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martes, 29 de abril de 2025

Los conciertos para violonchelo de Shostakovich por Nelsons y Ma: una de las referencias

Pasa el apagón y, por varios motivos personales unos buenos y otros malos necesito un descanso de este blog, así que estaré un buen número de días sin actualizarlo. Sin embargo, antes quiero decir algo sobre uno de los tres discos que han grabado Andris Nelsons y la Sinfónica de Boston con los seis conciertos de Dimitri Shostakovich: los dos escritos para violonchelos, no solo las obras concertantes más logradas del autor, sino también dos partituras de enorme categoría que mira cara a cara a lo que ustedes ya saben: el sufrimiento, la desesperación, la locura, la soledad y la muerte. La grabación se realizó con toma sonora absolutamente sensacional en octubre de 2023, y se contó como solista con Yo-Yo Ma

Sesenta y ocho años cumplía el violonchelista de origen chino en el momento de la grabación, y eso se nota. He comparado con su sensacional registro del Concierto para violonchelo nº 1 realizado en 1982 con el anciano Ormandy y la Orquesta de Philadelphia para corroborar que su sonido, aun increíblemente bello, es ahora menos firme, no tan seguro, y por ende no tan capaz de ofrecer determinadas frases con la tensión de antaño. Ahora bien, sigue siendo el violonchelista que mejor ha interpretado este Op. 107: aunque determinados solistas han profundizado más en un aspecto u otro de la partitura, empezando por un Rostropovich de cantabilidad sin igual en el Moderato, Yo-Yo Ma integra como nadie las diferentes facetas de esta música, que va de lo lírico a lo payasesco lanzándose a un histrionismo que no hace sino disimular una angustia existencial difícilmente soportable. Ya saben, en Shostakovich lo bufonesco deviene en danza macabra para asumir nuestro ineludible destino final. Ma lo consigue sin necesidad de hurgar demasiado en la llaga, manteniendo cierta dignidad no quiere que la locura le atrape y no descuidando la belleza sonora, sin que esta implique "romantizar la música".

¿Preferible, pese a lo expuesto en último lugar, volver a la versión con Ormandy? No, porque aunque la del maestro de origen húngaro era ya espléndida, la dirección de Nelsons es quizá la que más me convence de cuantas he escuchado (aquí la discografía comparada). No me quiero olvidar de Ormandy, tampoco de las espeluznantes, terroríficas salvajadas de Rozhdestvensky y Currentzis hay que escucharles, no sin antes prepararse para la experiencia, pero el titular de la Boston Symphony realiza una labor redonda muy en la línea de su solista: atención a todos los aspectos expresivos de la página sin necesidad de forzar las cosas, es decir, sin volcarse en lo virulento. Increíble la orquesta, muy en particular unas maderas a las que el maestro hace sonar con todo el sarcasmo propio del compositor.

También he repasado la única grabación de Ma del Concierto para violonchelo nº 2, la que tiene con David Zinman y la Filarmónica de Berlín en la Digital Concert Hall. Allí la dirección dejaba un tanto que desear, al menos en el tercer movimiento, mientras que el solista ofrecía una interpretación de muy alto nivel, pero más lírica y desmaterializada que agónica: la competencia de Rostropovich con Ozawa y la propia Sinfónica de Boston es imbatible. Escúchese, por ejemplo, el escalofriante clímax del movimiento conclusivo, mucho mejor preparado por solista y batuta en aquella mítica grabación. Lo mismo puede decirse de la nihilista disolución final. En cualquier caso, el nivel de este registro es francamente alto, más aún por Nelsons que por Ma: esa desmaterialización llena de misterio, también de escalofrío, que es típica del Shostakovich más tardío se encuentra captada de maravilla. ¡Y qué decir de la toma sonora! Nunca he escuchado una grabación en CD con unos golpes de bombo tan tremendos como estos.

