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sábado, 27 de febrero de 2016

Sweeney Todd con Schrirmer y la Jenschel

Esta interpretación de Sweeney Todd, grabada en directo por los micrófonos de la Radio Bávara el 6 de mayo de 2012 y editada por el sello propio, está recibiendo críticas tibias e incluso negativas en Amazon. Mi visión, sin ser entusiasta, es bastante más optimista. Lo que ocurre es que esta interpretación acerca más que nunca la creación de Stephen Sondheim al mundo de la ópera, para lo bueno y lo no tan bueno, con orquesta y coro de gran tamaño y voces en su mayoría procedentes del ámbito operístico.


Lo que más me ha gustado es la dirección de Ulf Schirmer, quien se vale de la orquesta de la que es titular, la de la Radio de Múnich, para ofrecer una lectuta lenta, sombría y obsesiva, también con momentos cargados de fuerza, aunque desde luego más sinfónica que teatral. Creo que la valoración global es bastante positiva porque pone de relieve los aspectos más interesantes de la partitura, incluyendo la orquestación a cargo de Jonathan Tunick.

Mark Stone canta bastante bien, pero se le escapan bastantes pliegues expresivos de los que posee el personaje del vengativo y sanguinario barbero. Jane Henschel es a priori un lujo en el rol de Mrs. Lovet, y de hecho lo canta mejor que nadie; interpretativamente, aunque tenga su punto de ironía, se encuentra lejos de la visión cómica e histriónica de otras recreadores del papel, entre ellos la simpar Angela Lansbury de la producción original. Está bien, es una opción: la señora que hace pasteles de carne con los cadáveres de los hombres a los que su compinche rebana el cuello en la habitación de arriba no tiene que ser graciosa ante todo.

Lo menos afortunado es haber contado con un barítono para el rol del joven enamorado Anthony Hope: Gregg Baker está muy bien vocalmente, pero la pasta de su instrumento no encaja con el personaje. Rebecca Bottone resulta algo estridente en el rol de Johanna, mientras que Jonathan Best y Adrian Dwyer están muy bien como el Juez Turpin y el Beadle respectivamente. Estupendo el Pirelli de Ronald Samm. Pascal Charbonneau y Diana DiMarzio están soberbios en dos roles que suelen pasar desapercibidos, el niño Tobías y la mujer mendigo que resulta ser... No, no lo digo para quienes aún no conozcan esta obra. A estos últimos les recomiendo para acercarse a ella los tres DVD que comenté hace años. La edición de la Radio Bávara, que por cierto no suena todo lo bien que debería, es más para los especialmente interesados Sweeney Todd. Como quien esto firma.

jueves, 14 de agosto de 2014

Atractivo, clase, elegancia… Ninguna como ella.

Este vídeo no necesita comentarios. Bueno, quizá señalar que el arreglo de la canción original de Kurt Weill corrió a cargo de Stephen Sondheim, y que la presentadora del evento, para quienes no la reconozcan, es Beverly Sills. Hasta siempre, Lauren.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Tres Sweeney Todd en DVD

Según puede leerse en la Sondheimguide (enlace), hay por el momento tres versiones de Sweeney Todd en DVD, disponibles todas ellas en nuestra infra-zona 2. Las tres son de alta calidad y resultan por diferentes aspectos complementarias entre sí, por lo que los admiradores de la obra de Stephen Sondheim -entre los que me incluyo- deberían hacerse con ellas. Para quien no sepa de qué va la cosa pero esté interesado en conocer bien esta magnífica creación, explico por encima el asunto.

El primero de los DVDs procede de una retransmisión televisiva en Los Ángeles en 1982 de la producción original de Broadway tres años anterior. Hay una sustitución importante: la del magnífico Len Cariou (a quien podemos escuchar en el CD del Original Cast) por el no menos admirable George Hearn, quien sin ser un actor especialmente destacable comprende bien la esencia del personaje y sabe transmitir sus emociones no sólo desde el punto de vista escénico, sino también a través del canto.

Junto a él se encuentra una impagable Angela Lansbury, rematadamente divertida en su encarnación de una Mrs. Lovett infantil y malévola al mismo tiempo, como si fuera una niña grande mal criada incapaz de valorar la bondad o maldad de sus irresponsables acciones. El resto de los protagonistas se encuentran a un buen nivel, y la batuta de Jim Coleman acierta a jugar con la agógica más de lo que se acostumbra en un musical.

