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sábado, 2 de abril de 2022

Deslucido homenaje a las marchas de Germán Álvarez Beigbeder

He estado deshojando la margarita toda la semana: ¿viajar a Málaga para aprovechar la última oportunidad de ver Company, o quedarme en Jerez para asistir, ayer viernes 1 de abril, a la presentación del disco La pasión sinfónica de Beigbeder en el Teatro Villamarta? Opté por lo segundo, y ahora siento una enorme frustración. Porque lo pasé mal durante el concierto.

Admiro las marchas de Semana Santa de Germán Álvarez Beigbeder (Jerez de la Frontera, 1882-1868) desde que de jovencito escuché aquel disco de principios de los ochenta interpretado por la Banda de Infantería de Marina de Madrid dirigida por el comandante José María Álvarez-Beigbeder Pérez, más conocido como David Beigbeder. Hay que aclarar que este señor es el hermano de Manuel Alejandro –nombre artístico del más famoso vástago de Don Germán– y colaborador habitual de este como arreglista, director y –en ocasiones– compositor de temas para célebres figuras de la canción. Pues bien, han pasado cuarenta años y José María vuelve a la carga con arreglos de la música de su padre, esta vez poniéndose al frente de una formación local, la Orquesta Álvarez Beigbeder. Al final de la velada se regalaba el disco.

Mi opinión es la siguiente. Entre las marchas hay de todo: malas, buenas y magníficas, con la balanza inclinándose hacia el lado positivo. Con respecto a los plagios –que el propio Don Germán le confesó en su momento a un señor mayor amigo mío cuyo nombre prefiero ocultar– no entro (ATENCIÓN, LEER POST SCRIPTUM). Hay mucha, muchísima belleza en algunas de estas composiciones, venturosamente ancladas en el siglo XIX pese a haber sido compuestas entre 1900 y 1954, toda vez que apenas reciben la influencia del “military style” que se puso de moda a partir de determinado momento. Estos nuevos arreglos de Don José María –digo nuevos porque ya le escuchamos otros en 1996 en la Catedral de Jerez con la Orquesta Ciudad de Málaga, concierto disponible en YouTube–, funcionan de maravilla. Y es que –siempre a mi entender, insisto– lo que el compositor realmente escribió no fueron marchas propiamente dichas, sino composiciones “clásicas” disfrazadas. Ahora unas suenan para orquesta de cuerda, otras añaden algo de viento y el resto requieren orquesta sinfónica más o menos tradicional. En todo caso, se pone de relieve lo mejor de las partituras originales.

El problema fueron las interpretaciones. José María/David, nacido en 1934, no está ya para muchos trotes. Su esfuerzo físico y anímico para estar allí, que todos hemos de agradecer, se dejó notar. Porque dirigió francamente mal, con una flacidez alarmante que hizo sonar muy desganada, anémica y sin vida a la música –alarmante las fugas en las que se articula Cristo del Cachorro– y sin lograr un empaste aceptable a la cuerda de la orquesta, que evidenció limitaciones técnicas que me hicieron pegar varios respingos en el asiento. Lo siento, señores y señoras mías, pero así no se puede tocar en un Villamarta ante un público que paga sus entradas. La cosa mejoró en la segunda parte del programa, la propiamente sinfónica, bajo la batuta del sevillano José Colomé –me da la impresión de que este señor tiene apreciable talento–, pero solo en la que quizá sea la mejor y más célebre de las marchas, Cristo de la Expiración, logré disfrutar. 


