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sábado, 24 de octubre de 2009

Capuçon hace Korngold en Sevilla

Hace semanas llegó a mi poder (la grabación radiofónica por un lado y la retransmisión con imágenes en la web del canal Arte por otro) la interpretación que del concierto para violín de Korngold ofrecieron el pasado 26 de julio en la Sala Pleyel de París Renaud Capuçon y Gustavo Dudamel. Siendo muy buena -por incandescente- la dirección del venezolano, lo que me deslumbró fue la actuación del solista, hasta el punto de que el violinista francés se convirtió de inmediato en mi intérprete preferido de la página, por encima de los Heifetz, Perlman, Shaham, Mutter, Kavakos, Hahn y Znaider (enlace). De ahí mi enorme interés por escucharle en directo la obra en esta XX temporada de abono de la Sinfónica de Sevilla.

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Quizá por ir con tan elevadas expectativas, la actuación de ayer viernes 23 de octubre me ha decepcionado un poco. Relativamente, claro: Capuçon se mostró soberbio en lo técnico (¡qué sonido, qué seguridad, qué limpieza!) e interpretó la bellísima partitura con una objetividad, una musicalidad y un alejamiento del narcicismo decadente digno de todo elogio. Pero en comparación consigo mismo me resultó un poco menos expresivo, menos comprometido, que en su referida actuación parisina. Puede que no fuera así, que mi percepción esté equivocada, pero en el momento de escribir estas líneas estoy escuchando de nuevo la interpretación junto a Dudamel y, la verdad, parece confirmarse mi impresión inicial. Lo de Sevilla fue de sobresaliente, pero no de matrícula de honor.

Tal vez parte de la culpa la tenga la dirección meramente artesanal de Frank Beermann, maestro a quien pocos minutos antes tuvimos que sufrirle una recreación del Ricercare de la Ofrenda Musical bachiana, obviamente en orquestación de Webern, verdaderamente espantosa: flácida, confusa y llena de inaceptables portamenti.

La Heroica iba en la segunda parte del programa. Unos cincuenta y siete minutos le duró la cosa, incluida la repetición en el primer movimiento. Vamos, que fue rapidito. Tuvo su lectura mucha animación, pero más bien poca vida: todo sonaba mecánico, cuadriculado, rutinario. La enorme energía desplegada estaba planteada mucho antes de cara a la galería que como consecuencia de las enormes tensiones formales (Clasicismo/Romanticismo) y espirituales (luz/oscuridad) de la obra. Se matizó poco en lo expresivo y la flexibilidad brilló por su ausencia.

Así las cosas, el primer movimiento resultó tan correcto como insustancial. La marcha fúnebre, completamente aséptica, se mantuvo bajo mínimos. Digno sin más el scherzo e irregular, con momentos buenos y otros más bien discretos, el movimiento conclusivo. Por descontado que la obra se puede hacer mucho peor, como ocurrió no hace mucho en el Villamarta (enlace), pero la interpretación de Beermann distó de hacer justicia a la genial partitura.

Al maestro alemán hay que atribuir en buena medida que la orquesta no tuviera precisamente una de sus mejores noches. Sonó correctamente en Korngold, pero en la Heroica evidenció limitaciones importantes para ofrecer la limpieza que precisa la escritura beethoveniana, sobre todo en los primeros violines, que sonaron ásperos y sin empaste. El concierto tenía que haber estado mucho más trabajado por parte de todos.

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