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martes, 11 de diciembre de 2012

Más música antigua en Úbeda y Baeza

Llega el Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza a su decimosexta edición. El año pasado mostraba en este blog mi preocupación por el futuro. Pues bueno, a pesar de la crisis y de la brutal subida del IVA debido a que los eventos musicales han pasado a ser considerados por nuestros gobernantes como “entretenimiento”, IVA que por cierto ha de ser asumido por la organización toda vez que los precios de las entradas no se han tocado, lo cierto es que se mantiene un nivel medio interpretativo apreciable, una atractiva diversificación de los espacios escénicos por diferentes puntos de la geografía jiennense y una cantidad realmente alta de conciertos, veintiséis programas en total, independientemente de que para “rellenar huecos” se haya recurrido a grupos modestos no siempre históricamente informados.

Ha habido, además, una cantidad importante de invitados oficiales: la noche del sábado 8 de diciembre conté, en el concierto de Alia Musica, un total de siete bancas con asientos reservados, lo que hacen, a cuatro plazas cada una, un total de veintiocho entradas de protocolo, incluyendo varios críticos de la prensa especializada andaluza y nacional. Esto último implica la consecución de algo decisivo, una digna cobertura por parte de los medios correspondientes que sirva para nutrir de público a futuras ediciones, al tiempo que indica, junto a la importante cifra de conciertos arriba referida, que el presupuesto manejado no resulta tan exiguo como nos podíamos temer. La implicación de organismos como la Junta de Andalucía, la Diputación de Jaén, los respectivos ayuntamientos de Úbeda y Baeza, la Universidad Internacional de Andalucía y la Universidad de Jaén, además del CNDM dependiente del INAEM -con Antonio Moral a su frente-, el Obispado de Jaén y la Sociedad de la Vihuela, explica tan satisfactoria circunstancia. Decididamente, por mucho que se empeñen mis queridos liberales, la participación amplia del erario público resulta indispensable para la existencia de manifestaciones culturales todo lo minoritarias que se quiera, pero de indiscutible calidad y necesarias para algo que va mucho más allá del referido entretenimiento.

Ya dije algo aquí sobre un concierto de dos trompetas y órgano en Villacarrillo y del recital de Marta Almajano. Me toca ahora dejar apuntes sobre lo que pude escuchar en el puente Constitución-Inmaculada. El jueves 6 de diciembre arrancaba un pequeño ciclo en conmemoración de la Batalla de las Navas de Tolosa (1212: comienzo de la conquista cristiana de Andalucía), organizado en coproducción con el Centro Nacional de Difusión Musical. La velada en cuestión, que se celebró en las ruinas de San Francisco de Baeza, tuvo como protagonista al célebre Ensemble Andalusí de Tetuán, al que tenía ganas de escuchar en directo desde hace muchos años. Me gustó la música -magrebí pero con raíces en Al-Andalus, claro- y me gusto la interpretación, de la que no puedo decir nada por mi desconocimiento del repertorio. Para mí resultó de enorme interés el conjunto de explicaciones que ofrecieron. ¿Por qué otros intérpretes no hacen lo mismo?

Justo eso, algún comentario más o menos acertado, es lo que le faltó a la una del mediodía del viernes al espléndido recital ofrecido al frente del soberbio órgano barroco de la iglesia baezana de San Andrés por el joven pero muy experimentado instrumentista zamorano Juan María Pedrero. De acuerdo con que entre el escaso público asistente -comenzamos unos cuarenta, luego fueron llegando unos veinte o treinta más- debía de haber algunos enormes frikis de este repertorio, pero sospecho que la mayoría de los asistentes no éramos expertos en la interesantísima música del protagonista del evento, Juan Bautista Cabanilles. La humedad, la niebla y el frio no acompañaron.

A las tres de la tarde pudimos asistir a la emisión en directo del programa Los clásicos, de RNE. Fue curioso. Me divirtió que el locutor afirmase que el recinto estaba “abarrotado” cuando alcanzaba en realidad el sesenta por ciento de ocupación (aun así, bastante gente). Y me interesaron las brevísimas actuaciones de Alia Musica y La Danserye, aunque a mí quien me sorprendió fue la soprano Verónica Plata, una voz de mucho fuste que sabe cantar con gracejo. Entre los invitados a la tertulia se encontraba Antonio Moral.

