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miércoles, 31 de julio de 2024

Un acercamiento a Tarmo Peltokoski (y IV): el concierto de Granada

Pues sí, ya podemos ver en la plataforma Stage + (¡háganme caso, suscríbanse!) el concierto de Tarmo Peltokoski y la Orquesta del Capitolio de Toulouse que clausuraba el Festival de Granada coincidiendo con la final de la Eurocopa. Ya saben, el de la pantalla con el partido dentro del Carlos V para satisfacer un asunto "de interés nacional". El que terminó a la una y cuarto de la madrugada por culpa del fútbol. Pero de eso ya he hablado aquí lo suficiente, así que vamos a la música.

De la primera obra del programa, preludio de Los maestros cantores de Wagner, ya había una toma radiofónica con la misma orquesta, que comenté aquí mismo. Esta vez no he encontrado excesiva ligereza en el tratamiento sonoro, pero sí una importante cantidad de peculiaridades en los metales que, más que revelar voces nuevas, desequilibraban la polifonía. Lo que ocurre es que me resulta imposible de determinar si hubo problemas de empaste, responsabilidad por tanto de la batuta y sus músicos, o se trata de un efecto provocado por una desafortunada colocación de los micrófonos: la toma, cortita en gama dinámica, no es ninguna maravilla. Por lo demás, sigue faltando idioma wagneriano en general, mientras que el maestro continúa acertando plenamente en la sección cómica: aquí sí que hay que admirar la polifonía de las maderas, como también la acertada expresión de estas.

De los sublimes Cuatro últimos lieder de Richard Strauss también comenté aquí una grabación, esta vez con la Sinfónica de la Radio de Berlín. Me gustó mucho por su frescura e inmediatez, aportando una visión mucho menos otoñal de lo acostumbrado. La filmación de Granada me ha interesado muchísimo menos: no sé si será cosa mía, pero las dos primeras canciones me han parecido más bien asépticas, rutinarias y ajenas al estilo. Mejor las otras dos, particularmente una concentrada y muy bella sección final de Im Abendrot. Técnicamente hubo sus más y sus menos: queda claro que la orquesta tolosana es muy buena, pero a distancia de las más grandes. Se debe elogiar al concertino, como también reprochar la escasa depuración de los violines en las peculiares irisaciones que deben ofrecer en el inicio de September.

Muy bien la soprano Elsa Dreisig, sobre todo gracias a una voz que, aun sin ser particularmente ancha más bien todo lo contrario, no nos hace sufrir con los cambios de color en el grave en los que incurren la mayoría de las artistas que se acercan a esta música. También hay que admirar la crema del timbre, la nitidez de la dicción, el control del fiato y el sutil ya que no muy imaginativo en acentos uso de los reguladores. Expresivamente fue de menos a más, sin llegar nunca a defraudar, pero también quedándose a distancia de lo que con estas canciones hizo quienes ustedes ya saben y algunas otras.

Sinfonía nº 9 de Anton Bruckner en la segunda parte. Ya solo por abordar semejante monumento comenzando pasadas las doce hay que aplaudir a orquesta y director. ¡Qué culpa tendrán ellos del fútbol! Los franceses tocaron francamente bien, y su director les hizo sonar con empaste, equilibrio de planos y salvando algunas líneas del Trío del Scherzo admirable claridad. Y ahí quedó la cosa, porque estilística y expresivamente fue una versión mediocre. Ni la sonoridad ni el fraseo fueron brucknerianos. La manera de ligar las notas, de plantear arcos melódicos, de planificar tensiones hubo momentos acelerados y violentos sin suficiente preparación, de construir los crescendos, de ofrecer esa mezcla de sensualidad agónica, fuerza dramática y espiritualidad que demanda la música... Nada de nada. Al menos eso me ha parecido a mí: se trata de mi sinfonía favorita y me he aburrido mucho.

En fin, ¿hay algún problema en que un señor de veinticuatro años se muestre incapaz de ofrecer una Novena de Brucker aceptable? No, ninguno: ya es bastante con que a su edad haga sonar bien a la orquesta. Sí que es un problema, o más bien una tomadura de pelo, que su agente, su sello discográfico, el Festival de Granada y las orquestas con las que trabaja nos lo quieran vender como un grandísimo director, porque todavía dista de serlo. Eso sí, ambición y prepotencia le he escuchado una entrevista que no me ha hecho ninguna gracia, el lenguaje no verbal le delata le sobran. Tanto como las prisas por ser alguien importante.

jueves, 11 de julio de 2024

Un acercamiento a Tarmo Peltokoski (III): Mozart

En este recorrido por los testimonios del jovencísimo Tarmo Peltokoski me toca acercarme a su único disco, grabado nada menos que para Deutsche Grammophon: Sinfonías nº 35, 40 y 36 –en este orden– de Wolfgang Amadeus Mozart al frente de la Deutsche Kammerphilharmonie de Bremen. Aviso que no he escuchado el CD, sino que he acudido a los vídeos en 4K que ofrece la plataforma Stage + de la propia DG, que avisa que lo que ahí se ve no es exactamente el contenido del disco, sino tan solo una de las sesiones de grabación. Supongo que variarán multitud de detalles, pero obviamente el concepto ha de ser el mismo. Y eso es lo que interesa.

