martes, 29 de mayo de 2012

Céline Moinet, un descubrimiento

CÉLINE MOINET, oboe.Obras de J. S. Bach, Berio, Britten, Carter y C. P. E. Bach.
Harmonia Mundi, HMC 902118
64’ 31’’
DDD
Harmonia Mundi Ibérica
**** R
A S

Celine Moinet Harmonia Mundi
Primer oboe de la Staatskapelle de Dresde desde junio de 2008, Céline Moinet (Lille, 1984) demuestra en este debut discográfico ser una artista enorme categoría. En la Partita en la menor BWV 1013 de J. S. Bach, originalmente escrita para flauta travesera, exhibe un perfecto dominio de la respiración para enriquecer las notas con multitud de acentos sin perder de vista el trazo polifónico. En la Sequenza VII de Luciano Berio hace gala de un asombroso virtuosismo a la hora de desplegar la más increíble gama de colores y texturas.

Las Seis Metamorfosis sobre Ovidio de Britten nos revelan la cantabilidad con que es capaz de frasear y su perfecta manera de sacar a la luz esa elegancia melancólica tan propia del autor. En Inner Song de Elliot Carter se muestra capaz de humanizar una escritura especialmente hermética como es la del compositor estadounidense. Para terminar, con la Sonata en la menor de C. P. E. Bach, escrita en su momento para la flauta de Federico II de Prusia, nos demuestra que es posible compaginar coquetería con hondura expresiva alcanzando un perfecto equilibrio clásico y la mayor belleza sonora.

Enhorabuena a Harmonia Mundi por marcar un gol de este calibre.
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Esta fue la última crítica discográfica escrita por mí para Ritmo, concluyendo así mis once años de colaboración. Ha sido publicada en el número de mayo de 2012.

domingo, 27 de mayo de 2012

Makropulos en Salzburgo con Denoke y Salonen

Ya he tenido la oportunidad de ver el DVD de El caso Makropulos -obra que me fascina- filmado en el Festival de Salzburgo de 2011. Me ha gustado bastante, pero más a nivel musical que escénico, y por ello la primera opción para acercarse a este título me sigue pareciendo la filmación del Festival de Glyndebourne con una producción escénica muy lograda de Nikolaus Lenhoff (que por cierto pude ver en el Liceu de Barcelona), bien dirigida por Andrew Davis y protagonizada por una fascinante Anja Silja en el papel de su vida. La imagen y el sonido no son tan buenos como en esta edición de Cmajor, aunque ofrece igualmente subtítulos en castellano.

Makropulos Salonen Denoke

Salzburgo cuenta con la enorme baza de la Filarmónica de Viena, orquesta que ya había firmado la grabación de referencia de esta ópera en 1978 bajo la dirección de Sir Charles Mackerras (Decca). Esa-Pekka Salonen no posee el colorido, la incisividad ni el sentido dramático del malogrado maestro australiano, pero sabe mantener el pulso, acierta con el peculiarísimo sentido rítmico de Janácek, sabe crear una atmósfera opresiva y alcanza un muy emocionante vuelo poético en los pasajes que lo requieren, fundamentalmente en el tercer acto. ¿Emotivo Salonen? Por una vez, mucho.

Como ya pudimos comprobar en Madrid (enlace), Angela Denoke es una notabilísima Emilia Marty. Con algunas destemplanzas y chillidos, ciertamente, pero mostrándose como una cantante-actriz de primer orden, que eso es lo que aquí hace falta.El resto del elenco alcanza un muy alto nivel vocal, sin apenas puntos flacos: Raymond Very como Albert Gregor, Johan Reuter en el rol de su oponente Jaroslav Prus, Jochen Schmeckenbecher encarnando al abogado Kolenatý, Peter Hoare como Vitek y, al igual que en el Teatro Real, Ryland Davies en el papel breve pero conmovedor del anciano Hauk-Sendorf.


Lo menos interesante es la puesta en escena. Sobre escenografía y vestuarios de Anne Viebrock que apuntan tanto a los años veinte -época en que transcurre la acción original- como a momentos más avanzados del siglo, Christoph Marthaler propone una acción en la que se combinan evidentes aciertos narrativos digamos naturalistas, tradicionales en el buen sentido, con aportes más o menos conceptuales que convencen bien poco, añadiendo además algunas acciones paralelas que en lugar de aportar reflexiones de interés, entorpecen la admirable concisión escénica de la obra original. El histrionismo con que hace moverse a los personajes masculinos me parece, además, fuera de lugar, aunque Reuter va por libre y, siendo un soberbio actor, aporta una enorme fuerza escénica en todas sus apariciones. Que la protagonista no muera al final resulta muy discutible.

