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martes, 30 de marzo de 2021

El Mesías por Klemperer

Es Martes Santo y toca El Mesías: recuerden que Händel se acostumbró a interpretar su genial oratorio precisamente en tal fecha. este año he optado por la interpretación registrada en 1964 por EMI con Otto Klemperer poniéndose al frente de la increíble Orquesta Philharmonia y de su no menos asombroso coro, dirigido este por el inolvidable Wilhelm Pitz.

Los primeros compases de la introducción, pesadísima y amorfa, un disparate de esos que no se olvidan, nos ponen los pelos de punta. Pero los peores augurios no se confirman, sino tan solo que nos encontramos ante la interpretación que nos podíamos esperar: claramente detrás en cuestiones estilísticas de los músicos más avezados por aquellas fechas en este repertorio –con el historicismo las distancias son siderales, pero no procede realizar esa comparación–, al tiempo que una monumental demostración de la capacidad de Klemperer para levantar edificios de granito en los que priman el análisis de la polifonía y los grandes bloques de tensión, todo ello bajo una óptica expresiva tan austera como dramática –en el sentido de hondura trágica, no en el de teatralidad– en la que la personalidad del intérprete se impone frente a cualquier otra consideración. Ideal, por tanto, para quienes quieran conocer desde una perspectiva aestilística, pero reveladora a más no poder, del magistral diseño salido de la pluma haendeliana. No así para quienes quieran disfrutar de la variedad en la expresión, la agilidad, el sentido de los contrastes y la delectación sensual que anidan en estos pentagramas.

¿Significa todo esto que la dirección de Klemperer no emociona? Pues tampoco es eso: la primera parte ofrece momentos de contemplación humanística tan recogidos como sinceros, la segunda indaga en el pathos de la música y la tercera culmina con una fuga de auténtica fuerza visionaria. Ni que decir tiene que orquesta y coro, de tamaño muy grande, tocan de manera insuperable y están tratados con una depuración sonora milagrosa.

Desigual el equipo de cantantes La morbidez del canto de Elisabeth Schwarzkopf y la valentía de Nicolai Gedda se ponen muy por delante de su falta de propiedad estilística. Pero Grace Hoffmann se limita a cumplir y Jerome Hines impacta más por su poderosísima voz de bajo que por otras cuestiones. En lo que a la toma sonora se refiere, hay cuerpo y una amplia gama dinámica, pero todo suena como velado. Soplido de fondo no hay apenas, así que se deduce que los que hicieron los “remasterizadores” de 1990 –ya se sabe cómo se las gastaban por entonces– decidieron contentar a los melómanos más catetos rebanando los agudos. Si volvieran a las cintas originales muy probablemente se ganaría en limpieza y brillante.

Mi versión favorita sigue siendo la de Sir Colin Davis en LSO Live

viernes, 25 de agosto de 2017

El Falstaff de Karajan y Gobbi

El redescubrimiento del Falstaff verdiano de Bernstein tras su nuevo reprocesado me ha conducido a volver asimismo a la justamente célebre grabación realizada diez años antes, en junio de 1956 para concretar, por el productor Walter Legge uniendo las fuerzas de su Philharmonia Orchestra y su señora esposa Elisabeth Schwarzkopf con las de Herbert von Karajan y Titto Gobbi. La comparación no deja lugar a dudas: la de Lenny es más recomendable por la genialidad tanto de la batuta y como del protagonista canoro, pero en esta del sello EMI hay cosas extraordinarias.


Es el caso de la Alice de la Schwarzkopf, un prodigio de erotismo, de picardía, de elegancia y de inteligencia. No se puede ser más expresiva y más sutil al mismo tiempo, más lúcida e intencionada. O de la Quickly de Fedora Barbieri, una voz sensacional manejada con tremendo acierto teatral. Tampoco se queda precisamente corto el aún joven Rolando Panerai en la primera de sus grabaciones de Ford, mientras que la jovencísima Anna Moffo –veinticuatro años– compone con una voz que es pura crema una sensualísima, en absoluto ñoña Nanetta. Tampoco está nada mal la Meg de Anne Merriman. Al que sí le ha sentado regular el paso del tiempo es al Fenton de Luigi Alva.

¿Y Gobbi? A todas luces un buen Falstaff, desde luego mucho antes rufián que noble venido a menos, pero la comparación con Fischer-Dieskau deja en evidencia la tosquedad y el carácter lineal de su línea de canto, nada pródiga en matices. En cualquier caso, en el gran monólogo que abre el tercer acto el barítono italiano da buena cuenta de su incuestionable sabiduría teatral, que también se manifiesta en múltiples detalles aquí y allá.

