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miércoles, 17 de mayo de 2017

Fleming se despide de la Mariscala

La función del Rosenkavalier que pude ver en directo a través de los cines Yelmo el pasado sábado 13 de mayo desde el Met supuso la despedida de René Fleming de uno de sus roles emblemáticos: la Mariscala. ¿La mejor desde tiempos de Felicity Lott? Probablemente. Cierto es que el prisma con que aborda el personaje es un poco más dulce y ensoñado de lo que a mí me gusta, pero su voz –pura crema–, su línea mórbida y su mezcla singular de erotismo y melancolía la hacen ideal para el personaje, por no hablar de su dominio escénico del mismo. Quizá tenga en Harteros, a la que escuché en Múnich el pasado verano, una admirable sucesora, pero la soprano norteamericana ha sido una de las más grandes en el papel. Todavía con la voz en buen estado, triunfó en una despedida en la que llovieron octavillas y recibió calurosísimos aplausos de un público que la quiere con locura.


Parece que Elina Garança también va a ir abandonando Octavian. Una pena: voz ideal para el rol, magníficamente timbrada y por completo homogénea, manejada con técnica segurísima y al servicio de una perfecta dramatización del texto, ofreciendo virilidad en su punto justo y no cayendo en el exceso de dulzura de, por ejemplo, una Von Stade. Estupenda actriz e increíblemente bello sobre la escena, es quizá el mejor Octavian que he visto y escuchado en mi vida.

La tercera en discordia era Erin Morley, voz correcta e intérprete centrada. No diré que cálida pero sí al menos musical, sin esa excesiva candidez rozando con la ñoñería con que a veces se aborda a Sophie. Quizá se pasara de rosca en el sentido contrario: la encontré un poquito histérica por momentos.

Claro que mucho más peso tiene el papel del Barón Ochs, del que se encargaba el barítono austriaco Günther Groissböck. Fue a él a quien precisamente escuché en la referida función muniquesa junto a Harteros. Entonces no me pareció gran cosa: la voz es potente pero suena trucada, se queda muy corta por abajo y las notas graves suenan como eructos. A su canto no le faltan expresividad ni ganas, sin resultar especialmente sutil. Pero claro, entonces le vi de lejos y ahora lo he hecho a través de primeros planos cinematográficos, y la cosa cambia mucho. Muchísimo: con la ayuda de una sensacional dirección de actores, ofrece desde el punto de vista teatral un Ochs de total y absoluta referencia, diríase que insuperable. Y eso que no es ni viejo, ni gordo.

Excelente el Faninal de Markus Brük. Y muy dignos todos los comprimarios, con la excepción del, a mi entender, muy mediocre cantante italiano de Mathew Polenzani: legato cero, morbidez inexistente, poesía nula. Claro que quien realmente hizo cojear a la parte musical fue Sebastian Weigle, que empuñó la batuta con adecuada energía y sentido teatral, pero por completo ajeno al espíritu de la obra. Si en los segmentos más dinámicos resultó cuanto menos correcto, cuando había que destilar esa particular mezcla de lirismo, sensualidad y magia sonora que reclaman estos pentagramas se quedó cortísimo. De sentido valsístico, ni hablemos. La Orquesta del Met apenas sonó a Richard Strauss. No hay punto de comparación con lo que hizo quien tuve la suerte de escuchar en el foso en Múnich, un Kirill Petrenko que no empezó del todo centrado pero que en el tercer acto, especialmente en el sublime terceto (¿una de las más bellas músicas jamás compuestas?), alcanzó altísimas cotas de inspiración.

Nueva producción escénica de Robert Carsen. O no tan nueva, porque el concepto era el mismo de la abucheada realización salzburguesa cuyo DVD en su momento comenté en Ritmo: la acción pasa a la segunda década del siglo pasado, la taberna es una casa de putas y en ella Octavian/Mariandel lleva la iniciativa frente a un Ochs al que no se le empina. Discutible pero muy convincente, sobre todo porque se atiende muchísimo a que la acción rime con la música y la dirección de actores es magistral. La escenografía y el vestuario ofrecen una vistosidad mucho mayores ahora que en Salzburgo. La iluminación, entonces en exceso oscura, también ha mejorado de manera muy considerable. Obviamente, se han suprimido los desnudos integrales que podían ofender al puritano público norteamericano. Que la caja de la rosa de plata recuerde a un ataúd me parece un gran acierto. La referencia final al estallido de la Gran Guerra me parece, por el contrario, algo ridícula por la manera en que está resuelta.

