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sábado, 2 de abril de 2016

Finlandia de Sibelius: discografía comparada

Escrito en 1899 y revisado al año siguiente, el poema sinfónico Finlandia pasa por ser la obra más célebre de Jean Sibelius, conociendo un éxito que debe no solo a su incuestionable inspiración sino también a factores puramente extramusicales, esto es, a la fuerza de su mensaje político y a la meridiana claridad con la que éste llega al público a través de un programa muy fácil de seguir a través de los ocho minutos de duración aproximada: lucha del pueblo finés contra la opresión –la ejercida por el imperio ruso, obviamente–, himno central de carácter al mismo tiempo reflexivo y evocador, y rotundo triunfo final.

Interpretativamente los directores pueden moverse entre dos polos opuestos: la que subraya los rasgos más claramente épicos, festivos incluso, y los que prefieren poner de relieve el carácter atmosférico, opresivo y doliente de la página, sin menoscabo del triunfo final. Ni que decir tiene que prefiero mucho antes a los segundos que a los primeros, y de ahí las puntuaciones que he dado en esta pequeña comparativa.


1. Karajan/Philharmonia (EMI, 1959). La sonoridad un punto agria de la fabulosa orquesta de Klemperer resulta ideal para que un Karajan de cincuenta años que todavía no había entrado en su plena madurez, y que por tanto permanecía ajeno tanto a la genialidad como a los excesos que caracterizarían a esa etapa, ofrezca una visión tensa y escarpada, ajena a la retórica y a la opulencia, pero llena de fuerza y capaz de hacer cantar con enorme belleza a la cuerda durante el himno central. Los resultados son magníficos, pero el salzburgués tendrá aún, ya siendo más claramente él mismo, que decir más cosas al respecto. Buen sonido en el SACD que he manejado, con amplia gama dinámica. (9) 



2. Ormandy/Orquesta de Filadelfia (Sony, 1959). Tras un arranque con poco fuelle la interpretación se va calentando lentamente, pero su desarrollo trasmite una sensación de frivolidad y, tras una sección hímnica en la que aquí se incorpora un coro –Mormon Tabernacle Choir– que canta en perfecto inglés americano, conduce a un final no ya festivo a más no poder, sino tan terriblemente efectista que por momentos viene a la mente la Obertura 1812. La toma es muy estridente. (5)



3. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1964). Orquesta opulenta, empastadísima, densa y robusta, con gran presencia de una poderosa cuerda grave, ideal para una interpretación que en su primera parte, recreada con especial lentitud –tempo ralentizado con respecto a su grabación con la Philharmonia–, desarrolla una fuerza dramática y una atmósfera opresivas propias de una batuta absolutamente genial, para en la segunda volverse épica, casi jubilosa, sin dejar ofrecer un himno muy emotivo y vibrante. Suena francamente bien. (10) 



4. Bernstein/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1965). Sonoridad áspera, quizá no tanto por parte de la batuta como por la de una orquesta algo estridente, para una interpretación extrovertida y vehemente a más no poder, recorrida por un impulso vital lleno de júbilo –nada de amargor aquí– pasando por un himno incandescente y emotivo. (9)



5. Barbirolli/Hallé (EMI, 1966). Interpretación marcadamente expresionista, en absoluto interesada por la belleza sonora, que tras una introducción hosca y dramática, despliega una electricidad y una fuerza viscerales que tienen mucho de garra y entusiasmo, también de extroversión y ciertamente de brillantez, pero nada de retórica ni grandilocuencia. El pasaje lírico, sin estar paladeado con especial delectación, alberga una mezcla de desazón y esperanza tan atractiva como intensa. Lástima que los metales se queden algo cortos. (10)



6. Herrmann/Filarmónica de Londres (Decca, 1969). ¿Tiene algo que ver con los excepcionales resultados de esta lectura que el compositor de Citizen Kane y Vertigo fuera amigo íntimo de Barbirolli? Probablemente sí, porque ambos coinciden en su visión áspera, rocosa y dramática de la partitura, por completo en las antípodas de las de grabaciones de Karajan, pero lo cierto es que Sir John resulta mucho más electrizante e implacable, además de más rápido. Herrmann, como en casi todas sus grabaciones tardías, se toma los tempi con mucha calma (9’12’’, todo un récord), ofreciendo una lectura sombría, poco épica y nada risueña, en cualquier caso llena de fuerza interior, que culmina en un final lleno de grandeza trágica pasando antes por una sección lírica (la del “himno”, para entendernos) de una emotividad patética sin igual. Aún espera su trasvase a compacto. (10)