A las ocho y media de la tarde tenía lugar el concierto de Alia Musica en la iglesia románica baezana de Santa Cruz. Pude asistir por los pelos: las cien entradas que se pusieron a la venta estaban agotadas desde hace días, pero haciendo cola con más de una hora de antelacion pude pillar una de las treinta adicionales que se vendieron esa misma tarde. Sospecho que debió de haber público que se quedó sin entrar. El título del programa era Secreta mulierium: la mujer y la música en el siglo XIII. En realidad, monodia y polifonía religiosa del siglo citado y del anterior, incluyendo alguna página del Códice de las Huelgas, más una canción de la Condesa de Día. Una preciosidad. El grupo de Miguel Sánchez me parece el mejor en España para este repertorio. En parte por la enorme seriedad filológica y musicalidad expresiva de su director. En parte porque las voces de Albina Cuadrado, Helia Martínez, Carolina del Solar y Patricia García-Salmones, sin ser impecables en lo técnico -tampoco es fácil cantar en medio de semejante frío- son de incuestionable calidad y cantan con un gusto exquisito que ya quisieran para sí muchas otras.

Al día siguiente los conciertos se trasladaron a Úbeda. A la una del mediodía la iglesia barroca de La Trinidad acogía al grupo Trombetta Antiqua: dos trompetas y órgano, igual que el concieto de Villacarrillo a cargo de Triorganum. De hecho uno de los trompetistas era el mismo, Vicente Alcaide Roldán, esta vez acompañado de Alejandro Gómez Hurtado. La diferencia es que ahora se usaba trompeta natural, aunque el órgano seguía siendo eléctrico. ¡Cómo me hubiera gustado escucharles con el instrumento de San Andrés de Baeza! Aunque las circunstancias no eran favorables -se fue la niebla del día anterior, pero no el frío-, se disfrutó del programa Bologna 1650-1750, integrado por páginas de Giuseppe Jachini, Petronio Franceschini, Giovanni Bononcini y Francesco Manfredini, más piezas de Correa de Arauxo y Cabezón a cargo del organista Santiago Báez. Todo ello, a mi entender, en interpretaciones de muy apreciable dignidad, en conjunto más que las de Triorganum por el mayor equilibrio del conjunto. El público aplaudió con merecido entusiasmo.

Hespèrion XXI la tarde del sábado. Desagradable sorpresa al  llegar: veinticinco minutos antes de la hora de comienzo, la cola en el patio del Hospital de Santiago era ya muy larga, y aun tuvimos que esperar de pie, pasando un frío considerable, hasta que se abrieron las puertas a las ocho y veinticinco. Las entradas estaban sin numerar: imaginen el follón por coger los mejores asientos. Al terminar se vendían discos de Jordi Savall en la conserjería del edificio, pero solo nos dejaban acceder al mostrador para ver el producto pasando ¡de cuatro en cuatro! Nueva cola, claro está. Total, un cutrerío organizativo en lo que a estos aspectos se refiere.

Sin novedad con respecto al concierto propiamente dicho, con el programa Kalenda Maya, Cantos y danzas del Palacio y del Desierto en tiempos de la Batalla de las Navas de Tolosa y del Reinado de Alfonso X El Sabio: Cantigas de Santa María, alguna cosa andalusí, música sefardí, danzas italianas y piezas de Armenia, la mayoría bien conocidas por los aficionados y desde hace tiempo en el repertorio savalliano. Fueron interpretadas por un Jordi Saval y un Dimitri Psonis tan sensibles e imaginativos como siempre en este repertorio, más un Pedro Estevan que -estoy seguro- en el futuro será considerado como uno de los más grandes intérpretes musicales que ha dado España en el siglo XX. La cuidada e intimista iluminación de la original iglesia manierista diseñada por Vandelvira creó un ambiente de lo más apropiado para disfrutar de este hermosísimo espectáculo.

