Jamás había escuchado a Measha Brueggergossmann, ni en vivo ni en directo, pero había leído unas cuantas cosas sobre ellas: algunos comentarios muy elogiosos y otros de tremenda agresividad, centrándose estos últimos, sobre todo, en el presunto escaso volumen de su voz en un teatro de ópera. Pues bien, como espero escucharla la semana que viene en el Real haciendo la Antonia y la Giulietta de Los cuentos de Hoffmann, he creído que es el momento oportuno de escuchar este compacto que compré hace tiempo en una tienda de segunda mano de Madrid con nombre de arma de fuego (¿adivinan?). El disco se titula Surprise, lo grabó Deutsche Grammophon en Londres en mayo de 2007 y contiene canciones de cabaret de un tal William Bolcom (n. 1938), de Arnold Schoenberg (tranquilos, no son dodecafónicas) y de Eric Satie. Y me ha parecido magnífico.
No sé aún si la voz de la soprano canadiense –homogénea y esmaltada– se escuchará o no en una sala grande, pero lo que tengo claro es que en este repertorio demuestra un olfato expresivo portentoso. Así, en las Cabaret Songs de Bolcom, muy entroncadas con la música ligera norteamericana pero con un apreciable corte surrealista en los textos, derrocha picardía, desparpajo, humor nada inocente –estas piececitas llenas de atractivo poseen muchos pliegues inquietantes– y enorme intención cuando tiene que recurrir al parlato.
En las del autor de los Gurrelieder, Brueggergossmann ofrece el punto justo de equilibrio entre explicitud sexual y sofisticación, con un punto de picardía muy descarada pero sin confundir a Schönberg con Kurt Weill. En las de Satie, finalmente, derrocha sensualidad, morbidez, ensoñación bien entendida, coquetería muy francesa y enorme vuelo lírico, haciendo plena justicia a unas páginas que son, desde el punto de vista musical, absolutamente maravillosas. ¡Ah! Y cantar, lo que se dice cantar, canta de manera irreprochable.
La Sinfónica de la BBC realiza una formidable labor bajo la batuta de David Roberston, particularmente en las piezas de William Bolcom, que poseen orquestaciones incisivas y a ratos muy originales realizadas ex-profeso para este discos. Las piezas del alemán se ofrecen en orquestación de Patrick Darwin, con la excepción de Der Nachtwandler, que recibe un genial arreglo camerístico del propio compositor. En las piezas de Poulenc que llevan acompañamiento exclusivamente pianístico es Bolcom en persona el que se sienta al teclado, quien a su vez firma la orquestación de la más maravillosa de todas, Je te veux, que cierra el disco.
La toma sonora resulta admirable. Solo un reparo: la maquetación del cuadernillo es deficiente y las notas y los textos no se leen bien. Por lo demás, disco altamente recomendable. Estoy deseando que la Brueggergossmann me lo firme el sábado.