En fin, una función con luces y con sombras en la que, por razones fácilmente comprensibles, la gran Fleming fue protagonista absoluta. Echaremos mucho de menos su Mariscala.

lunes, 11 de octubre de 2010

Abbado y Mahler, 4x4

La inminente visita de Abbado a Madrid con la Novena de Mahler que tanta expectación ha levantado me anima a realizar una pequeña comparativa de las versiones de la obra del autor de La canción de la Tierra que más ha grabado el milanés: cuatro versiones de la Cuarta Sinfonía, nada menos. La más antigua corresponde a mayo de 1977 y en ella se ponía al frente de la orquesta más adecuada -en tiempos pasados y en actuales- para esta página, la Filarmónica de Viena. Tras varios lustros por medio en los que su fama aumenta de manera inversamente proporcional al de su interés como artista, Abbado vuelve a grabar la página en 2005 para el mismo sello, Deutsche Grammophon, pero esta vez con la orquesta de la que no mucho antes había abandonado la titularidad, la Filarmónica de Berlín. Tan solo un año más tarde el maestro registra la obra en DVD para el sello Medici Arts poniéndose al frente de la Orquesta Juvenil Gustav Mahler. Y en 2009 vuelve a filmar la página junto a la Orquesta del Festival de Lucerna, una realización que Euroarts está a punto de lanzar en DVD y Blu-Ray y que los aficionados hemos podido ya conocer a través de la correspondiente retransmisión televisiva.

Las cuatro realizaciones tiene, lógicamente, muchos puntos en común. En el plano técnico habría que destacar una admirable claridad analítica, un colorido riquísimo y una amplia gama de texturas (desde las más aristadas hasta la pura seda) que son fruto de una técnica de batuta insuperable. En el interpretativo Abbado opta por ofrecer una versión particularmente ingenua de la partitura, lo que en principio no es reprochable pero tampoco es lo que más nos gusta a algunos aficionados: uno puede terminar hartándose de tanto recuerdo infantil, de tanto lirismo melancólico y de tanta visión seráfica, y preferir opciones que acentúen el sarcasmo y el humor negro que también están presentes en la obra. En cualquier caso, insisto, la opción de Abbado es respetable… siempre y cuando no se pase con el azúcar. Y aquí es donde vienen las diferencias entre las cuatro interpretaciones del maestro.

A mi modo de ver la primera versión, la de 1977, es la más interesante de todas. Ofrece en ella un primer movimiento clásico, elegante y mesurado, quizá en exceso, sobrando -como ocurrirá en sus posteriores lecturas- algún portamento y echándose de menos mayor compromiso expresivo. El segundo muy bien dentro de una línea escasamente demoníaca, lo que no parece lo más adecuado pero resulta coherente con su visión global de la obra. Lo mejor viene con un lentísimo y concentradísimo Ruhevoll, abordado de una manera muy meditativa y espiritual -no blanda ni empalagosa- pero no desdeñando la potencia expresiva de sus clímaxs. En el cuarto movimiento una dulce Frederica Von Stade sintoniza perfectamente con este enfoque sereno y aporta una rica crema vocal.

El “remake” berlinés de 2005 nos muestra en toda su crudeza el declive artístico de Abbado. Los dos primeros movimientos siguen estando bien, aunque tanta amabilidad y distanciamiento expresivo no terminan de convencer. El problema viene con el tercero, que ahora resulta blando y empalagoso en exceso, al tiempo que las explosiones dramáticas resultan mucho más superficiales -puro deseo de epatar con los contrastes dinámicos- que sinceras. Peor aun el cuarto, donde diversos detalles de blandura horripilantes por parte de la batuta se combinan con los amaneramientos de Renée Fleming hasta el punto de hacer la audición casi insoportable.