Hubo más cosas. Don José María ofreció el estreno de una marcha, Nazarenos, que dudo mucho que pase a la historia. Además, dirigió el Canto a Jerez en vendimia de su padre, ahora rebautizado pretenciosamente como Himno de Jerez, con letra cursilísima y llena de tópicos a cargo de –cómo no– Manuel Alejandro. Afortunadamente, a la Coral de la Universidad de Cádiz no se le entendió ni una sola palabra. Rematando la faena, el Himno de España armonizado por Don Germán –empieza maravillosamente, termina con chimpunes varios– con texto también del compositor de Se nos rompió el amor. Como ya escribí por aquí, letra cursi y nacional-católica que me ha hecho sentir bochorno, si bien un señor cercano a mi butaca, que no dejaba de decir tras cada pieza “qué maravilla”, exclamó “¡ya iba siendo hora de que alguien tocara el himno español!”. Lo peor es que, intuyo, el millonario compositor y letrista podría haber cobrado los derechos de autor en esta velada. El escaso público asistente –sospecho que con no pocos familiares de los integrantes de la orquesta jerezana– aplaudió a rabiar.

Veremos cómo está el disco, cuya edición –independientemente de los resultados– debemos aplaudir sin remordimientos. Igual que no ocultamos nuestros serios reparos ante el concierto, nos parece justísimo elogiar el esfuerzo realizado para reivindicar esta música.

 

PS. La persona a la que cité antes me ha telefoneado diciendo que él jamás me dijo que Don Germán le confesara plagio alguno, sino que el propio compositor reconocía préstamos evidentes en su música, de Beethoven a Elgar. Pido públicamente perdón por mi grave error. Pero añado algo, que ya empìezo a mosquearme. Las otras obras que conozco de Beigbeder, las grabadas en su momento por la Orquesta de Córdoba y el Stabat Mater que hace poco se tocó en el Villamarta –no escribí nada entonces para no liarla parda–, me parecen mala música. ¡Pero que muy mala! Admiro y reivindico las marchas del jerezano, y espero seguir haciéndolo, pero me parece una falta de respeto a la tierra de un Falla y un Turina –por no salir del Bajo Guadalquivir– que se dijera, como allí dijo el presentador Manuel Sotelino, que Don Germán ha sido uno de los más grandes compositores españoles del sigo XX. Menos chovinismo, paisanos míos.

jueves, 29 de marzo de 2018

Una preciosa marcha

Igual que el otro día les dejé en el blog una música de semana santa que me parece horrorosa, hoy he querido traer una marcha que hacía mucho tiempo que no escuchaba, y que pude el pasado Martes Santo volver a disfrutar en directo; en Sevilla, concretamente, en torno a la una y media de la madrugada, acompañando el recorrido del palio de María Santísima de Gracia y Amparo, de la Hermandad de los Javieres.



La pieza en cuestión es Desamparo, de Germán Álvarez Beigbeder (1882-1968), único compositor clásico de Jerez de la Frontera que ha alcanzado un cierto prestigio. Lo poco que conozco de su obra, apenas interpretada o grabada, me parece muy desigual, y ciertamente lo mejor de la misma parecen sus marchas muy sinfónicas de Semana Santa. Entre ellas, esta tan bella escrita en 1907 y dedicada a la dolorosa de la popular Hermandad del Prendimiento que desfila el Miércoles Santo por las calles de mi ciudad. Disfrútenla y pasen unas felices fiestas.

martes, 27 de marzo de 2018

Un bodrio semanasantero

Algunos de ustedes ya saben que soy entusiasta de la Semana Santa sevillana y jerezana, así como indisimulado amante de la buena música que forma parte de nuestros desfiles procesionales. Pero confieso que con frecuencia se escuchan bodrios que a mí me resultan imposibles de soportar.


