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sábado, 14 de junio de 2014

Réquiem de Verdi en Valencia: un coro sensacional para una interpretación a olvidar

Ya desde la primera intervención a capella quedó bien claro por dónde iba a discurrir la interpretación del Réquiem de Verdi que ofreció ayer viernes 13 de junio, convertido en casual homenaje al tristemente fallecido Rafael Frühbeck de Burgos, la Orquesta de Valencia en el Palau de la Música de la capital: un coro absolutamente de lujo, el Philharmonia Chorus, que no será ya el mítico de tiempos de Wilhelm Pitz pero demuestra mantener la herencia intacta, manejado por una batuta (¡esos reguladores diseñados a hachazo limpio!) vulgar a más no poder, la de un Yaron Traub que ha firmado aquí el peor trabajo que le he escuchado al frente de la formación de la que después de muchos años sigue siendo titular.


No encuentro nada positivo que destacar de su labor. Ni siquiera se puede hablar en esta ocasión de comunicatividad primaria pero efectiva, de inmediatez expresiva o de seductora brillantez, que son las cosas que se suelen decir cuando la interpretación ha sido basta pero al menos ha llegado al oyente: su labor se limitó a hacer que orquesta y coros sonaran lo más fuerte posible en los momentos más espectaculares, y punto. No se debe confundir esto con la teatralidad a flor de piel, el sentido operístico y la electricidad apabullante de un Muti o un Solti (brillantísimos recreadores de la página en una línea muy distinta a la honda reflexión de un Giulini, un Karajan o un Barenboim): el maestro israelí se mostró no solo epidérmico, ajeno tanto a la poesía humanística como a la atmósfera ominosa y al sentido al mismo tiempo rebelde y suplicante de la página, sino también muy tosco a la hora de frasear, de modelar los planos sonoros, de marcar tensiones, de planificar los contrastes... ¡Qué lástima tener un coro así para una interpretación tan de andar por casa! ¡Qué desperdicio!

Maria Guleghina estuvo muy en la línea del director, es decir, a pepinazo limpio y sin detenerse en sutilezas; vocalmente anduvo accidentada (fatal el siempre peligrosísimo sobreagudo antes de la fuga final), y en lo expresivo confundió la obra verdiana con la que a esa misma hora la soprano de Odesa debería haber estado cantando -pues eso sí que lo hace muy bien- con Zubin Mehta unos metros más abajo del Turia: la Turandot de Puccini.

Del tenor César Augusto Gutiérrez solo puedo decir que se mostró sensible en lo expresivo, porque técnica e instrumento no me parecen suficientes para su parte. Enrico Iori fue el típico bajo tremolante, pero al menos fue sonoro y estuvo muy en estilo. En realidad, del cuarteto solo brilló mi siempre admirada mezzo grancanaria Nancy Fabiola Herrera, muy justita en el grave pero cantante y artista de mucha clase, además de una bellísima señora. Suyos fueron los únicos momentos emotivos de una velada decididamente a olvidar.

jueves, 27 de mayo de 2010

La Turandot de Mehta y Kaige, en Blu-ray

Me ha regalado mi padre por mi cumpleaños el Blu-Ray, editado por el sello Major, que recoge la Turandot que ofrecieron Zubin Mehta y Chen Kaige en el Palau de Les Arts en mayo de 2008. Yo el vídeo ya lo conocía a través de transmisión televisiva, y lo comenté en este mismo blog (enlace). Más adelante vi en directo la misma producción, esta vez con Patrick Fournillier a la batuta, y de nuevo tuve la oportunidad de dejar algunas impresiones (enlace). De ahí que no merezca la pena insistir en lo ya dicho: que Guleghina llega a deslumbrar en lo vocal, que Berti luce unos magníficos agudos, que Voulgaridou es una Liù del montón, que la dirección escénica es muy pobre y que desde el punto de vista plástico el espectáculo es realmente vistoso. Debo añadir, en todo caso, que siendo impresionante la dirección de Mehta pienso que aún podría hacerlo mejor, al menos ahora que he escuchado la increíble realización de Giuseppe Sinopoli (enlace).


Lo que realmente quiero ahora señalar es la muy considerable mejoria que obtiene la filmación en el formato Blu-ray. En televisión resultaba muy oscura, y cuando por fin vi el espectáculo en directo señalé lo mucho que se habia perdido por el camino. Pues bien, tenemos ahora la oportunidad de disfrutar del riquísimo colorido y de las suntuosas texturas del vestuario de Chen Tong Xun casi como si estuviéramos en el teatro valenciano. El sonido también ha mejorado de manera considerable, y eso que la toma sonora original de Unitel padece los mismos defectos del Fidelio grabado también en Les Arts (enlace): cierta opacidad, graves tendentes a la saturación y un surround bastante extraño en el que algunos instrumentos suenan por detrás. Los problemas siguen estando ahí, pero se ha ganado mucho en relieve, naturalidad y presencia gracias al espléndido DTS-HD Master Audio 5.1 (para disfrutar del cual, mucho ojo, hace falta no solo un sistema doméstico multinacal, sino también un reproductor de Blu-ray compatible). Los fabulosos conjuntos orquestales y corales del teatro valenciano son los principales beneficiados por la mejoría.



