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lunes, 14 de agosto de 2023

El Beethoven de Menuhin y Klemperer

Otro reprocesado milagroso: el Concierto para violín de Beethoven por Yehudi Menuhin, Otto Klemperer y la New Philharmonia Orchestra registrado por EMI en el Kingsway Hall de Londre en enero de 1966. Aún hay cierta distorsión en los tutti, pero ahora suena con un cuerpo y una pegada impresionantes.

Por lo demás, lo interesante de esta singular y extraordinaria interpretación es el fuerte contraste entre el violín lírico y cantable de Menuhin con el antirromanticismo granítico, dramático y severo de Klemperer, de una concentración imponente –pese a la lentitud extrema– y como siempre genial a la hora de construir bloques sonoros.

A la postre, se produce un diálogo de lo más enriquecedor: en el primero se impone la batuta, en el segundo el violín –no en su mejor momento técnico, eso ya lo sabemos– se explaya con esa especial poesía, plena de naturalidad y de humanismo, que habitualmente asociamos con el mítico violinista, mientras que en el tercero las dos partes llegan a un punto de encuentro que otorga espacio para la luminosidad que la música demanda, pero sin bajar nunca la guardia.

jueves, 12 de mayo de 2022

Siete grabaciones del Concierto para violín n.º 2 de Bartók

Ni puntuaciones del uno al diez ni rábanos. Estas siete versiones del Concierto para violín n.º 2 de Belá Bartók son todas maravillosas, y las traigo aquí para animarles a ustedes a que se acerquen a esta obra maestra, que conociera su estreno allá por marzo de 1939. Meses más tarde, el mundo evocado por el compositor empezaría a desaparecer para siempre.

 


1. Menuhin. Furtwängler/Orquesta Philharmonia (EMI, 1953). Aunque la dirección es magnífica por su calidez, su plasticidad, su fraseo flexible y su sinceridad emocional, encontrando Furt el equilibrio perfecto entre lirismo, garra dramática y sabor folclórico, lo que deslumbra es un violín incandescente a más no poder, lleno de humanismo y muy lírico cuando debe, pero sobre todo intenso y punzante, que llega a ser altamente desgarrado en los momentos más extrovertidos del segundo movimiento. La reciente restauración sonora en alta definición hace que la toma sonora resulte aceptable, pero no puede evitar que la orquesta quede relegada frente al solista.

 

 

2. Perlman. Previn/Sinfónica de Londres (EMI, 1973). Una lástima que el nuevo reprocesado realizado por Warner no haya sido capaz de solucionar los problemas de la toma, con amplia gama dinámica pero turbia y distorsionada, porque la interpretación es portentosa, tanto por un violín pletórico de agilidad, riquísimo en el sonido –siempre afilado, pero con carne– y expresivo a más no poder, como por una batuta que subraya con atrevimiento las asperezas de la escritura al tiempo que despliega lirismo sensual, cantabilidad en el fraseo y sutileza tímbrica, además de mostrar un estimulante sentido de lo popular e inyectar frescura y convicción a los resultados. 

 

 

3. Kyung-Wha Chung. Solti/Filarmónica de Londres (Decca, 1976). La interpretación se encuentra marcada por la personalidad de Sir George y por su plena afinidad a Bartók. Así, el veterano maestro ofrece una buena dosis de electricidad, de incisividad y de rusticidad bien entendida, de garra y de sentido teatral, haciendo rugir a la orquesta londinense –magnífica– todo lo que sea necesario, pero se muestra asimismo capaz de remansarse para destilar un lirismo de altos vuelos y delicioso aroma folclórico. También sabe desplegar texturas de enorme sutileza tímbrica, incluyendo veladuras fascinantes y auténtica magia sonora, por no hablar de la perfección absoluta con que recrea el ambiente nocturnal del segundo movimiento. La joven Chung está formidable, no ya por la enorme belleza y homogeneidad de su sonido sino también, y sobre todo, por su espléndida manera de aunar poesía con tensión dramática, aunque en cualquier caso su enfoque es mayormente lírico, en perfecto contraste con la batuta teatral y masculina de Solti. La toma es magnífica para la época. 

 

 

4. Zukerman. Mehta/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1979). Espléndida recreación en la que sobresale un violín que se mueve por la obra con pasmosa naturalidad, sin evidenciar esfuerzo alguno, y que sabe ofrecer lirismo cálido y noble al tiempo que se encrespa para resultar altamente dramático cuando debe, todo ello sin olvidarse de los imprescindibles acentos magiares. Zubin Mehta, aun sin especial garra, desgrana la obra con enorme delectación y exquisita sensibilidad para el timbre, sobre todo en el nocturnal y mágico segundo movimiento, sin que por ello deje de ofrecer esas sonoridades vigorosas, esas ráfagas de brillantez y ese sentido del ritmo que caracterizan el arte del maestro indio. Este testimonio, que no había salido en su momento en CD, ha sido recientemente recuperado en alta definición y se localiza en las plataformas habituales.

 

 

5. Kyung-Wha Chung. Rattle/Birmingham (EMI, 1990). Vuelve la Chung a asombrarnos por la variedad de su sonido, así como su capacidad para aportar una dosis de lirismo y delicadeza muy femenina. En esta ocasión le acompaña un Rattle extrovertido, animado y con momentos de áspera rebeldía en el primer movimiento, pero también concentrado y sutil en el juego tímbrico del segundo; sin problemas en la ironía del tercero. Quizá globalmente no se llegue a la altura de la interpretación de la misma solista con Solti, pero esta se disfruta de principio a fin.