7. Sanderling/Sinfónica de la Radio de Berlín (Berlin Classics, 1971). Interpretación sobria y musical, de fraseo lleno de nobleza, que no resulta del todo electrizante y escarpada cuando debe ni muy emotiva en su lirismo, pero dentro de su carácter incuestionablemente afirmativo sabe ofrecer grandeza sincera y por completo ajena a la retórica. (8)



8. Karajan/Filarmónica de Berlín (EMI-Esoteric, 1976). No hay gran diferencia con respecto a la grabación previa de orquesta y director para DG, siendo ambas igual de intensas y espectaculares; esta de EMI es todavía un poco más brillante, quizá en exceso en un final no ya festivo a tope, sino también volcada en la espectacularidad de cara a la galería. La toma sonora es, lógicamente, mejor ahora. Impresionante el sonido del SACD de Esoteric. (9)



9. Ashkenazy/Philharmonia (Decca, 1980). Aún en la época en la que era un enorme director –poco a poco iría decayendo–, el joven Ashkenazy ofrece una interpretación decidida, dramática y tempestuosa, pero siempre muy bien planificada, atenta a todas y cada una de las líneas instrumentales y trabajada con asombrosa plasticidad sonora. A destacar el tono amargo, doliente y profundo que sabe imprimir al himno, así como el férreo control del final. La mejor de las que cuentan con un sonido excepcional, sin duda. (10)



10. Järvi/Sinfónica de Gotemburgo (BIS, 1982). Orquesta no muy allá para una batuta solvente y centrada que acierta en el estilo y en la expresión sin que lleguen realmente a brotar la electricidad, la emoción y la garra dramática. Pura artesanía sin particular interés. (7)



11. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1984). Si bien la línea es similar a la de las dos anteriores grabaciones en Berlín, esta es la interpretación menos rocosa y dramática de las de Karajan, también la más claramente romántica de las tres y la que ofrece mayor depuración sonora. También la menos densa y lenta. Está dicha, en cualquier caso, con una convicción y una comunicatividad irresistibles, además de con una perfección técnica asombrosa. Excelente la toma. (9)



12. Maazel/Sinfónica de Pittsburg (Sony, 1991). Un apreciable vuelo lírico en la sección hímnica, bien paladeada y atenta a las diferentes líneas orquestales, es lo único verdaderamente apreciable en esta lectura en todo momento correcta pero bastante falta de fuelle, de electricidad, y un tanto hinchada e insincera en su final. La orquesta es buena y está bien trabajada, pero los metales suenan un poco excesivos. (7)



13. Ashkenazy/Sinfónica de Boston (Decca, 1992). Aunque muy en la línea de la anterior suya, esta nueva lectura de Ashkenazy no ofrece un himno tan paladeado ni tan emotivo, y sí un final más convencional. En cualquier caso, espléndida. (9)



14. Colin Davis/Sinfónica de Londres (RCA-Sony, 1994). Como era de esperar, el apolíneo Sir Colin ofrece una interpretación cálida, concentrada y llena de grandeza interior, fraseada con enorme nobleza y gran cantabilidad en la sección hímnica, pero por fortuna no baja la guardia y, aunque alejado de aristas y grandes desgarros dramáticos, sabe también atender a los aspectos poderosos y encrespados de la página. (9)



15. Ashkenazy/Real Filarmónica de Estocolmo (Exton, 2007). Nuevo paso atrás del maestro de Gorki, que sigue mostrándose encendido y comunicativo a más no poder, pero pierde en concentración y en calidad de la orquesta. También en la calidad de la toma sonora, qué lástima. (8)



16. Saraste/Nordea Jean Sibelius Orchestra (EMI, 2010?). Aunque los compases iniciales no suenan con toda la garra posible, se trata de una versión adecuadamente escarpada, rápida y con electricidad pero no con exceso de nervio, directa y vibrante, en absoluto hinchada y bien fraseada en la sección lírica. En cualquier caso, le falta algo de grandeza y carácter emotivo para ser de primera. Espléndida la toma sonora. (8)

sábado, 3 de octubre de 2015

Concierto para violín de Korngold: discografía comparada

Actualización  03-10-2015

Añado comentarios sobre las interpretaciones de Armstrong/Marriner, Hope/Shelley  y Shaham/Mehta, esta última recientísima: de la semana pasada.


