Un cajón de sastre para cosas sobre música "clásica". Discos, conciertos, audiciones comparadas, filias y fobias, maledicencias varias... Todo ello con centro en Jerez de la Frontera, aunque viajando todo lo posible. En definitiva, un blog sin ningún interés.
domingo, 1 de febrero de 2026
Lahav Shani llega a lo más alto
jueves, 6 de noviembre de 2025
Octava de Mahler por Mäkelä en Ámsterdam
Ya he podido escuchar la Octava de Mahler grabada en directo por Klaus Mäkelä al frente de la Orquesta del Concertgebouw que sale, al hilo de la gira que van a iniciar por Asia, mañana viernes 7. No voy a decir cómo lo he conseguido, pero sí quiero apuntar que Qobuz me está dando problemas serios en la conexión con el equipo de música: hay pistas que pasados unos minutos se cortan. Si la cosa sigue así, tendré que suspender mi suscripción.
Octava de Mahler, decía. Música controvertida que, lo siento mucho, a mí me parece pesada. ¿Que hay "momentos", como me dice un amigo? Desde luego, hay momentos maravillosos, pero escuchada así de un tirón me resulta un mamotreto. Nada que ver con las maravillas de Canción de la Tierra, Novena y Décima. Hace falta un director de fuste para que la cosa funcione. Mäkelä, aunque cuenta solo veintinueve años, tiene ya su experiencia: con la formación holandesa a la que ha llegado de titular ya tiene vídeos de Cuarta y Quinta, mientras que de otras sinfonías hay por ahí testimonios con orquestas diversas. No conozco ninguno de ellos, así que la valoración de este disco sirve solamente para la antedicha sinfonía.
Mi valoración de esta Octava es plenamente positiva. Cierto es que no alcanza la genialidad, la fuerza visionaria de Leonard Bernstein en sus dos registros del Festival de Salzburgo, audio y vídeo grabados en días consecutivos, pero creo que el maestro finlandés no solo controla de manera irreprochable las gigantescas fuerzas a cuyo frente se pone, sino que además acierta en la expresión. En el Veni Creator no se deja llevar por el jolgorio y deja que las melodías vuelen con verdadero aliento lírico. En la sobrecogedora introducción a la segunda parte logra destilar esa tensión expectante que la música necesita. ¿Y en el resto? Pues mezcla sensualidad y sentido espiritual añadiendo un punto de decadentismo, pero cuidándose mucho de no pasarse con el carácter pimpante de los coros de infantiles y tal. Aporta además la batuta detalles de gran clase, sobre todo a la hora de subrayar con carácter expresivo ciertas intervenciones de los primeros atriles.
El equipo de ilustres desconocidos que conforman el conjunto vocal y las diversas fuerzas corales congregadas para la ocasión funcionan francamente bien. En realidad, el único problema es el de la toma de sonido, tan problemática como en la mayoría de los registros que conozco. Quizá el Blu-ray de Chailly con la Orquesta del Festival de Lucerna sea la que logra un mejor equilibrio entre calidad interpretativa y calidad de la grabación, así que esa sería mi recomendación número uno. Las de Lenny, probablemente ustedes ya lo saben, suenan mal. En cuanto a Mäkelä, se confirma un gran talento con independencia de los relativos desequilibrios artísticos de su aún breve trayectoria discográfica y del muy, pero que muy fastidioso aparato publicitario que le rodea.
domingo, 30 de marzo de 2025
Concierto para piano nº 5 , Egipcio, de Saint-Saëns: discografía comparada
Mañana lunes comienza Javier Perianes una gira con la Orquesta Philharmonia que en la que ha decidido tocar el Concierto para piano nº 5 , Egipcio, de Camille Saint-Saëns. Buena excusa para hacer una pequeña discografía comparada. ¿Realmente es necesario poner a unos frente a otros? ¿No se puede disfrutar de cada propuesta de manera aislada? Creo que no. Al fin y al cabo, cada interpretación musical no es sino una exploración, una propuesta de visión de una realidad inaprensible que solo se materializa cada vez que se la hace sonar, pero que siempre suena distinta. Cada lectura es una aproximación necesariamente parcial cuya naturaleza solo se pone de relieve comparándola con otras aproximaciones no menos parciales. Concretando: por mucho que, en este caso concreto, la grabación de Sviatoslav Richter con Christoph Eschenbach le parezca a un servidor la más profunda y emotiva de todas, sería erróneo monumental pensar que con ella basta y sobra. Solo una aproximación plural nos puede ofrecer una visión no del todo inexacta de la realidad. De cualquier realidad, dicho sea de paso.
