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domingo, 13 de enero de 2019

Magnífica Adriana desde el Met con Netrebko y Rachvelishvili

Incierto futuro el de las óperas del Metropolitan en los cines Yelmos de Jerez con solo treinta personas ayer en la transmisión de Adriana Lecouvreur. De acuerdo con que el título de Cilea no es el más comercial posible, pero el elenco congregado debería haber reunido a muchos más de esos melómanos que no hace tanto clamaban por la necesidad de seguir representando óperas en el Villamarta: Netrebko, Beczala, Rachvelishvili y Maestri, nada menos. Los resultados han estado a la altura de lo que prometía semejante agrupación de estrellas, permitiéndonos disfrutar muchísimo de esta música a todas luces desigual y desequiibrada, pero con bellezas en su interior que emocionan profundamente cuando son servidas por artistas de categoría.


Anna Netrebko no posee esa italianidad que asociamos al personaje, pero su voz suntuosa –cada vez más ensanchada–, su creciente solidez técnica –ya no se le nota la respiración como antes– y la muy considerable intensidad dramática con que canta la convierten en una fenomenal Adriana. Eso sí, si en “Io son la umile ancella” estuvo colosal, en “Poveri fiori” se quedó algo corta en los pianísimos, que deberían sonar más mórbidos y difuminados. En lo que a la faceta puramente actoral se refiere, esta señora se mueve muy bien en escena, pero no resuelve de manera convincente las escenas en las que el personaje tiene que demostrar sus dotes de gran dama del teatro: la rusa suena en exceso exagerada y grandilocuente, poco sincera.

Piotr Beczala tampoco es el cantante más italiano posible, pero su enorme técnica, su valentía en los agudos –timbradísimos, refulgentes– y su perfecto equilibrio entre elegancia y entrega expresiva le han hecho triunfar por todo lo alto en un rol que es muy largo y muy difícil, pero mucho menos lucido que el de las dos damas.

Absolutamente sensacional Anita Rachvelishvili, que con su Princesa de Bouillon confirma ser una de las voces (¡y de las intérpretes!) más prometedoras de la actualidad. Impresionante por todo: instrumento, técnica, entrega, musicalidad –hacer de mala no significa caer en truculencias–, desenvoltura sobre el escenario… No tengo palabras.

Estupendo Ambrogio Maestri recreando al pobre de Michonnet. Perfecto Carlo Bosi como el Abad. Gastadísimo Maurizio Muraro para encarnar al Príncipe: único lunar de un elenco casi perfecto. Bien el coro.

Gianandrea Noseda es un profesional de enorme solidez, raramente un artista inspirado. Ayer dirigió con acierto, con muy buen pulso, elevado sentido teatral y pincelada muy fina, delineando de manera excelente la exquisita orquestación de la partitura. Dicho esto, se quedó bastante corto en sensualidad, en delectación melódica y en vuelo lírico, particularmente a la hora de recrear la atmósfera cargada de nostalgia y pesadumbre del cuarto acto. Notable, en cualquier caso.

Me gustó muchísimo la producción de David McVicar, un señor con el que me he reconciliado después del bochornoso Don Giovanni que se atrevió a ofrecer en Valencia. Esta Adriana está claramente pensada para agradar al conservador público del Met, pero resulta todo un modelo de cómo lo muy tradicional y lo muy apegado al libreto puede llevarse a la práctica con tanta inteligencia como creatividad y acierto. La acción, tan complicada en el libreto y nada fácil de resolver, se desarrolla con la suficiente claridad, los personajes están muy bien definidos y hay multitud de detalles de interés. Lo menos logrado es quizá el ballet, aunque es atractivo el deseo de no ofrecer danza propiamente dicha sino más bien una buena dosis de ironía. Una escenografía espectacular y un vestuario no en exceso recargado termiunaron de redondear una extraordinaria noche de ópera. Si saliera en DVD o Blu-ray, recomendabilidad absoluta.

sábado, 12 de diciembre de 2009

La Carmen de Emma Dante y Daniel Barenboim en La Scala

Se ha hablado mucho en Internet de la Carmen que inauguró el pasado 7 de diciembre la temporada del Teatro alla Scala. Permítanme recomendarles la lectura de, entre otros, los comentarios de Ángel Carrascosa (enlace), Atticus (enlace) y Nina la Pazza (enlace), así como los que se recogen en el foro de Una noche en la ópera (enlace). En el blog "Camino de Música" (enlace) se ofrecen links a Youtube con una selección de la velada. Yo vi la función en los cines de Príncipe Pío en Madrid, por cierto en excelentes condiciones de imagen y sonido. Aquí va mi opinión.