Actualización 27-02-2014

Esta entrada se publicó originalmente el 5 de marzo de 2010. Ahora he añadido comentarios sobre las interpretaciones de Schmidt/Ozawa, Quint/Prieto, Gluzman/Järvi, Korcia/Kantorow y Steinbacher/Foster. Hay cosas muy interesantes en alguna de ellas, aunque la de Gil Shaham con Previn sigue en su pedestal. No he cambiado nada en los comentarios anteriores.
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Un Korngold afincado ya definitivamente en California y nacionalizado estadounidense estrenó su concierto para violín en 1947 como intento de recuperar el prestigio que lustros atrás había obtenido en Viena y borrar, de paso, su etiqueta de “autor cinematográfico”, pese a que paradójicamente reutilizó en su partitura varias melodías procedentes de su trabajo previo para el medio fílmico. Para su desgracia, el compositor vienés nunca volverá a ser considerado como lo había sido en su juventud, aunque la bellísima partitura se convierte en un éxito y aún hoy es la más grabada del autor. Comparamos aquí buena parte de las versiones que circulan por el mercado discográfico.





1. Heifetz. Wallestein/Los Ángeles (RCA, 1953). Korngold se deshizo en elogios ante la interpretación que el mítico violinista lituano realizó de su obra con motivo de su estreno. No es para menos, porque al mismo tiempo que su virtuosismo resulta deslumbrante, Heifetz se muestra –al menos en este registro seis años posterior– muy centrado y voluntarioso en lo expresivo, y desde luego no trata a la página como una mera partitura de lucimiento. Ahora bien, la comparación con lo que ha venido después hace que su lectura nos deje con una notable sensación de frialdad, convenciéndonos tan solo en un tercer movimiento lleno de brillantez. La dirección es más que solvente, pero solo eso. (7)




2. Perlman. Previn/Pittsburg (EMI, 1980). Las cosas cambiaron sustancialmente con esta interpretación intensa, muy extrovertida, apasionadísima –pero siempre controlada– en la que Perlman luce su sonido afilado y un enorme virtuosismo. André Previn, que por entonces no tenía muy lejanos sus tiempos de Hollywood, dirige con sabiduría y sinceridad para controlar en todo momento fuego de las emociones. Eso sí, podría desplegar aún más sensualidad, sobre todo en el movimiento central, aunque en contrapartida el tercero ofrece un entusiasmo y una jovialidad inigualables. Lástima que la toma sonora deje que desear para la época. (9)




3. Shaham. Previn/Sinfónica de Londres (DG, 1993). Lo de Shaham con esta obra no tiene nombre. Dueño de un sonido pleno, firme, varonil, no afilado pero tampoco blando ni amanerado, hace gala de una musicalidad importantísima y de una absoluta perfección en el estilo, alcanzando el punto justo de equilibrio entre extroversión y decadentismo sin caer en la menor afectación. La dirección de Previn resulta muy sobria y sincera, realizando un asombroso análisis orquestal y sintonizando con el solista en un segundo movimiento más adusto y menos evanescente de lo esperable. Esta es, en conjunto, la versión más redonda e indiscutible de todas. (10)




4.Magad. Jansons/Chicago (CSO, 1994). Se trata de una toma radiofónica editada por la propia orquesta en un doble compacto dedicado a sus solistas. En esta obra es el protagonista uno de sus antiguos concertinos, Samuel Magad. Sin duda un notabilísimo violín, de bello sonido, ágil y musical, todo un lujo para la orquesta, aunque en lo interpretativo no diga nada en particular y se eche de menos el fuego y la garra de los grandes. Mariss Jansons apuesta por un enfoque ante todo sensual, lírico y decadente, esto último quizá demasiado. Al arriesgarse por unos tempi más bien lentos no evita que la tensión decaiga en algún momento. Carece además de la garra y el entusiasmo deseables, sobre todo en el tercer movimiento. (7)