No lo dude: si no conoce esta obra, háganse con el DVD de Glyndebourne. Este de Salzburgo queda como segunda y muy notable opción.

sábado, 26 de mayo de 2012

No a los recortes… de formato

Tranquilos, que esta vez no voy a hablar de la política económica del Partido Popular en España, sino de otro tipo de recortes. ¿Se acuerdan de cuando en los años ochenta las películas de formato más o menos panorámico –no hace falta irse al ejemplo extremo del Cinemascope- que nos llegaban a través de la antena o alquilábamos en el videoclub venían sistemáticamente mutiladas por los lados para que encajaran en el formato 4:3 de nuestros televisores y no tuviéramos que ver bandas negras por arriba y por abajo? Bueno, pues ahora que el asunto parecía por completo superado con nuestras flamantes pantallas 16:9 vuelve la moda, pero al revés, al menos en varios lanzamientos inminentes de música clásica por parte del sello Euroarts… ¡en Blu-ray!

Barenboim Ponnelle recortes

El ejemplo que ya se encuentra comercializado es el conjunto de conciertos para piano de Mozart grabados por Barenboim y la Filarmónica de Berlín entre 1988 y 1989, uno de ellos, el KV 467, bajo la dirección nada menos que del gran Jean-Pierre Ponnelle (enlace). Me aseguran que la calidad de la imagen es ahora excepcional y que el recorte no canta en exceso, porque se ha hecho con cuidado, pero como pueden ustedes ver en las muestras que les dejo aquí –realizadas por un amigo de manera casera a partir de su antigua copia- el destrozo visual es considerable. ¿Tanto les hubiera costado respetar los encuadres originales y dejar que los aficionados que no quieren tener bandas negras a los lados aplicaran zoom a discreción? ¡Vaya panda de paletos!

Barenboim Ponnelle recortes 2

Por si fuera poco, los próximos lanzamientos que ya se anuncian con recortes son de extrema importancia: la increíble Séptima de Bruckner de Celibidache con la Filarmónica de Berlín de 1992 (enlace), uno de los mayores testimonios brucknerianos de la historia del disco, y la bellísima filmación realizada por el citado Ponnelle de la integral de las sonatas para piano de Beethoven por un Barenboim en la cima de su genialidad en la primera mitad de los ochenta. Dada la calidad de las interpretaciones no habrá más remedio que comprarse estos discos, preferentemente en Blu-ray, pero dan ganas de decirles a los señores de Euroarts que se los metan directamente POR EL CULO. Con perdón.

Barenboim Ponnelle recortes 3

jueves, 24 de mayo de 2012

Plácido revisita Cyrano en Madrid: de lo mediocre a lo sublime

Lo digo sin rodeos: si viajé al Teatro Real para escuchar una ópera tan desequilibrada como esta de Franco Alfano -el primer acto no vale un pimiento-, fue exclusivamente por escuchar a Domingo en el rol titular. Por eso mismo sentí una enorme decepción cuando, al comenzar la función del pasado sábado 19 de mayo, se nos anunciaba por megafonía la indisposición del tenor madrileño. Escucho ahora la retransmisión radiofónica -la misma velada, de la que además alguien ha colocado fragmentos en YouTube- y puedo confirmar que Plácido realizó una labor mediocre, al menos durante la primera hora, con voz reservona -a veces ni se le oía-, incomodo en el grave, cortísimo en el fiato y, por ende, incapaz de frasear con el lirismo adecuado. Incluso hubo sonoridades no precisamente bellas inhabituales en el cantante. Lo que nunca sabré es hasta qué punto estas limitaciones se debían al resfriado (el aire acondicionado, se nos dijo) o más bien a su edad, que muchos pensamos que debe rondar ya los setenta y cinco, toda vez que en la filmación del Cyrano de Valencia de 2007 (editada por Naxos) ya se evidenciaban algunas de ellas.