Ayer Lunes Santo se me pusieron los pelos como escarpias cuando tuve que aguantar –Hermandad de la Cena de Jerez– una de las más horrorosas marchas que forman parte del repertorio más habitual de esos terroristas del pentagrama que se denominan "agrupaciones musicales" y que suelen ir detrás de los pasos de misterio de ciertas hermandades para complacer los gustos del público más chabacano que llenan nuestras calles: imaginen la cara de los canis y de sus respectivas chonis cuando los pasos se mecen a los sones de semejante chunda-chunda. La cosa en concreto se llama "Alma de Dios" y la gestó un tal Manuel Rodríguez Ruiz –el Señor le tenga en su gloria– a partir de la zarzuela homónima de José Calixto Serrano Simeón (sí, el de La canción del olvido). Hoy Martes Santo la hermandad sevillana de San Esteban amenaza con taladrar nuestros oídos con la dichosa marchita. Estaremos prevenidos.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Marchas "clásicas" de Semana Santa con Tejera

Dos discos con marchas de Semana Santa que he disfrutado mucho estos días, ambos protagonizados por una de las agrupaciones con más solera de esta celebración en Sevilla: la ya casi mítica Banda del Maestro Tejera. Se llaman Clásico y Clásico 3 –existe el volumen dos, que no tengo en mi discoteca– y fueron publicadas respectivamente en 1998 y 2000 por Ediciones Senador.


El primero de ellos lo encuentro absolutamente recomendable, hasta el punto de que si alguien me preguntase por un disco para acercarse a este repertorio, en él recaería la elección. En él se incluyen algunas de las marchas más inspiradas que se han compuesto, entre ellas –cito por orden de aparición– A ti Manué de Juan José Puntas, Nuestro Padre Jesús de Emilio Cebrián, Virgen del Valle de Vicente Gómez Zarzuela –mi favorita de todas–, La Madrugá de Abel Moreno, Rocío de Manuel Vidrié, Soleá dame la Mano de Manuel Font de Anta o Jesús de las Penas de Antonio Patión. Tampoco se puede desdeñar Cristo de la Expiración del jerezano Germán Álvarez Beigbeder, dedicada a una popularísima imagen de mi tierra. Virgen de la Cabeza de Pedro Morales y Madre Hiniesta de Manuel Marvizón –primera grabación de la obra– me interesa menos. En cualquier caso, no están todas las que son pero sí son casi todas las que están.

Además, las interpretaciones están francamente bien: la banda toca con mucha corrección y la dirección a cargo de los maestros Manuel Hidalgo y José Tristán (¡lamentable que no se indique qué pieza dirige cada uno!) es bastante más sensible y musical de lo que se suele escuchar por ahí. Sin ir más lejos, La Madrugá –aquí, venturosamente, sin que las cajas marquen el ritmo todo el tiempo– resulta muy preferible en esta grabación que en la original del propio Abel Moreno, aunque personalmente siga prefiriendo la versión original para orquesta sinfónica.


El volumen 3 no me resulta tan interesante, quizá por la inclusión de no menos de cinco estrenos en disco que no aportan nada en especial. Eso sí, todas las marchas son de exquisito gusto y se incluye una que sí es realmente clásica y de todo punto excelsa: Mater Mea de Ricardo Dorado. Tampoco está nada mal Cristo Yacente de José Albero, pese a las tópicas referencias que musicales incorpora. La toma de sonido, en los dos discos, está bastante por encima de la media de lo que suele en este tipo de grabaciones.

Lo dicho, dos discos idóneos para estas fechas, al menos para quien disfrute de los desfiles. No todo va a ser Mozart, Dvorák, Fauré, Debussy, Ravel o Szymanowski, aunque a estos también los haya estado escuchando. Feliz Semana Santa.

martes, 22 de marzo de 2016

Lo peor, lo mejor

Las creencias religiosas pueden ser responsables de que el ser humano saque a la luz lo más repugnante de sí mismo: no solo pueden parecer la excusa perfecta para llevar a cabo las peores barbaridades, sino que a veces se convierten en motor de las mismas. Pero también son capaces de despertar nuestros mejores sentimientos, conducirnos a los actos más elevados y, por supuesto, estimular nuestra sensibilidad artística.


