jueves, 14 de julio de 2011

Tosca vuelve al real: Urmana aclamada, Espert abucheada

Me sorprendió la reacción del público que asistió el pasado martes 12 de julio al reestreno en el Teatro Real de la producción de Tosca preparada por Nuria Espert: grandes aclamaciones a Violeta Urmana, acogida más respetuosa que entusiasta para el resto de los músicos y abucheos –no muy intensos pero sí evidentes- para la veteranísima actriz y directora de escena catalana. La explicación oficial, que me consta de muy buena tinta que es la que cree la propia artista, achaca el rechazo a una de las innovaciones de esta reedición: después de matar a Scarpia, recordemos que reconvertido aquí en cardenal, la hasta ese momento muy religiosa Floria Tosca arroja con desprecio un vaso de vino al crucifijo que preside la escena. Si realmente esa es la razón, solo me cabe lamentar que haya personas que no sean capaces de distinguir entre la escena y la vida real, aunque tampoco eso sería de extrañar en el aburguesado público del Madrid de Rouco Varela. Personalmente pienso que pudo haber otros motivos, como las cuatro o cinco estupideces que ofrece su propuesta escénica, en primerísimo lugar el suicidio de la protagonista tirándose a la fosa común donde segundos antes ha sido arrojado el cuerpo del “suo Mario”.

En cualquier caso, y esto hay que dejarlo bien claro, la producción de Espert ni es para tirar cohetes ni resulta desdeñable. Con respecto a la filmación en DVD (enlace) mejora bastante en directo, pues a pesar de la oscura iluminación azulada de Vinicio Cheli la escenografía de Ezio Frigerio no es fea y ofrece una adecuada dosis de espectacularidad, mientras que la dirección de actores desprende solvencia –ha estado más trabajada ahora- y las situaciones, salvo excepciones como la arriba apuntada, están resueltas con sensatez. Ha sido además un acierto reducir en su duración la ridícula coreografía de la tortura de Cavaradossi en el segundo acto, aunque lo suyo hubiera sido suprimirla por completo. Tampoco hubiera estado de más sustituir el cuadro de la Magdalena, una disparatada mezcla iconográfica de la Inmaculada y la Verónica (!!!), pero insisto en que en conjunto la producción es apreciable, sobre todo habida cuenta de los bodrios que circulan por ahí.

Creo que el público tampoco se enteró muy bien del admirable trabajo de la Sinfónica de Madrid: el sonido global sigue siendo algo pobre, amén de inseguro en algunas secciones, pero su progreso es muy evidente desde la venturosa marcha de Jesús López Cobos. Con ello tendrá algo que ver la destreza técnica del maestro Renato Palumbo, quien ofreció una dirección de enorme atractivo: rápida, aristada, con nervio y mucha garra dramática, amén de ajena a blanduras y narcisismos, destacando además en lo sonoro por un tratamiento especialmente incisivo de las maderas y por una claridad que llegaba a revelar detalles insólitos. Eso sí, hay que reconocer que la animación de la batuta le llevó a frasear de manera pimpante algunos pasajes (los relacionados con el sacristán) y a pasar un poco de largo ante los aspectos más cantables, líricos y voluptuosos de la partitura. El genial Te Deum, por su parte, debería haber estado más paladeado.

Sorpresa enorme para mí la actuación, sustituyendo a Marcello Giordani, del tenor Marco Berti, que me ha gustado mucho más aquí que en los Calaf y en el Dick Johnson que le había escuchado. Su línea sigue siendo la misma, es decir, cortita de legato, poco matizada y problemática a la hora de apianar, lo que a quien esto suscribe le suele hacer poca gracia, pero en esta ocasión lo he encontrado mucho más seguro, cálido y entregado, logrando aprovechar al máximo su impresionante registro agudo sin caer en innecesarios exhibicionismos. Su “Recondita armonia”, como les pasa a casi todos, no fue para el recuerdo, pero el resto de la función le salió bien. No sé por qué no le aplaudieron más. Como actor, eso sí, es el mismo petardo de siempre.