El asunto se explica rápido, aunque es necesario apuntar unos matices importantes. Este es un Mozart de "tercera vía": orquesta pequeña de instrumentos modernos, flauta y metales "de época", timbales de baquetas duras, tempi muy rápidos –es posible que se acerque a los récords en la historia de la fonografía–, fraseo de gran agilidad, articulación incisiva, escaso vibrato y un equilibrio de planos en el que la cuerda no tiene el protagonismo. La lección de Harnoncourt se la sabe de memoria el director finlandés.

Los matices antes referidos son dos. Uno, que al contrario de Herr Nikolaus, que Norrington y que otros maestros, entiende que esa agilidad y ese primer plano alcanzado por vientos y percusión no debe conducir a que la cuerda suene ligera en el mal sentido, es decir, ingrávida y sin densidad sonora. La de Bremen suena bajo su batuta prieta y densa, lo que no tiene nada que ver con la "musculatura germánica". Dos, que Peltokoski ornamenta mucho. Muchísimo. Yo diría que más que nadie, poniéndole considerable imaginación al asunto, asumiendo riesgos y conduciendo la música hacia un terreno expresivo que, aquí entra en juego la percepción subjetiva de quien escribe estas líneas, contradice el espíritu que en principio el director parece plantear: si su Mozart comienza pareciendo dramático –léase teatral–, vibrante e impetuoso más no poder, la decoración resulta en no pocas ocasiones frívola y meramente esteticista, cuando no cursi.

Concretemos un poquito.  La Sinfonía nº 35, Haffner, engancha en un primer movimiento lleno de nervio y muy contrastado que hará las delicias de los más partidarios del mundo HIP. Los movimientos centrales se exceden en lo que a ornamentación se refiere: demasiada frivolidad. El Finale se inclina por una interesante mezcla entre efervescencia y fuerza teatral.

No convence la Sinfonía nº 40. Lo difícil de esta partitura es hacer que resulte inquietante sin que resulte inquieta, que desprenda nervio sin caer en lo nervioso. Cuadratura del círculo, vamos. Peltokoski no consigue. Tampoco hay su recreación sensualidad, espiritualidad ni nada que se le parezca. Eso que habitualmente conocemos como "espíritu mozartiano", que no niego que pueda ser invento de la "tradición contaminada", brilla por su ausencia. Yo me he aburrido.

La Sinfonía nº 36, Linz, es quizá la que sale mejor parada, aunque de nuevo el concepto resulta en exceso galante y hay más de un detalle repipi que estropea las cosas. Chispeante a más no poder, para lo bueno y para lo malo, el movimiento conclusivo: un amigo diría que le recuerda a la "música de Pixie y Dixie" que acostumbraba a hacer Norrington en los finales. La orquesta suena divinamente y la batuta la controla de maravilla.

Así las cosas, parece claro que Peltokoski posee muchísima técnica e ideas propias, con independencia de que podamos compartir estas o no. Que en su primer disco haya optado precisamente por este repertorio abordado con semejantes maneras puede ser interpretado como una manifestación de talento, de riesgo, de ganas de mostrar una personalidad propia o, todo hay que decirlo, de prepotencia. Quizá de todo ello a la vez.

Bochorno en Granada: Bruckner de medianoche por culpa del fútbol

Leo la noticia atónito (aquí): como España jugará la final de la Copa de Europa el próximo domingo, el Festival de Granada no solo colocará una pantalla gigante en el Carlos V para que el personal pueda seguir la cosa balompédica, sino que retrasará una hora el arranque del concierto de la Orquesta del Capitolio de Toulouse y Tarmo Peltokoski. Es decir, el preludio de Maestros cantores comenzará a las once de la noche, la soprano cantará aquello de "In dämmrigen Grüften..." sobre las once y cuarto y la Sinfonía nº 9 de Anton Bruckner se escuchará entre la medianoche y la una de la madrugada. Todo ello si no hay prórroga, claro: si se llega a los penaltis, el concierto podría terminar cerca de las dos.