De lo primero ya hemos tenido bastante esta mañana con los atentados de Bruselas. De lo segundo les dejo ahora un botón en homenaje a los fallecidos: la acongojante marcha de Semana Santa Virgen del Valle, quizá la mejor de las que se han compuesto para nuestras procesiones, en arreglo sinfónico –en exceso espectacular– de Antón García Abril sobre el original de Vicente Gómez Zarzuela. Interpreta la Filarmónica de Londres bajo la dirección del propio García Abril.

Como no se puede insertar este YouTube, aquí va el enlace.


martes, 22 de abril de 2014

Ministriles para la Vera+Cruz

Suelen muchos cofrades ser reacios a las innovaciones más o menos esteticistas que, bien por oponerse a la imparable degradación estética de la Semana Santa andaluza, bien por darse un barniz de exquisitez que disimule su auténtica falta de tradición y/o devoción, andan algunas hermandades incorporando a sus desfiles procesionales. En general estoy de acuerdo con ellos, pero en ocasiones estas aportaciones pueden resultar muy satisfactorias.

Es el caso del acompañamiento que la Hermandad de la Vera+Cruz de Jerez brindó el pasado Jueves Santo a su paso de misterio, un calvario con Cristo (espléndida imagen del siglo XVII) y los dos ladrones: en lugar de la música de capilla que venía llevando en los últimos lustros, se incorporaban los Ministriles Hispalenses, grupo de música antigua consagrado a los sacabuches, chirimías y percusiones que amenizaban los desfiles de la edad de oro de la ciudad de la Giralda. Las partituras, lógicamente, eran transcripciones de motetes religiosos de los Guerrero, Morales, Victoria y compañía, esto es, lo más granado del repertorio sacro de toda la música hispana.

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Ignoro si la Semana Santa de los siglos XVI y XVII llevaba algún tipo de acompañamiento más o menos parecido. Tampoco sé si existe algún precedente en tiempos cercanos, quiero decir, en estas últimas décadas en las que se ha recuperado eso de la “música antigua”. En Jerez con seguridad que no, y me parece que en Sevilla tampoco. Sea como fuere, a mí me parece un completo acierto, porque se trata de una música de extraordinaria calidad y porque esta misma pertenece a esa Contrarreforma en la que también hunde sus raíces nuestra Semana Santa. Habrá quien diga que no pega. Reconozco que a mí también me ha producido un efecto extraño, pero más bien por falta de costumbre: ¿acaso resultan adecuadas, tanto estética como espiritualmente, esas marchas de las agrupaciones musicales que parecen mucho más adecuadas, no soy el primero en decirlo, para un desfile de Moros y Cristianos que para acompañar escenas de la Pasión?

Otra cosa es que esta propuesta sea bien recibida y siente precedente. De los jerezanos desconfío bastante: Semana Santa tras otra compruebo –también en Sevilla, por cierto– que los pasos chimpuneros encuentran mucho más público a su alrededor que los que cuidan su estética de manera más exquisita. En cualquier caso, y aun habiendo sido deseable que hubiesen mimado el acompañamiento del Palio con la misma sensibilidad con que lo hacían hasta hace unos años, mi enhorabuena a la hermandad de la Vera+Cruz. Y bienvenidas sean las innovaciones mientras estas sean del mejor gusto.

lunes, 25 de abril de 2011

La dulce venganza de Roque Baños

Hasta ahora yo solo conocía la primera parte de la historia. Cuando en 2006 Agustín Díaz Yanes dirigió (más bien perpetró) la película Alatriste sobre el personaje creado por Arturo Pérez Reverte, escogió como fondo musical para la escena final la marcha de Semana Santa La Madrugá, una creación de Abel Moreno que, aun escrita con aires de poema sinfónico, no encaja en modo alguno con las imágenes. Roque Baños, el encargado de la banda sonora, compuso por su parte una marcha propia que, estando inspirada en la de Abel Moreno, se integraba temáticamente con el resto de la partitura, a ver si colaba. Vamos, lo mismo que intentó hacer Alex North en 2001 remedando a su manera el arranque del Zaratustra de Strauss. Por desgracia el director español se mantuvo tan inflexible como Kubrick, solo que con mucho menor acierto que aquél, claro: al final sonó La Madrugá en los cines y la pieza de Baños, “Cuenta lo que fuimos”, solo se pudo escuchar en el disco. Lamentable decisión.