¿Conclusión? Las dos versiones de Ma del Nº 1 forman ahora la referencia. Esta del Nº 2 es una de las grandes, pero no llega a semejante altura. Como disco para tener ambas obras, me parece el más recomendable, así que usted verá.

viernes, 15 de mayo de 2020

"Triple Concerto" con Mutter, Ma y Barenboim: un producto híbrido

Cuando hace meses empezó a anunciarse este Blu-ray, junto con el correspondiente CD y el hoy inevitable vinilo, en seguida unos amigos y yo empezamos a preguntarnos de qué formato nos estaba hablando Deutsche Grammophon: ¿BR-Vídeo o BR-Audio? “Triple Concerto” en letras muy grandes. Arriba, “Ludwig van Beethoven – Symphony No. 7”, y abajo el nombre de los intérpretes: Anne-Sophie Mutter, Yo-Yo Ma, Daniel Barenboim y la West-Eastern Divan Orchestra. Hace unos días me llegó, y resulta que estamos ante un producto híbrido: el Triple viene tanto con imágenes como sin ellas, mientras que la op. 92 solo aparece en audio.
Permítanme que les informe con más detalle, porque la carátula no lo hace correctamente, y menos aún la ficha de Amazon. La filmación, que como -eso sí- es bien sabido se realizó en la Philharmonie de Berlín en octubre de 2019 para celebrar los 20 años de la orquesta multicultural, viene en tres formatos de audio: DTS-HD Master Audio 2.0 a 96kHz, DTS-HD Master Audio 5.1 a 96kHz, y Dolby TrueHD 7.1 a 48 kHz. La parte de “solo audio”, es decir, tanto el Triple sin imágenes como la Sinfonía, registrada esta última en Buenos Aires tres meses antes, viene con pistas en similar resolución, pero aquí se nos aclara que la tercera de ellas, el Dolby TrueHD 7.1, es en realidad “Dolby Atmos”, lo que quiere decir que está pensada para equipos con altavoces en el techo, o bien para aquellos que tienen encima de las dos columnas principales unos altavoces mirando hacia arriba que -según dicen- imitan a los que están colocados de verdad sobre la cabeza del melómano.

Lo importante: ¿cómo suena? Pues de escándalo, a pesar de dos circunstancias: lo poco convencido que quedé de la toma en estéreo que circulaba desde hace semanas (¡solo a 48 kHz!) y el volumen anormalmente alto de la misma. Esto último no se ha corregido, pero lo cierto es que no se produce esa molesta compresión dinámica que suele afectar a las grabaciones que se hacen de esa forma. Y en cuanto al relativo “apelmazamiento” que un servidor notaba en el estéreo, ahora queda solucionado con el multicanal: ahora se aprecia una maravillosa espacialidad tanto en una obra como en la otra. Lo importante es poner el volumen bajo y hacer uso del multicanal: el disfrute audiófilo está asegurado. En cuanto a la calidad de imagen, baste con decir que es la mejor filmación realizada en la Philharmonie que jamás he visto, de un colorido, una luminosidad y una sutileza en los contrastes muy superiores, sin ir más lejos, a las que nos ofrece la Digital Concert Hall.

Dicho esto, a mí me parece que lo más apropiado hubiera sido incorporar la filmación de la segunda parte del concierto, a saber, la Novena sinfonía de Anton Bruckner, aunque ni la batuta estuvo especialmente inspirada ni la orquesta demostró estar a la altura de las circunstancias; la Séptima de Beethoven podía haber quedado como propina de audio. Tampoco hubiera estado nada mal incluir algún extra, como la conversación entre los tres artistas que circula por Facebook.

En lo que a las interpretaciones se refiere, aquí comenté el Triple y aquí la Sinfonía. Vueltas a escuchar, podría aportar algún matiz pero mi opinión sigue siendo sustancialmente la misma. Mi consejo es que se olviden tanto del CD como del audio estéreo que anda circulando y se compren este Blu-ray extraño y discutible como concepto, pero excepcional desde el punto de vista artístico.

jueves, 2 de abril de 2020

Mutter y Ma hacen el Triple de Beethoven con Karajan y con Barenboim

Septiembre de 1979. Acompañados del pianista Mark Zeltser, un Yo-Yo Ma de 24 años de edad y una Anne-Sophie Mutter de tan solo 16 acudían a la Philharmonie berlinesa para registrar el Concierto triple de Beethoven. Les esperaban nada menos que Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín y los ingenieros de Deutsche Grammophon.