- Richter. Kondrashin/Orquesta Juvenil de Moscú (varios sellos, 1952). Increíble que el pianista que más ha acertado con esta obra sea el que un melómano cualquiera menos hubiera identificado con Saint-Saëns: Sviatoslav Richter. Ni su toque “duro” de pura escuela soviética –o rusa, o como ustedes la quieran calificar– ni su temperamento escarpado, dramático y por completo alejado de cualquier concesión a la galería son a priori adecuados para el repertorio francés. Su acierto, sin embargo, es grande, por paradójico que resulte… o quizá precisamente por eso. Porque lo que hace el ucraniano es limpiar de polvo y paja la partitura, obviar lo que tiene de decorativo y quedarse con la esencia emocional de las notas, que plasma con asombrosa limpieza digital, perfecto cálculo de las tensiones, cantabilidad plena sin que ello signifique narcisismo y mucha, muchísima pasión. Justo la que inyecta un Kondrashin que tampoco quiere saber nada del estilo, pero que llena la música de entusiasmo y no deja de atender a los pliegues del segundo movimiento, cuyo final sabe ver siniestro. Por lo demás, excelente rendimiento el que obtiene de la orquesta de jóvenes. Mucho ojo con el streaming: circulan versiones del registro que presentan grandes desigualdades técnicas entre sí. (9)
- Rogé. Dutoit/Royal Philharmonic (Decca, 1978). El maestro suizo nos ofrece la interpretación francesa por excelencia: delicada en el mejor de los sentidos, elegantísima, muy sensual y con un apreciable punto de ligereza tanto sonora como expresiva, lo que puede gustar más o menos pero, desde el punto de vista estilístico, resulta irreprochable. Junto a él, un joven Pascal Rogé se muestra muy sensato y sensible, alejado por completo del mero virtuosismo aunque tampoco, todo hay que decirlo, especialmente limpio en el toque ni variado en la expresión. A destacar, en cualquier caso, el sabor siniestro que los dos músicos son capaces de extraer del segundo movimiento, así como el vigor que –al contrario que en el inicial– quieren aportar al último. Espléndida la orquesta, muy bien modelada por la batuta y estupendamente grabada por los ingenieros de Decca. (8)
- Collard. Previn/Royal Philharmonic (EMI, 1986). De nuevo la RPO, aun mucho menos bien grabada que ocho años atrás, se muestra como un instrumento virtuosístico, dúctil y muy apropiado para esta página, aunque en esta ocasión bajo la batuta de un Previn que consigue esa dificilísima cuadratura del círculo que necesita el repertorio francés de entresiglos: con él hay delicadeza, ensoñación, melancolía y hasta cierto carácter alado cuando es necesario, pero también vigor, tensiones y sentidos de los contrastes, consiguiendo así una lectura más equilibrada, convincente y emotiva que la de Dutoit. Jean-Philippe Collard, sin ser Richter, hace gala de una agilidad formidable, gran sensibilidad para la poesía y apasionamiento bien controlado, convirtiéndose a la postre en uno de los más irreprochables intérpretes de la página. (9)
- Richter. Eschenbach/Sinfónica de la Radio de Stuttgart (Hänssler, 1993). Un milagro. Cuarenta y un años después del ya comentado testimonio con Kondrashin, el pianista ucraniano deja en mantillas su propia recreación y vuela muy por encima de cualquier otro pianista –de antes y de después– con una recreación que sigue manteniendo el rigor y el carácter dramático que caracterizan su arte, pero que añade una dosis muy considerable de cantabilidad, de humanismo, de sensualidad e incluso de delicadeza bien entendida, corrigiendo frases que antaño le quedaban algo mecánica y ofreciendo aquí y allá detalles de sutilísima poesía que, alejadas por completo de la trivialidad o el mero hedonismo, nos descubren las muchas bellezas ocultas en esta partitura. Le ayudan los tempi lentos de un Eschenbach que comparte el enfoque íntimo y recogido del solista, dirige con trazo fino y apuesta por el perfume atmosférico y vagamente impresionista –con toques orientalizantes– de una obra que no en balde se escribió en 1896, pero sin que el carácter difuminado de la pincelada signifique ausencia de claridad. Todo lo contrario: la manera en que desmenuza esta música no se le ha escuchado a ningún otro director, como tampoco su efusividad en el canto melódico. A destacar el toque de amargor en la conclusión del segundo movimiento. En el tercero se pueden echar de menos la chispa y el optimismo vital de otros maestros, pero a cambio su mirada otoñal destila una ternura y emotividad insólitas. Una lástima que la toma, correspondiente a un evento que tuvo lugar el 30 de mayo de 1995 en el que también se ofreció el Concierto en fa de Gershwin (¡qué cosas!), no sea ninguna maravilla. (10)
- Thibaudet. Nelsons/Orquesta del Concertgebouw (YouTube, 2011). Esta filmación puede gustar mucho –a mí me entusiasmó en su momento- por la vitalidad de su concepto y la inmediatez expresiva de su realización, pero si comparamos con otros registros de pueden poner reparos. Estos no van dirigidos al por entonces aún joven Andris Nelsons, quien sin necesidad de bucear en pliegues expresivos realiza una asombrosa labor de reivindicación de la floja partitura poniendo al servicio de la misma no solo una irreprochable técnica de batuta con la que materializar sus creativas ideas, sino también una gran dosis de intensidad, fuerza y entusiasmo que se evidencia con claridad en el muy expresivo rostro del maestro, pero también en la manera de paladear con voluptuosidad las melodías y ofrecer una verdadera orgía de colores –rutilante la orquesta– sin perder de vista la elegancia y el peculiar sentido del equilibrio que este repertorio demanda. El problema está en Jean-Yves Thibaudet: su toque es de enorme limpieza, posee enorme técnica a la hora de modelar el sonido y sabe ofrecer toda esa particular delicadeza que el repertorio francés demanda al tiempo que canta algunas frases con un vuelo poético sobrecogedor, pero el nerviosismo hace en demasiadas ocasiones mella en su fraseo, echándose de menos concentración y sobrando fuegos artificiales. Tampoco termina de convencer ese carácter lúdico, algo frívolo por momentos, con el que aborda los movimientos extremos de la partitura. Para algunas sensibilidades puede resultar refrescante que su óptica prescinde de densidades para lanzarse sin rubor a lo bullicioso de esta música, pero a la postre termina resultando superficial. (8)