Por lo demás, se disfruta aquí de la admirable propuesta escénica del mítico Harold Prince, muy teatral, con mucho sentido del ritmo, ingeniosa en sus resoluciones escénicas de las acciones planteada por el libreto, aunque siempre dentro de un tono chispeante, humorístico y coreográfico que, sin renunciar al drama cuando hay que entrar en él, mantienen a la obra dentro de los cánones de Broadway sin acercarse a lo operístico. Como la imagen y el sonido son buenos, este DVD lanzado por Warner al hilo del éxito de la película resulta muy recomendable. En España, por fortuna, resulta muy fácil de encontrar.

Hay que acudir sin embargo al extranjero (yo lo adquirí en Londres, pero cualquiera puede hacerse con él con una compra por Internet) para pillar la versión concierto ofrecida nada menos que por la Sinfónica de San Francisco en 2001, que se hizo a su vez sobre unas funciones anteriores con la Filarmónica de Nueva York. No hay subtítulos en ningún idioma, pero la adquisición merece la pena, ya que se trata de la interpretación musicalmente más satisfactoria de la obra.

Y lo es no sólo porque tener a una orquesta sinfónica de este calibre, bien dirigida por Rob Fischer, resulta un verdadero lujo, sino porque Patti Lupone ofrece una Mrs. Lovett que, amén de estar soberbiamente cantada, aporta una visión muy nueva y reveladora del personaje, al que dota de una fascinante sensualidad que, alejándola de por la otra parte genial caricatura de la Lansbury, la hace mucho más humana,aun sin llegar a la fragilidad que luego en la película de Tim Burton explotará Helena Boham Carter.

Diecinueve años después, y sustituyendo al inicialmente previsto Bryn Terfel, George Hearn repite y hasta mejora en San Francisco su antigua encarnación del sanguinario barbero. Fabuloso el Toby de Neil Patrick Harris. Magníficos todos los demás, voces operísticas en su mayoría, lo que supone un acierto en esta interpretación que, aun con la orquesta al completo sobre el escenario, está trabajada con enorme sabiduría desde el punto de vista dramático, hasta el punto de que a veces no se echa de menos la escena. Fabulosa la toma sonora, que incluye pista en DTS.

La cinta de Tim Burton es otro cantar. Como el propio Sondheim señala en los extras, el director norteamericano acierta a la hora de no plantear una versión filmada del musical, ofreciendo en su lugar una película personal y puramente cinematográfica basada, eso sí, en la música y el libreto originales. Consecuentemente algunas canciones se suprimen y otras muchas se abrevian de manera considerable, ampliando algunos diálogos, refundiendo situaciones y, desde luego, encontrando un ritmo adecuado mucho antes al celuloide que a una obra escénica. Las actuaciones, por tanto, son menos teatrales, más contenidas, porque se pueden apoyar en el lenguaje fílmico para reforzar los aspectos expresivos.

Ni que decir tiene que Burton lleva la obra a su propio terreno, eliminando casi por completo los elementos humorísticos y apostando por las atmósferas góticas y una plástica que hace referencia al cine de terror del Hollywood clásico, bien apoyada por el fabuloso diseño de producción de Dante Ferretti. La sangre corre a borbotones y la tragedia alcanza -escalofriante el final- unas dimensiones más operísticas que nunca. Paul Gemignani, supervisor musical de la pieza desde los tiempos de Broadway y director de las producciones de Chicago y el Covent Garden, saca un excelente partido de la orquestación de Jonathan Tunick, que brilla más que nunca con una fabulosa toma sonora.

Lo menos bueno son las voces, pues aunque todos cantan bien -hay que imaginar una importante ayuda de la tecnología-, el resultado es bastaste impersonal si uno se limita a escuchar el disco. La escena, sin embargo, aporta mucho sobre los diferentes personajes, que nos aparecen aquí más como víctimas que como verdugos. Johnny Deep compone un Sweeney especialmente introvertido y calculador; el siempre fabuloso Alan Rickman, un juez especialmente hipócrita, sibilino y despreciable; y la Boham Carter (esposa en la vida real de Burton, como Vicky Peña de Mario Gas) una Mrs. Lovett frágil, atormentada, femenina y muy enamorada del barbero, que si actúa de manera criminal lo hace, como el propio Sweeney, empujada por las duras circunstancias de la vida. Una visión distinta, pues, muy personal pero también muy reveladora, que aunque se despega en su concepto considerablemente del original dice cosas nuevas y muy interesantes sobre la música y el drama escritos por Stephen Sondheim.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Sweeney Todd en Madrid

El éxito de la magnífica -y muy personal- película de Tim Burton ha propiciado la recuperación de la propuesta escénica que Mario Gas realizó en 1995 en Barcelona de Sweeney Todd, el mayor éxito de toda la carrera del compositor y libretista Stephen Sondheim. Una página integrada por buena música y mejor libreto que, mi modo de ver, está más cerca de la ópera que del musical propiamente dicho; no en balde se ha ofrecido en importantes centros operísticos con voces de primera categoría, y este sentido se debe recordar su presentación en Covent Garden con Thomas Allen y Felicity Palmer, nada menos, en una recreación que podemos conocer en una toma radiofónica que circula de manera furtiva por algunos rincones de la web.