Pues bien, el pasado Sábado Santo acudí a Sanlúcar de Barrameda a resarcirme con el Santo Entierro Grande (todos los pasos de misterio ordenados según la secuencia cronológica de la Pasión) de la lluvia que había herido mortalmente los desfiles procesionales de Sevilla y Jerez. Ya pasadas las once de la noche, cuando el paso de la urna se recogía en el templo de San Francisco, la Banda del Nazareno de Rota (que ya había demostrado su excelencia días atrás en mi tierra, como escribí en la entrada anterior) me sorprendió con una música que conocía de otra parte. Ya se están ustedes imaginando que se trataba de “Cuenta lo que fuimos”, en transcripción para banda realizada –que yo sepa- por el propio Baños. Dulce venganza la del compositor manchego: si una marcha de Semana Santa con pretensiones sinfónicas se coló en su banda sonora, ahora es su música cinematográfica “a la manera procesional” la que se escucha tras los pasos. Y con mucho éxito, debemos añadir, porque su belleza es grande y su adecuación, absoluta. Enhorabuena.

viernes, 22 de abril de 2011

Dos apuntes sobre marchas semanasanteras

Aprovecho un hueco en la extrañísima Semana Santa 2011 (sin cofradías en la Madrugá de Sevilla ni en la Jerez, estampa insólita las dos localidades entre las que me muevo en estas fechas) para dejar dos apuntes que desmienten parcialmente -y solo parcialmente, que quede bien claro- sendos tópicos que circulan sobre la música en nuestros desfiles procesionales.

El uno dice que las cofradías de más reciente creación -casi todas "de barrio"- resultan un tanto horteras a la hora de seleccionar el acompañamiento de sus pasos. Pues bien, en Jerez lleva poco tiempo procesionando una hermandad que resulta un ejemplo de buen gusto en este sentido: la del Consuelo (web oficial). Muy modesta, escasa en número de hermanos, deudora en más de un sentido de la centenaria hermandad sevillana de la Soledad de San Lorenzo, pero en cualquier caso admirable por la compostura con que se desenvuelve la calle y por su habitual acierto a la hora de seleccionar repertorio. El pasado Miércoles Santo se lució por la Calle Larga con buenas y muy "sinfónicas" marchas de una pequeña gloria local, Germán Álvarez Beigbeder (1882-1968), y más tarde le pude escuchar un clásico como es Amarguras. Encima acertaron por completo a la hora de contratar como banda la del Nazareno de Rota, de lo mejorcito que he escuchado últimamente en mi tierra. Supongo que la cofradía se recogió, al igual que otros años, con Soleá dame la mano, y sin caer en el error de tocar himno alguno. Así da gusto.


El otro tópico afirma que ya no se componen buenas marchas para pasos de palio. También yo pensaba así, pero el otro día -no recuerdo dónde, la memoria me va fallando- escuché una composición que me dejó encantado: hermosa, llena de fuerza dramática y muy bien orquestada. Ya en casa he podido encontrar un poco de información. Se trata de Hosanna in Excelsis, partitura del valenciano Óscar Navarro que fue estrenada hace tan solo dos años en el II Memorial Font de Anta por la Banda Municipal de Sevilla, recibido el segundo premio del certamen. Les dejo arriba el audio para que juzguen por ustedes mismos. Por mi parte, creo que hay motivos para la esperanza. Y si ustedes me lo permiten, me voy ahora a disfrutar de la única cofradía que este lluvioso Viernes Santo ha salido en Jerez a la calle.

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Esta comparativa de la Sinfonía Italiana de Mendelssohn la publiqué inicialmente el 2 de junio de 2024. He añadido Solti/Israel, Solti/Viena...