En cualquier caso, lo que parecía claro es que la estrella se estaba reservando. Y así fue. En la escena del balcón ya empezó a aparecer -entre diversos problemas- el Domingo de siempre, cálido y comunicativo a más no poder, con su timbre reconocible e intacto. En el acto final, que me parece una música hermosísima y desde luego aplastantemente superior a toda la que la precede, el tenor madrileño nos ofreció -pese a alguna vacilación puntual censurable solo para los beckmessers de turno, que ven los árboles pero jamás el bosque- una verdadera lección de ópera con mayúsculas, es decir, de canto hermoso, apasionado y -esto es fundamental- con significado; es decir, de canto que tiene en cuenta lo que se dice, lo que está ocurriendo en la escena, que no se limita a ser una mera sucesión de notas más o menos bien dadas. ¿Hay hoy en el panorama operístico un solo cantante que sepa morirse como Plácido, con su increíble combinación de belleza, emotividad y sinceridad? Para mí, aun con sus cada día más evidentes limitaciones, sigue siendo el más grande de los que están en activo. Solo por esos veinte minutos ya mereció la pena el viaje.

Pero hubo más. Ainhoa Arteta -sustituyendo a Sondra Radvanovsky- hizo un buen trabajo. Su voz, sin haber sido nunca gran cosa, se conserva bien y ha adquirido características más interesantes. La técnica ha mejorado de manera sustancial pese a sus lagunas. Y la artista, pues ya se sabe: algo gris, sin mucha personalidad pero en esta ocasión con buen gusto, irreprochable estilo y una buena dosis de sensualidad que le visto estupendamente a su Roxane. Lo que no me pareció bien es que -sospecho que por órdenes de la diva- se parase la música al final de su “aria” del tercer acto para recibir aplausos, algo que en esta ópera no pega en absoluto. Michael Fabiano se limitó a cumplir como Christian. Más me interesó Ángel Ódena, irregular pero con momentos excelentes encarnando a De Guiche.


La dirección de Pedro Halffter no fue redonda, pero sí de saldo muy positivo, porque lo que menos bien dirigió fue lo peor de la partitura -sus momentos pretendidamente briosos-, y lo que le salió mejor fue su vertiente lírica, en la que el director madrileño hizo gala de su capacidad para ofrecer un fraseo mórbido, exquisitas texturas y un admirable sentido atmosférico. En el último acto estuvo excelso, y globalmente su labor se puede considerar superior a la de los directores de las correspondientes filmaciones con Alagna y Domingo: Marco Guidarini y Patrick Fournillier. La Sinfónica de Madrid realizó un buen trabajo, aunque encontré a los violines un tanto ácidos. El coro estuvo bien, gustándome esta vez más ellas que ellos.

La producción escénica de Petrika Ionesco era de las tradicionales en el mal sentido: abundante cartón piedra y muchísima gente por el escenario haciendo toda clase de tonterías. Muy espectacular, pues, sobre todo en el homenaje al teatro barroco realizado en el primer acto, pero bastante confusa, anticuada en la gestualidad y resuelta de manera muy mediocre en momentos tan cruciales como la escena del balcón. La iluminación era francamente pobre.

Total, que aunque en conjunto esta propuesta resulte preferible a la de David Alagna en el DVD editado por DG, la producción improvisada por Michal Znaniecki en el Palau de Les Arts me parece, sin ser una maravilla, bastante más lograda. Como allí la Radvanovsky está espléndida y Plácido mejor de voz, la recomendación queda hecha para quienes no pudieron estar en Madrid asistiendo al lentísimo ocaso de una de las mayores figuras del canto del siglo XX, dicho sea con permiso de quien falleció el pasado viernes: el grandísimo, genial y definitivamente eterno Dietrich Fischer-Dieskau.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Rattle, Repin y los de Berlín en el Conservatorio de Moscú

El concierto anual de la Filarmónica de Berlín del 1 de mayo tuvo lugar en 2008 nada menos que en la Gran sala del Conservatorio de Moscú. Stravinsky, Bruch y Beethoven en los atriles. Dirigía Rattle y Vadim Repin era el solista. Vi en su momento la retransmisión televisiva, y ahora he tenido la oportunidad de conocer el DVD editado por Medici Arts, que por cierto cuenta con excelente calidad de imagen y un sonido bajo de volumen, pero de gama dinámica muy amplia, que se beneficia de la espléndida acústica del mítico recinto. Me lo he pasado bien de nuevo, y por eso lo recomiendo.

Rattle Repin Filarmonica Berlin Moscu 2008 DVD

Al igual que ocurrió en su grabación en audio realizada el año anterior (enlace), Rattle y sus chicos ofrecen una recreación de la Sinfonía en tres movimientos que es un prodigio por su fuerza, sentido del ritmo y tensión sonora, siempre dentro de una visión fresca, vitalista y juvenil, en absoluto severa, que aporta una buena dosis de sentido del humor, sensualidad e incluso lirismo. O sea, algo muy distinto de lo que tal vez pretendía Stravinsky. ¿Discutible? Sí, pero ya hace mucho tiempo que grandes directores vienen poniendo de relieve que en la música del compositor ruso hay muchos más pliegues de los que él mismo quería reconocer. El resultado, en cualquier caso, es apasionante.

