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viernes, 4 de diciembre de 2009

Jenufa en el Teatro Real: primer reparto

Salgo muy emocionado de la función. Y eso que no ha habido nada verdaderamente sensacional, excepción hecha -claro está- de la fascinante música de Janácek. Pero todos los mimbres con que contaba el Teatro Real para esta Jenufa que se acaba de presentar han funcionado con enorme solidez y han dado como resultado una de esas veladas operísticas que quedan para el recuerdo. El público así lo ha sabido apreciar y ha aplaudido con un calor sorprendente para tratarse de la noche del estreno.

La mayor sorpresa ha venido por parte de Ivor Bolton, un maestro a quien solo recuerdo haberle escuchado una correcta Calisto en el Covent Garden (enlace) y una buena Finta Giardiniera en DVD (enlace). La partitura del checo la ha dirigido de manera espléndida, y si bien es cierto que se echaba de menos una tímbrica más incisiva, con más aristas, y una mayor angulosidad en el fraseo, su labor ha estado presidida por una emotividad, un vuelo lírico y una comunicatividad sobrecogedoras. ¿Tirando a Puccini? Pues sí, un poco, pero no me parece censurable en esta obra de un Jánacek aún juvenil y no del todo alejado de la tradición.


Además, hizo Bolton sonar a la Sinfónica de Madrid con una redondez admirable y estuvo muy atento a los sonidos carnosos de la madera y de la cuerda grave, aunque el maestro no pudo hacer nada para evitar que los metales a ratos resultaran algo pobres y que, en general, los instrumentistas no lograran estar a la altura del tremendo virtuosismo exigido por la escritura del autor.

Amanda Roocroft se mostró un tanto desdibujada en el primer acto, quizá porque la orquesta la sepultó en más de un momento. Estuvo por el contrario fantástica en el segundo, luciendo una voz bonita y homogénea y una emotividad que supo evitar tanto el desmadre verista como la melifluidad lacrimógena. Buen nivel canoro el de los dos tenores, Nikolai Shukoff y Miroslav Dvorsky, sobresaliendo particularmente el Laca del segundo gracias a un agudo bastante más desahogado que el de su colega. No sé cómo se desenvolverán estos chicos en otros repertorios, pero en personajes un tanto rústicos como estos funcionan irreprochablemente. Algo parecido se puede decir de la abuela de Mette Ejsing. Los comprimarios han estado muy bien.

Claro que quien se ha llevado el gato al agua fue Deborah Polaski , una soprano por la que no siento especial simpatía pero que hoy me ha tocado el corazón. La señora es grande, muy alta y corpulenta, además de bastante fea. Recuerda a la Novia de Frankenstein. Como además resulta ser una fabulosa actriz, sobre la escena mete verdadero miedo. Su voz, ya se sabe, destemplada pero la de una dramática auténtica, si bien la proyección se resiente un tanto según su ubicación en el escenario.

Lo más interesante, en cualquier caso, es que la soprano norteamericana no se conformó con "chillar" el personaje: hubo algún grito, sí, pero cantó con una línea que sabía atender tanto a la vertiente más dura del personaje como a su parte más vulnerable y torturada: el legato y la morbidez en el fraseo le otorgaron a la Sacristana una dimensión profunda, emocionante y por momentos conmovedora. El único reproche que le debo hacer es que en una reciente entrevista le haya tirado los trastos a la Silja, que se ocupa de la Kostelnicka en el segundo reparto. ¡Qué poco estilo!

Me ha gustado la puesta en escena de Stéphane Braunschweig , bastante más acertado aquí que en el Fidelio con Barenboim que le vimos hace años en este mismo teatro. He echado de menos un punto más de profundización en la complicada psicología de los personajes, pero en su labor ha habido sabiduría escénica, buena dirección de actores, una luminotecnia muy cuidada, un buen uso metafórico de los elementos escénicos -sin caer en la pedantería- y, sobre todo, una gran honestidad y un encomiable respeto a las intenciones del autor. No es poco en los tiempos que corren.