5. Juillet. Mauceri/Radio de Berlín (Decca, 1995). El director neoyorquino mostró creer firmemente en la creación musical de Korngold cuando grabó varias de sus obras (entre ellas la monumental ópera El milagro de Heliane) para la serie Entartete Musik de Decca, dirigiendo siempre con irreprochable idioma, pulso firme y gran sinceridad expresiva. Por desgracia al registrar este concierto tuvo a su lado a una violinista de sonido algo débil y sin el necesario punto de compromiso expresivo e inspiración. El resultado es una notable pero no excepcional lectura con un primer movimiento algo más decadente de la cuenta, un segundo lírico y sensual sin toda la magia deseable y un tercero que se ha escuchado en otras ocasiones bastante más arrebatado. (8)




6. Kavakos. Wolff/Radio Frankfurt (DVD Arthaus, 2001). Sin ser la más recomendable de todas, casi resulta obligatorio escuchar esta interpretación altamente renovadora tanto por parte de la batuta como por la del solista, pues adoptan ambos una visión mucho más doliente y dramática de lo habitual. Destaca en este sentido un amargo y doloroso segundo movimiento en cuyos pliegues más oscuros sólo Perlman y Shaham, ambos con Previn, habían comenzado a indagar. Impresionante el sonido poderoso y en absoluto narcisista del violín, así como la concentradísima labor del excelente director norteamericano. El DVD incluye un interesantísimo documental y excelentes interpretaciones de otras obras del autor. Lástima que no haya sonido multicanal. (9)



7. Mutter. Previn/Sinfónica de Londres (DG, 2003). Un comienzo sollozante y lleno de portamenti anuncia ya una interpretación insincera, romanticoide, de cara a la galería, con numerosos pasajes blandos y amanerados. Eso sí, el sonido de la Mutter es incomparable, lo mismo que su virtuosismo. Tampoco la chica anda escasa de imaginación. Misterioso y evanescente, mucho antes que dramático, el segundo movimiento: aquí Previn se pliega ante las demandas de su esposa. Arrebatadores los pasajes trepidantes del tercero, aunque en las secciones líricas vuelven las blanduras y el resultado termina resintiéndose. La dirección es globalmente magnífica, más intensa aunque quizá menos clara que con Perlman y Shaham. (7)




8. Hahn. Nagano/ Deutsche Symphonie-Orchester Berlin (DVD DG, 2004). Al igual que había hecho Hugh Wolff, Kent Nagano intenta apartarse de lo decadente y voluptuoso para apostar por una dramática sobriedad. Por eso mismo su visión resulta algo unilateral, echándose de menos magia y sensualidad en determinados momentos. Como además hay algunos pasajes no todo lo trabajados que debieran, el resultado no es tan satisfactorio como el del citado Wolff. Eso sí, resulta impresionante Hilary Hanh por sonido, virtuosismo y palpitación interna, mostrándose intensísima sin dejarse llevar por el menor amaneramiento: es decir, ofrece las mismas virtudes que la Mutter y ni uno solo de sus defectos. La excepcional labor de la violinista de Virginia compensa la algo irregular de la batuta. (9)



9. Benjamin Schmidt. Ozawa/Filarmónica de Viena (OEHMS, Salzburgo 2004). La musicalidad sensual, evanescente, hedonista e hiperrefinada del maestro oriental, siempre asombrosa por su plasticidad y manejo de las texturas, encuentra en la Filarmónica de Viena la compañía ideal para ofrecer una interpretación lírica y ensoñada a más no poder, fraseada con morbidez, decadentismo bien entendido y auténtica magia sonora, todo sin descuidar, venturosamente, el desparpajo, la vitalidad y el sentido del humor del tercer movimiento. El vienés Benjamin Schmidt le sigue a la perfección en sus planteamientos haciendo gala de un sonido bonito, más frágil que vigoroso, y un temperamento inclinado a la delicadeza y ensoñación, amén de un virtuosismo más que sobrado. La toma sonora, menos buena de lo deseable para la fecha, recoge no solo las abundantes toses sino también los aplausos del público tras el segundo movimiento. Y se trata del Festival de Salzburgo, nada menos. (9) 