Me habían hablado bien del Scarpia de Lado Atanelli: la voz es de buena calidad y el joven barítono georgiano no canta mal, pero a mí su encarnación del malo por antonomasia del repertorio lírico me pareció terriblemente plana, lo que en este personaje resulta imperdonable. Me quedo sin duda con la recreación que hizo Ruggiero Raimondi en 2004, comatoso en lo vocal pero llenando de intención cada una de sus frases. Entre el resto del elenco quisiera destacar a Felipe Bou, un Angelotti muy matizado, y a un Valeriano Lanchas que evitó de modo admirable el cúmulo de payasadas que no suelen regalar muchos recreadores del sacristán.

Queda la Urmana. Me dice un amigo que chilló los agudos y que no terminó de dar con el personaje. Estoy parcialmente de acuerdo, pero… ¡qué gozada escuchar una Floria Tosca así, con este pedazo de voz corriendo con pasmosa facilidad por la sala con un timbre lleno de armónicos y un grave seguro, homogéneo y redondeado! Todo ello haciendo gala de una línea muy en su sitio, italiana pero ajena a los excesos veristas, y de una gran convicción expresiva, ofreciendo intensidad sin transformar al personaje en una histérica o una marimacho, como hacen otras cuyo nombre prefiero guardar. Su aria debería haber estado más paladeada (¿la batuta, quizá?) y por los recovecos del complicado personaje pasó un poco de largo, pero yo me lo pasé estupendamente escuchándola. Me gustaría volver a verla en el papel dentro de unos años.

miércoles, 13 de julio de 2011

Barenboim dirigirá a la WEDO en Ronda

Aunque en su momento se dijo un tanto de pasada (enlace), hasta ahora no se ha anunciado de manera oficial: Daniel Barenboim dirigirá a la West-Eastern Divan Orchestra en la Plaza de Toros de Ronda el sábado 30 de julio. Será a las nueve y media de la noche y el programa incluirá dos sinfonías de Beethoven, la Cuarta y la Séptima, de las que el año pasado los mismos intérpretes ofrecieron sendas excepcionales recreaciones en Jaén y Córdoba respectivamente (enlace). Las entradas se encuentran a la venta en El Corte Inglés (enlace) y su precio oscila entre los 10 y los 35 euros.

Barenboim Cartel Ronda 2011

Además del programa oficial, parece que tendremos un aliciente añadido: la Orquesta Al-Andalus, esto es, la división juvenil de la WEDO (que ya no es precisamente “de niños”), ofrecerá la Sinfonía nº 35, Haffner, del gran genio de Salzburgo. Todo un reto, habida cuenta de que Mozart sigue siendo uno de los compositores más difíciles de interpretar de todo el repertorio (y si no, que se lo pregunten a los cantantes que continuamente lo rehúyen). En fin, si usted no es de los que opinan que la WEDO es propaganda del PSOE (enlace) y tampoco piensa aplaudir cuando Javier Arenas se cargue la Fundación Barenboim Said, me permito recomendarle que no se pierda este concierto, como tampoco el del día siguiente en Sevilla. Por cierto, la prensa andaluza sigue sin darle mucha publicidad a estos eventos. ¿Preparándole el terreno a los del Partido Popular, quizá?

viernes, 8 de julio de 2011

La Tosca de Nuria Espert en DVD

Me pregunta un amigo cómo está la producción escénica de Tosca a cargo de Nuria Espert que se estrenó en el Teatro Real en enero de 2004 y va a reponerse dentro de unos días. Como estuve en dos de aquellas funciones y acabo de volver a ver el DVD editado –con excelente calidad de imagen y sonido- por Opus Arte, le contesto desde aquí con cierta seguridad: regular. Lo de mover la acción al Vaticano y convertir a Scarpia en cardenal, única aportación creativa de la propuesta, es una tontería que no solo no aporta nada. Por lo demás, se trata de una puesta en escena convencional, en el fondo muy ortodoxa, realizada con solvencia desde el punto de vista plástico por Ezio Frigerio y Franca Squarciapino (en directo es menos fea que en televisión), correctamente iluminada por Vinicio Cheli con sus habituales tonos azulados, pero más bien discreta en lo que a dirección de actores se refiere. Lo mejor quizá sea la resolución del Te Deum, adecuadamente espectacular, y lo peor todo el tercer acto, particularmente por la molesta pantomima de prisioneros durante el preludio orquestal y por la ridícula imagen de la protagonista arrojándose a una fosa común. Por descontado, la comparación con lo de Jean-Louis Grinda para el Palau de Les Arts (enlace) convierten a lo de la Espert en una obra maestra.

