Cuanto más la escucho a ella y a su titular, más me da la impresión de que Yaron Traub no logra extraer el mejor partido posible: el maestro tiene las ideas bastante claras sobre cómo debe sonar Mahler, y además me parece que son ideas muy acertadas (más expresionismo que decadentismo), pero tiene que trabajar mucho más cosas como las entradas, el empaste de cada una de las secciones, el equilibrio de planos sonoros y la acumulación de tensiones. La dirección de Das Lied von der Erde fue buena, sin más. El escalofriante Adagio de la Décima Sinfonía que la precedió resultó más irregular: comenzó estupendamente y, tras un galimatías en los primeros violines en torno al minuto 16 -duró 25-, se llegó a los clímax sin tensión suficiente, y a partir de ahí se impusieron la rutina y hasta el aburrimiento. Claro que, ¿cuántas veces se tiene la oportunidad de escuchar en directo eso de "Die Sonne scheidet hinter dem Gebirge" en la voz de Waltraud Meier? Pues eso mismo. Noche inolvidable.

viernes, 27 de mayo de 2011

Alexeev visita Baeza

Siento bochorno de reconocer que no sabía de la existencia de un interesante ciclo de música en Baeza organizado por la Universidad Internacional de Andalucía. El de esta temporada ofreció ayer jueves 26 su penúltimo concierto con una figura no de primerísima fila, pero sí de considerable interés: Dimitri Alexeev (Moscú, 1947). Ni el instrumento era el mejor posible ni la acústica del recinto, una antigua capilla del Palacio de Jabalquinto, actuó a favor de los resultados, pero el ya veterano pianista supo ofrecer un recital de notables resultados merced a un temperamento de lo más ruso, si se nos permite el tópico: su elegancia no es grande, ni la delicadeza parece interesarle demasiado, pero hizo gala de un temperamento apasionado -sin descontrol alguno, aunque sí con más de una nota falsa- que emocionó a todos los que en la música amamos mucho antes la expresión que el virtuosismo.


Obviamente tal planteamimento no funcionó por igual en todos los autores. Así la primera parte, dedicada íntegramente a Robert Schumann, no fue tan admirable como la segunda por carecer Alexeev de ese particular refinamiento que demanda la música del autor de la Sinfonía Renana, aunque ciertamente es preferible escuchar la no muy frecuente Blumenstucke op. 19 y la célebre Kreisleriana de esta manera, con un sonido corpulento y pasión en las venas, que en manos de un pianista afanado por ofrecer sonidos leves y detalles amanerados.

La selección de piezas breves Scriabin que abría la segunda parte (preludios, poemas, estudios, etc.) fue sensacional: con un enfoque que miraba antes a Rachmaninov que a la inquietante esencialidad más propiamente "moderna", Alexeev extrajo una intensísima comunicatividad de esta música haciendo gala de un sonido poderoso, con "carne", sin miedo de pisar bien el pedal -la acústica a veces le hizo sonar algo emborronado- y haciendo gala de una enorme sinceridad expresiva. Tremendo.

Muy notable el Chopin que vino a continuación. En las cinco mazurcas Alexeev evitó por completo lo "salonesco" y se decantó por una expresión viril, aunque siempre cuidándose de mantener la concentración en el fraseo y mostrándose sabio en el rubato. Sin ser tan creativa como la genial recreación que le escuché en Valencia a Barenboim (enlace), la inevitable Polonesa op. 53 triunfó por su manera de conjugar vuelo lírico con pasión arrolladora. Únicamente en el vals ofrecido como propina el artista se dejó llevar por los fuegos artificiales, sabiendo que conseguiría así el arrebato entre un público no muy abundante, pero sí de lo más atento y educado. La próxima cita es nada menos que con Pascal Rogé, el jueves 16 de junio.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...