- Perianes. Tausk/Sinfónica de Galicia (YouTube, 2022). Pianista apolíneo por naturaleza y vocación, pero no por ello precisamente parco en tensión interna y sentido de los contrastes, el de Nerva hace gala de un fraseo de enorme limpieza y de un toque de asombrosa riqueza –yo diría que la mayor que se ha escuchado en esta página– para ofrecernos una recreación en la que el equilibrio y la belleza sonora se ponen por delante de otras consideraciones. Al menos lo hace así en el Allegro animato, lejos tanto de la serenidad y hondura de un Richter –inalcanzable aquí y en toda la obra– como de la efervescencia de un Thibaudet; la búsqueda de la elegancia y del sabor netamente francés, en cualquier caso, no le impiden ofrecer algunas frases de sublime poesía. Perianes parece cambiar de tercio en el Andante, arrancando con un fuego –controladísimo–, una potencia sonora y un sentido dramático considerables para luego alternar entre pasajes de increíble hermosura en los que hace gala de esa mágica sensibilidad que es marca de la casa con otros en los que los arabescos resultan particularmente encrespados. Sanguíneo a tope –es decir, ortodoxia pura y dura– el Molto allegro conclusivo, pleno de empuje sin caer en la tentación de quedarse lo lúdico– ni perder claridad expositiva, en todo momento excepcional. El holandés Otto Tausk se preocupa más de la globalidad –pulso muy bien sostenido– que del detalle, echándose de menos la claridad de líneas que, por poner un ejemplo, conseguirá Klaus Mäkelä tan solo un año después. En cualquier caso, extrae un formidable partido de la orquesta gallega, que quiere hacer sonar con músculo y no ligera: me parece un acierto. En lo expresivo se muestra muy implicado, moviéndose con convicción entre los distintos ambientes de la partitura; bellísimo su canto en el segundo movimiento, aunque para mi gusto los leves portamentos que incluye son prescindibles. (9)
- Rogé. Luisi/Sinfónica de la NHK (YouTube, 2023). Nada menos que cuarenta y cinco años después de su grabación con Dutoit, Pascal Rogé –setenta y dos tacos ya– demuestra seguir siendo un notabilísimo intérprete de la obra, con las mismas virtudes e insuficiencias que en la ocasión anterior. En este sentido, y con todo lo que ha llovido desde entonces, se pueden echar de menos agilidad, variedad en el toque, efervescencia e incluso brillantez, pero también se agradece, y muchísimo, que su fraseo sea cálido, concentrado, efusivo y por completo alejado de frivolidades y nerviosismos varios. Eso sí, el tema “del Nilo” podría estar dicho con mayor emotividad. Luisi se pone al servicio del solista ofreciendo una recreación apolínea, ligera en el mejor de los sentidos, muy bella y dotada de nobleza en el fraseo. Total, la versión opuesta a la de Thibaudet y Nelsons. Imagen problemática, toma sonora irreprochable. (8)
- Kantorow. Mäkelä/Orquesta de París (Medici TV, 2023). Dedos finos y larguísimos permiten al joven Alexander Kantorow –veintiseis años– ofrecer una enorme agilidad digital que, junto con una extraordinaria técnica a la hora de regular el sonido en volumen y densidad, se ponen al servicio de una interpretación muy distinta de la de Perianes y Rogé, al tiempo que cercana –sin llegar a sus extremos– a la de Thibaudet. Es decir, efervescencia, incisividad, contrastes marcados y un nervio interno que por momentos se aproxima al nerviosismo, y que en el movimiento conclusivo le hace arrancar de manera excesivamente lúdica –por no decir frívola– para luego ir escorándose a lo meramente virtuosístico. Toca de maravilla, ciertamente, y es difícil resistirse ante su brillantez y comunicatividad, pero entiendo que a esta recreación le falta madurez. Lo mismo puede decirse de Klaus Mäkelä. Algo menos joven que el solista e igualmente bien dotado en la técnica, cosa que demuestra ofreciendo una meridiana clarificación del entramado orquestal, ofrece una lectura que busca y consigue esa sonoridad francesa tan peculiar basada en la ligereza sonora y expresiva, pero a mi entender se pasa de la raya: Fabio Luisi conseguía lo mismo ofreciendo mayor concentración y un fraseo más efusivo. (8)
martes, 27 de agosto de 2024
Mäkelä se estrella contra el Réquiem de Mozart
Concierto de la Orquesta del Concertgebouw bajo la dirección de Klaus Mäkelä celebrado en Ámsterdam en noviembre de 2022. Se encuentra disponible, con excelente calidad de imagen, en Medici TV. El programa contiene dos obras particularmente excelsas: Sinfonía nº 4 de Jean Sibelius y Réquiem de Mozart, este último en la tradicional versión de Süssmayr. El maestro se desenvuelve francamente bien con la primera y se estrella contra la segunda.
La Cuarta de Sibelius se encuentra en la línea a la que tenía grabada con la Filarmónica de Oslo para Decca: ni romántica ni expresionista. La visión del joven director finlandés resulta ante todo esencial. Música pura y despojada, expuesta con extraordinaria depuración sonora y una belleza infinita. No es la opción que más me gusta, pero es una posibilidad sensata, plausible y apta para todos los públicos. Eso sí, llama la atención un Finale bastante animado en el que parece apreciarse una frescura juvenil, incluso un cierto júbilo optimista, que no parece sintonizar de manera coherente con lo propuesto en los movimientos anteriores.
Lo del Réquiem es mucho más discutible. En una orquesta cuyo Mozart ha desarrollado una importante tradición harnoncourtiana podía esperarse una interpretación “de tercera vía”. Es así solo en parte. La plantilla instrumental y coral es reducida. Los cuatro solistas vocales se sitúan delante del coro. Los tempi son rapidísimos. La articulación es ágil, pero no incisiva ni agresiva. El vibrato se encuentra muy moderado, si bien los ataques son ajenos a la praxis “históricamente informada” y el equilibrio entre cuerda y viento es el tradicional. El timbalero hace uso de baquetas dura, sin que sus intervenciones tengan especial énfasis. No se buscan grandes claroscuros ni agresividades. No, esto no es la "tercera vía" que todos tenemos en mente.
Tampoco se trata, en modo alguno, de una interpretación distendida, complaciente ni narcisista. ¿Entonces? Pues mucho tempo que es sencillamente fría. Como un témpano de hielo. Sí, Mäkelä sabe sacar partido del excelente Coro de Cámara de los Países Bajos y obtiene de él interesantes reguladores. Asimismo, trata con enorme limpieza a la formidable cuerda del Concertgebouw y deja que sus maderas canten las melodías sin excesivo apremio, pero la cosa no funciona. Todo transcurre de manera insulsa merced a un fraseo rígido, plano y parco en acentos, salvando –no precisamente para mejorar las cosas– un Kyrie tan rápido que se acerca a lo convulso y un Domine Jesu que tiende a lo frivolón.
¿Valoración global del uno al diez? Un seis para el maestro, que sube hasta un siete por el rendimiento de orquesta y coro y por un buen cuarteto moderado en vibraciones: notables Sabine Devieilhe, Sasha Cooke y, sobre todo, Julian Prégardien. Benjamin Appl se queda algo corto.
miércoles, 14 de agosto de 2024
Ya está aquí el Shostakovich de Mäkelä
Nueva campaña de marketing para el doble CD lanzado por Decca que incluye las sinfonías Cuarta, Quinta y Sexta de Shostakovich a cargo de Klaus Mäkelä y la Filarmónica de Oslo, que ha salido hoy mismo y ya he escuchado. No se trata, evidentemente, de un intento de aportar nada especial al universo interpretativo del autor de La nariz, sino de consolidar el estrellato del joven maestro finés, al que decididamente le pueden las prisas: su talento queda fuera de toda duda, pero de ahí a la genialidad hay un buen trecho. Porque en estas tres sinfonías, como veremos, no todo es excepcional.