Algo habrá que decir de la parte musical, por si alguien que se pase por aquí quiere saber si merece o no la pena comprarse el DVD. Me ha gustado ahora más que entonces la batuta de Maurizio Benini, que ofrece una lectura lenta pero de pulso sostenido, muy bien paladeada y de enfoque bastante más lírico que dramático; no es el que yo prefiero, pero en cualquier caso es la suya una recreación muy hermosa, con gran sentido de la cantabilidad, y bien realizada desde el punto de vista técnico. Ya mayorcita (los primeros planos no la favorecen nada) y muy mediocre como actriz, Daniela Dessì ofrece una Tosca en la mejor tradición italiana, con una voz lírica de verdad, rica en vibraciones, quizá un punto metálica, y una línea canora de gran clase. Le falta, eso sí, una mayor variedad expresiva, como también le ocurre a su marido en la vida real, un Fabio Armiliato que comienza muy incómodo en “Recondita armonia” y poco a poco se va centrando para ofrecer un Cavaradossi solvente y comunicativo. Como recreador de su personaje se los merienda a ambos Ruggero Raimondi, pero el barítono boloñés tenía por estas fechas su voz ya seriamente deteriorada y su Scarpia, desde el punto de vista puramente musical, termina haciendo aguas por todas partes.

Muy digno el Angelotti de Marco Spotti, por encima de la media el sacristán de Miguel Sola y tan solvente como siempre el Spoletta de Emilio Sánchez. ¿DVD recomendable? Para los que estuvimos allí es un bonito recuerdo. Para los demás, sinceramente no lo sé. Depende de hasta qué punto se ame esta obra. Para mi gusto la referencia en DVD es el registro en vivo y “en los lugares de la acción” con Malfitano, Domingo, Raimondi y Mehta (enlace).

jueves, 7 de julio de 2011

Eschenbach hace Mahler en Granada: Resurrección sin arrebatos

La Segunda Sinfonía de Mahler que ofreció el pasado lunes 4 de julio Christoph Eschenbach en el granadino Palacio de Carlos V al frente de la Orquesta del Festival de Schleswig-Holstein anduvo por los mismos derroteros de su filmación en París de la que hablé en este blog (enlace). Es decir, fue magnífica pero muy personal, y desde luego no del gusto de todos los paladares, independientemente de que el éxito entre el público fuera atronador. Para empezar, se trató de una interpretación más bien lenta -ochenta y tres minutos-, bien paladeada y maravillosamente desmenuzada, cuya concentración exigió por parte del oyente un esfuerzo similar. No hubo escándalo gratuito, ni efectos de cara a la galería, ni tampoco sonoridades grávidas ni amaneradas, lo que resultó muy de agradecer con la que está cayendo en el mundo mahleriano, pero tampoco hizo su aparición esa flexibilidad que da paso al arrebato espontáneo en interpretaciones en la línea de un Bernstein: con Eschenbach todo se desarrolló con rigurosidad cartesiana, aunque desde luego sin caer en lo cuadriculado ni en lo rutinario. En cualquier caso lo más significativo fue el halo de espiritualidad con que el veterano maestro alemán recreó la página, que parecía ver la partitura mucho antes desde el “más allá” que desde el “más acá”. Por esto mismo, quizá, no todos los movimientos convencieron de la misma forma.