Daniel Barenboim

Como era de esperar, el de Buenos Aires no hace el menor esfuerzo por acercarse al estilo de la ópera francesa, sino que intenta llevar la partitura de Bizet a su propio terreno. Nos encontramos así ante una Carmen muy personal y discutible, sin el perfume exótico, el fraseo hedonista, la atmósfera sensual, la riqueza de colorido, el pintoresquismo y la luminosidad mediterránea que deben producir un fuerte contraste con el dramatismo, el desgarro y la negrura que también alberga la partitura. Estos últimos aspectos, por descontado, sí que estuvieron fabulosamente servidos por la batuta.

¿Resultados? En los dos primeros actos Barenboim, pese a la evidente energía desplegada y a su elevadísimo sentido teatral, dejó muy en evidencia las insuficiencias de su planteamiento, mostrándose además un tanto vulgar en lo que a la realización sonora -demasiado robusta, no muy elegante- se refiere. Por ello su labor, sin resultar en absoluto desdeñable, se quedó un tanto a mitad de camino, y solo en momentos aislados -como la pelea de las cigarreras- alcanzó el nivel exigible a un director de semejante talento.

En el tercer acto el nivel subió considerablemente: de verdadero infarto el duelo, que por cierto pudimos escuchar sin los cortes que son habituales. En el cuarto el argentino dio lo mejor de sí mismo, logrando que su habitualmente desenfadado preludio sonara con carácter ominoso, pero sin perder brillantez, y ofreciendo un maravillosamente sincero, apasionado, tempestuoso, desgarrador y trágico dúo final, diseccionado además de manera prodigiosa en lo que a las texturas orquestales se refiere y relevando mil y un detalles nuevos. Pese a algunos abucheos aislados, su éxito personal entre el público de la Scala fue extraordinario, y -pese a los reparos apuntados- muy merecido.

Emma Dante

La mayoría de los directores de escena que se acercan a esta ópera afirman que por fin con ellos se va a ver una Carmen alejada de los tópicos, renovadora y -por descontado- profundamente feminista. Al final terminan ofreciendo, cómo no, una visión rematadamente tópica, convencional y machista de la obra. A la directora siciliana le ha pasado tres cuartos de lo mismo. No vamos a negar que en su realización estuvo muy trabajada -sobre todo en el plano actoral- y que hubiera alguna que otra buena idea aislada, pero el conjunto no solo no funcionó desde el punto de vista dramático, sino que terminó alcanzando el mayor de los ridículos.

Emma Dante quiere “descubrirnos” que esta ópera habla del choque entre la mentalidad conservadora pequeñoburguesa y la amoralidad de la vida fuera de la ley, y por ende nos presenta una ciudad mediterránea -que no es Sevilla- infestada por curas fácilmente escandalizables y militares muy agresivos en la que las “liberadas” cigarreras/monjas lucen su ropa interior mientras (¡enorme hallazgo, jamás visto en escena!) chapotean en el agua de la fuente.

Como además hay que ser “políticamente comprometidos”, hay críticas a la violencia machista (!), a la explotación infantil (!!), a las corridas de toros (!!!) y hasta a la compraventa no se sabe muy bien si de ex-votos o de reliquias (!!!!), todo ello bajo un prisma maniqueo que no duda en identificar religión con represión (equivocada está esta señora: que se pase cualquier año por la Semana Santa de Sevilla) y que acude a todos los tópicos habidos y por haber sobre el folclore latino, mezclando alegremente -otros lo han explicado mejor que yo- las procesiones castellanas con el Corpus Valenciano, el botafumeiro santiagués con la ambientación siciliana.