Me gustó mucho la realización de Mario Gas, quien a pesar del reducido espacio escénico disponible sacó muchísimo partido al conjunto de plataformas y paneles que tenía a su disposición e hizo gala siempre de una teatralidad de la mejor ley; supo además aportar ideas originales siendo muy escrupuloso con todas las indicaciones del libreto y siempre respetuoso con la obra original, que sólo estaba muy puntualmente aligerada. Se podía haber conseguido, eso sí, una mayor fuerza plástica en escenografía e iluminación, pues sordidez y tenebrosidad no tienen que significar necesariamente fealdad y oscuridad. Aun así, fue un espléndido trabajo que supo alcanzar el equilibro entre humor grotesco, suspense y tragedia que propone Sondheim.

El espectáculo sufrió irregularidades en la parte musical, en conjunto digna pero lejos del ideal. Alguien dirá que en este género lo que hacen falta son grandes actores que tengan nociones de canto, antes que cantantes que actúen. Pues sí, es cierto, pero aun así hacen falta unas mínimas condiciones canoras para hacer justicia a la partitura. En esta funciones madrileñas hubo de todo.

El veterano Joan Crosas fue un Sweeney Todd muy convincente en lo escénico, de gran fuerza dramática, y alcanzó un nivel al menos estimable en vocal. Vicky Peña, esposa de Mario Gas en la vida real, hizo una Mrs. Lovett muy teatral y expresiva, rematadamente "bruja", tan cruel como divertida; en este sentido, su visión del personaje me recordó bastante a la de la citada Felicity Palmer, solo que cantando bastante peor. Fue la más aplaudida de todo el elenco, seguramente con razón, aunque en lo escénico convenciera mucho más que en lo musical.

Justo lo contrario le pasó a Pedro de los Ríos, buen cantante pero mediocre actor, como el joven Anthony Hope, el "bueno" de la función. Pelín estridente María del Mar Maestu como Johanna, en esa línea un tanto cursi con que se suele afrontar el ñoño personaje. La joven Ruth Gonzalez estuvo muy convincnte como el niño Tobby. Muy notable el Juez Turpin de Xavier Ribera-Vall, un "malo" bien construido, muy alejado de lo caricaturesco. Blando, sin garra, el Bamford de Pedro Pomares, a quien se le escaparon todos los pliegues teatrales del siniestro Beadle. Y deplorable el grotesco, vulgar y desafinado Adolfo Pirelli de Esteve Ferrer, que quiso ir de gracioso y terminó resultando cargante.

No funcionó nada bien el coro, un elemento fundamental en esta partitura. La orquesta, de once músicos, era demasiado pequeña: por mucho que este sea un tamaño frecuente en musicales del West End o Broadway, la escritura de Sondheim, muy "a lo Bernard Herrmann", necesita una plantilla muy superior. Y una batuta en condiciones, porque a la de Manuel Gas sólo le encuentro el apellido como mérito para ocupar el cargo de director musical de las producciones escénicas de Mario Gas.

Lo peor de todo, parte del público de histórico Teatro Español madrileño, que no sabe mantenerse callado durante la función. Y los terribles atascos de un Madrid en pleno periodo de compra navideñas (¿quién habló de crisis económica?) que me hicieron llegar cincuenta minutos tarde y me obligaron a repetir el espectáculo al día siguiente para verlo completo. Lo hice con disgusto pero no me arrepentí porque, pese a los reparos expuestos, esta es una espléndid producción. Ojalá algún día podamos ver en España Sweeney Todd en formato operístico, aunque tal y como están las cosas parece de lo más improbable.

Sinfonía nº 4 de Mendelssohn, "Italiana": discografía comparada

Esta comparativa de la Sinfonía Italiana de Mendelssohn la publiqué inicialmente el 2 de junio de 2024. He añadido Solti/Israel, Solti/Viena...