Fue aquella una gran versión, pese a Karajan. Mejor dicho, gracias a él. Dieciocho años después de su decepcionante registro con nada menos que Oistrakh, Rostropovich y Richter, el de Salzburgo volvía a insistir en el Beethoven que le gusta, opulento y suntuoso, pero esta vez restando la rigidez que afectaba a aquella grabación y aportando una dosis mayor de esa cantabilidad y ese sentido humanístico que solo desarrolló en el último periodo de su carrera. A la postre, sería una de sus pocas aportaciones beethovenianas importantes.

Zeltser estuvo francamente bien –no sé por qué André Previn echó pestes acerca de su intervención en este disco–, mientras que Ma y Mutter supieron derrochar belleza sonora, pasión bien controlada y, sobre todo, cantabilidad del más alto vuelo poético: uno no puede escuchar el Largo –no sé si superado en alguna otra versión– sin derretirse por completo. Así las cosas, tenía morbo, muchísimo morbo que el 23 de octubre de 2019 los dos artistas volvieran a la misma sala con idéntica obra para interpretarla en público y grabarla, de nuevo para el sello amarillo, en conmemoración del vigésimo aniversario de la Orquesta del West-Eastern Divan, obviamente con el piano y bajo la dirección de un Daniel Barenboim que, a su vez, había filmado la página en 1995 con el violonchelista de ascendencia oriental y la orquesta que había sido de Karajan, en aquella ocasión con el concurso de Itzhak Perlman.



¿Resultados? Excepcionales, con algunos reparos. A Yo-Yo Ma no lo encuentro del todo seguro en lo técnico, pero hay que admirar su sonido de extraordinaria belleza, su mágico legato y su tan elevada como sincera su efusividad humanística, por no hablar de su capacidad de alcanzar elevada temperatura emocional. De Mutter, habida cuenta de su manifiesta evolución a peor en lo expresivo –no en lo técnico–, podía esperarse algún desmelene, pero lo cierto es que está magnífica, no limitándose a lucir la belleza, carnosidad y homogeneidad sonora de su instrumento y su asombroso virtuosismo, sino aportando además una incandescencia poco frecuente en la violinista alemana: sus diálogos con Ma echan auténticas chispas, sobre todo en el desarrollo del primer movimiento. Simplificándolo mucho, podría decirse que con Karajan los dos jovencitos alcanzaron un perfecto equilibrio entre lo apolíneo y lo dionisíaco, mientras que en su madurez (¡a la vejez, viruelas!) se entregan a pasiones de alto voltaje.


De Barenboim en Beethoven poco podemos decir que no sepamos ya. O sí: sorprendentemente, en la parte pianística se muestra bastante más sereno y reflexivo que sus compañeros, más atento a la sensualidad y a la cantabilidad (¡qué plasticidad la de su sonido, qué increíble manejo del rubato!), superándose a sí mismo con respecto a la grabación de 1992 en profundidad y riqueza de matices, mientras que dirigiendo despliega auténticas tempestades, por descontado que dentro de un enfoque mucho menos opulento y más visceral que el de Karajan. La orquesta multicultural responde muy bien, pero obviamente no es comparable en modo alguno a la Berliner Philharmoniker; además, parece haber cierta falta de claridad en determinadas líneas de las maderas en el primer movimiento, lo que en parte también podría deberse a Barenboim o a una toma sonora que, por cierto, no está del todo lograda.

Y mucho ojo: este comentario lo realizo a partir del vídeo que ya circulaba por ahí y del audio que acaba de salir hoy mismito al mercado. DG anuncia un Blu-ray que tengo reservado en Amazon desde hace meses, así que los potenciales compradores del CD harían bien en reservarse para el otro formato. Ah, de la Séptima de Beethoven que acompaña este Triple hablaré otro día.

Sinfonía nº 4 de Mendelssohn, "Italiana": discografía comparada

Esta comparativa de la Sinfonía Italiana de Mendelssohn la publiqué inicialmente el 2 de junio de 2024. He añadido Solti/Israel, Solti/Viena...