Plásticamente, además, la propuesta resultaba fea y oscura, con un vestuario -de la propia Dante- que no aportaba nada sobre los personajes y una escenografía en la que Richard Peduzzi no tuvo el menor reparo de ofrecer una especie de reciclaje de su Tristán con Chéreau y Barenboim que se vio en la propia Scala hace justo dos años (enlace). Mil y un detalles gratuitos que no merece aquí la pena enumerar terminaron de convertir la propuesta escénica de Emma Dante en un bodrio de extrema impresentabilidad. El monumental, feroz e histórico abucheo se lo tuvo merecido. Daniel Barenboim demostró un gran coraje saliendo a defenderla, aunque su cara de mala leche denotaba un intenso desprecio por la opinión del respetable: un poco más de humildad no le vendría mal a este señor, por mucho que sea -que a mi modo de ver lo es- el más genial músico del momento.

Los cantantes

Se ha dicho que no está bien que una desconocida protagonice la noche de San Ambrosio en La Scala. No estoy de acuerdo: lo importante es su categoría artística, no su glamour, su fotogenia o su impacto mediático. Tras una Habanera simplemente correcta, la jovencísima -veinticinco años- Anita Rachvelishvili demostró ser una Carmen bastante notable, si bien dentro de una concepción del personaje alejada de los convencionalismos y, aquí sí, escasamente machista: su cigarrera no es ni pícara, ni sarcástica ni seductora, sino simplemente una mujer marcada por la tragedia que tiene la mala fortuna de enamorarse y desenamorarse de hombres que no le convienen en el momento más inadecuado. Egoísta pero ofreciendo al mismo tiempo una consecuente valentía a la hora de enfrentarse a su destino, la Carmen de la Rachvelishvili ofrece una dimensión trágica en absoluto desdeñable.

De Jonas Kaufmann no sé muy bien que pensar. De él hasta ahora sólo había escuchado su muy irregular (y en general bastante mediocre) primer recital de arias para Decca, así como su horroroso cantante italiano en el Rosenkavalier de la Fleming editado hace poco en DVD. Su técnica deja muchísimo que desear, con la voz muy atrás (o más atrás aún: donde ustedes se imaginan) emitida de manera por completo heterodoxa, con resultados de terrible fealdad tímbrica. Cuando tiene que ofrecer un canto mórbido y elegante resulta insoportable: su dúo con Micaela y el aria de la flor deberían pasar al Museo de los Horrores.

Ahora bien, cuando canta a voz plena y con acentos marcadamente trágicos, Kaufmann se trasfigura en lo vocal al mismo tiempo que ofrece una verdadera lección de temperamento y emotividad sin sacar los pies del plato en lo expresivo. Su cuarto acto fue descomunal, y sin duda explica la extraordinaria acogida final por parte del público de La Scala. En fin, a mí me da la impresión de que este señor podría convertirse en un tenor dramático de fuste si se dedicase a lo que realmente le va.

Me interesó poco la Micaela de Adriana Damato, seguramente correcta pero bastante fría y vulgar; aunque por fortuna limpió al personaje de la cursilería con que otras lo abordan, desaprovechar semejante bombón es poco menos que un pecado. Para ella hubo una cierta dosis de abucheos finales, como también, aunque en menor medida, para ese barítono de segunda fila que es Erwin Schrott, un Escamillo no ya chulo sino abiertamente basto; mejor en cualquier caso su enfrentamiento con Don José, donde estuvo notable, que en su celebérrima aria de entrada. Entre el resto del elenco hubo de todo, siendo justicia destacar la Frasquita de Michèle Losier y, sobre todo, la Mercedes de Adriana Kučerová, una cantante a la que vimos en Sevilla como Marcelline (enlace) y que en La Scala ha estado maravillosa.

Muy en resumen: una Carmen globalmente muy irregular, que en lo escénico fracasó de manera rotunda y que en lo musical avanzó desde la relativa mediocridad del primer acto hasta la excelsitud del cuarto. Estaremos atentos a la evolución de la Rachvelishvili y confiaremos en que Kaufmann deje de hacer tonterías y se embarque en proyectos que realmente aprovechen su enorme potencial.

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Esta comparativa de la Sinfonía Italiana de Mendelssohn la publiqué inicialmente el 2 de junio de 2024. He añadido Solti/Israel, Solti/Viena...