El Allegro maestoso inicial, en este sentido, pudo resultar poco desgarrador para algunas sensibilidades, aunque en contrapartida alcanzó un insólito vuelo poético; por otra parte Eschenbach corrigió algunos detalles que en París le quedaron algo amaneradillos y construyó la arquitectura de manera implacable. Magnífico el Andante moderato, donde logró el milagro de paladear las notas con la mayor cantabilidad y ternura sin pasarse con el azúcar ni frasear de modo pimpante. El tercer movimiento no me terminó de convencer: me hubiera gustado una mayor implicación emocional, bien sea con una mayor dosis de frescura o, por el contrario, optando por el humor negro. Interesantísimo el cuarto, muy lento y mirando claramente hacia el Adagietto de la Quinta sinfonía. Lo mejor, en cualquier caso, llegó con la Resurrección propiamente dicha, que comenzó muy controlada -tal vez en exceso- y fue acumulando tensiones hasta culminar en un final al mismo tiempo sereno, trascendido y majestuoso; a destacar los dos crescendos de la percusión que anteceden a la marcha, lentísimo y tremebundo el primero de ellos. Bien la soprano Simona Saturová y mejor aún la mezzo Lioba Braun, aunque al estar colocadas en la galería alta diseñada por Pedro Machuca es posible que el público del patio de butacas (yo estaba arriba, como casi siempre) no escuchara bien sus voces.

Es de justicia subrayar la formidable labor -perdonables gazapos al margen- de la nutrida formación que Eschenbach tenía delante. Desde luego, la Schleswig-Holstein de ahora es mejor que la que escuché en 1992 con Maazel (olvidable Novena de Beethoven en Sevilla), lo que demuestra que las orquestas juveniles han mejorado sensiblemente el nivel en estos años. Por descontado, si estos chicos tocasen bajo la denominación “West-Eastern Divan Orchestra”, algún listillo se aprestaría a llamarlos “niños” y a calificarlos de “orquesta de bolos”. Para terminar, mi felicitación tanto al Coro Lübeck del Festival de Schleswig-Holstein como al de la Orquesta Ciudad de Granada: si este nivel es el habitual en la formación andaluza, motivos tienen para sentirse orgullosos.

martes, 5 de julio de 2011

Segunda de Rachmaninov por Pappano

LIADOV: El lago encantado. RACHMANINOV: Sinfonía nº 2.
Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia. Dir.: Antonio Pappano.
EMI 9 49462 2.
66’43’’
DDD
Emi Music Spain
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Lo único que hasta ahora Antonio Pappano había grabado de Rachmaninov -contando con un notabilísimo pero no excepcional Leiv Ove Andsnes como solista- eran los conciertos para piano: magníficos Primero y Cuarto, no tanto los otros dos. Semejante desigualdad vuelve a darse en esta Segunda Sinfonía registrada en público -con toma sonora mejorable- en otoño de 2009 en el Parco della Musica de Roma. Desigualdad que viene no desde el punto de vista técnico, pues el maestro hace gala de pulso firme y admirable plasticidad en el tratamiento de la masa orquestal -incluso realiza interesantes hallazgos en la instrumentación-, sino desde el expresivo, acercándose de manera más acertada a los momentos extrovertidos de la partitura que a los introspectivos. Los primeros se benefician de una batuta entusiasta, brillante y muy comunicativa que sabe no dejarse llevar por lo excesos. Los segundos, desgraciadamente, se ven lastrados por una sonoridad en exceso pulida -Rachmaninov tiene que sonar rocoso- y por una batuta que, confundiendo lirismo con delicadeza, deja a un lado la pasión agónica para concentrarse en la búsqueda de la belleza sonora más superficial y caer por momentos en la blandura. Lo mejor, el cuarto movimiento. Muy hermosa la piececita de Liadov.

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Artículo publicado en el número de julio-agosto de 2011 de la revista Ritmo.

domingo, 3 de julio de 2011

Tchaikovsky, Shakespeare y Dudamel

TCHAIKOVSKY: Hamlet. La tempestad. Romeo y Julieta.
Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela. Dir: Gustavo Dudamel.
DG 477 9355
65‘35‘‘
DDD
Universal Music
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Este CD con los tres poemas sinfónicos de Tchaikovsky dedicado a Shakespeare va de más a menos poniendo en evidencia virtudes y defectos de Gustavo Dudamel, director desconcertante donde los haya. En su extrovertida, muy encendida y a la postre magnífica recreación de Hamlet, el venezolano da una lección de brillantez y comunicatividad haciendo gala de un excelente trazo y sabiendo frasear con concentración, sin caer -nunca le ocurre en este disco- en lo atropellado ni en lo vulgar.