Ah, ha habido charla previa a la función, pero a pesar de la soberbia dicción del ponente -no recuerdo su nombre- me ha gustado muchísimo menos que las magníficas de Téllez en Lulu e Italiana. La verdad, leer una conferencia no me parece de recibo. Ahora, a esperar al segundo reparto, a ver cómo está de voz mi adorada Silja.

miércoles, 7 de enero de 2009

La finta giardiniera por Bolton y Dörrie

MOZART: La finta giardiniera.
Reinprecht, Graham-Hall, Ainsley, Gens, Kucerová.
Orquesta del Mozarteum de Salzburgo. Dir: Ivor Bolton.
DG, 073 4222
2 DVD.
161’ DDD
Universal
***


“First time on DVD”, reza la etiqueta de la carátula. ¡Mentira! Sí que es cierto en otros títulos de esta colección, pero en el caso de esta deliciosa ópera que es La finta giardiniera hay ya otras tres ediciones, todas ellas disponibles en España por un precio muy similar a esta de DG: la de Östman en Drottningholm, totalmente historicista en música y en escena, la de Harnoncourt en Zurich con instrumentos originales (TDK), comentada muy elogiosamente por José Sánchez Rodríguez en el número de diciembre, y la de Ópera de Stuttgart de 2004 dirigida por Zagrosek (Arthaus) que reseñé yo mismo sin especial entusiasmo el mes pasado (enlace).

Esta grabación salzburguesa de enero de 2006 comparte la protagonista de la última citada, una correcta pero algo agria y tirante Alexandra Reinprecht. Globalmente el resto del elenco es superior, sobresaliendo la elegancia y sensibilidad de John Mark Ainsley y la lujosa presencia de Véronique Gens, a la que por cierto no le cuesta esfuerzo alguno interpretar a la diva estúpida que en esta producción es Arminda. Adriana Kucerova hace una notable Serpetta, mientras que el resto es más normalito.

Como la de Zagrosek, la dirección de Bolton opta por criterios semi-historicistas al frente de una orquesta de instrumentos modernos, compartiendo las mismas virtudes e insuficiencias que aquél: teatralidad, frescura y sentido de los contrastes frente a un limitado vuelo lírico, cierta precipitación y alguna tosquedad. La única diferencia reseñable es que Bolton sí incluye la partitura en su integridad.

Lo que aquí se sale de madre es la escena. De Doris Dörrie ya conocíamos en DVD su primera incursión operística, un magnífico y muy original Così con Barenboim (en TDK, imprescindible). Luego vino el escándalo de su Rigoletto ambientado en el Planeta de los Simios en el que el bufón y su hija eran los únicos humanos en una corte de monos. Esta Finta Giardiniera es algo menos radical: huyendo del Contino Belfiore, la Marquesa Violante llega hasta un moderno supermercado de jardinería donde se camuflará entre lindas florecillas que danzan al compás de la música, numerosos artículos en rebajas, un jefe aficionado al acoso sexual y la mismísima planta carnívora gigante de La tienda de los horrores (¿se acuerdan?), que intentará merendarse a varios de los protagonistas.



A mí el resultado me gusta, y no sólo porque la idea está bien llevada a la práctica, sino porque esa idea en sí misma no choca con el espíritu de una obra a cuyo más que convencional libreto le sienta muy bien semejante sentido del humor. Todo lo contrario de lo que ocurre en el Ocaso de Alfred Kirchner en Bayreuth o el Don Carlos de Peter Konwitschny en Viena que ahora se ofrece en el Liceu, por poner dos célebres ejemplos en los que los gags de la escena atentan abiertamente contra lo que se escucha.
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Artículo publicado en el número de marzo de 2007 de la revista Ritmo.

jueves, 2 de octubre de 2008

La Calisto en el Covent Garden

Aprovechando una fiesta local en Siles tomé un avión para pasar tres noches en Londres; en total, dos días y medio aprovechadísimos en los que pude asistir a seis espectáculos musicales sobre los que poco a poco voy a ir anotando algo en este cuaderno de bitácora. Empiezo por el primero, una producción de La Calisto que ya se había visto en la Ópera de Baviera (se volverá a ver dentro de unos meses) que ha recalado ahora en el Covent Garden.