No sé si la decisión parte de Antonio Moral –director saliente del Festival– o de la Junta de Andalucía del PP –la cosa patriótica y tal–, pero me parece una tremebunda falta de respeto a la música, a los músicos (¡una orquesta europea tocando Bruckner pasada la medianoche!) y a los muchísimos melómanos a los que el fútbol nos importa un rábano, un pimiento o un higo, escojan ustedes el producto hortofrutícola que les parezca más descriptivo.

En fin, no sé si el populismo irá a más y se repartirán banderitas rojigualdas en el caso de que "la roja" –estupidísimo y políticamente manipulador nombre, dicho sea de paso– consigue ser vencedora, pero lo cierto es que esta es una de las razones que me ha hecho desistir de mi idea inicial de acudir al concierto –aún hay entradas de sobra– que clausura el Festival. La otra es el disco Mozart de Peltokoski, que me está haciendo dudar seriamente del buen gusto de este muchacho. En otro momento hablaré de él.

Fe de errores. En un principio escribí que el comienzo del concierto se retrasaba media hora. No es cierto: lo hace en una hora, porque inicialmente estaba previsto para las 22:00. Eso sí, la nueva hora oficial es la que dije, las 23:00... más las posibles prórrogas.

miércoles, 10 de julio de 2024

Un acercamiento a Tarmo Peltokoski (II): Strauss y Shostakovich

Tras la selección de grabaciones protagonizadas por Tarmo Peltokoski de la entrada anterior, vamos esta vez ante un concierto del maestro finlandés al frente de la Sinfónica de la Radio de Berlín ofrecida en la Konzerthaus de la capital de Alemania el pasado 12 de mayo.

Comienza con los Cuatro últimos lieder de Richard Strauss, obra que precisamente ofrecerá en Granada este domingo. Aproximación la suya antes primaveral que otoñal, con todo lo que eso supone en una página en la que estamos acostumbrados a la melancolía, a la sensualidad, al decadentismo, a la poesía más metafísica... Peltokoski no lee la obra desde más allá del bien y del mal, sino desde el "más acá". Y lo hace maravillosamente bien: con intensidad controlada, enorme naturalidad en el fraseo, concentración y una enorme depuración sonora. ¡Bravo! Camilla Nylund luce una voz preciosa –corta en el grave, como le ocurre a muchas– y canta con enorme belleza, ya que no con esa emoción a flor de piel reservada a las más grandes.

Sinfonía nº 10 de Shostakovich en la segunda parte. En el complicadísimo movimiento inicial, una tremenda montaña que hay que subir y bajar con tanta lógica como intensidad, nuestro artista ofrece una soberbia muestra de control de la arquitectura, como también de atención a los detalles: estos son los que en buena medida le hacen alcanzar aquí la excelencia. Muy bien el furioso Allegro, aunque hay algún portamento descendente que a mí no me cuadra. En el tercer movimiento el maestro delinea magníficamente el sarcasmo de las maderas, si bien la transición a la sección rápida resulta algo forzada y esta –con sus insistencia en el motivo DSCH– no posee toda la retranca posible. En cuanto a la expresión, no parece desacertada: cada vez son menos los que ven en esta obra una contestación al difunto Stalin, y más los que atienden a las confesiones personales que se agazapan: el motivo de la trompa, en su presunta alusión a Das Lied von der Erde, sería en realidad la alusión a un crush amoroso del compositor. Irreprochable el Finale, festivo en su punto justo, brillante sin necesidad de caer en la vulgaridad ni tampoco de tirar de la ironía. Por una vez en su trayectoria, el final shostakoviano sería verdaderamente feliz.

¿Y la orquesta berlinesa? Soberbia, sin la menor duda. Francamente buena la transmisión. En cuanto a Peltokoski, seguiremos indagando.

martes, 9 de julio de 2024

Un acercamiento a Tarmo Peltokoski (I): Sibelius, Herrmann, Strauss, Schönberg y Wagner

El próximo domingo se clausura esta larga y multiestelar edición del Festival de Granada con la Orquesta Nacional del Capitolio de Toulouse bajo la dirección de su actual titular, Tarmo Peltokoski. Ya saben, finlandés de veinticuatro años con contrato en exclusiva con DG y próxima titularidad de la Filarmónica de Hong Kong. Tras el huracán Mäkëla, nueva presunta revelación de joven prodigio. ¿Hay para tanto? La única manera de saberlo es escuchando lo poco que tiene grabado, y eso es justo lo que me he puesto a hacer.

