Coitus interruptus: estaba viendo en directo a Mirga Gražinytė-Tyla, en su debut al frente de la Filarmónica de Berlín, dirigiendo maravillosamente bien una selección del Romeo y Julieta de Prokofiev que ella mismo había preparado, y ¡zas! Se corta la emisión. He probado en mi casa, en la de mi madre y en el ordenador. Nada de nada. Sin embargo, un amigo sigue disfrutando el concierto en Canarias con total tranquilidad. En fin, aprovecho para comentar la primera parte.
No conocía la suite de Burattino y la llavecita de oro, de Mieczysław Weinberg, un compositor al que la directora lituana está reivindicando con mucho empeño. Esta obra, humorística y un punto gamberra pero no por ello exenta de lirismo, increíblemente bien orquestada, me ha parecido una auténtica delicia. En cuanto a la interpretación, dudo muchísimo que se pueda hacer mejor: la orquesta está divina, mientras que la señora Gražinytė-Tyla no solo demuestra creer en la partitura, sino que hace gala (¡atención al brazo izquierdo!) de una técnica colosal.
Menos me ha interesado el Concierto para piano de mi queridísimo John Williams. No me convenció del todo cuando escuché el registro radiofónico del estreno a cargo de Emmanuel Ax, Andris Nelsons y la Sinfónica de Boston. Ahora puedo matizar: solo aceptables los movimientos extremos, interesantísimo el central por su carácter esencial y desmaterializado, muy "de anciano compositor" en el que melancolía y paz espiritual se mezclan con incuestionable belleza. A esta última no es ajena, por cierto, la viola absolutamente milagrosa de Amihai Grosz -el del Cuarteto Jerusalén- en el largo solo que lo abre.
Por lo demás, este Williams es Williams puro en su idioma: aquí no tiene que imitar a nadie, cosa que sí le toca hacer en muchas de sus películas, así que puede volar libremente en esa especie de neoimpresionismo con toques jazzísticos y algo de minimalismo que le caracteriza. Impecable la dirección y perfecto Emmanuel Ax, quien por cierto en el intermedio califica al compositor de Star Wars como uno de los mejores orquestadores de la historia, a la altura de Ravel. Ha ofrecido como bis el tema de la película Sabrina: ¡ahí sí que está el grandísimo Williams!
En cuanto al Prokofiev, estoy ahora mismo acordándome del árbol genealógico de los técnicos responsables de que la transmisión llegue con propiedad a todos los suscriptores.

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