martes, 14 de abril de 2026

Con amigos así...

La Sinfónica de Sevilla interpreta esta semana el Tercero de Rachmaninov, con Anna Vinnitskaya como estrella solista. Una vez más, me lo perderé. Jordi Tort y María Jesús Ruiz, gerente y relaciones públicas, piensan que no soy absolutamente nadie en la crítica musical. También lo piensan, desde el muy principio, los estirados críticos de la "gran prensa" hispalense y el que fue alma mater del núcleo duro que se formó hace algunos años, no otro que Justo Romero. Lo cierto es que, para desesperación de algunos del citado grupo, yo podía haber estado entre los críticos de la prensa escrita y estar haciendo ahora mismo reseñas semanales de cada uno de los conciertos. Alguien se interpuso. Y ese alguien era quien yo consideraba mi mejor amigo.

Verán ustedes, hace ya unos cuantos años quedó un puesto libre en un célebre periódico sevillano, y la oportunidad se me ofreció directamente a mí. Se me ofreció, que casualidad, justo en la misma mañana en que yo me incorporaba a un instituto de Úbeda. Se invitó entonces a esa persona a incorporarse, y quedamos en que cuando yo volviese a esta tierra compartiríamos la responsabilidad. Volví. Y esa persona me dijo que no. Que nada de compartir. Que el puesto era suyo y solo suyo. Ya entraba gratis en todas las películas que les daba la gana en los cines de Sevilla repito: en todas, pero quería también la totalidad de la música más o menos clásica en Maestranza, Espacio Turina y Femás: sinfónico, ópera, antigua, contemporánea, jazz y hasta ballet. Así ha sido hasta el día de hoy, y lo seguirá siendo. No creo que exista en España un crítico tan extremadamente acaparador. 

Yo no protesté entonces. Le tenía un enorme cariño y profesaba por él una admiración inmensa. Solo me atreví a sugerirle que, para mejorar los resultados de sus críticas, hiciera como yo: audiciones comparadas de las obras más famosas. Recuerdo que se lo dije en un restaurante de Madrid. Montó en cólera. Que yo estaba loco por escuchar tantas grabaciones, que eso a él no le hacía falta, que qué me había creído. Incluso me dijo una mentira sobre la arriba citada María Jesús Ruiz para terminar de abrir la herida entre ella y yo. Consiguió esto último: jugada perfecta.

Luego ocurrieron cosas más graves, pero esas pertenecen al ámbito estrictamente privado. Solo quiero, necesito, contar lo que a la crítica musical se refiere. En fin, yo perdiéndome lo que me gusta. Mientras, él disfruta de lo lindo entrando gratis a mí cada vez que voy desplazamiento y aparcamiento me cuestan un huevo y escribiendo reseñas que tiran mucho de Wikipedia, porque de distinguir entre interpretaciones la cosa anda escasita. Eso sí, me parece bastante más fiable en sus gustos que los de la kale barroka, de aquí a Lima.

El jueves me quedaré en casa con mis discos. El viernes tendrán ustedes la reseña de alguien que ama el Tercero de Rachmaninov muchísimo menos que yo y que, con seguridad, no se ha sumergido en su discografía -aquí tienen lo que hice con la mejor de mis voluntades- dedicándole el tiempo que yo lo he echado. Si acaso, habrá escuchado alguna cosa esa misma tarde mientras hacía alguna otra labor. Dedicará media crítica a contar las circunstancias en que se escribió la obra, en cuáles son sus movimientos y tal. Hablará de la película Shine, sin duda. Y colará: ése es justo el problema.

Por cierto, he escuchado el Tercero de Vinnitskaya con la Filarmónica de Berlín disponible en la Digital Concert Hall. La señora toca divinamente, con naturalidad y sin rigideces, evidenciando facilidad pasmosa. Supera a muchos pianistas célebres que aquí caen en el mecanicismo, pero no llega al olimpo reservado a quienes ustedes y yo sabemos: Ashkenazy, Argerich, Gavrilov, Kissin, Lang Lang, quizá Trifonov... ¡Y Lugansky, que lo toca mañana en Bilbao! Apúntenlo los bilbaínos, por favor.

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