En el primer movimiento de la Cuarta Mäkelä ya deja clara su plena comprensión del universo shostakoviano, tanto en lo que al lenguaje sonoro se refiere como al contenido tras las notas, pero da la impresión de que no se termina de lanzar en plancha frete a una música que necesita pleno compromiso: por momentos su lectura, de irreprochable trazo y momentos muy logrados –cabalgada en mitad del movimiento, justo cuando arranca el segundo track de esta edición–, resulta algo aburrida. La excelencia sí que la alcanza en el segundo movimiento, cuya fantasmagoría –alucinante juego de las maderas en el minuto seis– se encuentra plenamente conseguida. El alto nivel prosigue en el tercero, planteado aquí no desde la rabia sino desde ese “más allá” que empezó a explorar Rostropovich en sus recreaciones; a destacar, en este sentido, el exquisito tratamiento tímbrico que resulta de dar las adecuadas indicaciones a los miembros de la orquesta, así como la lentitud de una coda que bajo la batuta de Mäkelä, antes que nihilista, suena particularmente misteriosa.
Nuestro artista se decide a ofrecer una visión “abstracta” de la Quinta. Ni “la respuesta de un artista soviético a unas críticas justas”, ni todo lo contrario. Música, solo música. Lo hace bien, pero se queda a mitad de camino. El primer movimiento se encuentra muy correctamente planteado en lo expresivo y admirablemente expuesto; la marcha central resulta amenazadora antes que grotesca, lo que quizá no sea la opción más certera. Magnífico trabajo de planificación en el Allegretto, en el que las maderas de Oslo lucen su virtuosismo y el primer violín hace gala de una atractiva mezcla entre elegancia e ironía; por descontado, lo corrosivo queda fuera de los planteamientos manejados por Mäkelä. Muy bien el Largo, solo eso: hermoso e intenso sin necesidad de romantizarlo “a la Mravinsky”, pero cosas mucho más lacerantes se han escuchado. Correctísimo el Finale, venturosamente alejado de los excesos y muy bien tensado. Y ahí queda la cosa. Esta música pide más, mucho más, para terminar de convencer.
Mäkelä triunfa por completo en el primer movimiento de la Sexta sorteando sus dos grandes problemas: mantener el pulso durante su larga duración –adopta un tempo menos lento que la media, sin perder por ello misterio ni hondura– y resultar doliente sin caer en lo quejumbroso. Su batuta planifica bien las tensiones, inyecta honda emoción y sabe equilibrar lo rebelde con lo reflexivo desde una convicción plena. El Allegro lo resuelve de manera satisfactoria, esto es, con sentido dramático y carácter implacable, marcando bien aristas sin voluntad de resultar especialmente visceral. En el Presto conclusivo tiene bien claro que la interpretación no debe resultar en absoluto risueña ni distendida, sino cargada de tensiones, pero aquí quizá se pase un poco de frenada: le falta ese punto de carácter vulgar, cabaretero y circense que con mucha mala leche Shostakovich enfrentó con todo lo anterior: para resaltar la ironía no siempre es lo más adecuado poner cara seria, sino recrearse en ella.
¿Conclusión? Magníficas Cuarta y Sexta, pero lejos de las referencias, y Quinta buena sin más. Magnífico sonido Atmos en la plataforma Amazon Music. Veintiún euros en formato físico: no se los gaste.
martes, 21 de mayo de 2024
Sinfonía nº 5 de Jean Sibelius: discografía comparada
Publiqué inicialmente esta comparativa el 25 de junio de 2022. No me gustó el resultado. He vuelto a escuchar varias versiones, me he acercado a otras nuevas y he pulido considerablemente el texto. Aún sigue sin convencerme del todo, pero está mejor que antes. Pido disculpas por no haber atendido a todas las peticiones de audición, pero si seguía una grabación tras otra no iba a terminar nunca.
Una vez más, recordar que las puntuaciones del uno al diez no tienen importancia. Lo interesante es ver cuáles son las maneras en que puede abordarse esta música, cuáles son las intenciones del maestro de turno y si las cosas funcionan o no. ¿Un solo director? Me quedo con tres: Barbirolli, Bernstein y Berglund. El maravilloso clasicismo de Sir Colin Davis es una gran opción, pero no me parece tan imprescindible.
4. Karajan/Orquesta Philharmonia (EMI, 1960). El maestro vuelve a dejar testimonio de su temprana visión de la obra, tan distinta de la que ofrecerá años después, pero esta vez con la perfección que ofrece el estudio y con la superlativa participación de la Philharmonia, más adecuada que la berlinesa para plasmar este concepto seco y espartano, sin mostrar todavía esa tendencia tanto a la dulzura como al exceso, por mucho que los contrastes dinámicos sean grandes y la brillantez esté asegurada. Por otra parte, ahora sí consigue la unidad en el trazo, con empuje y atención a la claridad; cae quizá en cierto exceso de nerviosismo en la sección central del segundo movimiento, pero ofrece a cambio considerable decisión en todo el final, hasta el punto de que los acordes finales suenan muy poco separados entre sí, para lo que estamos acostumbrados. Buen sonido si se escucha en SACD. (8)
5. Bernstein/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1961). La dirección del aún relativamente joven Bernstein es extrovertida y muy comunicativa, también muy volcada en los contrastes sonoros, siempre dentro de un perfecto estilo al que contribuye el sonido rústico de la orquesta. Quizá en exceso: los metales suenan no solo broncos, sino también algo pobretones. Desdichadamente, le falta algo de control de la arquitectura, más impulsiva que planificada, así como un mejor análisis de planos sonoros. Pincha en este sentido el primer movimiento, más nervioso de la cuenta. En el segundo destaca el excelente tratamiento de la cuerda. En el Finale el maestro paladea los pasajes claves con enorme concentración, pero otorgándoles asimismo un carácter algo hinchado, incluso retórico e insincero, lo que a su vez conduce a que a la arquitectura le falte unidad de trazo. Lo hará muchísimo mejor en el futuro. (7)
6. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1965). Tan solo cinco años después. de su grabación con la Philharmonia, Karajan es ya el que todos conocemos, ofreciéndonos así un concepto “romántico” tanto en sonido como en expresión dentro de una idea en buena medida contemplativa y sensual de esta música. Así las cosas, esta nueva recreación es bien distinta a aquella: más hermosa, pero también más ampulosa e hinchada, y con cierta tendencia a la dulzura. Ciertamente impactan la robustez y la belleza del sonido, como también la capacidad para generar texturas densas y opresivas, así como la claridad del entramado orquestal, pero el maestro cae en lo ampuloso y pesante, e incluso en algún momento del primer movimiento tiene alguna frase demasiado “amable”. Sonido redondo, cálido y confortable en BR-A y en Atmos. (8)
7. Barbirolli/Orquesta Hallé (EMI, 1966). El maestro británico madura definitivamente su acercamiento a la obra ofreciendo una genial recreación, expresionista y muy tensa, pero asimismo llena de control, consiguiendo una arquitectura de tensiones perfecta y una asombrosa disección del entramado orquestal en el que cada línea melódica se encuentra matizada con enorme acierto. En el primer movimiento, inquietante y lleno de malos presagios, hay que destacar como ni siquiera en esos instantes más delicados –hacia el minuto seis– en el que muchos directores se desinflan, Barbirolli deja de mantener la tensión interna. En el segundo, apartándose por completo de lo bucólico y optando por mantener un fraseo en marcado stacatto, tampoco baja la guardia: los acentos lacerantes de la cuerda producen escalofríos. Lleno de fuerza pero nada retórico ni hinchado el final, que acaba en acordes secos e implacables a más no poder. La toma sonora resulta áspera incluso tras la restauración en alta definición. (10)
8. Bernstein/Sinfónica de Londres (DVD ica Classics, 1966). Lenny se deja llevar por la presencia del público y ofrece, siempre con ese espectacular manejo de las masas sonoras que le caracteriza y dejando bien clara su tendencia a disfrutar del sonido por sí mismo, una recreación ante todo directa, vibrante, impulsiva, dicha de un solo trazo, cargada de fuerza, que alcanza clímax poderosos a más no poder sin dejar por ello de ofrecer la adecuada delectación melódica en los pasajes líricos, pero también algo epidérmica, más impulsiva que meditada, y por ello carente todavía de esa concentración interior, de esa naturalidad en el fraseo y de ese refinamiento en el tratamiento de los diferentes planos sonoros de los que hará gala en su increíble recreación veinticuatro años posterior con la Filarmónica de Viena, no obstante anunciada aquí en un Finale de enorme grandeza. La toma sonora dista muchísimo de convencer, aunque la realización televisiva de Humphrey Burton, en blanco y negro, está por encima de la media de la época. (8)
9. Maazel/Filarmonica de Viena (Decca, 1966). El trasvase a alta definición de la formidable toma realizada por los ingenieros del sello británico nos permite disfrutar plenamente del soberbio trabajo de clarificación de planos realizado por un Maazel a punto de cumplir los treinta y seis años y ya dueño de una técnica de primerísimo nivel con la que logra, al mismo tiempo, hacer zona a la Filarmónica de Viena de manera rústica y escarpada, dentro de una propuesta expresiva fresca, afilada, recorrida por electricidad y nervio interno, indisimulada en su búsqueda de brillantez, pero en absoluto grandilocuente ni pesada. Se queda corta en lo que a calor, efusividad y vuelo poético se refiere, sobre todo en un movimiento central dicho un tanto de pasada. En contrapartida, la acumulación de tensiones hacia el clímax final resulta impactante. (9)
10. Barbirolli/Orquesta Hallé (Testament, 1968). Una vez más, el típico Sibelius de Barbirolli: áspero, dramático, tenso y electrizante, nada romántico. En esta ocasión se le puede reprochar un excesivo nerviosismo en algunos pasajes, limitación que compensa con algunos hallazgos extraordinarios. (9)
11. Celibidache/Sinfónica de la Radio Sueca (DG, 1971). A pesar de lo admirable de una arquitectura de tensiones construida sobre unos tempi muy lentos, de echan de menos algo más de belleza y efusividad lírica. El final, grandioso pero sin un ápice de retórica, es un verdadero triunfo. (8)
12. Berglund/Sinfónica de Bournemouth (EMI, 1973). Cuarenta y cuatro años tenía el director finlandés cuando realizó el primero de sus cinco acercamientos fonográficos a la página. Demostró en él amor por esta música, un plausible acercamiento a medio camino entre lo romántico y lo expresionista y un gran cuidado formal a la hora de ir desgranando la música, sin prisas ni nerviosismo, pero no logró trazar correctamente la arquitectura: las líneas de tensión avanzan con dificultad y a veces se bordea el aburrimiento. Tampoco su lectura es del todo poética ni hace gala de una particular creatividad. Lo mejor, un Finale con muy buenos momentos. (7)
13. Colin Davis/Sinfónica de Boston (Philips, 1975). Como EMI y Decca ya tenía en Europa sus respectivas integrales de Sibelius, los holandeses se ponen al día echando mano de la orquesta de Ozawa, cuyas suntuosas cuerdas y maderas -metales a menor altura- son recogidas por una toma sensacional para la fecha, y de un maestro que muestra un evidente interés hacia esta música, aunque aún por madurar. Por eso mismo, al tiempo que hemos de aplaudir el suntuoso modelado sinfónico que obtiene su batuta, la generalmente muy notable delineación del tejido polifónico, la inmediatez expresiva del acercamiento y el exquisito gusto que lo preside –ni rastro de excesos ni de caídas en lo contemplativo–, hemos de percatarnos de la discontinuidad de un primer movimiento en que cuenta con momentos excelentes, cierta falta de poesía en el Andante y una relativa falta de grandeza en un Finale que comienza de manera bulliciosa pero no termina de calar a fondo en la música. Desde un prisma de menores conflictos dramáticos y mayor depuración sonora, Sir Colin profundizará en el futuro de manera considerable en esta música que amará como pocas. (8)
14. Karajan/Filarmónica de Berlín (EMI, 1976). Karajan en la cima del dominio técnico de la batuta. También en la del narcisismo. Hubo mucho desmadre en lo que en los años setenta grabó para EMI, particularmente en lo que a la gama dinámica se refiere: el reciente SACD, que renuncia a la cuadrafonía original, recoge semejante circunstancia a la perfección. También nos permite deleitarnos con la bellísima, suntuosa sonoridad que extrae de los Berliner en esta interpretación en la misma línea densa, masiva y retórica de su interpretación para DG, aunque sin semejante grado de pesantez y ampulosidad. Aun así, demasiadas frases suenan en exceso parsimoniosas, cuando no hinchadas, mientras que en el segundo movimiento sigue siendo preferible un grado menor de dulzura. (8)