No referencial (ahí están Mintz y Abbado) pero sí espléndida la recreación del bellísimo Concierto para violín de Max Bruch. No se trata de una lectura intensa y doliente, sino más bien de corte lírico, equilibrada, sensual, que se beneficia de una dirección que aporta una cálida luminosidad, de una orquesta fabulosa y de un violinista notabilísimo que sabe aunar elegancia, belleza sonora y apasionamiento. Merece la pena escucharla.

Caballo de batalla de la orquesta en la segunda parte: Séptima de Beethoven. No se me ocurre una formación más idónea para la partitura. Otra cosa es la batuta. Seis años después de su discutida y discutible integral sinfónica con la Filarmónica de Viena, esta vez el maestro británico se deja de experimentos y ofrece un Beethoven en la línea del Karajan maduro, esto es, elegante y poderoso, basado en la suntuosidad, el músculo y la belleza sonora, de pulso admirablemente sostenido y un fraseo que sabe aunar el cálculo, el refinamiento y la naturalidad. Pero es también un Beethoven algo epidérmico, poco creativo y tendente a quedarse en el mero espectáculo sonoro, particularmente en un Allegretto carente de emoción, de humanismo. En cualquier caso, es difícil resistirse ante una interpretación tan bien realizada. Lo dicho: para pasárselo bien.

martes, 22 de mayo de 2012

¡Huelga!

Hoy martes 22 de mayo estoy en huelga, al igual que otros muchos -espero que muchísimos- miembros de la comunidad educativa española. Las razones, la actitud del gobierno del Partido Popular en materia educativa. Ya saben: incremento de las horas lectivas al profesorado, aumento del número de alumnos por aula, retraso en el envío de sustitutos para los profesores de baja, feroz subida de las tasas universitarias, serios condicionantes para acceder a las becas, reducción del presupuesto para la investigación… Lo tienes ustedes explicado en la prensa, incluso en la prensa de derechas (enlace). Las medidas están encaminadas a matar dos pájaros de un tiro. El primero, recortar el gasto público para, cumpliendo las órdenes de Frau Merkel, poder devolver la deuda a la gran banca europea, entre ella la alemana, que los pobres están todos sin un duro. El segundo, deteriorar hasta tal punto la enseñanza pública (¡también la sanidad, claro!) que a medio plazo los padres que quieran una buena educación para sus hijos se vean obligados a rascarse el bolsillo y recurrir a la privada, que lógicamente está en manos de los amiguetes del PP.

El futuro parece claro: empeoramiento generalizado de la calidad de la enseñanza, dificultades para el funcionamiento diario en el aula, brutal incremento del paro entre el profesorado interino, nulas perspectivas para los titulados universitarios que quieran ejercer la docencia, problemas para acceder a la universidad por parte de los jóvenes de familias sin recursos… Son solo algunas entre otras muchas que se irán viendo. Son las consecuencias del ultraliberalismo galopante del partido que nos gobierna. Aunque hay un detalle que aclara un poco las cosas. El ministro José Ignacio Wert prepara una reforma en la asignatura de Educación para la ciudadanía (enlace) que incluye la eliminación del rechazo a la homofobia (o sea, que a estos señores no les parece bien que haya que decirle a los niños que no vayan por ahí insultando a los homosexuales) y del fomento entre el alumnado de “actividades sociales que contribuyan a posibilitar una sociedad justa y solidaria” (sic). Y es que algunos –o muchos- de los que se autodenominan liberales no son, ni más ni menos, que los fachas de toda la vida. Como ya no necesitan andarse con disimulos…

La música que les dejo no puede ser más adecuada, en todos los sentidos. Ni la interpretación –lástima que en YouTube la pista se encuentre dividida en dos partes- más absolutamente alucinante. Estoy convencido de que si Bernstein fuera español y aún viviese, estaría hoy haciendo una piña con los huelguistas.

lunes, 21 de mayo de 2012

Van Waas sustituye a Brüggen en Úbeda

Canceló Frans Brüggen su visita a España al frente de la Orquesta del siglo XVIII. En los dos conciertos de Valencia le sustituyó un maestro no historicista sino tradicional, Kenneth Montgomery. En el del pasado viernes 18 en Úbeda lo hizo por el contrario uno de los dos clarinetistas de la formación holandesa, el ya veterano Guy van Waas, que tiene importante experiencia dirigiendo instrumentos originales. Me aseguran que se ensayó lo suficiente. Los resultados un tanto decepcionantes -no fue un mal concierto, ni mucho menos- han de deberse, pues, a las insuficiencias del belga tanto a nivel expresivo como en el plano técnico, aunque en este último quizá tuvo algo que ver la acústica del auditorio del colegio que se utilizó, en lugar de la habitual iglesia del Hospital de Santiago, para celebrar el evento: la agrupación no solo sufrió unos cuantos desajustes, sino que sonó con un empaste mucho menos conseguido de lo que acostumbra.