 

 

6. Shaham. Boulez/Sinfónica de Chicago (DG, 1998). Lírica y hermosísima recreación en la que un Shahan pletórico de virtuosismo canta las melodías con tanta poesía, calidez y humanismo como fuerza expresiva, tensando la música cuando es necesario y soberbiamente respaldado por un Boulez al que tampoco le interesa marcar aristas, sino dejar a la música que respire su sanísimo sabor folclórico al tiempo que –como no podía ser menos, tratándose de quien se trata– cada una de las líneas de la escritura orquestal queda maravillosamente clarificada. Un prodigio, recogido de manera admirable por la toma sonora. 

 

 

7. Faust. Harding/Sinfónica de la Radio Sueca (Harmonia Mundi, 2012). Defrauda un tanto el Allegro ma non troppo inicial. En él la solista hace gala de un sonido quizá excesivamente lírico, modelado hasta las más extraordinarias sutilezas, y deslumbrante en lo que a agilidad se refiere, pero sin la suficiente carne; tampoco su enfoque termina de ofrecer toda la garra que la música demanda. El segundo movimiento sí que es magnífico, desplegando Faust un canto muy emotivo bien respaldado por una batuta atenta, clarificadora, refinada en el tratamiento de las veladuras tímbricas, que frasea con holgura y cantabilidad. No menos espléndido el tercero, dicho con garra, mucho empuje –de nuevo pasmoso el virtuosismo del violín– y un apropiado perfume folclórico, aunque no dejando desatendidos, antes al contrario, los pasajes más misteriosos y evocadores del mismo. La coda ofrece grandeza, potencia y una buena cantidad de aristas bien subrayadas desde el podio.

martes, 23 de octubre de 2018

Karajan filmado por Clouzot: Dvorák y Mozart

Cmajor rescata en Blu-ray y DVD, con soberbia calidad de imagen –celuloide original de 35 mm– y sonido monofónico solo aceptable, esta célebre filmación de Henri-Georges Clouzot de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorák realizada con una belleza plástica tan atractiva como superficial, siempre al servicio de un Herbert von Karajan que posa –jersey de los caros y corte de pelo estudiadísimo– con los ojos cerrados y en el cénit de su narciscismo: curiosamente, la obsesión del cineasta francés por las composiciones geométricas y el tratamiento de la orquesta como un conjunto de soldados perfectamente ordenados anuncia las filmaciones posteriores del propio Karajan para Unitel.


Musicalmente, la interpretación nos muestra al maestro a medio camino entre sus aires algo toscaninianos de los cincuenta y el refinamiento sensual de las dos últimas décadas de su trayectoria. Así, el primer movimiento está dicho con decisión y fuerza expresiva, siempre bajo el más absoluto control, pero su empuje también resulta algo seco y contundente. El segundo se encuentra paladeado con enorme concentración y despliega una belleza suprema, aunque siempre en un enfoque antes evocador y sentimental que amargo. El tercero resulta impresionante, ofreciendo un tratamiento del metal que no deja de recordar a Bruckner. Ideal la Filarmónica de Berlín, claro está. El cuarto es el gran punto negro de esta lectura: aquí Karajan prefiere mucho antes lo épico –incluso lo triunfalista– que lo dramático y, obviando claroscuros expresivos, se echa a correr para montar un epidérmico espectáculo sonoro de cara a la galería. De propina, una interesante conversación entre Karajan y el musicólogo Joachim Kaiser sobre la huella del folclore norteamericano en esta sinfonía y lo que esta significa, aunque los subtítulos vienen solo en inglés

Mucho más interesante es el complemento, una filmación realizada también por Clouzot en la que Karajan esta vez une sus fuerzas a la Sinfónica de Viena para acompañar nada menos que a Yehudi Menuhin en el Concierto para violín nº 5 de Mozart. Cierto es que el mítico violinista no estaba ya en la plenitud de su técnica –es bien sabido que esta se deterioró pronto–, pero su canto se muestra tan hermoso como intenso y su expresividad despliega ese emotivo humanismo que siempre asociamos con su figura. Y la dirección de Karajan es francamente buena: poderosa y musculada, ciertamente, pero en absoluto pesadota, ni hinchada, ni fuera de estilo. Al contrario, es un prodigio de fluidez y el equilibro que se alcanza entre tensión dramática y lirismo, entre empuje y coquetería, resulta por completo admirable. Claro que tampoco vamos a ocultar que cosas más sublimes se han escuchado en el Adagio, particularmente lo de Zukerman/Barenboim de 1970 y, en no menor medida, lo que el propio Karajan hizo en 1978 con una jovencísima Anne Sophie Mutter.


El sonido estereofónico –no muy allá– en Mozart, y la propina una larga y apasionada entrevista de Karajan a Menuhin –conversación con protagonismo del de Salzburgo– seguida con un fragmento de ensayo, todo ello en inglés con subtítulos esta vez en alemán. En definitiva, un producto desigual pero con demasiadas cosas de interés como para pasar de largo.

Aprovecho para anunciar que he vuelto a abrir los comentarios en el blog, aunque advierto que solo publicaré aquellos comentarios que vengan desde "el lado amigo". Al enemigo, ni agua. Ya está bien de hacer el ganso.

Dedicado a Rodríguez Zapatero, la gran decepción

Ya saben, lo único que cantaba la Castafiore: el aria de las joyas de Fausto . Eas joyas que Mefistófeles dejó con toda la intención para ar...