15. Ashkenazy/Orquesta Philharmonia (Decca, 1980). Aunque estos no eran sus primeros pasos discográficos como director, Ashkenazy demostró en su ciclo Sibelius no solo un gran talento para manejar tensiones y masas sonoras, sino también un apreciable olfato para interpretar al autor finés en el punto justo de equilibrio entre postromanticismo y modernidad. Lo dicho queda bien claro en esta Quinta austera, dramática, un tanto enrarecida, en modo alguno sentimental o contemplativa, pero no áspera ni particularmente escarpada, como tampoco ajena a la amplitud melódica ni a la belleza sonora. Le ayudan una orquesta aún en espléndida forma y una toma sonora de gran calidad realizada en un Kingsway Hall al que ya le quedaba poco tiempo de vida como estudio de grabación. (9)
16. Rattle/Orquesta Philharmonia (EMI, 1981). Al frente de una orquesta excepcional a la que su batuta modela con pinceles finos, claridad y atención al detalle, el joven Rattle acierta con el lenguaje aportando el punto justo de equilibrio entre tradición y modernidad, sin resultar romántico o hinchado, pero tampoco necesitado de ser particularmente escarpado o electrizante. Su fraseo es natural y posee el carácter nervioso en el buen sentido que demanda esta música, mientras que la tímbrica ofrece el punto adecuado de incisividad. Eso sí, el desarrollo de las tensiones no está del todo conseguido, al menos en un primer movimiento en el que juega tan arriesgadamente con los pianísimos hasta el punto de que la continuidad está a punto de venirse abajo. En el segundo se echa de menos la efusividad poética que proponen los pentagramas. Lo mejor, un tercer movimiento brillante y con garra pero sin retórica, dicho además con un punto amargo muy adecuado, aunque tampoco posea la grandeza y el carácter visionario que ofrecen los grandes directores de la página. (8)
17. Berglund/Filarmónica de Helsinki (Warner, 1986). Trece años después de su primera aproximación, Berglund repite su acercamiento ortodoxo y sensato, de fraseo cálido y ajeno al nerviosismo, pero ahora con las tensiones mejor delineadas y dando la impresión de realizar un más detallado desmenuzamiento del entramado sinfónico, circunstancia a lo que no es ajena una toma sonora superior a la de entonces. En cualquier caso, se siguen echando de menos electricidad y garra dramática. (8)
18. Bernstein/Filarmónica de Viena (CD DG y Blu-ray CMajor, 1987). Sin palabras. Lenny alcanza aquí una de las cimas de su carrera como director ofreciéndonos una recreación lentísima, pero de enorme tensión interna; suntuosa y bellísima en la sonoridad sin caer en ese narcisismo que tanto tentaba a su batuta; romántica y de acongojante efusividad lírica en un planteamiento alejado del expresionismo, mas no por ello ajena a conflictos y contrastes. Dotada, en cualquier caso, de una convicción apabullante y de una emotividad conmovedora. Como lección de técnica, no tiene precio. Uno se queda mudo de asombro ante una arquitectura perfectamente estudiada su planificación de tensiones, permitiendo que el carácter orgánico de la música se desarrolle con total naturalidad. Todo ello obteniendo una plasticidad enorme de una orquesta a la que él sabía hacer sonar con más belleza que nadie, y haciendo gala de un fraseo tan sutil como flexible, lleno de cantabilidad y de humanismo. Tras un final grandioso a más no poder, pero en esta ocasión sin caer en los excesos de ocasiones anteriores, el maestro logra una merecidísima ovación del público que llenaba la Konzerthaus vienesa. Una pena que la espléndida filmación de Humphrey Burton haya sido recortada a formato 16:9 en su trasvase a Blu-ray. Compra imprescindible, en cualquier caso: se incluye sonido DTS-HD MA 5.1. No se conformen con el CD, porque ver a Lenny en acción no tiene precio. (10)
19. Celibidache/Filarmónica de Múnich (MPhli, 1988). Feliz recuperación con espléndido sonido –algunas plataformas lo ofrecen incluso en Dolby Atmos– que nos permite conocer cómo abordaba Celi este repertorio en su época más personal, más genial y –por qué no decirlo– más discutible. El resultado, alejadísimo de la incisividad y la visceralidad expresionistas de un Barbirolli, pero también apartado de los grandes contrastes sonoros de directores más románticos”, recuerda a su Bruckner: tempi muy lentos, fraseo mórbido y de amplio aliento lírico, claridad extrema y, sobre todo, una calculadísima planificación de las tensiones en la que cada frase no es sino el resultado de la anterior, siempre partiendo de un concepto plenamente orgánico del edificio musical que si en el de San Florián se venía en cierto modo constreñido por un diseño heredero del mundo clásico, en Sibelius adquiere todo su sentido. La música fluye como en un manantial y discurre como ella quiere, al maestro le corresponde que lo haga con plena naturalidad y sin interrupciones. Todo ello al servicio de una idea expresiva que, de nuevo como en Bruckner, combina de manera asombrosa la reflexión humanística, la desazón más amarga y la plenitud espiritual. Por lo demás, mucha belleza sonora y una buena dosis de ternura, esto último quizá en exceso: el final del segundo movimiento resulta más dulce de la cuenta. (9)
20. Colin Davis/Sinfónica de Londres (RCA-Sony, 1992). Aun sin tratarse exactamente de una versión "romántica", el maestro británico renuncia a la electricidad y a la aspereza sonoras para plantear una lectura eminentemente natural, fluida, en el que el discurso avanza con pulso firme sin que apenas se perciban los sutiles matices que construyen las tensiones y exhibiendo una gran belleza sonora, jamás relamida o narcisista. Admirables la poesía del arranque y el grandioso final, al que se llega con una naturalidad y lógica pasmosas sin forzar nunca la arquitectura ni caer en la retórica. Interpretación esencial, abstracta, hasta cierto punto distanciada, pero sin caer en la asepsia que atrapará a otros maestros que sigan esta misma línea. (9)