Hay algún reparo menor que hacer. Por ejemplo, que el making-of solo trae subtítulos en inglés. O que la subtitulación de la ópera propiamente dicha sufra alguna grave falta de sincronización. Pese a todo, y con las relativas desigualdades de la interpretación musical y escénica, creo que estamos ante un Blu-ray poco menos que obligatorio para todos los que amen esa obra maestra absoluta que es Turandot. Yo lo he disfrutado muchísimo. No se lo pierdan.

jueves, 14 de enero de 2010

Otro Nabucco con Guleghina: Ópera de Viena, con dirección de Luisi

Arthaus acaba de reeditar -el DVD original lo lanzó en su momento TDK- este Nabucco filmado en la Ópera de Viena el 9 de junio de 2001, solo dos meses después que la producción del Met cuya reseña colgué en la entrada anterior (enlace), asimismo protagonizada por Maria Guleghina. Junto a la soprano ucraniana se encuentran en esta ocasión el barítono Leo Nucci y ese excelente director que es Fabio Luisi.



Aunque no tengo fresco el recuerdo de la función filmada en el Met, me da la impresión de que Guleghina está mejor en Viena que en Nueva York, porque aquí no pega chillidos en el sobreagudo -en el grave se queda corta, pero es que el papel se las trae-; por lo demás, sigue haciendo gala de un instrumento magnífico, poderoso y esmaltado, y una destreza más que suficiente en las agilidades. Desde luego debería mejorar su pronunciación del italiano, pero globalmente ofrece una Abigaille más que plausible para los tiempos que corren.

Leo Nucci defrauda en los dos primeros actos con un canto vulgar y monocorde que se ve acompañado por una actuación escénica de verdadera mediocridad. Pero a partir del enfrentamiento con Abigaille la cosa cambia y el veterano barítono boloñés destapa el tarro de las esencias para ofrecernos, ya que no un canto inmaculado, sí una línea admirablemente verdiana, de amplio fiato y buen legato, y una apreciable calidez expresiva que se hace más evidente aún -sin llegar en modo alguno a lo excepcional- en el cuarto acto.

Giacomo Prestia le pone voluntad al asunto pero no puede disimular su grisura expresiva ni la tendencia al trémolo de su voz. Magnífica la Fenena de Marina Domashenko, recordada Carmen con Lombard (TDK) y con Barenboim (aún no en DVD). Miroslav Dvorsky no sale mal parado como Ismaele. En cualquier caso el nivel musical sube como la espuma gracias a Luisi, que ofrece todo lo que tiene que tener el Verdi joven, es decir, teatralidad, vigor, frescura y una sana rusticidad, pero sin caer en la brocha gorda y el efectismo de gente como Levine y compañía. Admirable el tratamiento coral, y fabuloso el Va, Pensiero.

De la puesta en escena de Günter Krämer no molesta la traslación a la época actual, porque no hay provocación alguna y tanto situaciones como personajes siguen siendo los que Verdi tenía en mente. Sí molesta la fealdad visual de escenografía, vestuario e iluminación, aunque quizá sea esto preferible a la horterada orientalizante. La dirección de actores no resulta particularmente memorable.

Sea como fuere yo he disfrutado mucho este Nabucco, que en el plano musical me parece globalmente superior al del Met, si bien quienes le concedan más importancia a las voces que a la batuta pueden no estar de acuerdo. Como son soberbios la imagen y sonido (amplísima la gama dinámica, aunque el 5.1 no es "real"), me parece muy afortunada la reedición de este DVD, que por cierto no hace mucho se pudo pillar a un precio bajísimo en la colección de ópera del diario El Mundo. Así conseguí yo el mío, claro.

miércoles, 13 de enero de 2010

Nabucco con Pons, Guleghina y Levine en DVD

VERDI: Nabucco.
Pons, Hughes Jones, Ramey, Guleghina, White, Morscheck.
Metropolitan Opera Orchestra and Chorus. Dir: James Levine.
Deutsche Grammophon, 00440 073 0779
DVD. 142’
DDD
Universal
***

image

Esta función neoyorquina de abril de 2001 transcurre bajo los previsibles parámetros marcados tanto por la convencional labor escénica del siempre correcto Elijah Moshinsky como por la batuta sin duda vistosa y teatral, pero también prosaica, efectista y vulgar de James Levine.