Karajan contaba cuarenta y ocho años a sus espaldas y se hallaba en una fase de transición en su carrera, dejando atrás el nervio, la rigidez y la incisividad toscaniniana para ir en busca del refinamiento, la flexibilidad y la opulencia que le caracterizarían en sus grabaciones para DG. Aquí, por tanto, encontramos un poco de cada cosa, y al tiempo que se reconocen ecos de la manera particularmente agresiva que tenía Toscanini –cuyo Falstaff el de Salzburgo pudo conocer de primera mano ejerciendo como repetidor– de abordar esta obra, bien subrayada por las ácidas maderas de la orquesta de Klemperer, hay también una búsqueda de tempi relativamente sosegados, un indisimulado intento de trabajar con la mayor finura de trazo posible y un alejamiento de los excesos de mordacidad para acercarse a una visión más amable de la obra donde los aspectos melódicos tengan un papel destacado. Haciendo uso de tempi mucho más rápidos, Bernstein llegará más lejos en lo que a teatralidad, sentido del humor e imaginación se refiere, pero Karajan le aventaja a la hora de desmenuzar la partitura y de destilar sensualidad, venturosamente respaldado por una toma estereofónica soberbia para la época.

martes, 24 de diciembre de 2013

A modo de felicitación navideña

Tengo muchas cosas pendientes por escribir por aquí, pero –pese a estar de vacaciones– poquísimo tiempo disponible para el blog. Aun así, quiero desearles a todos ustedes lo mejor para estas Navidades con el más famoso villancico de todos los tiempos cantado por mi soprano preferida. Sí, ya sé que quedo fatal si no digo que mi podio lo ocupan la Callas o la Caballé. Qué le vamos a hacer, si ellas nunca me entusiasmaron como esta otra señora. Lo dicho, ¡Felices Fiestas!

domingo, 24 de marzo de 2013

La Pasión según San Otto Klemperer

La primera grabación que escuché en mi vida de La Pasión según San Mateo de Bach, y aquella con la que aprendí a amar la obra, fue la que grabó Otto Klemperer en Londres (dos recintos distintos: el Kingsway Hall y Abbey Road) en 1961, al frente de su fabulosa Philharmonia Orchestra y el no menos fabuloso Philharmonia Chorus de Wilhelm Pitz, para el sello EMI. Hacía muchos años que no la escuchaba. Hace unos días he vuelto a ella atraído por el nuevo reprocesado realizado en Japón en 2008, que he podido conseguir de manera sarracena, nunca mejor dicho, en The Pirate Bay.

Dos chascos. Uno, pequeño: tímbricamente este registro sigue sin sonar bien (no he podido hacer la comparación con mi antigua copia), aunque también es cierto que la gama dinámica es amplísima, recogiendo muy bien el contraste entre los recitativos, las arias con sus correspondientes obligati y el despliegue de masas corales, aquí de enorme tamaño. Eso sí, he usado una opción de mi receptor que “estira” los dos canales originales hasta los siete que tengo alrededor de mi asiento, consiguiendo así que las dos orquestas y los dos coros usados por Bach estén colocados de manera perfectamente antifonal, a mi derecha y mi izquierda, mientras que los solistas se distribuyen a mi alrededor.

Cover

El otro chasco: esta lectura ha perdido no poco en algunos aspectos. Igual que la interpretación de Rossini o de Puccini no son ahora las mismas que las de hace unas cuantas décadas, la del Barroco ha cambiado una enormidad en tan solo cuarenta años. No digamos en los cincuenta y dos que han transcurrido desde esta grabación. Por descontado que a mí me convencen poco ciertas propuestas minimal que hoy parecen estar de moda, porque las pasiones bachianas exigen claramente densidad tanto sonora como espiritual, pero tampoco me encuentro a gusto con una articulación como la que aquí se despliega. Por no hablar de los tempi: 223 minutos frente a los 154 del último registro de Ton Koopman del que hablé por aquí, o a los 153 de la segunda de Herreweghe que también tengo comentada, para que se hagan una idea. El bajo continuo de la Philharmonia suena pobre y muy perdido, mientras que los solistas de la orquesta, de una musicalidad asombrosa, tampoco están muy en estilo. Ni había manera de que lo estuviesen por aquellas fechas, desde luego.


Claro está que todo esto es relativo, porque Otto Klemperer fue uno de los más geniales directores de todo el siglo XX y eso se nota: su manera de sostener el pulso pese a la tremenda lentitud, su abrumadora fuerza dramática, su tratamiento al mismo tiempo rocoso y perfilado de los timbres, la tensión armónica que se deriva de su tratamiento de la polifonía… Y por encima de todo ello, su profundísima espiritualidad, nada retórica y de una desolación digamos existencialista que, digresiones teológicas aparte, casa muy bien con la temática del libreto. El coro inicial, impresionante. El conclusivo, sublime.


Lo que me parece que sigue estando por completo vigente es el equipo de cantantes, aunque aquí hay que matizar: mi adorada Elisabeth Schwarzkopf, pese a detalles de enorme clase, no está aquí especialmente memorable, y el enorme Nicolai Gedda tampoco encuentra muchos momentos para lucirse. Pero lo del matrimonio Christa Ludwig/Walter Berry no tiene nombre: belleza, sensualidad, emotividad y profunda religiosidad difícilmente habrán alcanzado nunca una armonía así. Las dos arias que les he dejado a través de YouTube –son interpretaciones conocidísimas, desde luego– dan buena cuenta del nivel de absoluta excelsitud del que estamos hablando.