10. Znaider. Gergiev/Filarmónica de Viena (RCA, 2006). Esta podría haber sido una interpretación de primerísima magnitud, porque el increíble Znaider, haciendo gala de un sonido afilado, de una enorme intensidad emocional, de una fértil imaginación y de un total alejamiento del preciosismo decadente, logra una lectura realmente portentosa. Pero ahí está el mediocre Gergiev, que dirige con energía pero usando la brocha gorda, llegando a ser hortera en las explosiones de la coda del primer movimiento y tan grandilocuente como vulgar en el final. Como suele ocurrir, la Filarmónica de Viena pierde en sus manos el bellísimo sonido que la caracteriza. Un 10 para el solista, un 6 para el director. La grabación es demasiado reverberante. (8)



11. Quint. Prieto/Sinfónica de Mineria (Naxos, 2007). Un arranque algo nervioso y falto de concentración nos pone en alerta de que algo puede no funcionar bien. Efectivamente, Phillippe Quint ofrece un sonido bonito –siendo pequeño– y frasea con calidez, pero no ofrece ni la emotividad ni la tensión interna de los colegas que mejor han recreado en la obra; el violinista ruso-americano, más delicado que intenso, se queda un tanto en la superficie y no sabe ahondar ni en la poesía ni en el drama interno que se adivina tras los pentagramas, y solo se desenvuelve de manera convincente en la vivacidad y la frescura del tercer movimiento. A estos resultados relativamente decepcionantes contribuye la batuta del mexicano Carlos Miguel Prieto, desconcentrada y sin mucha inspiración, parca en poesía y un tanto plana, aunque al menos es resultona y el maestro se mueve dentro de los parámetros de una buena musicalidad. La toma sonora sí que es muy notable. (7)




12. Capuçon. Nézet-Seguin/Rotterdam (Virgin, 2009). He aquí otro increíble violinista. Su sonido bello y carnoso se ve acompañado por un temperamento cálido pero sin arrebatos, un punto distante, aunque siempre comunicativo. Por fortuna con él sí se encuentra una batuta a su altura, la de Yannick Nézet-Séguin. El aún joven pero extraodinariamente prometedor director ofrece una dirección cálida y extrovertida, muy romántica al tiempo que en absoluto decadente, en la que apuesta por una visión más optimista que dramática de la partitura. Además el canadiense sabe no caer en lo superficial, como tampoco en la brocha gorda, pues atiende a la claridad y paladea con calma el segundo movimiento. (9)



13. Gluzman. Neeme Järvi/Resident Orkest den Haag (BIS, 2009). Tras un encendido y  perfectamente controlado arranque, el violinista ucranianonos van enganchando , además de por la belleza de su sonido –incisivo, más que carnoso–, por su enfoque espontáneo, fresco, luminoso y altamente comunicativo, de fraseo admirablemente natural y virtuosismo tal que da la sensación de no realizar esfuerzo alguno; también es cierto que su alejamiento de la ensoñación, la ternura y la sensualidad que también están en la partitura le dejan un poco a medio camino en el segundo movimiento. Järvi padre acompaña como en él es de esperar, sin mucha poesía y con brocha más bien gruesa –sobre todo en el tercer movimiento–, si bien ofrece incuestionable eficacia y trasmite energía. (8)




14. Korcia. Kantorow/Real Filarmónica de Lieja (Naive, 2011). Ya desde un arranque fraseado de manera peculiar se evidencia que Laurent Korcia, armado del sonido poderoso, robusto en el grave y un punto ácido que extrae de su Stradivarius, va a intentar imprimir un sello particular a su interpretación. Lo consigue, mostrándose más incandescente y anguloso que reflexivo o interesado por la mera ensoñación sonora, pero lo cierto es que no termina de sintonizar ni con el estilo del compositor ni con la particular poesía de los pentagramas. Jean-Jacques Kantorow dirige con eficacia y hace gala de una apreciable concentración el Andamte central, pero su trabajo con la formación belga es más bien primario y más bien escaso de verdadera inspiración. Una toma sonora más bien opaca subraya la impresión de que la claridad orquestal no es la deseable. (7)