La velada se disfruta gracias fundamentalmente a la labor de un Juan Pons quizá no muy autoritario cuando las circunstancias lo requieren, pero sí cálido, emotivo y sincero. Todo lo contrario que Maria Guleghina, quien sale airosa -sobreagudos aparte- del temible rol de Fenena no precisamente por su capacidad para la introspección psicológica, sino por una exhibición de temperamento, ferocidad y poderío vocal de ese que despierta el frenesí entre tantos aficionados.

Samuel Ramey evidencia las limitaciones de la edad pero a ratos es capaz de hacer grandes cosas como Zaccaria, mientras que Wendi White es una digna Fenena y Gwyn Hughes Jones un Ismaele más bien discreto. El coro está mejor que en otras ocasiones.
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Artículo publicado en el número de julio-agosto de 2005 de la revista Ritmo.

PS. Guleghina tiene otros dos registros de Nabucco en DVD, en ambos junto a Leo Nucci: el que grabó en la Ópera de Viena en 2001 dirigiendo Fabio Luisi (TDK, recién reeditado por Arthaus), que espero comentar pronto en este blog, y el de la Arena de Verona de 2007 bajo la batuta de Daniel Oren (Decca).

martes, 14 de abril de 2009

La Turandot valenciana de Kaige y Mehta

Ahora que el Palau de Les Art repone su producción de Turandot (desgraciadamente la función que espero ver el próximo sábado la dirige Fournillier, no Maazel), he tenido la oportunidad de ver el video de la misma registrado en su momento por Unitel, en retransmisión televisiva realizada por el canal Arte que se supone ha de ir seguida, como ocurriera con el excelente Fidelio, a un DVD comercial. Se habló mucho en su momento de esta Turandot, así que estas líneas no tienen la intención de aportar nada a estas alturas, pero como este blog es más una carpeta de apuntes que otra cosa, aquí van mis impresiones.

Turandot_Valencia

La producción escénica, en sí misma, no me ha parecido gran cosa. Su interés es mayormente plástico: la escenografía de Liu King resulta muy vistosa y el vestuario de Chen Tong Xun es una preciosidad. Me interesa bastante menos la dirección de Chen Kaige, primer trabajo escénico del director de Adiós a mi concubina, pues aunque tiene la virtud de no salirse de madre, no sólo no aporta nada en particular (lo de la princesa de incógnito entre el pueblo no pasa de la anécdota) sino que además ofrece unas soluciones convencionales para el movimiento de solistas y masas.

Ahora bien, esta Turandot alcanza en lo musical un nivel envidiable. No he tenido tiempo de comparar esta realización de Mehta con su justamente célebre (aunque aún denostada en ciertos círculos, qué cosas) grabación para Decca con Sutherland, como tampoco con su DVD en la Ciudad Prohibida. En cualquier caso su labor es soberbia, pues sin resultar especialmente creativo ni personal, es difícil imaginar, dentro de una línea ortodoxa, una dirección claramente superior a ésta tan perfecta en el estilo, tan pucciniana como stravinskiana al mismo tiempo; tan rica en colorido y de tan agudo sentido del ritmo; tan clara y tan admirablemente construida; tan elocuente, brillante -sin asomo de retórica- y tan comunicativa.

Claro que de nada serviría la excelencia del maestro hindú si no tuviera a su disposición unos conjuntos estables como los que tiene el Palau. Que haya en España una orquesta semejante es dudoso. Que exista un coro de ópera a superior altura (el Orfeón Donostiarra es otra cosa), más que improbable. No soy el primero en decirlo, ni el último: lo que confiere al teatro valenciano su categoría es la altísima calidad de estos conjuntos. Más le valdrían a Real y Liceu tomar nota.

Las voces están bastante bien. A la Guleghina se le puede criticar su dicción del italiano, pero esta señora puede con la disparatada escritura vocal de la princesa, incluidos sus temibles saltos; como además le pone ganas al asunto, se muestra atenta a la evolución del personaje y se desenvuelve bien en la escena, el resultado es digno de admiración.

Me ha gustado Marco Berti más aquí que en su Dick Johnson de Sevilla (enlace). El papel de Calaf le permite lucirse con su brillantez en el agudo y, además, en esta producción no se nota tanto lo mediocre actor que es. El -relativo- borrón es Alexia Voulgaridou: correcta en lo canoro, parece increíble que se puedan cantar esos bomboncitos que son las arias de Liu con semejante desinterés. Una voulgaridad, vamos. El Timur de Alenxander Tsimbaliuk -más voz que otra cosa- cumple sobradamente y las tres máscaras funcionan muy bien.

¿Conclusión? Se le podrán poner muchos reparos al Palau Les Arts, pero a ver si hay teatro español capaz de ofrecer una Turandot así.

Sinfonía nº 4 de Mendelssohn, "Italiana": discografía comparada

Esta comparativa de la Sinfonía Italiana de Mendelssohn la publiqué inicialmente el 2 de junio de 2024. He añadido Solti/Israel, Solti/Viena...