En 2006 las cosas mejoras, pues parece que al ponerse al frente de su amada Orquesta Juvenil Gustav Mahler el maestro deja a un lado los narcisismos para volver a una visión más fresca, más espontánea, aunque de nuevo nos encontramos aquí y allá con detalles que nos hablan de una batuta mucho más interesada por el sonido en sí mismo que por su significado. Así por ejemplo nos ofrece un movimiento inicial fresco, animado, de tímbrica rica e incisiva, de una ingenuidad no demasiado naif, pero de nuevo hay que reprochar algún portamento y la obsesión por conseguir algún pianísimo inaudible. En la misma línea el segundo, muy atractivo aunque sin toda la retranca que debería tener. El Ruhevoll ya no es malo sino simplemente aséptico, cuando no se ve empañado por los malditos portamenti y por algunas sonoridades ingrávidas (¡esos violonchelos!) made in Abbado. El cuarto movimiento se beneficia del arte de Juliane Banse, que se muestra musical y por completo ajena al empalago. De voz no está del todo bien, pues el centro ha perdido bastante desde sus grabaciones con Boulez y Sinopoli (1998 y 1999 respectivamente, aburrida la primera y tan personal como interesante la segunda, dicho sea de paso).

La interpretación de Lucerna es una copia corregida y mejorada de la anterior, pues no en balde la orquesta suiza es en realidad -o eso dicen- la Gustav Mahler Jugendorchester con la adición de primeros atriles de lujo. Abbado ofrece aquí una lectura aún más ágil, fresca, natural y comunicativa, atenta a todos los resortes expresivos de la partitura, aunque de nuevo, ya se sabe, encontramos algunos insufribles portamenti, mientras que la concentración y belleza que el joven maestro había alcanzado años atrás en Viena no vuelven a aparecer aquí por ningún lado. No aporta nada la presencia de Magdalena Kozená, cortita de voz y algo insulsa en lo expresivo.

Total, a quien no conozca estas interpretaciones y esté interesado en cómo Abbado se acerca a la Cuarta mahleriana, le recomiendo que se interese por la grabación con la Filarmónica de Viena mucho antes que por las otras. Ahora bien, me parece que el DVD con la Gustav Mahler Jugendorchester hay que tenerlo en casa, pero no por la sinfonía sino por la espléndida interpretación del Pelleas und Melisande de Arnold Schoenberg que ocupa la primera mitad del concierto, que además viene acompañada de una excelente “guía de audición” sobreimpresa en pantalla. Teniendo este DVD, el que va a aparecer en Lucerna con la Kozená no aporta nada de verdadera relevancia. El CD con la Fleming no se lo aconsejo a nadie.

Ah, por si tienen curiosidad, mi versión favorita de esta sinfonía, teniendo en cuenta dirección, orquesta y solista vocal, es la de Lorin Maazel con la Filarmónica de Viena (Sony, 1983), aunque la dirección de Szell me gusta más aún. Y no quiero olvidar las interpretaciones de Klemperer y Chailly. Ni el Ruhevoll de Dohnányi, dicho sea de paso.

miércoles, 17 de febrero de 2010

El Rosenkavalier de Wernicke, una obra maestra

Herbert Wernicke preparó un Caballero de la Rosa a petición de Gérard Mortier para Salzburgo. Se estrenó allí en 1995 bajo la dirección -dicen que equivocada, yo no conozco documento sonoro- de Lorin Maazel. Pues bien, ha saltado a la prensa (qué morro tienen los de "El País", qué morro) que el belga pretende resucitar la producción en el Teatro Real madrileño. Y qué quieren que les diga, me parece una extraordinaria idea, a tenor de la maravilla teatral que podemos disfrutar en esta reposición que tuvo lugar en Baden-Baden en enero de 2009 recogida por los micrófonos y cámaras de Decca a mayor gloria de Renée Fleming.