13. Armstrong. Marriner/The Colburn Orchestra (Yarlung, 2011). Como él mismo cuenta en las notas, para el jovencísimo violinista californiano –unos veinte años en ese momento– fue algo muy especial grabar esta obra junto a la orquesta de su conservatorio en la misma ciudad donde Korngold lo escribió, Los Ángeles. Desdichadamente, debemos añadir nosotros, la ingeniería de sonido no estuvo a la altura, por lo que esta toma en vivo, además de incluir toses abundantes y hasta ruidos de niños, dista de recoger los resultados de manera satisfactoria, incluso escuchando la grabación en HD. En cualquier caso, queda claro que Armstrong huye por completo del decadentismo y, armado de un sonido afilado y ácido en el buen sentido, frasea con concentración, energía bien controlada y tensión sonora, también con un apreciable sentido de lo amargo cuando debe, aunque aún le falte un poco de magia, sensualidad y perfume poético. Elegante y cuidadosa, aunque sin nada en particular, la dirección del muy octogenario Marriner. (8)
 


15. Steinbacher. Foster/Orquesta Gulbenkian (Pentatone, 2012). Por encima de una batuta cuidadosa, atenta, clarificadora y muy musical, la de un Lawrence Foster que trabaja con pinceles finos sin que la magia sonora termine de surgir, sobresale el violín incandescente de Arabella Steinbacher, pletórico de virtuosismo –robusto y bellísimo su sonido, enorme su variedad de colores y brillante su agilidad–, además de sincero a más no poder. Su primer movimiento sobresale por el ardor perfectamente controlado en el fraseo, culminando en una cadenza escarpada e incluso rebelde, llena de tensión sonora. La tensión sigue latente en el segundo, muy lento pero concentrado a más no poder, dicho con un lirismo conmovedor que en absoluto se queda en lo meramente contemplativo o hedonista, pues sabe ofrecer en él una emotividad doliente que nos deja regusto amargo. En el Allegro assai vivace con que concluye la obra, jovial y luminoso como debe ser, no se olvida de frasear con cantabilidad llena de emoción las bellísimas melodías de la partitura. Sin duda, la solista alemana se ha convertido por derecho propio en una de las grandes recreadoras de la página. (9)



16. Hope. Shelley/Real Filarmónica de Estocolmo (DG, 2013). Otro que se apunta a este concierto decididamente de moda es el británico Daniel Hope, quien armado de un sonido muy bello y un fraseo curvilíneo, ofrece en este “Escape to Paradise. The Hollywood Album” una recreación dicha con apreciable intensidad e inapelable virtuosismo. Le falta, en cualquier caso, una última vuelta de tuerca en lo expresivo, y parecen innecesarios los detalles decadentistas –muy hollywoodienses, eso sí– del primer movimiento. La dirección de Alexander Shelley es globalmente sólida, pero en general adolece de falta de colorido y parquedad en la imaginación. Además, el tercer movimiento resulta un tanto plano: la orquesta parece poco trabajada y el fraseo resulta más bien lineal. (8)



17. Shaham. Mehta/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2015). Veintidós años después de su grabación para DG, el violinista de Illinois demuestra de nuevo que posee una especial afinidad con página haciendo gala de incandescencia, comunicatividad, variedad expresiva, exquisito gusto y una perfecta comprensión tanto del lenguaje del compositor como del trasfondo que se oculta tras las notas, acertando muy especialmente en un Andante lleno de significaciones. Desdichadamente el anciano Mehta pone el piloto automático y se limita a concertar con la enorme profesionalidad que le corresponde, dejando que la portentosa orquesta ponga el resto; solo en el tercer movimiento se anima un poco y decide frasear de manera personal, lenta y jocosa aunque en exceso pesante, el tema que procede de la película Prince and the Pauper. ¡Qué lástima no haber contado para la ocasión con una batuta más comprometida! La filmación se encuentra disponible en el siguiente enlace. (9)

miércoles, 2 de julio de 2008

La Concertgebouw en Granada

La primera vez que escuché a la Concertgebouw en directo fue en la Expo’92, con un doble programa bajo la dirección de Riccardo Chailly. De nuevo con el milanés la vi unos años más tarde, también en el Maestranza, con una sensacional Séptima de Mahler. Y el pasado verano le pude disfrutar un par de conciertos en los Proms londinenses con su antiguo titular Bernard Haitink.