He empezado por la Sinfonía nº 1 de Jean Sibelius con la Sinfónica de la Radio de Frankfurt del 5 de noviembre de 2021 que está en YouTube. Contaba veintiún añitos cuando tuvo lugar el concierto: para esa edad, formidabilísimo. Pero si se nos está vendiendo a un genio de la dirección de orquesta, hay que poner el listón a la altura estándar. No convence el arranque de esta –lo digo ya– singular y desigual interpretación, no se sabe muy bien si por culpa de la batuta o de la cuerda de una orquesta que, siendo notable, dista de ser una maravilla. Poco a poco se van percibiendo las buenas ideas del jovencísimo director, su convicción a la hora de plantear un enfoque abiertamente escarpado y su destreza a la hora de delinear el complicadísimo tejido de las maderas, pero al mismo tiempo quedan en evidencia sus limitaciones a la hora de trazar la arquitectura de tensiones y distensiones, como también la ausencia de trasfondo reflexivo. No baja la guardia en el Andante, que a pesar de alguna frase lírica muy bella desatiende la vertiente sensual para volcarse en el clímax dramático. Los movimientos conclusivos siguen la misma línea: planteamiento atractivo, pero corto en maduración. 

Continúo con un concierto al frente de la Sinfónica de la SWR ofrecido en Baden-Baden el 18 de mayo de 2024, la mitad del cual se encuentra filmado en este enlace. Comienza con una de las músicas que adoro desde hace más años, y por ende una de las que mejor conozco: la suite de Vertigo de Bernard Herrmann. Maravilloso que comience así, integrando el gran sinfonismo escrito para el cine con total naturalidad en el programa. Otra cosa es la interpretación, a mi entender no muy lograda, y abiertamente fallida en un Preludio demasiado rápido, mecánico y ajeno a las sugerencias expresivas de la música. Implacable e incluso violenta, mucho más que sugerente, la habanera que ilustra la secuencia onírica. La célebre escena de amor la dirige con intensidad pero sin paladearla lo suficiente, anunciando así justo lo que haría a continuación.

Y ese "a continuación" es nada menos que el Así habló Zaratustra de Richard Strauss. Aquí no hay donde esconderse: quizá precisamente por no ser el mejor de los poemas sinfónicos de su autor –Till o Don Juan "funcionan solos"–, no solo hay que demostrar un soberbio control de la orquesta, sino también darlo todo en el plano expresivo. Peltokoski da la talla en lo primero, en el dominio de un conjunto orquestal al que hace sonar poderoso, como también muy aristado en la tímbrica, sin por ello dejar de ofrecer claridad de líneas, pero no tanto en lo segundo. Zaratustra necesita una dosis importante de sensualidad, de magia sonora, incluso de decadentismo bien entendido, que el joven maestro no sabe o no quiere destilar. Lo suyo son la tensión, el empuje y la incandescencia. Nada más, tampoco nada menos. La orquesta es mucho mejor que la de Frankurt.

La segunda parte del programa ofrecía la Sinfonía nº 2 de Vaughan Williams, pero como solo la tengo en audio, no en vídeo, he preferido pasar a una filmación que ofrece la plataforma Stage + de Deutsche Grammophon con la Orquesta del Capitolio de Toulouse. Corresponde a diciembre de 2023 y cuenta como solista invitado con Renaud Capuçon.

Concierto para violín de Arnold Schönberg en los atriles. ¡Qué valor! El solista triunfa plenamente: armado de un sonido de extraordinaria solidez, muy carnoso y homogéneo, agilísimo además con la mano izquierda, Capuçon logra hacer bella esta página sin necesidad de domesticarla. Bella y emocionante, como también dolorosa cuando tiene que serlo. Lo interesante es que Peltokoski, todavía con veintitrés, no se queda atrás. Impresiona por el control de los medios, por el soberbio rendimiento que obtiene de una orquesta que no es nada del otro jueves, por la manera de organizar el material... Y sí, también por la enorme intensidad que parece caracterizar su batuta.

Zaratustra a continuación. Interesante comparar con la versión de Frankfurt. Peltokoski parece aquí, unos meses antes, algo más inspirado, no tan empeñado en hacer algo distinto y más dispuesto a dejar que la música fluya por sí sola, pero la orquesta francesa no alcanza la excelencia la alemana; la concertino, por su parte, se excede en los portamentos. Tampoco la toma de sonido, bastante constreñida, es ni muchísimo menos tan buena como la que ofrece la filmación de la SWR.

Preludio de Los maestros cantores para terminar. Es decir, justo la obra con que arrancará el concierto de la misma formación en Granada. Esta se queda corta, a decir verdad. Y también al maestro, carente del idioma apropiado para Richard Wagner tanto en lo sonoro –a veces resulta liviano– como en lo expresivo. Solo convence del todo en la parte sarcástica de la genial página, acertando por completo en el tratamiento de las maderas. 

¿Conclusión? Hay que esperar a escucharle más cosas para decir algo. Seguiré en ello.

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