Me despedí del festival de nuevo en Baeza, en las ruinas de San Francisco, la mañana del domingo 9, con un programa ofrecido por cuatro solistas de la Orquesta Barroca de Sevilla, por cierto innominados en el programa de mano sencillo; el programa "de pago" -ciento cincuenta páginas a solo tres euros- aclaraba  que se trataba de Rafael Ruibérriz, Guillermo Peñalver (flautas), Mercedes Ruiz (violonchelo) y Alejandro Casal (clave), a mi entender muy notables los dos últimos tejiendo el bajo continuo. Buenas interpretaciones, en cualquier caso, para el programa La Querelle des Nations, Francia, Italia, Alemania, 1700-1750. Eso sí, las páginas de Hotteterre y Marais de la primera parte me produjeron cierto sopor que creo compartido por el respetable a tenor de los nada entusiastas aplausos, cambiando la cosa de manera radical con el Sammartini, el Bach y el Telemann de la segunda. Se ocuparon unos ochenta asientos, menos de un tercio del aforo disponible, lo que produjo una sensación desangelada. ¿No hubiera sido mejor que este concierto, como los matinales de los días anteriores, se hubiera ofrecido también de manera gratuita?


lunes, 26 de noviembre de 2012

Fría velada en Úbeda

Ya que una cuestión personal -que ahora no viene al caso- me llevó el pasado sábado 24 de noviembre a Jaén capital, aproveché para hacer noche en Úbeda y escuchar, dentro del XVI Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza, el recital ofrecido en el Archivo Histórico Municipal –salón de gran longitud cubierto por una hermosa armadura mudéjar- por la soprano zaragozana Marta Almajano y el guitarrista limeño Ernesto Mayhuire titulado En torno a 1812: la canción y la música para guitarra en el primer romanticismo español. No acerté, porque las cosas no funcionaron como debían.

Para empezar, el espectáculo empezó con más de media hora de retraso, justamente como ocurrió en Villacarrillo unos días antes en otro concierto del mismo festival. En aquella ocasión se debió a una misa de difuntos. En esta, a la presentación de un libro (con muy mala pinta, por cierto: por la portada parecía tratarse de un best-seller de gladiadores o algo así). Como llegué con más treinta minutos de antelación, la espera de una hora larga se me hizo interminable; supongo que sentirían algo parecido los otros melómanos que tuvieron que aguardar en la fría galería alta del Palacio de las Cadenas. Obviamente la responsabilidad directa no es de la organización, pero parece claro que la coordinación entre ésta y los patrocinadores que ofrecen los recintos escénicos resulta mejorable.

Tras la petición de disculpas por parte de los organizadores, se nos anuncia una indisposición de la soprano debida a un proceso vírico, y que en lugar de cancelar se acortaría el programa, suprimiéndose las cuatro “seguidillas boleras” de José León y una de las ariettas italianas de Fernando Sor, Lagrime me. Luego comprobamos que además se rebanó gran parte de una de las seguidillas del mismo autor. En total, no menos de veinte minutos de música suprimida. No importó demasiado, la verdad, después de alargarse la velada por los motivos antedichos.

El problema fue que la Almajano se encontraba, efectivamente, mal de voz. No hay que hacer reproches en este sentido a los numerosos accidentes vocales que trufaron la actuación, sino por el contrario agradecer muy sinceramente a la cantante que realizara el sacrificio por todos los allí presentes. Otra cosa son ciertas limitaciones, como la poca agilidad en la coloratura o la pobreza del registro grave, que nos parecen que no tienen que ver con las circunstancias médicas. En cualquier caso, las virtudes que convirtieron a la Almajano en una estupenda artista se hicieron notar: belleza tímbrica, claridad de dicción y, sobre todo, una expresividad fresca, sincera, natural y sin amaneramientos, pero no por ello falta de intención ni de sutilezas, si bien en más de un momento se echara de menos algo más de sal y pimienta para condimentar estas agradables –eso: agradables y poco más- páginas de Fernando Fernandiere, Federico Moretti y Fernando Sor.