No está clara del todo la época en que se ubica la acción: hay artilugios y algunos elementos de vestuario que remiten a un momento inconcreto de la primera mitad del siglo XX, pero la escenografía (en realidad un juego de espejos en los que se realizan multitud de proyecciones) y los trajes remiten constantemente a la Viena de María Teresa. Parece así que nos encontramos en el siglo pasado, pero en un entorno nobiliario que conserva vestidos y rituales propios de otros tiempos. Al margen de esta decisión, que ni aporta ni quita nada a la obra original, la propuesta de Wernicke es de una fidelidad al texto de Hofmannsthal realmente asombrosa.

El milagro, como dice Christian Thielemann en la media hora de bonus que acompaña al doble DVD, es la manera en la que el malogrado regista alemán consigue resultar personal sin que el espectador tenga la sensación al salir de que no ha visto el verdadero Rosenkavalier. ¿Cómo lo consigue? Pues con una dirección de actores magistral, extremadamente minuciosa, que nos aporta mil y un detalles enriquecedores sobre la psicología de los personajes, además de con un admirable sentido del ritmo teatral, con un gran sentido para no enturbiar la inteligibilidad de la acción con movimientos innecesarios y, más aún, con una enorme capacidad para ilustrar desde la escena las múltiples peripecias que nos cuenta la partitura: en algunos momentos la música parece ser la banda sonora de una película o de una obra teatral cuya existencia es previa a la composición.

En cuanto a la vertiente musical de esta grabación, la presencia de Thielemann es sin duda la piedra angular de un nivel más que satisfactorio: su irreprochable conocimiento del idioma strausisano y su alto sentido teatral terminan ganando la partida. Ahora bien, su interpretación no termina de ser redonda porque el maestro berlinés, como ya evidenció en la suite de la ópera que grabó para DG años atrás, atiende mucho más a la parte trepidante y humorística de la partitura que a su vertiente melancólica y reflexiva. Así las cosas, triunfa por completo en escenas como el enfrentamiento con Ochs o, sobre todo, la mascarada en la taberna, dotadas de un sentido del ritmo, del color y del humor realmente grandioso; la claridad orquestal es apabullante.

En otros momentos, por el contrario, se echa de menos un tratamiento más sutil de las texturas, una mayor atención al matiz expresivo y, en definitiva, un poco más de esa magia sonora que destiló Karajan en sus recreaciones de los años ochenta, inalcanzables incluso para ese otro grandísimo recreador de esta partitura que fue Carlos Kleiber. La Filarmónica de Múnich, por su parte, realiza un formidable trabajo; a decir verdad, parece sonar mejor que en tiempos de Celibidache.

Renée Fleming tiene la voz, el estilo y el físico ideales para el personaje. Su recreación, como no podía ser menos, es maravillosa, aunque es verdad lo que se ha dicho de que hace una Mariscala excesivamente ensoñada. Le pasó ya en su grabación para CD de Daphne (enlace), donde parecía en más de un momento estar cantando los cuatro últimos lieder, de los que por cierto la soprano norteamericana nos ha dejado dos espléndidos registros (enlace). En cualquier caso lo más maravilloso para mí no ha sido escuchar su Mariscala, sino verla: el rostro de esta señora, sin ser ni mucho menos el de la inalcanzable Schwarzkopf, alcanza en los finales de los actos impares una temperatura dramática acongojante, más aún incluso que con la otra gran intérprete del rol en tiempos modernos, Felicity Lott. Verdaderamente es difícil decir tantas cosas con solo una mirada. Véase si no el video adjunto.



El de Sophie Koch es un Oktavian cantado con excelente gusto y muy bien actuado, tanto en lo vocal como en lo escénico. El problema, no soy el primero en señalarlo, es que su voz es menos grave de lo que quiere el personaje. Diana Damrau, físicamente algo mayor para lo que requiere Sophie, canta de manera irreprochable y evita por completo caer en la cursilería que a veces se asocia con el papel. Lástima que junto a ellas se encuentre el Ochs mediocremente cantado -aunque bien interpretado- de Franz Hawlata, quien unos meses después nos decepcionaría protagonizando en Sevilla La mujer silenciosa (enlace).