Van Waas parece moverse en el mismo terreno que Brüggen: seco, sobrio y riguroso, poco interesado por la dulzura o la frivolidad, pero en absoluto desatento a la tensión sonora o timorato a la hora de resultar poderoso y contrastado, lo que no significa “romantizar” las partituras (menos aún lo que hacen otros historicistas o pseudo-historicistas, convertir la interpretación en un tobogán sonoro). El problema es que parece tener menos talento que su colega a la hora de llevar este concepto a la práctica. El Haydn de Brüggen –tengo su integral de las Sinfonías Londres y le escuché unas soberbias Siete Palabras en Córdoba- es de muy alto nivel medio. El de Van Waas, desconociendo algún disco que tiene por ahí, parece menos interesante. Su Sinfonía nº 104, Londres, me pareció muy digna, sensata en lo expresivo y sonada con toda la rusticidad que debe, lo que le sentó muy bien al minueto, pero un tanto cuadriculada, sin la frescura y el vuelo lírico que se requiere; el segundo movimiento, además, me pareció demasiado rápido, tendiendo a la frivolidad y lo pimpante.

Van Waas XVIII Ubeda

A continuación no se interpretó lo que se anunció en primera instancia, el genial Concierto para clarinete de Mozart, pues Eric Hoeprich se reservó para el tutti, sino que se hicieron tres arias de Haydn escritas para otras tantas óperas de diferentes autores: “Il meglio mio carattere” para L’impresario in Angustie de Cimarosa, “Sono Alcina” para L’Isola di Alcina de Gazzaniga y “La moglie quando è buona” para Giannina e Bernardone e Cimarosa. Muy hermosas las tres, por cierto. La mezzo Wilke te Brummelstroete, admirablemente sencilla en vestuario y poses (¡qué diferencia con algunas divas que hay por ahí!) lució una voz de escasa personalidad, técnica bastante correcta, una línea sensata y buena voluntad a la hora de matizar, quedándose corta en sensualidad y comunicatividad. Como diría un amigo mío, una profesional del canto, nada más.

Séptima Sinfonía de Beethoven para terminar. Como Brüggen, Van Waas hizo sonar a la orquesta de modo muy historicista –cuerda poco vibradas, protagonismo del stacatto, ataques incisivos, percusión muy seca-, y al igual que él tuvo la sensatez de no caer en la levedad ni en la falta de músculo, como tampoco de hacer locuras con los tempi (¡ay, Chailly!) ni de renunciar a la potencia expresiva y la grandeza visionaria que debe tener la música del autor. Este Beethoven suena muy “original” en la forma pero es “tradicional” en el fondo, dicho sea como elogio. El primer movimiento tuvo bastante garra y empuje, estando además –como el resto de la obra- maravillosamente diseccionado: feliz idea la disposición antifonal de los violines. El allegretto no cayó en lo trivial, pero tampoco terminó de calar: el humanismo estuvo ausente. El tercero movimiento ofreció un sentido rústico muy interesante. El cuarto me pareció un error, pues –como hacen tantos directores- Guy van Waas lo convirtió en una carrera de galgos sin dejar espacio –fraseo precipitado, cuadriculado y machacón- a que la música respire. Los músicos tocaron con enorme entusiasmo y al final se acumuló una enorme electricidad, pero todo fue de cara a la galería.

¿Hubiera salido mejor con el director titular en el podio? En la pequeña tienda montada por los propios holandeses pude comprar su nueva integral beethoveniana, registrada en directo en octubre de 2011 y comercializada en edición limitadísima por la orquesta. Escuché la Séptima allí incluida en el coche y lo he vuelto a hacer en casa antes de escribir estas líneas. La respuesta es afirmativa: en la velada capturada por los micrófonos, la Orquesta del siglo XVIII tocó mucho mejor que en Úbeda y Brüggen dirigió de manera más satisfactoria que su colega, e incluso que él mismo en su integral de Philips. ¡Qué le vamos a hacer!

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...