Aun lejos de la variedad de acentos y colores de un José Miguel Moreno, el guitarrista realizó una correcta y estilísticamente muy apropiada labor como acompañante, teniendo además el acierto –para mí fue lo más interesante de la velada- de descubrirnos la música para guitarra de Pedro Jiménez Abril Tirado y Giulio Regondi, hermosa y digna de conocer. Desdichadamente las circunstancias ajenas a la calidad interpretativa propiamente dicha -el retraso y la faringitis, además de las bajas temperaturas- impidieron que, a pesar de lo apropiado del marco en el que nos encontrábamos, terminara de producirse la empatía entre el público y los artistas necesaria para que todos saliésemos de allí contentos. Lo hicimos más bien con cierta frialdad, y no solo en el cuerpo.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Dos trompetas y órgano para comenzar el Festival

Acabo de regresar desde Villacarrillo de un concierto del conjunto Trioorganum (web oficial) celebrado en la hermosísima iglesia parroquial para dar comienzo al XVI festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza, ahora diversificado en diversas localidades del entorno; este evento, en concreto, pertenece a una atractiva propuesta titulada “música en los monumentos de Vandelvira”. Han sido cincuenta pesados minutos de carretera de ida y otros tantos de vuelta con demasiados coches circulando a velocidad excesiva, pero creo que ha merecido la pena a pesar de dos chascos iniciales. El primero, caer en la cuenta de que en el hermosísimo monumento en cuestión no hay órgano barroco alguno que sirviera a un programa titulado Les Goûts réunis: música italiana, alemana y francesa para dos trompetas y órgano, y que lo que se iba a utilizar no era sino un teclado electrónico. El segundo, descubrir que estos señores no tocan trompetas naturales sino modernas. No es que sea yo un talibán de los instrumentos originales, en modo alguno, pero en un festival de estas características esperaba otra cosa.


Pero al final me lo pasé bien, porque las trompetas de Vicente Alcaide y Rafael Ramírez empastaron entre ellas sin problemas y los dos artistas mostraron suficiente desenvoltura técnica y buen olfato musical. Junto con el órgano de Alberto de las Heras, que en varias ocasiones se quedó solo para recordarnos lo increíble que es la música de J. S. Bach, ofrecieron un programa integrado por páginas de Oezel, Jacchini, Telemann, Haendel, Loeillet y Vivaldi, más una irrupción de Ennio Morricone a través de un inoportuno teléfono móvil. Todas las interpretaron de manera esforzada, sensata y honesta con resultados en general plausibles. Insisto en que un servidor disfrutó del evento.

Cierto es que podrían poner algunos reparos más o menos importantes y realizar algunas puntualizaciones, pero no me apetece hacerlo y sí agradecer la oportunidad de escuchar buena música en directo, interpretada con sensibilidad en un lugar tan hermoso, aunque fuera sin la espléndida iluminación que el interior había lucido durante la misa de difuntos que obligó a empezar el concierto con más de media hora de retraso. El público -hubo unos cuantos que se fueron, mosqueados por la tardanza- alcanzó la cifra de unas setenta u ochenta personas, lo que no está nada mal dadas las circunstancias. Se aplaudió con ganas: a los quince segundos estaba todo el mundo de pie. Había muchos chavales, quizá alumnos del conservatorio de Úbeda en el que imparte clases uno de los artistas. Sea cierta o no la sospecha, buenísima noticia: sin ellos, olvídense de que haya música en el futuro.

domingo, 13 de mayo de 2012

Falta de información

Se queja Maac en su blog de la falta de información del Palau de Les Arts sobre la cancelación del concierto de Georges Prêtre previsto para el 1 de julio. Con toda la razón. Obviamente en Valencia no tienen culpa de los problemas de salud de la batuta. Pero lo cierto es que ya hace unas cuantas semanas un amigo mío muy admirador del anciano maestro me señaló que éste había cancelado todos sus compromisos internacionales, y que lo lógico sería que en la ciudad del Turia ya supieran de su ausencia. Ahí está el problema: ¿tan problemático resulta anunciar en la web la anulación del concierto? Teniendo en cuenta que había entradas ya vendidas y que algunos estaban preparando las maletas, el público tiene derecho a conocer cuanto antes esa cancelación y sus motivos.