21. Levine/Filarmónica de Berlín (DG, 1992). La óptica del maestro norteamericano acostumbraba a ser siempre la misma: gran sentido teatral y sensibilidad más bien primaria, por no decir mucho espectáculo y poca sustancia. Por eso es lógico que, aun sin el portentoso sentido del refinamiento y de la sensualidad que caracterizaban al salzburgués, Levine recuerde al Karajan más desmelenado buscando los mayores contrastes dinámicos posibles, recreándose en la suntuosidad de la cuerda de los Berliner y forzando a los metales -ellos se dejan, les va el rollo exhibicionista- para ofrecer la máxima opulencia, brillantez y rotundidad posible. En fin, un verdadero cúmulo de excesos que en directo podrían conducir al verdadero delirio entre el respetable, pero que en casa no cuelan: el dramatismo del primer movimiento resulta artificioso, en el segundo se echa de menos efusividad poética y en el tercero, pese al atractivo nerviosismo de su tratamiento, le sobra retórica vacua. La increíble realización de la orquesta se encuentra recogida de maravilla por los ingenieros de sonido. (7)
22. Berglund/Orquesta de Cámara de Europa (Finlandia, 1996). Tan diferente es esta lectura a las suyas anteriores que parece que nos encontramos ante otro director. No es cuestión de tempi –más rápido en el primer movimiento, lo contrario en los otros dos–, ni de la formación utilizada. Es el concepto: articulación mucho más marcada, sonoridad más incisiva, mayor protagonismo de la tensión armónica frente a la nobleza del fraseo, mucho mayor relieve de las maderas y de sus células repetitivas que van generando tensión. En resumen, mirada decidida hacia los aspectos más modernos de la escritura de Sibelius. Lo que no entiendo muy bien es la ralentización “espiritual” o “mística” en el minuto seis del movimiento conclusivo, que parece contradecir –quizá desee precisamente eso, el contraste– el planteamiento anterior. (9)
24. Berglund/Filarmónica de Londres (LPO, 2003). A sus setenta y cuatro años, el maestro finlandés nos deja su quinto y último documento que nos permite apreciar cómo evoluciona su visión de la página. También el mejor, o al menos el más conseguido dentro del atractivísimo enfoque tardío: un Sibelius anguloso, obsesivo e inquietante a más no poder, poco interesado por la voluptuosidad sinfónica y más bien volcado clarificar cada una de las líneas de la polifonía y subrayar las tensiones que su entrecruzamiento provocan. Muy en la línea de un Barbirolli, pero restando un punto de aspereza y carácter escarpado. A destacar de manera especial la doliente intensidad del clímax final, alcanzando unas cotas de amargor que dejan el corazón en un puño. La orquesta, tratada con depuración sonora admirable, se encuentra muy bien recogida por la toma pese a proceder de un concierto realizado en el complicado Royal Festival Hall. En algunas plataformas de streaming se puede escuchar en alta resolución. (10)
26. Salonen/Orquesta del Festival de Verbier (DVD Medici Arts, 2007). Anguloso, aristado y algo distante, como era de esperar, el notabilísimo primer movimiento. En los otros dos la cosa cambia: el otras veces cerebral Salonen se muestra caprichoso en la agógica, por momentos algo dulzón y más bien insincero en lo expresivo, sobre todo en un tercer movimiento en el que –ralentizando hasta el límite numerosos pasajes– juega a ser Celibidache. La gama dinámica está muy comprimida. (7)
27. Rattle/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall y Blu-ray, 2010). Recordando bastante a la que hizo con la Philharmonia, el británico ofrece una interpretación equilibrada entre lo romántico y lo moderno, dicha sin retórica vacua alguna, trazada con pinceles finos, pero no muy poética, falta de sensualidad, grandeza y carácter visionario, y con una grave discontinuidad en las tensiones del primer movimiento. La gran ventaja es la orquesta, suntuosa, con una cuerda grave de lo más conveniente y con solistas de musicalidad excelsa. (8)
28. Dausgaard/Sinfónica Nacional Danesa (Blu-ray CMajor, 2011?). Interpretación muy aseada y solvente, mucho antes lírica que dramática, expuesta de manera impecable y dicha con un gusto exquisito por un director que sabe lo que se hace y una orquesta que responde con un estupendo nivel, pero a la que le falta una muy buena dosis de tensión interna y fuerza expresiva para convencer. Todo suena un tanto neutro, incluso plano, mientras que los aspectos más visionarios de esta música quedan relegados. Imagen y sonido, extraordinarios. (7)
29. Vänskä/Orquesta de Minnesota (BIS, 2011). Nada que objetar ante el enfoque de la interpretación, lírico y contemplativo antes que basado en los grandes conflictos de líneas y bloques sonoros. Es posible hacer esta música así, aunque no sea la manera en la que la modernidad de los pentagramas se ponga mejor de manifiesto. El problema está en la discontinuidad del discurso, en los innecesarios tirones de tempo y en las caídas en la laxitud. También en un trabajo de texturas que, sin ser en modo alguno de trazo grueso, no logra clarificar del todo bien los planos ni “explicar” el tejido sinfónico al oyente. Y no parece que sea cosa de la toma, magnífica escuchándola en alta definición, ni tampoco de una orquesta que, con sus obvias limitaciones, se comporta bastante bien. Aburre. (7)
30. Paavo Järvi/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2013). El enfoque del director estonio atrapa desde el arranque por su inmediatez, electricidad y carácter escarpado, pero conforme avanza la interpretación uno repara en que el exceso de nervio se lleva por delante la grandeza –fin del primer movimiento– y esa particular mezcla de sensualidad, lirismo contemplativo y desazón –segundo– que anida en los pentagramas. El tercer movimiento es lo más conseguido en esta interpretación vistosa y con gancho, pero algo superficial. (8)
31. Rattle/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2015). Beneficiándose sobremanera de la maravillosa sonoridad de la orquesta, trabajada en todo momento con pinceles finos, el maestro británico vuelve a ofrecer una interpretación certera en su enfoque: esencial y despojado de aditamentos, distante del romanticismo y sin voluntad de resultar expresionista, optando más bien por una especia de clasicismo apolíneo y ajeno a la retórica. Ofrece así una lectura muy equilibrada en lo expresivo y perfectamente depurada en lo sonoro, pero también algo falta de tensión sonora, de sensualidad y, sobre todo, de emotividad lírica. Se echa de menos, a la postre, implicación emocional. (8)
