Vuelta a la Tosca de Giacomo Puccini que grabó Zubin Mehta entre julio y agosto de 1972 para RCA al frente de la New Philharmonia con un elenco encabezado por Leontyne Price, Plácido Domingo y Sherill Milnes. Esta vez lo he hecho no en la vieja y deficiente remasterización que conocíamos desde siempre, sino en la nueva a 96 kHz disponible en Qobuz. Tres ideas rápidas.
Primera: sigue sonando mal o, al menos, por debajo de la media de la época. Parece que ahí hay poco que hacer.
Segunda: el maestro de Bombay, a sus treinta y seis años, estuvo hizo gala de un absoluto control de los medios a su disposición y, sobre todo, de un desbordante sentido teatral, pero también supo ofrecer un Puccini distinto al que estamos acostumbrado en discos. Por eso mismo habrá quien prefiera el exquisito refinamiento de un Colin Davis o el increíble sentido del color y de las texturas de un Sinopoli, incluso la opulencia –por momentos excesiva– de un Karajan, por citar ejemplos significativos, pero resulta difícil resistirse ante la propuesta visceral, a tumba abierta de un Zubin Mehta que se olvida de cualquier preciosismo para decantarse por la rusticidad bien entendida, incluso por la aspereza, resaltando los aspectos menos complacientes de esta música y mirando directo al drama. Eso sí, sin olvidarse de la más amplio y mediterráneo sentido del canto cuando ello corresponde. La orquesta, que se estaba despidiendo por entonces de Otto Klemperer, es la ideal para el planteamiento sonoro del maestro.
Tercera: los protagonistas están francamente bien, formando un equipo equilibrado y de enorme altura. La Price va de menos a más, no termina de atender a la vertiente amorosa del personaje, pero tras un Visi d’arte cantado de manera tan canónica como intensa, pone toda la carne en el asador. Me resulta imposible compartir lo que escriben Fernando Fraga y Enrique Pérez Adrián en Los mejores discos de ópera: “las frases de Price en la escena del asesinato de Scarpia son tan horrorosas que no puede explicarse como no haya reparado en ellas un productor de la experiencia y la talla de Richard Mohr”. Domingo está en su mejor momento vocal, quizá no en el de sus mayores sutilezas expresivas, mientras que Milnes compone un Scarpia de enorme solidez.
Creo que la mayoría de los melómanos estamos de acuerdo: una de las versiones de referencia.