Helga Schmidt y su equipo se olvidan por enésima vez de una de las cosas más importantes para cualquier teatro: el público que paga su entrada y que es -o al menos debería ser- la razón última de todo lo que la institución hace. Al final han actuado como acostumbran: eliminan el concierto en una parte de la web (no así en otra, donde sigue anunciado) y obvian cualquier tipo de comunicado oficial. Quien se dé cuenta, pues bien, y si no, ajo y agua. Lo mismo alguien se viene para Valencia en la fecha referida y se encuentra el teatro cerrado… Por cierto, no nos hemos perdido nada. Tengo una grabación radiofónica del maestro haciendo hace unos meses las dos obras previstas y los resultados son muy decepcionantes: nerviosa y deslavazada Inacabada de Schubert, dulzona Primera de Mahler dicha de cara a la galería.

No solo en Les Arts cuecen habas. En el teatro de mi pueblo se están luciendo de lo lindo. Para el 31 de mayo y 2 de junio estaban anunciadas unas funciones de Tosca en la producción escénica de Giancarlo del Monaco, con Ángeles Blancas de protagonista. Tiempo atrás alguien me dijo que seguramente el título de Puccini no se haría: el Villamarta depende en buena medida del ayuntamiento, y éste se encuentra en una muy alarmante bancarrota que ha saltado a los titulares de la prensa nacional. Pues bien, hace ya más de una semana se envió a los abonados una carta anunciando la supresión del espectáculo y su sustitución por un homenaje al Coro en su decimoquinto aniversario, pero de explicación oficial, nada de nada.

Teatro Villamarta Jerez

De hecho, el espectáculo sigue anunciado en la web oficial, y en el momento de escribir estas líneas se lee en la misma (enlace) que “la fecha de inicio de venta de la ópera Tosca se anunciará próximamente”. Si la culpa, como en el caso de lo de Prêtre, no es de los responsables del teatro, ¿a qué vienen esos reparos a anunciar en la prensa y en los canales pertinentes la cancelación? Lo que está claro es que en Valencia y en Jerez son igual de irresponsables frente al público. O igual de cutres: al final lo que importa no es una cosa llamada presupuesto, sino la profesionalidad de los que tienen que dar las órdenes y/o de los que han de cumplirlas.

Permítanme otro ejemplo reciente que tengo ahora más cerca: el Festival de Úbeda. Por primera vez se han puesto a la venta las entradas por internet. En principio, buenísima noticia. Estuve atento a la fecha y hora de salida para adquirir las mejores localidades. Así lo hice, pero no apareció nada. Creo que tardaron más de un día sobre el momento previsto, aunque se colgó provisionalmente una tabla de venta donde se anunciaban espectáculos (inauguración con la Orquesta de Córdoba, recital de la Arteta) que a la postre fueron suprimidos. Al final logré comprar las entradas para los eventos que me interesaban, pero no recibí confirmación por correo electrónico ni pude imprimir los PDF. A los pocos días me llamaron por teléfono: el servidor no estaba conectado y las localidades por mí seleccionadas estaban ya vendidas… “tal vez sí, o quizás no” (sic). Me anunciaban además que tengo una entrada para la Orquesta de Odense, cuando yo adquirí en realidad para la del Siglo XVIII con Brüggen. Al menos me aseguraron que me darían mis localidades y me pidieron disculpas. Eso sí, cuando llegé el viernes pasado al Hospital de Santiago a escuchar a la Orquesta de Córdoba con Carmen Linares me encontré con una entrada bastante menos buena de la que creí haber comprado.

Ubeda Hospital de Santiago patio

Por cierto, aún no sabemos qué tocará el director holandés en la primera parte de su programa del próximo viernes 18: en un lugar se la web se enumeran arias de Haydn con la mezzo Wilke te Brummelstroete, y en otro se anuncia la presencia de nada menos que Eric Hoeprich para interpretar, presuntamente, el Concierto para clarinete de Mozart, pieza que se hará en otros momentos de la gira. Suponemos que lo que sigue en pie es la Séptima de Beethoven. De acuerdo con que un teatro o una institución, en este caso la Asociación de Amigos de la Música de Úbeda, tiene que lidiar con multitud de incidencias de última hora, pero aun así no nos queda más remedio que preguntarnos en voz alta: ¿tanto cuesta hacer las cosas bien, señores, a la hora de mantener informado al público?