El Evangelista de Peter Pears no tiene la belleza vocal del referencial Peter Schreier, pero canta con valentía, teatralidad e irreprochable gusto. En cuanto al Jesús de Dietrich-Fischer Dieskau, escuchándolo se da uno perfecta cuenta de lo que ha sido el barítono alemán: el más grande cantante clásico de todo el siglo pasado. Un solo recitativo de Bach cantada por él ya contiene mucha más espiritualidad sincera que cualquier “canción con guitarra” de las que se suelen escuchar en misa. A los buenos melómanos no hace falta decirles nada porque ya conocerán este registro. A los que tengan prejuicios ante las interpretaciones mastodónticas del Barroco vaya mi consejo: pese a los reparos expuestos, no se lo pierdan.

lunes, 28 de marzo de 2011

Schwarzkopf en Salzburgo, con mejor sonido

SCHWARZKOPF, Elisabeth: Lieder de Wolf y Schubert.
Wilhelm Furtwängler y Gerald Moore, piano.
Orfeo, C 826 103 D
3 CDs 207’16’’
ADD
Diverdi
**** R
M

Este triple compacto dedicado a los recitales de lieder de la Schwarzkopf en Salzburgo ofrece dos partes diferenciadas. Por un lado tenemos una primicia: la velada Schubert de 1960 junto a Gerald Moore, un perfecto ejemplo de cómo combinar páginas bien conocidas con otras infrecuentes y planificar la variedad expresiva. Por otro nos encontramos con una muy amplia colección de lieder de Wolf extraídos de varios recitales ya publicados previamente por EMI. Los dieciséis pertenecientes al mítico recital de 1953 con Furtwängler al piano suenan ahora bastante mejor -volumen más bajo, menor número de clics y saturaciones -, pero quienes quieran la media docena que falta tienen que seguir acudiendo a la edición del sello británico. Los demás lieder, todos con Moore, proceden de 1957, 1958 y 1963, y es de suponer -no he podido realizar la comparación- que también han mejorado su sonido gracias a los ingenieros de Orfeo.

¿Interpretaciones? Nada nuevo: dicción perfecta, inteligentísimo control de unos medios limitados (hay roces, tiranteces y cambios de color, sobre todo en Schubert) y una asombrosa paleta de matices expresivos que va desde la ira hasta la más concentrada meditación, pero en la que sobresalen esa picardía un tanto irónica y esa sensualidad sofisticada -pero jamás fría ni falta de sinceridad- que se encuentran indisolublemente asociadas a la incomparable soprano prusiana. Gran Moore, inmenso Furtwängler.

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PS. Escribí este artículo el pasado mes de diciembre para la revista Ritmo, pero los recientes problemas de espacio han impedido que de momento se haya publicado. Cuelgo aquí el texto a manera de aviso para navegantes: si usted, como yo, es de los que adoran a la Schwarzkopf, tienen que hacer la compra aunque posean ya las ediciones de EMI. Una lástima, eso sí, que no se incluyan los textos cantados.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

El Hänsel y Gretel de Karajan

Humperdinck: Hänsel und Gretel.
Grümmer, Schwarzkopf, Metternich, von Ilosvay, Schürhoff, Felberrmayer. Philharmonia Orchestra. Dir: Herbert von Karajan.
Naxos, 8.110897-98.
2 CDs. 127’21’’
ADD
Ferysa
****

Al igual que otros sellos baratos pero ofreciendo una mucho más cuidada restauración sonora realizada a partir de discos de vinilo, Naxos sigue aprovechando la caducidad del copyright de las grabaciones con más de cincuenta años para incluir en su propio catálogo registros tan míticos como este celebradísimo Hänsel y Gretel de 1953.

Se trata de una producción de Walter Legge para EMI, muy cuidada en el aspecto teatral, en la que reunió un elenco de extraordinaria solidez encabezado por su esposa, la inolvidable Schwarzkopf, y adjudicó la dirección musical a un joven y ya encumbrado Karajan, una batuta por entonces bastante más prosaica de lo que suele afirmar cierto sector de la crítica -lo que en esta grabación queda meridianamente claro-, pero aun así de incuestionable solvencia. Lástima que la toma de sonido, muy buena pero monofónica, no le beneficie.

En los veinte minutos de bonus tracks podemos disfrutar, entre otras cosas, de unas deliciosas Conchita Supervía y Elisabeth Schumann.
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Artículo publicado en el número de marzo de 2005 de la revista Ritmo.

Sinfonía nº 4 de Mendelssohn, "Italiana": discografía comparada

Esta comparativa de la Sinfonía Italiana de Mendelssohn la publiqué inicialmente el 2 de junio de 2024. He añadido Solti/Israel, Solti/Viena...