Entre el resto del elenco hay algunas sorpresas, no siempre agradables. Nada menos que Franz Grundheber se encarga de Faninal: en lo canoro es muy poca cosa, pero su maestría en la escena se deja notar. Jane Henschel es un lujo como Annina, sobre todo porque su gracioso físico es ideal para el personaje. Y el señor Jonas Kaufmann, finalmente, hace gala de las evidentes limitaciones de su técnica destrozando la parte del tenor italiano.

Como la imagen y el sonido son excelentes -supongo que lo serán más aún en blu-ray-, este doble DVD no puede dejar de recomendarse, sobre todo por su maravillosa vertiente teatral. Y ahora, a rezar para que Mortier traiga un elenco y una batuta dignas de esta acertadísima reposición del Rosenkavalier de Wernicke para la próxima temporada.

martes, 28 de julio de 2009

Zeffirelli y Levine, dos horteras para Don Giovanni

MOZART: Don Giovanni.
Terfel, Koptchak, Fleming, Groves, Kringelborn, Furlanetto, Relyea, Hong. Metropolitan Opera Orchestra and Chorus. Dir: James Levine.
Deutsche Grammophon, 00440 073 4010
2 DVDs. 180’
DDD
Universal
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Don Giovanni_Levine
Ha querido la casualidad que este DVD llegara a mis manos justo después de ver, vía satélite, el Don Giovanni de Peter Brook y Daniel Harding. Tradicional en todo el primero, moderno en teatro y música el segundo. Mediocres los dos: la cuestión no reside en ser “carca” o “progre”, sino en hacer las cosas bien o hacerlas mal.

Así, el problema de esta producción de Zeffirelli -en su reposición de 2002 a cargo de Stephen Lawless- no es su convencionalismo, sino su vena hortera. Justamente lo que sucede con la dirección de Levine, quien además tiene a bien dejar a los cantantes a su aire. Y claro, ya se sabe lo que ocurre con Terfel cuando le aflojan la correa. Acompañando a este Don Juan a ratos seductor, a ratos zafio y vulgar, convence como Donna Anna una Renée Fleming que no cae en sus recientes amaneramientos.

Furlanetto es un Leporello ya gastado aunque aún muy capaz, Kringelborn una Elvira del montón, Groves un Don Ottavio de buena línea pero con problemas técnicos, Hong una Zerlina con aires de soubrette, Relyea un sólido Masetto y Koptchak un Commendatore muy poquita cosa.

En la propia DG está el DVD imprescindible: Furtwängler, por supuesto. De lo de Harding mejor hablamos otro día.
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Artículo publicado en el número de julio-agosto de 2005 de la revista Ritmo.

viernes, 6 de febrero de 2009

Los Cuatro últimos lieder por Fleming: ¿Eschenbach o Thielemann?

¡Eschenbach, sin duda! La primera grabación de Renée Fleming de estas cuatro obras maestras la realizó el sello RCA en marzo de 1995 poniéndose el director alemán al frente de la Sinfónica de Houston, y con ella se ofreció el que posiblemente es uno de los mejores discos Strauss de la era digital.

De entrada, sorprende la extraordinaria lentitud de la batuta: nada menos que 24’11’’ se toma Eschenbach para diseccionar, con extraordinaria meticulosidad, elevado vuelo lírico y gran sensualidad, el entramado orquestal de estas cuatro piezas. Pero no hay rastro alguno de morosidad, ni menos aún de blandura, pues es la suya una dirección muy concentrada, de pulso perfectamente sostenido, en la que se destila una expresividad contenida que parece proceder de más allá del bien y del mal. ¿Otoñal? No exactamente. ¿Filosófica? Quizá. En cualquier caso, estremecedora.

Fleming_Eschenbach

Decca ha decidido ofrecer un remake y en 2008 ha hecho que la Fleming grabe los lieder, esta vez en concierto, bajo la dirección del experimentado straussiano Christian Thielemann, un director al que no le falta talento precisamente. Pero su dirección, sin duda sensual y rica en colorido, convence mucho menos que la de Eschenbach, y no ya porque sea más rápida (21’39’’ le dura, casi tres minutos menos que a su colega) y más “terrenal”, sino por su relativa falta de concentración, sobre todo en “Frühling” y en la introducción de la sublime “Im Abendrot”, así como por resultar en algún momento más decadente de la cuenta. No ayudan una Filarmónica de Múnich con algún desajuste en concierto, ni una toma sonora más bien turbia, impropia de un sello como Decca.