sábado, 10 de diciembre de 2011

De Frescobaldi a Alfonso X pasando por Victoria: música antigua en Úbeda y Baeza (II)

Completo las anotaciones sobre mi doble jornada en el Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza del presente año. Tras los conciertos del Ensemble La Chimera y el Ensemble Organum del domingo 4 (enlace), aproveché que en mi trabajo hacíamos puente para escuchar el recital de Lorenzo Ghielmi en el órgano –obviamente barroco- de la iglesia de San Andrés de la segunda de las ciudades citadas. El programa se llamaba Afectos, efectos y stravaganzas en la música organística europea del siglo XVII. Pese al título, no hubo en la interpretación extravagancia ni efectismo, y sí una buena dosis de sensatez, naturalidad, atención al equilibrio polifónico y buen gusto a la hora de ornamentar, siempre dentro de un perfecto dominio del idioma. Aunque no todas las obras me convencieron por igual –me quedo con Frescobaldi y Cabanilles antes que con Jan Pieterszoon Sweelinck, Bernardo Storace y Georg Böhm-, la hora y diez minutos de recital no se hicieron pesadas merced a la calidad del instrumento y a la sabiduría del veterano organista italiano. Aunque los pocos que acudimos al evento aplaudimos con calor, el frío del recinto –comentado por el propio Ghielmi– nos hizo conformarnos con una única y breve propina.

Lorenzo Ghielmi Baeza 2011

La siguiente cita fue nada menos que en la Sacra Capilla de El Salvador de Úbeda: la Misa Ave Regina Caelorum y diversos motetes marianos en interpretación del Ensemble Plus Ultra y su director Michael Noone, en esta ocasión a capella. No hubo sorpresas: nivel técnico difícilmente superable, líneas muy empastadas, brillantez diamantina, fluidez en el discurso horizontal y un cierto distanciamiento expresivo al optarse antes por la belleza sonora que por la sensualidad o la tensión dramática. O sea, puro Victoria “a la inglesa”. Comprendo que a algunos no les termine de convencer –a estas alturas hay opciones más interesantes-, pero a mí me gusta mucho. Y qué decir de la música. Por cierto, andaba por allí Antonio Moral, pues el Centro Nacional de Difusión Musical del que ahora es responsable –yo diría que su salida del Real ha resultado positiva tanto para el teatro madrileño como para el CNDM- era coproductor del evento.

Sorpresa para terminar: entradas agotadísimas para el programa Romances de los judíos del Magreb que ofrecía Begoña Olavide con el Ensemble Mudéjar… ¡a las doce de la noche! Por fortuna la artista, la organización y los responsables del singular espacio escénico, la denominada “Sinagoga del agua”, hicieron lo posible para encontrar un hueco a los que acudimos allí en busca de una oportunidad de última hora. Creo que todos pudimos entrar. Fue un recital maravilloso, en gran medida por lo singular de la hora y del recinto, pero también por la belleza de la música sefardí –hubo propina de Alfonso X- y porque Olavide –le tengo mucho cariño desde que la descubrí hace lustros en una iglesia de Jerez con un precioso programa en torno al salterio acompañada de su marido Carlos Paniagua y Pedro Estevan- es una artista de enorme sensibilidad que canta bien –su voz es sensualísima- y toca aun mejor. En esta ocasión la secundaron el solvente laúd de Ramiro Amusatégui y la viola de Giovannello de Genaro, prestando este último de manera puntual su voz digamos popular –quiero decir, de emisión no impostada- para redondear el resultado de una cita nutrida, cálida y –menos mal- calentita, porque esta vez nos habían puesto calefactores. Un gran éxito.

jueves, 8 de diciembre de 2011

De Claudio Monteverdi al Codex Calixtinus pasando por Carlos Gardel: música antigua en Úbeda y Baeza (I)

Lo bueno: el habitualmente tan esforzado como discreto Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza está experimentando una espectacular mejoría en cantidad y calidad que lo convierten, si tenemos en cuenta la incomparable belleza de las ciudades y de sus marcos escénicos, en una de las más interesantes del panorama nacional en su género. Lo malo: aunque con esta se cuentan ya quince ediciones, es necesario un importante apoyo por parte de las administraciones públicas si quiere consolidar su posición, y el panorama en este sentido no resulta precisamente halagüeño. Por estas mismas fechas, el desinterés del ayuntamiento de Úbeda ha mandado a tomar viento al Festival de Música de Cine, al tiempo que –por no salirnos de Andalucía- la Diputación de Sevilla retira el 50 por ciento de su aportación anual al Teatro de la Maestranza. A ningún político se le ocurre recortar en televisiones locales y otras lindezas. Así nos va.