En La Tempestad a las referidas virtudes se une una gran sensibilidad para la atmósfera, pero también la tendencia a forzar los contrastes en texturas y dinámicas, de tal modo que las secciones extremas suenan particularmente brumosas, la lírica en exceso ensimismada y las tempestuosas espectaculares a más no poder. Tendencia que en Romeo y Julieta le lleva al extremo de caer, en la primera sección lírica, en pianísimos casi inaudibles y algún portamento de manifiesta melifluidad, aunque tampoco vamos a regatear la voluptuosidad -más que desesperación- de la segunda aparición del tema de amor.

La toma sonora, no del todo transparente, recoge a la perfección la extensísima gama dinámica del espectáculo sonoro -a medio camino entre Karajan y Abbado- propuesto por el joven director.

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Artículo publicado en el número de julio-agosto de 2011 de la revista Ritmo.

viernes, 1 de julio de 2011

Imprescindible Mahler de Goldschmidt

Este triple CD editado por Testament presenta dos documentos diferentes. En primer lugar, la conferencia de treinta y cinco minutos que Deryck Cooke (1919-1976) ofreció para la BBC el 19 de diciembre de 1960 sobre su primera reconstrucción (aún incompleta, y por tanto con huecos sin música) de la Décima Sinfonía de Mahler, seguida por una interpretación de la misma a cargo de la Orquesta Philharmonia bajo la dirección de Berthold Goldschmidt (1903-1996); esta grabación, como es bien sabido, es la que emocionó a Alma Mahler de tal forma que esta entregó al musicólogo británico los fragmentos de partitura que aún tenía en su poder y levantó su prohibición de completar y ejecutar la sinfonía. En segundo lugar nos encontramos con el estreno en los Proms de 1964 de la primera versión definitiva (es decir, con los huecos rellenos) realizada por Cooke, la que conocemos habitualmente como Cooke II. Goldschmidt dirige de nuevo, en esta ocasión a la Sinfónica de Londres. El sonido es en todos los casos monofónico, muy aceptable para las circunstancias pero insuficientes para apreciar esta obra en toda su dimensión.



¿Interés? Histórico, bastante, y como no es cuestión de repetir lo que otros han dicho mucho mejor que yo, les recomiendo que lean el imprescindible artículo de José Luis Pérez de Arteaga en la web de la distribuidora Diverdi (enlace), donde podrán además obtener la traducción de la locución de Cooke. Musicológico, altísimo: yo ya sentía una rendida admiración por la Décima mahleriana, pero mi fascinación hacia ella ha aumentado después de que Cooke me dijera muchas cosas nuevas. En cualquier caso lo que quiero es llamar la atención sobre la interpretación, no la de 1960 (algo tosca, pero con detalles interesantísimos) sino la de los Proms cuatro años posterior. Hay, a mi entender, un buen número de desajustes y pifias instrumentales, y además hay que lidiar tanto con la discreta toma sonora como con la siempre problemática acústica del Royal Albert Hall, pero… ¡qué interpretación!

Este es el Mahler que a mí más me gusta: el que mira a Alban Berg. Haciendo uso de unos tempi más bien rápidos y, todo hay que decirlo, sin depurar completamente la planificación, el compositor alemán ofrece una lectura que renuncia a la blandura, a la ensoñación o al preciosismo sonoro para centrarse en los aspectos más expresionistas de la partitura, subrayando las asperezas tímbricas -admirable además el intenso colorido de la madera grave- y acentuando las disonancias, todo ello sin olvidar que hay mucho de amor (por la vida, por Alma) en estos pentagramas, y que por ende la poesía debe encontrar su lugar. Por eso mismo, y aun ofreciendo un Purgatorio menos inocente que nunca y resultando particularmente escalofriante el último movimiento, se aprecia en toda la lectura una emotividad sincera, directa y acongojante, que convierte la audición en una auténtica experiencia. Mi consejo es que no prescindan de vivirla.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...