Pero en la reciente visita al Festival de Granada la orquesta holandesa me ha impresionado aún más. La cuerda es fabulosa, muy especialmente qué cuerda grave. Menudas maderas. Y qué metales. El empaste global es igualmente portentoso. Hace unos meses estuve en Londres escuchando a la Sinfónica de Chicago y puedo dar fe de que la justamente mítica formación norteamericana no es mejor. Igual de extraordinaria sí, y desde luego más brillante, pero no mejor, porque la del Concertgebouw, además de precisión y redondez, ofrece una musicalidad en cada uno de sus solistas fuera de lo común.

Desgraciadamente canceló por motivos de salud Mariss Jansons -músico sobrevalorado pero de indiscutible talento- para ser sustituido en el Carlos V por el mucho menos interesante Neeme Järvi, que apechugó con todo el programa inicialmente previsto, incluyendo las páginas de Schumann. Ay. La obertura Euryanthe le salió bastante digna, ya que no inspirada, pero la Sinfonía Primavera dejó mucho que desear. Concretando, el segundo movimiento resultó hermoso y aseado, mientras que el estonio destrozó de manera inmisericorde el resto de la partitura con una brocha gorda, un mal gusto -metales y percusión en primer plano- y una precipitación realmente alarmantes, dando como resultado una lectura rápida, mecánica, machacona e insensible. Un horror.

Le quedaron mucho mejor los Cuadros de una exposición, no sé muy bien si porque a Järvi le va lo colorista -desde luego dirigió con atención al detalle, sin efectismos baratos y con un fino olfato descriptivo- o porque la partitura se presta mucho más al lucimiento de los solistas: maderas, tuba y saxo, de matrícula de honor. Sobre todo este último.

Al día siguiente, la Sinfonía Turangalila. La gigantesca plantilla salió al escenario mientras el público aplaudía ante la noticia -medio aforo masculino llevaba al pinganillo en la oreja- de que la selección española de fútbol había ganado no sé qué competición. Los músicos no sabían a qué se debía en realidad tal entusiasmo ante su salida al ruedo. Algunos en el público se llevaron luego una plancha: las señoras que tenía detrás de mí empezaron a cuchichear, a lamentarse y más tarde a reírse ante las “cosas raras” que se escuchaban en la orquesta. “Ya está bien de moderneces”, venían más o menos a decir. Qué borricas. Algunos se fueron antes de que la obra terminara. ¿Para qué demonios se sacan entradas para una sinfonía con nombre de culebra? Deberían haberse quedado viendo el fútbol. Por suerte la inmensa mayoría de los allí presentes aplaudimos a rabiar.

Grande, grandísima interpretación. Y eso que la batuta de Järvi, centradísima y muy eficiente, no tuvo ni mucho menos la personalidad, el sentido del color y la capacidad para generar tensiones de un Chailly, a quien le escuché por vez primera esta obra maestra en directo con la Filarmónica de La Scala en un concierto de esos que dejan huella. Pero bueno, un orquestón como éste para una partitura semejante es un verdadero lujo de esos que se tienen muy de higo a breva. Un disfrute total.

Jean-Yves Thibaudet, que ya hizo la obra en Sevilla en aquél concierto con Chailly, estuvo deslumbrante. Y para mí fue entrañable tener delante las Ondas Martenot de Cynthia Millar, a la que tantísimos discos de música de cine he escuchado. No pude resistirme a pedirle un autógrafo. Y al pianista también: el disco de su Turangalila con esta misma orquesta y Chailly, quizá la versión de referencia junto a la genial pero muy discutible de Nagano. Total, que me acordaré mucho de esta velada granadina dedicada a Messiaen, a pesar de que estuvo amenizada por los cohetes de algunos golfos que decidieron tomar la ciudad con la excusa del triunfo futbolero.

Sinfonía nº 4 de Mendelssohn, "Italiana": discografía comparada

Esta comparativa de la Sinfonía Italiana de Mendelssohn la publiqué inicialmente el 2 de junio de 2024. He añadido Solti/Israel, Solti/Viena...