32. Paavo Järvi/Orquesta de París (RCA, 2015). El maestro estonio repite una aproximación que parece querer seguir la senda de Berglund a la hora de apartarse de voluptuosidades más o menos “románticas” para subrayar las angulosidades de la escritura. Lo hace con buena caligrafía y apreciable convicción, pero sin llegar a semejante altura: ni delinea el tejido orquestal con semejante perfección ni alcanza su intensidad expresiva. Incurre, además, en cierta aparatosidad inconveniente, sobre todo en las conclusiones de los movimientos extremos. Magnífica la toma si se escucha en formato de alta definición. (8)
33. Mäkelä/Filarmónica de Oslo (Decca, 2021). Veinticinco años contaba el director finlandés cuando realizó este registro, soberbiamente grabado y beneficiado del formato Dolby Atmos en algunas plataformas de streaming. Apostó claramente por un Sibelius "clásico": equilibrio expresivo, elegancia y belleza sonora por encima de otras consideraciones. ¿Resulta válido este enfoque? Colin Davis y la Sinfónica de Londres demostraron que sí, que lo es plenamente. El problema es que Mäkelä no solo pule en exceso las asperezas, se desinteresa por las células de electricidad que recorren esta música y rehúye los grandes conflictos dramáticos, sino que también resulta en exceso laxo –en el minuto seis del primer movimiento se le cae la tensión, como le suele pasar a Rattle– y no transmite la fuerza emotiva que anida en esta música. Así las cosas, triunfa en el movimiento central y se queda a medio camino en los otros dos. Espléndida la orquesta, eso sí, tratada con una plasticidad digna de admiración. (8)
34. Salonen/Sinfónica de San Francisco (SFS, 2022). Esta vez Salonen no apuesta por las angulosidades en el primer movimiento, sino que se apuesta por un distanciado y sereno clasicismo que, en cierto modo, se emparenta con el de su joven compatriota Mäkelä. En el segundo desconciertan los marcados contrastes en los tempi, que no terminan de encontrar una justificación expresiva; la parsimonia con que frasea la última sección puede llegar a irritar. En el Finale, como en su registro de Verbier, vuelve a “hacerse el Celibidache” estirando la música todo lo posible: consigue que el edificio no se venga abajo, pero no alcanza la sinceridad ni la magia poética del rumano. Por descontado, el trabajo con la orquesta es de muy alta calidad. Se disfruta de manera especial en Dolby Atmos: violines primeros y violonchelos suenan a los lados del oyente, circunstancia que a algunos resultará artificioso, pero que a mi entender mejora la claridad. (8)
35. Paavo Järvi/Filarmónica de Hong Kong (YouTube, 2023). Insiste Paavo en su tratamiento anguloso y escarpado, poco “romántico”, desinteresado por la sensualidad de esta música y bastante más atento a electricidad que lo recorre. Quizá esta vez los resultados sean un poco mejores que en las dos ocasiones anteriores, volviendo a destacar un tercer movimiento lleno de fuerza, pero a la postre no llega a la misma altura que otros maestros que han recorrido esta misma senda. Espléndida la orquesta, como lo es también la calidad audiovisual de la realización. (8)
36. Franck/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2023). Alguien podría argüir que lo que pretende Mikko Franck es seguir el sendero que se aparta tanto de las opulencia y apasionamiento de las interpretaciones más o menos románticas como de las descargas de electricidad de las que miran hacia lo expresionista para optar, en su lugar, por un sereno y distanciado clasicismo. Podría ser, pero a mí lo que me parece es que el maestro finlandés multiplica las insuficiencias que adoptando este mismo prisma evidenciaron Rattle y –sobre todo– Mäkelä al mostrarse incapaz de inyectar a su lectura un mínimo de tensión interna: por mucho que la exposición resulte pulquérrima, la portentosa arquitectura diseñada por Sibelius se viene abajo. Como la batuta tampoco parece capaz de destilar la suficiente emotividad en el movimiento central, el resultado es una de las direcciones menos logradas que he escuchado de esta sinfonía. La orquesta, aun impecable, parece tocar con cierta indiferencia. Imagen 4K y sonido Dolby Atmos. (6)
domingo, 7 de abril de 2024
Mäkelä hace Stravinsky en el Carnegie Hall
¡Menuda la está montando Klaus Mäkelä con su cuádruple titularidad! Oslo, París, Concertgebouw y ahora nada menos que Chicago. ¿Decisión acertada por parte de orquestas y batuta? Rotundamente no. Una cosa es dirigir varias semanas del año a distintas formaciones y otra ser su titular. El puesto de Chief Conductor exige más, muchísimo más que lo otro. En realidad, deberían nombrarle Principal director invitado: vienes, diriges uno o dos meses y te vas. Punto. Ellos sabrán.
Lo cierto es que al joven maestro finlandés no le falta talento, circunstancia que he querido confirmar viendo en Medici TV su aparición en marzo de este mismo año en el Carnegie Hall de Nueva York poniéndose al frente de la Orquesta de París. Lo hizo con al mismo programa Stravinsky de su disco dos años anterior ya comentado en este blog.
El pájaro de fuego recibe una interpretación sensacional, pero da la impresión de que no llega a la increíble altura del audio. Quizá la razón se encuentre en la toma, mucho menos buena: es posible que los ingenieros de Decca fueran en no pequeña medida responsables de la increíble calidad de aquel registro. En cualquier caso, se agradece muchísimo disfrutar con imágenes de esta recreación llena de inmediatez y sensualidad a la que, nuevamente, se le puede reprochar un final algo apresurado.
En lo que se refiere a La Consagración de la primavera, Mäkelä repite su aproximación tan fresca y comunicativa como fabulosamente planificada. Desconcierta un tanto en el arranque del fagot, pero acierta plenamente al acentuar tanto lo que esta página tiene de atmósfera como su brutalidad, sin necesidad de extremar los contrastes de manera artificiosa, para luego ofrecer una segunda parte toda ella sensacional. La orquesta parisina realiza una labor formidable, si bien hay que apuntar ciertos desajustes y algún despiste que, todo hay que decirlo, no se produce en los live de una Filarmónica de Berlín. ¿Mucho "corta y pega" en estudio, por tanto, a la hora de sacar los CD en Decca? Efectivamente. El propio artista lo confirma aquí.
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