Bueno, ¿y la Fleming? Magnífica en las dos grabaciones, sin duda. La soprano norteamericana exhibe su voz carnosa y sensual, un legato para derretirse , una dicción de libro y una expresividad acongojante en todo momento. Ahora bien, mientras que con Eschenbach esa expresividad se encuentra siempre contenida y no ofrece la mejor concesión a la teatralidad, al artificio o a la blandura, con Thielemann nos regala algunas frases en exceso enfáticas, fuera de estilo, que delatan su reciente tendencia al amaneramiento. La diva aquí se pone por delante de la artista.

Fleming_THielemann

Complementos. Cinco lieder con orquesta, magníficamente cantados e interpretados, se añaden en el disco de Eschenbach, quien además nos regala una suite de veinticinco minutos de Ronsenkavalier tan brillante como poética y evocadora. Cuatro lieder distintos a los anteriores aparecen en el disco de Thielemann, en el que los que realmente sobresalen son el fragmento de Elena Egipcíaca y, sobre todo, los quince minutos de Ariadna en Naxos, con una Fleming que, ahí sí, puede dar rienda suelta a su instinto teatral sin sacar los pies del plato.

La conclusión está clara. El disco de Decca, pese a su relativamente decepcionante toma sonora, es muy recomendable para todos los amantes de la música de Strauss, mucho más por los complementos que por las Cuatro últimas canciones. El de RCA, que por cierto se encuentra ya en serie media, es mucho más que eso: una grabación imprescindible para cualquier melómano, para poner en la estantería al lado de la justamente mítica, e inalcanzable, de Schwarzkopf y Szell.

jueves, 5 de febrero de 2009

Daphne por Fleming y Bychkov

Dahpne_Fleming

STRAUSS: Daphne.
Fleming, Youn, Larsson, Schade, Botha.
Coro y Orquesta Sinfónica de la WDR de Colonia. Dir: Semyon Bychkov.
Decca 475 6926
99’43’’
DDD
Universal Music
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Estamos de enhorabuena: tras olvidables incursiones en territorios ajenos a su naturaleza canora, técnica y/o sensibilidad, Renée Fleming parece abandonar el últimamente muy nutrido Club de Divas con los Papeles Perdidos para hacer algo en lo que realmente puede ser la número uno. De hecho la cremosidad de su timbre, la sensualidad de su fraseo y su sintonía estética con Strauss le permiten alzarse como la más convincente Daphne que se recuerde, por encima de otros nombres del pasado y del presente (Gueden, Sukis, Anderson e incluso la extraordinaria Popp).

Sus compañeros en este registro realizado el pasado mes de marzo de 2005 rayan igualmente a considerable altura. Incluso el otras veces horrendo Bychkov (detestable la Leningrado que ofreciera en Madrid tan sólo cuatro meses antes) se muestra en esta ocasión serio y centrado. Espléndida versión para disfrutar de esta no excepcional pero sí emotiva página en la que ya se escuchan, aquí y allá, pre-ecos de los acongojantes Cuatro Últimos Lieder.

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Artículo publicado en el número de abril de 2006 de la revista Ritmo.

PS. La Séptima de Shostakovich que Bychkov ofreció en el Auditorio Nacional en diciembre 2004 al frente de la ONE fue un cúmulo de despropósitos: efectismo y mal gusto a más no poder que, eso sí, se ganaron las ovaciones de un público abrumado por la acumulación de decibelios. Ahora que el director ruso viene al Real -o eso parece- de la mano de Mortier hemos de rezar para que sea en su foso mucho antes Doctor Jekyll que Mister Hyde, que las dos personalidades puede mostrar sin previo aviso. Sobre la Fleming hablaré en la próxima entrada.