En fin, tras mi visita a Madrid en busca de Lady Macbeth (enlace) me acerqué a Baeza para disfrutar de una peculiarísima sesión continua. Buenos Aires Madrigal es el nombre del espectáculo que a las ocho y media nos ofrecía en las ruinas de San Francisco el Ensemble La Chimera bajo la dirección de Eduardo Egüez. Por lo visto el grupo hispanoamericano lleva ya años ofreciéndolo en sus giras, e incluso lo tienen grabado (noviembre 2002) en el sello M. A. Recordings. A tenor de lo leído en el programa pensé que se trataría de una yuxtaposición de páginas de Frescobaldi, De Rore, Marenzio y Monteverdi con creaciones de Gardel, Piazzolla y otros grandes nombres del tango. No fue eso, o al menos no exactamente, porque más que de yuxtaposición se puede hablar de fusión, incluyendo bandoneón en el bajo continuo y violas da gamba acompañando los sones porteños.

Ensemble Chimera Baeza diciembre 2011

De tal combinación podría resultar un mamarracho o una genialidad. Fue lo segundo, pues aunque los miembros de La Chimera no parezcan de primerísima fila, demostraron ser unos músicos “de verdad”, es decir, alimentados por un verdadero espíritu de equipo, dispuestos a servir a la música mucho antes que a ellos mismos y dotados de un gusto exquisito. Realizaron todos un trabajo fabuloso respaldando a dos solistas vocales a cual mejor: un Furio Zanassi que se desenvuelve sorprendentemente bien en este repertorio tan alejado del que le es propio (¡soberbia además su dicción en castellano!), y una excepcional Susanna Moncayo –preferible a Ximena Biondo, presente en la referida grabación- que cada vez que abría la boca conseguía que un escalofrío recorriera nuestras entrañas. En suma, un espectáculo creativo, arriesgado, mágico e inolvidable que contribuye a tender lazos y abrir la mente: el quejido del bandoneón resulta no estar lejos de la melancolía monteverdiana.

A las doce de la noche, un grupo de unos sesenta o setenta frikis nos congregábamos en la iglesia de Santa Cruz –la única obra románica que queda en Baeza- para reencontrarnos con Marcel Pérès y su Ensemble Organum. Programa duro y fascinante: polifonías primitivas –pero que muy primitivas, anteriores a la Escuela de Notre-Dame- que proceden de Limoges y Moissac, con guinda final del Codex Calixtinus tristemente sustraído de la Catedral de Santiago de Compostela. Las interpretaciones respondieron a lo que se podía esperar: tempi tendentes a la lentitud, emisión vocal rústica y continua recurrencia al melisma. Creen algunos que esto último es un intento de establecer vínculos con el mundo islámico, cuando el asunto en realidad va por otro camino: demostrar cómo la liturgia cristiana medieval y la tradición musulmana beben de una misma fuente, que no es otra que la del último imperio romano, léase bizantino, habida cuenta de la extensión territorial de este en tiempos preislámicos y de su funcionamiento como cruce de caminos en el ámbito cultural. ¿Discutible aplicar semejantes parámetros al mundo cluniacense, esto es, al que se encargó de unificar el mosaico artístico que había existido en la Alta Edad Media haciendo uso de la liturgia romana y de la arquitectura románica? Pues sí, pero el resultado –justo como en el concierto de tangos y madrigales- fue tan arriesgado como revelador. El frío, por una vez, contribuyó a crear la ambientación apropiada.

Sinfonía nº 4 de Mendelssohn, "Italiana": discografía comparada

Esta comparativa de la Sinfonía Italiana de Mendelssohn la publiqué inicialmente el 2 de junio de 2024. He añadido Solti/Israel, Solti/Viena...