No fue un espectáculo redondo, pero me lo pasé estupendamente. Mereció la pena gastarme las libras en una butaca en segunda fila, porque la producción de David Alden saca muchísimo partido de la gestualidad de los cantantes y, además, resulta plásticamente muy atractiva gracias a los diseños pop-psicodélicos de Paul Steinberg. Por descontado que hay unas cuantas salidas de tono y algún detalle gratuito para llamar la atención (qué pesado Mercurio todo el día con la PDA esa), pero el resultado es coherente en sí mismo, está realizado con inteligencia, saca buen partido de una peculiar actualización de la mitología clásica, sintoniza con el desarrollo musical de la obra y sabe ser muy divertida sin descuidar la parte dramática de la pieza: el final, hermosísimo y más bien deprimente, es de los que se quedan en la memoria por mucho tiempo.

Me pareció muy bueno y equilibrado el elenco vocal, a pesar de que la Calisto de Sally Matthews, más bien estridente, sólo convenció en el bellísimo "duo" con Giove del último acto (¡vaya música, por cierto!). Este papel estuvo en manos de un Umberto Chiummo magnífico como actor y más que solvente en lo vocal, aunque para hacer de Júpiter travestido en Diana se llegó a una solución mixta bastante insólita, la de cantar a ratos en falsetto (bastante menos bien que Marcello Lippi en la grabación de Jacobs) y dejar en otras ocasiones que desde el foso Monica Bacelli le pusiera voz a su "playback". Esta última realizó una labor notable y dio rienda suelta en lo actoral a esa extraordinaria capacidad histriónica que ya le disfruté en su Tamerlano de Madrid junto a Domingo (más que en el espléndido DVD dirigido por Pinnock).

Véronique Gens, aun como siempre un pelín sosa, fue una Juno de lujo por pasta vocal y hermosa línea de canto, Markus Werba estuvo muy bien como Mercurio y Guy de Mey -otro lujo- cantó y actuó estupendamente el rol de Linfea. Dominique Visse, ya mermado en lo vocal y recurriendo a algún que otro truco, nos divirtió a todos muchísimo en su emblemático rol del satirino, robando la escena cada vez que aparecía con una actuación de verdadera matrícula de honor. Descacharrantes sus escenas con Linfea.

Claro que quien se llevó el gato al agua fue Lawrence Zazzo. Como nunca le había escuchado, para mí fue una verdadera revelación: un contratenor de voz bellísima y línea exquisita que nos emocionó a todos profundamente con su tan lírico como apasionado Endimione, un rol que en esta producción adquiría una importancia especial en su desventurada pasión por Diana. Pronto hará Giulio Cesare en Sevilla, así que ya tengo una razón más para no perderme ese título. Por cierto, amabilísimo y encantador en la firma de autógrafos, todo lo contrario que la Gens, como siempre en plan diva. Y Dominque Visse ya es un señor canoso: ¡cómo pasa el tiempo!

Ni Ivor Bolton dirigió mal ni los de la Orchestra of the Age of Enlightenment son malos músicos, pero la comparación con lo que en su momento hicieron Jacobs y su Concerto Vocale no les deja en buen lugar: eché de menos variedad expresiva e imaginación. También hubiera preferido una instrumentación más rica, a pesar de que en sus espléndidas notas al programa Álvaro Torrente advertía contra esta práctica y acusaba veladamente a Jacobs de hacer con Cavalli algo parecido a colorear película en blanco y negro. ¿Pero acaso no es sabido por todos que en el repertorio renacentista y barroco las cuestiones organológicas están más en función de la disponibilidad de instrumentos en un momento dado que de otra cosa? En cualquier caso, me lo pasé pipa en esta función matinal del Covent Garden. Por cierto, curiosa costumbre esa de los ingleses de ir corriendo a por un helado en los intermedios, sea la hora que sea. Para que luego se molesten si los llaman excéntricos...

Ah, aquí a un vídeo de la Ópera de Baviera sobre esta producción: enlace

Dedicado a Rodríguez Zapatero, la gran decepción

Ya saben, lo único que cantaba la Castafiore: el aria de las joyas de Fausto . Eas joyas que Mefistófeles dejó con toda la intención para ar...