viernes, 30 de enero de 2009

Manon Por Fleming, Álvarez y López-Cobos

MASSENET: Manon. Renée Fleming, Marcelo Álvarez, Jean-Luc Chaignaud, Alain Vernhes, Michel Sénechal, Franck Ferari, Jaël Azzaretti, IsabelleCals, Delphine Haidan, Christophe Fel, Josep Miquel Ribot, Nigel Smith, Sandrine Seubille.
Coro y Orquesta de la Ópera Nacional de París. Dirección: Jesús López-Cobos

Arthaus 107 003
2 DVDs 164’
DDD
Ferysa
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Arthaus continúa con su política de reeditar los primeros DVDs que en su momento lanzó TDK y ahora le llega el turno a esta Manon que se ofreció en 2001 en la Ópera de París con protagonismo absoluto de Renée Fleming y Marcelo Álvarez. Manon_Lopez_CobosComo han aparecido hace poco otras dos interpretaciones en este formato, las de la Staatsoper berlinesa y el Liceu barcelonés (DG y Virgin respectivamente), filmadas con pocas semanas de diferencia entre abril y junio de 2007, la comparación parece procedente.

Sensual, pícara, seductora y también desgarrada -sin aspavientos- cuando corresponde, es precisamente Fleming la que más me gusta de las tres protagonistas, pues luce un instrumento de mayor calidad y belleza aún que el de Anna Netrebko, un tanto sosa en las funciones berlinesas, y una capacidad para el matiz expresivo casi tan grande como la de ese animal escénico que es Natalie Dessay, lógicamente más ligera que sus colegas -y no muy cómoda en lo vocal- en Barcelona.

Rolando Villazón evidenció -como siempre- una emisión un tanto heterodoxa y cierta tendencia al exceso, no encontrándose del todo bien de voz en las funciones de la ciudad condal, donde además matizó menos que en Berlín. Marcelo Álvarez, tampoco impecable en lo canoro, se mostraba bastante más centrado en el estilo, elegante y refinado, pero en su Des Grieux se echan de menos la calidez y el apasionamiento del mexicano.

En la producción parisina, el Lescaut de Alain Vernhes parece preferible a un Alfredo Daza y un Manuel Lanza más bien toscos. Tanto Jean-Luc Chaignaud como el “barenboiniano” Christof Fischesser son preferibles en el rol del Conde al en otros tiempos grandísimo Samuel Ramey, que paseó los restos de su voz por el Liceu. Los secundarios de París alcanzan un gran nivel, sobresaliendo el veteranísimo Michel Sénechal como un Guillot tan divertido como indeseable.

De las tres realizaciones de foso sobresale con mucho la genial de Barenboim, llena de vuelo lírico y fuerza dramática. El siempre profesional Víctor Pablo Pérez se limita a cumplir. Y López Cobos, un director que a mí en general me gusta bien poco, da la talla en este doble DVD con una dirección irreprochable en el plano técnico y de perfecto estilo por su elevado sentido del color, mórbido fraseo y expresividad contenida (lo que no ha de confundirse con la sosería en la que otras veces cae el maestro).

Sin embargo, el otras veces admirable Gilbert Deflo no acertó en la capital francesa a la hora de insertar el bellísimo vestuario de William Orlandi en un concepto escénico convincente. Me quedo con la propuesta más teatral e imaginativa de Vincent Paterson en Berlín, y encuentro ambas muy preferibles a la fea de David McVicar que se vio en el Liceu.

En conclusión: imprescindible el DVD de la Staatsoper, muy recomendable este de París por su excelente apartado musical (para él son las cuatro estrellas) y de interés, por la acongojante recreación de la Dessay, el de Barcelona.
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Artículo publicado en el número de febrero de 2009 de la revista Ritmo, con muy ligeras amputaciones debido a la falta de espacio.

PS. En este blog tuve la oportunidad de escribir con más detalle sobre las interpretaciones dirigidas por Daniel Barenboim y Víctor Pablo (enlace).

Sinfonía nº 4 de Mendelssohn, "Italiana": discografía comparada

Esta comparativa de la Sinfonía Italiana de Mendelssohn la publiqué inicialmente el 2 de junio de 2024. He añadido Solti/Israel, Solti/Viena...